loca ficcion

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    Nota del editor

    Loca Ficcin es un libro digital colaborativo,compartido sin costo por la editorial bajo lalicencia Creative Commons BY-NC-ND 3.0(http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/)

    El registro de autora de los textos que locomponen es responsabilidad de los mismosautores. Su participacin en el libro se dio enforma de colaboracin con fines de difusincultural.

    No se permite la comercializacin de cualquiercontenido de este libro.

    Este libro es compartido por la editorial Puente

    Latino.

    Conozca otros libros colaborativos compartidossin costo enwww.puente-latino.org

    ISBN 978-956-9350-00-9

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    PRLOGO

    Viejas como el miedo, las ficciones fantsticasson anteriores a las letras. Los aparecidos pueblantodas las literaturas: estn en el Zendavesta, en laBblia, en Homero, en Las Mil y Una Noches.

    Estas palabras del autor fantstico argentinoAdolfo Bioy Casares son muy precisas en mostrarlas profundas races de incertidumbre en que seconstruy todo lo que nosotros solemos entendercomo ficcin.

    No aceptar los smbolos establecidos, las reglas,los rieles de la realidad objetiva. Y agregar a todolo que el mundo impone a cada uno la posibilidadimaginaria de un otro. Un otro smbolo, unaotra regla, otro riel de realidad.

    La foresta del fantstico en la literatura y susderivaciones en el cine, las artes visuales, no tienenada que ver con escapar de los rigores de la vida.Todo lo contrario: ella nos hace percibir distintolo que quieren que veamos como igual, nos haceencontrar relieves en lo que quieren plano, exponeel movimiento de lo que quieren esttico.

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    Especficamente en la literatura hispanoamericana,

    el fantstico sembr quizs sus ms productivassemillas. Los ocho cuentos que componen estelibro colaborativo son una interesante muestra deesta vitalidad.

    Son textos de personas que decidieron colaborar

    para que un nuevo libro (de hecho un libro denuevo tipo) pudiese surgir. Los textos vienen deArgentina, Brasil, Chile, Espaa y Peru. Algunosde los autores son escritores profesionales. Otrosse presentan de otras maneras, sin que su trabajo

    sea para nada menor.

    Estes valientes escritores colaboradoresdecidieron aceptar el desafo de una editorialque les propuso lo siguiente: publicar su cuentoen un libro colectivo producido a partir de unaconvocatoria por internet, dicho libro siendoexclusivamente digital y adems con la finalidadde compartirlo con el pblico sin exigir cualquiertipo de pago por ello.

    Una aventura colectiva con destino a la culturacolaborativa. Se puede ver ah algo quijotesco ynada ms. O ms bien se puede ver una posibilidad

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    de futuro para que los jvenes del universodigital se acerquen a los libros. Probablemente

    no aceptarn el rol tradicional de lector, lo quequizs no sea mal. Posiblemente van a exigir delos libros nuevas vas de comunicacin. Y as, elasombro tecnolgico puede ocultar el efecto deun buen cuento fantstico: la movida radical delas estructuras establecidas.

    Bienvenidos al juego.

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    NDICE ALFABTICODE AUTORES

    Agustn Arosteguy - Figuras

    Alejandro Lrida Hormigo - Tarde Color deTierra

    Bernardo - La Idea de Justicia

    Daniela Fernndez - Ciencia

    Fausto Oliveira - La Sea

    Gabriel Mattos - Argumento de Novela en Clavea Moda Brasilea

    Julio Enrique Lucirnagas - Cinco Cuchilladas

    Matas Araya - Dolor, Dolor

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    FigurasAgustn Arosteguy

    La noche me es ajena, me da su espalda. El sueose mezcla entre las sbanas, se pierde por debajode la almohada (se extrava).Doy vueltas en la cama, me imagino dentro de

    un cuadro visto desde arriba. Me convenzo quepodra adoptar la forma geomtrica que quisiera.Me fascina la idea.Despacio y en silencio comienzo con una figurasimple como es el ovalo. Culmino sonriendo yquiero ms. Visualizo un tringulo, pero para

    complicarlo le quito un vrtice, como si hubiesesido arrancado de un tarascn. Espero unossegundos, soy tringulo, no puedo avanzar, vuelvoa comenzar, me doy maa y logro conseguir lafigura propuesta. Me veo forzado a descansar antes

    de pasar a otra figura. Respiro profundamentesin abrir los ojos, trago saliva, con la lenguahumedezco mis dientes y encas, y se me aparecela figura de un rectngulo. Soy un rectngulo enun abrir y cerrar de ojos, deseo entonces ocupartoda la superficie de la cama. Empiezo a estirarmelentamente con mucho esfuerzo, siento dolorpor la piel que va cediendo pero contino, nadame detiene. No consigo mantenerme por mucho

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    tiempo en esa figura extremadamente alargada yvuelvo al centro.

    No puedo salir de mi asombro, pienso queno existe nada que me limite. Me siento muyorgulloso, como si hubiese nacido para este fin.

    Naci en Balcarce, Argentina, en el ao 1977. Harealizado cursos de escritura con Cecilia Szperling y

    de poesa con Cecilia Vicua. A su vez, realiz el cursode dramaturgia con Mauricio Kartun y una oficina deguin con Di Moretti. Ha publicado poemas, cuentosy microrrelatos en antologas de Espaa y Argentina,y tambin en revistas virtuales de Mxico y Chile. Esmiembro de la Red Literaria del Sureste, Mxico y co-

    labora con artculos culturales de opinin con el Centrode Profesionales por la Identidad Social, Argentina.En diciembre del 2012 por la Editorial Fuga (Chile)

    public su primera novela Escaram Majestic. Resideen Rio de Janeiro, Brasil.

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    Tarde Color de TierraAlejandro Lrida Hormigo

    Aquella tarde lo sabra.Lo desvel de la siesta la inabarcable luz de lascinco arandole los prpados. Ganado por lasugestin onrica, no pudo en cambio recobrar

    nada de aquel sueo. Todo en l era prdidairrestaable. Pero como las circunstanciasapremiaban, no pens ni un momento en si estabao no bajo los peores auspicios. En tal caso, la tardeno le pareci distinta de las anteriores. Era unda como otro cualquiera, un da agresivamente

    aburrido, donde la muerte otra vez era algo queera lo de siempre, exacta como un logaritmo ynatural como el olor de los jazmines, algo que condesafiante insistencia sacaba vidrios de los ojos.Por el gastado camino hasta el antiguo cementerio,

    se entretena como de costumbre observandocualquier cosa capaz de dar inters y sentidoa aquel paseo. Y era natural que insinuase sumontona sonrisa ante el conocido despecho y lafacilidad con que el viento abofeteaba las ramasde los sauces. Luego se le poda ver silbar alegrey convencido de que esa tarde tampoco llovera.Una vez all, repar de inmediato en que el lutode la gente rodeaba el atad casi por completo.

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    Por alguna extraa razn, desconoca an dequin se trataba. Algunos callaban, que es otro

    modo de expresarse; otros lloraban, como siencontraran en semejante hecho alguna clase deutilidad; los haba, tambin, que hablaban tantode la vida como de la muerte. Lo que estaba claroes que haba acudido todo el pueblo. Deba de ser,entonces, una persona muy querida por todos,

    de gran importancia. Pero l, simplemente, conla pala en la mano, tras el enjambre de rostros ymiradas, resbalando las unas en los otros, en unapromiscuidad de sombra y llanto, aguardaba suturno y el momento de darle a la tierra su ltimo

    cucharn de angustia y polvo, y regresar as a casajunto a su hijo, pues era la nica sepultura de eseda.El cielo, ahora, contradicindolo, goteabadesganadamente, como si an no se decidiera aromper su cscara o no pudiera hacerlo. La luz,ms enclenque cada vez, se agazapaba como podaentre las apretadas briznas de hierba, entre losminsculos resquicios de las tumbas. La luz eraya, sin duda, algo vislumbrado con el rabillo delojo. Lleg la hora entonces, y con ella el momento

    de ejecutar su atvico y noble oficio. Y sinti degolpe la impresin de algo inesperado que nosupo repudiar. Saltaba a la vista que el corazn

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    le palpitaba, los pulmones le silbaban como doslocomotoras, como presintiendo el infausto

    desenlace. Y antes de que pudiese darse cuentaestaba fuera de s, sumido en un pnico absolutoante el relampagueante latigazo que flagel suspupilas.Era l.Rigurosamente, l: los mismos ojos, las mismas

    manos...Lo raro era que aquello no poda ser cierto ni real.Otro delirio que aadir al catlogo salvaje de susdesvaros, pens tras haber visto a la muerte decerca tantas veces, sin la ms mnima partcula

    de polvo entre sus dudas. Y ahogado en su horrorreconoci colores y formas y lugares y objetos desu vida: una silla, la cortina de una ventana, un lode ropa, un tenedor, una piedra, un pendiente demujer. Y record, antes que nada, una cosa sencilla:record a su madre entre fogones mientras que elcrujiente olor de la cebolla frita decoraba el airede la casa de humildad. Y record despus la viejapala de su abuelo, aquella suerte de reliquia con laque su padre le ense a abrir hoyos en la tierra.Y lo entendi todo, todo lo que no se conoce sin

    pasin. Entendi su gusto por las lpidas, las floresmortuorias y los epitafios. Entendi que nuncahaba ledo nada ms hermoso en una piedra:

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    No llores, Amador, recurdame desnuda,

    vestida con tus ojos, amor mo:vers la misma luz, los mismos ojos,del sol que fisgonea entre las lilas.

    Despacio te amar siempre Violeta,te esperar sin prisa entre las sombras.

    Entendi, al fin, a este propsito, que la memoriapuede engaar a los ojos y, como si furamosunos vulgares cros, gastarnos una broma. Losrecuerdos, s