oswaldo estrada [ed.], senderos de violencia ... ?· contra los migrantes centroamericanos...

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  • 292 (Mxico 2017/1): 292-297 64

    Oswaldo Estrada [ed.], Senderos de violencia. Latinoamrica y sus narrativas armadas, Valencia, Albatros Ediciones, 2015, 367 pp. (Serie Palabras de Amrica, 1).

    10.22201/cialc.24486914e.2017.64.56843

    La portada del libro Senderos de violencia es, de inicio, indescifrable: un suelo reseco, algunas piedras mnimas, objetos que parecen ramas o clavos y, en apariencia, un par de prendas sucias y radas, todo envuelto en un llamativo crculo de color azul intenso. Es en la pgina legal del volumen donde se encuentra la explicacin: se trata de una intervencin de la artista visual Susan Harbage Page para documentar los rescoldos que los migrantes indocumentados dejan a su paso en la frontera M-xico-Estados Unidos, como rastro de su infame travesa. Harbage Page ha integrado a lo largo de los diez aos ms recientes una especie de antiarchivo fotogrfico que recupera objetos aparentemente banales y descartables que, en su conjunto, crean una especie de memoria con-trahegemnica, en tanto que se enfrentan al poder y a las historias oficia-les. La intencin de la artista es hacer visibles esos objetos por medio de su proyecto Blue Circle Intervention, para as protegerlos y hacerlos visi-bles a otros. La imagen de portada es, pues, un indicio que condensa la intencin y la voluntad del libro: recolectar y darle sentido a un conjunto de textos relacionados con la violencia en Amrica Latina de los ltimos aos, y hacer posible que stos conmuevan e interpelen a los lectores.

    Oswaldo Estrada se dio a la tarea de recopilar y ordenar un conjunto de excepcionales textos sobre la violencia del pasado y del presente en Amrica Latina. En este caso, recopilar y ordenar no suponen un ejercicio mecnico y asptico, sino que son los vectores que potencian y dan senti-do a una importante y reveladora muestra de la produccin literaria y aca-dmica sobre las muchas violencias (militar, guerrillera, po ltica, criminal, estructural, simblica) presentes en las realidades cotidianas de muchos pases del continente. Sin duda, la indiferencia es inevitable para el com-pilador, los colaboradores y, por supuesto, para los lectores. Imposible

  • SenderoS de violencia. latinoamrica y SuS narrativaS armadaS

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    ante la magnitud y la persistencia de la violencia en Amrica Latina; ante el desgarramiento y el dolor que provoca; ante la indiferencia, el cinismo o la connivencia que la justifican y promueven; ante la evidencia de que est all, aqu, que ha estado siempre entre nosotros.

    Cmo ha reaccionado la literatura ms reciente de Amrica Latina ante estas realidades? Esta pregunta o, ms bien, las posibles respuestas a sta, le confieren su estructura reflexiva y argumental al libro, que no tie-ne, y esto es agradecible y estimulante, una pretensin cannica, sino que aspira a ser dialgico en el sentido ms esencial y trascendente: en el de motivar la confluencia de saberes y experiencias consolidados, pero tam-bin de motivar cuestionamientos explcitos e incertidumbres incmodas.

    Cmo se narra la violencia latinoamericana del presente o las heridas abiertas del ltimo tercio del siglo xx? Cmo se cuenta el horror de las dictaduras militares en Argentina y en Chile, el conflicto interno en Per de los ochenta y noventa, las guerras civiles de Centroamrica, el auge del narcotrfico y los crmenes impunes que siguen desangrando al territorio mexicano?, p. 16.

    sta es la hoja de ruta de todo este emprendimiento. Pienso en el coordinador y en los autores a los que convoc como los emprendedores de la memoria de los que habla Elizabeth Jelin: esos hombres y mujeres que, sin ignorar sinsabores y desgracias, tienen claro que, desde el presen-te es tan necesario abrir la ventana para observar el pasado como tambin abrir la puerta para salir en busca del futuro, a pesar de todos los malos augurios que esta voluntad suele concitar. Pero esta tarea no puede llevar-se a cabo slo desde el entusiasmo, sino que debe tener asideros tericos, metodolgicos y axiolgicos; es decir, la violencia puede conmovernos o indignarnos, y esto es valioso pero no suficiente por s mismo, por lo que en este emprendimiento de memoria ser vital comprender la violencia y sus manifestaciones, sus motivos y mecanismos, su historia y su presente: Hay que situarla en su momento histrico, entender su ideologa, sus dimensiones culturales y la psicologa del terror. Slo as es posible descu-brir, en el terreno de lo simblico, el trauma, el miedo, la inseguridad y el sufrimiento ocasionados por la violencia (p. 16).

  • Resea

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    Las narrativas armadas de Amrica Latina constituyen el alma, tor-mentosa diramos, del libro. Es importante citar textualmente, en palabras del editor del volumen, lo que implica este revelador membrete:

    Son narrativas en el sentido ms amplio de la palabra, en tanto que ellas narran, desde diversos gneros, situaciones histricas y posicionamien-tos ideolgicos, mltiples historias de violencia, episodios traumticos, catstrofes personales o comunitarias. En los mejores casos, estas narrati-vas estn armadas: nos enfrentan con su talante combatiente, su capaci-dad contestataria, su espritu de lucha, su propsito transgresor y disiden-te. Armadas tambin se presentan en este libro las lecturas crticas que cuestionan actuales representaciones de la violencia, la despolitizacin de ciertos discursos, la comercializacin de la memoria, la estetizacin del mal y el miedo (pp. 19 y 20).

    En tal sentido, nadie debe ser llevado al engao o la decepcin: es un libro a la par brutal e inteligente, que lo mismo apalea y estimula, que no busca complacer a nadie; es tambin un libro necesario y valiente.

    Senderos de violencia se presenta organizado a partir de cuatro ca-ptulos troncales, cada uno de los cuales tiene el doble objetivo de abor-dar, dicho en trminos esquemticos, una geografa determinada y sus violencias definitorias. Cada captulo, adems de su pertinente nmero de artculos, est precedido por un texto de creacin, de talante biogr-fico-testimonial, de autores que pueden considerarse consagrados en el canon literario latinoamericano del momento: Juan Villoro (La alfombra roja: comunicacin y narcoterrorismo en Mxico), Rodrigo Rey Rosa (La segunda sepultura), Diego Trelles Paz (Bioy o la escritura como condi-cin lmite) y Lina Meruane (Seales de nosotros). Estos apetecibles textos, que todo lector agradece, funcionan como anticipo, pero tambin como contrapunto de lo que los subsecuentes ensayos ofrecen para com-plementar y potenciar cada captulo. El sugerente recurso del texto-testi-monio no debe ser casual ni ingenuo: para hablar de literatura, primero hay que tener literatura; para hablar de la violencia, primero hay que ha-blar de cmo la violencia ha entrado en nuestra vida.

  • SenderoS de violencia. latinoamrica y SuS narrativaS armadaS

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    El primer captulo, titulado Fronteras de violencia y narcotrfico, est dedicado ntegramente a analizar las muchas violencias constitutivas, adyacentes y derivadas de la gran violencia del narcotrfico en Mxico. So-bresalen en esta seccin, el texto de Oswaldo Zavala, Cadveres sin histo-ria: la despolitizacin de la narconovela negra mexicana contempornea, y el de Alejandra Mrquez, All derecho encuentras algo: mujeres y vio-lencia en tres narrativas de la frontera. Por supuesto, no carecen de mri-to e inters los textos La narconarrativa: el papel de la novela y la cancin en la legitimacin de los Grupos Armados Ilegales, de Rafael Acosta, y el muy sugerente Heterotopas mexicanas: representaciones de la violencia contra los migrantes centroamericanos indocumentados, de Jos Ramn Ortigas, que funciona adems como un puente con el siguiente captulo, dedicado, dicho grosso modo, a las representaciones de la violencia en el contexto geogrfico y cultural de Amrica Central. Considerado en con-junto, el mayor mrito del primer captulo radica en desenmascarar los diferentes rostros ocultos de la violencia del narcotrfico, que no puede ser comprendida sin tener en cuenta las varias violencias simblicas y ma-teriales del neoliberalismo mexicano y global. No menos relevante es el aporte que todos los textos hacen para problematizar las representaciones que simplifican el fenmeno hasta hacerlo parecer, en ocasiones, una in-terminable persecucin entre buenos y malos; un apetitoso mercado para la parafernalia del narco (canciones, pelculas, camisetas); o, en el peor de los casos, una manifestacin tan absoluta como incomprensible del Mal.

    Archivos de violencia latente es el ttulo del segundo captulo, com-puesto por tres estudios. El primero est dedicado a la obra de Rey Rosa, de ttulo Sobre la genealoga de la violencia. Una lectura de El material humano, de la autora de Alexandra Ortiz Wallner. Mara del Carmen Caa Jimnez entrega un texto, valga la expresin, de naturaleza palpitan-te: Violencia latente: pasaportes, puertas y murallas en la literatura y el cine centroamericanos. Y cierra el apartado un texto que, si bien se aleja de la geografa y el contexto de Amrica Central, ofrece un complemento atinado a los textos previos; se trata de Ritos de violencia y hbitos hege-mnicos en tres representaciones puertorriqueas, de John Waldron. Si

  • Resea

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    tenemos en cuenta la invisibilidad, o por los menos la presencia precaria o slo espordica que la produccin cultural de Amrica Central suele pade-cer en el mbito de los estudios latinoamericanos, este captulo represen-ta una bienvenida llamada de atencin para volver la mirada a esa franja del continente y a sus duras realidades llevadas a la literatura y el cine.

    El tercer captulo, Gneros de violencia, est dedicado ntegra-mente a Per. Y no es para menos, toda vez que la literatura peruana relacionada con el conflicto interno ha sido abundante y polmica, u