La Protesta Humana_13

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publicacin anarquista Buenos Aires, 1897

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  • LA PROTESTA HUMANASe vende en los siguientes Kioskos:PLAZA INDEPENDENCIA

    id LA VALLEid RODRGUEZ PEAid MONSERRATid CONSTITUCINid 11 DE SETIEMBREid VICTORIA (frente la Catedral.id LOREAY en las libreras, Corrientes 2041.

    Esmeralda 574 y Rivadavia 2339.En el ROSARIO DE SANTA F, en los

    Kioskos de las calles S. Juan y S. Luisesquina Cortada.

    En MONTEVIDEO, Librera y papelerade Nicols Carzano, calle Ro Negronm. 14.

    Se admiten suscripciones en BuenosAires, en la Librera calle Corrientesnm. 2041.

    La prensa de esta capital y la poli-ca se han dado la mano estos das paraponer la superficie, en toda su desnu-dez, algo que siniestramente palpita lo-zano, pero con lozanas de cementerio,all en el fondo de nuestra aparentecivilizacin.

    Este algo espanta, aterra y filtrara enel nimo la duda ms pesimistatras arraigadas convicciones pu-sieran de continuo ante la vista un mun-do nuevo en el cual tamaas monstruo-sidades no pudieran tener cabida.

    Nos referimos la vasta red de in-fanticidas de profesin que el hallazgode una criatura recien nacida en la callede la Libertad ha puesto de golpe yporrazo la vista del estupefacto p-blico que estudia males tan graves comoeste.

    Hasta el presente la autoridad llevaya incoados ms de doscientos proce-sos, ha inhumado docenas de pequeasvctimas tomado declaracin ms de1800 personas y puesto la crcel buennmero de parteras de alto y bajo abo-lengo.

    Todo un mundo de enterradores defetos que indudablemente no habrnledo Malthus, pero que practican las mil maravillas sus doctrinas de eli-minacin de seres en la superficie de latierra.

    Pero por antinatural que sea la teoramalthusiana esta se funda sin embar-go en un algo razonable que, si no lahace aceptable los ojos del cientficoy del socilogo por lo menos la disculpa.

    No as en el presente asunto que nosocupa.

    En otras no muy lejanas pocas enlas que la idea de humanidad estabatotalmente desfigurada, anulada casi,esta matanza en toda regla de la in-fancia en germen, poda an ser dis-culpable.

    Pero hoy que el humanitarismo seha elevado religin, que alardeamosde humanitarios cada momento, que diario se fundan asilos de toda espe-cie para la infancia desvalida, que seproclama el derecho la vida en todoslos tonos, no tiene disculpa alguna estamonstruosidad puesta la superficie yhay que atacarla rudamente dejando un lado las atenuantes que pueden ale-garse.

    Estamos de acuerdo con La Nacin

    Es al borde de un abismo social quenos hemos asomado. Pero este abismehace ya siglos y siglos que est abier-to nuestras plantas, precisamenteporque la causa que lo forj subsistehace siglos y siglos y todo el actualrgimen capitalista contribuye man-tenerlo abierto y procura por todoslos medios que no lo veamos.

    Este nmero infinito de mujeres queahogan en su vientre sus hijos, estascentenares de infanticidas de profesin,que pblica ocultamente cometen es-tos crmenes, por desnaturalizadas quesean y monstruosas, no son, sin em-bargo, sino los efectos de causas que diario fomentan la religin, el rgimeneconmico, la imperante moral bur-guesa. Mejor dicho: son estas las causas.

    Una sociedad que befa y escarnece la mujer soltera por no haber sancio-nado con la religin la ley el actoms natural del mundo: la procreacin;y la hace blanco de sus risas y denues-tos, no tiene por que escandalizarse deestos infanticidios.

    Una sociedad que mantiene los sa-cerdotes de una religin que siglos ha-ce predic la impureza de la mujer ycuyos sacerdotes hacen del celibato yde la virginidad el colmo de la moral yde la virtud, no tiene porque escandali-zarse si la joven madre soltera va do imbcil le calificara de

    Una sociedad cuyo sistema de pro-duccin obliga la mujer gastar susfuerzas y energas en el taller y en lafbrica para subvenir necesidadesapremiantes que nunca puede cubrir,no tiene tampoco porqu escandalizar-se si la joven madre opta por suprimirde la vida el fruto de sus amores quesabe no podr alimentar ms tarde.

    Una sociedad que niega lajuventud, la edad viril, los medios econmicospara constituir un hogar, no tiene tam-poco porque escandalizarse si el hom-bre rehusa afrontar sus consiguientescargas y prefiere llenar sus huesos demercurio all en el fondo de los lupa-nares.

    Una sociedad que reglamenta la pros-titucin y saca pinges rentas del tr-fico infame de la carne sonrosada de lanina, y establece dos categoras demujeres, honradas y deshonradas, notiene porque escandalizarse si las infan-ticidas de profesin pululan y llenanlas cloacas y los estercoleros pblicoscon lo que debiera ser futuras genera-ciones.

    Y por esto, si acordes estamos conla prensa burguesa, afirmando con ellaque esto es un abismo social no pode-mos estar ya acordes cuando pide lasautoridades castiguen con mano fuertetamaos actos.

    No los efectos, las causas hay queatacar.

    Ataqese la Religin prostituido-ra de la mujer cuando le inculca laidea de que el acto carnal es infame impuro si no lo sanciona el sacerdo-te sodomita.

    Ataqese la autoridad prostituido-ra de la mujer cuando le inculca ideasde deshonra por no haber llevado anteel sancionamento legal el fruto de susilcitos amores.

    Ataqese de nuevo la autoridadreglamentadora de lupanares, alcahueta

    rias materiales,. jovenes y, lo que de derecho natural debesatsfacer todas sus necesidades mate-riales y dgase y reptase la mujer,bien alto, que la deshonra no consisteen pasear el fruto de sus amores porlas calles y paseos, sino en arrojarlo la alcantarilla.

    Dgasele y repitase bien alto que eldeshonor consiste en presentar el son-rosado nio al cura al juez, que lasaves no tienen quien sancione y dpermisos para actos muy naturales y las cuales nadie considera sin em-bargo impuras y deshonradas.

    Inclqueseles la idea de que la ma-ternidad es el ms noble de los actoshumanos y que su nobleza arranca dela misma espontaneidad de la natura-leza y no del sancionamiento de mora-listas imbciles que convierten al mun-do en un infierno de preocupacionesangustiosas.

    Y al inculcar la juventud esta sanamoral ataquemos de paso las causasque producen esta corupcin de lavida y digamos bien alto:

    La Religin, la Autoridad, el Capi-talismo: he aqu los verdaderos infan-ticidas. He aqu los que nos conducenat borde de un abismo social predi-cndonos diario un respeto la re-ligin y la ley que ellos forjaran, nola naturaleza, y de las cuales se renellos mismos en su fuero interno, y ni-cos creadores de la miseria que obliga la joven soltera ahogar en sus en-traas el ser que no podr mantenercuando nazca.

    Intiles todas las perspicaces policas,intiles todos los clamoreos y lamenta-ciones de la prensa burguesa, intilestodos los castigos que las magistratu-ras impondrn las infanticidas de pro-fesin, intiles todas las leyes que sedicten para aminorar estos males, sidejamos subsistir la Religin que creatollas las formas de supersticin imagi-nables, si dejamos en pie la Autoridad

    que fomenta el respeto religioso y re-glamenta la vida afectiva para mejordominar el rebao humano; si no ata-camos de frente la injusticia del Capi-talismo acaparador y absorbente.

    S; todo ser intil mientras esta po-dre citada no se derrumbe.

    La joven madre que el mundo ridi-culiza, creyndose deshonrada, no afron-tar el bochorno de que se la hagaobjeto y continuar acudiendo la in-fanticida de profesin la cual, su vez,se burlar de la ley ocultndola mscuidadosamente.

    Esto es lo nico que va conseguir-se. Echar un ms tupido velo estsmonstruosidades. El fondo putrefactocontinuar tragando seres en germenprecisamente porqu las causas no seatacarn.

    Sabemos hay un inters capital enmantener el actual estado religioso, po-ltico y econmico, porqu con l me-dra el privilegio y el parasitismo, ypor esto no pedimos el castigo de nadie,que por otra parte tampoco puede im-ponerse todos, dadas las altas influen-cias de que gozan algunas infanticidasde profesin.

    Y si somos pesimistas en este terre-no, no lo somos, sin embargo, por loque atae al del porvenir. Creemos fir-memente es necesario una Revolucinsaludable que barra toda esta podreburguesacoma autoritaria, esta desigualdad eco-nmica, y ponga en su lugar el impe-rio del comunismo igualitario, de lalibertad natural, coronados por el amorlibre y la solidaridad humanas.

    Todo lo que se intente fuera de esteterreno sern los acostumbrados paoscalientes que nada curan, las previ-siones que nada evitan las hipocresasque lloran sobre los propios males queellas mismas crearon.

    O sino, al tiempo.PRAT.

    La organizacionI

    Hace muchos aos que entre ios anar-quistas se discute grandemente esta cues-tin. Y, como sucede anienudo, cuando sepone apasionamiento en una discusin y la investigacin de la verdad se mezcla elpuntillo de tener razn, cuando las dis-cusiones tericas son nicamente una ten-tativa para justificar una conducta prcticainspirada por otros motivos, se ha produci-do una gran confusin de ideas y de pa-labras.

    Recordemos de paso, aunque solo seapara aligerarnos el animo de su peso, lassimples cuestiones de palabras que veceshan alcanzado la ms alta cima del ridiculo,como por ejemplo; nosotros no queremosla organizacin pero s la armonizacin";somos contrarios la asociacin, pero ad-mitimos la inteligenciacin; no queremossecretario ni cajero, porque son cosas au-toritarias, pero encargamos un compae-ro lleve la correspondencia y otro guardeel dinero, Y recordado esto abordemos lacuestin seria y principal.

    Hay entre los que reivindican el nombrede anrquicos, con adjetivos varios a sinadjetivos, dos tracciones; los partidarios ylos adversarios de la organizacin.

    Si no podemos lograr ponemos de acuer-do busquemos por lo menos el modo decomprendernos.

    el coito ilegal... legalizado, si sequiere que la juventud no se corroacon todas las sifles; incluso la mate-ria que luego da nacimiento al hb