lahaye, tim - dejados atras 1

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DEJADOS ATRS TIM LaHAYE & JERRY B. JENKINSEDITORIAL UNILIT, 1998 Ttulo Original: Left Behind Traduccin de Nellyda Pablovsky Impreso en Colombia Para Alice McDonald y Bonita Jenkins quienes se aseguraron de que nosotros no seramos dejados atrs Uno Raimundo Steele tena la mente puesta en una mujer a quien nunca haba tocado. Con su 747 lleno por completo volaba sobre el Atlntico con el piloto automtico y dirigindose a Heathrow, el aeropuerto de Londres, para aterrizar a las 6 A.M., haba apartado de su mente cualquier recuerdo de su familia. Durante las vacaciones de primavera pasara unos das con su esposa y su hijo de doce aos. Su hija regresara tambin de la universidad. Pero por ahora, con su copiloto dormitando. Raimundo pensaba en la sonrisa de Patty Durn y esperaba ansioso su prximo encuentro. Patty era la jefa de azafatas del vuelo de Raimundo. No la haba visto en ms de una hora. Antes esperaba ansioso el regreso a casa para volver a ver a su esposa. Irene era bastante atractiva y vivaz, aun a los cuarenta. Pero ltimamente se haba sentido incmodo por su obsesin con la religin. Ella no poda hablar de otra cosa. Raimundo estaba de acuerdo en que Dios ocupara su lugar. Incluso disfrutaba yendo a la iglesia ocasionalmente. Pero desde que Irene se haba unido a una congregacin ms pequea y participaba en estudios bblicos semanales, sin faltar a la iglesia los domingos, Raimundo se estaba sintiendo incmodo. La de ella no era una iglesia donde la gente le2

concediera a uno el beneficio de la duda, pensando lo mejor de uno, y dejndolo tranquilo. La gente all le haba preguntado abiertamente lo que Dios estaba haciendo en su vida. "Bendicindome!" se haba convertido en la sonriente respuesta que pareca satisfacerlos, pero cada vez encontraba ms excusas para estar ocupado los domingos. Raimundo trataba de convencerse de que lo que lo haca desviar sus pensamientos era la devocin de su esposa a un seor divino. Pero saba bien que la verdadera razn era su propio deseo. Adems, Patty Durn era tan hermosa que dejaba sin aliento. Nadie poda negarlo. Lo que a l ms le gustaba era el hbito que tena de tocarlo. Nada inadecuado, nada escandaloso. Simplemente le tocaba el brazo cuando pasaba junto a l, o le pona suavemente la mano en el hombro cuando estaba detrs de su asiento en la cabina. No eran slo esos roces los que hacan que Raimundo disfrutara de su compaa. Le resultaba evidente por las miradas, las expresiones y el comportamiento de ella, que al menos lo admiraba y respetaba. Si estaba interesada en algo ms, slo poda tratar de adivinarlo. Y lo haca. Haban pasado juntos mucho tiempo, conversando durante horas mientras cenaban o tomaban algunas bebidas, unas veces con compaeros de trabajo, otras no. l no le haba devuelto ni el roce de un dedo, pero la haba mirado a los ojos, y slo poda suponer que la sonrisa que le haba dedicado le habra hecho comprender a ella lo que l pensaba. Quizs hoy. Tal vez esta maana, si su toquecito peculiar en la puerta de la cabina no despertaba a su copiloto, l podra alzar la mano y cubrir con la suya la mano de ella: de un modo amistoso que l esperaba que ella reconociera como un paso, un primer paso de su parte, hacia una relacin. Y sera la primera vez. El no era puritano, pero jams le haba sido infiel a Irene. Le haban sobrado las oportunidades. Durante mucho tiempo se sinti culpable por unas caricias apasionadas que haba disfrutado durante una fiesta navidea de la compaa, doce aos atrs. Irene se haba quedado en la casa, debido a los malestares propios de sus nueve meses de embarazo de su hijo Raimundo junior, por tanto tiempo esperado. Aunque un poco embriagado, Raimundo haba tenido el buen sentido de irse temprano de la fiesta. Por supuesto que Irene not que estaba ligeramente bebido, pero no pudo haber sospechado nada ms, por lo menos no de su correcto capitn. El era el piloto que una vez tom dos3

martinis mientras el aeropuerto estaba cerrado por la nieve y despus, cuando el tiempo mejor. voluntariamente se qued en tierra. Ofreci pagar por el piloto de relevo, pero Pan-Continental qued tan impresionada por su conducta, que en lugar de eso, lo convirtieron en un ejemplo de autodisciplina y prudencia. En un par de horas Raimundo sera el primero en ver seales del sol, una estimulante paleta de colores pastel que sealaran el remiso amanecer sobre el continente. Hasta entonces, la oscuridad que se vea por las ventanas pareca tener millas de espesor. Sus pasajeros soolientos o dormidos haban bajado las cortinas de las ventanas, y colocado en su lugar las almohadas y las frazadas. Por el momento el avin era una oscura y zumbante cmara dormitorio para todos, salvo unos pocos que deambulaban, las azafatas y uno o dos que respondan al llamado de la naturaleza. Entonces, la pregunta de la hora ms oscura antes del amanecer, era si Raimundo Steele se arriesgara a una nueva y excitante relacin con Patty Durn. Reprimi una sonrisa. Estaba bromeando consigo mismo? Alguien con su reputacin podra alguna vez hacer algo ms que soar con una hermosa mujer quince aos menor que l? Ya no estaba tan seguro. Si slo Irene no se hubiera propasado en esta nueva chifladura. Se le pasara su preocupacin por el fin del mundo, el amor de Jess y la salvacin de las almas? ltimamente haba estado leyendo todo lo que le caa en las manos acerca del Rapto de la Iglesia. -Puedes imaginarte, Raimundo -coment jubilosa-, Jess volviendo para llevarnos antes de que muramos? -S, claro -contest l, mirando por encima de su peridico-, eso sera de morirse. A ella no le hizo gracia: -Si no supiese lo que me pudiera suceder -dijo-, no jugara con eso. -Yo s s lo que me suceder -insisti l . Yo estar muerto, fallecido, difunto. Pero t, por supuesto, volaras directo al cielo. El no haba querido ofenderla, slo se estaba divirtiendo. Cuando ella se dio vuelta alejndose, l la sigui. La hizo volverse y quiso besarla, pero ella estaba fra. -Vamos, Irene -dijo-. Dime que miles no se desmayaran si vieran a Jess volver por toda la gente buena. Ella se solt llorando: -Te lo he dicho muchas, muchas veces. Los que se salven no son personas buenas, son.... -Slo gente perdonada, s, ya s -le contest. sintindose rechazado y vulnerable en su propio saln de estar. Volvi a su butaca y su peridico-. Si te hace sentir mejor, me alegro por ti de que ests tan segura.4

-Yo nicamente creo lo que dice la Biblia -respondi Irene. Raimundo se encogi de hombros. Hubiera querido decir: "Bien por ti," pero no quiso empeorar la situacin. En cierto sentido l le haba envidiado su confianza, pero en realidad lo archiv como que ella era una persona ms emotiva, que se llevaba ms por los sentimientos. No quera ser explcito, pero el hecho era que l era ms brillante; s, ms inteligente. El crea en reglas, sistemas, leyes, patrones, cosas que uno puede ver y sentir y or y tocar. Si Dios era parte de todo eso, bien. Un poder superior, un ser amante, una fuerza tras las leyes de la naturaleza, perfecto. Cantemos acerca de eso, oremos por eso, sintmonos bien por nuestra capacidad de ser buenos con otros, y sigamos con nuestros asuntos. Lo que ms tema Raimundo era que esta fijacin religiosa no se le pasara, como cuando form parte de una red de ventas a domicilio, despus de otra, de su delirio por los ejercicios aerbicos y otros por el estilo. Poda imaginrsela tocando puertas y preguntando si le permitiran leerle a la gente uno o dos versculos. Con seguridad que ella saba bien que l no le seguira en eso. Irene se haba convertido en toda una fantica religiosa. Y de algn modo eso haba dejado en libertad a Raimundo para soar con Patty Durn sin sentirse culpable. Tal vez podra decirle algo, sugerirle algo, insinuarle algo mientras l y Patty atravesaban caminando Heathrow, hacia la fila de taxis. Quizs antes. Se atrevera a insinuarse ahora, horas antes del aterrizaje?

Junto a una ventana en primera clase, un escritor estaba sentado inclinado sobre su computadora porttil. Apag la mquina, prometindose volver a su peridico ms tarde. A los treinta aos, Camilo Williams era el ms joven de los redactores jefes que nunca hubiera habido en el prestigioso Semanario Mundial. Era la envidia de todo el personal veterano, porque o se les adelantaba con alguna primicia, o le asignaban las mejores historias del mundo. Tanto sus admiradores como sus detractores en la revista le llamaban el "Macho", porque decan que siempre estaba desafiando la tradicin y la autoridad. Camilo crea que l siempre viva una vida encantada, por haber sido testigo de algunos de los ms cruciales sucesos de la historia. Un ao y dos meses atrs, su historia de cubierta el primero de enero lo haba llevado a Israel para entrevistar a Jaime Rosenzweig y haba resultado ser el suceso ms extrao que haba experimentado en toda su vida.5

El anciano Rosenzweig haba sido el nico en ser elegido por unanimidad como el "Noticin del Ao" en la historia del Semanario Global. Su redaccin se haba apartado siempre de cualquiera que Time pudiera haber seleccionado obviamente como el "Hombre del Ao" . Pero Rosenzweig fue automtico. Camilo Williams haba asistido a la reunin de directores preparado para discutir en favor de Rosenzweig y contra cualquier otra estrella que los otros pudieran patrocinar. Fue una sorpresa muy agradable cuando el editor jefe Esteban Plank abri con: -Alguien desea nominar a algn estpido, como cualquiera que no sea el ganador del Premio Nobel de Qumica? Los directores se miraron unos a otros, negaron con la cabeza, y fingieron prepararse a salir. -Recoge las sillas, que la reunin ha terminado -dijo el "Macho"-. Esteban, no estoy intrigando para conseguirlo, pero t sabes que conozco al tipo y que l tiene confianza en m. -No te apresures, vaquero -salt un rival, y apel a Plank-. Vas a dejar que el "Macho" se asigne l mismo otra vez? -Pudiera -contest Esteban-. Y si lo hago, qu? -Pensaba que ste es un asunto tcnico, un artculo de ciencia -murmur el detractor de el "Macho"-. Yo pondra al reda