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    Artculos en internet

    2008 Seminario Evanglico Unido de Teologa Apdo. 7 28280 El Escorial Espaa 1

    La palabra en el protestantismo por Pedro Zamora

    1. Introduccin 1

    Ni qu decir tiene, que La Palabra es parte fundamental de la teologa protes-tante; y no slo de la teologa, sino de la espiritualidad protestante2. Esto es de conocimiento popular. Quin no ha o-do del principio reformado de la Sola Scriptura? Segn este principio, la iglesia y el creyente sustentan su fe en Cristo, ya sea en su forma intelectual (defini-cin doctrinal) o vivencial (experiencia y tica), slo sobre las Escrituras. Se po-dra afirmar sin caer en burdo simplis-mo, que la Palabra es para el protestan-tismo lo que la iglesia para el catolicis-mo.

    Cualquier lector avezado en teologa, se habr percatado de inmediato de la asociacin que he hecho entre Palabra y

    1 Pastor de la Iglesia Evanglica Espaola, ac-tualmente dedicado a la docencia como director del Seminario Evanglico Unido de Teologa (El Es-corial) y profesor colaborador asociado de la Universidad Pontificia Comillas.

    2 Hablaremos aqu de Protestantismo en tr-minos muy genricos, esto es, abarcando todas las ramas eclesiales distintas a la Iglesia Catlica que han surgido desde los movimientos de re-forma del s. XVI. Muchos protestantes se consi-deran a s mismos slo evanglicos, y reservan el adjetivo protestante para las iglesias que nacieron de la Reforma de Lutero y Calvino, que segn ellos nunca llegaron a depurar por completo su origen catlico.

    Escrituras. En efecto, en la piedad o espi-ritualidad protestante ms popular, es-tas dos palabras son perfectamente in-tercambiables; para muchos se trata simplemente de dos sinnimos de una misma y nica identidad: la Biblia cris-tiana. Sin embargo, las distintas tradi-ciones eclesiales protestantes se diferen-cian entre s por su comprensin de la Palabra y cmo la entienden con rela-cin a las Escrituras.

    Dicho de otro modo, a pesar de que la Palabra es fundamental en todo el arco confesional protestante, existen diversos modos de comprender y vivir dicha Pa-labra. Espero mostrar a lo largo del pre-sente artculo tales diferencias, pero siempre como ilustracin del lugar ni-co que la Palabra ocupa en la vida de fe de las iglesias protestantes, igual que en el cristiano protestante.

    En tanto que uno de esos cristianos protestantes, voy a fundamentar mi ar-gumentacin sobre algunos textos fun-damentales del protestantismo y sus tradiciones teolgicas ms relevantes, pero sobre todo expondr mi propia vi-sin personal, como ejemplo vivo de lo que un protestante puede pensar. Pero obviamente, este enfoque personal no pretende ser representativo de todo el protestantismo.

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    2. Palabra e Iglesia3

    Cuando Lutero fue excomulgado por el papa Len X4, vindose la reforma abocada a la desaparicin o bien a en-contrar su propio camino, se puso a tra-bajar de inmediato o sea, a polemizar con las autoridades y telogos catlicos sobre las propiedades o caractersticas de la verdadera iglesia, un tema que ya vena de lejos en la iglesia catlica5. Pero en el entorno reformado surgir la ex-presin apologtica de las notae ecclesiae, que se convertir en lugar comn de las muy diversas teologas protestantes6. El primer gran documento doctrinal ofi-cialmente reformado, la Confesin de Augsburgo (1530), redactada sobre todo

    3 El autor agradece a sus compaeros de teo-loga sistemtica de SEUT algunos importantes datos y orientaciones para la elaboracin de esta seccin.

    4 La excomunin se ejecut por medio de la bula Decet Romanum Pontificem (1521), que fue precedida por el aviso de la famosa bula Exsurge Domine de 1520.

    5 El Credo de Constantinopla (381) es el primero en definir cuatro propiedades de la iglesia ver-dadera: unidad, santidad, catolicidad y apostoli-cidad.

    6 Lutero fue el primero en definir la predica-cin del evangelio como la principal caractersti-ca de la verdadera iglesia (es fundamento de su argumentacin en su Derecho de la comunidad a elegir a sus predicadores de 1523 cf. Lutero. Obras, ed. de T. Egido, Sgueme: Salamanca, 1977). Pero sera Melanchton quien calificara las propiedades esenciales de la iglesia verdadera de notae ecclesiae en 1531, concretamente en su Apologia de la Confesin de Augsburgo (1530), que luego seran introducidas en la versin de 1535 de sus Loci Communes, publicados originalmente en 1521.

    por Melanchton pero inspirada por Lu-tero, afirma en su artculo VII (La igle-sia):

    Se ensea tambin que habr de exis-tir y permanecer para siempre una santa iglesia cristiana, que es la asamblea de todos los creyentes, entre los cuales se predica genuinamente el evangelio y se administran los santos sacramentos de acuerdo con el evangelio.7

    La predicacin genuina del evangelio y la recta administracin de los sacra-mentos, son los dos pilares de la iglesia, esto es, sus propiedades fundamentales. Y por si esto no quedara claro, se afirma a continuacin:

    Para la verdadera unidad de la iglesia cristiana es suficiente que se predique unnimemente el evangelio conforme a una concepcin genuina de l y que los sacramentos se administren de acuerdo a la palabra divina.8

    Si la recta predicacin del evangelio y administracin del sacramento es pilar de la iglesia, tambin es fundamento de su unidad. De un plumazo teolgico, Lutero y Melanchton eliminan las cuatro propiedades o atributos de la iglesia que se haban venido defendiendo desde el Credo de Constantinopla a lo largo de la Edad Media, sustituyndolos por uno slo: la recta predicacin del evangelio. Y digo uno, porque el segundo sobre los sacramentos, es enteramente dependien-te del primero, como acabamos de ver

    7 Confesin de Augsburgo (edicin de R. Hoe-ferkamp, La Reforma-Fortress Press: Riopiedras-Filadelfia, 1980), pg. 15.

    8 Ibdem.

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    en el artculo VII de la Confesin de Augsburgo.

    A partir de este enfoque luterano, las diversas ramas evanglicas pueden ma-tizar o aadir no mucho a estas notae ecclesiae, pero siempre asumiendo que la recta predicacin del evangelio deter-mina la genuinidad de la iglesia9. Otro documento reformado importante, la Confesin Escocesa10 (1560), en este caso de tendencia calvinista, recoge y ampla este principio establecido por el lutera-nismo:

    Creemos, reconocemos y afirmamos, por tanto, que las marcas de la verdadera Iglesia son: primero, la predicacin co-rrecta de la Palabra de Dios, en la cual Dios se nos ha revelado, como lo decla-ran los escritos profticos y apostlicos; segundo, la correcta administracin de los sacramentos de Cristo Jess, con los cuales deben asociarse la Palabra y la promesa de Dios para sellarlos y confir-marlos en nuestros corazones; y final-mente, la disciplina eclesistica justa y honestamente aplicada, como lo estipula la Palabra de Dios, por la cual se reprime el vicio y sustenta la virtud.

    Dentro de la tradicin reformada cal-vinista, de la que forma parte la iglesia de Escocia, cobr mucha importancia la disciplina eclesistica, heredando as el inters de Calvino por aadir este tema

    9 El propio Lutero aadir nuevas notae eccle-siae en su De los concilios y la iglesia de 1539, si bien todas ellas seguirn dependiendo de la predicacin del evangelio.

    10 Versin castellana del Libro de Confesiones de la Presbyterian Church (USA), Louisville, 1995, pg. 20.

    a las marcas o seales (notae) de la ver-dadera iglesia11. Sin embargo, de nuevo hay que destacar la estrecha vinculacin que esta tercera seal tiene con la Pala-bra de Dios. De hecho, esta dependencia de ella hace que el concepto de discipli-na eclesistica de las iglesias protestan-tes se aleje mucho de la disciplina ecle-sistica catlica, hoy da recogida fun-damentalmente en el Cdigo de Derecho Cannico de 1983.

    Antes de seguir, es importante perca-tarse de que estas dos tradiciones, la calvinista y la luterana, no dejan de te-ner, a pesar de todo, un enfoque neta-mente catlico: las notae corresponden sobre todo a la institucin eclesial, pero no necesariamente a la comunin de los santos. Lutero lo expresa con rotundi-dad en su Derecho de la comunidad a elegir a sus predicadores12:

    11 Calvino comparta enfoque con Lutero acerca de las notae ecclesiae. De hecho, cuando las menciona explcitamente en su Institucin de la Religin Cristiana (Libro IV, captulo I,9 Las se-ales de la iglesia visible), slo habla de la pre-dicacin y los sacramentos (cf. edicin castellana de 1967, FELIRE: Rijswijk,, vol. II, pg. 812). Sin embargo, en su gobierno de la iglesia de Estras-burgo, primero, y luego en la de Ginebra, dar tambin importancia a la disciplina de la iglesia. Esto se refleja en el prlogo de las famosas Or-donnances ecclsiastiques de la Iglesia de Ginebra (1541), en cuyo prlogo expone la importancia de esta disciplina eclesistica para que la doc-trina del santo Evangelio de nuestro Seor sea mantenida en su pureza y la iglesia cristiana sea debidamente conducida (cf. el texto en Centre de Ressources Rformes Francophones [www.crrf.net/main/calvin_ordonnances.html].

    12 Op. cit. pg. 206.

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    De esta suerte estamos seguros de que es imposible que donde acta el evange-lio no haya cristianos.

    Es decir, estas notae ecclesiae no han sido adscritas a los feligreses reunidos que forman as la iglesia verdadera por-que cada uno de ellos o al menos una mayora tiene una fe genuina, sino a la estructura poltica de sta. Por esta razn, la predicacin y la administra-cin de los sacramentos estn sujetas a las autoridades de la iglesia que ejercen la disciplina eclesial. Pero no se olvide que la eclesiologa de estas iglesias lleva a una estructura poltica mucho ms democrtica que la catlica, sobre todo en la tradicin calvinista (a pesar de la reputacin teocrtico-dictatorial atribui-da al liderazgo de Calvino en Ginebra!), y luego tambin en la propia evolucin de las iglesias luteranas. Por eso no se puede decir que las autoridades ecle-sisticas hayan sido nombradas sin el pueblo de Dios.

    Por otro lado, s hubo otra rama pro-testante que s puso desde el principio el acento sobre la comunin de los santos. De hecho, el movimiento evanglico de reforma que se vena gestando ya abier-tamente desde mediados del s. XV, pre-tenda recuperar el sentido primitivo de la Communio sanctorum segn lo describe el libro de Hechos de los Apstoles en los famosos sumarios de 2,42.43-47 y 4,32-37 y tambin segn la teologa paulina de 1Corintios 12. Sin embargo, a la hora de la verdad este aspecto fue recogido especialmente por la reforma radical, en la que destacaron las iglesias anabautis-

    tas13. stas, son exigentes en la militan-cia: su acento es la vivencia del creyente y la iglesia, y no tanto las seales ms o menos institucionales.

    Escuchemos a Menno Simmons, des-tacado lder de los anabautistas comuni-taristas y pacifistas del s. XVI:

    Verdaderamente esperamos que nadie de mente sana sea tan necio como para negar que todas las Escrituras, el Anti-guo Testamento y el Nuevo Testamento, existen para nuestra instruccin, amones-tacin y correccin, y que son el verda-dero cetro y reglamento por el que el re-ino, la casa, la iglesia y la congregacin del Seor, tienen que regirse y gobernar-se. Por lo tanto, todo lo que se opone a las Escrituras, sea en doctrinas, creencias, sacramentos o vida, se debe medir por esta regla infalible y destruir por este jus-to e infalible cetro, y destruir sin respeto a la persona.14

    A simple vista, se trata del mismo en-foque sobre la Palabra que ya hemos visto en el luteranismo y calvinismo. Pe-ro si leemos detenidamente, veremos que hay unas importantes diferencias:

    1.- Aqu se es mucho ms concreto: se habla de las Escrituras directamen-

    13 De hecho, el propio joven Lutero no era ajeno al ideal de una militancia evanglica como fundamento de la iglesia. As se percibe con cier-ta nitidez en el denominado tercer orden de la misa, que expone en el prlogo de su Misa Alemana de 1526 (cf. el texto castellano de la edicin de Tefanes Egido, Lutero. Obras, S-gueme: Salamanca, 1977, pg. 281).

    14 Tomado de W. Klaassen, Selecciones teolgi-cas anabautistas. (Herald Press: Scottdale, pg. 120).

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    te, y no del ms genrico la Palabra o predicacin del evangelio;

    2.- El acento est puesto sobre la obra o eficacia de las Escrituras: amo-nestacin, correccin e instruccin, eliminando cuanto no sea conforme a ellas.

    As como en el luteranismo y calvi-nismo, la recta predicacin del evange-lio es suficiente para decir que donde se predica rectamente ah est la iglesia verdadera, aqu se pone el acento en la comunidad de los santos que obedecen a las Escrituras, de donde resultar que la militancia se convierta en definitoria de la genuina iglesia.

    Con este recorrido sobre tres impor-tantes ramas del protestantismo, hemos establecido un hecho destacado de las reformas evanglicas del s. XVI: su ecle-siologa no puede entenderse sin el lu-gar central de la Palabra, cualquiera que sea su tendencia teolgica.

    3. Qu es pues la Palabra?

    Hasta aqu hemos venido hablando de la Palabra sin ningn tipo de explica-cin o matizacin. Sin embargo, acaba-mos de ver que por tal se podra enten-der, en sentido muy restrictivo, las Es-crituras, o tambin podra entenderse una accin particular dentro de la iglesia (y tambin del mundo) que involucra de modo especial a las Escrituras.

    En los mbitos protestantes espaoles suele hacerse esta simplificacin: la Pa-labra es la Biblia. Aunque se sabe que la Palabra es Cristo (sobre todo gracias a Juan 1,1), lo cierto es que la Biblia cris-

    tiana se ha convertido en sinnimo de la Palabra. En la Biblia se encuentra el ni-co fundamento de la doctrina, y en ella se encuentran todas las respuestas que el creyente se plantea. Pero lo cierto es que esto es apenas una pobre caricatura de lo que debiera significar la Palabra en las iglesias evanglicas.

    3.1. La teologa magisterial

    Si nos volvemos a las confesiones de la teologa magisterial, como la luterana y calvinista, nos percataremos de que la Palabra es algo ms que slo el texto de las Escrituras. Para la definicin de la verdadera iglesia, el texto de las Escritu-ras debe ser predicado; y no slo predi-cado, sino rectamente predicado. Eso s, rectamente predicado quiere decir que la proclamacin o predicacin de la Pa-labra de Dios se hace conforme a la co-rrecta interpretacin de las Escrituras, que necesariamente conduce siempre al evangelio. Los luteranos gustaban de hablar del evangelio como la esencia de todas las Escrituras, alinendose sin du-da con la tradicional lectura cristolgica de las Escrituras.

    Pero este enfoque no puede confun-dirse con un biblicismo como el que se percibe hoy da en muchas lecturas lite-ralistas de la Biblia, generalmente pro-venientes del fundamentalismo evang-lico. Todo lo contrario, para la teologa magisterial la Palabra debe entenderse como la accin divina de comunicacin viva con su iglesia a partir de las Escri-turas. O dicho de otro modo, toda ver-dadera comunicacin divina arranca ne-cesariamente de las Escrituras, pero no toda comunicacin que arranque de

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    ellas es verdaderamente divina. Por eso, en trminos generales se entiende que la recta predicacin del evangelio es la que hace presente a Cristo, la Palabra por antonomasia, en medio de la iglesia.

    Ni qu decir tiene, que este enfoque tiene como consecuencia ms inmediata trasladar el centro cultual de la iglesia de la eucarista al plpito. Es el plpito el lugar desde el que debe irradiar la verdadera presencia de Cristo en la asamblea congregada15. Es cierto que se-ra deseable que sta respondiera al plpito como testimonio de la presencia de Cristo. Sin embargo, desde este enfo-que no es determinante: cualquiera que sea la respuesta de la asamblea, lo de-terminante es que la predicacin haya sabido presentar a Cristo. Y all donde est Cristo, hay sin duda iglesia (cf. su-pra, la cita del Derecho de la comuni-dad a elegir a sus predicadores de Lu-tero).

    Creo que este enfoque sigue dando hoy da mucha garra al protestantismo. De l surge y surgir permanentemente la fuerza de su renovacin espiritual y de su capacidad para actualizar el signi-ficado de predicar el evangelio en cada generacin. Pero obviamente, el adver-bio rectamente conlleva otro acento tam-

    15 En buena lgica, la Palabra no slo debiera haber llevado a la centralidad del plpito, sino a la centralidad del anuncio en la calle. Pero en el caso luterano se qued en slo el plpito, por-que en su contexto de cristiandad la sociedad era cristiana, y el plpito una palestra pblica de primer orden. El problema hoy da es que ste ya no es el caso, y muchas iglesias no saben c-mo llevar el plpito a la calle.

    bin tpicamente protestante magisterial y mucho menos vital, al menos en apa-riencia: la docencia. Para la vida de la iglesia ser vital la formacin de los predicadores, asegurando de este modo su recta predicacin, para lo cual tam-bin ser esencial su recta interpretacin de las Escrituras. Pero este adverbio ser culpable del escolasticismo evanglico que se desarrollar a partir del s. XVII entre las iglesias de la reforma magiste-rial, poniendo la ortodoxia de la defini-cin doctrinal en el centro de la predica-cin evanglica. Bajo este escolasticismo, ya no se tratar tanto de presentar a Cristo mismo, cuanto de definir correc-tamente las doctrinas sobre Cristo desde el plpito.

    Y desde entonces, el conjunto del pro-testantismo siempre es susceptible de sucumbir fcilmente a la tentacin de matar la predicacin del Cristo vivo por medio de una predicacin centrada en la precisin doctrinal. Y esto inde-pendientemente de la ideologa teolgi-ca que se siga: ya sea el protestantismo fundamentalista o el liberal, puede caer fcilmente en el racionalismo. Por este motivo, se podra decir no sin cierto grado de simplismo consciente que el protestantismo siempre se debate y de-batir entre su sumisin aunque pueda incluso tener forma de fidesmo al ra-cionalismo, o su renovacin espiritual de una predicacin viva que verdade-ramente presente a la asamblea reunida al Cristo crucificado y resucitado (Gla-tas 3,1) que le devuelva la experiencia de la libertad evanglica que experimenta-ron aquellas primeras asambleas evan-glicas del s. XVI.

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    3.2. La teologa radical

    Toca ahora prestar atencin a la teo-loga anabautista sobre la que tambin vimos algo en la seccin 2. Adems, en el caso espaol la abrumadora mayora de iglesias y corrientes teolgicas beben de la fuente anabautista, aunque tam-bin hay que decir que buena parte de estas iglesias se queda con los aspectos ms secundarios de aquella reforma ra-dical.

    Si para la teologa magisterial el Cris-to vivo est presente en la recta predica-cin, se puede afirmar, grosso modo, que para la teologa anabautista o radical, Cristo se hace presente en la comunidad que obedece a su Palabra. De no ser as, para los radicales la Palabra, por muy recta que fuera, no sera ms que una entelequia, una creacin artificial sin realidad sustancial.

    Hay que tener muy en cuenta que el proyecto anabautista o radical, aunque muy diverso y fragmentado por su pro-pia naturaleza, podra resumirse en su determinacin por recuperar el espritu y la forma de la iglesia primitiva segn la definicin de Lucas en el libro de Los Hechos de los Apstoles. Es decir, en con-junto se trataba de romper con el mode-lo constantiniano que haba alimentado a la iglesia hasta el s. XVI (y que sin du-da pervive hoy en no pocos pases). Este modelo, caracterizado por la estrecha colaboracin entre iglesia y estado, llev a la total exclusin de la feligresa de la toma de decisiones eclesiales. Y esto tu-vo no slo un alcance puramente polti-co, sino que lleg a desfigurar la esencia de la iglesia como congregacin de los

    santos, esto es, de todos los santos, y no slo de sus autoridades.

    Para romper este modelo constanti-niano, la Palabra era fundamental entre los radicales, sobre todo porque la tota-lidad del movimiento reformista haba desechado todos los referentes que no fueran la Palabra. Es decir, si en algo hay acuerdo entre todas las tendencias reformistas del s. XVI y desde entonces entre todo el protestantismo, es sobre la Sola Scriptura. Pero en el movimiento radical, la Palabra necesitaba imperio-samente concretarse, materializarse en la comunin de los santos. Quizs de ah que se buscara en el texto sagrado un modelo concreto bien perfilado y defi-nido, no sujeto a interpretaciones abier-tas. Es decir, el movimiento radical tras-cender la recta predicacin del evangelio para llegar al recto seguimiento de Jess, y derivado de ste, al recto modelo de co-munin de los santos claramente establecido en las Escrituras. Si en la reforma magis-terial la cristologa ejerce una funcin mediadora entre Palabra y Escrituras, en el anabautismo esa funcin la ejercer el seguimiento de Jess, o sea, sobre todo del Jess presentado por los Evangelios.

    ste es el marco que establecieron los dos movimientos principales de reforma de la iglesia del s. XVI, en el que se han movido los movimientos evanglicos posteriores. Y de la mezcla de ambos polos han surgido derivas de todo tipo que no son del todo coherente con sus supuestos orgenes. Por supuesto se puede hablar de cruce-fertilizador, aunque no siempre los cruces son tan positivos. En nuestros das estn co-brando ms fuerza modelos eclesiales

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    que mezclan el antiguo escolasticismo reformado con el fundamentalismo, cu-yo origen no se olvide16es ilustrado (racionalista). Adems, puede estar adobado con unos acentos moralistas a modo de remedo del seguimiento radi-cal de Jess. Algunos llamamos evange-licales (del ingls evangelical) a estos modelos por su procedencia eminente-mente norte-americana, a fin de distin-guirlos de movimientos propiamente evanglicos que tratan de mantener lo esencial de las reformas del s.XVI.

    3.3. La Palabra

    Tras este recorrido, se hace claro que es difcil definir qu es la Palabra para el protestantismo en general, porque una cosa es lo que se proclama como teora o doctrina bsica, y muy otra las distintas prcticas resultantes. Con todo, en nin-guna tradicin teolgica evanglica la Palabra es confundible sin ms con las Escrituras. stas juegan siempre un pa-pel esencial, pero no nico. Siempre hay algn otro componente humano o divi-no que hacen de la Palabra una realidad compleja. Pero en cualquier caso, hay que entender que en toda teologa pro-testante por medio de la Palabra se afirma la comunicacin directa y obje-tiva de Dios a su iglesia y al mundo en los trminos por l mismo escogidos, y se rechaza la necesidad de fijar media-ciones objetivas (humanas) para dicha comunicacin.

    Es ste el quid de la cuestin, y el ver-dadero desmarque de la teologa catli-

    16 Cf. infra, nota 17.

    ca, que de alguna manera establece co-mo mediacin objetiva la iglesia, enten-diendo por tal el magisterio eclesistico, esto es, episcopal y finalmente papal. El catlico que quiera entender el concepto de Palabra en el protestantismo, debe tener en cuenta que ste se resiste a de-finir mediaciones objetivas por el otro gran principio evanglico: la Sola Fides. Es decir, el protestante entiende que re-cibe la Palabra de Dios por medio de la fe, no gracias a las garantas de media-cin objetiva alguna. Muchos protestan-tes aceptan aceptamos de buen grado que siempre hay mediaciones objetivas entre el ser humano y la Palabra de Dios. Pero estos mismos se resistiran nos resistiramos a definirlas y fijarlas, al entender que es Dios mismo quien elige las mediaciones para su comunica-cin. Y una de las que s ha establecido como fundamentales y universales, son las Escrituras. Y a partir de ah Dios puede escoger muchos otros apoyos o mediaciones que considere necesarios, segn las pocas y los lugares.

    Quizs esta explicacin d buena cuenta de la porosidad del protestan-tismo respecto de su entorno social e in-telectual: no teniendo ms mediacin fi-ja que las Escrituras, hace libre uso de su entorno para interpretarlas y escuchar la Palabra de Dios. Por ejemplo, la incor-poracin en el s. XIX de las ciencias his-trico-literarias a la exgesis bblica, se hizo con relativa rapidez en el protes-tantismo (a pesar de no pocos y acalora-dos debates), precisamente porque para muchos telogos la Ilustracin trajo con-sigo una nueva mediacin que abra po-sibilidades para la interpretacin de las Escrituras. Es decir, eran capaces de ver

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    en la Ilustracin tambin una accin di-vina. Y aunque muchos telogos protes-tantes rebatieron este optimismo acerca de la Ilustracin, lo cierto es que utiliza-ron las mismas armas ilustradas para rebatirlo. Y todava hoy, el racionalismo es fundamento del fundamentalismo que rechaza la modernidad y post-modernidad ilustradas17. El caso es que en esta dialctica, el protestantismo tie-ne plena confianza en que la Palabra de Dios se da en la iglesia; esto es, Dios se comunica ciertamente a su iglesia (y en el mundo) en cada generacin, a partir de su permanente retorno a las Escritu-ras y en medio de mediaciones humanas cuyos contornos no siempre son preci-sos (es decir, no siempre son netamente buenos o malos respecto de la comuni-cacin divina).

    Para ir concluyendo el artculo, qui-zs resulte imprescindible volver a mi afirmacin inicial de que la Palabra es al protestantismo lo que la Iglesia al catoli-cismo. Para ste, la iglesia es de alguna manera una de las mediaciones objeti-vas fijadas por Dios absoluta y univer-salmente. Y el catolicismo no puede en-tender a la iglesia desvinculada de las Escrituras, en la medida que stas son el claro testimonio o incluso el resultado

    17 A este respecto, el ensayo de G.T. Sheppard, Two-party Rhetoric amid Post-modern Debates over Christian Scripture and Theology en D. Jakobsen y W.V. Trollinger (eds.), Re-forming the Center, (Eerdmans: Grand Rapids, 1998, pgs. 445-466), es muy esclarece-dor acerca de los falsos antagonismos comn-mente aceptados entre liberalismo y fundamen-talismo, entre otras dicotomas epistemolgicas actuales.

    de la vida de la iglesia una, santa, catli-ca y apostlica. Dicho de otro modo, se da una cierta simbiosis natural entre Es-crituras e Iglesia, de modo que la Pala-bra surge armnicamente del concierto de ambas. Algo tiene que ver en este en-foque el que la doctrina catlica oficial difcilmente pueda considerar pecadora a la iglesia18. En este sentido, se podra decir que las Escrituras son dependien-tes de la vida de la iglesia.

    Por el contrario, el protestantismo en general mantiene una conciencia clara de la pecaminosidad de la iglesia, de modo que es sta la que queda sujeta siempre al juicio de la Palabra, y por tanto cada vez que abre las Escrituras entiende que debe sujetarse a su eficacia redentora (que incluye juicio y reden-cin). Creo que el texto de Deuterono-mio 31,26 es muy apropiado de la com-prensin protestante de la Palabra y, por ende, de las Escrituras:

    Tomad este libro de la ley y poned-lo al lado del arca del pacto del Seor vuestro Dios, y est all por testigo contra ti.

    Para el protestantismo, lo que la Pa-labra hace en el mundo, lo realiza pri-meramente y primordialmente en el se-no del Pueblo de Dios (Israel y la iglesia). Sin esta Palabra de juicio y redencin, la iglesia no es nada. Por eso los creyentes y las iglesias evanglicas se aferran a

    18 Basta con leer entera la Constitucin Lumen Gentium del Concilio Vaticano II. Y como ejemplo particular, su afirmacin del cap. V, art. 39: La Iglesia [...] creemos que es indefectiblemente santa.

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    ella conocedores de que sin ella retorna-ran a La Cautividad babilnica de la iglesia (permtaseme emplear este polmico t-tulo de una obra de Lutero). En efecto, a pesar de que las Escrituras pueden ser dursimas en su juicio del Pueblo de Dios, el creyente evanglico identifica en ellas el origen de su liberacin, de su experiencia de libertad, mientras que experimenta la propia realidad pecami-nosa de la iglesia como una amenaza constante de retorno a la cautividad. De ah que la iglesia necesite estar siempre en reforma permanente, segn la cono-cida divisa reformada: Ecclesia reformata semper reformanda est, aunque por alguna razn pocas veces se cita la ltima parte del lema, a saber: secundum verbum Dei.

    4. Conclusin

    Quizs sea el marco teolgico evang-lico establecido para la Palabra ntese que ni siquiera hablo de doctrina nti-damente definida el ms caracterstico del talante evanglico o protestante. ste vive en la confianza de que Dios cierta-mente habla en cada generacin de una manera nueva, aunque siempre desde un mismo fundamento (las Escrituras). Quizs por eso el conjunto del protes-tantismo es expresin de un cor inquie-

    tum que difcilmente se deja serenar por cualquier pretensin de palabra o auto-ridad ltima. Sin duda, hay muchas iglesias o tradiciones evanglicas que no pareceran responder a este carcter ex-pectante, pero lo cierto es que en toma-do en su conjunto, el protestantismo s es un hervidero de mentes (e iglesias) inquietas. O sea, de ah nace un sano in-conformismo. Y ante la estima que el protestantismo tiene de esta libertad evanglica, pagar el precio que sea, co-mo por ejemplo su fragmentacin, o quizs cierta devaluacin de la escucha y discernimiento comunitarios de la Pa-labra.

    Espero haber abarcado de modo sin-ttico y respetuoso la diversidad de pos-turas evanglicas o protestantes respecto de la Palabra, evitando perfilar un dog-ma unvoco protestante sobre la Palabra, y presentando, por contra, un marco doctrinal en el que nos encontramos prcticamente todos los evanglicos. Y sobre todo espero no haber empleado una jerga excesivamente evanglica, pa-ra que mis hermanos catlicos puedan entender un punto tan fundamental de la teologa evanglica.

    El Escorial, 13 de mayo de 2008

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