la ternura del .de tirarse a su imitador travestido en “amor propio”. con ... enrique serna,

Download La ternura del .de tirarse a su imitador travestido en “Amor propio”. Con ... Enrique Serna,

Post on 26-Sep-2018

212 views

Category:

Documents

0 download

Embed Size (px)

TRANSCRIPT

  • LATERNURA DELESCRITOR | 33

    Dijo Martin Amis en alguna entrevista que eso de quelos personajes cobran vida propia y deciden de algn mo -do el curso de la historia que los contiene no lo entien-de, porque sus personajes, cuando ven que l se acerca,tiemblan. Es poco probable que Enrique Serna (Ciu-dad de Mxico, 1959) tropiece con un comentario tanestudiadamente narcisista, tan sobreactuado, pero la ten -tacin de establecer paralelismos no resulta fcil de sor-tear: a juzgar por el trato que les da, sus personajes, al verlovenir, probablemente hacen eso, temblar. O eso imaginael lector cuando se acerca a La ternura canbal, el regresode Serna a un gnero, el cuento, que cultiva con muchagracia al menos desde los noventa y que en los aos re -cientes haba dejado el palco preferencial a la novela.

    A sus personajes los trata mal, mal en serio, sobre todocuando son personajes masculinos o, mejor, ortodoxa-mente masculinos. Nadie puede excomulgar a Serna sopecado de correccin poltica, esa forma progresista delpuritanismo que todos llevamos dentro pero que paten -taron y dotaron de legitimidad los gringos de la acade-mia. Un escritor con una mala leche tan medular, tanesencial el humor, sabemos, no es un aderezo o unaconcesin a los tonos menores, como todava se deja veren las opiniones de algn crtico, sino una forma de lainteligencia, segn nos ensean, por decir, Ibargen-goitia o el noventa por ciento de los narradores britni-

    cos, sera incapaz de caer en la tentacin de la mi -litancia biempensante o la demagogia progre. Su librodemocratiza los golpes a la mandbula; en todo caso po -dra decirse de l, como W. C. Fields de s mismo, queno tiene prejuicios, que odia a toda la humanidad porigual. Y aun as, su literatura, como pocas, se regodeaen la demolicin del arquetipo del macho, de la mascu-linidad hipertrofiada. Los relatos contenidos en La ter-nura canbal incluyen, por ejemplo, artistas nfimas, mez -quinas, que odian a sus maridos por celos profesionales,pero sobre todo abundan en sementales derruidos, enfalsa testosterona diluida por el cido de la vida, comomuestran lo mismo el militar en retiro de Entierro ma -ya que ese viejo poltico cado en desgracia dispuesto amatarse a tragos mientras su mujer lee El cdigo Da Vinci(Material de lectura) durante un viaje de placer paga-do, con qu si no, con nuestros impuestos.

    Custico, dotado de una envidiable irona seca, Sernase acerca dos o tres pasos al da a da, a la cotidianidadms fcilmente reconocible, para sacudirla de raz, comose deja ver en la apretada sntesis de las lneas anterio-res. Ah, en la proximidad con registros realistas, es quizdonde reside la diferencia ms notable con alguno desus ttulos anteriores, destacadamente Amores de segundamano, el volumen de relatos que public Cal y Arenaen el ao 94. Aquel Serna visitaba con ms frecuencia y

    La ternuradel escritor

    Julio Patn

    El caso de Enrique Serna es paradigmtico: un escritor que hasabido reunir en sus novelas y cuentos dosis igualmente valiosasde arte literario y humor negro. Esta virtud es notoria en su tercervolumen de relatos, La ternura canbal, del cual hace Julio Pa -tn un entusiasta comentario.

  • 34 | REVISTADE LA UNIVERSIDADDE MXICO

    ms entusiasmo las periferias de la vida, la marginalidadclara y diferenciada, como la del gay y la artista sexualexhibicionistas que se enamoran y descubren que su vidasexual ser pblica o no ser (el cuento se llama El ali-mento del artista) o la de la estrella televisiva que deci-de tirarse a su imitador travestido en Amor propio. Conalguna excepcin, el Serna de 2013 prefiere a las clasesmedias o altas digamos convencionales como objeto de suescarnio. Casi paradjicamente, esto redunda en una re -concentracin de la mala leche o, si se quiere, en unapropensin aun menor a la ternura, lo que ya es muchodecir. Porque la ternura, estrictamente, no le es del todoajena. A Serna se le dejan ver no mucho, no empala-gosamente, como sin querer las sensibilidades cuan-do se acerca a los raros, pero no y nunca en los entornosaburguesados. Si libros como Amores de segunda manodescubran a un talento del naturalismo duro y el esper -pento,La ternura canbal trae la buena noticia de que hayen libreras un dotado satirista que se ha metido en unterreno diramos ms British, un tanto ms flemtico.

    En ese sentido, las referencias que brincan a la cabe-za son casi ms novelsticas que cuentsticas. Se puedepensar legtimamente en el Santa Anna de El seductorde la patria, una novela de dictadores a cartas cabales quepor serlo es, tambin y subrayadamente, una novela so -bre la masculinidad hipertrfica, como lo son TiranoBan deras de Del Valle-Incln, El otoo del patriarca gar -ciamarquezco o La Fiesta del Chivo de Vargas Llosa. Peroel libro que remite ms claramente a La ternura canbales La sangre erguida, publicado por Seix Barral en 2010.Historia compuesta por tres historias la de un mexi-

    cano obsesionado sexualmente con su novia mulata, lade un argentino que vive del porno y la de un cataln con -gelado por el miedo a la impotencia, La sangre es unagozosa demolicin de clichs masculinos, y sus perso-najes, arrasados de pronto por una ola de sensibilidadamorosa que se dira cien por ciento femenina, engancha -dos al Viagra pirata, manipulados, empobrecidos, descon -textualizados, un aviso de los que habitan La ternura

    Pero las cosas han cambiado desde 2010. Serna noslo es ms flemtico en sus contenidos: lo es tambin,correspondientemente, en sus formas. La sangre erguidaes una novela hecha de tres historias y varias geografaspero sobre todo de muchas voces, una fiesta de modismosidiomticos que van del cascabeleo barrial mexicano, alargentino, al espaol cataln. Hay, pues, un punto debarroquismo y regodeo formal que remite, nuevamente,al escritor de otros aos, incluido el de Amores de segun-da mano. En La ternura canbal Serna apela a formas cl -sicas del cuento, ofrecido siempre como una historia bre -ve y redonda, contenida idiomticamente, que, segnla receta de Cortzar, gana por nocaut.

    El efecto, una vez ms, es contundente. El autor noha descubierto que la contencin y la aparente norma-lidad combinan idealmente, por contraste, con su mor -dacidad implacable, un recurso que ya se dejaba ver enalgunos de sus relatos de los aos noventa. Pero lo haconfirmado. Los aos pasan, y su ternura no hace sinodiluirse. Para ponerse a temblar, sin duda.

    Enrique Serna, La ternura canbal, Pginas de Espuma/Colofn, Ma drid,Mxico, 2013, 270 pp.

    Enrique Serna

    Javier Narvez