papa goriot - honore de balzac

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  • Es la tragedia de un buen hombre que es capaz de hacer lo que sea porque sus doshijas sean felices y puedan cumplir sus caprichos. A cambio, el viejo Goriot se verobligado a vivir alejado de ellas por deseo de sus yernos y a alojarse en la pensin dela seora Vauquer. All se convertir en vctima de los falsos rumores del resto deinquilinos que lo tacharn de frvolo y viejo verde. Tan slo Rastignac, un jovenestudiante de Derecho que pretende introducirse en la alta sociedad parisin, seapiadar de l y le prestar su apoyo al enamorarse perdidamente de una de sus hijas.La obra de Honor de Balzac, desmesurada e innovadora, recogi el impulso de lanaciente ciencia de su siglo en un esfuerzo titnico por describir y reflejar la sociedadcircundante. La serie novelstica La Comedia Humana es la plasmacin de este intento.Pap Goriot es una de sus obras ms celebradas, novela bellsima de trama nocturna,impregnada de una tristeza omnipresente.

  • Honor de Balzac

    Pap GoriotePUB v1.0griffin15.07.12

  • Ttulo original: Le Pre GoriotHonor de Balzac, 1835Traduccin: Augusto EscarpizoIntroduccin: Sebastin Juan ArbEditor original: griffin (v1.0)ePub base v2.0

  • Al grande e ilustre Geoffrey Saint Hilaire,como testimonio de admiracin

    por su labor y su talento.De Balzac.

  • IntroduccinEl hombreNacido en 1799, Balzac proceda por su padre de una familia de campesinos de Tours; sin dudade aqu le vino el vigor de su naturaleza, tanto fsico como moral. Formaban la familia delpequeo Honor el padre y la madre, con otros tres hijos, dos hembras y un varn. Gozaban, alparecer, de cierta consideracin y ms adelante vemos al padre nombrado intendente militar,trasladndose con este motivo a Pars con toda la familia.El futuro escritor aprendi las primeras letras en el colegio de Legay; de all se le envi alOratorio de Vendme, donde estudi como interno y donde permaneci seis aos.En 1814 y a raz del nombramiento del padre, la familia pas a Pars y con ella Honor; ingresen el Liceo Carlo Magno, viviendo en una pensin, bastante separado de la familia.Ni ahora en el Liceo, ni antes en el Oratorio, se manifest con demasiadas aptitudes para elestudio. Lea mucho a escondidas; fue su gran aficin, como lo fue de todos los grandesescritores; como Cervantes, lea todo lo que le caa en las manos; su curiosidad le llev ainteresarse por las materias ms diversas; lo hizo, de manera especial, por las ciencias naturales,lgica aficin en quien, como l, se preocup tanto de los misterios de la Naturaleza.De esta aficin podemos seguir el rastro, en citas o alusiones a travs de su obra, y la mejor quizde ellas Le Pre Goriot, est dedicada al primer naturalista de la poca, a Geoffrey Saint-Hilaire, para el cual escribi esta dedicatoria fervorosa: Al ilustre, al grande, Geoffrey Saint-Hilaire, como testimonio de admiracin a sus obras y a su genio.Pero no slo ocupaba Balzac su tiempo en leer; tambin lo haca en pasear, en fijar la atencin enla vida que se desarrollaba a su alrededor, y sobre todo, en las personas.Aqu estaba el secreto de aquel misterio que Zweig no acertaba a descifrar; es decir, su capacidadasombrosa de comprensin, su dominio en todas las materias y, sobre todo, en el conocimientode los hombres; estaba en esta pasin por la lectura manifestada desde su primera edad, unida aun don excepcional de observador y a una memoria prodigiosa. Esto lo explicaba todo, todo,desde luego, lo que se puede explicar en materias como sta: por el mismo motivo siemprecon esta parte de misterio que envuelve la actividad del creador pudo crear el padre Goriot, elsmbolo de la paternidad, l que se cas ya viejo y si tuvo hijos que los tuvo no convivicon ellos en un hogar.Alternando con los estudios, Balzac trabaj ms adelante en el despacho de un abogado, y en elde un notario; su padre estaba, en efecto, empeado en que fuera notario, pero los sueos deljoven estudiante iban por otros caminos.Sus ilusiones, su ambicin, que fue siempre grande, as como su inclinacin, le llevaba, enefecto, a la literatura. El primer fruto fue una tragedia en verso, Cromwell, en la cual depositgrandes ilusiones, muchas ms desde luego de las que poda depositar; parece ste, de paso, elprincipio de todos, o de la mayora, de los grandes escritores: hacer teatro en verso y hacerlomalo.La familia, tras la jubilacin del padre, haba dejado Pars y se haba instalado en Villeparisis, nolejos de la capital. Balzac se traslad a este pueblo y ley su obra en el crculo de la familia, a laque fueron invitados algunos amigos ms o menos aficionados a la literatura. La lectura nodespert entusiasmo; hubo, cuando menos, diversidad de opiniones; la prueba, desde luego,constituy para l una decepcin.No obstante, no se conform con el juicio de los suyos; Balzac acudi a un hombre competente,a su juicio, un buen viejo dice Gautier, no sin irona, ex-profesor de la escuelaPolitcnica, un sabio oficial, pues, y reconocido; el juicio fue rotundo, sin apelacin, y debi caersobre l como un rayo. El autor de aquel engendro dijo deba dedicarse a cualquier cosamenos a la literatura.Cansado de luchar y pasar privaciones, un tanto decepcionado, Balzac volvi a Villeparisis conla familia; desde all, no obstante, haca continuas escapadas a Pars, donde haba hechoamistades, donde, no cabe duda, pensaba siempre volver, y donde, lo ms importante, habapublicado ya sus primeras obras, aunque firmadas todas con seudnimo.

  • Su vocacin, es verdad, era demasiado firme. No en vano, y como dice Gautier, en sus das delOratorio, Balzac haba escrito el tratado de la Voluntad; no en vano haba conocido los dasgloriosos de las guerras napolenicas y era hijo de su siglo, de aquel siglo en el cual, como diceMusset, todas las conquistas, todas las proezas parecan posibles.Balzac redobl su actividad en el campo del folletn, donde haba hecho ya las primeras armas.Era la poca. El folletn estaba, en Francia, en su auge mayor, en su plenitud; los famosos de laliteratura eran entonces los grandes folletinistas; eran Dumas, Ponson du Terrail, Paul Fval,Xavier de Montepin y el formidable Eugenio Sue. Todos ellos contaban con un pblicofervoroso que devoraba sus producciones, un pblico que agotaba las ediciones de losperidicos, en los cuales, da tras da, apareca el folletn.Balzac, ambicioso de xito y de fortuna, haba ingresado en el gremio. Procur imitarlos, atraerel inters del pblico hacia sus producciones; no lo consigui, cuando menos en la manera ni conel xito de aqullos. Nos cuenta Gautier que la aparicin de Los Campesinos, obra dicemaestra, provoc un gran nmero de bajas en los abonados de La Presse, donde apareci elprimer captulo de la obra, de tal modo, que tuvo que suspenderse la publicacin. Encontrabana Balzac aburrido!.No obstante, en esta poca Balzac escriba obra tras obra, sin descanso, con escaso provechomaterial y muy poca fama, y siempre, y como hemos dicho, firmadas con seudnimo. En uncierto momento de su vida, cuando empez a publicar con su nombre, confesaba que habaescrito con diversos seudnimos un centenar de obras, para tener, como deca, suelta lamano.Ya aqu se delataba en l la inclinacin a las vanidades humanasDebi de haber algo asimismo de herencia paterna; vemos, en efecto, que el padre en 1802, pocodespus del nacimiento del futuro escritor y viviendo todava en Tours, aadi por primera vez elde a su apellido, de que adoptara en seguida el escritor, aficionado a las grandezasnobiliarias, a los ttulos herldicos, verdaderos o imaginarios; las ms veces, en efecto, tuvieronque ser de estos ltimos, como las riquezas, a las que tambin aspir.En los libros que escribi en estos das, en los seudnimos que us y no fueron pocos dabasuelta a este afn de grandezas; todos, en efecto, los firmaba con nombres pomposos, conapariencias de nobleza; por ejemplo, Horace de Saint Aubin, Lord R'Hoone, de Villergl,etctera. Con ellos se desahogaba, se vengaba, sin duda, del pobre de de su nombre, y sobretodo, de la falta de dinero.No tard, en efecto, en darse cuenta de la importancia del dinero en la sociedad en que se mova,y sobre todo, en el medio en el cual aspiraba a figurar. El dinero fue pues desde el primermomento, el objeto principal de su ambicin. El dinero, en Pars, lo haba dicho o lo habavisto, lo es todo. Era nuestro tanto tienes tanto vales, ms viejo que el mundo. Eldescubrimiento no era, desde luego, importante, y sobre todo, no era nuevo. En Pars decatambin no se cree en el talento si no va acompaado de la riqueza, o no se cree en el talentopobre, lo cual no se daba slo en Pars.Con la idea de dinero emprendi algunos negocios, relacionados con la edicin de libros; lo hizounas veces solo, otras asociado, pero siempre sin fortuna. La primera vez se asoci con el editorCanel para la edicin de la obra entera de Molire en un volumen; sali con una deuda de 1500francos, primera carga de aquella deuda, siempre creciente, que habra de seguirle a travs de lavida.Balzac no se desanim sera tambin el signo de su vida; con la idea de pagar aquel dbito,adquiri una pequea tipografa y fund la sociedad Balzac y Barbier; no slo no consiguipagar la vieja, sino que las contrajo nuevas. Insisti an; aadi un nuevo nombre a la sociedad,que se llam Balzac, Barbier y Laurent, y con el dinero aportado por el ltimo, ampli elnegocio.Esta vez fue peor; el socio Barbier se retir y exigi que se le devolviera su parte; cundi elpnico entre los acreedores y se produjo el desastre: la quiebra, a la que tuvo Balzac que hacerfrente.

  • Afortunadamente haca algn tiempo que el escritor haba conocido haba hecho amistadcon una dama, la seora de Berny.Reuna la seora de Berny, en su persona, las condiciones principales que reclamaba Balzac enlas damas con las que tena amistad, de las que se enamoraba, o se enamoraban de l, como en elcaso presente. La seora de Berny era mayor le llevaba 22 aos; estaba casada, y lo msimportante, era rica.Las relaciones con la seora de Berny haban empezado haca poco y duraran hasta la muerte dela dama, ocurrida, para fortuna de l, bastante despus. Con el tiempo, tendra an ocasin deayudar a Balzac en algunos apuros.De momento, la seora de Berny le salv de la quiebra adelantndole los 45.000 francos, que noera en aquel tiempo suma despreciable, si se tiene en cuenta el valor de la moneda.Se ha hablado, a propsito de esta amistad, de la fidelidad que guard siempre el novelista poresta seora. Siempre sinti Balzac se ha escrito una infinita veneracin y agradecimientopor esta dama a la que guard fidelidad hasta su muerte. Yo no creo que hubiera en el hechoun gran mrito de parte de Balzac, ya que hasta la hora de su muerte, la seora de Bernycontinu ayudndole en sus apuros sin contar este primero y pas Balzac temporadassiempre que quiso tratado regiamente en las posesiones de la citada seora en las afueras dela capital.La quiebra seala el final de una etapa en la vida de Balzac. A partir de aqu decide dedicarse yade lleno a la literatura, y ms concretamente, a la novela; al cabo de poco aparece Le dernierChuan, la primera de las novelas firmadas con su nombre, que ve la luz en 1829 y que constituyesu primer xito.En este tiempo empieza Balzac a aparecer con la figura conocida y ya con sus extravagancias enel vestir y en la conducta.En lo fsico, era un hombre grueso; no era alto, llevaba la camisa descubierta y mostraba elcuello poderoso, de toro; la expresin del rostro era jovial, con una especie de hilaridadpoderosa, de una alegra rabelesiana, y as era su risa; tena la frente despejada, pero lo que,sobre todo, atraa en aquel rostro eran los ojos. Eran ojos dice Gautier con fuerza parahacer bajar las pupilas a un guila, capaces para leer a travs de los muros y en el interior delos pechos, y de fulminar a una fiera encolerizada, ojos de soberano, de visionario, dedomador.Nos recuerda a Tolstoi y quizs a algunos otros, pero sobre todo, a Tolstoi, del cual afirmabaGorki que ante aquellos ojos no se poda mentir.En su casa Balzac vesta siempre su famosa bata, aquella especie de sayn de cachemira con lacapucha, sujeta a la cintura por un cordn, como podemos verlo en el retrato que le hizo LouisBoulanger. Qu fantasa o capricho se pregunta Gautier le pudo inducir a escogeraquella bata que nunca abandon? Tal vez se responde era a sus ojos el smbolo de lavida claustral a la cual le condenaban sus fatigas, y casi benedictino de la novela, habaadoptado de ellos el hbito.No obstante, en la calle, vesta bien, con elegancia el sastre era para l uno de los oficiosimportantes en la sociedad de los hombres, porque el traje, deca, la fachada, era un medio nodespreciable para el acceso a las alturas, a los salones y las recepciones, e imprescindible en lacarrera del ambicioso; haba, con la misma idea, adquirido un piso, que amuebl lujosamente,con una pieza donde trabajaba y reciba a sus amigos.Por este tiempo haba empezado a usar de aquellas pequeas vanidades de que hemos hablado;se exhiba en pblico con un chaleco blanco, y muy pronto le veran en el palco de Mr. Berny dela pera luciendo aquella prenda; tambin la corbata blanca, sujeta con una especie de argolla ycon el bastn de puo de oro, no menos famoso. Eran manifestaciones, pequeas vanidades, a lasque muchos estaran sujetos. La cosa era bastante corriente, era bastante admitida, entre los locosde la literatura y del arte.En este sentimiento hemos de situar asimismo la vanidad infantil que mostraba sobre las gracias,en lo fsico, de su persona. Fijaos en mi nariz le deca al pintor Devid d'Angers, mi nariz

  • es un mundo!. Le halagaba asimismo que le alabasen las manos. Eran dice Gautier deuna rara belleza, verdaderas manos de prelado, de dedos pequeos y redondos y uas rosadas ybrillantes. Tena, en efecto, la coquetera de sus manos, y segn Gautier, sonrea de placercuando se las miraban.A este propsito recordaba Gautier una ancdota referente a Lord Byron, y a una visita que hizoste al Sultn. Al Pach le dirigi un cumplimiento sobre la pequeez de sus orejas, indicio,segn l, seguro de una condicin de raza y aristocracia no deja de ser verdad. Un elogiocomo ste dice Gautier a Balzac, a propsito de sus manos, hubiese halagado al escritorms an que el elogio de uno de sus libros.Segn Guzlain, Balzac dijo en cierta ocasin que en cada hombre de genio hay un nio. Lo queno es tan cierto es que fuera l el primero en decirlo. Antes que Balzac, en efecto, hubo alguien,y ms de uno, que, si no igual, vinieron a decir lo mismo.Fueron muchos, en efecto, los que imitaron a Balzac o l les imit en aquellas infantilesvanidades y parece extrao que Gautier se rompa la cabeza para explicarse el motivo, cuando lmismo se hizo famoso con su chaleco rojo, con que se presentaba en recepciones yrepresentaciones, como ms adelante se lo hara Wilde con su clavel verde, en aquel Parssiempre a punto tratndose de escritores o artistas, para admirar y maravillarse.Eran, en el fondo, pequeas muestras de vanidad que han podido verse en todas partes, y de quetampoco nosotros hemos estado exentos; recordemos, en el 98, el paraguas rojo de Azorn, laboina de Baroja, el bastn y el sombrero de Maeztu, las patillas y el peinado de Gmez de laSerna, con los cuales, es verdad, hoy se confundira con el lampista de la esquina.Una de sus grandes virtudes fue, en Balzac, la actividad, fue su amor al trabajo, en lo cual puedeemparejrsele con Zola. Ha dicho Thibaudet que Balzac tuvo la religin de la voluntad y Zola ladel trabajo; tal vez, mirndolo bien, la afirmacin podra aplicarse a ambos y hasta invirtiendolos trminos; slo una cosa les separ al respecto y es que Zola fue metdico y disciplinado, yBalzac desordenado y sin mtodo en cuanto al trabajo. Aqu est su obra como el mejortestimonio.Trabaj Balzac, tal vez s, acuciado por la necesidad del dinero, lo que no ocurri con el autor deGerminal, pero no cabe duda que el motivo principal estaba en la fuerza con que sinti suvocacin, en la necesidad de crear y de hacerlo sin reposo. El afn del dinero no ha hecho ningncreador; por el contrario, ha hundido a ms de un talento.Balzac trabajaba, en general, por la noche; la paz, o la calma, y el silencio necesarios alestudioso escribi en una de sus novelas, tienen no se sabe qu de dulce y de embriagador,como el amor.Vemosle, en el trabajo, en la pintura que nos traza Gautier: Estaba con las piernas envueltasen un usado gamuk, abrigado el busto con un viejo chal de la madre y la cabeza cubierta poruna especie de casquete dantesco, del cual slo la seora Balzac conoca el modelo; con lospapeles a la izquierda, la cafetera a la diestra, trabajaba a pecho descubierto, la frente baja,como un buey en el arado, el campo pedregoso y para l todava no roturado por elpensamiento, en el cual l haba de abrir ms adelante surcos tan frtiles.Lo haca, s, como un posedo, sumido totalmente en la tarea, absorto durante horas y horas; aveces hasta el alba, hasta que las primeras luces de la aurora iluminaban la pequea ventana.Entonces emerga a la realidad; regresaba a la vida, como si volviese de una insondableprofundidad, como un buscador de perlas, que, en la embriaguez de los hallazgos, se hubieseolvidado del regreso a la superficie.Emerga as, extrao a s mismo, como si despertase de un sueo, como cado de un astrodistante, con aquella expresin de aturdimiento grandioso que podemos verle en el busto quele hizo Rodin, de que nos habla Zweig de manera tan admirable.Cuando tomaba la pluma escribe Gautier, ya en la alta noche, en el silencio de laestancia, se olvidaba de todo y entonces empezaba una lucha ms terrible que la de Job con elngel: la de la forma y la idea.Era s una batalla; era aquella batalla de cada noche, de la cual, como se ha dicho, sala

  • destrozado y vencedor.Si algn pasante prosigue Gautier retardado, hubiese alzado los ojos hacia aquellapequea claridad vacilante, no hubiese desde luego supuesto que era la aurora de una de lasglorias ms grandes de nuestro siglo.Ahora empezaba ya a ser aquella gloriaNo obstante nos lo dice Gautier, los dioses de la fama, los dispensadores de gloria, no lereconocan el mrito; no se haba alistado entre los que dirigan entonces el corrillo de lasletras.En esta poca los que movan ruido, los adelantados, fueron los romnticos, con Vctor Hugo a lacabeza, y, por esta vez, no era la jefatura poca cosa.La novedad de la poca estaba en ellos; no era, bien mirado, ninguna novedad, como sueleocurrir casi siempre, pero ellos lo proclamaban as y en nombre de ella negaban a Balzac todomrito, o simplemente, le ignoraban. Lo que vala era slo lo de ellos. Exactamente como ennuestros das y sin romnticos.En un momento, y todava poco seguro, llegaron tambin a turbar al gran novelista; nos lo diceGautier, que aunque militante del romanticismo, no dejaba de reconocer los mritos del grannovelista y de proclamarlos, lo que no fue en l, cuando menos en los comienzos, pequeomrito. Balzac nos dice, no obstante la fama que empezaba a gozar entre el pblico, noera admitido entre los dioses del romanticismo y l lo saba.Con el tiempo, ya famoso y admirado en toda Francia, y con una obra importante en su haber,fue adquiriendo seguridad. Slo lo que hemos realizado dice Novalis nos da la medida delo que valemos. Entonces les lanzaba a los romnticos esta afirmacin, como un desafo: Haytanto de tragedia en mis dramas burgueses como en vuestras tragedias luctuosas. Y continusu camino, de da en da con una seguridad mayor, hasta hacer callar a sus enemigos y despertaren el propio Hugo la admiracin. No en balde era Hugo un gran poeta, que quiere decir casisiempre un hombre grande.Haba, s, llegado el triunfo; muy joven an, totalmente ignorado, en una carta a su hermana, leresuma el ideal de su vida en dos palabras: ser famoso y ser amado. Las dos esperanzas opromesas se cumplieron, a pesar de la opinin de algunos respecto a la segunda. La segundase preguntaba Gautier se cumpli tambin?.Una de sus prdicas constantes nos lo dice Gautier era que de la vida del escritor debeneliminarse las mujeres, ya que el trato con ellas era, afirmaba, una manera de perder el tiempo;aada que en todo caso, era preferible tratarlas por correspondencia, norma que sigui en parte,y en parte no, como veremos. Nos lo dice Gautier, y que a l, sobre esta materia, la recomendabala castidad, o la abstinencia, tal vez mejor, o ms acomodada el temperamento del autor delViaje por Espaa; afirmaba an que era sta una de las condiciones para que un escritor semanifestase con todas sus aptitudes. Si Gautier le citaba nombres de autores famosos que no sehaban distinguido precisamente por aquella contencin, ni en el amor ni en el placer, l lereplicaba rpido: Sin las mujeres lo hubiesen hecho mejor y hubiesen conseguido mucho ms.Parece que en sus das, se crey en parte en sus palabras. Los amigos de Balzac, cuando menosalgunos de ellos, los ms ntimos, estaban, nos dicen, convencidos de que el escritor practic lacastidad que recomendaba a los otros, y que no tuvo, a lo mximo, sino amores platnicos, peroMadame de Surville (la hermana de Balzac) sonrea ante esta afirmacin con una sonrisa de unadelicadeza femenina y llena de pdicas reticencias.Hoy, despus de los ltimos descubrimientos, no nos cabe, sobre el particular, la menor duda.Balzac recomend la castidad, pero no dej de aprovechar nada. La virtud si lo era la dej alos otros.Desde muy joven, en efecto, haba tenido aventuras con mujeres y alguna con consecuencia,aunque el hecho no pareca preocuparle demasiado.A los 35 aos haba tenido una hija de Mara Daminois, su amante, esposa de Fresnay, a quien,sin duda como compensacin del regalo, dedic su Eugenia Grandet, se la llam Mara, comoa su madre, Mara de Fresnay, y Balzac le hara un legado en su testamento.

  • Se sabe, igualmente, de un hijo reconocido, y que tuvo mucha ms importancia en la existenciadel escritor; parece que Balzac mostr siempre por l un gran afecto, un afecto verdaderamentepaternal, y an se pretende que de l de este amor naci en mucha parte su Pap Goriot.Aparte de esto, nunca, a travs de su vida, ces un momento en el trato con las mujeres, ms omenos ntimo, segn lo que ellas permitan y en este tiempo se sabe que lo tena con ms de una;se trataba casi infaliblemente de damas de la alta sociedad, a las que reciba en su casa, sin contarsu amor con la condesa Hanska, que, aunque tardamente, haba de terminar al fin enmatrimonio.Haca algn tiempo haba recibido Balzac una carta de una desconocida; esta desconocida resultser la marquesa de Castries, buen aliciente para sus ambiciones, para su vanidad.Se ha dicho que llevado por aquella amistad, Balzac renunci a sus ideas liberales y se pas a loslegitimistas, del partido de los cuales era jefe el to de la joven marquesa.A mi juicio, el cambio no le cost, si es que hubo cambio; la nueva posicin responda mejor asus ideas y sentimientos; Balzac se apartara de la marquesa le hizo apartar ella, pero no seapartara ya de aquel ideal en lo poco que le consagr.Sea como fuere, y llevado por la nueva situacin, no slo adopt las ideas: Balzac se presentincluso como diputado por Angulema y Cambrai para recoger el primer fracaso; todavareincidira; no conseguira nada y volvera ya definitivamente a lo suyo: a la novela. Tal vez, conel tiempo, aquel fracaso le alegr; l lo haba dicho, o lo dira, con respecto a la vocacin de unhombre: que era preciso podar todas las ramas a favor de la principal para que el rbol sedesarrolle con toda su fuerza.Las relaciones con la marquesa duraron, no obstante, algn tiempo, y parece que Balzac llegincluso a forjarse con respecto a ella muchas ilusiones; tal vez hubo otras mujeres; en estetiempo, se ha dicho, acarici proyectos de matrimonio de inters siempre lo fueron; no cabeduda que en ellos figur tambin la marquesa de Castries.Fracas, no obstante, en el propsito, si lo hubo, como parece; la joven aristcrata le hizo, alparecer, objeto de desprecio, y si no tanto, se mostr con l reservada y cicatera, y Balzac, yafamoso y no sin orgullo, se retir.Continuaba an manteniendo relaciones con la seora de Berny, separada ahora del marido, yaanciana y enferma del corazn, y en cuya casa pasaba Balzac temporadas.Cuando se senta fatigado, decepcionado, perseguido por los acreedores, o sufriendo unacontrariedad, Balzac volva a la vieja amistad; se consolaba y cobraba fuerzas para la lucha.Haca ya algn tiempo, en la plenitud de sus triunfos, Balzac haba recibido una carta de unaadmiradora; proceda de Polonia, e iba firmada la Extranjera, en la cual Balzac, con su aficinal misterio y a las grandezas, adivin en seguida a la dama de alcurnia, y detrs, la gran aventurade su vida.No se equivoc; se trataba tambin esta vez de una noble, una condesa, nada menos y extranjera;no le faltaba nada para su vanidad.La condesa Evelina Hanska, la nueva aventura del escritor, estaba casada; era, con su esposo,propietaria de grandes posesiones en el pas de su marido y aficionada a las letras.La carta de la condesa fue el origen de una correspondencia entre los dos que despus se hahecho famosa.Las deudas continuaban persiguindole, y los acreedores atormentndole, pero l no cejaba, yrecurra a todo, en su afn de conseguir dinero el dinero lo era todo, y ms adelante hara unviaje a Cerdea para la explotacin de unas minas de plata verdaderamente parece una fbulainventada por l con la cual, siempre en su imaginacin, haba de enriquecerse.Tuvo estos das problemas con las autoridades, por no haber cumplido su servicio no tenatiempo en la Guardia Nacional, lo que le cost incluso algunos das de crcel. Volvi a lamana de editar siempre en pos del dinero y adquiri La Chronique de Paris, llamando acolaborar a los jvenes de ms prestigio y entre ellos a Gautier. Sus deudas ascendieron con estanueva empresa a 140.000 francos.Su vida, contrariamente a lo que puede creerse, era la de un potentado. Llevaba una existencia de

  • dandismo, de elegancia y ostentacin; se le haban abierto las puertas de los salones y de lascasas ms famosas de Pars, y se le invitaba en todas partes; haba ampliado el piso de la calleCassini, adquirido, desde luego, a crdito, as como los muebles, las carrozas no prescinda denada y los caballos; vesta con una refinada elegancia, ya sabemos la importancia que daba alvestir tampoco pagaba al sastre y asista a todas las funciones de la pera.El amor de la condesa Hanska no fue obstculo para que mantuviese relaciones con otra mujeraqulla, de momento, estaba demasiado lejana; era sta tambin condesa; ya no se tratabams que con gentes de alcurnia y damas de la alta sociedad, que le escriban y le invitaban, y dela cual se sinti, segn su manera, enamorado con locura.Se trataba esta vez de la condesa Sara Guidoboni Visconti, beldad famosa, a la que conoci enuna fiesta en casa de la condesa Apponyi embajadora de Austria.En este tiempo Balzac haba alquilado un apartamento secreto en la calle de les Batailles, anombre de Viuda Durand, para huir, se ha escrito, de los acreedores, para evitar su arrestopor la Guardia Nacional, y para recibir a la Guidoboni. con lo cual vemos que continuababastante alejado de los consejos que daba a Gautier sobre el trato con las mujeres y que obrabaaqu como el mal predicador.Todava, en este tiempo, hemos de aadir dos mujeres ms a la lista de sus aventuras, y las dosno poda ser de otro modo importantes y ricas. Fue una, Olimpia Pellisier, y la otra, laduquesa de Abrants; mantuvo con ellas relaciones ms o menos ntimas, y aunque no tuviesenen su vida la importancia de las otras, sobre todo, de la Hanska, como veremos, no dejaron deocupar su tiempo y distraerle de sus agobios econmicos, de sus continuos sobresaltos ypersecuciones.En este momento, muri la seora de Berny, la fiel compaera de tantos aos. Balzac no pudodejar de sentir la desaparicin de aquella mujer que le haba guardado fidelidad ella s y quehaba permanecido a su lado, ayudndole siempre, hasta la hora de su muerte.Todava en estos ltimos aos, en los momentos de abatimiento, lo hemos visto, iba a verla ypasaba temporadas en su casa, donde incluso trabaj muchas veces en la novela de turno. Tal vezpara llenar el vaco, para distraerse de la pena es de presumir que la sinti, emprendiBalzac un viaje por Italia.Estuvo en Turn por algo relacionado con los Guidoboni y en otras ciudades de Italia, de la quese sinti tambin enamorado, y ms adelante en Miln, donde visit a Manzoni.Tras esto volvi a Pars, y en l, a su combate.Se le buscaba a causa de unas letras presentadas al cobro durante su ausencia, y se repiti unavez ms el gesto de la seora de Berny. La enamorada de turno, la Guidoboni, le ocult en sucasa, en los Campos Elseos, donde permaneci algn tiempo; descubierto al fin el escondrijoeste tono de folletn debi de entusiasmarle la condesa le ayud a salir del apuro prestndolela suma debida. Pero tampoco esto le inspir prudencia.Apenas salido de este apuro, le vemos adquiriendo un terreno en una finca llamada les Jardies,junto a la carretera de Versalles, que, naturalmente, qued sin pagar.Lo adquiri, al parecer, con la intencin de hacer negocio, pero el negocio llevaba la marca delos negocios de l, y no slo no hara ganancias sino que, por el contrario, sera causa de nuevasdeudas.De vez en cuando, se refugiaba en casa de unos amigos siempre tena una invitacin a punto,una casa nueva donde pasar unos das; no tena ya a la seora de Berny, y esta vez lo hizo enlas casas de otros amigos; pas una temporada en Fragussil, como husped de Carraud, y enseguida despus, en Nohan, con George Sand. En estos das se pasaba la vida ocultndose, ya enlas casas de sus amigos, ya en viajes al extranjero; por ejemplo, el que emprendera muy prontocon la condesa, la Extranjera, que haba ya dejado de serlo.No haba pagado el terreno de les Jardies, pero no importaba; en este tiempo se haca construirall una casa, mientras sala, nos dicen, de viaje para Cerdea con la idea de explotar las minas deplata de que hemos hablado antes; sin duda pensaba pagar la casa con el producto de estas minas,tan imaginario como, al parecer, lo eran las minas. Vuelto a Pars, dej los alojamientos de la

  • calle Cassini y la calle Batailles, y pas a vivir en la casa de su propiedad cuando pagase lasdeudas, ya terminada, en les Jardies. En ella se instal como lo haca ahora, a lo grande, yrecibiendo a sus amigos, todos hombres famosos, entre ellos Vctor Hugo; tambin a LenGurlan, que escribira sobre l uno de los libros, si no el ms amable, uno sin duda de los demayor inters, por los pormenores y las ancdotas de la vida ntima del escritor.Resolvi, al fin Balzac, vender la casa, con lo que pag una parte de las deudas, y se instal en lacalle Baja de Passy, donde tuvo por algn tiempo a su madre.Su tarea, sin embargo, no se interrumpa; preparaba la edicin de sus obras, reunidas bajo elttulo genrico La Comedia Humana y escriba una vez an para el teatro; su actividad noconoca reposo; escriba en todas partes; lo haca en casa de la seora de Berny, en casa de laGuidoboni en el tiempo en que le tuvieron escondido, y ni siquiera, en el poco tiempo que estuvoen la crcel en la misma crcel, dej un momento de trabajar.No obstante, entre tanta actividad, entre este incesante ir y venir de un piso a otro, de una casa aotra, entre aventuras ms o menos durables, vena ya desde tiempo persiguiendo una ilusin y lohaca tambin sin descanso, a travs de las borrascas y los das de sol, de las noches y los das, yesta ilusin haba sido motivo ya de algunos viajes: era la condesa Hanska.Haba terminado la hora de la correspondencia y haba llegado la hora de perder el tiempo,como deca l del trato con las mujeres.Haca tiempo que se haba descorrido el velo y el misterio de la Extranjera haba dejado de sermisterio. Se haban quitado las caretas. Un tiempo antes ella le haba escrito que estaba enGinebra y l corri a Ginebra para conocerla; fue un encuentro decisivo y principio de unasegunda parte en aquellas relaciones, que haban al fin de terminar en matrimonio, lo que l nohubiera osado creer.Era ya por los aos de 1846Su existencia era en este tiempo ms agitada an, si caba. Continuaba trabajando igual y con lamisma furia, como un forzado; pasaba a menudo noches enteras con la pluma en la mano.Cuando se dorma, o senta el cansancio, se ayudaba con tazas de caf, que sorba en grandescantidades; no era de extraar, con esto, que su fortaleza empezara a resentirse, con los primerossntomas de debilidad y tambin con una inclinacin ms fuerte hacia la Extranjera, como sibuscase en ella el reposo, el descanso de la batalla.En estos das se produjo un hecho que dio aliento a su sueo y fue la muerte del esposo de lacondesa, el conde Hanska, ocurrida en el mes de noviembre de 1841.Poco despus se trasladaba Balzac a San Petersburgo, donde permaneci tres meses, siempre conella, recomenzado el idilio, si puede hablarse de idilio, porque 1 era ya un anciano y se sentaagotado y enfermo, y tampoco la condesa era una nia.Hablaron de matrimonio; haba aqu un impedimento; se necesitaba la autorizacin del Zar y nosera fcil conseguirla.Se separaron, pero no pas mucho tiempo sin que volvieran a reunirse, esta vez en Dresde, tras lapublicacin de su obra Modesta Mignon dedicada a la condesa, que le haba sugerido el tema.La condesa haba ido a Dresde para el casamiento de su hija con el conde Misrech; los jvenesesposos partan para su viaje de bodas. Balzac y la condesa partan a su vez para un viajeparecido a travs de Blgica y Holanda y acompaaban despus a los esposos hasta Roma yNpoles.Debieron de ser los das ms felices de su vida, y por un momento, se habra olvidado de susdeudas, de sus trabajos; debi de sentirse feliz.Hizo an otro viaje a Italia para reunirse con ella y poco despus fue ella la que, por primera vez,iba a Pars.Lo haca para reponerse de una enfermedad, consecuencia al parecer del parto de un hijo, nacidomuerto, y al que haban puesto el nombre de Vctor Honor.Los hechos iban acercndose a su fin. Balzac haba adquirido ltimamente una casa en la calleFortunee, hoy de Balzac, que amuebl con todo lujo con la intencin de instalarse en ella consu amada una vez que se hubiesen casado.

  • Hizo un nuevo viaje, esta vez a Kiev, donde la condesa, ya repuesta de su enfermedad, le estabaesperando; permaneci algn tiempo con su amada, en sus posesiones, y escribi un interesanterelato del viaje; se public el relato, con nuevas obras, que iban apareciendo sin cesar, mientrascontinuaban tambin publicndose los volmenes de la Comedia Humana.Cuando Balzac regres a Pars haba estallado la Revolucin; Luis Felipe caa del trono; Balzacintent, por ltima vez, intervenir en poltica; se present diputado por la Asamblea con elconsiguiente fracaso.Por estos das volvi al teatro un sueo perseguido a travs de toda su vida; lo hizo con suobra La Maratre, consiguiendo esta vez un sealado xito.Todo lo que tocaba ahora, puede decirse que, en sus manos, se converta en oro; all donde iba,escribiese lo que escribiera, le segua el xito infaliblemente. Era tal vez la seal del fin, comoocurre tantas veces en la vida de los grandes.Las famosas deudas estaban al fin pagadas; la unin Soada se haba cumplido; el nido parala felicidad revestido de seda y adornado con plumn. Como si hubiesen presentido su prximofin dice Gautier no sin amargura, los envidiosos de Balzac empezaban a elogiarle notodos, como veremos. Los parientes pobres, El primo Pons, en los que el genio del autorbrilla en todo su esplendor y consegua todos los sufragios. Era demasiado hermoso; no lequedaba sino morir.Es cierto; no quedaba sino morirEn un nuevo viaje a Kiev, para reunirse con su amada, Balzac cay enfermo y esta vez decuidado; hizo su aparicin el mal, que le vena minando; pas el invierno en aquella ciudad allado de ella y de sus familiares.Apenas repuesto, la condesa recibi la autorizacin del Zar para contraer matrimonio con elextranjero.La ceremonia tuvo lugar en la iglesia de Santa Brbara, en Berdicaf, en Ucrania; no obstante, elgozo dur poco. A los pocos das el escritor volvi a enfermar y mostr ya deseos, ya prisas,para volver a su pas, a su Pars, a aquel Pars escenario de su gran batalla y de su triunfo, de susangustias mayores y de sus mayores alegras, a su centro, en verdad, en la tierra.Volvi a Pars y se instal en la casa nueva de la calle Fortunee con su esposa. Siempre habaabrigado el temor en su fondo supersticioso de que la casa nueva atraa la muerte, que lamuerte rondaba los muros de la casa nueva. La supersticin era viva en muchos pases en aqueltiempo, y tambin en Espaa. La casa nueva dice nuestro refrn la sepultura abierta; lasupersticin era viva, sobre todo, entre las poblaciones campesinas, de cuyo medio proceda l.Esta vez la supersticin el augurio se cumplira.Pareca, al principio, haber mejorado, pero no tard en producirse la recada.Todava acudi su madre a cuidarle: ya no se recuper, y el 21 de agosto de aquel ao de 1850dejaba de existir.Es de creer que en los ltimos tiempos, con la aparicin volumen tras volumen de su obra,realizado el sueo de la unin con la condesa, se sinti feliz.Estaban, es verdad, las deudas. Las deudas? Lo ms probable es que no le pesaran tanto comonos dice Zweig; no las habra contrado con tanta facilidad, y en todo caso, deba ya de haberseacostumbrado a ellas. Gautier llega incluso a dudar de que existieran, o cuando menos, de quefueran tantas como l deca y de las que puede decirse as presuma.Haba dado fin a su Comedia Humana y en el magnfico prlogo escrito al frente nos habadado su testamento; haba hecho su profesin de fe. Era monrquico sin duda lo haba sidosiempre, pero sin conciencia clara del hecho; ahora se afirmaba en esta fe; en cuanto a lareligin, el catolicismo lo haba heredado de sus padres, y sobre todo, de su madre, todavapresente en sus ltimos momentos, con una energa que la proclamaba como madre de l.ltimamente lo haba declarado: era monrquico, porque, le pareca, como hijo, que lamonarqua, defenda la autoridad, exaltaba la religin, predicaba el deber, censuraba laspasiones y no admita la felicidad fuera del matrimonio y la familia. cosa esta ltima, que nodeja de parecer sospechosa si se tiene en cuenta su vida.

  • En cuanto al Cristianismo y sobre todo haba escrito, al Catolicismo, no poda dejar deser adepto de l siendo como haba dicho en su Medio Rural un sistema completo derepresin de las tendencias perversas del hombre y el elemento ms grande del orden social.Yo escribo a la luz de dos verdades eternas: la Religin y la Monarqua.Era tambin el ideal de Dante, mucho menos de admirar en su poca de Monarquas yCatolicismo, y no obstante, mucho menos fcil de sostener y por el cual el gran poeta padecipersecucin.A estos ideales haba permanecido fiel hasta la hora de su muerte, con su creencia en la fuerza dela familia, en la sociedad de los hombres, y su fe en la bondad, que no era menos importante.Con estas convicciones, con esta fe, y esta, podemos decir, paz, se haba acercado al final. Talvez s lo haba hecho un poco fatigado del spero combate, pero satisfecho, y ms que satisfecho,de la victoria conseguida, como lo poda estar.La traicin ms grande se ha dicho que puede cometer el hombre es la traicin contra loque es, es decir, contra aquello para que vino al mundo; esto dice la sabidura oriental, la viejasabidura, y viceversa, el haberse mantenido fiel a ella y quin lo hizo como l? es lasatisfaccin ms grande que al hombre le puede caber. Por esto pudo muy bien, ya hacia el final,escribir la frase famosa, al pie del retrato del Emperador. Lo que l llev a cabo con la espadayo lo realizar con la pluma. Y fue la verdad, porque si uno cierra los ojos y evoca este desfilede personajes y de pueblos a travs de la Comedia Humana, oye un avanzar tumultuoso, unruido de caballos y de hombres en marcha y en l el mismo odo acaba por reconocer, segn laimagen grandiosa de Thibaudet, que es el ejrcito de Napolen que avanza.Fue un gesto parecido al que cumpli Cervantes, ya hacia el fin de su gran obra, cuando se diocuenta en la comparacin con su enemigo, de lo que haba llevado a cabo, aquel Tate, tatefelloncicos, / que de nadie sea tocada / porque esta empresa, buen rey / para m estabaguardada, con que cerraba su batalla y puede decirse su existencia, y aqu estn las grandescompensaciones de la vida. Fue un gesto igual al cumplido en el arte es lo mismo porRubens, cuando ya anciano, es decir, en la conciencia de lo que haba llevado a cabo, en elorgullo de su victoria y qu orgullo poda haber ms legtimo?, se retrat rodeado de lossuyos en la figura de San Jorge, montado en el caballo blanco, vencedor del dragn.Son s las grandes compensaciones de la vida, en este misterio, uno de los ms tremendos, de lacreacin artstica, porque Balzac no se retrataba comparndose con Napolen, y tampocoCervantes en la figura del guerrero, cumplido su deber y vencedor, ni Rubens, como el valerososanto, sino que todos ellos se exaltaban en aquella imagen y en aquella imagen buscaban todos loque haba en ellos de Dios.Fue enterrado Balzac en el cementerio del Padre Lachaise, en aquel lugar desde el cual supersonaje Balzac lanz su desafo a Pars extendido a sus pies, tras el entierro de Goriot,cumplida la ignominia.El entierro del escritor constituy una manifestacin de duelo; se vieron en l todas las figurasilustres, ya que Pars era el centro del mundo, y Vctor Hugo fue el encargado de pronunciar laoracin fnebre, en el cementerio.Era en verdad su gran triunfo, la corona de aquella vida, que el enemigo nunca lo fue de lostiempos viejos se convirtiera en su fervoroso panegirista, que acudiera a exaltarle en esta horaante su tumba. Es que Vctor Hugo era un gran poeta, y lo dijimos, el grande lo es siempre y entodo, y tampoco haba esperado, para reconocerlo, a la hora de la muerte; l lo haba hecho yaantes y se haba convertido en uno de sus amigos.El escritorBalzac es sin ninguna duda uno de los escritores ms grandes, y puede figurar por su obra, ycomo novelista, en la constelacin de los famosos de la humanidad.Su inclinacin, y su voluntad, le llevaron a la novela; era el gnero que convena mejor a sutalento y a sus condiciones de narrador, y en l haba de alcanzar toda su grandeza.El realismo es la nota dominante en su obra; sus personajes pertenecen a la alta y medianaburguesa, aunque, en general, le interesa el ser humano en la sociedad de los hombres. La

  • naturaleza social escribi en cierta ocasin es una Naturaleza en la Naturaleza y msabajo, lo aclaraba an: El estado social tiene azares que no se permite la Naturaleza, pues es laNaturaleza ms la Sociedad. Sobre ello escriba Thibaudet de quien tomo la cita: Esta frasecontiene el descubrimiento, el genio, la novela y la clave de Balzac.Su obra se desarrollara siempre sobre esta base; sera el retratista ms exacto de esta Naturaleza.Balzac sera el que probara de llegar ms lejos, ms a su perfeccin, podramos decir, aquelrealismo puesto de moda por la generacin anterior; Zola, es verdad, ira ms al extremo, hastallegar al exceso, menos espiritual que Balzac, menos humano dira yo, o social, menos poeta,pese a lo poco que Balzac lo fue.La poca anterior, es verdad, tuvo ya sus maestros en la tendencia; fueron Murger yChampfleury, surgidos del pueblo, y fue, sobre todo, Flaubert, el gran maestro de la prosa y delarte de novelar, surgido de la alta burguesa, a la que se alababa de pertenecer y segn la relacinestablecida por Thibaudet en su magnfico estudio sobre el realismo francs.En Zola se llamar naturalismo, y el escritor el padre de esta escuela; en realidad, se trataba de lamisma corriente llevada a las capas ms bajas de la naturaleza humana, a los instintos msbrutales, hasta hacerse casi intolerables.Zola abrir con ello los caminos a los excesos del tiempo actual, ayudado por Freud, con susestudios de psicoanlisis, de tanta influencia en el cine, en el teatro y en la novela de nuestrotiempo.Balzac se mantendr en un sano equilibrio, equidistante entre los dos; l laborar sobre el mediohumano y social, pero, especialmente, sobre los sentimientos, y tambin los nobles sentimientos,y siempre en el medio burgus en el que se mova y en el que haba nacido; pero lo har con unavisin de las cosas y de las personas, con una penetracin y una verdad, como no se vieron antesni casi despus, hasta nuestros das; una visin en que el choque de los egosmos y de laspasiones adquirir el tono, la violencia, de verdaderas batallas.Sus hroes sern todos seres corrientes, seres arrancados a la existencia de cada da; ya nonecesitarn de uniformes, de espadas, de cdigos de honor, ni de palabras. Tiene razn Zweig,Eugenia Grandet desafiando la clera del padre avaro, cuando entrega a su primo la bolsa dedinero, alcanza, con su acto, la grandeza de los hroes alcanza la intensidad, como dice l, deuna Juana de Arco. Lo mismo puede decirse de Pap Goriot, cuando enfermo, moribundo, selevanta de la cama y va a vender los ltimos cubiertos para proporcionar a su hija una noche defelicidad, y por ms que ella no merezca nada; precisamente en el hecho de no merecerlo est elmrito mayor de la accin.Thibaudet ha hablado con razn, y a propsito de Balzac de Fuerza de la Naturaleza. Unafuerza de la Naturaleza ha escrito adopta necesariamente un estilo de flujo, un estilo demarcha, y termina con esta imagen digna del autor de Pap Goriot y sin duda la ms exacta,de este desfilar tempestuoso de personajes y escenas, de este atropellado fluir de la narracin:Balzac avanza con un ruido de caballos y de hombres en marcha, poderoso y no musical (yodira que s, que es un himno) y el mismo odo acaba por reconocer que es la Grande Armeque marcha.En estas condiciones, con esta manera, es imposible que el escritor preste demasiada atencin alestilo, a la perfeccin formal, a la msica o elegancia de la frase, a la que se da tanta importanciaen ciertos medios; en efecto, de Balzac se ha dicho que era un mal escritor, o que escriba mal.Esto ha hecho decir a ciertos crticos superficiales escribe Gautier que Balzac no sabaescribir.Todava Van Thieghem, autor de una historia abreviada de la literatura, repeta en nuestros dasy aumentaba la acusacin, con otros defectos y con muy poco miramiento por el escritor.Frecuentemente escribe muy mal, no por descuido, sino por mal gusto, con una torpezaobstinada y pretenciosa. Tambin aqu devolviendo el halago puede hablarse a mi juiciode torpeza obstinada y pretenciosa. Parece para este ilustre crtico que Balzac no tuvo nadams; su oficio nico fue escribir y hacerlo mal.El hecho se repiti entre nosotros con Baroja en nuestro tiempo, al que se acus asimismo de

  • escribir mal, sin elegancia ni correccin y hasta con torpeza; es, de paso y el hecho merece sermeditado, una acusacin que se ha hecho a todos los grandes escritores; se ha dicho, en efecto,de Tolstoi, de Dostoiewski, de Dickens, y entre nosotros, aparte de Baroja, de Galds, de BlascoIbez y sin duda, en el fondo, con la misma causa; es decir, el arrebatamiento, el lan, la furiaa veces de que estaban posedos, su fijar la atencin en lo que haban de decir, no en cmo lohaban de decir, que no les importaba.Por lo que toca a Baroja, ya Ortega le justific, demostrando aqu su gran talento y una libertadde espritu que no siempre le acompa. Yo leo escribi, con referencia al tema paraaumentar mi corazn y no para tener el gusto de contemplar cmo las reglas de la gramtica secumplen una vez ms en las pginas del libro.El que ha dicho las palabras ms justas sobre el motivo, y con respecto a Balzac, las ms exactasy decisivas, ha sido Gautier. Balzac escribe posea el estilo necesario, fatal y matemticode su pensamiento. Afirmacin, repito, definitiva y que puede aplicarse a todos los grandesescritores que escriban mal que no escriban mal, y que fueron casi todos; puede aplicarse atodos los casos.No obstante, y en cuanto a Balzac, parece que estas crticas llegaron a turbarle, como turbaronentre nosotros a Blasco Ibez. La verdad era que los crticos agrandaban el mal y sobre l lenegaban, o poco menos, todo valor, como hemos visto en Van Thieghem. No obstante ydevorar sus libros, nadie se detena a considerarle en todo su valor escribe an Gautier, ypara sus mismos admiradores, permaneci durante mucho tiempo el ms fecundo de nuestrosnarradores y nada ms. Esta cualidad se le reconoca con facilidad, pero la cosa irritaba conrazn a Balzac y, como ms adelante, le irritaba que le llamaran el autor de Eugenia Grandet,como si no hubiese escrito nada ms.Hoy, es verdad prosigue Gautier, todo esto sorprende; se explica mal, pero puedoresponder de la verdad de mis aseveraciones. Con esto, Balzac se atormentaba para poseer unestilo, y con el deseo de corregirse se aconsejaba de gentes que le eran cien veces inferiores.Es verdad que, con el tiempo, lo super, pero lo cierto es que el hecho le atorment largamente,y hasta muy adelante, en su carrera. Tal es la fuerza de estos movimientos y la confusin quellegan a sembrar, y no slo entre los lectores, como en nuestro tiempo, sino en los propiosescritores y aun en hombres de la talla de Balzac.No obstante, la explicacin era muy sencillaEn el fondo, y si se mira bien, Ortega y Gautier venan a expresar lo mismo. Ortega, no obstante,va an ms all, y en otro lugar alude, y con razn, al inters que existe entre nosotros por lacorreccin gramatical, como si fuese esto lo ms importante en un autor, aunque la verdad es queen la mayora de nuestros escritores, es, en efecto, lo ms importante. La correccingramatical, dado que exista una correccin gramatical, abunda hoy en nuestros escritores;sensibilidad trascendente, en cambio, se encuentra en muy pocos. Aseveracin profunda y tantoms de notar por cuanto se trata de un maestro del estilo. Hoy, en este sentido, continuamos porlos mismos derroteros.La prueba de esta verdad es que aquellos escritores se esforzaron como pocos por escribirbien, que no es lo mismo que escribir con buen estilo. En este sentido, s, se preocupaban; seesforzaban por ajustar el estilo al pensamiento, la expresin a lo que queran expresar, lo queGautier llamaba el estilo necesario, fatal y matemtico del pensamiento.Aunque parezca paradoja dado el descuido de su estilo, Balzac era, escribiendo, o en laredaccin, muy cuidadoso, casi meticuloso. En este punto segua el consejo de Horacio, conquien, de otro lado, se pareca muy poco, y volva una y otra vez sobre lo escrito, y correga, demanera que apenas quedaba nada del texto original. Era, como se ha dicho, el terror de lostipgrafos. Despus de la primera correccin y los retoques, no quedaba nada del texto original.Pierrette estando l en Desnoiresterres fue impreso despus de veintisiete pruebas!Sabemos que Tolstoi obraba de manera parecida; nos dicen que los monumentos Guerra y pazy Ana Karenina, fueron escritos y vueltos a escribir hasta ocho veces!, que no era menos queBalzac el terror de los tipgrafos; que a menudo, en plena impresin de la obra, mandaba un

  • telegrama para que detuvieran la tarea y llegaba l despus para cambiar una palabra.Esto, es verdad, era lo importanteLa cualidad primera de Balzac, como escritor, consiste en la fuerza, el empuje con que mueve losseres y los sucesos, el mpetu creador. Era, s, su mrito principal. Era la fuerza con que sabaevocar los hechos y las personas, la pintura de los caracteres. En este sentido y como creador detipos, por la fuerza de evocacin, Taine le sita entre los primeros; es ms, cree que slo uno lesupera, o le iguala: Shakespeare. Pero jams escribe esta raza de almas vehementes yatormentadas produjo especies ms vigorosas, ms completas y distintas que en la obra de losdos conocedores ms portentosos del hombre: Shakespeare y Balzac.Gautier, en su entusiasmo por Balzac, crea que la afirmacin convena mejor al novelista.A nuestro juicio, el ingls le supera en fuerza y en grandeza, y sobre todo, en poesa, que hacetambin la grandeza del grande, sea artista o escritor, y es tal vez aqu donde hay que sealar elgran fallo de nuestro autor; es lo que ha impedido, a mi juicio, que, tomado en conjunto, Balzacpueda ser situado al lado de Dostoiewski, de Cervantes, de Dante o de Tolstoi, y no hablemos deShakespeare, en estos dominios nico y del cual pudo decir Dumas, con razn, que era el hombreque haba creado ms despus de Dios. Es, en verdad, el incomparable.A Balzac puede achacrsele, en efecto, falta de elevacin, de don potico, de espiritualidad,defecto que puede sealarse asimismo a la mayora de los adeptos del realismo; puede decirsecasi de todos: de Balzac, y sobre todo, de Zola, como puede decirse de Galds y de Baroja y,ms an, de Blasco Ibez, entre nosotros. En la lectura de su obra, es verdad, se siente un pocode ahogo: uno tendra ganas de gritarles lo que Turgueniev a Tolstoi: Elevad vuestro espritu.y aqu con mucha ms razn. Un hecho significativo: a Balzac no le gustaban los versos, nisiquiera los buenos y se mostraba asombrado o lo finga del entusiasmo que algunos poetasdespertaban en sus compaeros, y entre ellos Gautier.No obstante, fue Balzac, entre ellos, el que se manifest con mejores dotes para captar larealidad; ninguno de los otros pudo comparrsele en vigor, en el lan podramos decir mejor,en la fuerza evocadora. Estas condiciones las posey en tal grado, que como hemos visto, ve leha considerado, por solo esto, como digno de figurar entre los ms grandes.Estas cualidades estn sobre todo, presentes en dos novelas: Pap Goriot y Eugenia Grandet,las dos obras ms importantes de Balzac as lo quera tambin Taine, y las dos por lomismo: por la fuerza y la verdad con que supo pintar los personajes, evocarlos ante nosotros.Eugenia Grandet y Pap Goriot, como don Quijote y Sancho, como el buen Pickwick, comoHamlet o como Otelo, como la Ana de Tolstoi, o el Raskolnikov de Dostoiewski, forman partede esta galera de personajes, ms vivos que los de la historia ms que los de la verdad,porque tienen siempre, sobre aqullos, la fuerza de los prototipos; se levantan ante nosotros convalor de smbolo. Balzac lo crea as y haca burla de los que negaban esta verdad; Taine, en suFilosofa del Arte, se expresa en el mismo sentido, aludiendo a nuestro autor. Estaconvergencia falta a menudo en la Naturaleza, pero nunca en la obra de los grandes artistas;por eso sus caracteres, aunque compuestos de los mismos elementos que los caracteres reales,tienen ms fuerza que la realidad.Hay una ancdota a este respecto verdaderamente impresionante y significativa; nos cuentan, enefecto, que cuando escriba el final de su Eugenia Grandet sumido totalmente en la tarea, comolo haca, recibi la visita de un amigo. Balzac se levant; corri hacia el que llegaba y se ech ensus brazos llorando La desgraciada le dijo se ha suicidado!. Tal era la fuerza, la verdadcon que viva sus personajes y es posible, s, que en este punto, no haya habido quien le igualara.Cuenta Gautier en su estudio sobre el gran escritor, que en una conversacin, oda por l, entreBalzac y Vidock, y habiendo afirmado ste que la realidad es a veces ms dramtica que en lanovela, Balzac se ech a rer. Ah! le dijo el novelista, usted, por lo visto, cree en larealidad: la realidad la fabricamos nosotros. Es decir, la verdad en la novela, lo es ms que enla realidad.En nuestros das, en estos das nuestros de desorientacin y de pobreza, no se hace caso de esteaspecto de la creacin artstica hay que buscar novedades a toda costa, y no obstante, la

  • regla contina vigente; la cosa tampoco es de hoy y ya Goethe lo reprochaba a los crticos de sutiempo. Son obras muy buenas deca en sus Conversaciones con Eckermann yaludiendo a algunas obras de su poca revelan talentos admirables, que han sabidoaprender y hacer propios el arte y el buen gusto, pero les falta una cosa: el vigor. Tome nota deesta palabra, y gurdela en su mente. Y en otro lugar: Ciertamente, en arte y en poesa, lapersonalidad lo es todo. Y las siguientes palabras, que encierran la mejor leccin. Pero entrelos crticos artsticos y literarios de nuestro tiempo existen seres tan infelices como para negarsea confesar esta verdad y considerar la presencia de una poderosa personalidad en una obra depoesa o de arte como un hecho sin importancia. Y es que para sentir realmente esta poderosapersonalidad y para saber honrarla, es preciso que uno mismo sea importante.Tampoco es que se nieguen a confesarla, es que generalmente, no la ven. Sea como fuese, es laverdad que la niegan y as se produce aquella situacin de que hablaba el propio Goethe y quevemos repetida hoy. Es muy posible que un crtico opine con ms sensatez dentro de unos aosy se esfuerce en difundir sus nuevas opiniones; no obstante, sus doctrinas falsas van siguiendoentretanto su camino, provocan su efecto y van creciendo como cizaa entre los trigos.Esta fuerza la tuvo Balzac como nadie; en ella encontr su grandeza, es verdad, con otra virtudde que se ha hablado poco, pero que es asimismo importante: la bondad.En Rastignac, en el primero, en el de Pap Goriot, nos da Balzac, en una feliz conjuncin, estaparte que completaba su persona, como escritor y como hombre: la tuerza en la clera, en laamenaza lanzada sobre la ciudad culpable, pero a la vez, la piedad hacia la vctima, de dondenaca su ira, para este hermoso final y cerrar la obra armoniosamente con el smbolo doble de sualma: parece levantarse sobre la altura de Montmartre, en el crepsculo triste, con la ciudadextendida a sus pies, y lanzarle la sombra amenaza: Ahora nos veremos t y yo!.Los dos impulsos nacan del mismo fondo y se fundan aqu en un nico impulso, pero los dos dela bondad inmensa de aquel alma; nacan, a la verdad, del amor.En nuestra poca de cinismos, se dijo por un escritor que con buenos sentimientos se producenmalas novelas; es una frase que han ido repitiendo por ah algunos como un hallazgo, como elgran descubrimiento; es verdad es una perogrullada que con buenos sentimientos se hacenmalas novelas; pero lo es tambin, y mucho ms y ms importante, sin comparacin que nose hacen buenas novelas con malos sentimientos. La prueba est en Balzac, en esta obra, y entodos los grandes escritores, en todas las grandes novelas.Pap GoriotPap Goriot es quiz la novela mejor, la ms importante de Balzac; hay quien prefiere EugeniaGrandet. Taine cree que son las dos mejores, pero, sea una sea la otra, no cabe duda que son lasdestacadas en la produccin del gran escritor.En Pap Goriot, Balzac ha escrito el drama de la paternidad, como lo hizo Shakespeare en Elrey Lear, y a menudo se han establecido comparaciones entre las dos obras; no hay, a la verdad,diferencias entre el drama de un comerciante, de un especulador de la revolucin y un rey: elespeculador, y el rey, debajo del manto y la corona, debajo del ropaje de un burgus, delmercader arruinado, son padres. Esta es la leccin de Balzac. Lo que se necesitaba era el artista.As Balzac, censurado por los romnticos por la vulgaridad de sus temas, la condicin de suspersonajes, pudo decir, en cierto momento, y como hemos visto: Hay tanta tragedia en misdramas de burgueses como en vuestras tragedias luctuosas.El escenario donde se desarrolla este drama moderno es Pars, y en Pars, en la pensin Vauquer,en uno de los barrios ms pobres de la ciudad, en el barrio, como dice l, ms siniestro.Es el marco adecuado para la tragedia que va a desarrollarse, el digno de ella; es preciso tambinestablecer el contraste tan del gusto de los grandes autores y sobre todo, los romnticosentre este Pars y el Pars elegante que se mova, brillaba, engaaba, y se engaaba, entre lacolumna de Vendme y la Cpula de los Invlidos, aquel Pars, al que, visto desde la altura, en elcementerio del Pre Lachaise, dirige Rastignac su desafo, en el atardecer triste del entierro dePap Goriot, en aquella escena que se ha hecho famosa.La pensin Vauquer es un poco refugio de nufragos; son despojos, los ms, de una tempestad,

  • que el oleaje arroja a la playa; se trata, s, de nufragos salidos de la tempestad de la vida, y entreellos, la propia seora Vauquer, la duea de la pensin, y el ms desventurado, el padre Goriot.Rastignac es, despus del padre Goriot, el personaje principal de la obra. Se ha dicho deRastignac que el autor tuvo presente en su creacin a un personaje conocido.Es evidente que Balzac, como escritor realista, tom siempre y cogi de la realidad; esseguro, como se ha dicho que la pensin Vauquer est pintada a base de los recuerdos de Parsdel escritor, del tiempo, en que, falto de recursos, vivi en la capital y en el mismo barrio, peroesto, y tratndose de Balzac, puede decirse de la pensin, de los personajes y casi de todo.En cuanto a Rastignac, Balzac puso en l algo de recuerdos de lecturas; por ejemplo, del JulinSorel de Stendhal Balzac conoca muy bien El Rojo y el Negro; puso tal vez de unpersonaje conocido, pero en Rastignac, el escritor puso, sobre todo, de s mismo y acaso es elpersonaje en quien se retrat mejor.Rastignac tiene, como el autor, dos hermanas, y un hermano por el que sinti al parecer escasoafecto, lo que se atribuye a la preferencia que la madre le manifest. Siempre sinti ms amorpor las hermanas.Rastignac, y como se ha notado, se le parece en muchos aspectos salvo en lo fsico, en lo cualqu duda cabe? le habra gustado parecrsele; se le parece en su egosmo y en su ambicin, ensu vivir, sobre todo, preocupado por su inters personal; se le parece en la actitud ante la vida,como ha escrito P. Citron en su prlogo a Pap Goriot; tambin en sus esfuerzos para serrecibido en todos los salones, conquistando a las grandes damas; en la ostentacin a lo dandy,en presentarse a diputado y aspirar al silln de la Academia en lo cual le han acompaadomuchos, haciendo, como dice Citron, el juego a la sociedad a la vez que escriba contra ellael acta de acusacin ms formidable de toda la historia de la novela. Y se le parece aadoyo incluso en las debilidades, y sobre todo, en lo mejor que tena y que era su bondad en losmomentos extremos. Balzac fue, en verdad, el joven ambicioso, llegado de provincias, con sussueos de triunfo y sus ambiciones secretas, pero tambin con su sinceridad, con su buena fe, ydescubriendo con estupor, con ira, el fondo de aquel Pars brillante y deslumbrador en lasuperficie, y en el fondo tan corrompido, tan despreciable.En este sentido, otro personaje, destacado y ms que Rastignac es Vautrin, el ex-presidiario;en l ha simbolizado Balzac la protesta ardiente de su alma, la clera de su alma, ante lasinjusticias de la sociedad, en un sentido ms general, ms universal, podramos decir. Vautrin, esel destructor, el anarquista, Cree usted en algo estable en el mundo? le dice a Rastignac;crame, desprecie a los hombres y mire si encuentra una malla para poder pasar a travs de lared del cdigo. El secreto de las grandes fortunas, de las cuales no se sabe la causa, es uncrimen olvidado porque se cometi con rapidez. Esta es su idea y ste el motivo de sus iras, yde acuerdo con ellas aconseja a Rastignac; en este camino nada le detiene. En la pensin hay unainfeliz, la seorita Victorina, cuyo padre, millonario y miserable no la quiere ver ni que sehable de ella en su presencia. Vautrin llega a proponerle a Rastignac hacer matar al hermano deVictorina, con lo cual quedara ella heredera de todos los bienes, bienes que pasaran aRastignac, casndose con ella, y previa la reconciliacin con el padre.La proposicin suscita la indignacin del joven, pero no deja de causar efecto en l, deconturbarle, como todo lo de Vautrin y que en el fondo responde bastante a lo que desea ensecreto.Todo esto, no obstante, carece de importancia, o resulta secundario a la hora de valorar losmritos; lo importante y Balzac lo saba era lo realizado; era, en efecto, la verdad del autor,del creador, para l la nica verdad, y superior, como hemos visto, a la verdad.Vautrin es un personaje caro a su creador; es, en l, una obsesin y le veremos reaparecer atravs de su obra hasta el ltimo momento; lo hizo, es verdad, con muchos otros, y tambin conRastignac, algo desfigurados, pero a ninguno como a ste, sobre el cual, ya al final de su vida,escribira una obra de teatro titulada con su nombre.Otro personaje destaca en el conjunto y en algn sentido: el estudiante amigo de Rastignac, elfuturo mdico Bianchon, puesto tal vez aqu para ayudar al anciano, nacido, pues, un poco de la

  • piedad del autor, como Vautrin de su clera y Rastignac de su ambicin. Es Bianchon un jovensosegado, muy diferente, pues, de Rastignac; l vive slo para su profesin, la medicina, y a elladedica su tiempo y sus energas; Bianchon, es verdad, en la galera de personajes de Balzacresulta un poco extrao; parece arrancado de una obra de Murger; es hermano de los personajesde Escenas de la vida bohemia, un compaero ms; tiene la simpata de las criaturas de esteautor, y es bonachn e inofensivo, amigo de bromas, tan despreocupado de todo como ellos, ycomo ellos, lleno de bondad.En torno a estos personajes, los dems se mueven un poco como sombras; son figuras turbias,srdidas, vapuleadas por la vida; hacen, a veces, con sus comentarios, el papel del coro en latragedia antigua, pero acomodado aqu a la nueva tragedia; un coro, pues, burgus y malvolo.Se trata, s, de corazones secos, como dice el autor, habitantes de las catacumbas, con aquellaterrible comparacin: as como de peldao en peldao, disminuye la luz del exterior y la vozdel gua adquiere mayor sonoridad cuando el viajero desciende a las catacumbas.Comparacin exacta, porque, quin decidira lo que es ms horrible de ver, corazones secos ocrneos vacos?Del mismo modo, Pap Goriot, rodando de peldao en peldao, ha llegado all, nufrago tambinde la vida, pero con una luz sobre ella, que le ilumina la msera habitacin donde vive, le hacesoportable la existencia y hasta sentirse en ella feliz, y esta luz son sus hijas. Sus hijas son elcentro de su vida; su razn de existir. El infierno del padre dir es estar separado de sushijas. Y ste ser en verdad su vivir.Primero aparece rodeado de misterio, como Vautrin, y objeto, como aqul, de malvolasmurmuraciones. Balzac renda culto al folletn, en el que haba hecho sus primeras armas; elpadre Goriot, con su conducta, intriga a todos; de noche pasa ocultndose, y se ve luz en suhabitacin hasta altas horas; le visitan en secreto dos seoras elegantes; para los habitantes de lapensin, no cabe duda: son las amantes del anciano. Eugenio de Rastignac, mirando por lasrendijas, le ve retorciendo objetos en un torno, en una misteriosa labor de brujo o alquimista.No hay nada de ello; el padre Goriot es un desgraciado, un infeliz que vive, en verdad, en uninfierno. Eugenio de Rastignac lo descubre con estupor; las mujeres elegantes son sus hijas; laplata que retuerce en el torno es lo que queda de una fortuna, que fue un da importante, y cuyosrestos va vendiendo, o empeando para que sus hijas puedan brillar en las alturas con sus trajes ysus joyas, sin necesidad de acudir a sus esposos, a los yernos, los odiados.Es preciso saber el concepto en que Balzac tuvo a la familia, su devocin por ella; hay que leer lahermosa carta de Rastignac a su madre y la respuesta de ella, las alusiones a las hermanas, paracomprender lo que fue para l, lo que era para l la familia y el papel reservado al yerno, comose ve en esta obra.El yerno es, en verdad, el malo del drama; es aqu el personaje odioso y odiado; es tambinuna figura elemental, un smbolo; los dos yernos del padre Goriot pertenecen a la alta sociedad;uno es el barn Nucingen, banquero, hombre rico y poderoso; el otro, el vizconde de Restaud.Pareca que con aquellas bodas, pap Goriot haba conseguido para sus hijas todo el bien que sepoda desear; era para lo que haba trabajado, por lo que se haba esforzado en acumularriquezas. El dinero s lo era todo, y entonces las hijas le mimaban, le llamaban pap y le besaban;pero los culpables son los yernos; con ellos los causantes de su desgracia con la infelicidad de lashijas.Claro que ellas, criadas en el ocio, mimadas y consentidas, movindose slo entre fiestas yhalagos, no eran unos ngeles. El culpable he sido yo clamar ya ante la muerte yabandonado de todos, el culpable he sido yo. Todo es culpa ma porque de pequeas lasacostumbr a pisotearme.La situacin ha llegado al extremo, el vnculo familiar deshecho; las hermanas odindose y lasdos despreciando al padre. As se lo explica a Rastignac la seora de Beausant en un momentode sinceridad, vencida tambin ella por el dolor, herida por la sociedad, las murmuraciones, porlas envidias, con la prdida de su amante. La vizcondesa, su prima, se ha convertido aqu, en unasombra de Vautrin: Cuanto ms framente haga usted sus clculos, ms lejos ir. Si tiene

  • sentimientos verdaderos, ocltelos usted como un tesoro; no lo deje adivinar, pues lo perderatodo, y en vez de ser el verdugo se convertira en la vctima. Y este consejo, que veremosrepetido en Dostoiewski, en boca de uno de sus personajes: Si alguna vez se siente enamorado,gurdese usted de decirlo!. Algo debi de haber de verdad, cuando dos de los ms grandesconocedores del ser humano coincidan en este punto.En cuanto a las hermanas, sus relaciones con sus esposos y el padre, he aqu lo que le explica.Existe algo ms espantoso an que el abandono por sus dos hijas de un padre al cual quisieranver muerto, y es el odio entre dos hermanas. Restaud es de ilustre cuna; su mujer ha sido, poresto, admitida en sociedad y ha sido presentada en la corte, pero su hermana, que es mucho msrica, la hermosa seora Delfina de Nucingen, esposa de un hombre acaudalado, se consume depesar; la envidia la devora y se ve a cien leguas de su hermana. Su hermana no es ya suhermana, y una reniega de la otra, como las dos han renegado de su padre.Ellas haban renegado de su padre; le reciban a escondidas, para no desagradar a sus maridos ycon la excusa de que a solas estaban mejor. No obstante, cuando necesitaban de l en un apuro,para pagar una deuda contrada a espaldas del marido, para sus placeres, para sus caprichos ylo hacan las dos, no vacilaban en acudir al tugurio de su padre, el cual, despus de haberseempobrecido con las dotes de sus hijas, en el casamiento, se arruinaba ahora por ellas,desprendindose de lo poco que para vivir se haba reservado.El se senta feliz con verlas, no miraba en el motivo que las llevaba y cada vez venda algo, opeda prestado; l las disculpaba siempre; ellas eran dos ngeles, y los yernos los nicosculpables.As haba dado los restos de su fortuna, tras haber dado lo principal; as haba ido descendiendo,hundindose, hasta apenas tener con qu alimentarse, hasta vestir casi con harapos; hasta ocuparla peor habitacin de la casa, despus de haber ocupado la mejor; hasta verse tratado como unmendigo, despus de haberlo sido como un rey. Este padre, como explicaba la duquesa deLangeais, en casa de la prima de Rastignac y en la presencia de ste, este padre lo haba dadotodo; haba dado durante veinte aos sus entraas, su amor, en un da dio su fortuna. Despus debien exprimido el limn sus hijas han arrojado al arroyo lo que quedaba.Era cierto. Pap Goriot estaba hundindose en la ltima miseria, siempre pendiente de sus hijas,mientras Rastignac ascenda; iba cumpliendo sus propsitos, desde el da en que el dinero loera todo convenci a su madre y a sus hermanas para que le ayudaran con todos sus recursos;desde el da en que, cerradas las cartas como si pasara un Rubicn murmur la palabra:Triunfar!.El dinero, s, lo era todo; l, Rastignac lo haba visto; l obtendra el dinero, la riqueza, el poder,fuese como fuese el fin justifica los medios, y su voluntad, su deseo, su ambicin, secifraban en aquella palabra: Triunfar.Rastignac, ayudado por su prima, se haba introducido en la alta sociedad y haba comprobado laverdad de las palabras de ella: Entonces probar usted cun grande es la corrupcin del almafemenina, y sabr tambin a dnde llega la miserable vanidad de los hombres. Rastignac noslo haba conseguido ser admitido en las fiestas de la alta sociedad, en los salones; se habaconvertido en el amante de la hermosa Delfina, la hija de Goriot, la baronesa de Nucingen, elfamoso banquero; Rastignac haba visto por dentro aquel mundo de egosmos, de dureza y devanidad.Rastignac no renunciara a sus ambiciones, pero no se apartara ya de pap Goriot. Es aqu, eneste Rastignac, donde vemos al autor, y no en las versiones que nos dar despus del personaje;ser el marqus de Rastignac; aqu es todava el blando de carcter, el sentimental, que escuchaun poco aterrado los consejos de Vautrin.Rastignac se convierte, a la verdad, en el hijo de Goriot; el padre no se contenta con hacer elelogio de sus hijas, en pedirle ayuda para ellas; le echa a una de ellas en sus brazos; le aconsejaque la haga su amante: Quirala usted.La paternidad, esa paternidad que forma el fondo de la obra, la sustancia podra decirse, aparecetambin aqu, y mejor quizs, el resentimiento paternal, como se manifiesta tambin en Vautrin.

  • Hay en efecto, algo de paternal en el trato de Vautrin a Rastignac, como hay algo de filial enRastignac con respecto a Goriot. El sentimiento paternal reflejo o no, que parece que s, delque experiment Balzac por su hijo est presente, en efecto, en toda la obra. Pap Goriot lellama hijo mo; Rastignac a su vez mi buen padre Goriot, y Vautrin a Rastignac: mi hijo,mi pequeo, le dice que le quiere y se le ofrece para ayudarle con dinero que le devolvercuando pueda. No falta quien ha querido ver algo ms que sentimiento paternal algoequvoco en el inters del ex presidiario por el joven; el equvoco, no obstante, no se ve, o seve poco, cuando menos en esta obra, y no se ve nada, a mi juicio, que enturbie la pureza de estesentimiento.En este sentido Vautrin, anarquista y destructor, es criminal, podra decirse, por bondad; Vautrinque llega a aconsejar el asesinato como medio para obtener un beneficio, Vautrin puede figurary figura entre los buenos, ya que sus impulsos, sus furores, sus sarcasmos, y hasta suscinismos, nacen de la vista de los egosmos, de las crueldades, de los crmenes de la sociedad.Los malvados son los yernos en esta novela de la paternidad, son los hijos ingratos; son losque, en el fondo, justifican a Vautrin, en sus consejos, en sus sarcasmos, en sus obras, o cuandomenos, forman parte de ellos.Pap Goriot ha llegado al lmite de sus fuerzas; la desesperacin ha hecho presa en l yfsicamente es una ruina; no puede ms. La hija mayor ha ido a verle para explicarle que sumarido la ha despojado de sus bienes, la ha hecho vctima de un chantaje; l quiere ir en buscadel yerno, matarle, y a duras penas le puede contener; las dos hijas en otra escena seenfrentan en presencia del padre en una escena terrible; el odio ms feroz salta por sus bocas,cuando el anciano les suplica que callen, que se quieran, que no le maten, y al fin, se produce lopeor, el hecho culminante de esta carrera de iniquidades.Con el padre postrado en el lecho, se presenta, por ltima vez, Anastasia, tal vez su preferida,mi pequea Nasia, como dice, mi nia.La hija entra, a escondidas, en la msera habitacin del padre, y llorando, le explica el drama queest viviendo. Aquella noche tiene que asistir al baile famoso de los Italianos, donde se reunir lomejor de Pars tambin Rastignac est invitado; ha de estrenar el vestido hechoexpresamente para la fiesta; est bordado en oro, pues quiere con l acallar las murmuraciones,suscitar las envidias; pero la modista rehsa entregrselo, si no paga antes la deuda que tienependiente. Anastasia necesita mil francos, y si no los consigue, no le darn el vestido, no podrasistir a la fiesta y ser el centro de las murmuraciones de la alta sociedad; todos se reirn de ella.Ser el desastre.El anciano se siente conmovido; no tiene ya nada; ha gastado hasta el ltimo franco; si dieranalgo por mi vida. No sabe cmo lo har, pero le promete a su hija que tendr los mil francos;le dice que pase aquella noche a buscarlos.Cuando se va ella, el viejo se levanta; est tan postrado que apenas puede tenerse en pie; registrala habitacin; rene todo lo que encuentra de valor. Si me diesen algo por mi vida.Encuentra an unos cubiertos de plata, olvidados en un rincn; se viste como puede, y enfermo,casi moribundo, va a casa del prestamista con lo ltimo que le queda; todo haba seguido elmismo camino lo conoca bien; vuelve ya tarde, en un estado de postracin terrible, confiebre alta, pero en la mano lleva el tesoro, la salvacin de su pequea.Est, s, con fiebre alta, temblando bajo las sbanas, casi en la agona, pero all bajo la almohadaguarda los mil francos para su hija, con lo cual podr ella obtener su vestido, ir a la fiesta ybrillar con toda su belleza. Cuando menos piensa, la volver a ver; no tardar enpresentarse, y esta ilusin parece darle fuerzas. Esta ltima alegra le ser tambin arrebatada.Su pequea, su preferida, la dulce cuando era nia se suba a mis rodillas, me acariciaba,su nia querida, le manda un criado para que le entregue a l los mil francos, pues ella no podair.Todava la disculpa lo que hace siempre; necesita creer en ellas; vuelve el vicio en virtud,con que adorna an una vez a su pequea, a su dulce Anastasia. Crea que habra venido ellamisma, pero es mejor as. Mi estado le hubiera inspirado inquietud. No quiere verlas tristes.

  • Tanta bondad, tanta abnegacin, por seres que no merecen ms que desprecio, llega casi afatigar; pero Pap Goriot ha de llegar al fondo, es fatal; ha de llegar al fondo de su miseria, de suabnegacin, del amor paternal; ha de agotar la ingratitud, ha de tocar, s, al fondo.Rastignac corre alarmado a la habitacin del enfermo; el anciano se ha agravado; ahora habla,habla sin cesar, y Rastignac escucha aterrado el relato de lo ocurrido aquella noche; apenaspuede creer en lo que oye; no puede creer en tanto egosmo, en tanta dureza.Rastignac sale en busca de Delfina, la baronesa; quiere convencerla para que deje el baile yacuda al lado de su padre, que se est muriendo, pero ella no puede renunciar al baile; a su padreya le ver. Quiere llorar, pero piensa que la afeara en esta noche de fiesta. Me pondra fea, yenjuga sus lgrimas.Rastignac, terminada la fiesta, regresa solo al lado del anciano: Bianchon est con l; le sale alencuentro, le dice que no se salvar. Ve, amigo mo le dice Rastignac. Yo estoy en elinfierno y es preciso que contine en l. Cualquier cosa, por innoble que sea, que te digan delmundo, crela! No hay ningn Juvenal que pueda pintar todo el horror oculto tras el oro y lapedrera.Todava se esfuerza por curarle, pero prescindiendo ya de las hijas; Rastignac busca dinero,llama a un mdico, pero todo es en vano. Dos das despus el anciano entraba en la agona;todava se ilusionaba con ver a sus hijas; todava imaginaba que iban a llorar por su muerte. Vana venir, s. Ah, mi buena Delfina, qu pesar voy a causarle con mi muerte! No quisiera morirpor no hacerlas llorar.Pero poco a poco el parloteo del viejo se ha ido mudando; las quejas se han ido trocando enreproches, en acusaciones las disculpas; las palabras se han convertido en una charla febril, enque el anciano, por primera vez por ltima vez desahoga su alma ante aquella alma amiga;slo ahora descubre la verdad, su drama, en un monlogo que ha de ponerse entre los trozosmejores de la obra, en una terrible confesin, que Rastignac escucha aterrado, aturdido, sinnimo para responder.El anciano descubre ahora todo lo que llevaba dentro, acumulado da tras da, durante aos,aquello que no quera decirse a s mismo; l, s, lo vea todo, pero se cegaba, y por encima detodo, su alma iba hacia sus hijas; oculto en una esquina, convertido en un mendigo, las mirabapasar en su coche qu bellas estaban! y era feliz. Ahora s que parece sentirse aqu un eco delgrito del rey Lear; parece sentirse aqu la voz de Shakespeare; las exageraciones que no loson de su gran hermano de la isla, cuando haca intervenir a la Naturaleza en el dolor delanciano padre, cuando en sus grandiosas metforas, en sus imprecaciones, haca girar en torno asu drama el universo entero. Ahora, s, lo gritaba: Ah! Si yo fuese rico, si hubiese conservadomi fortuna, si no les hubiese dado mi dinero, estaran aqu. Con sus besos destrozaran mismejillas! Un padre debe ser siempre rico; ha de tener a sus hijos siempre sujetos de la bridacomo a los malos caballos. Era la queja exacta, el eco, del lamento del rey Lear; el uno habadado el poder, el otro la riqueza; era, en el fondo, lo mismo, y la queja el grito brota de lamisma herida. Si supiese usted prosigue en su delirio, si supiese usted con qu celo mecuidaban hasta en los menores detalles en los primeros das de su matrimonio. Acababa dedarles cerca de ochocientos mil francos a cada una; no podan, y menos sus maridos, mostrarsepoco amables conmigo. Y ms all, en un grito: Abomino de ellas, las maldigo! Melevantar por las noches de mi tumba para maldecirlas!.Y luego, muy dulce, casi arrepentido: Pero no Dios las castigar, pero l saldr en defensa desus hijas ante Dios. Despus de todo son inocentes, amigo mo. Decidlo en voz alta a todo elmundo: que no las atormenten despus a causa del padre, Todo es culpa ma, pues ya depequeas las acostumbr a pisotearme.Todava se aferra a la ilusin; lo necesita para no morir, y cuando Rastignac regresa de sutentativa infructuosa: Dgame cmo estaban. No saban nada de mi enfermedad, verdad? Nohabran podido bailar. Pobres hijas mas!. Los mdicos! Qu vengan los mdicos!clama sbitamente, sin transicin. Cortadme la cabeza y dejadme el corazn!. Mishijas! Mis hijas! Delfina! Anastasia! Quiero verlas. Enviadlas a buscar por la polica! Qu

  • las traigan a la fuerza! La justicia est de mi parte: la naturaleza, el cdigo. Protesto! Lapatria perecer si los padres se ven despreciados. Quin no lo ve? La sociedad, el mundo seapoyan en la paternidad; si los hijos dejan de querer a sus padres, todo se hundir.Y cuando Rastignac, no pudiendo ms, le promete ir a buscarlas: A la fuerza! A la fuerza!Acuda usted a la polica! Hgalo todo! Diga usted al Gobierno, al procurador del Rey, que melas traigan, que quiero verlas. Pero es que no saben lo que es pasar sobre el cadver de supadre? Hay un Dios en los cielos, y a los padres los vengan a pesar nuestro. Y otra vez, comoqueriendo disculparlas, volvindose contra los yernos: Padres, pedid a las cmaras que haganuna ley sobre el matrimonio. No casis a vuestras hijas, ni los queris. El yerno es un canallaque todo lo echa a perder en una hija, todo lo ensucia. No ms casamientos!. Y el consejo aRastignac: Querido amigo, no se case usted, no tenga hijos.Es un clamor; es un grito del alma herida, y desde la humilde habitacin de la pensin Vauquerparece resonar a travs de los tiempos, por los espacios, sobre el nacer y el morir de los hombres,y an hoy contina resonando, y aqu parece orse de nuevo el eco de la voz terrible del rey Lear,en el verbo en la ira del gran poeta de Inglaterra.Todava Rastignac hace una ltima tentativa, manda a un criado para que avise a las hijas; la unaestaba ocupada con su esposo en negocios importantes; no le han podido recibir; la otra regrestarde del baile; no han querido despertarla por miedo a su enfado; Rastignac se decide a irpersonalmente, pero tampoco l consigue nada. Todo es en vano.El anciano no ver ya a sus hijas.Pero quiz s, aqu intervendr la voluntad la piedad del autor, y en el momento supremo,ya a punto de traspasar la puerta, los dos amigos, Bianchon y Rastignac, uno a cada lado, lehacen creer que sus cabezas son las cabezas de sus hijas, que han ido al fin a verle, y lacaricindolas, con voz apagada, ya en el cielo, murmuraba: Ah, ngeles mos!. Era la ltimamentira, la ltima ilusin en aquella vida de ilusiones y de mentiras.El drama se cierra con suavidad, sin estridencias ya pasada la tempestad; la seora deBeausant se haba retirado a un rincn de provincias; pap Goriot se mora. Las almashermosas como una oracin final no pueden permanecer mucho tiempo en este mundo. Yera verdad; Vautrin iba a la crcel, y tambin Rastignac, el bondadoso, el sentimental,desapareca, mora para renacer en otro, al que encontraremos despus convertido en barn,triunfador y rico. Era verdad. Las almas hermosas no pueden permanecer mucho tiempo en estemundo.Pero el autor no se conformar con esto; no poda conformarse, y sobre el drama, sobre estatremenda confesin, pondra la corona, el final que reclamaba.Pap Goriot ha muerto; una de las hijas slo una ha acudido al fin; pero lo ha hecho, comosiempre se hace, tarde, en estos casos; se verific el entierro; Rastignac y Cristbal, el viejocriado de la pensin, fueron los nicos acompaantes, los nicos que siguieron el coche fnebre.Era ya tarde, anocheca. Pap Goriot haba sido enterrado, y Rastignac haba llorado su ltimalgrima, aquella lgrima arrancada por las santas emociones de un corazn, puro, una de esaslgrimas que donde caen se levantan hasta los cielos.Eugenio de Rastignac se haba quedado solo; el aire se oscureca y reinaba una humedadirritante; el joven dio unos pasos en la soledad, hacia el borde de la elevacin. Pars se extendafrente a l, a sus pies, encenda sus luces. El joven arda en ira, y una tristeza infinita descendasobre su corazn; en l haba slo ira y tristeza. All estaba el gran enemigo, Pars, con untemblor de luces extendindose por todas partes; sus ojos se detuvieron casi vidamente entrela columna de la plaza de Vendme y la Cpula de los Invlidos, all donde viva aquel mundodeslumbrante una ciudad dentro de la ciudad, un mundo en el cual haba querido penetrar yhaba penetrado. Lanz una mirada sobre aquella zumbante colmena, y como dice el autor:pronunci estas grandes palabras: Ahora nos veremos t y yo.Es un gesto, una frase sencilla, pero en ella est toda la angustia, la ira tremenda y contenida dela ignominia presenciada.La fuerza, la grandeza, se apoya sobre todo, en la motivacin; la reaccin es simple, pero

  • terrible, porque detrs est la tragedia tremenda del anciano, y la frase se llena de sentido,resuena como un grito.En este grito nos recuerda Balzac a Dante, tambin, sobre la cima del recuerdo no deMontmartre, lanzando su imprecacin sobre la ciudad culpable, la expresin de su iratremenda, de su tremenda tristeza ante el crimen.Ah Pisa, vituperio de la giente!A travs del tiempo, los tres genios, los tres grandes de las letras, parecen juntarse en el mismogesto uno sobre un hecho real, en la misma clera, en la misma indignacin y la mismacondena; el uno contra un crimen horrendo; la venganza de una ciudad, y en ella de lahumanidad; los otros contra el crimen de la ingratitud, de los egosmos, de la dureza que seoculta en los palacios, bajo los trajes y las joyas, los halagos aparentes y las sonrisas lapodredumbre de las almas, y los tres parecen unidos, en su grito, en otro grito semejante, aquelque parece resonar en el dedo de Dios, terrible, acusador e implacable, en los cielostempestuosos de Miguel Angel.Aqu estaba, en esta ira y en esta piedad, el mrito de Balzac, y en l, el mrito de esta obra, queha quedado ya entre las grandes creaciones del genio del hombre.Sebastin Juan Arb.

  • IUna pensin burguesaLa seora Vauquer, de soltera De Conflans, es una anciana que desde hace cuarenta aos regentauna pensin en la calle Neuve-Sainte-Genevive, entre el barrio latino y el de Saint-Marcel. Estapensin, conocida bajo el nombre de Casa Vauquer, admite tanto a hombres como mujeres,jvenes y ancianos, sin que las malas lenguas hayan atacado nunca las costumbres de tanrespetable establecimiento. Pero tambin es cierto que desde haca treinta aos nunca se habavisto en ella a ninguna persona joven, y para que un hombre joven viviese all era preciso que sufamilia le pasara mensualmente muy poco dinero. No obstante, en el ao 1819, poca en la queda comienzo este drama, hallbase en Casa Vauquer una joven pobre. Aunque la palabra dramahaya cado en descrdito por el modo abusivo con que ha sido prodigada en estos tiempos dedolorosa literatura, es preciso emplearla aqu: no que esta historia sea dramtica en la verdaderaacepcin de la palabra; pero, una vez terminada la obra, quizs el lector habr derramado algunaslgrimas intra muros y extra. Ser comprendida ms all de Pars? Nos permitimos ponerlo enduda. Las particularidades de esta historia llena de observaciones y de colores locales no puedenapreciarse ms que entre el pie de Montmartre y las alturas de Montrouge, en ese ilustre valle decascote continuamente a punto de caer y de arroyos negros de barro; valle repleto desufrimientos reales, de alegras a menudo ficticias, y tan terriblemente agitado que se precisaalgo exorbitante para producir una sensacin de cierta duracin.Sin embargo, encuntranse en l de vez en cuando dolores que la acumulacin de los vicios y delas virtudes hace grandes y solemnes: a su vista, los egosmos y los intereses se detienen; pero laimpresin que reciben es como una fruta sabrosa prestamente devorada. El carro de lacivilizacin, semejante al del dolo de Jaggernat, apenas retardado por un corazn menos fcil detriturar que los otros y que fija los rayos de su rueda, pronto lo ha roto y contina su gloriosamarcha. As mismo haris vosotros, los que sostenis este libro con una mano blanca, que oshunds en un mullido sof, dicindoos: Quizs esto va a divertirme. Despus de haber ledo lossecretos infortunios de pap Goriot comeris con buen apetito, poniendo vuestra sensibilidad acuenta del autor, tachndole de exagerado, acusndole de poesa. Ah!, sabedlo: este drama noes, una ficcin ni una novela. All is true, todo es tan verdadero, que cada cual puede reconocerlos elementos del mismo en su casa, quizs en su propio corazn.La casa en la que se explota la pensin pertenece a la seora Vauquer. Est situada en la partebaja de la calle Neuve-Sainte-Genevive, en el lugar donde el terreno desciende hacia la calle dela Arbalte, con una pendiente tan brusca que raras veces suben o bajan por ella los caballos.Esta circunstancia es favorable al silencio que reina en esas calles apretadas, entre la cpula delVal-de-Grce y la cpula del Panten, dos monumentos que cambian las condiciones de laatmsfera, proyectando en ella tonos amarillos y volvindolo todo sombro con sus tonosseveros. All el suelo est seco, los arroyos no tienen agua ni barro, la hierba crece a lo largo delos muros. El hombre ms despreocupado se entristece all lo mismo que todos los transentes, elruido de un carruaje se convierte en un acontecimiento, las casas son ttricas, las murallas huelena prisin. Un parisiense extraviado slo vera all pensiones o instituc