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LA VOZ DEL MAESTRO GIBRAN KHALIL GIBRAN

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GRAN BIBLIOTECA VIRTUAL ESOTERICA ESPIRITUAL

1

LA VOZ DEL MAESTRO

GIBRN KHALIL GIBRN

(1959)

I

EL MAESTRO Y EL DISCPULO

1. VIAJE DEL MAESTRO A VENECIA

Y sucedi que el Discpulo vio al Maestro pasear en silencio arriba y

abajo del jardn, y en su plido semblante mostrbanse seales de profunda .tristeza. El Discpulo salud al Maestro en nombre de Al y le pregunt cul

era la causa de su dolor. El Maestro hizo un ademn con el bculo y rog al

Discpulo que se sentase en la piedra junto al estanque de los peces. As lo

hizo el Discpulo, preparndose a escuchar la voz del Maestro.

Y ste dijo:

Quieres que te relate la tragedia que mi Memoria repite cada da y

cada noche en el escenario de mi corazn. Ests cansado ya de mi

prolongado silencio y del secreto que no te revelo, y te atribulas ante mis

suspiros y -lamentaciones. Te dices a t mismo: "Si el Maestro no me admite

en el templo de sus tristezas, cmo voy a poder penetrar jams en la

morada de sus afectos?"

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2

Escucha mi historia... Prstame odo, pero no me compadezcas,

porque la piedad es parados dbiles, y yo estoy fuerte todava en medio de

mi afliccin.

Desde los das de mi juventud me ha venido persiguiendo en el sueo

y en la vigilia el fantasma de una extraa mujer. La veo cuando estoy a solas

por la noche, sentada junto a mi lecho. En el silencio de la medianoche

escucho, su dulce voz. Muchas veces, al cerrar los ojos, siento el tacto de

sus suaves dedos en mis labios; y cuando abro los ojos, el miedo me invade

y repentinamente empiezo a escuchar el susurro de los ecos de la Nada...

Frecuentemente me siento desorientado y me digo: "No ser mi

fantasa la que me hace dar vueltas hasta parecer que me pierdo entre las

nubes? No habr forjado yo desde lo ms hondo de mis sueos una nueva

divinidad de voz melodiosa y manos tibias? He perdido acaso los sentidos

y, en medio de mi locura, he creado esta cara y amada compaera? Me he

retirado de la sociedad de los hombres y del bullicio de la ciudad para poder

estar a solas con el objeto de mi adoracin? Habr cerrado los ojos y los

odos a las formas y rumores de la Vida, para poder admirarla mejor y

escuchar su melodiosa voz?

Me pregunto a m mismo muchas veces: "Soy un loco a quien le

place estar solo, y que de los fantasmas de su soledad modela una

compaera y esposa para su alma?"

Te hablo de una Esposa y te asombra el or esta palabra. Pero,

cuntas veces nos desconcertamos ante una experiencia extraa que

rechazamos como imposible, aunque su realidad no puede borrarse de

nuestra mente por mucho que lo intentemos?

Esta mujer de mis visiones ha sido en realidad mi esposa, y ha

compartido conmigo los gozos y sinsabores de la vida. Cuando me despierto

por la maana, la veo reclinada sobre mi almohada, mirndome con ojos

rutilantes de bondad y amor maternal. Est conmigo cuando planeo cualquier

empresa y me ayuda a realizarla. Cuando me siento a comer, ella toma

asiento junto a m e intercambiamos ideas y palabras. Al anochecer, est

conmigo de nuevo y me dice:

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3

-Llevamos mucho tiempo encerrados en este lugar. Salgamos a

caminar por los campos y las praderas.

Entonces dejo mi trabajo y la sigo por el campo, nos sentamos en una

piedra elevada y contemplo el horizonte distante. Ella me seala la nube

dorada y me hace notar la cancin que gorjean los pjaros antes de retirarse

a pasar la noche, agradeciendo al Seor por la ddiva de su libertad y de su

paz.

De cuando en cuando viene a mi habitacin, en mis momentos de

ansiedad y tribulacin. Pero, en cuanto la diviso, todos mis cuidados y

zozobras se truecan en alegra y calma. Cuando mi espritu se subleva contra

la injusticia del hombre para el hombre, y veo su rostro entre otros rostros de

los cuales estoy dispuesto a huir, sosigase la tempestad de mi corazn, a la

que sucede su voz celestial de paz. Cuando estoy slo y los crueles dardos

de la vida despedazan mi corazn y me encadenan a la tierra los grilletes de

la vida, observo que mi compaera me mira con los ojos llenos de amor, y mi

amargura se torna en mansedumbre, y la Vida se me antoja un Edn de

felicidad.

Acaso me preguntes cmo puedo estar contento con esta existencia

tan rara, y cmo un hombre como yo, en plena primavera de la vida, es

capaz de encontrar alegra en fantasmas y ensueos. Pero yo te digo que los

aos que he pasado en tal estado constituyen la piedra angular de cuanto he

llegado a conocer sobre la vida, la Belleza, la Dicha y la Paz.

Porque la compaera de mi fantasa y yo hemos sido como

pensamientos que flotan libremente ante la luz del Sol o sobre la superficie

de las aguas, entonando un cntico a la luz de la Luna... Un cntico de paz

que endulza el espritu y conduce a la belleza inefable.

Vida es lo que vemos y experimentamos a travs del espritu; pero

llegamos a conocer el mundo que nos rodea a travs de nuestro

entendimiento y de nuestra razn. Y ese conocimiento nos produce gran

alegra o tristeza. Yo estaba destinado a experimentar la tristeza antes de

llegar a los treinta aos. Ojal hubiese muerto antes de alcanzar los aos

que secaron la sangre de mi corazn y la savia de mi vida, deJ andome como

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un rbol seco con ramas que ya no se columpian a la dulce brisa, y en las

que no construyen sus nidos los pjaros.

El Maestro se call y sentndose junto a su Discpulo, continu:

Hace veinte aos, el gobernador del Monte Lbano me mand a Venecia

en una misin de estudio, con una carta de recomendacin para el alcalde de la

ciudad, a quien haba conocido en Constantinopla. Zarp del Lbano a borde de

una nave italiana en el mes de Nisn. El aire primaveral era fragante y las

nubes blancas se cernan sobre el horizonte como hermosas pinturas. Con

qu palabras podr describirte el jbilo que sent durante la travesa? Todas

son muy pobres y muy escasas para expresar los sentimientos que laten en el

corazn del hombre.

Los aos que pas con mi etrea compaera estuvieron llenos de gozo,

de delicias y de paz. Jams sospech que el Dolor estuviese esperndome, ni

que el Sufrimiento acechase en el fondo de mi copa de Alegra.

Cuando el vehculo me apartaba de mis montaas y valles nativos y me

acercaba a la costa, mi compaera iba sentada a mi lado. Estuvo conmigo los

tres das jubilosos que pas en Beirut, recorriendo la ciudad junto a m,

detenindose donde yo me detena, sonriendo cuando me topaba con algn

amigo.

Cuando me sent en el balcn del hotel que dominaba la ciudad, ella se

incorpor a mis sueos.

Pero un gran cambio se efectu -en m cuando estaba a punto de

embarcarme. Sent una mano misteriosa que me agarraba y tiraba de m hacia

atrs; y o en mi interior una voz, que murmuraba:

- Regresa! No te vayas! Vulvete al puerto antes de que se d el barco

a la vela!

Pero yo no quise escuchar aquella voz. Cuando izaron las velas, me

sent como un pjaro que de repente hubiera cado entre las garras de un

halcn y que lo arrebataba a lo alto del cielo.

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5

Al anochecer, cuando las montaas y las colinas del Lbano no se

perdan en el horizonte, me encontr solo en la popa de la embarcacin. Mir

en torno, buscando a la mujer de mis sueos, a la mujer que amaba mi

corazn, a la esposa de mis das, pero ya no estaba junto a m. La hermosa

doncella cuyo semblante vea cada vez que miraba al cielo, cuya voz

escuchaba en el sosiego de la noche, cuya mano sostena cuando vagaba por

las calles de Beirut... ya no estaba junto a m.

Por vez primera en mi vida me encontr completamente solo en un bajel

que surcaba el mar profundo. Me puse a pasear por cubierta, llamndola desde

el fondo de mi cora zn, mirando a las olas con la esperanza de descubrir su

rostro. Pero todo fue en vano. A medianoche, cuando todos los pasajeros se

haban retirado, yo segua en cubierta, solo, atormentado y lleno de ansiedad.

De repente levant los ojos, y all estaba la compaera de mi vida, por

encima de m, en una nube, a corta distancia de la proa! Salt de gozo, abr

anchurosamente los brazos y exclam:

-Por qu me has abandonado, amada ma! Adnde te has ido?

Dnde has estado? Acrcate amorosamente a m y ya no me dejes solo

jams!

Pero ella no se movi. En su cara advert seales de pena y amargura,

que jams hasta entonces haba visto. Hablando quedamente y en