moisés ochoa campos (1917-1985) el primer politólogo mexicano

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Revista Mexicana de Ciencias Políticas y SocialesÒ"Universidad Nacional Autónoma de México Nueva Época, Año LXI, núm. 226 Ò enero-abril de 2016 Ò pp. 473-500Ò ISSN-0185-1918 MOISÉS OCHOA CAMPOS (1917-1985). EL PRIMER POLITÓLOGO MEXICANO Ò 473 ° Profesor investigador titular “c” en el Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolita- na-Iztapalapa (México). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel i. Doctor en Estudios Sociales de la uam-Iztapalapa. Maestro en Gobierno y Estudios Internacionales por la Universidad de Notre Dame. Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Sus líneas de investigación son: partidos políticos y elecciones en México; historia y desarrollo institucional de la ciencia política en México y América Latina; metodología de la ciencia política. Entre sus últimas publicaciones destacan: “Contrapuntos entre autoritarismo y democracia. El aporte de las ‘tendencias auto-subver- sivas’ en la obra de Guillermo O’Donnell” (2015); Fórmulas de representación proporcional en el Distrito Federal: 1988-2012 (2014); Instituciones, participación y representación políticas en México en coordinación con Esperanza Palma (2014). Correo electrónico: [email protected] Moisés Ochoa Campos (1917-1985) El primer politólogo mexicano Moisés Ochoa Campos (1917-1985) e First Political Scientist in Mexico Víctor Alarcón Olguín ° Recibido el 15 de junio de 2015 Aceptado el 10 de julio de 2015 RESUMEN En décadas recientes se vive un segundo gran ci- clo de análisis que pretende valorar e investigar sobre los orígenes y características evolutivas que han conformado a la ciencia política mexi- cana. El presente artículo aborda los elementos biográicos y la obra de Moisés Ochoa Cam- pos (1917-1985), quien en 1955 fue el primer graduado de la carrera de ciencias políticas en México por la entonces Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Se analiza tan- to el contenido de la tesis que fuera presentada para la obtención del primer grado académi- co en ciencia política en nuestro país (la que lo sitúa como uno de los analistas pioneros en ABSTRACT During recent decades there has been a second great cycle of analysis intending to research and evaluate the origins and evolutionary trends that have shaped Mexican political science. his article addresses biographical elements and the production of Moisés Ochoa Campos (1917- 1985) who, in 1955, became the irst Mexican graduate in political science of the then Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (National School of Political and Social Sciences of the UNAM). Both the contents of the thesis presented towards obtaining the irst academic degree in political science in our country (which places him as a pioneering analyst in matters of

Author: ngokhanh

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  • Revista Mexicana de Ciencias Polticas y Sociales"Universidad Nacional Autnoma de MxicoNueva poca, Ao LXI, nm. 226 "enero-abril de 2016 pp. 473-500 ISSN-0185-1918

    MOISS OCHOA CAMPOS (1917-1985). EL PRIMER POLITLOGO MEXICANO 473

    Profesor investigador titular c en el Departamento de Sociologa de la Universidad Autnoma Metropolita-na-Iztapalapa (Mxico). Miembro del Sistema Nacional de Investigadores, nivel i. Doctor en Estudios Sociales de la uam-Iztapalapa. Maestro en Gobierno y Estudios Internacionales por la Universidad de Notre Dame. Licenciado en Ciencias Polticas y Administracin Pblicapor la Facultad de Ciencias Polticas y Sociales de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Sus lneas de investigacin son: partidos polticos y elecciones en Mxico; historia y desarrollo institucional de la ciencia poltica en Mxico y Amrica Latina; metodologa de la ciencia poltica. Entre sus ltimas publicaciones destacan: Contrapuntos entre autoritarismo y democracia. El aporte de las tendencias auto-subver-sivasen la obra de Guillermo ODonnell (2015);Frmulas de representacin proporcional en el Distrito Federal: 1988-2012 (2014);Instituciones, participacin y representacin polticas en Mxico en coordinacin con Esperanza Palma (2014). Correo electrnico:[email protected]

    Moiss Ochoa Campos (1917-1985)El primer politlogo mexicano

    Moiss Ochoa Campos (1917-1985)e First Political Scientist in Mexico

    Vctor Alarcn Olgun

    Recibido el 15 de junio de 2015Aceptado el 10 de julio de 2015

    RESUMEN

    En dcadas recientes se vive un segundo gran ci-

    clo de anlisis que pretende valorar e investigar

    sobre los orgenes y caractersticas evolutivas

    que han conformado a la ciencia poltica mexi-

    cana. El presente artculo aborda los elementos

    biogricos y la obra de Moiss Ochoa Cam-

    pos (1917-1985), quien en 1955 fue el primer

    graduado de la carrera de ciencias polticas en

    Mxico por la entonces Escuela Nacional de

    Ciencias Polticas y Sociales de la Universidad

    Nacional Autnoma de Mxico. Se analiza tan-

    to el contenido de la tesis que fuera presentada

    para la obtencin del primer grado acadmi-

    co en ciencia poltica en nuestro pas (la que

    lo sita como uno de los analistas pioneros en

    ABSTRACT

    During recent decades there has been a second

    great cycle of analysis intending to research and

    evaluate the origins and evolutionary trends

    that have shaped Mexican political science. his

    article addresses biographical elements and the

    production of Moiss Ochoa Campos (1917-

    1985) who, in 1955, became the irst Mexican

    graduate in political science of the then Escuela

    Nacional de Ciencias Polticas y Sociales de

    la Universidad Nacional Autnoma de Mxico

    (National School of Political and Social Sciences

    of the UNAM). Both the contents of the thesis

    presented towards obtaining the irst academic

    degree in political science in our country (which

    places him as a pioneering analyst in matters of

  • Revista Mexicana de Ciencias Polticas y Sociales"Universidad Nacional Autnoma de MxicoNueva poca, Ao LXI, nm. 226 "enero-abril de 2016 pp. 473-500 ISSN-0185-1918

    "VCTOR ALARCN OLGUN474

    materia municipal), as como otros aspectos de

    su vasta obra escrita. Se destaca que la realiza-

    cin de este tipo de ejercicios biogricos son

    sustantivos para la preservacin de la historia

    intelectual de la disciplina politolgica tanto en

    Mxico como en la regin latinoamericana.

    Palabras clave: Moiss Ochoa Campos; Es-

    cuela Nacional de Ciencias Polticas y Sociales;

    ciencia poltica; estudios municipales; historia

    intelectual.

    municipality), and other aspects of his extensi-

    ve written work are examined. Undertaking this

    kind of biographical analyses is essentially re-

    levant for the preservation of political sciences

    intellectual history, both in Mexico and in the

    Latin-American region.

    Keywords: Moiss Ochoa Campos; Escuela Na-

    cional de Ciencias Polticas y Sociales; political

    science; municipal studies; intellectual history.

    Digniicar al municipio, es digniicar al ciudadano, a la familia, a la sociedad y

    la patria. Entendida esta tarea como un deber ineludible emanado de una exi-

    gencia nacional, postulamos la reforma municipal que, plenamente consumada,

    habr de poner en manos del pueblo la Revolucin Mexicana.

    Moiss Ochoa Campos

    La reforma municipal en Mxico (1955: 497).

    Nota introductoria

    La historia de una disciplina intelectual en el marco de las ciencias sociales implica no solo precisar fechas, trayectorias personales o contextuales; tambin signiica incursionar en las motivaciones profundas que permitan explicar los alcances y proyecciones de una etapa en el tiempo para que las generaciones posteriores puedan estar en condiciones de compren-der la importancia de la memoria como una pieza central de la cultura, as como para ser capaces de trascender y transmitir un sentido de pertenencia y honrar un origen. Lo an-terior implica que el conocimiento se debe contextualizar en su entorno histrico social y motivacional, a efecto de relexionar en torno a las condiciones de dicha trascendencia y sig-niicados pblicos (Ziman, 1972 y 1985).

    En dcadas recientes [y justo porque se han dado las condiciones y capacidades insti-tucionales adecuadas para emprender este tipo de estudios[ se vive un segundo gran ciclo de anlisis que pretende valorar e investigar sobre los orgenes y caractersticas evoluti-

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    vas que han conigurado a la ciencia poltica mexicana.1 Como lo ha sealado con mucho acierto Josep R. Llobera, uno de los primeros intelectuales iberoamericanos que asumi el reto de valorar el factor de lo histrico en tanto elemento central para entender la esencia y mbito propios de una disciplina social, antes que nada se necesita ser practicante regu-lar de la disciplina social que se quiere historiar. Esto es, para convertirse en un historiador de una profesin se debe tener clara la trayectoria del campo de conocimiento que se pre-tende revisar, a partir de que se haya formado primero dentro de ese campo de la ciencia, lo que debe ayudarle a entender entonces cules son justamente sus propios dilemas de iden-tidad, y gracias a ello hallar posterior auxilio en las herramientas del anlisis histrico. De otro modo, no se puede resaltar o dar importancia a aquello que justamente da sentido y direccin temporal a su campo de conocimiento, lo que paradjicamente para otros, sen-cillamente, se tratara de un asunto con escaso impacto (Llobera, 1989: 15).

    Es por ello que una pieza importante en el estudio histrico de una disciplina cientica concreta [como lo es la politologa[ implica darse a la tarea de rastrear dichos orgenes a efecto de entender los procesos fundacionales y motivacionales de la misma. De ah que de manera similar a como los antroplogos o los bilogos se preguntan cmo era la primera civilizacin o quin fue el primer ser humano [cuestiones casi imposibles de contestar con precisin[, en el marco de la historia de las disciplinas sociales tampoco podemos dejar de investigar al respecto. En consecuencia, al plantearse la pregunta acerca de quin fue el primer egresado formal de la disciplina politolgica en Mxico, afortunadamente hay forma de responderla. De ello se trata el presente escrito, que intenta describir y res-catar en forma muy provisional quin fue el primer titulado de la politologa mexicana, Moiss Ochoa Campos.

    Para ello, se analizar tanto el contenido de la tesis que present para la obtencin del primer grado acadmico en ciencia poltica otorgado en nuestro pas [que lo sita como uno de los analistas pioneros en materia municipal[ y se abordarn otros aspectos de su vasta obra publicada.

    1 Los trabajos de esa primera gran oleada se pueden rastrear a partir de los aos setenta del siglo pasado, los cuales se debieron a autores muy diversos como: Marcos Kaplan, Manuel Camacho, Sol Arguedas, Lorenzo Meyer, Jos Luis Orozco, Jos Luis Hoyo, David Torres Meja, Judit Bokser o Cristina Puga. No es propsito de este artculo revisar la discusin recientemente generada por esta segunda ola de trabajos (ya muy vasta en sus posiciones) sobre el pro-ceso de construccin histrica e institucionalizacin de la ciencia poltica en Mxico. Diversos autores vienen dando cuenta de ello: Mauricio Merino, Fernando Barrientos, Francisco Reveles Vzquez, Jos Antonio Aguilar Rivera, Godofredo Vidal de la Rosa, Enrique Surez-Iiguez, Enrique Gutirrez, Karla Valverde, Luis Alberto de la Garza, Carmen Roque, Hctor Zamitiz o Alberto Arellano Ros, as como el autor del presente artculo.

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    Breve semblanza de Moiss Ochoa Campos

    El 11 de mayo de 1955, segn consta en los registros escolares de la Facultad de Ciencias Polticas y Sociales de la Universidad Nacional Autnoma de Mxico (unam), se realiz la defensa de la tesis de licenciatura La reforma municipal en Mxico (Historia municipal de Mxico), cuya autora era del estudiante de la carrera de ciencias polticas, Moiss Ochoa Campos.2 Aprobada la presentacin escrita mediante voto presentado ante el Consejo Tc-nico de la propia Facultad, y con la irma del profesor ngel Guerrero (quien se reiere al escrito como digno de ser presentado para obtener el grado de doctor en ciencias polticas, siendo as que se presenta para optar solo por el de licenciado),3 se procedi a integrar el jurado para la defensa oral de la tesis, mismo que qued integrado por el entonces director de la facultad, el doctor Ral Carranc y Trujillo como su presidente; el profesor Francisco Ortega Ruiz, quien sera el vocal, y en calidad de secretario el eminente historiador don Luis Gonzlez y Gonzlez. La caliicacin de la rplica oral permiti al sustentante obtener la caliicacin de aprobado con mencin honoriica.

    No poda ser un acontecimiento menor en virtud de que no solo signiicaba el primer examen presentado por un estudiante de la carrera de ciencias polticas, sino que tambin lo era de la entonces Escuela Nacional de Ciencias Polticas y Sociales de la unam, ape-nas fundada cuatro aos antes. Tan relevante era el acontecimiento, que recibi el honor [como bien se consigna en el nmero 1 de la revista Ciencias Polticas y Sociales, coinciden-temente fundada en ese mismo ao de 1955[, en ser el primer libro reseado en la seccin bibliogrica de la publicacin, tarea realizada por don Salvador Reyes Nevares, connotado historiador y periodista de los aos cincuenta del siglo pasado.4

    Al momento de graduarse como politlogo Moiss Ochoa Campos participaba como re-presentante estudiantil de la Escuela Nacional de Ciencias Polticas y Sociales (encpys) ante el Consejo Universitario. A la par de sus actividades como alumno, Ochoa Campos era ya militante destacado del Partido Revolucionario Institucional, en tanto laboraba en la Jefa-tura de Prensa y Propaganda, y entre cuyas tareas tena la edicin de La Republica, rgano oicial de dicho instituto poltico.

    Guerrerense de origen, nacido en la ciudad de Chilpancingo el 10 de agosto de 1917, Ochoa Campos era ya una persona madura cuando decidi inscribirse en la naciente en-cpys en 1951 a la edad de 34 aos. Por desgracia, se desconocen otros aspectos contextuales de su infancia y juventud, especialmente los que nos permitieran entender la decisin de

    2 El dato de la fecha, as como de la integracin del jurado y el resultado del examen se consigna en el libro de Francisco Jos Daz Casillas (1991:171). Tambin remito al texto de Sergio Colmenero (1991:56).3 El contenido del voto del profesor Guerrero se encuentra ntegro en la seccin de anexos que Ochoa Campos incluy al inal de la edicin de la tesis (Ochoa Campos, 1955a: 530).4 La resea de Reyes Nevares ocupa las pginas 129 a 131.

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    inscripcin en la encpys. Ciertamente, Ochoa Campos forma parte de una generacin que es receptora directa de los aos de la institucionalizacin posrevolucionaria, enmarcada con la salida del militarismo y el populismo de los aos veinte y treinta, para pasar al na-cimiento del Mxico de la modernizacin y del ascenso de los gobiernos civiles al amparo del presidencialismo y del partido oicial, los cuales precisamente se abren paso a partir de las siguientes dos dcadas con las administraciones de Miguel Alemn Valds y Adolfo Ruiz Cortines, quienes sern los mandatarios que abarcan los aos de la formacin profe-sional de Ochoa Campos.

    Su vida haba gravitado hasta ese entonces en condiciones prcticas y autodidactas en oicios varios como el de periodista e historiador, teniendo incluso algunas publicaciones previas entre ensayos y ejercicios literarios. Destacan, por ejemplo, su prlogo a la antologa de Francisco Javier Clavijero que prepar para la conocida Biblioteca Enciclopdica Popu-lar de la Secretara de Educacin Pblica (sep) en 1948, as como folletos de similar corte histrico que le fueron publicados por la Secretara de Hacienda y Crdito Pblico (shcp) en esa misma dcada de los aos cuarenta.

    Tambin se deduce, por menciones diversas en su propio currculum, que asisti a cur-sos en la entonces Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la unam en los aos cuarenta. Por ejemplo, Ochoa Campos lo registr para el caso de la materia de derecho municipal impartida por don Antonio Carrillo Flores en 1942, lo que sin duda es un poderoso ante-cedente formativo que le ayudara a desarrollar el tema que inalmente abord en su tesis de licenciatura (Ochoa Campos, 1955a: 154). Otra inluencia formativa destacada en este perodo es la mencin y uso que Ochoa Campos hace del libro de don Lucio Mendieta y Nez, La administracin pblica en Mxico, aparecido precisamente en el mismo ao, que sin duda es un texto capital que nos muestra el proceso de transicin que dichos personajes ya estaban experimentando, precisamente al migrar del espacio jurdico hacia el estudio de la sociologa, la ciencia poltica o la administracin pblica (moc, 1955a: 164).5 6

    Ochoa Campos tuvo la oportunidad de salir al extranjero, en principio, para realizar sus estudios doctorales en la Universidad de Roma gracias a una beca del gobierno de Italia. Se aduce que obtuvo el grado de doctor en ciencias polticas y el certiicado de especializa-cin en derecho pblico; pero sinceramente solo cabe considerar posible la obtencin del segundo reconocimiento, dado que permaneci apenas un ao en Italia y no hay evidencia

    5 El punto es relevante ya que, como puede advertirse en una revisin directa a la tesis de licenciatura de Ochoa Cam-pos, su texto tiene una discusin algo limitada en clave comparada con lo que ocurra en otras latitudes de Amrica Latina, ya que ste se apoy esencialmente en materiales provenientes de destacados historiadores del municipio ibrico, como los escritos de don Rafael Altamira o Jos Ma. Ots Capdequi, ambos llegados a Mxico en el exilio republicano. A guisa de ejemplo, se puede destacar en Argentina la existencia de textos como el de Fabin Onsari, Gobierno municipal, publicado en 1942 por la Editorial Claridad de Buenos Aires. 6 A partir de este punto, a efecto de evitar repeticiones excesivas, las menciones a la obra en comento se glosan con el acrnimo moc, que alude a las iniciales de Ochoa Campos, junto al ao y la pgina citadas.

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    concreta del trabajo doctoral presentado, adems de que Ochoa Campos nunca irm sus trabajos posteriores con el grado de doctor. Posteriormente, tuvo oportunidad de asistir a cursos en el Instituto Latinoamericano de Planiicacin Econmica y Social, dependiente de la Comisin Econmica para Amrica Latina y el Caribe en Chile, a principios de los aos sesenta. Por desgracia, todos estos estudios no se pudieron traducir en una conver-sin inal de Ochoa Campos como acadmico e investigador de tiempo completo en alguna universidad, si bien puede indicarse que cumpli ciertamente con muchas de estas carac-tersticas toda vez que se advierte la extensa obra escrita que elabor a lo largo de su vida, cuya redaccin pudo combinar con sus labores en el servicio pblico, as como sus intere-ses de corte historiogrico y periodstico.

    Pese a ello, a la par de haber sido el primer becario de investigacin con apoyo de la Coordinacin de Humanidades durante el ao 1954, una vez que se titul, Ochoa Campos tuvo la oportunidad de ser el primer director de lo que se llamara el Seminario de Investi-gacin Poltica en la propia encpys, gracias a la invitacin que le extendi el director Ral Carranc y Trujillo. El seminario se abri el 16 de junio de 1955 (antecedente, sin duda, de lo que aos ms tarde vendra a deinirse como el Centro de Estudios Polticos), teniendo como primer secretario a Luis Priego Ortiz (moc, 1955b:178-184). Al regreso de su viaje de estudios en Italia, ejerci como profesor de historia de Mxico, ciencia poltica y teora general del Estado, tanto en la propia encpys como en la Facultad de Derecho.

    Por otra parte, particip en forma destacada en la seccin de historia dentro de la Socie-dad Mexicana de Geografa y Estadstica. Dentro del servicio pblico, Ochoa Campos tuvo la oportunidad de ser diputado federal por el estado de Guerrero en dos perodos (1958-1961 y 1970-1973), as como senador suplente (1964-1970). Este es, sin duda, un perodo particularmente destacado en la produccin acadmica de don Moiss, en tanto que pudo dedicar especial atencin a un conjunto de temas asociados con el anlisis del origen y de las prcticas de las instituciones parlamentarias de nuestro pas. En su segundo perodo parla-mentario coordin y cooper como autor en la obra colectiva Derecho legislativo mexicano, publicada en 1973 por la cmara de diputados.7

    Posterior a dicha experiencia, se desempe en algunos cargos menores dentro de las se-cretaras de Gobernacin y la de Educacin Pblica. Fue autor de ms de 70 trabajos, entre ellos: Juan Ignacio Mara de Castorena (folleto, 1944); De Tacubaya a Chapultepec 1827-1945

    7 Este ejercicio es muy meritorio, ya que es una de las primeras contribuciones colectivas que pretende glosar y ana-lizar el funcionamiento integral del congreso mexicano. Tambin, durante dicho ejercicio legislativo, Ochoa Campos public en el mismo ao Los debates sobre la adopcin del sufragio universal y del voto directo (1971a) y Los debates sobre la no reeleccin (1971b), ambos dentro de la coleccin Grandes debates legislativos con los nmeros 1 y 4 de dicha coleccin, respectivamente, que se conform por seis volmenes. Por ejemplo, resalta que entre los politlogos mexi-canos contemporneos, Alonso Lujambio, en su imprescindible ensayo panormico de 1999 dedicado al estado de los estudios parlamentarios en Mxico, precisamente seal a este libro como la primera obra colectiva especializada en dicha materia (Lujambio, 1999: 23).

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    (folleto, 1945); El pensamiento poltico de Ignacio Manuel Altamirano (1955); La oratoria en Mxico (1963); Guerrero. Anlisis de un estado problema (1964); Historia del estado de Guerrero (1968); La Revolucin Mexicana. Sus causas polticas (1968); Resea histrica del periodismo mexicano (1968); La oratoria en Mxico desde la Independencia hasta la poca actual (Antologa) (1969); La Bandera (folleto sin fecha de publicacin); Miguel Antonio de Nava, hroe de la esperanza (folleto, 1970); Rapto de Europa (1971); La herencia de Jurez (folleto, 1972); La revolucin de la juventud. Ensayos (1973), Calles, el estadista (1976); El maestro Ignacio Manuel Altamirano (1984); Altamirano combatiente (1984); y La chilena guerrerense (1987, pstumo).8

    Sin duda, el impacto y contribucin de Ochoa Campos es muy apreciado dentro del campo de estudio de las personalidades histricas de su entidad de origen. Por ejemplo, du-rante su estancia de estudios en Italia, se dio a la tarea de reconstruir los ltimos aos de la vida del ilustre pensador y literato don Ignacio Manuel Altamirano en aquel pas, cosa que logr y gracias a ello, se pudo colocar una placa y un busto en el sitio de la ciudad de San Remo donde justo falleciera el tambin liberal guerrerense.9 Igualmente, se pueden resca-tar las biografas que realiz de personajes poco conocidos de la Independencia mexicana, y originarios de dicha entidad surea, como Valerio Trujano, Pedro Ascencio y Juan del Carmen, sobre los cuales public sendos folletos en 1972.10 Adicionalmente, como se po-dr advertir en la relacin bibliogrica que aqu apenas hemos atisbado, Ochoa Campos puede ser apreciado por ser uno de los primeros autores que realiz investigaciones rele-vantes en materia del desarrollo histrico del periodismo, de la oratoria y el estudio de las tradiciones populares en Mxico.

    Cabe destacar que desde 1999 la Ley de Premios Civiles del gobierno del Estado de Guerrero tiene considerada la entrega de un reconocimiento con su nombre en materia de Mrito Municipal y Desarrollo Comunitario, sin duda con el propsito de preservar la aportacin que Ochoa Campos realiz con su tesis de licenciatura, y que a lo largo de su vida tuvo cuatro ediciones y actualizaciones, todas ellas ya bajo el sello de la Editorial Po-rra, apareciendo la ltima justo en el ao de su fallecimiento, el 15 de noviembre de 1985 en la Ciudad de Mxico.

    8 Entre las notas biogricas de don Moiss Ochoa Campos se puede consultar la edicin digital de la Enciclopedia guerrerense (2000). Tambin existe una entrada dentro del Diccionario de escritores mexicanos, siglo xx, (unam, 2004: 98). Ambas son tiles para establecer una relacin casi completa de las principales publicaciones y actividades desa-rrolladas por Ochoa Campos. 9 Dicha informacin se puede revisar en el artculo digital La muerte del maestro Altamirano, de Ernesto Ortiz Diego, publicado el 14 de febrero de 2014. Tambin cabe destacar que particip como editor y prologuista post mortem (su trabajo lo fech en 1984) del volumen 2 de las Obras Completas de Ignacio Manuel Altamirano (que abarca las Obras Histricas), realizada por la sep en 1986. 10 Incluidas en la relacin de obras que se tiene de su nota biogrica en el Diccionario de escritores mexicanos del siglo xx (2004), ya mencionado.

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    Pasemos entonces a una revisin de los mritos y aportes contenidos en el que fue el tra-bajo que le abri las puertas del mundo de la ciencia poltica y la administracin pblica.

    La Reforma Municipal en MxicoTesis pionera de la ciencia poltica nacional

    La reforma municipal en Mxico (Historia municipal de Mxico) se compone de casi 520 pginas, ms una serie de anexos informativos que el autor present para la edicin autori-zada y con ines comerciales que le permiti publicar la Escuela (que la hacen llegar hasta las 538 pginas), la cual tena un costo de 50 pesos por ejemplar, como se consigna en la contraportada de la edicin, cuyo colofn indica que se termin de imprimir el 22 de abril de 1955. El dato es curioso porque, como se mencion, la defensa de la tesis no fue sino hasta el da 11 de mayo de 1955.11

    La llegada a un resultado como ste era, sin duda, el producto meritorio de las caracte-rsticas del plan de estudios cubierto por Ochoa Campos y el cual, si bien no podra decirse que tuviera ntidas orientaciones a lo que actualmente sera lo comn en la disciplina polito-lgica, resultaba claro que al menos proporcionaba los elementos centrales de una formacin general en ciencias sociales, evidenciado en los dos aos de materias comunes que lleva-ban todos los estudiantes de las cuatro carreras entonces vigentes en la Facultad (ciencias sociales, ciencias diplomticas, periodismo y ciencias polticas), para pasar a los dos aos subsecuentes, donde se asuma que el estudiante ya abordaba de manera ms especica su respectiva especialidad.12

    La tesis se compone de seis partes, 26 captulos, resumen, conclusiones, ndices y anexos. Esto resulta intimidante, incluso para un lector contemporneo, dado el nivel de minucio-sidad con que el trabajo se despliega no solo para abordar el tema del desarrollo histrico cultural, legal constitucional y econmico administrativo vinculado con la existencia del municipio, sino que claramente Ochoa Campos pretenda que su trabajo tambin se tra-dujera en un conjunto de acciones polticas orientadas expresamente a mejorar la imagen y desempeo de dicha institucin y nivel de gobierno, sobre todo para aquellas comunidades que hasta ese entonces no haban podido ser plenamente incorporadas al desarrollo na-cional, como era el caso de las comunidades indgenas, en donde conforme a su deinicin general de municipio, era totalmente plausible observar incluso condiciones ms exitosas

    11 De hecho, en el ejemplar que est en posesin el autor de estas lneas y que es el utilizado para realizar este texto, se incluye una etiqueta en la primera pgina de interiores que seala la aprobacin Magna Cum Laude que le fuera otorgada por el jurado, lo cual hace evidente deducir que la edicin de la tesis con este formato, y que ya posee el logo de la unam, no circul sino hasta despus de haberse dado el examen profesional. 12 Una descripcin de los primeros planes de estudio se puede ver en Colmenero (1991: 36-41).

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    de funcionamiento en comparacin a los municipios convencionales, sobre todo si estas comunidades contaban con los debidos apoyos econmicos y legales.13

    Como lo menciona Ochoa Campos en sus pginas introductorias, su tesis se desplaza por diversos planos de anlisis. En primer lugar, se remite a situar en Aristteles y su mtodo com-parativo de las constituciones griegas la base que servira para su propio estudio, mismo que le permiti seleccionar 90 municipios del pas a efecto de deinir sus principales caractersticas conigurativas y, con ello, proceder a la delimitacin de las principales propuestas tendientes a la mejora de su funcionamiento general, en tanto que el municipio mexicano tena todos los atributos legales necesarios marcados por la propia normatividad para poder generar una mayor integracin y participacin de los ciudadanos en los asuntos pblicos de importancia, como lo son aquellos que afectan al devenir diario de las comunidades.14

    Ochoa Campos indica que el origen de su investigacin tena como antecedente un es-tudio previo realizado en 1947, cuando era empleado de la Secretara de Educacin Pblica, en la cual fue responsable del levantamiento de un censo sobre la situacin de los archi-vos municipales en el pas. A partir de aquella experiencia se percat de la importancia de conocer a detalle el aporte de dichas unidades administrativas, por lo que no dud en con-vertirlas en su objeto de tesis (moc, 1955a: 10)

    Concepto y evolucin del municipio desde la historia de las ideas polticas

    Ochoa Campos deine al municipio como una forma sociopoltica que puede ser estudiada desde un enfoque histrico evolutivo y descriptivo funcional. Bajo la inluencia de las ideas de Ferdinand Tnnies, Max Weber y Gastn Richard, deine al municipio como una forma autrquica y voluntaria de asociacin intermedia entre la comunidad vecinal y la sociedad poltica que termina conjuntndose en el marco de la estructura funcional territorial del Estado. Pero sin lugar a dudas, entre la comunidad y la sociedad, el papel de la autonoma legal y pblica del individuo se destaca ms en el segundo de los modelos. A estas formas

    13 Reyes Nevares hace mencin a estos asuntos en la resea ya referida (1955) que public del libro. Otro tanto lo har don Gastn Garca Cant (1917-2004), contemporneo generacional de Ochoa Campos, a la resea que tambin realiza del libro en la Revista Mexicana de Cultura, suplemento del diario El Nacional (Garca Cant, 1955: 2).14 Resulta relevante hacer esta mencin, dado que las materias ntidamente politolgicas apenas si se destacaban, como por ejemplo, la Historia de las Doctrinas Polticas (que se imparta en el segundo ao), misma que Ochoa Campos seala haberla tomado con el Lic. Ramn V. Santoyo, si bien hubo otro grupo a cargo del Lic. Ernesto Enr-quez Coyro, el director fundador de la encpys (Ochoa Campos, 1955: 9, nota 1) Otras dos o tres materias de los aos tercero y cuarto justamente se orientaban al estudio de la organizacin poltica y administrativa de Mxico siendo acaso, junto con la materia de Sociologa de los Partidos Polticos y de la Opinin Pblica, aquellas que permitan ver un componente menos generalista o jurdico de lo que el estudiante reciba en dicho programa.

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    organizativas Ochoa Campos las deine como formas premunicipales o municipios na-turales (moc, 1955a: 21).

    En la comunidad, desde sus etapas premunicipales, los vnculos naturales del parentesco y las obligaciones domiciliarias que poseen sus integrantes son mucho ms fuertes que en el marco de la sociedad de masas. En ello destacan las diferencias que se dan entre los vn-culos tribales o familiares y los de tipo militar o comercial, que obligan entonces a acuerdos ms prolongados y que poseen ahora un carcter legal y poltico (moc, 1955a: 23-26).

    De esta manera, la propia evolucin del municipio natural (comunitario) posee y desa-rrolla entonces sus mecanismos de orden y convivencia convencionales para pasar luego, por las propias razones del crecimiento de la complejidad social (especialmente el comercio), a convertirse en un municipio poltico, enmarcado ahora en una visin sociocultural que obliga a la creacin de instituciones como el Estado, en tanto medio de conciliacin y pre-servacin de ese mismo orden comunitario que ya no resulta suiciente preservar por medios propios. Por ejemplo, resulta interesante que Ochoa Campos deina entonces a la Ciudad de Mxico como un municipio natural, en virtud de que careca de un carcter poltico y legal propio al momento de realizar su trabajo. Este asunto es retomado ms tarde, al mo-mento de analizar las peculiaridades del estudio conigurativo de los municipios- capitales, lo cual implica una condicin muy peculiar de cara a la conformacin unitaria o federal de los Estados nacin (moc, 1955a: 25).

    Tambin hace una mencin explcita del paso de las antiguas polis griegas a las Ciuda-des-estado comunitarias, y de stas a su vez a los procesos de nacimiento de los Estados nacin, en tanto proceso natural que precisamente permitira destacar que en la actualidad existen casos de Estados sin nacin y a la vez naciones sin Estado, en alusin a las posibili-dades de integracin poltica reconocidas desde el derecho constitucional pblico, para lo cual Ochoa Campos menciona los trabajos de Georg Jellinek y del ex presidente Jos Lpez Portillo y Pacheco (quien fuera uno de los primeros profesores de la asignatura teora del Estado en la encpys). Al mismo tiempo, es interesante ver la recuperacin etimolgica de la idea del ayuntamiento como institucin que, precisamente, rene (ayunta) las capacidades de gobierno bajo un mismo rgano o cuerpo colegiado, el cual formaliza dichos nexos y a la vez representa a los propios vecinos devenidos en ciudadanos, es decir, en actores con dere-cho a intervenir y manifestarse sobre los asuntos propios de la ciudad (moc, 1955a: 26-27).

    Necesidades demogricas y de conservacin de la especie son, desde tiempos inmemoria-les, las bases que impulsan a la coexistencia y a la formacin de espacios de convivencia natural y poltica. Primero guiados de manera natural, y luego justiicados desde el misticismo y las primeras religiones, las razones de la organizacin poltica y social actualmente se han visto inluidas por la secularizacin y el individualismo, lo cual sin duda son fuentes de las tensio-nes actuales de la edad moderna y contempornea. Lo anterior, a decir de Ochoa Campos, en seguimiento a las ideas de pensadores tan dismbolos como Epicuro, Lucrecio, Polibio y Pla-

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    tn; as como las de Fustel de Coulanges, Lewis Morgan, Federico Engels, Herbert Spencer y llegando inalmente a las de Rudolph Rocker, Oswald Spengler, Franklin Henry Giddings, Adolfo Posada o Gilberto Loyo, en una etapa ms actual, marcan en su conjunto las bases que sustentan a la convivencia humana, al dilucidar si son stas de carcter cooperativo, egosta o conlictivo. Esto resulta interesante en el planteamiento de Ochoa Campos, por cuanto intenta mostrar que el desarrollo de las estructuras municipales estn en ntima vinculacin con los ras-gos esenciales de la condicin humana y sus exigencias de ndole poltica (moc, 1955a: 28-29).

    Otras fuentes interesantes para Ochoa Campos en el desarrollo explicativo del paso de las comunidades primarias (como acontece con las primeras civilizaciones y ciudades de Egipto, Mesopotamia, Grecia y Roma) hasta las civilizaciones complejas del presente, es que se deinen justo por las capacidades de la educacin (vista como vehculo para la creacin de un piso comn o densidad moral) y por el acceso a las tcnicas, siguiendo las propuestas de Emile Durkheim, V. Gordon Childe o Arnold J. Toynbee. Los municipios, sin duda, son ms viables en la medida que puedan garantizar su acceso a dichos recursos para sus integrantes, gracias al asentamiento e intercomunicacin entre aldeas y ciudades; la creacin de burocra-cias permanentes y profesionales de la propia gestin urbana; por el desarrollo de un rgimen de produccin comn, sea este agrario, industrial o de servicios; pero sobre todo, a partir de la generacin de reglas electivas que permitan la presencia de gobernantes y comportamien-tos regulados que son aceptados por el pueblo. Estos son los elementos con los cuales Ochoa Campos clasiica a los tres grandes perodos revolucionarios de la civilizacin (moc, 1955a: 30).

    Lo anterior da paso a la idea clsica de la Ciudad-estado y a la manera en que se recupe-rar esta caracterstica autrquica en las repblicas Estado de la Edad Media varios siglos despus, cuando la civilizacin occidental retom su proceso conigurativo, y en donde las formas bsicas municipales jugaron un papel central, lo que inalmente logr ijar espacios de convivencia y responsabilidades bajo esquemas constitutivos de gobierno monrquico, pero donde los ciudadanos apreciaban los dones de la participacin, la oratoria y la res-ponsabilidad que implicaba ser seleccionado eventualmente para desempear algn cargo o magistratura, prcticas que luego se soisticaron en la poca romana, cuando se dio el sur-gimiento de los pretores y los ediles que dieron fundamento a la institucin municipal en calidad de socios y actores ligados (federados) a la estructura general del Imperio. Lo in-teresante es constatar que los municipios y otras formas organizativas aspirasen a llegar al nivel de ser considerados como ciudades, y as sus habitantes podran adquirir un estatuto de mayor libertad y autonoma.15

    15 Ver el desarrollo y anlisis que Ochoa Campos hace de las civilizaciones greco-latinas en la segunda parte, espe-cialmente el captulo 1, en el cual nos muestra adems como llegaron las primeras prcticas municipales a la pennsula ibrica, gracias a la presencia romana en lugares como Caracalla (Andaluca), y cuyo impacto inluy para tener la primera gran Constitucin general del Imperio en el siglo ii a.C.

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    Al derrumbarse el Imperio Romano, Ochoa Campos resalta que en Espaa permane-cieron algunas de esas prcticas, aunque mucho de ello se diluy con la presencia de los visigodos germnicos, y luego con los califatos rabes. Pese a ello, la resistencia espaola se logr precisamente por la fundacin de ciudades cuyos gobiernos se basaban en la presen-cia de concejos y la subsecuente eleccin de alcaldes, los que pudieron generar esquemas de fueros y se regan a su vez con instrumentos legales como las cartas-pueblas que hacan prevalecer los derechos de las familias y los clanes reunidos alrededor de los mismos. En su poca ms avanzada, los municipios espaoles, a la usanza de los poblados ingle-ses, se lograron distinguir por la presencia de cinco rasgos esenciales que Ochoa Campos considera como factores imprescindibles de su funcionamiento: igualdad ante la ley, justi-cia, inviolabilidad del domicilio, participacin de la cosa pblica y responsabilidad de los funcionarios (moc, 1955a: 89-95).

    El municipio moderno, como bien lo observa Ochoa Campos, se compone de estructu-ras y niveles de organizacin sociohistricas y culturales muy complejas que deben coexistir [no siempre de manera exitosa[ dentro de un marco poltico institucional, que a veces no es capaz de contender con dicha diversidad, lo cual precisamente es causa de conlictos y luchas locales. Por ello, un desafo constante es la dinmica de institucionalizacin de las relaciones sociales, y de ah pasar a su formalizacin poltica y que ello est adecuadamente traducido en un orden cvico integrador que resuelva las necesidades de la colectividad (moc, 1955a: 33-34).

    Por ejemplo, en el texto se rescata lo que podra denominarse una etapa constructiva que el municipalismo espaol sufri como producto de su propia uniicacin, la cual cul-mina hasta inales del siglo xv con la expulsin deinitiva de los moros y en donde algunos de los seores feudales no desean perder privilegios ante la dinasta de poder emergente de los Reyes Catlicos; incluso se tienen luchas campesinas promovidas por lderes comuneros (similares a las que se dan en Inglaterra con los llamados niveladores) en pos de mante-ner su autonoma territorial y sus fueros (moc, 1955a: 97-103).

    La implantacin del municipio en MxicoDesde la Colonia hasta el siglo xix

    Una vez cubierta esta etapa de anlisis contextual de los orgenes histrico culturales del municipio, Ochoa Campos se lanza a desentraar las condiciones concretas de la evolucin municipal en Mxico, siguiendo los argumentos tericos previos. Al efecto, presenta una va-loracin secuencial de las etapas a ser tomadas en consideracin: la primera, que abarca el perodo previo a la llegada de los espaoles; la segunda, entre 1519 y el siglo xvii, implica la convivencia efectiva entre las instituciones indgenas y espaolas; la tercera, que se despliega

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    en el siglo xviii con el municipio castizo consolidado y las adaptaciones que los criollos co-mienzan a implementar dentro de los ayuntamientos con aval de la corona espaola; una cuarta etapa, producto de la inluencia liberal francesa, modiica la dinmica organizativa de los municipios que prevalece a partir de 1813 y que se extiende a lo largo del siglo xix; inalmente, se llega a la quinta etapa, que abarca desde los inicios del siglo xx, en donde Ochoa Campos observa una nueva concepcin administrativa, profesional y moderna de los municipios que busca apegarse cada vez ms al modelo city management anglosajn, si bien dentro de la Constitucin de 1917 se observa la preservacin de las formas indgenas y las liberal gaditanas que provienen de la Constitucin de Cdiz (moc, 1955a: 107-108).

    Debido a la extensa erudicin y detalle con que Ochoa Campos aborda de manera sub-secuente cada una de las etapas aqu referidas dentro de su texto, solo me limitar a glosar algunos aspectos de importancia dentro de cada una de las mismas.

    Por ejemplo, resulta importante destacar el anlisis legal y poltico que hace de la im-plantacin del primer municipio en Amrica continental por parte de Hernn Corts, con objeto de desprenderse de la obediencia del gobernador de Cuba, Diego de Velzquez, y a efecto de poder continuar la expedicin con que habra de descubrirse la presencia de tierra irme y de las civilizaciones que habitaban Mxico. Investido de las capacidades otorgadas por el Ayuntamiento de la Villa Rica de la Vera Cruz y de las reglas imperiales vigentes, Cor-ts pudo seguir adelante con su exploracin conforme a la costumbre espaola de que un ayuntamiento creado desde una jurisdiccin territorial naciente tena en consecuencia ca-pacidades propias conforme a lo que le concedan las ordenanzas en vigor y que le hacan entonces solo obligado a rendirle cuentas directas al emperador Carlos i.

    De manera subsecuente, una vez tomado el control de Tenochtitlan, es de sealarse la fundacin que Hernn Corts hace primero del ayuntamiento de Coyoacn en agosto de 1521, el cual pasa a ser el ayuntamiento de la Ciudad de Mxico a partir del 8 de marzo de 1524, fecha del acta ms antigua de sesin disponible, y en la cual se conoce que la integracin del primer ayuntamiento se compona de un Alcalde Mayor, dos Alcaldes Ordinarios y 8 ediles, ms un escribano y mayordomo (moc, 1955: 114).

    Otro elemento interesante es que la regulacin para crear municipios fue muy estricta, a efecto de evitar que cualquier persona pudiera hacerse de bienes o tierras, por lo que deba pasar por un perodo de residencia efectiva de 6 aos al menos para poder ser considerado como propietario. Esto, desde luego, no inhibi la dinmica de una colonizacin que alen-tara la exploracin y presencia de nuevas ciudades que respondieran al mismo principio de generar una dominacin territorial plena a partir del despojo y la explotacin hechas sobre los indgenas, aunque no vinieron a ser plenamente legisladas sino hasta 1573 con las or-denanzas de Felipe ii. Antes de tal fecha, las disposiciones municipales en la Nueva Espaa tuvieron un carcter provisorio, si bien sirvieron para establecer las caractersticas esen-ciales con que los primeros municipios pudieron ijar los compromisos y prerrogativas que

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    tenan los espaoles peninsulares, que emplearon prcticas como las del Adelantado, en la cual el conquistador que sumase nuevas tierras al dominio colonial poda aspirar a la asig-nacin de tierras y una encomienda de indios para su adoctrinamiento y uso en las labores que fueran pertinentes, sea que las instancias fundadas fuesen villas, pueblos, haciendas o presidios; o como ocurri en el caso de la exploracin directa bajo la responsabilidad cle-rical, que se transformaban en misiones (moc, 1955a: 146-148).16

    La colonizacin comienza justo por determinar los elementos de asociacin comunita-ria como el antecedente sustantivo para ir determinando el modelo de organizacin poltica preexistente entre las civilizaciones prehispnicas [sobre todo la maya y la mexica[ antes de la conquista en el siglo xvi. Resulta muy encomiable el esfuerzo desplegado por Ochoa Campos para tratar de describir primero la informacin generada desde la antropologa poltica [a partir de una lectura minuciosa de las obras de autores de la propia era novo-hispana como Juan de Torquemada o Francisco Javier Clavijero[, y posteriormente ms contemporneos [como Jess Galindo y Villa, Manuel Orozco y Berra, Gonzalo Aguirre Beltrn o Manuel M. Moreno[, en donde se destaca su anlisis del funcionamiento de los calpullis y barrios, as como de algunas de sus estructuras de tribunales de justicia, las cua-les [gracias a su solidez basada en sus relaciones productivas y de parentesco[ pudieron sobrevivir en el entorno colonial mediante la igura de las mercedes reales que les recono-cieron como repblicas de indios o como reducciones, esto es, a manera de reservaciones (moc, 1955a: 35-41; 148-149).

    En lo relativo al proceso de la conquista y la introduccin de los primeros ayuntamientos coloniales, Ochoa Campos destaca la presencia desde los tiempos mismos de la organizacin originaria de la Ciudad de Mxico, como se ejerca un epicentro legal desde las institucio-nes vigentes en el imperio mexica, mismas que tenan a Tenochtitlan como sede de una confederacin de seoros, estructuras y divisiones territoriales de pueblos tributarios, de los cuales sabemos muy poco en lo relativo a sus problemas de litigio y jurisdiccin, aun-que no por ello se puede desdear el papel de vnculo que dentro de dichas instituciones posea el elemento religioso, lo cual es interesante para vislumbrar la idea de deinir si los pueblos antiguos de Mxico eran o no enteramente teocrticos en su dinmica poltica y administrativa. Adicionalmente, la posterior clasiicacin de los tipos de pueblos y las ya mencionadas reducciones conigur un importante proceso que favorece la construccin de las Leyes de Indias, as como el orden legal bajo el cual estas comunidades pudieron so-brevivir a lo largo del perodo colonial (moc, 1955a: 200-218).

    De ah que el texto de Ochoa Campos sea llamativo en este punto, porque destaca que los indgenas de alguna manera pudieron adaptarse a las prcticas institucionales y polticas

    16 Ochoa Campos describe al efecto las tipologas municipales consideradas por los trabajos de Rafael Altamira, Herbert I. Priestley y Francois Chevalier (moc, 1955a: 150-152).

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    espaolas debido a que tenan costumbres muy similares por cuanto usaban una prctica de reunin o asambleas abiertas para dirimir los asuntos vecinales, y que igualmente se pa-recan a las dinmicas caciquiles que tambin imperaban allende del mar, adems de que el elemento religioso estaba presente en ambas de alguna u otra forma, si bien ya no centrado en un componente natural, sino en uno ms antropocntrico, como lo era la cosmovisin catlica (moc, 1955a: 47-58).

    Las condiciones de implantacin de la prctica municipal en la Nueva Espaa pudieron sostenerse [aunque a costa de la limitacin expresa de algunas libertades como las de reu-nin y autorregulacin[, sobre todo a partir de 1530, en que se va dando la posibilidad de ijar con claridad una cierta homologacin de las fuentes e instancias autorizadas para tener competencia resolutiva en los actos de gobierno y controversias legales que pudieran susci-tarse a nivel jerrquico, sobre todo en la etapa en que se deine su coexistencia con la Real Audiencia y la Capitana General, las que luego seran sustituidas por la institucin del vi-rrey, nombrado desde la metrpoli espaola. Y tambin se destaca la posibilidad de poder comprar abiertamente los cargos concejiles dentro de los cabildos, prctica vigente a partir de 1591 por disposicin de Felipe ii, si bien no eran heredables. Dicha prctica se sostuvo hasta 1705, cuando fue revocada por Felipe v (moc, 1955a: 160-161).

    Desde luego, resulta interesante recuperar la descripcin puntual de las funciones que realizaban los cabildos durante la etapa colonial. Ochoa Campos resalta bsicamente las siguientes: el cuidado y el emprendimiento de la obra pblica, la supervisin de los merca-dos, la elevacin de propuestas de ley para la aprobacin del virrey, as como la provisin y asignacin de tierras, siempre y cuando stas no fuesen revocadas ni por el virrey o las au-diencias. De manera especica, por el peso asumido por el Ayuntamiento de la Ciudad de Mxico, su cabildo determin en forma sustancial los contenidos que adoptaran el resto de los mismos en el espacio de la Colonia, mientras sta dur hasta los inicios del siglo xix, cuando se dio paso al movimiento protoindependentista de 1808 que ya posee los trazos de las reformas borbnicas de inluencia francesa (moc, 1955a: 165-166).

    De manera posterior, Ochoa Campos hace un recorrido muy profuso para describir la estructura de cargos incorporados en los municipios coloniales, mismos que abarcan una cantidad de funciones amplias y/o concedidas mediante la recaudacin de los impues-tos correspondientes, sobre todo en relacin con los encomenderos y sus intercambios con las Repblicas de Indios. Destaca as la diferencia entre alcaldes mayores (o corregi-dores, posteriormente conocidos como intendentes) y los ordinarios que, a diferencia de los primeros, tambin podan ser electos y no solo designados por la corona, como acon-teca con los segundos; y stos a su vez disponan de sus instancias de apoyo, como los regidores, alguaciles, y otros referentes posteriores como las iguras del Fiel Ejecutor y el Procurador, tanto para los mbitos de la justicia como para la preservacin del orden (moc, 1955a: 175-178).

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    Otra importante tradicin analizada por Ochoa Campos que se remonta a la poca co-lonial es la de revisar las facultades legislativas que los municipios tenan conferidas por la corona espaola mediante la expedicin de ordenanzas, las cuales tambin se combinan con el carcter relativamente abierto con que podan ser desarrolladas mediante las sesio-nes del Cabildo ya referidas. Por otra parte, se menciona la experiencia de los gobiernos capitulares concedidos desde Carlos i, a partir de los cuales se poda dar la reunin de los procuradores de los asentamientos existentes en los cabildos virreinales, lo que Ochoa Cam-pos seala como evidencia de un nivel importante de autonoma legislativa, aunque ello no impidi la permanencia de acciones constantes de injerencia desde la metrpoli espaola por parte de la Real Audiencia, el Tribunal de la Acordada y la Inquisicin, instancias que tenan las funciones de hacer escrutinio de las acciones del virrey y dems funcionarios si se presuma algn desvo, traicin o puesta en riesgo de la integridad del reino en dichas tierras (moc, 1955a, 198-200).

    De alguna manera, como bien puede englobarse en una deinicin acuada por Ochoa Campos, la prctica poltica y legal de los cabildos coloniales da pauta para poder llamar a este perodo como evidencia del llamado modelo de municipio castizo, en tanto mani-festacin de la mezcla de costumbres que se presenciaron entre los siglos xvi y xviii (moc. 1955a: 218-219).

    El municipio y su lento camino hacia el federalismo democrtico en Mxico

    Posterior a las secciones en que Ochoa Campos situ las etapas del desarrollo de los asenta-mientos y ordenanzas municipales hacia la etapa inal de la Colonia al Mxico Independiente del siglo xix, en el texto se ejempliican especialmente lo que llama el ciclo de inluencia francesa, que comienza en el marco de las Reformas Borbnicas, la inluencia de la Ilustra-cin plasmada en las Constituciones de 1824 y 1857, y que se prolongara hasta el perodo de la dictadura porirista, para luego deinir los elementos contemporneos que le han sido conferidos al municipio mexicano con el escenario posrevolucionario creado por la Cons-titucin de 1917.

    En complemento a la perspectiva liberal, Ochoa Campos tambin encuentra que los con-servadores mexicanos fueron receptivos a sus homlogos franceses, lo cual se constata en tres importantes momentos: 1808, 1836 y 1862, debido fundamentalmente a la fuerza inte-lectual de la Restauracin y la receptividad con que dichas ideas y diseos institucionales fueron adoptados, primero en la etapa inal del perodo colonial y posteriormente durante los episodios inaugurales de nuestra existencia como Estado, lo cual nos hizo debatir en torno a los modelos departamental e unitario del conservadurismo imperial, o bien trasla-darnos a la dinmica de divisin territorial asentada en el federalismo de corte republicano

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    y descentralizado. Esto es, Mxico paradjicamente absorbi tres elementos: el despotismo ilustrado, el liberalismo revolucionario y la formalizacin organizativa legal del Estado de corte napolenico (moc, 1955a: 221).

    Esta suerte de revolucin a hurtadillas se deriva a partir de estrategias como la desa-mortizacin de los bienes eclesisticos y comunales, haciendo entonces ms poderosa a la hacienda pblica y las burocracias centrales del Estado moderno. De manera involuntaria, a decir de Ochoa Campos, el modelo borbnico de Visitadura General, las intendencias y la deinicin de las provincias internas con cabildos abiertos de corte informativo (pero con nuevos contrapesos polticos para mitigar la presencia cada vez ms dominante de los criollos sobre los peninsulares dentro de los propios ayuntamientos) vinieron entonces a darle un giro muy sustancial a los mecanismos de mayor control que la metrpoli espaola comienza a demandar de sus colonias hacia inales del siglo xviii, las que a su vez exigan mayor apertura comercial y autonoma de gestin interna. Este panorama, sin lugar a dudas, mostraba el trasfondo de una pugna que irremisiblemente conducira a las luchas indepen-dentistas, lo cual ocurrira ms tarde, bajo el impulso adicional de la lucha de los Estados Unidos de Amrica, que tambin resulta un factor importante a ser considerado.

    Este ltimo punto podra sealarse al paso como una carencia analtica en el trabajo de Ochoa Campos, dado que si bien el modelo organizativo municipal decimonnico es de corte francs y se ve inspirado en la teora de divisin de poderes emitida por Montes-quieu, la inluencia del esquema estadounidense justo se puede ver como un elemento de choque en la conformacin constitucional del pas, dado que paradjicamente no se adop-taron los mecanismos de tipo ms asamblesta y democrtico que caracterizaban a la vida comunitaria del vecino norteo y que fueron exaltados por pensadores republicanos como Lorenzo de Zavala, por ejemplo. Ochoa Campos con todo, deine que el nacimiento del mu-nicipalismo moderno en Mxico precisamente se da con la asonada nacionalista abierta por el Ayuntamiento de la ciudad capital en 1808, bajo la inluencia del contractualismo y el iusnaturalismo rousseaunianos cuyos lderes, Francisco Primo de Verdad y Melchor de Ta-lamantes, aprovecharon la invasin francesa y la abdicacin de Fernando vii como medio para aplicar las tesis de la soberana popular y declarar as su preferencia por la restaura-cin borbnica, o bien emprender el camino hacia la independencia total, dado que ya no haba pacto ni vnculo legal a ser respetado (moc, 1955a: 224-228).

    El tema de la soberana popular se extendera entonces hacia una interpretacin ms radical como la construida primero por Miguel Hidalgo y Costilla, pero que indudable-mente aterriza con toda su fuerza ideolgica al principio con Ignacio Lpez Rayn y luego con Jos Mara Morelos y Pavn, cuyas obras Elementos Constitucionales y Sentimientos de la Nacin seran piezas centrales para reproducir la inluencia de la Constitucin liberal de Cdiz de 1812, llegando as a un documento de enorme signiicado como lo termina siendo la Constitucin de Apatzingn de 1814, donde los cabildos ocupan, por vez primera,

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    un papel de suma importancia estratgica como base no solo de la organizacin poltica, sino como fuente de implantacin concreta de un programa humanista y social que am-paraba desde la abolicin de la esclavitud hasta la vindicacin de los valores supremos del ciudadano y el pueblo. Para el caso de la propuesta independentista, el proceso dio en-trada a la idea de elegir mediante voto directo y universal a los integrantes del cabildo, as como determinar su no reeleccin y que la integracin de los mismos fuese cada ao (moc, 1955a: 244-245; 261).

    El impacto del movimiento soberanista, basado en el retorno de la potestad poltica y de representacin a los ayuntamientos que ya no se obligaban a reconocer a la autoridad consi-derada ilegal e ilegtima, dio pauta tambin a la iniciativa de generar un Congreso Americano (defendido por cada una de las corrientes proindependentistas con mayor o menor nfasis) para dar paso a las nuevas naciones surgidas desde el continente, aunque tampoco dejaba de considerar la posibilidad de formar una patria grande, como lo llegaron a pensar Simn Bolvar y los dems libertadores sudamericanos, quienes se vieron impelidos a desplegar ejercicios similares, los que si bien tuvieron que esperar un mayor tiempo de lucha a par-tir del propio devenir de la pennsula, el impacto generado [sobre todo por el liberalismo poltico de la Constitucin de Cdiz[ sera, como ya se mencion lneas atrs, el factor de-cisorio para trazar las rutas que el municipalismo vendra a ocupar en nuestras respectivas dinmicas nacionales (moc, 1955a: 254.256).

    Sin embargo, Ochoa Campos no se muestra tan positivo con uno de los rasgos conigu-rativos del movimiento constitucional gaditano, como lo sera la creacin de las jefaturas y prefecturas polticas que, a su parecer, vinieron a distorsionar los alcances obtenidos por los propios cabildos y ayuntamientos, considerndolas incluso como antidemocrticas (moc, 1955a: 257). De hecho, la presencia de estas estructuras [prestadas de la concepcin napo-lenica y de la posterior etapa restauracionista francesa[ ofrecieron la pauta para colocarlas como mecanismos claros de control sobre los propios ayuntamientos, en tanto se les impo-na un funcionario supervisor desde el poder central y la reduccin del control sobre sus recursos hacendarios, elementos cuya implantacin en Mxico durante la parte inal de la Colonia (e incluso en la era independiente), Ochoa Campos considera que dejaron como rasgo negativo del sometimiento de los cabildos y ayuntamientos, y que inalmente here-daron a los municipios que le sustituyeron a lo largo de todo el siglo xix, en tanto la igura de las jefaturas polticas como apoyo a la accin de los gobernadores se mantuvo ms o me-nos intacta durante las administraciones liberales y conservadoras, llegando incluso a su punto ms alto durante la etapa de la dictadura porirista.

    A partir de la obtencin de la independencia, la vida municipal en Mxico adquiere una dinmica oscilante que Ochoa Campos procura describir partiendo precisamente de las expectativas que la organizacin poltica debi debatir constantemente, sobre todo en sus primeras dcadas de existencia. La conformacin del tipo de Estado (repblica o imperio) y

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    de gobierno (unitario-centralista o federal) marc dinmicas que le hicieron moverse desde la presencia de los municipios libres hasta las juntas departamentales en tanto mecanismos conigurativos del poder poltico en las localidades. De igual manera, se destaca el hecho de que, a diferencia de la decisin tomada por los Estados Unidos de Amrica respecto a crear una nueva ciudad capital ex profeso para asentar los poderes federales, prevaleci el princi-pio de incorporar un Distrito Federal dentro de los lmites de la capital del pas ya existente, lo cual justo denota la diicultad histrica de separar el peso histrico y poltico de la Ciu-dad de Mxico, respecto de la necesidad de tener un espacio simblico que sirviera como asentamiento autntico y separado de los poderes federales, como podra verse hoy en da con el caso de Brasil, por ejemplo (moc, 1955a: 265).

    A partir de 1824, el dilema del estatuto jurdico, la representacin y la eleccin de las au-toridades del Distrito Federal marcan un importante punto de discusin que Ochoa Campos admite como no resuelto dentro de la dinmica poltica del pas, ya que su literal absorcin y tutelaje por parte del congreso y el gobierno federal han marcado hasta ahora un entra-mado institucional que se mimetiza con el carcter mismo de la Ciudad de Mxico, con lo que el resto del pas se mantiene en una clara desigualdad de tratamiento y alcances. A pe-sar de ello, Ochoa Campos describe con mucha minuciosidad la evolucin de las prcticas, bandos y ordenanzas que se fueron aprobando a lo largo de las administraciones liberales y conservadores del siglo xix.

    Por ejemplo, resalta que las Bases Constitucionales de 1836, dieron pauta a una recupe-racin del formato municipal, incluido el carcter electivo popular de los mismos, si bien formaban parte de los departamentos que tenan a su gobernador y los prefectos distritales, y a su vez los llamados subprefectos de partido de los cuales dependan los ayuntamientos y los regidores que los conformaban. En este proceso, se tuvo la extincin del Distrito Federal, el cual pas a formar parte del Departamento de Mxico y se mantuvo as hasta 1846 con sus respectivas municipalidades. La restauracin federalista subsecuente solo dur hasta 1853, cuando bajo el mando del presidente Antonio Lpez de Santa Anna se regres al esquema centralista, haciendo que la porcin territorial de la Ciudad de Mxico se incorporara a lo que se llamara Distrito de Mxico y donde incluso se avanzara en un conjunto de dispo-siciones relativas a la supresin completa de sus ayuntamientos, cuestin que precisamente se detuvo debido a la revolucin liberal de Ayutla (moc, 1955a: 274-275).

    Como puede verse, la confusin y continuos golpes de fortuna en que el pas se man-tuvo inmerso durante sus inicios, gener que ste tuviera condiciones poco ptimas para deinir una correcta operacin de las municipalidades. Ni siquiera el esfuerzo ordenador de los liberales con la expedicin de la Constitucin federal de 1857 (solo interrumpida por el perodo de la intervencin francesa y el imperio) logr aterrizar en un esfuerzo tendiente a darle una verdadera insercin operativa a los municipios dentro del entorno territorial y legal basado en dicho esquema federalista, dado que no se modiic el esquema de gubernaturas,

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    jefaturas y prefecturas, y solo se restaur el rgimen del Distrito Federal y sus municipios, a los que nuevamente se les coniri el derecho de elegir a sus autoridades polticas.

    Pese a ello, la Constitucin del 57 avanz en la idea de recuperar y devolver a cada estado la posibilidad de organizarse sobre bases municipales, una cuestin lograda con la perma-nencia de los ayuntamientos de ciudad aunque, por otra parte, tienen la severa afectacin de que no pueden generar ingresos propios en materia de impuestos, como lo implicaba primordialmente la posibilidad de instalacin de aduanas internas y cobro de alcabalas. A decir de Ochoa Campos, los cambios liberales propuestos para revitalizar a los municipios quedaron sepultados precisamente porque no se desprendieron de las jefaturas polticas, ni de los distritos y las prefecturas, herencias claras del centralismo y que incluso se refuer-zan durante el perodo del emperador Maximiliano de Habsburgo, donde se regresara al esquema de departamentos (el Distrito Federal qued nuevamente disuelto siendo ahora parte del Departamento del Valle de Mxico) y con el nombramiento directo de sus funcio-narios, incluidas las cabezas de los ayuntamientos aunque con la excepcin de los regidores, de quienes se acept su eleccin mediante voto popular (moc, 1955a: 294-302).

    A la cada del segundo imperio, los gobiernos liberales dieron margen a que los munici-pios pudieran contraer deuda interna y externa con el in de relanzar sobre todo la economa de las grandes ciudades, aunque estos procesos fueron fuertemente regulados desde la ins-tancia federal, que desde esa poca tendi a centralizar la dotacin de los recursos tanto a los estados como a los municipios, condicin que se mantiene desde entonces hasta la ac-tualidad. La restauracin del Distrito Federal fue deinida en 1868 y se regres al esquema de eleccin directa de sus autoridades. Con mayor o menor nfasis, la permanencia del r-gimen de jefaturas polticas, prefecturas y municipios, signiic un esquema hbrido ms o menos generalizado a lo largo del territorio nacional, pero que al paso del tiempo no con-llev esquemas innovadores a decir del propio Ochoa Campos, lo cual explica en parte la realidad fuertemente centralizada en que el pas termin siendo atrapado de nuevo por el peso de la pirmide presidencial del poder por parte de Benito Jurez, pero sobre todo con Poririo Daz, quien min an ms la accin de los municipios con la presencia de las lla-madas Juntas Auxiliares, a travs de las cuales se comenzaron a generar las obras pblicas (moc, 1955a: 335).

    De esta manera, el arribo al siglo xx pone en evidencia que la institucin municipal permaneca notoriamente abandonada. La lucha revolucionaria abierta por Francisco I. Madero y dems pensadores crticos del rgimen dictatorial resultaba clara en su objetivo: proponer la desaparicin de las jefaturas y prefecturas polticas para dar paso a una eman-cipacin plena de los gobiernos municipales, y hacer valer una autntica soberana popular (moc, 1955a: 350). Por ello, resulta extrao que tal nivel de acuerdo existente entre todas las fuerzas revolucionarias no fuera plasmado en el Congreso Constituyente de 1917 a partir de la discusin del artculo 115, que intentar atender de manera puntual dicha demanda.

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    Los esfuerzos de actores como los hermanos Jess y Ricardo Flores Magn, Emiliano Zapata o Venustiano Carranza se colocan dentro de la lnea que autoriza a recuperar desde las autoridades municipales todas aquellas dotaciones de terreno que pudieran haber que-dado abandonadas, e incluso se le coniere a dichas autoridades la capacidad de expropiacin con ines de utilidad pblica. Desde la instancia municipal puede decirse que el proyecto revolucionario pretenda una reconstruccin organizativa desde su base ms natural e in-mediata, partiendo as de redimensionar las facultades que el viejo artculo 109 de la Carta Magna de 1857 no haba incluido en materia municipal. La primera medida destacada es la expedida por Venustiano Carranza el 26 de diciembre de 1914 (conocido como el Decreto 8 en materia de libertad municipal), y a partir de la misma se deriva la propuesta original que el jefe constitucionalista present al Congreso Constituyente reunido en Quertaro en 1916-17, por cuanto se propone la inclusin expresa del municipio libre como base directa de la organizacin poltico territorial de los estados, con lo que se eliminaban todas las i-guras intermedias formales e informales que existan hasta ese momento.

    La propuesta original se enriqueci por el propio Constituyente con la adicin de una frac-cin segunda, la cual pretenda otorgar competencias inancieras, iscales y de enseanza, entre las ms reclamadas durante el propio debate interno de comisiones. En esa misma propuesta se pretenda incluir una deinicin especica de las relaciones que deban guardar los diversos rdenes y niveles del Estado en un contexto federal. El nivel de profundidad alcanzado en los debates del Constituyente, profusamente comentados por Ochoa Campos en su texto, hacen ver que ste no fue parco ni en calidad ni en contenido, ya que en buena medida se estaba de-iniendo uno de los aspectos ms sentidos y anhelados especialmente por los defensores de la equidad hacendaria, mientras que otros seguan invariablemente la idea de lograr un espacio poltico que permitiera a los ciudadanos tanto un ejercicio cabal de sus derechos como la reduc-cin de la verticalidad del despotismo histrico, por lo que a la mencionada fraccin segunda se le dio un giro al incluir que, en caso de existir conlictos sobre el cobro, asignacin y uso de los recursos entre federacin, estados y municipios, tales podran ser dirimidas en los tribunales.

    Sin embargo, a pesar de los argumentos pertinentes de los propulsores de esa fraccin segunda [entre ellos Heriberto Jara[ y despus de un prolongado debate, dicha propuesta de adicin fue retirada, con lo que el artculo 115 se aprob en los trminos originales pre-sentados por Carranza (moc, 1955a: 384). Para Ochoa Campos, la omisin de la libertad econmica del municipio representa justamente una de las tareas inconclusas del Constitu-yente, y que al momento de redactar su tesis an no haba sido atendida, ya que las reformas y adiciones posteriores a ese artculo [hechas en los aos 1928 y 1933[ solo aludieron a la naturaleza poltica de la no reeleccin de los presidentes municipales (moc, 1955a: 388) Muchos aos tendran que pasar hasta la reforma constitucional emprendida en 1983 por el presidente Miguel de la Madrid en esta materia, precisamente exaltada por Ochoa Cam-pos en uno de sus ltimos escritos (Ochoa Campos, 1984/85: 26).

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    Mencin aparte merece el tratamiento que recibi el tema del Distrito Federal en ese mismo Constituyente, ya que adicional al primer decreto ya mencionado que expidi Ca-rranza en la materia municipal, deini la plena competencia a manos del Congreso de la Unin para reglamentar todo lo relativo a dicha parte de la Federacin, facultad consagrada en el ar-tculo 73, fraccin vi. La cuestin grave, a consideracin de Ochoa Campos, era la decisin de que el Ejecutivo Federal pudiera designar y remover libremente al Gobernador del Distrito, si bien se mantena el rgimen de elecciones directas para los ayuntamientos.

    La accin deriv en la aprobacin de una nueva Ley Orgnica del Distrito y los Terri-torios Federales expedida por Carranza el 13 de abril de 1917. Sin embargo, esto abri el camino para avanzar en la expropiacin inal de la representacin popular en la entidad, en tanto el proceso se cerr con la reforma constitucional de 1928 impulsada por el presi-dente lvaro Obregn al derogar la organizacin poltica municipal del Distrito Federal para convertirlo en un departamento dividido en delegaciones, cuyos titulares seran de-signados por el Poder Ejecutivo. Esta reforma se vio acompaada de la respectiva reforma a la Ley Orgnica de 1917 ya mencionada anteriormente (moc, 1955a: 392-394).

    Posteriormente, se dara una nueva reforma constitucional a la fraccin vi del artculo 73 constitucional en 1940, de la cual se deriv a su vez la derogacin de la Ley Orgnica de 1917, para crear as en 1941 una Ley Orgnica ya solo aplicable a regular al entonces Departamento del Distrito Federal. Cabe decir que dicha reglamentacin era la vigente cuando Ochoa Cam-pos realiz su tesis, por lo que incluy un extenso anlisis de su organizacin y competencias, con particular atencin en las tareas de los delegados y de lo que vendra a conigurarse como su Consejo Consultivo, en tanto mecanismo de opinin complemento a la labor del titular del Departamento y a la cual tambin se adicionaba, a falta de participacin poltica, la accin de las llamadas asociaciones promejoramiento de las colonias (moc, 1955a: 400-420).

    De manera muy lacnica, Ochoa Campos reconoci que el impacto del artculo 115 cons-titucional solo se relej en una transcripcin acrtica y literal del mismo en el marco de las cartas fundamentales dentro de las dems entidades federativas, por lo que mucho de la fuerza y condiciones que se esperara de la vida municipal se encontraba ciertamente minimizada, desaprovechada por el espritu de la Revolucin Mexicana en la materia (moc, 1955a: 423-425).

    Si bien Ochoa Campos seal con propiedad los avances y mritos que ello produjo para tratar de darle al modelo federalista de ah derivado una base ms slida, a su vez des-tac que precisamente uno de los factores an pendientes en la consolidacin del carcter autnomo municipal se deriva de la ausencia de una ley orgnica de carcter reglamenta-rio que hiciera plausibles las atribuciones generales descritas en el artculo 115, si bien el texto abordaba precisamente una valoracin de las iniciativas entonces existentes en el congreso mexicano sobre la materia, mismas que pretenden alentar la colaboracin vecinal y el de-sarrollo de las Juntas de Mejoramiento Moral y Cvico, as como las Juntas Federales de Mejoras Materiales (moc, 1955a: 451-473).

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    Ahora bien, el texto de Ochoa Campos posee el mrito adicional de ofrecer una descrip-cin puntual de las condiciones generales que guardaban los municipios desde un punto de vista econmico a partir del anlisis de los datos del Censo Poblacional de 1950, lo que le permiti hacer una clasiicacin muy precisa del tipo de unidades y asentamientos existentes, as como ubicar la distribucin de los entonces 2 344 municipios registrados, mismos que consigna como muy aislados y limitados en su potencial de desarrollo en tanto que apenas haba 24 municipios en el pas con una poblacin superior a los 50 mil habitantes [descon-tando desde luego al propio Distrito Federal[ al tiempo que consigna que solo 174 de ellos posean poblaciones entre 25 mil y 50 mil ciudadanos (moc, 1955a: 429).

    De ah que destacara la importancia de las acciones de la Comisin Nacional de Pla-niicacin, la cual se orientaba a generar las condiciones para impulsar una poltica de poblamiento ms racional, as como para atender y apoyar los proyectos de desarrollo que permitieran mejorar la integracin de los municipios en todo el pas.

    El hecho es importante, pues para l la viabilidad econmica del pas se encontraba claramente limitada tanto por los referidos problemas del aislamiento y dispersin terri-torial como por la falta de una autntica independencia inanciera de buena parte de los municipios. Ochoa Campos ilustr la desigualdad municipal mediante la exposicin de los ingresos que obtiene cada estado por la va municipal, y muestra la disparidad de re-cursos iscales que hay con datos de 1951 entre la federacin (78.5%), los estados (18.47%) y los municipios, a los cuales apenas corresponde 3.03% del total (moc, 1955a: 435).

    Ochoa Campos apunt que esta situacin resultaba paradjica ya que, al observar con detenimiento, exista una pirmide inversa en lo relativo al nivel de extraccin y carga iscal que los estados y los municipios aportaban a la federacin [la cual ciertamente los devuelve en forma de bienes y servicios estratgicos como salud, vivienda, educacin y agua[, pero que no pareca ser congruente al observar la carencia de obra pblica importante, sobre todo en los estados ms pobres y desiguales del pas, como lo ejempliica con el caso de su natal Guerrero, donde sorprende el dato que aporta respecto a que en 1939 haba siete mu-nicipios de dicha entidad con un presupuesto anual menor a los 500 pesos, siendo el ms pobre Metlatonoc, que registraba solo 68.20 pesos de ingreso anual propio. El dato pareciera ser trivial aqu, pero sorprendentemente los censos realizados por el Instituto Nacional de Estadstica y Geografa (inegi) y el Consejo Nacional de Evaluacin de la Poltica de De-sarrollo Social (coneval) siguen registrando precisamente a este municipio como de los ms pobres de Mxico en pleno siglo xxi.

    A partir de ese contexto, Ochoa Campos propone tomar las siguientes acciones de po-ltica pblica para alentar econmicamente a los municipios: a) hacer un uso ms eiciente del Decreto de Cancelacin de Adeudos Municipales de 1954 generado por el presidente Adolfo Ruiz Cortines; b) mejorar y ampliar los proyectos de zonas libres, para as alentar el comercio, la industrializacin y el poblamiento de las zonas fronterizas, y c) generar proyec-

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    tos de inversin a partir de expedir una Ley de Crdito Municipal para Servicios Pblicos (moc, 1955a: 439-440).

    A lo anterior, Ochoa Campos reconoce y suma los aportes crticos que los partidos polti-cos entonces vigentes tenan sobre la temtica municipal, en tanto el Partido Revolucionario Institucional (pri), el Partido Accin Nacional (pan) y el Partido Popular reconocan la importancia de impulsar no solo los encuentros de ayuntamientos, sino de propiciar la for-macin de asociaciones permanentes entre los mismos, no solo a efecto de que pudieran intercambiar experiencias, sino para que ello permitiera la suma de fuerzas y capacidades para emprender proyectos comunes, particularmente la creacin de infraestructura, cami-nos y comunicacin (moc, 1955a: 450).

    En su extenso apartado de conclusiones llama la atencin que Ochoa Campos apuntara entre sus propuestas que la viabilidad de los municipios tambin deba pasar por el retorno a las prcticas de cabildo abierto, permitir la introduccin de mecanismos como la revo-cacin del mandato de las autoridades electas; el derecho de iniciativa y de promocin de referndum, a efecto de que toda ley sea sujeta a la ratiicacin directa de los ciudadanos, los cuales tambin deben tener el derecho a objetar o protestar una ley antes de su puesta en vigor. Sin lugar a dudas, estos elementos propositivos muestran el valor y vigencia que varias de estas demandas mantienen hasta nuestros das, las cuales comienzan apenas a ser atendidas en el marco de la vida nacional.

    Ochoa Campos tambin aboga por una evaluacin sobre la viabilidad de los muni-cipios, a efecto de hacer las fusiones necesarias y as fortalecer su pertinencia poltica y econmica, pero procurando respetar sus especiicidades culturales, de manera muy especial en el caso de las comunidades indgenas asentadas en este tipo de unidades ad-ministrativas.

    Finalmente, con respecto al rgimen del Distrito Federal, si bien Ochoa Campos seala su relativo acuerdo sobre la injusta falta de ejercicio en materia de derechos polticos de un sector importante de la poblacin asentada en la Ciudad de Mxico, observa como com-plejo deshacer y reordenar las interacciones y dinmicas que el propio modelo del Distrito Federal ha acumulado desde la supresin de sus ayuntamientos, lo cual se diicultara to-dava ms con la existencia de dos tipos de autoridad en un mismo espacio, como lo seran las de tipo local y federal, a menos que se diseara la salida deinitiva de las segundas, o bien se tuviera que deinir un permetro expreso para el asentamiento de los poderes fede-rales en un espacio propio, cosa improbable dadas las condiciones de la Ciudad de Mxico y su dinmica de urbanizacin y poblamiento, lo cual releja un nivel de lectura realista no desdeable a la luz de la complejidad y condiciones que incluso al da de hoy se siguen re-visando para intentar responder a la problemtica que tiene la capital del pas y su rgimen de organizacin hasta el momento actual (moc, 1955a: 493-495).

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    A manera de conclusin

    Tomados en su conjunto, los aportes de don Moiss Ochoa Campos muestran a un pensador polifactico que pudo abordar el estudio de lo poltico a partir de una interesante formacin de corte multidisciplinario, conformada a partir de su propio periplo profesional por los terrenos de la historia, el derecho, el periodismo y, de manera muy especica, mediante su compromiso con el servicio de la administracin pblica y el Poder Legislativo mexicano. De esta manera, la suma de todas estas trayectorias previas explica la consecucin de un trabajo tan amplio y meticuloso como termin siendo La reforma municipal en Mxico, tan anticipado a nuestro tiempo y deudor de la visin de lo que la ciencia poltica y la administracin pblica contempo-rnea realizan en el marco de un campo de cooperacin con las dems reas del conocimiento.

    El sentido de obligacin moral e histrica que poseemos los practicantes actuales de una disciplina ante la crtica y los temas esbozados por quienes nos trazaron el camino de una profesin, implica precisamente reconocernos y proyectarnos a partir del esfuerzo y trabajo em-prendido por pensadores, docentes e investigadores de la talla de don Moiss Ochoa Campos. La disciplina politolgica mexicana del siglo xxi se conforma ahora por mujeres y hombres que egresan de ms de 80 instituciones nacionales. Un largo periplo, cuyo impulso marca sin duda el deber de continuarlo con el mismo rigor acadmico para las siguientes generaciones.

    Hoy, la ciencia poltica mexicana [como en el resto de Amrica Latina[ es diversa, com-pleja e intensa en sus debates y preocupaciones. Sin duda, representa un contexto difcil para solo detenerse en discusiones metodolgicas y/o rescates biogricos. Sin embargo, las leccio-nes y comparaciones que pueden ser establecidas a partir de la revisin de las aportaciones de Ochoa Campos que trat de realizar mediante el rescate de una obra tan seera como lo es la primera tesis profesional de la ciencia poltica nacional, me convencen sobremanera de que al margen de los resultados con los cuales pretendamos caliicarla, nuestra disciplina es una comunidad que sigue estando llamada a tratar de resolver los problemas ms ingentes de la sociedad, mediante acciones y propuestas sustentadas en la investigacin y la aplica-cin responsables del conocimiento como en este caso se dio con un anlisis tan profundo que abordara la importancia de la estructura municipal en el modelo del Estado mexicano.

    Sin duda, este primer ejercicio de acercamiento a los trabajos de don Moiss Ochoa Campos debe invitar a revisitarlo a efectos de poder rescatar sus aportes en otros campos del conocimiento politolgico, especialmente como historiador del sistema poltico y del Poder Legislativo. En este sentido, analizar el papel jugado por los primeros exponentes de la disciplina politolgica en nuestro pas resulta vital para seguir avanzando en dicha recu-peracin intelectual, tanto para poseer un cuerpo de destino como para estar en aptitud de pensar si estamos siendo capaces de responder adecuadamente a los dilemas y retos lega-dos por dichos antecesores, como justo son las palabras con las que Ochoa Campos cerr su tesis y que aqu se rescatan como epgrafe del presente escrito.

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    Moiss Ochoa Campos (1917-1985) El primer politlogo mexicanoNota introductoriaBreve semblanza de Moiss Ochoa Campos

    La Reforma Municipal en MxicoTesis pionera de la ciencia poltica nacional

    Concepto y evolucin del municipio desde la historia de las ideas polticasLa implantacin del municipio en Mxico Desde la Colonia hasta el siglo xixEl municipio y su lento camino hacia el federalismo democrtico en MxicoA manera de conclusin