La vampira del carrer Ponent - ?· La vampira del carrer Ponent . Enriqueta MArtí sembró de horror…

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<ul><li><p>La vampira del carrer Ponent Enriqueta MArt sembr de horror la Barcelona de 1912. Secuestraba, prostitua y asesinaba a </p><p>nios para extraerles la sangre, las grasas y el tutano de los huesos y elaborar pcimas que sus clientes consideraban mgicas. El relato de las dos nias que liber la polica fue recogido por la </p><p>prensa de la poca con buena dosis de morbo. </p><p>PEDRO COSTA EL PAIS SEMANAL - 01-01-2006 </p><p>Enriqueta MArt sembr de horror la Barcelona de 1912. Secuestraba, prostitua y asesinaba a nios para extraerles la sangre, las grasas y el tutano de los huesos y elaborar pcimas que sus clientes consideraban mgicas. El relato de las dos nias que liber la polica fue recogido por la prensa de la poca con buena dosis de morbo. </p><p>Tras el delicado nombre de Enriqueta Mart se esconde una de las personalidades criminales ms feroces de la historia negra de Espaa. Secuestradora, prostituta, alcahueta, falsificadora, corruptora de menores, pederasta, bruja y asesina son algunas de las actividades que ejerci durante su vida esa mujer a la que el pueblo de Barcelona bautiz como la Vampira del Carrer Ponent. </p><p>Y todo empez de una forma bien simple, con un desmentido oficial que trataba de negar la realidad, algo que ha venido sucediendo siempre a lo largo de la historia. El gobernador civil, nada menos que Portela Valladares, trataba de convencer a todos de que era completamente falso el rumor que se est extendiendo por Barcelona acerca de la desaparicin durante los ltimos meses de nios y nias de corta edad que segn las habladuras populacheras habran sido secuestrados. </p><p>Pero el rumor, ese runrn que se extenda por calles y plazas, mercados y patios de vecinos, era completamente cierto. Eran muchos los nios que a diario desaparecan en las grandes ciudades durante aquellos aos y los padres, para amedrentar a sus hijos, para hacerlos ms precavidos, les contaban ttricos relatos sobre el hombre del saco. </p><p>Por aquellos das de febrero de 1912, apenas tres aos despus de la Semana Trgica, la mayor parte de ciudadanos de Barcelona andaban preocupados por la desaparicin de una nia de cinco aos llamada Teresita Guitart sobre cuyos detalles y circunstancias se estaba extendiendo ampliamente la prensa. </p><p>Haba ocurrido a la cada de la tarde del 10 de febrero en la calle de San Vicente. Ya era casi de noche cuando Ana, la madre de Teresita, se haba detenido a la puerta de su domicilio a charlar con una vecina y le solt la mano a la pequea en la creencia de que subira sola hasta el piso. Pero no fue as. Cuando el marido vio llegar a su esposa sin Teresita, pregunt extraado: Y la nena?. La buena mujer lanz un grito y baj corriendo a la calle, pero ya era demasiado tarde, no haba rastro de la nia. </p><p>Lo que haba ocurrido era que Teresita, en lugar de subir a su casa, se alej un poco, curioseando, y de repente sinti que una mano coga la suya y que una mujer extraa le deca con acento mimoso: Ven, bonita, ven, que tengo dulces para ti. La pequea, ilusionada, se dej llevar un trecho, pero, al ver que se alejaba demasiado de donde estaba su madre, solt su manita y trat de regresar. Demasiado tarde. La desconocida despleg un trapo negro con el que cubri por completo a la nia, la agarr en brazos para ahogar sus sollozos y protestas, y se perdi con su presa en las sombras de la noche. </p></li><li><p>Y Barcelona vivi ms de dos semanas con el corazn en un puo pensando en la suerte que habra podido correr la infeliz Teresita Guitart. Todos los esfuerzos policiales resultaron, como casi siempre, nulos. Sera una vecina fisgona, una chafardera, la que descubrira el paradero de la nia desaparecida. </p><p>Se llamaba Claudina Elas, y un buen da se fij en la carita de una nia que la miraba a travs de los sucios cristales de un ventanuco y le pareci que su expresin era implorante. Era la casa de la vecina del entresuelo, en la que viva con un nio y una nia, pero el deplorable rostro de aquella criatura de cabeza rapada no le resultaba familiar. Mira que si se tratara de la desaparecida Teresita. Se lo coment al colchonero que tena la tienda en la misma calle de Poniente (hoy Joaqun Costa) y ste se lo hizo saber al municipal Jos Asens, quien se lo comunic a su jefe, el brigada Ribot. </p><p>Y fue ste el que a primera hora de la maana del 27 de febrero de 1912 llam a la puerta del entresuelo 1 del nmero 29 de la calle de Poniente. Le abri una mujer que acababa de despertarse. </p><p>Buenos das. Vengo a inspeccionar su domicilio, pues hemos tenido una denuncia de que tiene usted gallinas. </p><p>Gallinas? A quin se le ocurre? Eso es mentira. </p><p>Si me permite </p><p>Y el brigada Ribot penetr en el piso descubriendo al fondo del pasillo a dos nias de corta edad. La duea de la casa reaccion y le dijo que sin una orden del juez no poda pasar. Pero era tarde. Ribot se acerc a la pequea, que tena la cabeza rapada.Cmo te llamas, guapa? </p><p>Felicidad </p><p>No te llamas Teresita? </p><p>La nia vacil y acab diciendo: Aqu me llaman Felicidad. Ribot pregunt a la mujer quin era aquella nia y ella respondi que no lo saba, que se la haba encontrado en la Ronda de San Pablo el da anterior y le haba dicho que estaba perdida y que tena hambre y ella se la haba llevado a casa. La otra es mi hija y se llama Angelita, aadi. No haba ningn rastro del nio que la vecina deca haber visto en repetidas ocasiones. </p><p>Una vez en la Jefatura de Polica, que entonces estaba en la calle de Seplveda y cuyo mximo responsable era Jos Milln Astray, la secuestradora fue identificada como Enriqueta Mart Ripolls, de 43 aos y con antecedentes por corrupcin de menores. </p><p>Haba sido detenida en 1909 en su domicilio de la calle de Minerva, donde descubrieron que tena un prostbulo de menores de ambos sexos y de edades que iban desde los cinco hasta los 16 aos. Con ella haba sido detenido un cliente joven que result ser hijo de familia distinguida. Enriqueta fue procesada, pero la causa se perdi en los archivos gracias a las influencias ejercidas por una persona muy conocida y muy poderosa de la ciudad. </p><p>La vida de Enriqueta Mart estuvo siempre muy relacionada con la prostitucin. Ella misma comenz a ejercerla antes de cumplir 20 aos, el da en que se dio cuenta de que siendo criada no se llegaba a ninguna parte. Fornic en los lupanares de ms baja estofa de la zona vieja y marinera de la Puerta de Santa Madrona hasta que un da decidi probar fortuna casndose con un pintor incomprendido y fracasado, Juan Pujal, un pobre tipo que se alimentaba de alpiste, como los pjaros, porque lo haba aprendido en un manual de naturismo. Diez aos dur la relacin, aunque hasta seis veces se separaron en este periodo. La ltima y definitiva haba sido cinco aos antes. </p><p>Por eso la polica pudo descubrir que Angelita no era hija de Enriqueta porque as lo declar el infeliz de Pujal, que explic que el fracaso de su matrimonio se deba a que Enriqueta es muy aficionada a los hombres y acostumbra a frecuentar ciertas casas que a m no me gustan. Posteriormente, los mdicos comprobaron que efectivamente Enriqueta nunca haba dado a luz. </p></li><li><p>Quin era, pues, Angelita y dnde estaba el nio que viva con ella en la calle de Poniente? Enriqueta no fue nada explcita en sus declaraciones y sigui manteniendo que la nia era suya aunque semanas despus reconocera que se la haba quitado nada ms nacer a una cuada a la que hizo creer que lo haba perdido en el parto. En cuanto al nio, explic que se llamaba Pepito, que tena cinco aos y que se lo haban dejado para que lo cuidara. Pero como se puso malito lo llev fuera de Barcelona para que se cure. </p><p>Poco a poco, a base de testigos que se presentaban espontneamente a declarar, pudo irse trazando la personalidad de la secuestradora. A pesar de que no tena problemas econmicos, sola mendigar y acuda, vestida como una pordiosera y acompaada casi siempre de un nio o una nia, a centros de acogida, conventos, parroquias y asilos pidiendo limosna y comida. </p><p>sta era su ocupacin por las maanas, pero a media tarde sala de su casa elegantemente vestida con sedas y terciopelos y tocada la cabeza con pelucas y sombreros. Qu lugares frecuentaba? A quin visitaba? </p><p>Las declaraciones de las dos nias, fundamentalmente la de Angelita, vinieron a demostrar que Enriqueta Mart era mucho ms que una alcahueta secuestradora y corruptora de nios. Teresita cont al juez que aquella mujer, nada ms llegar al piso, le dijo: Verdad que sientes picor en la cabeza? Anda, hija ma, djate cortar el pelito y te pondrs buena. </p><p>La nia se dej hacer mientras la mujer le deca que a partir de ahora se iba a llamar Felicidad y que ya no tena padres y que ella era su madre y que tena que llamarla mam cuando salieran a la calle. Pero nunca sali a la calle ni le estaba permitido asomarse al balcn o a las ventanas. Le daba mal de comer patatas y pan duro; no le pegaba, pero sola darle fuertes pellizcos. </p><p>Su nica distraccin era jugar con Angelita, porque ella no lleg nunca a ver a Pepito en la casa. A veces se quedaban las dos solas y era cuando tenan ms miedo y todos los ruidos las asustaban. Pero un da Angelita le dijo: Vamos a ver qu tiene mam en los sitios donde no nos deja entrar. Y entrelazando sus manitas penetraron casi a oscuras en las habitaciones prohibidas. Teresita tropez con algo que result ser un saco. Lo abrieron y, al descubrir su contenido, lanzaron un grito de horror: haba un cuchillo grande y unas ropas de nio manchadas de sangre. </p><p>La declaracin de Angelita fue an ms sobrecogedora. Ella s conoci a Pepito, un nio rubio de su misma edad con el que sola jugar hasta que un da Mam no se dio cuenta de que yo la vi cmo coga a Pepito, lo pona sobre la mesa del comedor y lo mataba con un cuchillo. Yo me fui a mi cama y me hice la dormida. </p><p>Tanto impresionaron al pueblo de Barcelona las declaraciones de las dos pequeas que se abrieron suscripciones populares para abrirles una libreta de la Caja de Ahorros y hasta fueron presentadas en pblico. En el teatro Tvoli, por ejemplo, se celebr una funcin en su honor y en los carteles se deca: Teresita y Angelita asistirn a la representacin desde un palco. </p><p>Pero lo ms tremendo todava estaba por llegar. Fue a raz del registro que se produjo en el entresuelo de la calle de Poniente. Los del juzgado se quedaron atnitos cuando entre aquellas habitaciones srdidas y malolientes descubrieron un suntuoso saln amueblado con gusto exquisito. El mobiliario, las lmparas, el cortinaje, las butacas y los sofs deban de haber costado una fortuna. </p><p>En un armario colgaban dos trajecitos de nio y otros dos de nia; haba medias de seda y zapatitos a juego con los trajes. Y tambin fueron encontrados las pelucas rizadas y los finos trajes de confeccin que Enriqueta vesta en sus misteriosas salidas. </p><p>Un paquete de cartas llam la atencin de los funcionarios. La mayora estaban escritas en lenguaje cifrado, y abundaban en ellas las contraseas y las firmas con iniciales. Apareci tambin una lista, una relacin de nombres, que dara mucho que hablar a la opinin pblica. </p><p>En la cocina encontraron el saco del que haban hablado las dos nias y, efectivamente, contena un trajecito de nio y un cuchillo ensangrentados. En otra habitacin descubrieron un saco de </p></li><li><p>lona, aparentemente lleno de ropa sucia y vieja, pero en cuyo fondo haba huesos de reducido tamao que posteriormente se confirmara que eran de criaturas infantiles. </p><p>Hasta 30 se contaron entre costillas, clavculas, rtulas Todos ellos presentaban la particularidad de que tenan seales de haber sido expuestos al fuego, lo que, segn los mdicos, exclua que pudieran servir para estudios anatmicos y haca suponer que ms bien los pobres nios haban sido sacrificados para extraer grasa de sus cuerpecitos. Esta afirmacin era en respuesta a la explicacin que das ms tarde dara Enriqueta justificando que tena recogidos aquellos huesos para estudios de anatoma. </p><p>Tras un armario descubrieron la cabellera rubia de una nia de unos tres aos, y la macabra expedicin concluy en una habitacin cuya cerradura tuvieron que forzar y en la que aparecieron medio centenar de frascos, rellenos, unos, de sangre coagulada; otros, de grasas, y el resto, con sustancias que fueron enviadas a un laboratorio para su anlisis. </p><p>Junto a las pcimas haba un libro antiqusimo con tapas de pergamino que contena frmulas extraas y misteriosas. Y tambin un cuaderno grande lleno de recetas de curandero para toda clase de enfermedades, escritas a mano, en cataln y con letra refinada. </p><p>A partir de aquel descubrimiento no se hablaba de otra cosa en la ciudad ms que de Enriqueta Mart, y los principales peridicos nacionales, que por entonces se componan de unas 16 pginas, le dedicaban a diario un par de ellas para contar, como si fuera un folletn, las novedades del caso bajo titulares como: Los misterios de Barcelona. </p><p>Entre los testimonios de personas que trataron a Enriqueta o sufrieron sus actividades se contaban historias tan dramticas como la de una mujer de Alcaiz que acababa de llegar a Barcelona a buscar trabajo con un beb en brazos. La buena mujer se sinti desfallecer y se sent en el umbral de una casa. Una desconocida, de tono amable, se le acerc; era Enriqueta. </p><p>Qu nena tan bonita!, quiere que le d un rato el pecho? </p><p>A mi hija nadie le da el pecho ms que yo respondi la baturra. </p><p>Pues a m me gustara drselo. Me parece que lo que usted tiene es hambre. Vamos a esa lechera, que le pago un vaso de leche. Pobre mujer! Traiga, que ya le llevar yo a la nia. </p><p>Y la mujer, que estaba desfallecida de hambre, sigui a la desconocida y entr con ella en la lechera. Enriqueta pidi un vaso de leche y exclam de repente: </p><p>Pero le sentar mejor con pan. Espere, que ahora mismo lo traigo. </p><p>Sali con el beb en brazos y nunca regres. Seis aos tuvieron que pasar hasta que la desgraciada mujer de Alcaiz volviera a ver frente a ella, para identificarla, a la que le haba robado a su hijo y sabe Dios lo que habra hecho con l. </p><p>Ante las abrumadoras pruebas, Enriqueta acab reconociendo que era curandera y que venda filtros y ungentos. Confecciono remedios utilizando determinadas partes del cuerpo humano. Y, de forma repentina, vocifer: Que registren el piso! Que piquen bien las paredes y encontrarn algo! Como s que me subirn al patbulo, quiero que conmigo suban los dems culpables. </p><p>No tan slo el piso de la calle de Poniente fue registrado a fondo, sino tambin los otros domicilios que Enriqueta haba tenido durante los diez ltimos aos. Y el resultado fue aterrador: en un piso de la calle de Picalqus fue descubierto un falso tabique que ocultaba un hueco en el que aparecieron ms huesos, entre ellos varios de manos de nio. Dice la crnica que con los huesos fue encontrado un calcetn de nio que debi de pertenecer a un hijo de familia muy humilde, porque est zurcido y aadido desde su mitad con hilo de otro color. </p><p>En un piso de la calle de Tallers, en un escondrijo, hallaron huesos y dos cabelleras rubias de nias de corta edad. En una torre de Sant Feliu de Llobregat aparecieron libros de recetas y nuevos frascos con sustancias desconocidas. Y finalmente, en el patio de una casa de la calle de </p></li><li><p>los Jocs Florals de Sants descubrieron el crneo de un nio de un...</p></li></ul>

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