mahfuz naguib - miramar

Click here to load reader

Post on 23-Apr-2017

274 views

Category:

Documents

4 download

Embed Size (px)

TRANSCRIPT

  • '

    NAGIBMAHFUZ

    Miramar

  • Naguib Mahfuz

    MiramarTraduccin y prlogo de

    Isabel Hervsjvega

    CRCULO de LECTORES

  • Ttulo de la edicin original: MirmhrTraduccin del rabe: Isabel Hervs Jvega,

    cedida por Ediciones Destino, S. A.Diseo: Winfried Batirle

    Fotografas de YA sobrecubierta: Corbis

  • NDICE

    Mahfuz, el inagister del alma rota de Egipto,por Isabel Hervs

    7

    mer Wagdi

    Hosni Alam93

    Mansur Bahi'39

    Sarhn Albuheiri

    95

    mer Wagdi251

  • Prlogo

  • Mahfuz, el magister del alma rota de Egipto

    El Egipto de 1967, ao en el que se publica Miramar, esun pas convulso, agotado, empobrecido, pero sobretodo, desilusionado. Demasiadas guerras perdidas, de-masiadas revoluciones frustradas y frustrantes, demasia-das reformas econmicas y demasiadas promesas decambios polticos que se haban ido quedando -unas yotros- en la cuneta de los olvidos... Pero an no haballegado lo peor: el gran desastre militar y emocional quepara el conjunto del mundo rabe supuso la derrotafrente a Israel en la guerra de los Seis Das. Realmente,Egipto -y por extensin, los rabes- llevaban, llevan, de-masiado tiempo sufriendo decepcin tras decepcin,fueran stas a manos de los poderes extranjeros, de losautctonos, o de ambos en flagrante y sibilina conni-vencia.

    Se podra trazar una lnea histrica a partir del mo-mento en el que Napolen Bonaparte llega al pas delNilo en 1798, cuando Egipto -como cualquiera de lasnaciones actuales de dicha zona del mundo- no es msque uno de los territorios del inmenso e indiscrimina-do Imperio turco-otomano que siestea adormecido desdemediados del siglo xvi. No dur mucho Bonaparte poraquellos pagos, porque en 1801 desembarcan tropas an-glo-turcas en Alejandra para recuperar el poder tericolos segundos y para hacerse con un prolongado dominioenmascarado los primeros, ya que, de hecho, los britni-cos no dejaran el pas de manera efectiva hasta ms de

  • 10

    siglo y medio ms tarde. En cualquier caso, son estosprimeros contactos con el mundo occidental lo quehace que los egipcios empiecen a tomar conciencia de suotroridad como nacin y como pueblo frente a la leja-na autoridad otomana, que nada hace por ellos exceptoesquilmarlos de sus disminuidas riquezas. As, ya desdecomienzos del xix crece entre el empobrecido campesi-nado un sentimiento nacionalista guiado por el lema deEgipto para los egipcios, aunque no seran ellos los quetomaran la iniciativa en la revuelta ms seria de este siglo-la revolucin urab, en 188o-, sino la clase media urba-na, principalmente compuesta por intelectuales y milita-res. Finalmente, el levantamiento popular fue atajado dela forma ms expeditiva por el jedive Muhammad Taufiq:lanz un llamamiento de ayuda al siempre servicial Im-perio britnico, que bombardea Alejandra en 1882, de-rrota al ejrcito egipcio y ocupa el territorio ininterrum-pidamente hasta 1954. Inglaterra establece en primerlugar una encubierta forma de dominio -llamada porellos mismos valed protectorate- que interfiere y controlacada vez ms los asuntos internos, tanto polticos comoeconmicos y financieros a travs de explotaciones co-merciales de los productos egipcios, de la banca, etcte-ra. Es en estos aos cuando se fundan los primeros parti-dos polticos, el Partido Nacionalista y el Partido delPueblo. Ambos tienen por objetivo el logro de un sistemaconstitucional y una asamblea por un lado, y por el otroexpulsar a los ingleses del territorio nacional. Pero nadaconsiguieron, es ms, en 1915 -en el fragor de la Prime-ra Guerra Mundial- Inglaterra declara abiertamente aEgipto como Protectorado britnico para asegurarse elcontrol del territorio y de las materias primas egipcias, so-bre todo el algodn. Pasada la conflagracin, aparece enescena una nueva fuerza poltica que con el tiempo se

  • II

    transformara en partido: el Wafd, trmino que en rabesignifica delegacin, pues de eso mismo se trataba, deuna comisin de tres hombres encabezados por su lder,Saad Zaglul, que el 13 de noviembre de 1918 se presen-tan ante el Alto Comisario Britnico y le piden poder asis-tir a la Conferencia de Paz de Pars para exponer all susdemandas de independencia. No slo se les niega el per-miso, sino que los tres fueron deportados a Malta, lo queprovoca en 1919 el estallido de una de las revueltas mssignificativas y trascendentales del Egipto contempor-neo. Finalmente los lderes del Wafd son repatriados yconsiguen ir a Pars, pero all nadie los escucha, de ma-nera que a su regreso a Egipto el Wafd se constituye enun partido poltico cuya misin principal es conseguirla independencia, que ingleses y Wafd negocian duranteaos sin resultado. Por ello, en 1922 los britnicos, har-tos, emiten una declaracin unilateral de seudoindepen-dencia al tiempo que instituyen la monarqua -favorablea sus propios intereses, por supuesto- en la figura deljedive Fuad, al que mediante la Constitucin que ellosmismos redactan se le otorgan poderes casi omnmodosen el ejercicio del gobierno. Semejante desenlace no es enabsoluto lo que el Wafd espera y desea, por lo que el es-cenario poltico del pas contina siendo an inestable yprecario, en vista de lo cual en 1936 Inglaterra renego-cia con el Wafd la independencia y, esta vez ya s, ambaspartes firman un tratado. En cualquier caso, sigue sin serlo que el Wafd ambiciona-la independencia total-, pueslas tropas britnicas continan establecidas en zonasgeoestratgicas egipcias, especialmente la del canal deSuez. La Segunda Guerra Mundial no hace sino aumen-tar el descontento egipcio debido a la sensacin genera-lizada de explotacin e injusticia por parte de los domi-nadores extranjeros. La situacin se hace insostenible, y

  • 12

    en 1951 un gobierno wafdista abroga unilateralmente eltratado de 1936 y declara la independencia definitiva deEgipto, aunque el ltimo soldado ingls no abandonarael territorio nacional hasta 1954.

    Sin embargo, esta osada accin del Wafd lleg de-masiado tarde con respecto a lo que eran las expectati-vas de cambio econmico, poltico y social de las clasesms desfavorecidas, las mismas que siglo y medio anteshaban empezado a despertar del letargo al que el domi-nio turco las haba acostumbrado, aqullas que habancomenzado a reclamar Egipto para los egipcios. Paraestas masas populares la reestructuracin de un Estadoobsoleto e intil, por un lado, y las reformas econmi-cas y la redistribucin de las riquezas del pas, por elotro, eran inseparables de las demandas que los parti-dos burgueses hacan de independencia nacional. A lolargo de todo el siglo xix y el xx haban contado condestacados pensadores reformistas y hasta revoluciona-rios (por ejemplo, en 1928 se fund el partido de losHermanos Musulmanes), pero no fue hasta la llegadade Gamal Abdelnsser al poder en 1954 cuando las re-clamaciones histricas de las masas desfavorecidas co-menzaron a ser tenidas en cuenta: Nser implant unEstado de corte socialista, nacionaliz los recursos delpas, en 1960 emprendi la reforma agraria, nacionali-z la banca extranjera y egipcia, etctera. Al mismotiempo, el dirigente egipcio se erige en el mximo ada-lid de los intereses nacionalistas no ya egipcios, sino delos del mundo rabe en su conjunto, y as toma una se-rie de decisiones que lo llevan a enemistarse no ya conla potencia extranjera por antonomasia, EEUU -quepor aquella poca era, junto con la URSS, la que man-tena el dominio econmico y geopoltico en esta estra-tgica zona petrolfera-, sino con las autoridades de los

  • I3

    restantes y colindantes pases rabes, que empiezan aver en este extraordinario personaje un ejemplo disolu-to para sus oprimidos pueblos: stos lo adoran por susabiertos enfrentamientos a los designios e intereses delas potencias occidentales, representadas en OrienteMedio, segn el sentir popular, por Israel. Pero Nserno deja de ser un personaje lleno de claroscuros, y paralos propios egipcios aqulla supuso una poca de repre-sin poltica -disolvi todos los partidos-, censura ideo-lgica y corrupcin institucional. Y todo ello queda re-flejado como trasfondo de la trama argumental de lanovela que nos ocupa, Miramar, magnfico muestrariode distintos representantes de las diversas capas socialesdel Egipto naserista, plasmados en un periodo de noms de tres meses, pero con toda la historia reciente deEgipto a cuestas, lo que -entremezclado con sus cir-cunstancias y vivencias particulares- otorga una profun-da dimensin social y psicolgica a los siete caracteresprincipales que deambulan por el relato.

    Y es que Naguib Mahfuz es un experto en el arte decomponer ficciones de mundos posibles, en definitiva,un magister, no slo para el entorno literario arabfono,sino para la literatura universal en general. Pero si en oc-cidente queremos vislumbrar la grandiosa magnitud deMahfuz como fabulador y narrador, es necesario cono-cer cul fue el puerto desde el que inici su viaje litera-rio. El gnero narrativo exista, evidentemente, en las le-tras rabes, pero no as la novela tal y como se la conoceaqu desde el Renacimiento: sta es una forma literariaimportada de Europa que lleg al mundo rabe a travsde aquellos contactos iniciales en Egipto con franceses eingleses, que vieron traducidos -o quizs sera ms co-rrecto decir adaptados libremente- sus principales re-latos novelsticos junto con los de los grandes autores ru-

  • I4

    sos del realismo decimonnico. De esta manera los lec-tores rabes empezaron a desarrollar el gusto por estenuevo gnero, que abra ante ellos la posibilidad de vivira travs de l sus afectos y desafectos en ese nuevo tipode sociedad que las potencias europeas haban tradoconsigo al tiempo que las acciones militares, las injeren-cias polticas y el expolio econmico. Pero an quedabaalgo por resolver: la lengua. Porque no slo ocurre quela lengua rabe escrita est -an hoy da- en mayor omenor medida alejada de las distintas lenguas que se ha-blan en cada esp