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antropologia

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    Antropologa de la libertad*

    Edgar Morin**

    Traduccin de Jos Luis Solana Ruiz,profesor de Antropologa Social de la Universidad de Jan.

    Texto publicado en: GRASCE (Groupe de Recherche sur l'Adaptation, laSystmique et la Complexit conomique) (ed.), Entre systmique etcomplexit, chemin faisant... Mlanges en hommage Jean-Louis LeMoigne, PUF, Pars, 1999: 157-170.

    Una libertad es una posibilidad de eleccin

    Una posibilidad de eleccin puede ser interior, es decir, subje-tivamente o mentalmente posible; es una libertad de espritu.Puede ser exterior, es decir, objetivamente o materialmenteposible; es una libertad de accin.

    Cuantos ms sean los dominios que ofrecen posibilidades deeleccin, ms, en cada dominio, las elecciones son numerosasy variadas, mayores son las posibilidades de libertades; cuantoms importante para su propia existencia es el tipo de eleccinposible, ms elevado es el nivel de libertad (eleccin de mediode transporte, eleccin de profesin, de residencia, de vida).

    A primera vista, nos parece evidente que el ser humano dis-pone, en condiciones favorables, de posibilidades de libertad.Sentimos subjetivamente nuestra libertad cada vez que tene-

    * Texto publicado en: GRASCE (Groupe de Recherche sur l'Adaptation, laSystmique et la Complexit conomique) (ed.), Entre systmique etcomplexit, chemin faisant... Mlanges en hommage Jean-Louis LeMoigne, PUF, Pars, 1999: 157-170.

    ** Agradecemos a Edgar Morin su amabilsima autorizacin para traducir ypublicar este texto

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    mos la ocasin de elegir entre alternativas y tomar una deci-sin

    A la inversa, toda consideracin objetiva de nuestra condicinparece reducir la libertad a una ilusin subjetiva; sufrimos lascoacciones de nuestro medio natural al que debemos adaptar-nos; estamos sometidos por nuestro patrimonio gentico queproduce y sustenta sin cesar nuestra anatoma, nuestra fisio-loga, nuestro cerebro y, por tanto, nuestra posibilidad de inte-ligencia y de consciencia; estamos sometidos por nuestra cul-tura que inscribe en nuestro espritu, desde nuestro nacimien-to, sus normas, tabes, mitos, ideas, creencias, y estamos suje-tos a nuestra sociedad que nos impone sus leyes, reglas yprohibiciones; estamos incluso posedos por nuestras ideasque se aduean de nosotros cuando creemos disponer de ellas.De este modo, somos ecolgicamente dependientes y estamosgentica, social, cultural e intelectualmente sometidos. Cmopodramos disponer de libertades cuando estamos tan someti-dos por todas partes?

    El imperio del medio

    Como frecuentemente hemos dicho (cf. El mtodo 1 y 2), noshace falta sustituir la concepcin de que el medio exteriorimpone sus fatalidades a los seres vivientes por una concep-cin de la autonoma dependiente.

    La autonoma viviente es inseparable de la autoorganizacin;sta produce sus propias reglas y el ser vivo efecta su propiocomportamiento en el seno de su ambiente. Ciertamente, unaorganizacin as depende de determinaciones fsico-qumicas,pero stas son integradas, trascendidas y utilizadas en y por laautoorganizacin viviente (cf. El mtodo 1: 108-110)

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    Como lo hemos expuesto igualmente en otra parte, la auto-noma viviente depende de su medio exterior, de donde extraeenerga y organizacin. As, no hay autonoma viviente queno sea dependiente(1). Lo que produce la autonoma producela dependencia que produce la autonoma.

    La existencia social ha dado al ser humano una autonomaconsiderable; los desarrollos tcnicos de la agricultura, lostransportes, la industria, han constituido conquistas de auto-noma mediante sojuzgamiento de energas materiales y ex-plotacin de producciones naturales, conduciendo a una efec-tiva dominacin de la naturaleza, a travs evidentemente deuna multiplicacin de dependencias y una dependencia globalcon respecto a la biosfera de la que formamos parte.

    Al desarrollar su autonoma domesticando la naturaleza, lasociedad histrica desarrolla e impone sus coacciones sobrelos individuos (frecuentemente hasta someter al mayor nme-ro), lo que nos conduce a preguntarnos: la autonoma ganadacon respecto a la naturaleza estara perdida por los individuos,con respecto a la cultura y la sociedad?

    La influencia de los genes

    Antes de pasar a esta interrogacin, es necesario examinar sila autonoma viviente con respecto al mundo exterior no com-porta en s misma una dependencia interior ineluctable

    1 Su dependencia con respecto al ecosistema es en bucle. La biocenosis(parte viviente del ecosistema) est constituida por las interacciones en-tre seres vivos, y por tanto depende de los seres vivos que dependen deella

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    Desde luego la dependencia de una organizacin autnomacon respecto a s misma es la condicin evidente de toda au-tonoma. Pero el problema se profundiza cuando se consideraque la autoorganizacin viviente -y desde luego la humana- esgenticamente dependiente. Se trata de una dependencia deorigen anterior puesto que es hereditaria. Como los genetistasespecifican el papel de los genes mediante la palabra progra-ma, entonces la autonoma viviente, incluida en ella la huma-na, estara programada como la de un autmata. As genos (laorganizacin gentica) da a anthropos la autonoma con res-pecto a oikos (el ambiente natural), pero ponindolo bajo sudependencia. Segn esta concepcin, el gen, unidad a la vezqumica e informacional, detenta la verdadera soberana sobrenuestros seres

    Hemos examinado en otra parte (El mtodo 2) las formas feti-chistas, racionalizadoras (delirantes) del pangenetismo que hasustituido el imperio del medio por el imperio de los genes.Recordemos brevemente los argumentos que se oponen a esaconcepcin imperialista

    1. Si es verdad que la autonoma del individuo en el mundoexterior procede de una autonoma gentica, esta autonomagentica depende ella misma de la autonoma individual queella produce. Como vimos (El mtodo 2: 115 ss., y ms am-pliamente 101-300), la autoorganizacin viviente asocia en elindividuo, de manera indisociable y complementaria, el genos(la especie, el patrimonio hereditar io, el proceso de reproduc-cin) y el phenon (el individuo vivo hic et nunc en un mundode fenmenos). Su relacin es en bucle recursivo, es decir,constituye un circuito generador/ regenerador donde la pro-duccin produce un producto que la produce y reproduce,donde cada trmino es a la vez producto y productor del otro,

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    donde la especie produce al individuo que produce la especie:el individuo es producido por un ciclo de reproduccin, elcual tiene necesidad del individuo para perpetuarse: el genosproduce el phenon que produce el genos.

    El ADN tiene necesidad de las protenas que l especifica yque lo especifican como especificador; la invariancia genticatiene necesidad de una actividad fenomnica siempre reco-menzada. Ms an, el aparentemente todopoderoso ADN estsometido a fisuras, roturas, brechas, y es la unidad global dela organizacin geno-fenomnica la que permite a las prote-nas con dedicacin ancilar reparar, reajustar, recomponer,remendar los trozos invlidos. Y, en lo que concierne a lasmutaciones del ADN en curso de reproduccin, es, en el casofeliz en que la mutacin provoque una cualidad nueva, lamisma unidad global quien restaura su propia organizacintransformndola.

    Los engramas genticos se transforman en programas segnlas necesidades y actividades. Lo que est inscrito en esosengramas es en primer lugar la formidable experiencia denuestro linaje, de nuestra especie, de nuestro orden (primate),de nuestra clase (mamfera), de nuestro filo (vertebrado), denuestro reino (animal), de nuestra organizacin (viviente).Este capital gentico nos da nuestra autonoma.

    La unidad global se encuentra en los individuos, los cuales seencuentran recprocamente en esta unidad global que atraviesalas generaciones. El individuo est en un todo que est en losindividuos.

    As los genes no son los Seores de lo viviente: son un mo-mento en la autoorganizacin: en ellos estn concentradas enforma de engrama la memoria y la experiencia hereditaria. Es

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    la actividad computante propia de la autoorganizacin la quelos transforma en programa. La auto(genofeno)-eco- organi-zacin es seora-dependiente y produce la autonoma/ depen-dencia del individuo que la produce.

    El cerebro humano es un aparato epigentico que depende delbucle geno-fenomnico (el cual, como veremos ms adelante,se integra en un gran bucle ego-sociocultural donde el esprituse forma como emergencia, sin cesar de depender del cerebro,e integra en ella este bucle). El ms mnimo de nuestros pen-samientos es inseparable de sntesis y transformaciones mole-culares, ellas mismas inseparables de la accin de los genespresentes en las neuronas. Y es en estas mltiples dependen-cias como emerge la autonoma mental del ser humano, capazde efectuar elecciones y elaborar estrategias.

    En lo que a la actividad cerebral del hombre concierne, loinnato y lo adquirido no se oponen absolutamente. Son tam-bin complementarios. Slo podemos adquirir de modo aut-nomo porque nuestro cerebro dispone de la aptitud innata paraadquirir aptitudes no innatas. Cuanto ms rico en competen-cias es el dispositivo cerebral innato, ms rica es la disponibi-lidad para el aprendizaje y para la realizacin de cualidadesautnomas.

    Ms an: el espritu humano ha podido, en las condicioneshistricas de este fin de siglo, tomar conocimiento, control yposesin de los genes de los que depende, y ha comenzado amanipularlos para sus propios fines. Un moderno Saulo deTarso podra exclamar: Oh gen, dnde est tu victoria?

    Detengamos este lirismo.