la protesta humana_02

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publicacin anarquista Buenos Aires 1897

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  • AVISOEste nmero es irremisiblemen-

    te el segundo y ltimo que man-damos todos aquellos compae-ros no suscritores, tanto de laCapital como d las provincias, queno han manifestado si reciben n el peridico.

    OTROLos compaeros que reciben

    nmeros sueltos paquetes y queno han abonado su importe, sr-vanse hacerlo la mayor brevedadpara poder regularla buena marcha administrativa.

    y sepamos aprovecharnos para poner. fin situacion tan insoportable!

    Una muy pronunciada crisis obrerasuele ir acompaada siempre de nume-rosas entradas en la Polica y de ungran contingente de suicidios Efectiva-mente: qu recurso le queda al quellega por la noche casa, hambrientoy rendido por el cansacio que le ha ocas-ionado el andar durante el da buscan-do trabajo, no hallando en la miserablevivienda ni lumbre para calentarse nipan para saciar la familia? Ante talirresistible situacin, los ms valerososroban, porque robar es el nico recur-

    so que les queda; y esa accin, cuan-do se ejecuta en trance tan desesperado,cuando es para saciar desdichadosseres hambrientos, lejos de ser deshon-rosa es heroica y elevada, y ms si se tie-ne en cuenta que mientras aquellos infe-lices desposedos sufren privaciones mil,haraganes y vampiros derrochan enaras de un lujo provocador.

    ninguno pudo mover el peasco, y eragrande e1 pavor que todos tenan.

    Por fin uno de ellos dijo los dems:Hermanos mos, quin sabe si lo queninguno de nosotros ha podido hacer,todos juntos lo haremos?

    Y se levantaron y todos la vez em-pujaron la roca, y la roca cedi, y pro-siguieron en paz su camino.

    El viajero es el hombre; el viaje esla vida, y la pea son las miserias conque tropieza cada paso en su camino.

    En defensa de nuestros ideales(Continuacin)

    REDACCINLa Crisis obrera

    La crisis obrera en la Argentina vaadquiriendo cada da proporciones msalarmantes. El vendabal de la miseriaarrecia con furia por toda la Repblica,haciendo sentir sus estragos en el mse-ro hogar del proletario, arrancando del seres anmicos en un tiempo llenos devida, transportndoles en fnebre tor-bellino al imperio de la muerte, del mis-mo modo que el pampero arranca decuajo los dbiles arbustos.

    En la capital el nmero de obrerossin ti abajo es inmensamente conside-rable. Continuamente son despedidosd los talleres a docenas los operarios,aumentando as de un modo asombrosoel ejrcito de los desocupados por faltade trabajo. Y si de la capital dirijimosla atencin las provincias, veremosque en todas la crisis impera, que la si-tuacin es cada vez ms insoportabley que urge de un modo de otrosalvar tan difcil trance

    La miseria se ha presentado este aoamenazadora y terrible, empujando alproletariado en avalandra enorme ladesesperacin.

    En ese gravisimo malestar que selamenta, el mismo proletario, siempreel ms directamente perjudicado, tienesu parte de culpa. De su indeferenciahacia la cuestin social la burguesa seaprovecha para exprimirle ms el jugo,para apretar ms el tornillo de la ex-plotacin, que hace que cada gota desangre que derrama el obrero se con-vierte en pepita de oro para el ex-plotador desalmado.

    De la desconfianza que tiene el pro-letario en unirse con sus hermanos deinfortunio surjen tambin tan fatalesconsecuencias. Unidos, sera fcil re-sistir la desenfrenada explotacin delcapital y se dara al propio tiempo ungran paso en el camino de la deseadaemancipacin.

    Tomemos un ejemplo que nos ofreceLamennais:

    Un hombre transitaba por una mon-taa, y lleg un sitio en que una enor-me roca que se haba desprendido, lle-naba y obstrua enteramente el camino,y fuera de aquel camino no haba otrasalida, ni derecha ni la izquierda.Este hombre, pues, viendo que no po-da continuar su marcha causa dela roca, prov moverla para abrirsepaso, y se fatig mucho con ese tra-bajo, y sus esfuerzos lueron vanos.Viendo lo cual, se sent lleno de triste-za y dijo: Qu ser de m as que ven-ga la nuche y me sorprenda en estasoledad, sin alimento, sin abrigo, sin de-fensa alguna, en la hora en que lasfieras salgan buscar su presa? Y es-tando absorto en este pensamiento, lle-g otro viajero, el cual, habiendo hecholo que haba hecho el primero, y ha-bindose encontrado tambin con pocasfuerzas para mover el peasco, se senttaciturno, inclin la cabeza. Y des-pus de ste vinieron otros muchos, y

    No hay da que no se lea en los pe-ridicos el anuncio de numerosas de-mandas de moratorias y de repetidasquiebras. Ello indica que el malestaraprieta tambin en las medianas altu-ras, y para resistir, el comercio tieneque recurrir desesperada competencia,que reporta fatalmente una disminucinconsiderable en la mano de obra. Elgran nmero de patadas favorece losexplotadores para una disminucin enlos salarios y todo ello viene agra-var ms la situacin, no slo para elpresente sino que tambin para el por-venir .

    Con todo esto, la cuerda que liga altrabajo con el capital se va poniendode da en da ms tirante y amenazaromperse. Que se rompa de una vez,

    Mas sospechams que no le ciega al seorFlores tanto la fe como al parecer debiera,porque enseguida nos dice:

    o dejamos de conocer las leyes de lajusticia hechas por los hombres, que hacen veces bien al malo y mal al justo; por esoqueremos en vez del poder bsorvente deuna clase, el poder democrtico, la voluntadgeneral para la fabricacin de esas leyes,por las cuales se han de regir todos los que su fornacn contribuyeron. Por eso pre-ferimos la Anarqua que no garantiza elderecho individual con ninguna ley escrita,el gobierno del pueblo por el pueblo, sinte-tizado en la Repblica democrtica federal,

    que asegura y protege el derecho de cadauno en particular y el de la sociedad en ge-neral.

    Comienza el Sr. Flores y Garca por afir-mar que la justicia de los hombres hace veces bien al malo y mal al justo, lo cualnos confirma en nuestros razonamientos an-teriores,4 y es as lgico el articulista. Peroesta lgica anda despus por los 'cerros deUbeda sosteniendo que por esto no quiereel poder absorvente de una clase y s el go-bierno del pueblo por el pueblo. Qu no sonhombres los del gobierno democrtico? es que con la democracia alcanzan recibirde lo alto las inspiraciones de la justicia?Hay aqu una contradiccion palmaria, yan con el federalismo; porque si los hom-bres no saben lo que es justicia, desde luegose comprende que la totalidad de los ciuda-danos ha de tener peor concepto de ella quedeterminados individuos que podra admi-tirse que estuviesen tocados de la graciadivina, y por orden lgico correspondera la idea de la justicia de dios el poder delos escogidos, sean estos papas emperado-res, jams el pueblo-rey, como se le lla-maba.

    Pero all se las componga con l el seflorFlores; lo que nosotros nos importa mses la segunda parte del prrafo transcrito;esto es, que no se quiere la Anarqua por-que ninguna ley escrita garantiza el dere-cho individual, y s la Repblica porque,ade-ms de que existen leyes escritas, contribu-ye la voluntad general formarlas.

    En primer lugar negamos esa participa-cin general en la formacin de las leyes enlas repblicas; no basta que esto se escribaen los cdigos, si los hechos lo desmienten.En las repblicas habidas y por haber slouna mnima parte de la poblacin (supo-nindolo todo con extricta legalidad) nom-bra delegados diputados para formarleyes. Quedan la mayor parte de ciudada-nos y ciudadanas que no autorizan nadiepara fabricar leyes, y, adems, la mnimaparte que mangonea el sufragio universalno fabrica leyes, puesto que delega otrosfulanos que lo hagan. Y tanto no hace le-yes el pueblo que, si alguna vez se pronun-cia contra alguna ley vigente, l, el sobe-rano, el pueblo-rey, es aplastado por lasbayonetas de que disponen sus criados-di-putados y en su representacin el gobierno.Este es el hecho, contra el cual no valen so-fismas,

    Y cules garantas, al fin y al cabo, ga-rantizan los gobiernos del pueblo por elpueblo? Muchos escritores lo han dicho:

    mientras el pueblo se conforma con el r-gimen legal, libertad tiene para todo; cuan-do, en uso de su derecho, rechaza algo mucho de lo que los poderes no conviene,no hay tales garantas. Y este es otro in-dudable hecho, ya tan manoseado, que nocreemos necesario insistir ms en ello niacumular pruebas que todos los das se pu-blican.

    Olvidemos esas repblicas en que son.posibles iniquidades como el millonario Jai-me Gould y en las que obreros sin trabajose ven reducidos prisin por tomar unpan; que garantizan ste las cadenas y alotro el robo, nicas garantas positivas queno puede admitir una conciencia honrada!...

    Y vengamos la conclusin de esta partedel trabajo del Sr. Flores. Si las leyes es-critas no garantizan positivamente los de-rechos del hombre, sino los del privilegiado,del astuto, del ratero de frac y corbata blan-ca nicamente, cmo va creerse en leyesescritas hechas por los explotadores parala garanta del derecho humano? La deduc-cin es bien patente: con abolir las leyes ygobiernos, de hecho quedan garantidos lalibertad y el derecho.

    Es que puede, subsistir una sociedad sinleyes? se dice. Y. nosotros preguntamos:Es que la sociedad subsiste en virtud delas leyes y autoridad por s misma, porconveniencia, por necesidad propia? Acualquiera se le alcanza que si sol las le-yes fuesen la fuerza mantenedora de la ar-mona social, no tendran ellas suficientevalimiento; seran impotentes. Por otra,parte, el concepto que de las leyes se tiene,

    puede sintetizarse1 en esta expresin vul-gar de que nadie protesta: Hecha la ley,

    hecha la trampa. Tan convencido est todoel mundo de que la ley no es una garanta,sino una trampa, un embudo por el que pa-san por la parte ancha los astutos los ricosy por la parte estrcha los pobres los ex-plotados. Es decir, en suma, un modo deoprimir los trabajadores y asegurar los-privilegios de los que se han erigido en due-os del mundo. Esto es la garanta de laley esetita y est es el derecho, an con larepblica democ