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  • REVISTA DE LA UNIVERSIDAD DE MXICO | 51

    Habita el hombre poticamente sobre la tierra, nosdice Heidegger, implicando que a travs de la poesa yde los smbolos, el hombre intenta integrar todas las di -mensiones que lo constituyen a la realidad del mundo.A travs de los smbolos el hombre encuentra su ubica-cin y traza sus coordenadas de orientacin y pertenen -cia: puede tener cabida, como ese ser a la vez fsico y es -piritual que es, dentro del mundo. El smbolo participade esta dimensin mltiple que configura al hombre:tiene una pertenencia fsica y otra, o ms bien dira, otraspertenencias espirituales. El smbolo es la casa habita-cin intelectual que le permite pensar, sentir y desarro-llarse; integrar su experiencia, sobre la tierra y bajo elcielo. El smbolo le acerca a su intuicin, a su emocin,a su intelecto esa vislumbrada e insondable orques-tacin que es la del cosmos. A travs del smbolo puedeel hombre vivir plenamente dentro de este cosmos alque pertenece porque es su anlogo; puede vivir comohombre plenamente, y no exclusivamente como ese ani -mal poseedor de un poco de razn, tecnologa y habili-dades de supervivencia fsica, en el que la sociedad tec-nocrtica quiere convertirnos actualmente.

    El hombre sin smbolos vivos se ve sometido al peorde los despojos, pues no tiene manera de que le sean re -

    velados sus misteriosos vasos comunicantes con el mun -do; su privilegiada habitacin en el universo. No tienemanera de que le sea entregada su extraordinaria he -rencia espiritual. Sin smbolos no tendr ni voz, ni manospara reclamarla. Vivir como ciego y sordo respecto a lariqueza que encierra en s mismo; vivir sin su lengua-je espiritual. Ser un mudo y analfabeta ente atenaza-do, completamente perdido en el stano de la peor delas inconsciencias.

    Los smbolos son fundamentales para el hombre,nos dice Mauricio Beuchot, y subraya la necesidad delos mismos para la supervivencia del hombre comotal, pa ra que ste pueda desarrollar lo que es su verda-dera esen cia. Partiendo del hecho de que el hombre esun ser que habita el mundo a travs de smbolos, estefilsofo mexicano propone su concepcin de la herme -nutica analgica.

    Primero habra que aclarar que el smbolo tiene ens mismo un carcter mimtico e icnico. Hay, entre elsmbolo y su referente, siempre una relacin de ciertaanaloga. El smbolo es anlogo a su referente, aunqueesta semejanza pueda ser tenue. En ello, sin embargo,el smbolo se diferencia del signo lingstico, pues esteltimo tiene un valor meramente convencional, un va -

    Mauricio Beuchot

    El smbolo ennuestro siglo

    Vernica Volkow

    Mauricio Beuchot es uno de nuestros filsofos ms audaces ynovedosos. Su propuesta de una hermenutica analgica, ba -sada en el universo de lo simblico, es de una actualidad irre-futable. La poeta y ensayista Vernica Volkow examina la obrade Beuchot y sus resonancias en la tica, la potica y la siem-pre necesaria comprensin del otro.

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  • lor dado por su posicin particular dentro del sistemageneral de la lengua. Entre el smbolo y su referente, encambio, siempre existe mmesis o iconicidad.

    Este carcter analgico, constitutivo del smbolo lovuelve un instrumento cognitivo esencial para dimensio -nes esenciales de la experiencia del hombre. Beuchotaborda, a travs del mismo, la posibilidad de un vncu-lo cognitivo del hombre con sus semejantes y tambinla relacin del hombre con lo trascendente.

    Cmo puede el hombre conocer al otro, a ese se me -jante que es otro? Este otro permanece envuelto por sudiferencia y por una irreductible inaccesibilidad. sta seagudiza en los casos en que el otro pertenece a otra cul-tura, otra clase social, otro tiempo donde inclusive re -querimos la reconstruccin de contextos histricos paraintentar cualquier comprensin. Sin embargo, a travsde la analoga podemos llegar a entender a ese otro. Laana loga no cancela las diferencias entre mi yo y el delotro, sino que dentro de la irreductible distancia queimplica el ser ambos seres diferentes traza puentes deacercamiento que permiten una vinculacin. Este acce-so cognitivo al otro es un lugar virtual dentro de la ana-loga, al que nos podemos ir acercando poco a poco, pe -ro sin que se cierre nunca la separacin entre mi yo y elajeno. Podramos trazar un smil con el clculo diferen-cial e integral, donde por aproximacin crecien te a unameta por definicin inalcanzable, puede obtenerse infor -macin matemtica precisa sobre las reas en cuestin.

    De la misma manera en la relacin del hombre conel cosmos (para aquellos que sean ateos o agnsticos) oen la relacin del hombre con Dios (para quienes a sumanera se acerquen a l), el smbolo funciona como me -diador analgico. El smbolo nos refiere, por analoga,a esa realidad trascendente que nos envuelve de maneraviva y misteriosa. El smbolo, a la manera de un dedo n -dice, apunta silenciosamente hacia esa otra dimensintan difcil de nombrar, de hecho, imposible de nom brardentro de los cdigos cotidianos comunes. Esta di men - sin inescrutable tiene su epifana, su revelacin, a travsde los smbolos. Vislumbramos su existencia a travs deese lugar virtual que abre en s mismo todo smbolo.

    El smbolo tiene la capacidad de encerrar a la tota-lidad dentro de lo fragmentario. Hay una totalidad queexiste en el smbolo, pero que existe de manera virtual.Esta totalidad se nos revela como se nos revela tam-bin en la poesa a travs de un determinado fragmen -to privilegiado. En este sentido, Octavio Paz seala quetodo poema es un homlogo de la manera sincrnica ypletrica de correspondencias en que est estructuradoel universo. Tambin el smbolo puede acercar de ma -nera anloga a la totalidad que nos envuelve, desde laparcialidad que nos constituye.

    Una de las virtudes de la hermenutica analgica esque nos permite un conocimiento humano que integra

    tanto el acercamiento unvoco tradicional de las cien -cias humanas en el siglo XX como el equvoco que ten -di a imperar en la as llamada posmodernidad. Lasmetodologas epistemolgicas de las ciencias humanas enel siglo XX tuvieron un corte, marcadamente univocis-ta, heredado de una voluntad de imitacin de las cien-cias naturales, las ciencias fuertes. A finales del siglopasado, con la posmodernidad, se da un movimientocontrario y aun ms peligroso: el imperativo de la rela-tividad, donde se tiende al naufragio de toda referenciarectora y donde prcticamente cualquier cosa se puededecir de cualquier cosa.

    Un verdadero conocimiento de los fenmenos hu -manos tiene que integrar univocidad y equivocidad,su jetndose a una nocin de jerarqua causal, nos dirBeuchot. Esta propuesta tiene la enorme bondad deampliar el campo de lo que podemos referir como ver-dadero dentro de las ciencias humanas.

    Sin esta ampliacin de lo que cabalmente se puededecir de una creacin humana, bajo parmetros de ri -gor, quedaran las humanidades sujetas a un raquitismode devastadora superficialidad, a un mutismo que esmutilacin esencial de esa tradicin humanista quecontextualiza cualquier produccin de sentido. Esta ne - ce sidad de recuperacin de la tradicin humanista,tan fundamental para Gadamer, Beuchot nos la rescataa travs de su integracin de lo unvoco y lo equvoco.Re cuperacin de una amplitud de lo inteligible, para elsa ber acadmico, que no puede ser ms que alentado-ra, vivificante y bienvenida!

    Otro concepto de extraordinaria riqueza en la her-menutica analgica es la alternativa que Beuchot dis-tingue en el smbolo de poder funcionar o bien comoicono o bien como dolo. Hay un aspecto de icono, enel smbolo, que ste generosamente puede adquirir cuan -do se limita a ser un mediador gnoseolgico, sin llamarla atencin sobre s mismo. Pero tambin est presenteel riesgo de que el smbolo se vuelva dolo, cuando stepierde su transparencia de mediador y se encapsula enun narcisismo alienante. El dolo se pretende poseedor,l mismo, de las cualidades, poderes y virtudes de sureferente.

    El hombre, nos dice Beuchot, vive envuelto en sm-bolos que lo remiten al macrocosmos. Ejemplos de es -tos smbolos podran ser la cruz, la estrella de David,et ctera. Estos smbolos pueden ser iconos cuando se li -mitan a ser humildemente transparentes, gnoseolgica -mente mediadores, sin atraer la atencin hacia s mis mos,sino proyectndola hacia el referente. Sin embargo, cuan -do los smbolos quieren atrapar la atencin de maneranarcisista y alienante, se vuelven dolos: se vuelven ob -jetos ellos mismos de idolatra; obturan con un esteti-cismo alienante nuestro verdadero vnculo con el otroy con el mundo. Los dolos, al reificarse o cosificarse,

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  • ex cluyen a sus hermanos de analogas. Los dolos final-mente fracasan en su capacidad para vincularnos.

    Si los iconos son difanos, los dolos opacos. Si losiconos son incluyentes y nos vinculan con el todo y conlos otros, los dolos son excluyentes y nos encierran enel narcisimo y en un estril aislamiento. Finalmente losiconos privilegian la verdadera experiencia espiritual,que es un regalo comn a todos los hombres, cualquie-ra que sea su tiempo, raza, cultura o religin.

    Esta dinmica del icono y el dolo que Beuchot ex -plora en relacin con los smbolos del macrocosmos,nuestro filsofo tiene el acierto de aplicarla a las rela-ciones humanas. En mi relacin con el otro en cual-quiera de mis roles sociales puedo funcionar o biencomo un icono o bien como dolo. Soy icono cuandopuedo ser lo suficientemente humilde para que el otroa travs de nuestro vnculo pueda reencontrar supropia dimensin de libertad. Soy icono cuando no im -pongo mis propios parmetros y expectativas sobre elotro, sino que respeto su naturaleza esencial.

    En el plano de la tica, un comportamiento ticonos lanza a una recuperacin icnica de nuestro espa-cio social y espiritual, nos permite revincularnos con latotalidad; nos otorga un lazo glob

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