La revolución española y el POUM

Download La revolución española y el POUM

Post on 23-Mar-2016

216 views

Category:

Documents

3 download

Embed Size (px)

DESCRIPTION

Captulo de "Juan Andrada, vida y voz de un revolucionario"

TRANSCRIPT

  • 69

    3 La revolucin espaola y el POUM

    [Conferencia leda el 10 de enero de 1970, en el Centro de Es-tudios sobre el Movimiento Obrero Espaol, de Pars]

    [Nota: El 10 de enero de 1970 Andrade pronunci en el Centro de Estudios sobre el Movimiento Obrero de Pars una conferen-cia en la cual arremeta duramente contra Pierre Brou y la interpretacin que ste, Trotsky en su momento y un determi-nado sector del trotskismo haban hecho sobre la poltica desa-rrollada por el POUM desde su fundacin y sobre todo durante la guerra civil y la revolucin. Al mismo tiempo Andrade ex-plicaba las razones de esta poltica. Hoy puede sorprendernos el tono utilizado por Andrade, como el que todos ellos haban utilizado en sus crticas. Para comprender la naturaleza de la polmica cabra contextualizar el debate en sus justos trmi-nos. Hoy sabemos y casi nadie lo discute que Trotsky des-de sus forzados y lejanos exilios careca de toda la informacin necesaria para juzgar con justicia la poltica desarrollada por el POUM. Pierre Brou, uno de los mejores especialistas sobre la revolucin espaola, fue cambiando con el paso del tiempo su valoracin y sus juicios sobre las actuaciones concretas que llev a cabo el POUM a lo largo de los pocos meses de julio de 1936 a junio de 1937 en que pudo desarrollar libremente su poltica durante la guerra. Despus de la conferencia de An-drade hubo encuentros y explicaciones mutuas con Brou que aclararon muchos malentendidos.

    Por otra parte, a finales de los aos 60 an se viva el influjo de las jornadas de mayo del 68 y para una determinada iz-quierda la revolucin an era posible de manera inmediata en el corazn de Europa. La experiencia del POUM y de la revolu-cin espaola era el antecedente ms cercano, que poda sumi-nistrar experiencias para el presente y para el futuro. En este contexto el POUM y sus mximos dirigentes se convirtieron en el centro de todos los debates. Y a menudo tambin en el ncleo de todas las responsabilidades para explicar la derrota final de la revolucin espaola. Cuarenta aos despus la situacin es muy distinta. Sin embargo, aunque ya se conocan algunos prrafos, hemos querido publicar ntegramente la conferencia

  • 70

    Juan andrade. Pasin Por la revolucin

    de Andrade con el objeto de darla a conocer en su totalidad, aun sabiendo que seguramente hoy l pondra reparos y ma-tizara muchas de las afirmaciones que hizo en su da. Pelai Pags.]

    Hace unos meses, el pasado mes de mayo precisamente, fui invitado de manera privada a tomar parte en un coloquio or-ganizado por el llamado Crculo de Estudios Marxistas, de Pars, que, como es sabido, sigue la orientacin poltica del grupo trotskista francs conocido como lambertista39. Se anunciaba que las intervenciones seran publicadas despus, con textos de documentacin complementaria.

    No quise prestarme al juego, en primer lugar porque el in-troductor del coloquio era Pierre Brou, autor de un pequeo folleto de acusacin contra el POUM por su actuacin durante la guerra civil espaola, en el cual se termina diciendo, poco ms o menos, que sobre la memoria de nuestro querido cama-rada Andrs Nin recae toda la responsabilidad de la sangre vertida en Espaa despus del triunfo del franquismo, por ha-ber traicionado la revolucin. Cuando se llega a emplear como argumentos infamias de semejante naturaleza, todo dilogo es imposible para m. Y en segundo lugar, tambin me negu porque, conociendo o por lo menos presumiendo con el espri-tu que se haba organizado el coloquio, no quera comparecer como reo de los ms graves delitos contrarrevolucionarios. Los camaradas poumistas que intervinieron lo hicieron con acierto y honradez, pero la causa estaba perdida por anticipa-do, ante el deliberado propsito de los organizadores de con-denar al POUM, no ya meramente como un partido centrista, sino como el partido de la contrarrevolucin espaola y res-ponsable de todos los males de sta.

    La prueba es el libro que acaba de aparecer, con el ttulo de La Rvolution Espagnole (suplemento a tudes Marxistes,

    39 Esa corriente llamada as por el nombre de su principal dirigente, Pie-rre Lambert haba roto con la IV Internacional, encabezada por Michel Pablo y luego por Ernest Mandel, en 1953. Sobre esto se puede consultar los captulos V y VI de Trotskysmos, de Daniel Bensad, El Viejo Topo, Barcelo-na, 2007.

  • 71

    la revolucin esPaola y el PouM

    7-8). Las nuevas generaciones de jvenes socialistas revolucio-narios, que no vivieron aquella poca, y que busquen en dicho volumen una documentacin que les informe y les instruya, llegarn nicamente a la conclusin de que la victoria del pro-letariado en Espaa estaba al alcance de la mano, y que slo la accin nefasta del POUM, y sobre todo la de dos de sus di-rigentes, fue la causa de que la guerra y la revolucin se per-dieran. Se han recogido en el libro no solamente los escritos generales de Trotsky sobre Espaa, sino que tambin se han sacado a luz cartas y artculos de l destinados a los boletines interiores de la IV Internacional, para envenenar an ms la cuestin y abundar en la tctica calumniadora. He contado que por lo menos unas veinte veces se emplea el calificativo de traidores cuando se habla de Andrs Nin y de m, como nicos responsables de toda la poltica seguida por el POUM.

    Vale la pena dar cuatro lneas, a ttulo de ejemplo, de los mtodos polmicos utilizados por Trotsky, y ahora recogidos por primera vez por el seor Brou, para avivar las heridas, hacer nuevas acusaciones y falsificar la Historia. Copiamos esto como tpico: Es tanto ms grande la culpabilidad de un Andrs Nin, de un Juan Andrade, porque con una poltica jus-ta la Izquierda Comunista, en tanto que seccin de la IV Internacional, poda estar hoy a la cabeza del proletariado es-paol.

    A decir verdad, no era extrao que Trotsky emplease este lenguaje, porque obedeca a toda una concepcin personal. En otro artculo haca esta afirmacin terminante, dirigida espe-cialmente a los trotskistas que en todas las secciones de su or-ganizacin se mostraban en contra de esos brbaros ataques al POUM: Los elementos revolucionarios deben comprender que nada hay de intermedio entre la IV Internacional y la traicin. He aqu que si consideramos el panorama actual del movimiento obrero en el mundo, son legiones los traidores en todos los pases, porque son mnimas en todos los sitios las fuerzas autnticamente revolucionarias de la IV Internacio-nal trotskista.

    Pero al mismo tiempo se comete la indecencia en ese libro de acompaar toda la prosa insultante de Trotsky que se ha podido desempolvar con la reproduccin de una gran parte del libro sobre la revolucin de Flix Morrow, que pas como

  • 72

    Juan andrade. Pasin Por la revolucin

    muchos miles ms, como un meteoro por el trotskismo esta-dounidense, que ahora se encuentra del lado de la burguesa y que segn mis noticias es catlico practicante. No creo que haya un solo militante honrado y de buena fe, que apruebe que se llegue a combatir a un revolucionario que consagr toda su vida al socialismo y que fue asesinado en condiciones tan trgicas y dolorosas como Andrs Nin, con los juicios de seme-jante sujeto como Morrow.

    Se reproducen, por otra parte, los ataques de Trotsky con-tra militantes prestigiosos de la IV como el belga Verecken y el holands Snevliet, o prximos a ella como Alfred Rosmer y Victor Serge, pero no figuran las alegaciones de stos. Se in-sertan slo los prrafos ms anodinos de las cartas dirigidas por Nin a Trotsky, pasajes que siempre se encuentran hasta en la correspondencia ms sabia, para dar la impresin de que nuestro camarada no tena argumentos polticos que oponer. Y mucho menos se da cuenta de las oposiciones que se expre-saron en todas las secciones nacionales trotskistas contra la tctica que se segua contra el POUM.

    Sin embargo, plantear de nuevo el problema en 1969, y con agravantes, no puede por menos de parecer extrao y hasta contraproducente para el propio trotskismo internacional, si se le somete a crtica. Desde despus de la ltima guerra mun-dial se han producido en el mundo revoluciones o cambios de regmenes polticos: en las naciones de Europa del Este, en China, Corea, Cuba, etc. La historia no ha registrado en estos acontecimientos fundamentales de nuestra poca la presencia de la IV Internacional en los lugares donde han ido surgiendo los focos revolucionarios.

    A decir verdad, en la historia contempornea de las diver-sas revoluciones que se han sucedido en el mundo, del trots-kismo slo se habla en una, en la espaola, y eso por referen-cia a otro partido, es decir por partido interpuesto: el POUM. A consecuencia de la propaganda estalinista y de la mala in-formacin de los periodistas burgueses, nosotros fuimos asi-milados a los trotskistas, sin que nosotros nos lo hubiramos propuesto. No hay una historia, un relato de la revolucin es-paola en que no se diga el POUM, partido trotskista; cuan-do se habla del POUM durante la guerra civil espaola, se dice los trotskistas. Es la nica presencia del trotskismo que

  • 73

    la revolucin esPaola y el PouM

    la historia contempornea seala en un movimiento revolu-cionario de nuestro tiempo.

    Sin embargo, en su folleto Leccin de Espaa: ltima ad-vertencia, despus de haber tratado de demoler totalmente la poltica seguida por el POUM, Trotsky terminaba con esta profeca: Los cuadros revolucionarios se reagrupan ahora nicamente bajo la bandera de la IV Internacional. Ha nacido bajo el estruendo de las derrotas para llevar a los trabajadores a la victoria. Y en un escrito posterior, de 1940, agregaba: En 10 aos, millones de seres seguirn el programa de la IV Internacional, y sabrn cmo agitar el cielo y la tierra para imponerlo. De cmo no se ha confirmado esta esperanza, tan firmemente afirmada, a la vista est. Cuatro mini-cuartas in-ternacionales se disputan el ttulo, y los grupos y subgrupos aumentan y se combaten encarnizadamente entre ellos.

    Durante hace ya ms de 35 aos hemos soportado, porque nuestra comprensin de las relaciones entre socialistas revo-lucionarios es muy diferente de la que tena Trotsky y tienen los trotskistas, todas esas oleadas de acusaciones, de injurias y calumnias. Y esa negativa a responder, con la cual no siem-pre estuve de acuerdo, obedeca a dos razones. Como militante de la Izquierda Comunista primero, era nuestro Comit Eje-cutivo el encargado de hacerlo. Las posiciones que Trotsky ad-judicaba a Andrs Nin eran meramente las de nuestra orga-nizacin, con las que a veces no coincida totalmente Andrs o tena un criterio ms matizado. l no era un dictador en nuestra seccin, ni sta era un asunto particular suyo, para cultivar su personalidad. Era simplemente el intrprete de los acuerdos, aunque gozaba, claro est, de una gran autoridad moral y poltica en el seno de la organizacin.

    En segundo lugar, una vez constituido el POUM y durante la guerra civil, el dilogo se haba hecho imposible porque se trataba de tener que responder a toda una sarta de injurias y acusaciones. Ni Nin ni yo podamos hacerlo porque nos deba-mos a la disciplina del partido, y adems por otra razn que pe-saba demasiado en nosotros. El sentimiento antitrotskista era muy fuerte en la mayora del partido en Catalua, y no que-ramos alimentarlo con la polmica. Era una actitud prima-ria, irreflexiva, sin principios la que dominaba en el partido,

  • 74

    Juan andrade. Pasin Por la revolucin

    residuo de cuando el Bloque Obrero y Campesino aspiraba to-dava a ser reconocido por la Internacional Comunista. No de-bamos ni queramos envenenar an ms la situacin porque tenamos fe en la evolucin de nuestro partido, en la propia ex-periencia que le dara el desarrollo de la revolucin espaola, y que podra constituir el resurgimiento de una verdadera IV Internacional, no quizs la concebida por Trotsky, pero s la que respondiera a la necesidad del movimiento revolucionario, y que todava no se ha creado en la realidad.

    No pretendo, ni mucho menos, agotar el tema ni respon-der a todo el cmulo de acusaciones desarrolladas por Trotsky contra el POUM, contra Andrs Nin y contra m. Todo mi-litante objetivo puede formular ante ellas su propio juicio, y hasta me permito aconsejar la lectura de esa compilacin de Brou a que he aludido al principio, en la seguridad de que producir por lo menos extraeza tal desencadenamiento de furor y tantos pronsticos no confirmados. Nadie puede con-siderar acertado tanto odio y tanto afn destructivo contra un partido que ha dejado algo de positivo en la historia de la lucha real de un pueblo por el socialismo y contra la domina-cin del estalinismo. Y sobre todo que ha tenido ms vctimas y hroes que todos los grupos o subgrupos trotskistas juntos, empezando por el alevoso asesinato de aqul contra el que se concentraron y al parecer se concentran los furores y rencores de Trotsky y sus seguidores.

    Las acusaciones polticas de Trotsky contra Andrs Nin y contra m abarcan dos perodos de nuestra actuacin: prime-ramente en el que fuimos miembros de la Izquierda Comunis-ta, seccin espaola del movimiento para la IV Internacional, durante el cual nuestras discrepancias con l fueron ya bas-tante frecuentes; en segundo lugar, cuando fusionados con el Bloque Obrero y Campesino para constituir el POUM, ste realiz su propia poltica, independiente de la IV Internacio-nal y sin inspirarse en su actividad misma ms que en las bases de constitucin del nuevo partido y en las resoluciones adoptadas por l en sus reuniones regulares. Ni en uno ni en otro caso se nos puede hacer responsables a Andrs Nin y a m, nicamente, de la poltica y la tctica llevada a cabo por el POUM. En el coloquio a que ha dado lugar el libro a que me he referido, el camarada Enrique Rodrguez hizo constar,

  • 75

    la revolucin esPaola y el PouM

    oportunamente, que haba que tener en cuenta que tanto la Izquierda Comunista como el POUM eran organizaciones de un rgimen interno completamente sano y democrtico, que todos los problemas eran debatidos en las reuniones de la sec-cin y que los acuerdos respondan a las resoluciones votadas por mayora. Podamos estar o no estar de acuerdo totalmente (yo bastantes veces no lo estuve con todas las del POUM), pero nuestro concepto, y porque no hay otra frmula inventada has-ta ahora de existencia y desenvolvimiento de un partido que el someterse a la ley de la mayora, era que aceptbamos los acuerdos y nos hacamos los intrpretes de ellos, norma que no aceptan los trotskistas, que al menor desacuerdo provocan la escisin.

    Al decir esto no pretendo esquivar ninguna responsabili-dad por la poltica seguida por la Izquierda Comunista sino, por el contrario, reivindico toda conformidad con las decisio-nes adoptadas, pero sealo tambin lo que era una conducta peculiar y constante de Trotsky: el personalizar las cuestiones para hacer as del ataque un medio ms fcil y caricaturizar al adversario. Si la correspondencia de la Izquierda Comunista Espaola con Trotsky y el Secretariado Internacional la lleva-ba casi siempre Andrs Nin, se deba a que ste era el secre-tario general de la seccin y tambin por la facilidad de que Andrs escriba el ruso. Nuestra primera discrepancia surgi con la...

Recommended

View more >