Las ciudades de Andalucía occidental en la Baja Edad ... ?· ... sociedad, morfología y funciones…

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  • Las ciudades de Andaluca occidentalen la Baja Edad Media: sociedad,

    morfologa y funciones urbanas

    Miguel-Angel LADERO QUEsADA(Universidad Complutense, Madrid)

    1. INTRODUCCIN

    El ttulo de esta comunicacin es tan amplio que sugiere ya sucarcter de ensayo o introduccin general. No hay estudios de inves-tigacin que traten directamente el tema propuesto por lo que se re-fiere al rea andaluza, y es muy desigual la utilizacin de fuentes docu-mentales en los libros y artculos de diversa calidad que he podidomanejar, referentes en su mayora a temas de historia del urbanismoo de la arquitectura eclesistica> militar y civil. Otro problema insal-vable, hoy por hoy, es la imposibilidad de fechar con precisin mu-chas inversiones y gastos urbansticos y la ausencia de cuentas queindiquen su valor, de modo que resulta aventurado relacionar inver-sin y coyuntura econmica. Lo que es peor an, muchas de las edi-ficaciones y realidades urbanas materiales de la Edad Media cristia-na han desaparecido porque en Andaluca se han combinado terre-motos (1356, 1386, 1522, 1658-1659, 1755, 1804...) y materiales de cons-truccin frgiles (barro, cal, madera...) para hacer ms inestable elrecuerdo del pasado urbano en algunos de sus aspectos, de tal maneraque en muchas de sus ciudades y pueblos predominan, como ms an-tiguas, creaciones de la poca barroca siglo xvii y xviii ocultandola realidad de un proceso urbano y de unas inversiones mucho msremotas.

    Teniendo en cuenta tantas limitaciones, acaso la nica va de in-vestigacin posible para abordar el tema consista en fijar una tipolo-ga de caracteres y elementos del urbanismo bajo-medieval andaluz,incluyendo en este concepto no slo la realidad tangible de las ciuda-des sino tambin, en la medida de lo necesario, el espacio territorialorganizado a partir de cada una de ellas y del que son cabeza. Ser

    La Ciudad Hispnica siglos XIII al XVI. Edit. Universidad Complutense. Madrid 1987.

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    fcil as conocer en qu se gast o invirti, por qu, quin y con qufinalidades, aunque no se encontrar a menudo respuesta para las otraspreguntas clsicas: cunto, cundo e incluso dnde> son aspectos que5010 futuras investigaciones sobre fuentes documentales y arqueolgi-cas podrn aclarar, y no siempre.

    La encuesta se ha limitado a los principales ncleos urbanos delvalle del Guadalquivir: Sevilla es el mejor conocido y el ms impor-tante. Dentro de su antiguo reino se estudian tambin datos de Je-rez de la Frontera, Ecija y Carmona. Crdoba> ncleo urbano muyimportante, es tambin el nico en el valle medio del Guadalquivir y,por ltimo, en el alto valle se ha tomado como modelo la ciudad deUbeda en la opinin de que refleja tambin la realidad urbana de otrosncleos prximos de importancia similar, como son Baeza, Jan yAndjar. No se hacen alusiones a ciudades del antiguo reino ele Gra-nada, especialmente su capital y Mlaga, porque, aunque hay fen-menos iguales o muy semejantes a los estudiados> ocurren desde losltimos aos del siglo xv, cuando el reino fue incorporado a Cas-tilla> y parece evidente que esta peculiaridad cronolgica debe dar lu-gar a una investigacin distinta.

    Toda realidad urbana es resultado y parte de una sociedad deter-minada. Tiene sentido recordar aqu esta especie de axioma porquellama la atencin el contraste entre un urbanismo antiguo, andalusen su mayor parte, y una sociedad nueva, la de los repobladores, hom-bres pertenecientes al mundo medieval europeo. Se dira que el cuer-po social de la nueva Andaluca ha aceptado vestirse con los viejosropajes del urbanismo islmico, pero la realidad tan aparente de loque ha permanecido oscurece con exceso los cambios, que tambinse produjeron. En cualquier caso, hay que tener en cuenta cules sonla estructura social y las realidades polticas establecidas en el valledel Guadalquivir a raz de su reconquista en el siglo xm, como me-dio ambiente en el que van a surgir las inversiones urbanas.

    Entre 1224 y 1275 naci en la Andaluca del Guadalquivir una so-ciedad nueva, distinta de la que anteriormente poblaba aquellas tie-rras. La novedad comienza en el aspecto biolgico: la inmensa mayo-ra de los musulmanes fue expulsada o emigr al reino nazar de Gra-nada o al norte de Africa y los musulmanes mudjares que perma-necieron fueron grupos muy exiguos, que habitaron casi siempre enciudades, o cautivos de las guerras y escaramuzas frecuentes que en-frentaron a Castilla y Granada en los siglos xiv y xv. Puede afirmar-se que la minora musulmana no alcanzaba el 1 por 100 de la pobla-cin total del valle del Guadalquivir en el siglo xv, porcentaje menor,incluso, que el registrado en otras regiones de la Corona de Castilla.El resto de la sociedad andaluza de la baja Edad Media procede deelementos algenos, que repueblan el pas en los aos siguientes a su

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    conquista. Incluso tienen este origen externo las comunidades urba-nas judas, importantes antes de las persecuciones de 1391, en espe-cial la sevillana, que contara con unas dos mil personas en el si-glo xiv.

    La gran masa de los pobladores son cristianos> descendientes decolonos llegados de ambas Castillas en su mayora. Dotados de plenalibertad jurdica y de ley o fuero igual bsicamente, se distinguenpronto entre ellos diversos sectores minoritarios por razn de susprivilegios fiscales los francos o de sus preeminencias milita-res, institucionales y socio-econmicas, que pueden derivar en la cons-titucin de linajes nobiliarios caballeros de cuanta, caballerosde linaje. Dentro de la mayora de pobladores no privilegiadospecheros hay que hacer tambin una distincin entre los quehabitan en los ncleos urbanos y el campesinado. Los primeros sebenefician del predominio econmico e institucional de la ciudad so-bre el campo. Los segundos, adems, pueden estar sujetos al rgimenfeudo-seorial, que se expandi en la Andaluca btica durante los si-glos xiv y xv segn una modalidad evolucionada capaz de coordinarsu existencia y su auge con la presencia de potentes gobiernos muni-cipales de realengo y tambin con el desarrollo de las institucionespropias del primer Estado moderno.

    Porque, en efecto, una de las caractersticas ms importantes de laevolucin social y poltica andaluza de los siglos xiv y xv es el pro-greso de unas oligarquias en el dominio del pas. Ya en los deceniosde la repoblacin, siglo xiii, los reyes atribuyeron grandes propieda-des donados a instituciones eclesisticas poderosas o a aris-tcratas seglares, e incluso estimularon la aparicin de seoros ju-risdiccionales en algunos sectores, sobre todo en los ms cercanos a lafrontera con Granada. Pero en los dos siglos siguientes hubo un enor-me incremento de la gran propiedad agrcola a costa de la medianay pequea, y el nmero e importancia de los seoros jurisdiccionalesaument. Al mismo tiempo, sobre todo desde 1369> este poder acumu-lado y en vas de crecimiento tiende a fijarse en las mismas manos, altransmitirse dentro de los linajes merced al mayorazgo y otrasinstituciones.

    La aristocracia de primer rango ha conseguido as extensos seo-ros feudales y grandes propiedades y ha intervenido en las esferasde la vida poltica local, regional y a escala de todo el reino. Loslinajes ms modestos y numerosos han constituido por su parte ohgarquias dueas de la poltica local de cada urbe> en estrecha rela-cin con los diversos miembros de la alta aristocracia. Unos y otros,al adoptar un modo de vida urbano, han atrado hacia las ciudadesla mayor parte del excedente de renta agraria, facilitando as a la eco-noma urbana una masa de riqueza con la que no habra podido con-

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    tar en otra situacin. Adems, al estar situada Andaluca en el crucede grandes rutas mercantiles entre Mediterrneo y Atlntico, fue po-sible beneficiarse de un comercio de trnsito e integrar la economaagraria en el mbito del comercio inter-regional: las poderosas mino-.ras de mercaderes extranjeros genoveses en Sevilla y Jerez, porejemplo, las actividades de elementos judos y judeo-conversos, nodeben ocultar el hecho principal de que aquel beneficio favoreca so-bre todo a la aristocracia andaluza> que supo controlar el mercado sindejar de ser feudal, increment as su riqueza y su vocacin de vidaurbana, e impidi tambin la aparicin no de burgueses pero s deuna burguesa con conciencia de grupo social bien diferenciado.

    Podra decirse as que en las ciudades andaluzas bajo-medievalespredomina el tipo social del caballero y es muy escasa la figura delburgus ms o menos ennoblecido. Al no existir un elemento burgusespecifico dentro de las mentalidades colectivas de la poca, tampocohabr inversiones urbanas que puedan atribuirsele. Pero la vigenciade las mentalidades nobiliarias y feudales no se explica slo por elpodero institucional y el control de la riqueza, en manos de la aris-tocracia, sino tambin por la presencia de una frontera militar> la l-tima de la Edad Media espaola, que da vigor efectivo y no simple-mente brillo cortesano, a los valores caballerescos tradicionales enun mundo que segua siendo bsicamente guerrero y campesino apesar de sus slidas y brillantes creaciones urbanas.

    La divisin entre sociedad laica y sociedad eclesistica es de-masiado artificial porque, al menos en Andaluca> fueron muy fuerteslos lazos familiares y de intereses entre la aristocracia seglar y el altoclero diocesano. Sin embargo> es evidente la gran importancia quetuvo el hecho de estar incluidos los eclesisticos en una jurisdiccinespecial y su disfrute casi en exclusiva del diezmo, el impuesto msimportante sobre la produccin agraria, aunque tanto la Corona comola aristocracia intervenan en su disfrute mucho ms que en otrospases europeos a travs de las tercias reales (2/9 del diezmo entodo el reino) y de los acuerdos entre Iglesia y seores feudales parael cobro de la renta en los seoros.

    Aquel alto clero de obispos> cannigos, racioneros y beneficiadosmanejaba e inverta la mayor parte del diezmo eclesistico> sin em-bargo, en la archidicesis de Sevilla y en las dicesis de Crdoba,Jan y Cdiz. Las actividades econmicas, las fundaciones e inversio-nes del bajo clero y de las Ordenes monsticas derivan ms de formasdiversas de piedad> popular o aristocrtica, pero reflejan igualmentela creacin y el mantenimiento de determinados fenmenos ideolgi-cos a partir de las realidades profundas de una fe religiosa. Dada laenorme importancia que aquellos elementos tuvieron como factor decohesin e identidad social, dada la riqueza de muchas instituciones

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    eclesisticas, no ser extrao comprobar que las inversiones ms nu-Indas e importantes en los medios urbanos fueron las religiosas, jun-lamente con las militares.

    Hay, por ltimo, otro elemento de la realidad social que influyemuy directamente sobre el tema de las inversiones urbanas, como esel nmero de los habitantes del pas y su evolucin. Las fuentes do-cumentales son muy pobres en Andaluca a este respecto y no permi-ten establecer series ni casi dar cifras. Sabemos que las repoblacio-nes del siglo xiii, centradas en los ncleos urbanos y en los puntoscon valor militar sobre todo, fueron insuficientes para llenar el va-co dejado por la emigracin musulmana. Es probable que hacia 1275Sevilla contase con unos 24.000 habitantes y Jerez con 10.000. En laprimera mitad del siglo XIV alternaron perodos de crisis (1296-1303,1343-1346) con otros de cierta recuperacin que permiten incluso con-tinuar las repoblaciones rurales (1325-1340). Parece que la primeraepidemia de peste bubnica, en 1348-1349, fue menos catastrficaque su repeticin en 1363-1364, 1374 y 1383, que llev a las ciudadesandaluzas a mnimos de poblacin: segn el primer padrn generalque conocemos, Sevilla tena en 1384 poco ms de 15.000 habitantes,y segua siendo> sin duda, la mayor ciudad del valle del Guadalquiviry posiblemente de toda Castilla. Desde comienzos del siglo xv se pro-duce un incremento muy fuerte de la poblacin andaluza que hacemultiplicarse su cifra total estimada: de unos 200.000 a comienzosdel siglo, a unos 500.000 en sus postrimeras (no incluyendo los 300.000que habitaran en el reino de Granada). Las cifras de poblacin ur-baria acusan este auge: Sevilla tendra en tomo a 25.000 h. en 1430,35.000 a 40.000 en 1490, y, pasado el bache del primer decenio del si-glo xvi, alcanzara los 50.000 en torno a 1530. Crdoba contara conunos 25.000 h. al terminar el siglo xv. 15.000 en Ecija, 13.000 en Jerez,&000 en Carmona y entre 15 y 20.000 en Ubeda, Baeza o Jan. Aunquese trata de cifras altas para la poca> son menores que las citadasen manuales al uso sobre historia espaola y, por otra parte, pareceque el crecimiento poblacional andaluz del siglo xv fue incluso msrpido e intenso en los ncleos rurales, lo que explicara en partetambin la rapidez con que se repobl en el reino de Granada a raz desu conquista, en los ltimos doce aos del siglo xv.

    II. PLANOS URBANOS Y RmARTo ZONAL

    Todas las ciudades incluidas en nuestro estudio conservan duran-te la baja Edad Media y tiempos modernos el espacio urbano quetenan en poca islmica sin modificarlo apenas. Su permanencia seconstata en los primeros planos urbanos generales conocidos: los dos

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    mejores ejemplos son el de Sevilla, realizado en 1771 por orden delasistente real, Pablo de Olavide, y el de Crdoba de 1811, llamado delos franceses porque se hizo durante la dominacin napolenica.

    Sobreviven, en algunas ocasiones> rasgos del primitivo urbanismoromano. As, en Carmona se distingue fcilmente los dos ejes princi-pales cardo y decumano que se cruzan en la actual Plaza del Sal-vador, y en Sevilla ha sido posible reconstruir con facilidad el mbi-to de la ciudad romana. En Crdoba, la antigua medina correspon-de al recinto amurallado en tiempos romanos y visigodos. Pero loprincipal del urbanismo, planos y trazado viario que encontraron losrepobladores del siglo xiii corresponde a la poca andalus: apenashay diferencias entre la Crdoba califal (medina y barrios de laajarqua>) y la de los siglos siguientes. Jerez y Carmona tampocosalen de sus recintos murados hasta el siglo xv. En Sevilla se conocecon detalle el proceso de ampliacin de la ciudad islmica en sus dosmomentos principales: a mediados del siglo ix, por obra de Abd al-Rahman II, y en la primera mitad del siglo xii> en poca almorvide,Ms adelante se indicarn las obras de defensa y otras edificacionesy cambios menores introducidos por los almohades en ciudades delbajo Guadalquivir entre 1170 y 1220, aproximadamente. Las transfor-maciones de la herencia islmica debieron ser mayores en las urbesdel alto Guadalquivir, sujetas a ataques y destrucciones en el siglo xivdurante las guerras con Granada, y en Ecija> donde el terremoto de1755 oblig a una inmediata y profunda renovacin urbana: pero entodos estos casos se respetaba tambin siempre el espacio urbanoacotado desde tiempos islmicos.

    La presencia continua de maestros albailes alarifes> y car-pinteros de lo blanco para estructuras y techumbres mudjareso educados en tcnicas de tradicin andalus, fue un factor importan-te de conservadurismo. Las normas sobre sus oficios> con referenciafrecuente a aspectos de la organizacin y paisaje urbanos, pueden leer-se en las Ordenanzas municipales de Sevilla y Crdoba. Las sevillanasdatan al parecer en estos aspectos concretos de tiempos de Alfonso X,en la segunda mitad del siglo xiii> y las cordobesas, fechadas a par-tir de 1435, recogen evidentemente usos y normas anteriores.

    Ha habido, sin embargo> elementos de cambio. En primer lugar,la modificacin del nmero de pobladores influye forzosamente en elespacio ocupado por cada vivienda y sus espacios anejos y, ms engeneral, en las formas de uso de los mbitos ocupados por edificacio-nes. No podra ser de otra manera, porque Crdoba lleg a tener msde cien mil habitantes en el siglo x, incluyendo los arrabales occiden-tales que desaparecen antes de la reconquista cristiana, y la Sevillaalmohade de finales del siglo xii pudo albergar unas ochenta mil per-sonas en sus 287 hectreas, incluidas dentro de las murallas. Comp-

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    rese esta realidad con las cifras de poblacin bajo-medievales indi-cadas anteriormente. En Ecija (56 Ha.> 18.000 habitantes en el si-glo xv) y Jerez (46 Ha., 16.000 hab.), las variaciones en la densidadde poblacin urbana no habran sido tan considerables pero sonfrecuentes los casos en que un poblador cristiano ocupa varias vivien-das musulmanas antiguas y las funde en una sola con sus anejos.

    En el caso mejor estudiado, que es el de Sevilla, se comprueba queel descenso en el nmero de habitantes de la ciudad repoblada pro-voca diferencias grandes en la ocupacin de unos u otros sectores dela ciudad e influye en modificaciones del trazado viario. En efecto, lasfundaciones monsticas del siglo xiii, que ocupan amplsimos espa-cios, se sitan casi todas a lo largo del frente occidental de la ciudad,muy prximas a la muralla, y los barrios perifricos tienen una ex-tensin muy grande, mientras que en el sector ms antiguo y mejorpoblado de la ciudad, en torno a sus centros religiosos y econmicos,nueve barrios se apian en slo el 10 por 100 del espacio urbano.Basta echar una ojeada al plano de Sevilla escribe Antonio Collan-tes de Tern para comprobar que, desde el punto de vista urbans-tico, se puede dividir a la ciudad en tres sectores. Si trazamos sobreel mismo una cruz que lo divida en cuatro partes> el primer sectorcomprendera el cuadrante sudoriental, coincidente con bastante apro-ximacin con la parte ms antigua de la ciudad, constituida por uncasero apretado, con una red viana densa e intrincada. El segundosera el comprendido en el cuadrante opuesto, el noroccidental, quelo es tambin desde la perspectiva urbanstica, ya que se trata de es-pacios un los que domina la lnea recta, con calles tiradas a cordel ymanzanas rectangulares; dicho sector se puede prolongar a lo largodel frente norte de la ciudad, hasta la Puerta de Crdoba. El tercersector comprendera el resto de la ciudad, con una red viana bastanteregular entre la que se intercalan manzanas de dimensiones notables,especialmente en el cuadrante noroccidental, que dan la sensacin degrandes espacios sin construir, o de construccin tarda. La concep-cin urbanstica de los sectores segundo y tercero, segn dicho autor,parece apuntar hacia una creacin de origen cristiano, ms medie-val que moderna, evidente en la planificacin de algunos barrios: SanVicente, San Lorenzo, Omnium Sanctorum y San Gil> especialmente.Los nombres de muchas de sus calles ya existen en el siglo xiv.

    Salvando estas excepciones y otras peor conocidas, por lo demsse conservara el plano hispano-musulmn y muchas caractersticas deordenacin y paisaje urbano propias de las ciudades andaluses, aun-que surjan calles amplias o con soportales, de estilo europeo, en al-gunos casos vg., la cal de Alemanes, en Sevilla. Un ejemplomuy demostrativo de la permanencia urbanstica islmica lo propor-ciona el papel y la frecuencia de la plaza. Las hay que ejercen las ve-

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    ces de plazas mayores, al modo castellano, como la de San Fran-cisco de Sevilla, o la de la Corredera, en Crdoba, muy modificadaen el ltimo tercio del siglo xvii. Tambin abunda la plaza en tornoa una parroquia, a menudo con funciones de cementerio, o formandoparte del comps> o mbito de un convento. Algunas de ellas sonde origen islmico, al haberse asentado muchas parroquias sobre an-tiguas mezquitas, pero dicho origen se observa con mayor claridad enlas plazas y plazuelas que tienen una funcin econmica preponderan-te, como lugar de emplazamiento de puestos mviles de venta, o mer-cadillos especializados. Tambin reconocen dicho origen islmico losgrandes espacios extramuros o cercanos a los alczares, antiguas mu-saras, y los surgidos sobre honsarios o cementerios judos y mu-sulmanes. A este tipo responderan algunos de los Campos cordobe-ses, o la Plaza de las Caas, de la misma ciudad> dedicada a ejerciciosecuestres en la baja Edad Media.

    Por el contrario> la concepcin de la plaza como elemento del pai-saje urbano, destinado a poner de relieve la esplendidez de un pala-cio o la riqueza del dueo de la casa contigua, es reflejo de nuevasideas urbansticas y sociales propias del mundo renacentista, que pro-vocan, desde finales del siglo xv una verdadera mutacin en la formade concebir la vivienda y su entorno. A mediados del siglo xvi ya nohaba caballero en Sevilla que no tenga una placeta frente a su casa,ni iglesia que no tenga una o dos (Peraza): el fenmeno arranca delos aos finales del siglo xv, con la construccin en la ciudad de nue-vas plazas la del convento de Madre de Dios, 1487; la de la Alhn-diga> en torno a 1500 sobre todo ante los palacios de la alta noblezaplaza de Pilatos, desde 1480> ante la mansin del adelantado de An-daluca. Plaza del Duque, ante el palacio ducal de Medina Sidonia.Las inversiones para adquirir solares que permitiesen la existencia oampliacin de plazas estn documentadas en bastantes casos desdeel siglo xvi.

    Los repobladores cristianos han introducido en las ciudades anda-luzas un nuevo reparto zonal, basado en la collacin o barrio de-pendiente de una parroquia. Es importante conocer este reparto porque es la base para efectuar padrones o censos de vecindario, repar-tir impuestos y obligaciones que a veces estn relacionado con inver-siones urbansticas. Al margen de las collaciones cristianas perma-necen las juderas, que se establecen tanto en Sevilla como en Jerezy Crdoba en reas prximas a los respectivos alczares, siguiendo latradicin islmica de situar la mellah hebrea cerca de la proteccinofrecida por el poder militar y poltico del alcaide que representa almonarca en la ciudad. No hay, por el contrario, moreras antes delsiglo xv aunque se tiende a la concentracin de los mudjares y, des-de luego, siempre son objeto de padrones especiales.

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    Los nombres de las parroquias o collaciones reflejan a menudola mentalidad simblica del cristianismo medieval. En Sevilla compo-nen una imagen de la Iglesia triunfante en sus diversas categorasde santos confesores y mrtires, segn demostr Julio Gonzlez. EnEcija se asiste a una reconstruccin del Calvario Santa Cruz> SantaMara, San Juan venerado por una bienaventurada smbolo de laIglesia Santa Brbara. En Jerez son los cuatro evangelistas y elsanto conmemorado en el da que se conquist la ciudad, San Dionisioo Leons. En todos los casos, la dedicacin de la iglesia principal aSanta Mara, a menudo en su advocacin de la Asuncin> tiene el sen-tido de reafirmar una de las creencias fundamentales del cristianismo.Para el objeto que aqu se busca, basta con presentar una relacingeneral de collaciones de las ciudades estudiadas. Su delimitacinsobre el plano no es posible en todos los casos, en el estado actual delas investigaciones (vase los anejos de esta comunicacin).

    Los arrabales existentes al trmino de la Edad Media son a menu-do creacin de la poca cristiana y reflejo del crecimiento demogrfi-co del siglo xv en muchas ocasiones. En Sevilla existan varios antesde la conquista pero slo sobrevivi el de Triana, que crece extraor-dinariamente en el siglo xv, momento en el que aparecen tambin losdos arrabales de Cestera y Carretera> en la zona del Arenal sevillano,junto al puerto fluvial. En Jerez de la Frontera los dos arrabales deSan Miguel y Santiago comenzaron a desarrollarse desde mediadosdel siglo xv, puesto que sus respectivos templos parroquiales se edi-fican en los aos ochenta. A mediados del xvi viva en ellos posible-mente ms poblacin que en el antiguo recinto urbano. No cabe dudade que, en este caso> el fin de la frontera militar con Granada estimu-l tambin el crecimiento de los arrabales. Del mismo modo, en litre-ra, el arrabalejo y el arrabal nuevo de los tejares> son ambos delsiglo xv. Carmona tuvo un arrabal, el de San Pedro, desde finales delsiglo xiv: en 1466 tena el 17,3 por 100 de la poblacin total de la urbey en 1528 el 34 por 100. El nacimiento y expansin de los arrabales deEcija, llamados cJe Santiago y San Gil por la advocacin de sus parro-quias, es tambin propia del siglo xv. En Ubeda, igualmente> el creci-miento de los arrabales coincide con la expansin demogrfica delfin de la Edad Media y con la conquista de Granada: un siglo ms tar-de> en 1595, los tres arrabales de San Milln, San Nicols y San Isi-dro reunan 1.800 casas y ms de dos mil vecinos> (unos diez mil ha-bitantes) frente a las 1.078 casas y mil ochocientos vecinos de la viejaciudad amurallada. Una noticia documental nos informa de que en1508 crecan los arrabales de And lar al margen, incluso de la legali-dad vigente ~. Aqu, como en otros lugares> el fin de la frontera est-

    Archivo General de Simancas (en adelante, AGS), Cmara de Castilla, Pue-bios,, leg. 2.

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    mulaba a la vida urbana para salir fuera del cerco impuesto por lasmurallas.

    III. Los sERvicios PBLICOS Y LA INFRAESTRUCTURA URBANA

    El mantenimiento de determinados servicios pblicos era tarea delas municipalidades pero es bien conocido el descuido en que esteconcepto se tena durante los siglos medievales. La trada de aguaspotables no provoc ninguna inversin nueva a menudo sino slo lasnecesarias para el mantenimiento de instalaciones anteriores. La me-jor conocida son los llamados caos de Carmona>, en Sevilla. Era unacueducto que traa agua potable desde un abundante manantial enAlcal de Guadaira, ampliamente reconstruido por los almohades entorno a 1172, con tres tramos, subterrneo el primero> a ras de tierrael segundo, y elevado en acueducto el tercero. El municipio sevilla-no se limit a mantenerlo en funcionamiento, incluyendo en su n-mina de gastos habituales a dos caeros, y a cuidar de las fuentespblicas y depsitos adonde el agua iba a parar Pila de Hierrode las gradas de la catedral, fuente de la plaza de San Francisco>depsitos en las plazas del Salvador y San Pablo. Tambin cuidabade la toma de aguas en el Guadalquivir, por encima de los dcsagiiesde alcantarillado y del sector alcanzado por la marea, y de algunospozos pblicos. No hay noticias bien estudiadas sobre este tema enotras ciudades, aunque se supone una intervencin municipal parasostener fuentes pblicas como la de la plaza de la Corredera y la delPotro, las de San Pablo, Santa Catalina y cao gordo en la catedral,todas ellas en Crdoba. En Ecija, poco antes de 1499, el municipiotrajo un cao de agua a la plaza pblica principal 2 Pero es eviden-te que el abastecimiento de aguas corra a cargo de la iniciativa priva-da en gran medida> gracias a algibes y pozos o azucaycas> cuyasaguas, sobre todo en Sevilla, eran insalubres a menudo.

    Las municipalidades conservaron tambin, cuando exista, la redde alcantarillado de poca islmica, tal como suceda en Crdoba.En Sevilla, los husillos o conducciones abarcaban slo una partede la ciudad y vertan casi todos a las lagunas intramuros de la Paje-ra y de la Feria> que a su vez drenaban hacia el ro. El resto de lasnecesidades de desagile se atenda con pozos negros particulares, fre-cuentemente focos de insalubridad lo mismo que las basuras arroja-das a callejas y solares, a pesar de la existencia de lugares extramu-ros acotados por el municipio como basureros: as, en Sevilla, fuerade la Puerta de Goles, existi uno en el que la colina formada por los

    2AGS, Cmara de Castilla, Pueblos, leg. 7.

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    desperdicios lleg a ser ms alta que la muralla y sirvi incluso comorefugio en momentos de grandes avenidas o inundaciones del ro, porejemplo, en enero de 1435. Era normal en el siglo xv que el municipioresponsabilizase a los dueos de viviendas de la limpieza en las zonasanexas de la calle respectiva, y tambin que se empleasen esclavosnegros africanos en las tareas de recogida de basuras.

    Otro servicio hoy pblico pero entonces privado son los enterra-mientos de difuntos en templos y espacios abiertos anejos. Sobre elloscabe decir que, al realizarse en niveles muy superficiales, constituana veces focos de enfermedad dentro de las mismas ciudades.

    Las urbes medievales andaluzas, como la mayora de las europeasde la poca> presentaban un aspecto deslucido, polvoriento o fango-so, segn la ocasin, al no estar pavimentadas sus calles. La inversinque supona esta obra era de tal cuanta que tard mucho en empren-derse pero, tambin, el hecho de que se inicie al mismo tiempo en lasprincipales ciudades, manifiesta un cambio de mentalidad con respec-to al urbanismo. Los primeros intentos datan del siglo xv y corres-ponden a la iniciativa particular. En 1418 una rica dama sevillana lla-mada Gulomar Manuel dejaba una manda testamentaria importantepara solar o ladrillar calles de su ciudad. El solado de las callesms principales y concurridas de Sevilla no se acometi por el muni-cipio hasta finales del siglo xv, sin embargo, y se utiliz el sistemapeculiar de emplear ladrillos de canto formando un dibujo de es-pina de pescado>. Era material poco duradero y el municipio obliga-ba a los vecinos de las calles a efectuar e) mantenimiento y las repa-raciones precisas: los clrigos y sus inquilinos se resistan a ello ha-cia 1500~. Hacia 1525 estara pavimentada la tercera parte de la redviana de Sevilla. Muy poco antes, en 1523, comenz el empedrado ge-neral de las calles de Crdoba, utilizando seguramente el sistema decantos rodados unidos con argamasa, mucho ms incmodo paralos peatones pero ms resistente que el solado,> con ladrillo al pasode las carretas. De Jerez se sabe que al trmino del siglo xv sus callescontinuaban sin empedrar.

    Hubo otros servicios de uso pblico con reflejo sobre las inversio-nes urbanas. El ms difundido son, tal vez, los baos. En el Libro delRepartimiento de Sevilla se documentan 19 casas de bao> casi todasen las cercanas de la catedral, antigua mezquita mayor. Su explota-cin corra a cargo de diversas instituciones particulares. A pesar dela decadencia de su uso al trmino de la Edad Media, en el siglo xvitodava funcionaban algunos en las collaciones de San Juan de laPalma, San Vicente (calle del Cao Quebrado) y San Ildefonso (baosllamados de la reina Juana>, cuyo propietario era el cabildo catedra-

    AGS, Cmara de Castilla, Pueblos, leg. 19.

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    licio, que los mantuvo hasta 1762). De los baos almohades construi-dos en Jerez no sabemos ms que funcionaban en los siglos finales dela Edad Media.

    El juego y la prostitucin eran vicios urbanos corrientes pero noresulta fcil> por razones obvias, determinar a qu tipos de inversio-nes dieron lugar. Las penas en que incurran los jugadores en oca-siones y la renta del tablero solan formar parte del fisco municipal,por ejemplo, en Ubeda t y el juego se practic siempre a pesar de lasprohibiciones eclesisticas, acompaadas incluso de amenaza de ex-comunin. Respeto a la prostitucin nombre que no se conoca enlos tiempos medievales se sabe que la manceba principal de Se-villa estaba junto al Arenal pero haba diversas casas llamadas mo-nasterios clandestinas dentro de la ciudad: el municipio, que regu-laba el funcionamiento de la primera, procur a menudo la extincinde la competencia ilegal representada por las segundas. En Cdizhay noticias tambin de alguna casa de mujeres enamoradas> y enEcija haba manceba principal 6 y otras menores, como la instala-da en 1479 junto a un mesn, lindando con el monasterio nuevo deSan Francisco, cuyo padre guardin protest por los ruidos y moles-has que ambas instalaciones causaban a la vida conventual . En Je-rez, por los aos 1484 y 1486, un tal Lorenzo de Cceres obtena per-miso regio para instalar mesones y prostbulos ~.

    IV. LAS FUNCIONES ECONMICAS

    En la ciudad cristiana andaluza permanecieron muchos rasgos or-ganizativos de la vida econmica propios de la poca islmica. Apenashay que recordar cmo el cargo de almotacn tiene este origen, aun-que sus funciones variasen en parte, y es todava un problema sinresolver por completo el de cules sean las herencias andaluses enla primitiva organizacin artesanal de las ciudades: es probable queAeterminados cargos de alamn o veedor reconozcan esa influenciapero la lenta y tarda maduracin de los gremios, que no se g~iiL..alizan hasta la segunda mitad del siglo xv, responde al modelo europeomedieval en sus lneas fundamentales.

    Donde mejor se reflejan las permanencias es en la localizacin ur-banstica de actividades y oficios con funcin econmica. Muchas ca-lles se han designado segn el oficio ejercido exclusiva o predominan-

    4 ACS, Cmara de Castilla, Pueblos>, leg. 21.AGS, Cmara de Castilla, Pueblos, leg. 4, ao 1512.

    6 AGS, Cmara de Castilla. Pueblos, leg. 7, ao 1499.7 AGS, Cmara de Castilla, Pueblos, leg 7, doc. 169.$ AGS, Registro General del Sello, marzo 1484, fol. 97, y marzo 1486, fol. 5.

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    temente en ellas. As, por ejemplo, en Jerez> calles de curtidores, tor-nera, sedera, calcetera, borciguera, jubetera, chapinera, escriba-nos, calle de la ropa vieja, plaza de la yerba o de plateros. En Se-villa> ya en torno a 1254, calles de zapatera nueva, pellejera, albar-dera, tonelera y ollera. Ms adelante: lineros, alcuceros, polaineros,carpinteros, agujas, plaza del pan, calle de alatares o especieros, alge-bibes o traperos, etc. En Crdoba: calles del Yeso, Carniceras> Zapa-tera, Libreras, Espartera> Feria> Badanas, Almonas, Caldereros, Pes-cadera> plaza de la Alhndiga, plaza de la Paja, Alcaicera. La relacinsera interminable. Ahora bien, no todas estas calles y denominacionesprovendran del momento de la repoblacin, sino que son el resultadode unos cambios que se suceden hasta el siglo xvi: a finales del xvse ordena en los cuadernos de arrendamiento de alcabalas dndehan de venderse los cereales, la carne, el vino y el aceite. Por enton-ces menudean las disposiciones regias y municipales delimitando lalocalizacin de diversos oficios y actividades econmicas. Por ejem-po, en 1501 se reitera una disposicin regia ordenando que trabajenen la sevillana calle de la Correra todos los oficiales del ramo> y en1511 Juana 1 dispone que slo se fabriquen y vendan borcegues en lallamada calle de Don Jorge ~. Hasta qu punto renuevan estas dis-posiciones una realidad anterior? No podemos saberlo porque a me-nudo se ignora la localizacin exacta de los oficios artesanos en la Se-villa musulmana. Cuando hay datos> hablan en favor de la continui-dad: la ropa vieja se ha vendido en la misma calle sevillana desdetiempos romanos> por ejemplo. Pero no hay que desdear la influen-cia que la comodidad en el cobro de impuestos y la organizacin pau-latina de los gremios haya tenido en fijar muchas de estas localiza-ciones en los siglos xiv al XVL

    En todo caso s es cierto que se conserv muchas veces la concen-tracin de actividades mercantiles en las mismas reas donde ya esta-ban situadas en tiempos islmicos. En Crdoba, el centro comercialson las calles al este de la catedral, junto a la ribera del ro. Se des-plaza en el siglo xv hacia la plaza del Potro, mercado de ganados ycentro de contratacin de jornaleros ya en el siglo xiv. En Sevilla sonlas calles, gradas y plazas que circundan a la catedral antigua mez-quita mayor almohade o a la iglesia del Salvador antigua mezqui-ta mayor pre-almohade: all se concentran la mayora de localesdestinados a tiendas. Tanto en esta ciudad como en Crdoba conti-nan en uso sendas alcaiceras cercanas a las respectivas catedrales;en Sevilla hay adems otra junto a El Salvador y en Jerez hubo den-das del rey de significado muy similar. La permanencia de los lugaresde mercado urbano, especializado o no, se constata con frecuencia:

    9 AGS, Cmara de Castilla> Pueblos, leg. 19.

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    por ejemplo, la azuaica o mercadillo de la plaza de Santa Mara laBlanca, en Sevilla.

    Ya en los mismos emplazamientos> ya en otros> las inversiones enedificios y locales de funcin econmica fueron muy cuantiosas. EnSevilla construy la Corona unas nuevas atarazanas en 1251, mantuvouna . Muchas de estas construcciones se renuevano edifican otra vez a finales del siglo xv y comienzos del xvi, coinci-diendo con el auge demogrfico y la introduccin de nuevas ideas ur-bansticas. Las alhndigas o mesones del pan y psitos, todos ellosmunicipales, son un buen ejemplo: En Sevilla hay una alhndiga de!patt ya en 1253 seguramente en el mismo lugar donde se emplazaraen poca almohade, aunque tampoco se puede descartar la idea deque se instituyese, segn el ejemplo de la de Toledo> que Alfonso VIIIhaba fundado a comienzos del siglo xiii. La alhndiga sevillana seconstruy de nuevo en poca de los Reyes Catlicos, concluyndose en1502. En Crdoba habra una alhndiga medieval, seguramente> peroel psito de la plaza de la Corredera aparece en este momento de tran-sicin a la Edad Moderna. Los psitos de Ecija y Jan se alzan igual-mente en torno a 1500 W Es notable que un tipo de edificio pblicotan necesario como son los silos municipales de almacenamiento y re-gulacin del consumo de cereales haya tardado tanto en aparecer.

    No hubo tampoco edificios monumentales dedicados a la contra-tacin comercial semejantes a las grandes lonjas de otros ncleos ur-banos europeos. Sin embargo, las principales colonias de mercade-res extranjeros recibieron solares y locales para instalar sus lonjasrespectivas, dotadas en ocasiones con privilegios jurdicos. As ocurricon el barrio, alfndiga, horno e bao que los genoveses recibieronen Sevilla el ao 1251. Los placentines y catalanes tuvieron tambinsus propios emplazamientos urbanos en el siglo xiv. Las calles o ba-rrios de francos> se pueden referir en principio a una realidad t-nica> de procedencia de pobladores> en las ciudades andaluzas dondeexisten (Sevilla, Jerez)> pero ya en cl siglo xiv estaban pobladas porvecinos de todo tipo cuya funcin predominante era de tipo mercan-til. Los emplazamientos de ferias dieron nombre tambin a diversascalles en Crdoba, Sevilla y Jerez, donde los vecinos de las casas que

    ~AGS, Cmara de Castilla, Pueblos>, leg. 9.

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    daban a ella tenan en el siglo xv la obligacin de mantenerla ilumi-nada durante los perodos feriales.

    Entre los edificios de propiedad privada casi siempre construidoso mantenidos con finalidad econmica destacan las alhndigas o me-sones, de clara filiacin islmica, aunque en su mayora fuesen cons-truidos en tiempos cristianos. Servan para el almacenamiento y ven-ta de mercancas (mesones del vino en Sevilla, y del esparto, en Cr-doba y Sevilla), aunque tambin otras veces para alojamiento de co-merciantes, arrieros, carreteros y otros transentes (en Crdoba: al-hndiga en la plaza de tal nombre, mesones del Potro o de la pasto-ra, de la Coja, de los Leones). Por ltimo, desde el momento de larepoblacin se conoce la existencia de almacenes, como los destina-dos a aceite, cerca de la Puerta del Aceite sevillana, y bodegas paravino. Las alfareras y olleras en arrabales y zonas extramuros fueronfrecuentes: en Triana se citan ya en 1314. Tambin son frecuentsimaslas menciones a hornos de pan> llamados a veces hornos de poyacuando se segua determinada tcnica de coccin, y lo mismo ocurrecon las tahonas.

    Las aceas o molinos hidrulicos de cereal fueron muy apreciadoscomo fuente de renta por instituciones e individuos de las clases aris-tocrticas que los reciben en merced o, en otras ocasiones, promue-ven su construccin. He aqu algunos ejemplos: las aceas que elmunicipio sevillano tena instaladas y cedidas en arrendamiento a lolargo dc los Caos de Carmona, o las poseidas por diversas institu-ciones, entre ellas Ordenes Militares, en el ro Guadaira a su paso porAlcal, y las situadas en el Guadalquivir a su paso por Crdoba, aguasabajo del viejo puente romano (molinos de Martos y de don LopeGarca).

    Apenas se sabe nada de otro tema que no cabe estrictamente enlas inversiones urbanas pero s en la vida de las ciudades, como es elde las vas de comunicacin terrestres y fluviales l Sin duda, la ma-yor peculiaridad de muchas ciudades andaluzas consista en que po-dan beneficiarse de la ruta fluvial del Guadalquivir, navegable porbuques martimos de calado medio hasta Sevilla y por barcazas defondo plano movidas a remo hasta Crdoba. En Sevilla hubo un ba-rrio de la mar desde mediados del siglo xiii, con especialpara los marinos y pescadores en los temas tocantes a su oficio yalcaldes o jueces propios para resolver los litigios, e igualmenteexisti una corporacin de barqueros desde tiempos de Alfonso X. EnCrdoba hubo un alcalde del ro, nombrado por el municipio.

    Pierre PoNsOT, En Andatousie occidentale: systAnies de trarzsports c d-veloppenzent conom que (XVIe-XIXe sicle), Annales ESC, 6 (1976), p-ginas 1195-1212.

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    Las inversiones en la va fluvial se refirieron sobre todo a regu-lar el frecuente paso de las barcas, algunas de ellas cotidianas comola barca llamada yente y viniente para el transporte de pescado en-tre Sevilla y Crdoba. Para ello se organiz la construccin de saltosde agua para molinos y pesqueras de modo que fuesen compatiblescon canales para la navegacin. En las zonas de marisma al sur deSevilla se cuid tambin el mantenimiento de de Zurraque y de Tarfia, por ejemplo).No hubo, en cambio, preocupacin por establecer muelles de piedrae instalaciones portuarias fijas hasta entrado el siglo xv: en el Arenalde Sevilla el primer muelle de este tipo posterior a la conquista fueedificado por el cabildo catedral en los aos veinte del siglo. Tal vezse usara todava entonces el que los almohades haban construidoen 1171. El puerto de Crdoba, ro abajo de las aceas, ni siquieramereci tanta atencin, al parecer. En cambio, Crdoba y Andjarcontaban con antiguos puen les de piedra mientras que en Sevilla sloexista uno flotante de barcas entre la ciudad y Triana, establecido porlos almohades en 1170, y el resto del trfico entre ambas orillas estabaasegurado por embarcaciones cuya renta era o del municipio o dealgunos seores privados. En general, los puentes, o son obra pre-cristiana conservada, caso de los ya citados o del que cruzaba el Ge-nil en Ecija> o posteriores a los siglos medievales.

    V. LAS FUNcIONES MILITARES Y DEFENSIVAS

    Uno de los aspectos ms aparentes y costosos de la inversin ur-bana bajo-medieval fueron las obras de defensa de la ciudad y pro-teccin o vigilancia de su territorio> especialmente importantes al serAndaluca una regin de frontera.

    Muy frecuentemente se aprovech la magnfica red de defensascreada por los almohades entre 1170 y 1220: Las murallas de Ecija,Sevilla o Jerez estaban prcticamente nuevas o recin restauradasen el momento de la conquista cristiana, pero atender a su manteni-miento y reparacin fue siempre un gasto municipal continuo de talimportancia que algunas exenciones fiscales concedidas por la Coronaa las ciudades se justifican como compensacin o ayuda a las inver-siones realizadas. Las mayores reparaciones de la cerca sevillana tu-vieron lugar en 1386 y 1420. El fin del peligro militar y fronterizo causun descuido notorio: en Andjar, por ejemplo, hacia 1508 buena par-

    - 12te de los lienzos de la muralla estaban en ruinas -

    12 AGS> Cmara de Castilla, Pueblos, leg. 2.

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    En las zonas media y alta del valle del Guadalquivir hubo ciu-dades que tuvieron necesidad de reedificar por completo o en gran-des sectores sus antiguas murallas islmicas. As, la medina de Cr-doba conservara su muralla califal de 727$ metros de longitud, con13 puertas> pero el lienzo 5. de la muralla, por ejemplo, era obra delsiglo xxv, y las murallas de Ubeda, rehechas por los almohades en 1214,fueron alzadas de nuevo en la segunda mitad del siglo xiii por los re-pobladores y tuvieron que ser reconstruidas por completo> con susdiez u once puertas y sus treinta y cuatro torres, despus del arrasa-miento y saqueo de la ciudad por los granadinos en 1368. Lo mismoocurri en Jan.

    Algo semejante sucede con los elementos defensivos anejos a lamuralla. Mientras que la Tone del Oro sevillana torre albarranay la que defenda el puente sobre el ro Genil> en Ecija, son de pocaalmohade, en Crdoba, la torre de la Calahorra> que protege igual-mente el paso del Guadalquivir por el puente, fue totalmente reedifi-cada en tiempos de Alfonso XI, hacia 1326-1330, y restaurada en 1369,a raz del asedio de la ciudad por los granadinos. Tambin son obracristiana, de comienzos del siglo xv, las torres cordobesas de la Mal-muerta, alzada a partir de 1404, y la poligonal del alczar.

    En los alczares predomina la funcin militar sobre la residencial,por lo que cabe incluirlos aqu. Su edificacin corra a cargo de laCorona, que situaba en ellos alcaides> y generalmente haba rentas,personas o vecinos francos y servicios adscritos a su mantenimiento.Las obras de que se tiene conocimiento son muy importantes y nu-merosas. Los Reales Alczares de Sevilla, a partir de la planta y edi-ficios almohades, fueron ya reformados en algunos sectores porAlfonso X, que introdujo en ellos el gtico europeo de tipo francs,pero la gran transformacin se produjo en tiempos de Pedro 1, a razdel terremoto de 1356, y dio lugar a magnficas muestras de la tcnicaarquitectnica y decorativa mudjar-granadina, pues intervinieron enla obra maestros alarifes del reino nazar. De nuevo hay un perodoimportante de transformaciones en los veinticinco ltimos aos delsiglo xv, durante el reinado de los Reyes Catlicos, momento en elque, tambin, se entreg a la Inquisicin el castillo de San Jorge deTriana, destinado hasta entonces a usos militares o de otro tipo como,por ejemplo, para que instal all una capilla dedicada a Santa Mara, men-cionada en algn pasaje de las Cantigas del rey Sabio. Entre 1471y 1477> y en el contexto de las luchas nobiliarias que asolaban la re-gin, el marqus de Cdiz realiz grandes obras de restauracin y de-fensa, en su condicin de alcaide del alczar xericiense. Mientras queapenas hay noticias sobre el castillo o alcazaba> de Ecija, integrado

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    en el recinto de la muralla, sobre los alczares de Carmona existemucha ms informacin, debido en gran parte al papel que jugaronen guerras civiles de los siglos xiv y xv. La villa, dotada de un formi-dable emplazamiento defensivo> tena tres alczares: el de Arriba ode la Puerta de Marchena, muy reformado por Pedro 1 en los mismosaos y con los mismos alarifes que trabajaban en el de Sevilla: laguarnicin petrista resistira en l a las tropas de Enrique II de Tras-tmara hasta 1371, dos aos despus de la muerte de Pedro 1. De nue-vo, los Reyes Catlicos ordenaron obras importantes en l. En segundolugar el fortn o alczar de la Puerta de Sevilla, y por ltimo el de laPuerta de Crdoba, llamado alczar de la reina>, que fue demolidoen 1478 como parte de la campaa de pacificacin iniciada en todaAndaluca por Isabel 1 y Fernando V.

    El alczar cordobs se construye de nuevo, sobre restos musul-manes, en 1327-1328 y, por una vez, no se respetaron ni siguieron lastcnicas constructivas y defensivas mudjares, de raz almohade, quepredominan en todas las dems obras militares de esta poca en An-daluca, sino que el alczar se edific en piedra y por maestros can-teros venidos de Burgos. Sin embargo, en las reformas posterioresefectuadas en tiempos de los reyes de la Casa de Trastmara, en espe-cial los Reyes Catlicos desde 1480> predomina lo mudjar. En Cr-doba, como en las dems ciudades andaluzas> el alczar, aunque inte-grado en el sistema defensivo urbano, est separado de la ciudad porun muro y dispone de puerta propia al campo exterior. En el caso deUbeda el muro entre alczar y ciudad era doble y, entre ambos, sehaba establecido un barrio cuyos vecinos eran caballeros en su ma-yora y disfrutaban de diversos privilegios.

    Porque, en efecto> hay que considerar alczar y murallas no slodesde el punto de vista militar. En los primeros sola vivir o estaradscrita a su servicio una poblacin de vecinos francos de privilegioque a menudo obtenan sus preeminencias sin corresponder con ser-vicio alguno y que, en otras ocasiones, utilizaban el recinto del alczarpara evadir impuestos sobre el trfico de mercancas: el alczar se-villano> que lleg a tener hasta cien vecinos e incluso jurdico> como lmite fsico de ciertosprivilegios urbanos.

    La muralla de Sevilla sirvi tambin como dique de contencin delas grandes avenidas del Guadalquivir: en la de enero de 1435, porejemplo> se calafatearon todos sus huecos y resquicios y as se im-pidi que la ciudad quedase totalmente inundada. El espign o rom-piente llamado

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    de la muralla contra los golpes ms fuertes de ]as crecidas fluviales:lo coste el municipio en 1385. Casi un siglo atrs, en 1297> la ciudadhaba invertido cantidades muy elevadas en reconstruir los desagilesdel Guadalquivir en la Vega de Triana: en definitiva, la defensa contrael ro ocasion muchos ms gastos al municipio hispalense que no ladefensa contra ejrcitos enemigos.

    Todos los centros urbanos disponan de una red de castillos y to-rres de vigilancia en e mbito rural sometido a su jurisdiccin,que formaban parte de la defensa territorial dispuesta en el valle delGuadalquivir para atender a la guerr contra Granada, a la vigilanciade fronteras o, tambin muy a menudo> a los disturbios y contiendasinternos. Los castillos municipales aseguraron todas estas funcionesjunto con los de Ordenes Militares y nobleza feudal. Sera muy prolijoy ajeno al tema de la inversin urbanstica detallar cules eran lasfortalezas y las menciones continuas a obras de reparacin que apa-recen en las cuentas fiscales ciudadanas> cuando stas se conservan.Sevilla concentraba sus fortalezas en las dos fronteras, la portuguesay la granadina. La primera, la banda gallega en lenguaje de la po-ca, slo fue hostil en determinados momentos> especialmente antes deque el Tratado de 1297 delimitase la frontera con claridad en el sectorde Sierra Morena. La segunda, por el contrario, era la banda mo-risca, frontera de guerra aunque tambin hay que valorar su papelcomo lnea de intercambio de bienes econmicos, usos, costumbresy mentalidades. La mayor parte de las fortalezas fronterizas grana-dinas llegaron a estar en manos de seores feudales precisamente porla funcin militar y defensiva que prevaleca en la zona. Sevilla dis-puso en la frontera N. o.> la portuguesa, de fortalezas reconstruidaso alzadas de nuevo a finales del siglo xxii: Cumbres Mayores, Caa>Santa Olalla, Fregenal, Zufre y Aroche, Almonaster, Cortegana y Ata-cena. En la campia y banda morisca sevillana destacan> en reta-guardia, el magnfico castillo islmico de Alcal de Guadaira y lafortaleza de Villanueva del Ro, en un importante vado del Guadalqui-vir> y, ms avanzados, los de Utrera, reconstruido despus de 1369,Las Cabezas de San Juan, El Aguila, El Bollo y Matrera. Fuera deambas reas slo destacan los castillos de Constantina y Alans, en laSierra N.

    El sistema defensivo de Jerez de la Frontera a fines de la EdadMedia comprenda el castillo del Tempul> la torre de Ciduea, quedominaba un importante varadero de embarcaciones en el ro Guada-lete, Estrella o El Berrueco, cerca de Medina Sidonia, antigua sedede la efmera Orden Militar de Santa Maria de Espaa, en tiemposde Alfonso X, Melgarejo, prximo a Arcos, que garantizaba la vigi-lancia de los llanos fronterizos de Caulina, y diversas atalayas parahacer ahumadas en caso de que fuera preciso denunciar la entrada

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    de tropas enemigas. Los principales castillos de Crdoba estaban enCastro el Ro, Castro el Viejo, Pero Abad, Aldea del Ro, Montoro,Santaella, Bujalance, La Rambla, Adamuz, Almodvar del Ro, LasPosadas, Hornachuelos, Pedroche, Ovejo, Peaflor, Puente Alcolea, Es-piel, Torre el Campo> Los Alcaracejos, Pozoblanco y Torremilano: lamayora de ellos en la Campia, entre el ro Guadalquivir y la fron-tera de Granada, zona que constituy en la baja Edad Media una y losde Villanueva y Marmolejo eran los principales del trmino y juris-diccin de Andjar.

    VI. LAS FUNCiONES ADMINiSTRATIVAS

    En claro contraste con las inversiones en edificios y construccionesdefensivas, son escasas las que se dedican a alojar o asistir las fun-cioges administrativas y judiciales. Las reuniones de los y no tuvo edificio propio hasta el siglo xvi. El cabildo de Carmo-na se reuna en el portal de la iglesia de El Salvador. La de la Vela o del Concejo, que detodas aquellas formas se llam. Las antiguas casas consistoriales o decabildo de Crdoba son tambin del siglo xv y en Ubeda utilizaba elcabildo como lugar de reunin una de las torres de la muralla> dondeconservaba su archivo, de donde el nombre de torre de las arcasque tuvo el recinto, pero los actos pblicos se realizaban en la plazadel mercado, en las gradas de la iglesia de San Pablo, a campanataida>. En otras ciudades fue frecuente depositar los archivos muni-cipales en algn convento franciscano.

    Es precisamente la publicidad de muchos actos administrativos ode su proclamacin lo que obligaba a celebrarlos al aire libre. Los

    ~ AGS, Cmara de Castilla, Pueblos, ]eg. 1.

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    pregones municipales, por supuesto: en Sevilla los lugares donde sedaban eran las gradas de la catedral y las plazas de San Franciscoy de la Alfalfa. La labor de los jueces, tambin: exista en Sevillaun corral de alcaldes o casa de la justicia en el siglo xv, perootros juicios se vean de San Miguel, junto a la catedral, todas las maanas.En Crdoba se estaba construyendo hacia 1515 una casa para audien-cia judicial> con el fin de que los jueces cordobeses no tuvieran queejercer el cargo en sus propios domicilios ~.

    Hubo, sin embargo> una institucin que cont desde el momentode su origen, en 1480, con edificios para juzgados y crceles. Merefiero a la Inquisicin, a la que los reyes cedieron el castillo deSan Jorge de Triana, en Sevilla, y parte de los propios alczares rea-les, en Crdoba. La ejecucin de sentencias capitales de los diversostribunales dio lugar a veces a inversiones no muy costosas como eranlos quemaderos inquisitoriales del Prado de San Sebastin, enSevilla> o del Campo de Madre de Dios, en Crdoba. Los tribunalesordinarios tambin dispusieron de picotas para exponer los res-tos de ajusticiados. En Jerez se daba el caso de que el rollo o pi-cota estuvo en la plaza de la Yerba> donde se instalaba el mercadode pan, verduras y hortalizas, hasta que en 1494 el concejo ordensu traslado a otro lugar por razones de salubridad.

    Las tareas de escribanos pblicos, cambistas y otros menesteresse realizaban en domicilios privados, lo que contribuye a explicar laprdida de toda documentacin mercantil y de casi toda la notarialanterior al siglo xvi. Por otra parte, slo el cobro de algunos impues-tos ha generado la inversin en los edificios correspondientes: tantoen Crdoba como en Sevilla haba casa de aduana para el cobro de loscorrespondientes almojarifazgos. La cordobesa estaba junto al ro, enel centro comercial.

    En conjunto, parece que en muchas ciudades andaluzas la preocu-pacin por disponer de locales convenientes para funciones adminis-trativas y judiciales se acentu desde finales del siglo xv y fue muyescasa en los siglos medievales.

    VII. LAS FUNCIONES RELIGIOSAS

    La inmensa mayora de las inversiones en este terreno se refierena iglesias y conventos cristianos. Slo hay un caso notable de edi-ficio destinado a usos religiosos no cristianos y es la sinagoga deCrdoba, alzada en el siglo xiv, probablemente por los mismos aos

    t4 AGS, Cmara de Castilla,

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    que la del Trnsito toledana. Es muy difcil entrar en el detalle delas fundaciones de edificios para uso religioso sin caer en el peligrode elaborar un catlogo o de prestar demasiada atencin a la estils-tica o al anlisis de diversas tcnicas de construccin y ornamenta-cin. Adems, datar los edificios es a menudo arriesgado y casi impo-sible relacionar en cada caso fundacin o renovacin de edificio concoyuntura econmica. En cambio, el contexto social de las inversionesse conoce muy a menudo: la realeza, las altas clases sociales y, sobretodo, la Iglesia como institucin, valindose de sus diezmos y rentas,son los principales inversores.

    En el momento de la repoblacin> las principales mezquitas seacondicionaron para su uso como parroquias, mientras que los ora-torios musulmanes ms pequeos se destinaban a otros usos por susnuevos propietarios eclesisticos. En Sevilla> por ejemplo, slo algu-nas de las ms de cien mezquitas que haba pasaron a ser iglesias.Pronto comenzaron a alzarse templos nuevos. Algunos correspondena la segunda mitad del siglo xiii: San Gil y Santa Ana, en Sevilla.San Pablo, Santa Marina, San Lorenzo, San Pedro, Santiago, La Mag-dalena> San Miguel, San Nicols de la Villa> en Crdoba todos ellos.San Pedro y San Pablo, en Ubeda. En stos, como en los dems edi-ficios religiosos que citaremos, las reformas posteriores son tan in-tensas que no hay muchos restos de la obra primitiva. En ciudadescomo Ecija los restos medievales, difcilmente datables, se pierdenentre la abrumadora presencia del barroco dieciochesco.

    No es arriesgado estimar que a lo largo de los siglos xiii al xv seconstruiran al menos tres centenares de templos en la Andaluca delGuadalquivir. Un momento de especial relieve fue el reinado de Pe-dro 1, sobre todo despus del terremoto de 1356. Entonces se difundiel llamado tipo parroquial sevillano, gtico-mudjar, que haba idomadurando en la primera mitad del siglo: San Marcos, San Esteban,San Miguel y Santa Marina de Sevilla, Santiago y San Blas de Carmo-na, San Dionisio y San Lucas de Jerez. El auge demogrfico y eco-nmico del siglo xv facilit la aparicin de nuevos templos o la re-forma de los ya existentes: en Jerez de la Frontera se renovaron lasparroquias de San Mateo y San Marcos adems de alzarse de nuevaplanta las de los arrabales. En Carmona, San Felipe y El Salvador.En Sevilla, San Martn y San Juan de la Palma, entre otras.

    La obra magna del siglo xv andaluz en el terreno de las edificacio-nes religiosas fue la catedral nueva de Sevilla, en cuya construccinse manifest la enorme potencia econmica del cabildo eclesisticohispalense. Deteriorada la antigua mezquita mayor almohade por tem-porales y terremotos, en especial entre 1373 y 1394, acord el cabildoelevar un templo nuevo> aunque respetando el alminar (Giralda) yparte del patio antiguo (Patio de los Naranjos). Los propsitos da-

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    tan de 1388, la decisin firme de 1401> la construccin en cantera yestilo gtico de aquella iglesia tal e tan buena que no haya otra suigual>, dur hasta 1506 o, si se tiene en cuenta el tiempo de repara-cin del cimborrio, derrumbado en 1512, hasta 1520. Ms de cien aosen los que, al lado de artfices nacionales> trabajaran otros franceses,flamencos y alemanes: Alonso Martnez, Lorenzo Mercadante de Bre-taa, Maestre Ysambert, Maestre Carlin, Juan Normau, Simn de Co-lonia, Pyeter Dancart, Juan Gil de Hontafin...

    En Crdoba se mantuvo la gran mezquita califal con gran cuidadopara conservar en buen estado sus techumbres. Las obras medievalescristianas se limitaron a la fundacin de numerosas capillas funera-rias desde fines del siglo xiii. La llamada Capilla de Villaviciosa setraz por primera vez a finales de aquel siglo y se extendi en el xxv.Entre 1371 y 1379 se decoraron, segn el estilo mudjar-granadino laCapilla de San Fernando y la Puerta del Perdn. La gran obra de lacatedral cristiana injertada en la mezquita no se realiz, como es biensabido, basta el siglo xvi. Por otra parte> la Corona haba dotado apartir de 1353 una importante iglesia-colegiata, la de San Hiplito,donde se invirti parte de lo que no poda dedicarse a un nuevo tem-plo catedralicio, por lo que aquella colegial tuvo una vida ms prs-pera que las dcl Salvador de Sevilla y Jerez, que existan desde laconquista de ambas plazas.

    La abundancia y complejidad de las fundaciones monsticas estambin notable. Hay un primer ncleo del siglo xxix, consecuenciade la repoblacin, tanto en Sevilla como en Crdoba y Jerez: nuevefundaciones en Sevilla, cinco o seis en Crdoba> dos en Jerez, todoello sin contar las instalaciones de Ordenes Militares. En Ubeda seestablecieron mercedarios y trinitarios en 1234 y 1250, respectivamen-te, para atender a la redencin de cautivos. Las fundaciones del si-glo xiv son escasas: cuatro en Sevilla, dos en Ubeda, una en Jerez,una en Ecija, una o dos en Crdoba. Por el contrario, el siglo xv pre-sencia un autntico que se acenta en su l-timo tercio, como preludio de lo que iba a ocurrir en el siglo xvi:ocho en Sevilla, diez en Crdoba, al menos, tres en Carmona entre1460 y 1520, cuatro en Jerez, seis en Ecija. En el apndice de este tra-bajo figuran nombres y fechas, cuando las he podido fijar, as comola referencia sobre la orden monstica fundadora. Se trata siemprede rdenes mendicantes urbanas o asimiladas (franciscanos, domini-cos, agustinos, carmelitas), rdenes contemplativas que nacen o to-man auge en la baja Edad Media (cartujos> jernimos), y muy pocasveces benedictinos (hay algunos conventos femeninos cistercienses y,durante el siglo xiv> uno masculino en las afueras de Sevilla).

    No hay que confundir la fecha o poca de fundacin con la de lassucesivas inversiones realizadas para reformar o hacer de nuevo los

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    edificios. San Isidoro del Campo, cerca de Sevilla, por ejemplo, fun-dado en 1301, se mejor y concluy a lo largo del siglo xv. Los mo-nasterios de Santo Domingo y San Francisco de Jerez, que datan delsiglo xiii, se edificaron de nuevo a finales del xv y comienzos del xvi.Ms inters para la historia social tiene el poner en relacin estasfundaciones con la piedad y donativos de diversos grupos sociales.Un buen tema de investigacin ser el inventariar las fundaciones decapillas funerarias y enterramientos, con sus capellanas y aniversa-nos anejos, que han dotado prcticamente todos los linajes aristo-crticos andaluces en iglesias o conventos de su respectivo ncleo ur-bano. Los reyes dieron ejemplo al establecer Capillas Reales en lascatedrales de Sevilla y Crdoba. Alfonso X orden que ninguna per-sona real o rico ome o cavallero de cuenta que muriese en Sevilla nopudiese ser llevada a enterrar a otra parte, en honor de sus iglesias,en que de tales entierros procedan utilidades y dotaciones (Ortiz deZiga). Gracias al Libro Blanco del archivo catedralicio hispalense,redactado en 1411, es posible reconstruir las fundaciones de capillasy enterramientos en el templo durante los siglos xiii y xiv, y no fal-tan documentos para el siglo xv, recogidos en parte por el autor queacabo de mencionar. En Jerez, las fundaciones, tanto en parroquiascomo en conventos aumentaron en cantidad durante el siglo xv, po-ca en que la mayor riqueza de las oligarquias locales permitira ma-yores gastos: Sancho de Sopranis seala ms de una docena bien do-cumentadas.

    Mayor importancia tendra an el patronato o estmulo a la fun-dacin de un convento completo. Dejando aparte los de creacin oproteccin real, se puede mencionar el mecenazgo y patronato del li-naje Guzmn, futuros duques de Medina Sidonia, en San Isidoro delCampo, ao 1301, el de los Ponce de Len en San Agustn de Sevilla,desde 1347, al establecer en l su enterramiento familiar. El Adelanta-do de Andaluca, Per Afn de Ribera, hizo lo mismo con la cartuja deSanta Maria de las Cuevas, a comienzos del siglo xv, los Enrquez,Almirantes de Castilla, con el de Santo Domingo de Portaceli, el li-naje de Medina, tesoreros de la casa de la moneda sevillana, con elde San Jernimo de Buenavista, Alvar Obertos, con la cartuja de Je-rez. La proliferacin de monasterios femeninos en el siglo xv muestramejor todava, si cabe, el nexo existente entre los sectores dominan-tes de la formacin social andaluza y las fundaciones monsticas, quevenan a ser una forma de manifestar institucionalmente su mentali-dad religiosa porque detrs de cada fundacin hay siempre uno ovarios miembros de linajes aristocrticos.

    Una consecuencia de tantas fundaciones fue la amortizacin debienes rurales o urbanos> en poder de templos y conventos por dona-cin o> con menor frecuencia, por compra. En el caso de las ciudades

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    se produjo una importante concentracin de propiedad de viviendasy otros edificios a favor de las instituciones eclesisticas, que los man-tuvieron alquilados. Por el contrario, la aristocracia laica apenas pa-rece haberse interesado por la inversin en viviendas y locales ur-banos para alquiler. As ocurra que en Sevilla, hacia 1500, la catedralposea unas 630 fincas urbanas, las parroquias 200, los monasterios550 y las entidades hospitalarias y asistenciales cerca de 600, de lasque bastantes eran locales de tiendas y almacenes. Collantes de Te-rn estima que, en los casos conocidos> el origen de esta propiedad esen un 60 por 100 donaciones y compra en slo un 15 por 100 y aadeque el movimiento de donaciones se increment mucho en el siglo xv.Al margen de este fenmeno eclesistico, la propiedad urbana estabamuy repartida. Los documentos de la catedral de Crdoba, que ahoracomienzan a estudiarse, indican una realidad semejante a la sevillana.

    VIII. LAS PUNCIONES ASISTENcIALES

    Al concluir el siglo xv haba unos cincuenta hospitales en Sevilla,una treintena en Crdoba> en torno a doce en Carmona y Jerez y almenos tres de cierta importancia en Ubeda. Aunque es cierto que al-gunos estaban especializados en funciones sanitarias, la mayora slolas tenan asistenciales como hospederas, refugios y proveedores debienes econmicos a determinados grupos de personas de condicinhumilde, grupos muy reducidos, por lo dems, que no solan superarla docena de individuos.

    Entre los hospitales con funcin sanitaria ms importantes y ge-neralizados estaban las leproseras o lazaretos, que se fundan en Se-villa y Crdoba poco despus de la conquista, los dedicados a cuidarel ergotismo o fuego de San Antn>> que existen en Crdoba desdeel siglo xxii, en Sevilla a partir de 1366 y en Ubeda. El siglo xiv fueprdigo en fundaciones hospitalarias: al menos una docena se docu-mentan en Sevilla. Destacan entre ellos los dedicados a cuidar a losenfermos de bubas>, lo que provoca el nombre popular de hospitalde las bubas> que se da al de San Sebastin de Crdoba, establecidoen 1363, y al de San Cosme y San Damin, que se fund en Sevilla elao 1383> ambos durante sendas epidemias de peste, y este ltimo poriniciativa de los mdicos sevillanos con el respaldo del municipio.

    Durante el siglo xv muchas fundaciones estn sostenidas ya porcofradas hospitalarias, formadas en ocasiones por artesanos de unmismo ramo o actividad. As, por ejemplo, en Jerez haba doce cofra-das de este tipo al concluir el siglo y una de ellas, la de San Cristbal,se haba hecho cargo del Hospital de las Bubas o de Zurita, fundadoen 1466 por un miembro de dicho linaje xericiense.

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    Otras fundaciones surgan por iniciativa de diversas institucioneso personas. La Corona mantena una hospedera para pobres, es elHospital Real de Sevilla cuya fundacin se atribuye tradicionalmentea Alfonso X. A finales dcl siglo xv, por fundacin de diversos arist-cratas, surgieron el Hospital de la Sangre sevillano, el de la Caridady Misericordia> en Carmona, el de la Caridad, en Crdoba. Pero nosiempre eran gente poderosa los fundadores: a menudo la fundacinde pequeos hospitales y albergues en testamentos de personas declases medias urbanas fue una muestra de piedad popular. El Hos-pital de la Sangre de Jerez, por ejemplo, fue fundado por un carpin-tero en 1482, y algunos cordobeses se instalaban en el mismo domi-cilio de su fundador cuando falleca. Este tipo de fundaciones es msfrecuente o> al menos, mejor conocido en el siglo xv, por lo cual elnmero de fundaciones parece mayor en su transcurso que en las doscenturias anteriores.

    En la tipologa hospitalaria no faltan los dedicados a asilo de an-cianos Hospital de los Viejos> sevillano, desde mediados del si-glo xiv, y otro con el mismo nombre popular en Ubeda, recogimien-to de mujeres pobres y solteras para proporcionaras dote, hospiciosCuna de los nios enechados en Sevilla a fines del siglo xv ycasas de orates son los diversos Hospitales de Inocentes, en la ter-minologa popular. Por fin, la mayora eran simples albergues parapobres o peregrinos y su funcionamiento, a veces efmero, era siem-pre bastante precario porque no estaban dotados con rentas sufi-cientes.

    La Iglesia como institucin particip relativamente poco en elmantenimiento de hospitales, aunque estimulase su existencia comoobra de misericordia. Hubo> sin embargo, eclesisticos que hicieronfundaciones a ttulo personal y lograron interesar en ellas a la enti-dad eclesial de que formaban parte: as, en las postrimeras del si-glo xiv, el arcediano Fernn Martnez, tan conocido por sus predica-ciones anti-judas en los aos que precedieron a 1391, fund el Hos-pital de Santa Marta, en Sevilla, de cuyo mantenimiento se hizo car-go el cabildo catedral, y en 1453 el arzobispo-cardenal Cervantes es-tableci el de San Hermenegildo, para atender heridos por armablanca.

    La organizacin hospitalaria de las ciudades andaluzas lleg a suplenitud en el siglo xvi, en cuyo transcurso se fundaron muchos mscentros, quince nuevos en Crdoba, por ejemplo, o se reorganizaronbastantes antiguos. Adems, al conservarse desde dicho siglo las cuen-tas de su fundacin o administracin y los estatutos que regan sufuncionamiento, se hace posible estudiarlos con detalle y conocer eltipo de inversiones que reclamaban y su procedencia social, cosa que

  • Las ciudades de Andaluca occidental en la Baja Edad Media 95

    slo de manera muy imperfecta hemos podido sugerir para los siglosmedievales.

    IX. LAs PUNCIONES CULTIJRALES

    La sociedad andaluza de los siglos XIII al xv no promovi muchola cultura intelectual, y los aspectos ms visibles de sta fueron pa-trimonio exclusivo del clero> si se excepta algn maestro de prime-ras letras, como el que figura en la nmina de gastos del municipiosevillano. Alfonso X haba fundado en Sevilla, ao 1254> un EstudioGeneral de latn y rabe, pero el proyecto inicial acab reducindosea un colegio de letras latinas, el de San Miguel, mantenido por el ca-bildo catedralicio. Los prelados hispalenses dotaron en la Universi-dad de Salamanca los colegios de San Bartolom (viejo), San Pelayoy La Magdalena, para acoger clrigos de la archidicesis que acudana estudiar en aquella Universidad, lo que slo era solucin para losprebendados y ricos ciudadanos, quedndose por ah ariinconadoslos pobres curiosos, quebradas las alas de sus agudos ingenios y bue-nos deseos con el grave peso de la pobreza (Morgado). El primercentro de estudios con rango realmente universitario fue el Colegiode Santa Mara de Jess, creado a finales del siglo xv por el canni-go Rodrigo Fernndez de Santaella y convertido en el primer dece-nio del siglo xvi en Estudio General de Teologa. Igualmente, en 1506se fundaban colegio y escuelas en el convento dominico de San Pablo,de Crdoba ~.

    X. L~5 FUN~iONF5 RESIOENCIALES

    Este epgrafe no tiene por objeto describir tipos de vivienda sinosolamente sealar cmo los andaluces que podan permitirse inver-siones de importancia se preocuparon ms de sus murallas y alc-zares, de sus templos, conventos y tumbas que de sus propios domi-cilios. El casero urbano de las ciudades andaluzas bajo-medievalesfue, en general, bastante modesto. Ladrillo> teja y tapial como mate-riales de construccin, cal, yeso y estuco para la decoracin y el aca-bado, encaados y madera, trada a menudo de lejos, para las te-chumbres, pavimentos de ladrillo, argamasa o barro apisonado. Lapiedra era un lujo muy escaso en las viviendas corrientes y el azulejo

    l~ Academia de la Historia, 9/5434, fol. 268. Para Sevilla, vid. Jos SNcHEZflrmzrao, Centros de enseanza y esl,diantes de Sevilla durante los siglos XIIIal XV, En la Espaa Medieval. IV. Estudios dedicados a O- Angel Ferrari N-nez, II, Madrid, 1984, pgs. 875-898.

  • 96 Miguel-Angel Ladero Quesada

    y barros vidriados se reservaban para adorno de umbrales y entra-das. El desarrollo en altura de los edificios no era mucho, una o dosplantas ms entresuelo. Los vanos y ventanas a la calle tampoco abun-daban porque la vida se haca en el interior> una vez traspasado elzagun o casapuerta> en torno al patio, o al corral> huerto traseroy azoteas en los edificios ms humildes. Las ordenanzas municipalesslo se preocupan, a veces> de que no se abran ventanas que puedanperturbar la intimidad o vida privada de los vecinos (Crdoba) y re-cuerdan en otras ocasiones la vieja norma castellana vigente en tan-tos ncleos repoblados segn la cual slo es vecino aquel que tienesu casa tejada.

    Hubo ya entonces tambin corrales de vecinos. Este tipo devivienda urbana tradicional en Sevilla, Crdoba y otras ciudades,hoy casi extinguido, se relacionaba con la alhndiga islmica, al me-nos en su disposicin material, pues las viviendas se abren a galerasde madera corridas> dispuestas en varias plantas en torno al patiocentral donde est el brocal del pozo o algibe y otros servicios co-munes. Las primeras noticias sobre corrales datan del siglo xiven Sevilla y cien aos ms tarde se documentan casi cincuenta, porejemplo, el Corral de las Vacas, en la colacin del Salvador, el deTromperos, en la de San Ildefonso, el de San Miguel, frente a la ca-tedral. Los vecinos habitantes solan ser inquilinos.

    Las tcnicas de construccin utilizadas databan de tiempos muyanteriores, lo que contribuy a dar a aquellas ciudades un aspectoparecido al que tuvieron en poca islmica. No se puede dudar quehubo diversas calidades de viviendas. Recin conquistada Sevilla alzsu palacio, segn gustos europeos, el infante Fadrique, hermano deAlfons&X: la torre que lleva su nombre es hoy el nico resto y unbuen ejemplo de arquitectura militar gtica en la Andaluca del si-glo xiii. Era mucho ms frecuente la al-macenes y bodegas, soberado o algorfa en la parte alta, con vanosseparados o corridos, patios porticados interiores, etc. Las casas delarzobispo de Sevilla seran buen ejemplo, as como otras casas prin-cipales> en que resida la nobleza> los caballeros y mercaderes ricos.

    Sin embargo, no hubo gusto por modificar y mejorar la calidad delas viviendas, adoptando nuevos estilos y mentalidades urbansticasque suponan fuertes inversiones hasta finales del siglo xv. El tipode palacio urbano andaluz y el abandono de las tradiciones medite-rrneas apegadas a conferir un aspecto externo pobre> a lo ms conajimeces> y saledizos, incluso a la vivienda ms opulenta> no se mi-ponen hasta el siglo xv. Hacia 1580 escribe Morgado: Todos losvecinos de Sevilla labran ya las casas a la calle, lo que da mucho lus-tre a la ciudad, porque en tiempos pasados todo el edificar era den-

  • Las ciudades de Andaluca occidental en la Sala Edad Media 97

    tro del cuerpo de las casas, sin curar lo exterior, segn que hallarona Sevilla de tiempo de moros. En 1549 Pedro Mexa sealaba, porsu parte> que estaban desapareciendo desde haca unos diez aos aji-meces, saledizos y otros aspectos del paisaje urbano tradicional> yque las casas nuevas , con ventanas y facha-das que manifestaban una nueva concepcin urbanstica y monu-mental.

    En la transicin hacia los nuevos estilos hay que situar el Palaciode las Dueas, mansin del linaje sevillano de los Pineda, alzada amediados del siglo xv. A finales se inici la llamada Casa de Pilatos,residencia del Adelantado Mayor de Andaluca, Pedro Enrquez. Deotros palacios medievales iniciados o mejorados en aquel siglo, comofueron los de los duques de Medina Sidonia o los condes de Arcos,ambos en Sevilla, no hay restos. En Jerez de la Frontera las casas-palacio de los linajes Basurto, Hinojosa o Zurita se realizaron afinales del siglo xv, mientras que las dems son del xvi y todas fueronrehechas o reformadas profundamente en tiempos posteriores. Algosemejante ocurre en Ecija, donde los primeros palacios se alzan en elpaso del siglo xv al xvi: casas de Garci Snchez de Badajoz, de losZayas, de los Castrillos, Edificios cordobeses como las Casas del Bai-lo, del Indiano> de las Campanas, de los Ros o de los Caballos de San-tiago, corresponden tambin a aquellos decenios de transicin. Ante-riormente, algunos linajes nobles se haban preocupado ms bien delabrar torres-fortaleza en lugar de palacios: as la que alz en 1328Garci Mndez de Sotomayor, utilizando en Crdoba los mismos car-pinteros y albailes mudjares que estaban construyendo por enton-ces su castillo de El Carpio. Por ltimo, toda la bella serie de palaciosseoriales de Ubeda corresponde al siglo xvi y siguientes, aunque seutilizasen a menudo antiguos emplazamientos medievales ocupadosya por casas de los mismos linajes.

    En definitiva, en ste como en otros aspectos, la segunda mitaddel siglo xv fue en Andaluca el trnsito de una poca a otra> el mo-mento de inflexin entre una y otra manera de proyectar y efectuarinversiones en los medios urbanos, aunque una misma sociedad y, amenudo, unos mismos estilos y tcnicas, fueran protagonistas deambas.

    XI. CONcLUSIN

    El objeto de esta comunicacin ha sido poner de relieve las rela-ciones que tuvieron lugar en la Andaluca del Guadalquivir, desde elsiglo xiii al xv, entre una formacin social completamente nueva yun urbanismo que conserva> en sus aspectos ms aparentes, la heren-

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    cia islmica. Los hechos de conquista militar y repoblacin del valledel Guadalquivir en el siglo xiii tuvieron como consecuencia el des-plazamiento de los anteriores pobladores islmicos y su sustitucinpor colonos repobladores vinculados al mundo cultural de la EdadMedia europea latina. Cmo ha sido posible que esta transformacinsocial, tan radical, haya respetado,, sin embargo, las realidades urba-nas de poca anterior? Pero, hasta qu punto alcanza este respetoy dnde comienzan las transformaciones, las inversiones en mediourbano que reflejen las nuevas mentalidades, los nuevos intereses declase o grupo surgidos con la mutacin social o, ms simplemente> lavariacin en el nmero de los pobladores?

    La respuesta no ha sido siempre fcil. Las publicaciones e inves-tigaciones anteriores facilitaban mucho la tentacin de caer en unsimple descriptivismo propio de la historia del arte o de la historiadel urbanismo en sus formas ms tradicionales. Por otra parte, ape-nas hay documentacin que permita cuantificar las inversiones ur-banas hasta que, para el siglo xv, comienzan a aparecer cuentas mu-nicipales o libros de fbrica en algunos archivos eclesisticos, enespecial el de la catedral de Sevilla. Y, adems> estas posibilidadesde cuantificacin, muy discontinuas y concretas> no tienen ms queun valor anecdtico mientras no se conozca el total de la renta de lainstitucin o persona que invierte, en el contexto de la coyunturaeconmica. En consecuencia, apenas he utilizado documentos indi-tos y me he limitado a proponer una tipologa de caracteres y elemen-tos de las inversiones en medio urbano.

    Se han recogido y coordinado datos de los principales ncleos ur-banos del valle bajo y medio: Sevilla, Jerez, Carmona, Ecija y Crdo-ba, y tambin del nico estudiado en el alto valle btico: Ubeda. Lasconclusiones principales son stas, expuestas de manera muy esque-mtica:

    1. La influencia de las concepciones urbansticas hispano-musulmanassobre la Espaa cristiana ha sido continua en toda la poca me-dieval

    Los rasgos del mudejarismo urbano, como lo definiera TorresBalbs, se encuentran en ciudades que no atravesaron una poca dedominio islmico> como, por ejemplo, Burgos> Avila o Segovia. Conmayor motivo todava puede observarse la acentuacin de rasgosde conservadurismo en Toledo y en los principales ncleos del Sur,los mayores de Al Andalus, que caan en poder y eran ocupados porunos cristianos imbuidos ya por concepciones urbansticas andalu-ses. Adems, y esto es tambin importante, pequeos grupos de mu-sulmanes mudjares y la misma vecindad del reino musulmn de

  • Las ciudades de Andaluca occidental en la Baja Edad Media 99

    Granada facilitaron la permanencia y transmisin de tcnicas urbansticas, arquitectnicas y decorativas de la poca anterior.

    2. Los factores generales de cambio urbana y de motivacin de lasinversiones fueron, entre otros, los siguientes:

    a) La repoblacin del siglo xiii obliga a cambios urbanos tantopoblacionales como administrativos. En el primer aspecto, los nue-vos vecinos cristianos ocupan mayor espacio por familia que los an-teriores musulmanes, lo que provoca una prdida de densidad de po-blacin en el espacio urbano y facilita la posible modificacin de tra-zados viarios y disposicin de edificaciones dentro de las manzanas.En el aspecto administrativo, los repobladores introducen un nuevoconcepto de barrio, bajo la forma de collacin o parroquia, sin nin-guna referencia a las anteriores unidasies zonales de la ciudad is-lmica.

    b) La nueva sociedad andaluza, fuertemente jerarquizada, conunas oligarquias feudales basadas en la propiedad de la tierra y delos productos agrarios vierte, sin embargo> su excedente de renta enlos medios urbanos, lo que permite el desarrollo de la ciudad, de lasinversiones urbanas, debido al gusto de los seores seglares o ecle-sisticos por la vida ciudadana.

    c) El crecimiento demogrfico del siglo xv produce en todos losncleos urbanos bticos el nacimiento y expansin de arrabales ex-tramuros que son, salvo alguna excepcin, de nuevo emplazamientoy traza, sin herencia islmica.

    3. Las funciones econmicas

    a) Las ciudades andaluzas bajo-medievales y sus nuevos pobla-dores mantuvieron las funciones econmicas de poca islmica comocentros de agrupacin artesanal, mercados reguladores de reas co-marcales o regionales y centros de distribucin y consumo. Por estemotivo, las principales inversiones en edificios y tiles de la activi-dad econmica respetan las localizaciones urbanas antiguas (calles,plazas, lugares de mercado, zonas de concentracin de la actividadcomercial o artesana) y se destinan a los mismos tipos de edificios otalleres (alcaiceras> tiendas, alhndigas> almacenes y bodegas, almo-nas o fbricas de jabn, hornos y tahonas, aceas o molinos deagua).

    b) Las instituciones eclesisticas y los linajes aristocrticos apa-recen muy interesados en algunas de estas inversiones, las ms cos-tosas o rentables, y los municipios, por su parte, controlan siempre

  • loo Miguel-Angel Ladero Quesada

    algunos edificios y actividades: es el caso de los psitos de cerealesy almacenes de sal.

    c) Dentro de este conjunto, las inversiones son especialmenteimportantes en Sevilla, debido a:

    La importancia de manufacturas y talleres de propiedad esta-tal: atarazanas, casa de moneda, herreras, jaboneras.

    La presencia de colonias de mercaderes extranjeros que dispo-nen de sus propios edificios e instalaciones: genoveses> placen-tines, catalanes.

    La necesidad de acondicionar el ro Guadalquivir, navegable,como mximo> hasta Crdoba, por medio de muelles> canalesy caos, puentes> etc.

    4. Las unciones militares y defensivas obligan a las inversionesms fuertes> junto con las destinadas a fines eclesisticos. Son msfrecuentes los gastos destinados a mantenimiento o mejora que losque se dedican a nuevas construcciones, aunque stas tampoco es-casean, tanto con tcnicas de origen islmico alczares de Sevillacomo europeo alczares de Crdoba.

    Las principales construcciones se refieren a los alczares y mu-rallas urbanos y a la red territorial de castillos. Los inversores son laCorona, los municipios y la aristocracia laica. Ellos y los defensoresde estas fortificaciones, privilegiados socialmente, eran, en efecto,los interesados principales en la defensa exterior frente al emiratogranadino e interior> del orden social establecido.

    5. Las unciones religiosas y asistenciales, al expresar los aspec-tos ms relevantes de la ideologa social, han dado lugar a inversio-nes cuantiosas y continuas:

    a) Las inversiones en templos han sido muy nutridas. Aunque setomaron para este uso muchas antiguas mezquitas la mayor de Cr-doba, por ejemplo, son ms de trescientos los edificios construi-dos en la baja Edad Media, alguno de tan enorme costo y larga du-racin de las obras, ms de cien aos, como la catedral de Sevilla,en el siglo xv.

    b) La inversin en monasterios y capillas funerarias refleja unafuncin de patronazgo propia de las altas clases sociales en que seexpresa tanto su sensibilidad religiosa como sus posibilidades econ-micas y afn de ostentacin. Por el contrario, el fenmeno de losemparedamientos y gran cantidad de pequeos hospitales-alber-gues corresponderan, ms bien, a manifestaciones de piedad popu-lar urbana. He intentado un primer inventario de estas fundaciones

  • Las ciudades de Andaluca occidental en la Baja Edad Media 101

    monsticas y hospitalarias, cuyas cuentas se conservan, a veces, parala segunda mitad del siglo xv, cuando comenz a incrementarse ex-traordinariamente su nmero.

    c) Una consecuencia importante del patrocinio e inversiones so-bre edificios y actividades religiosas fue la concentracin en manosdel estamento eclesistico de abundante propiedad urbana, aparte delos templos y conventos. A finales del siglo xv las instituciones ecle-sisticas y asistenciales sevillanas disponan, por ejemplo, de unasdos mil fincas urbanas en la ciudad, explotadas en rgimen de arren-damiento. Por el contrario, la aristocracia laica no parece haberse in-teresado mucho por invertir su dinero en la compra de casas y otrosinmuebles urbanos, salvo los que necesitaba para su uso directo.

    cl) En contraste con lo dicho anteriormente, la inversin en cen-tros y lugares de difusin de cultura intelectual ha sido mnima entoda la Edad Media cristiana andaluza. Se prefiri, incluso> fundar enSalamanca colegios y residencias para estudiantes sevillanos, clrigossiempre, hasta finales del siglo xv.

    6. Permanencia y renovacin en los servicios y reas de uso pi-blicoo privado

    a) En trminos generales se puede afirmar que son muy escasaslas inversiones en edificios administrativos (palacios municipales,tribunales de justicia, edificios aduaneros) antes de la segunda mitaddel siglo xv. Los locales de pocas anteriores, cuando existen, son muymodestos.

    b) Igualmente, hasta ese momento no hay innovacin alguna conrespecto a tiempos islmicos en lo referente a trada de aguas, alcan-tarillado, baos pblicos, etc.

    c) Tambin penetran a finales del siglo xv las nuevas concep-ciones urbansticas del Renacimiento, que difunden el pavimentadode las calles, la aparicin de numerosas plazas, la multiplicacin deventanas a la calle en las viviendas y la disposicin ornamental desus fachadas. Antes, se conserv sin muchas alteraciones el conceptoislmico de la casa urbana, vertida hacia sus patios, huertas y azo-teas interiores, de espaldas a la calle.

    cl) En consecuencia, el trnsito a la Modernidad se realiza en lasciudades andaluzas con fuertes inversiones en todos estos aspectos,antes muy descuidados,

    7. Esbozo diacrnico

    La sociedad andaluza bajo-medieval ha conservado o creado untipo urbano muy estable. No podramos olvidar, sin embargo, que las

  • 102 Miguel-Angel Ladero Quesada

    inversiones no se distribuyeron por igual ni con los mismos fines alo largo de los doscientos cincuenta aos que hemos estudiado.

    a) Hay un primero y gran momento inversor en todos los rdenesdurante la poca de las repoblaciones, hasta los aos ochenta del si-glo xiii.

    b) Durante el siglo xiv pueden sealarse dos perodos de mayoractividad inversora en 1325-1345 y 1356-1376. En ambos hay buenosejemplos de inversin pblica en castillos, alczares e iglesias. En elsegundo de ellos abundan las fundaciones hospitalarias. Por el con-trario> el siglo xiv fue una poca muy poco propicia para las funda-ciones monsticas.

    o) A partir de 1420 se detecta un incremento y expansin de lasinversiones que se hace ms evidente desde 1445 aproximadamente ycontina hasta enlazar con el boom urbanstico andaluz del si-glo xvi, aunque no sin breves perodos de crisis entre los que cabe se-alar las dcadas 1481-1490 y 1501-1510. Los aspectos de esta expan-sin son muy variados: incremento de la poblacin reflejado en elnacimiento de nuevos focos de actividad econmica en todas las ciu-dades y en la construccin de arrabales. Nuevo concepto de la vivien-da, de las obras y espacios de utilidad pblica. Edificios para las fun-ciones administrativas. Renovacin de los alczares regios. Funda-ciones monsticas y hospitalarias muy numerosas. Mejora o cons-truccin de decenas de templos.

    * * *

    Es evidente, en conclusin, que el urbanismo andaluz se renovampliamente en los siglos xiii al xv, aunque bajo una apariencia con-servadora y muy respetuosa de la poca anterior, y que en la tipolo-ga de las inversiones que hemos esbozado aparecen con claridad mu-chos rasgos colectivos o de clase propios de la nueva sociedad quehaba venido a instalarse en aquellas antiguas ciudades islmicas. Sicontsemos con datos cuantitativos relacionables con las magnitu-des econmicas generales de cada momento, seria posible concretary ejemplificar mejor las ideas e hiptesis generales que he expuestoen estas pginas.

  • APENDICES

    1

    COLLAcIONEs Y ARRABALES

    2. Crdoba1. Sevilla

    Santa Mara, o catedral (con los ba-rrios de francos, de Gnova y de lamar)

    El SalvadorSan IsidoroSan NicolsSan Bartolom ViejoSan EstebanSan IldefonsoSantiagoSanta CatalinaSan PedroSan AndrsSan MiguelSanta M? MagdalenaSan VicenteSan LorenzoSan MartnSan JuanSan MarcosSan RornnSanta LucaSan JulinSanta MarinaSan GilSanta Cruz (desde 1391)Santa M7 la Blanca (desde 1391)San Bartolom Nuevo (desde 1391)Santa Ana (arrabal de Triana)Arrabal de CesteraArrabal de Carretera

    Santa Mara, o catedralSan JuanOmniurn SanctorumSan Nicols de la VillaSan MiguelSanto DomingoEl SalvadorSanta MarinaSan LlorenteSanta M. MagdalenaSan AndrsSan PedroSantiagoSan Nicols de la Ajarqufa

    3. Jerez

    El SalvadorSan MateoSan LucasSan JuanSan MarcosSan Dionisio o LeonisArrabal de San MiguelArrabal de Santiago

    4. Carmona

    El SalvadorSan BartolomSanta Mara

  • 104 Miguel-Angel Ladero Quesada

    SantiagoSan FelipeSan BlasSan Pedro (arrabal)

    5. Ecija

    Santa CruzSanta MariaSan JuanSanta BrbaraSantiago (arrabal)San Gil (arrabal)

    6. Ubeda

    Santa Mara del AlczarSan PedroSan PabloSan LorenzoSanto DomingoSan Juan BautistaSan Juan ApstolSanto TomsSan isidro (arrabal)San Nicols (arrabal)San Milln (arrabal)

    2

    1. Sevilla

    Siglo xin

    1301131413691373140014141400 aprox.14031450147514761490

    FUNDAcIoNEs MONSTICAS URBANAS MS iMPORTANTES

    TrinitariosMercedariosSanto Domingo de Silos; ben.San Pablo; dom.San Francisco; fr.Nuestra Seora del Carmen; carln.San Clemente; f.Santa Clara; f.Santa Mara de las Dueas; f.San Isidoro del Campo; cist. desde 1431 lcr.San Agustn; ag.San Leandro; 1.Santa Ins; f. cIar.Santa Mara de-las Cuevas; cart.San Jernimo de Buenavista; jer.Nuestra Seora del Valle; f. dom.Santa Mara la Real; f. dom.Santo Domingo de Portaceli; dom.Santa Paula; f. jer.Madre de Dios; f.Santa Isabel; 1 sanj.

    2. Crdoba

    Siglo xiii

    Pm s. xn-1310Fin s. xiv141614221432 en adelante

    San Pablo; dom.San Francisco; fr.San Acisclo y Santa Victoria; dom.Santa Clara; E. ciar.San Clemente; 1 cist.MercedariosSan Agustn; ag.San Jernimo de Valparaso; jer.La Arruzafa; fr.Scala Coel; dom.Ermitaos en la Sierra de Crdoba.

    1 Abreviaturas utilizadas: f. femenino; ben, benedictinos; ca.canos; dom, dominicos; carTa. = carmelitas; ag. = agustinos; jer.ciar. = clarisas; sanj. = sanjuanistas.

    = cistercienses; fr. = francis.= jerdainios; cart- = cartujos;

  • Las ciudades de Andaluca occidental en la Baja Edad Media 105

    1440Mcd. s. xv14611464147514831487Fin s. xv1503

    3. Ecija

    Segunda mitads. xiv

    1420 aprox.14731487149114981505

    Madre de Dios; f. ir.Nuestra Seora del Carmen; carm.Santa Maria de las Nieves.Santa Marta; f. jer.Santa Mara de Gracia; f. dom.Santa Isabel de los Angeles; f.La Concepcin; f. cist.Jess Crucificado; 1. dom.La Encarnacin; f.

    San Pablo y Santo Domingo; dom.El Carmen; carm.San Francisco; Ir.Madre de Dios; 1.San Agustn; ag.Espritu Santo; f. dom.Mnimos de San Francisco de Paula.

    4. Jerez

    Siglo XIII

    13501463Siglo xvComienzos s. xvi

    Santo Domingo; dom.San Francisco; Ir.Mercedarios.Cartuja.Espritu Santo; f. dom.Santa Clara; 1. dar.La Madre de Dios; 1. fr.

    5. Carmona

    Santa Clara; f. ciar.La Concepcin.La Madre de Dios; 1.

    Mercedarios.Trinitarios.San Francisco; ir.San Andrs; dom.

    NOTA: Recientemente se ha publicado el detallado artculo de Jos SNcHezHERRERO, Monjes y frailes. Religiosos y religiosas en Andaluca durante la BajaEdad Media, Actas del III Coloquio de Historia Medieval Andaluza, Jan, 1984.pgs. 405-456.

    146015101520

    6. Ubeda

    1234125013001531

  • BIBLIOGRAFA

    Esta comunicacin se basa en bibliografa casi por completo, de la que men-ciono aqu los ttulos principales. Antecedentes sobre el urbanismo andalus enlos numerosos trabajos de Leopoldo TORRES BALBS, especialmente en su libropstumo Ciudades hispanomusulmanas (Madrid, 1971, 2 vois). Sobre estado decuestiones y aspectos de la baja Edad Media andaluza, vanse mis trabajos, Lainvestigacin histrica sobre la Andaluca medieval en los ltimos veinticincoaos (1951-1976), Actas del 1 Congreso de Historia de Andaluca. Andaluca Me-dieval, 1, Crdoba, 1978, pgs. 217-250. Las ciudades y la economa andaluza,Sevilla, 1983 (Cuadernos de Trabajo de Historia de Andaluca. III. Hajomedieval).Ensayo sobre la historia social de Andaluca en la Baja Edad Media y los mo-tivos del predominio aristocrtico, 1 Coloquio de Historia de Andaluca. Anda-luca Medieval,>, Crdoba, 1982. Historia de Sevilla. La ciudad medieval, Sevilla,1980. Andaluca en el siglo XV. Estudios de historia poltica, Madrid, 1974.

    SEVILLA: Antonio COLLANTES DE TERN SNcHEZ, Sevilla en la baja EdadMedia: la ciudad y sus hombres, Sevilla, 1977. Julio GONzLEZ, El repartimientode Sevilla, Madrid, 1951; Historia del urbanismo sevillano, Sevilla, 1972 (p-ginas 47-68: Sevilla mudjar, por Francisco COLLANTES DE TSL&N). Del mismoautor, La Sevilla que vio Guzmn el Bueno, Archivo Hispalense>, 84-85 (1957),pgs. 9-44, y Los castillos del reino le Sevilla, Archivo Hispalense, XVIII (1953>,pgs. 117-185. Francisco COLLANTES DE TimAn CAAMAO, Memorias de los esta-blecimientos de caridad de Sevilla, Sevilla, 1884-1886, 2 vols. Diego ANGULOIIGUEZ, Arquitectura mudjar sevillana de los siglos XIII, XIV y XV, Sevilla,1932. Juan de Mata Ciuuzo, Las murallas de Sevilla, Archivo Hispalense,48-49 (1951). Jos GEsToso PREZ, Sevilla monumental y artstica, Sevilla, 1889-1892, 3 vols. Rafael GMEZ RAMOS, Arquitectura Alfons, Sevilla, 1974. AlfredoJos MORALES MARTNEZ, Arquitectura medieval en la Sierra de Aracena, Sevi-la, 1976. Justino MATUTE GAvIiu, Aparato para escribir la historia de Triana yde su iglesia parroquial, Sevilla, 1881. Flix GONzLEZ DE LEN, Noticia histricadel origen de los nombres de las calles de esta.. ciudad de Sevilla, Sevilla, 1839.Joaqun HAzAAs Y LA Rit, Algunas consideraciones sobre la casa sevillana,Sevilla, 1928.

    CARMONA y ECIJA: Jos HERNNDEZ DThz, Antonio Sncuo Corzncuo yFrancisco COLLANTES DE TERN, Catlogo monumental de la provincia de Sevilla,

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    JEREZ y CADIZ: Hiplito SANcHO DE SoPRANIs, Historia de Jerez de laFrontera, Jerez, 1964 (vol. i), e Historia social de Jerez de la Frontera al finde la Edad Media, Jerez, 1959, 3 vols. Manuel ESTEXE GUFRRERO, El casco urbanode Jerez de la Frontera, Jerez, 1962. Fernando MONGUL BECHER, Historia delalczar de Jerez de la Frontera desde su incorporacin a los dominios cristia-nos, Jerez, 1974. Agustn MUOZ Y GMEZ, Noticia histrica de las calles y pla-zas de Xerez de la Frontera, Jerez, 1903. Manuel GONZLEZ JIMNEZ y AntonioGONZLEZ GMEZ, El libro del repartimiento de Jerez de la Frontera. Estudio yedicin, Cdiz, 1980. Jos SNcHEz HERRERO, Cdiz. La ciudad medieval y cris-tiana, Crdoba, 1981,

    CORDOBA: Miguel Angel ORT BELMONTE, Crdoba monumental, artstica ehistrica, Crdoba, 1964, 2 vols. Rafael CASTEJN, Gua de Crdoba, Madrid, 1930,y Crdoba califal,

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