la moral de la crueldad

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  • Nmadas (Col)

    ISSN: 0121-7550

    [email protected]

    Universidad Central

    Colombia

    Zuleta Pardo, Mnica

    La moral de la crueldad

    Nmadas (Col), nm. 33, octubre, 2010, pp. 13-29

    Universidad Central

    Bogot, Colombia

    Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=105118973002

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    http://www.redalyc.org/revista.oa?id=1051http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=105118973002http://www.redalyc.org/comocitar.oa?id=105118973002http://www.redalyc.org/fasciculo.oa?id=1051&numero=18973http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=105118973002http://www.redalyc.org/revista.oa?id=1051http://www.redalyc.org

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    nmadas octubre de 2010 | universidad central | colombia33 |

    1. genealogas

    GenealoGies

    Abstraccin de dibujo de petroglifo. Representacin de El hombre serpiente-guila. relato mtico uitoto. amazonia colombiana | fernando urbina rangel (2004)

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    1. genealogas

    GenealoGies

    *El presente artculo es resultado de los ltimos proyectos de investigacin del grupo Socializacin y Violencia del Iesco, que preten-den crear conexiones entre teora y emprea mediante la construccin de aparatos hermenuticos; emplea algunas nociones de Nietzs-che para elaborar apuntes de una genealoga acerca de las ciencias sociales colombianas en el siglo XX.

    ** Psicloga, sociloga y filsofa. Doctora en Historia de la Universidad Nacional de Colombia. Docente investigadora del Iesco-Universidad Central, Bogot (Colombia) y coordinadora de su lnea de Socializacin y Violencia. E-mail: [email protected]

    lA MorAl De lA CrUelDAD*

    mnica zuleta Pardo**

    The moRaliTy of CRuelTy

    Tomando como pretexto la conmemoracin del Bicentenario de la independencia, este artculo presenta un ejer-cicio genealgico sobre el devenir profesional de las ciencias sociales en Colombia, a partir de un recorrido por la historia intelectual del siglo XX en el pas. Comienza con una lectura personal de La genealoga de la moral de nietzs-che. Despus, postula la hiptesis de que el sentido conductor de la moral intelectual es querer parecer civilizados.

    Por ltimo, invita a los intelectuales a construir aparatos crticos que conecten de maneras creativas ideas, saberes y poltica.

    Palabras clave: historia intelectual, filosofa, genealoga, ciencias sociales profesionales, nietzsche.

    Tomando como pretexto a comemorao do Bicentenrio da independncia, este artigo proporciona um exerccio genealgico sobre o fenmeno profissional das cincias sociais na Colmbia, a partir de um recorrido pela histria intelectual do sculo XX no pas. Comea com uma leitura pessoal A genealogia da moral de nietzsche. logo aps, pos-tula a hipteses de que o sentido condutor da moral intelectual querer parecer civilizados. Por ltimo, convida

    aos intelectuais a construir aparelhos crticos que interliguem de maneiras criativas ideias, saberes e poltica.

    Palavras chave: histria intelectual, filosofia, genealogia, cincias sociais profissionais, nietzsche.

    Taking the bicentennial of independence celebration as an excuse, this article presents a genealogical exercise about the professional development of social sciences in Colombia, starting with a survey of the 20th century intel-lectual history. a personal reading of nietzsches On the Genealogy of Morality is followed by the hypothesis stating that the will to seem civilized is the leading sense of intellectual moral. finally, it invites intellectuals to construct

    critical instruments that creatively connect ideas, knowledge and politics.

    Key words: intellectual history, philosophy, genealogy, professional social sciences, nietzsche.

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    I.

    Mediante una crtica sustentada en la herme-nutica nietzscheana, me he propuesto cons-truir puentes entre moral y conocimiento. No desconozco que desde hace siglos, estas prcticas coinciden en estimular que la humanidad alcance un mundo justo, fraterno e igualitario; tampoco ignoro que ambas han cooperado en la difusin de los valores necesarios para la construccin de ese mundo, como el sentido comn; o que cuando no han obtenido la uni-formizacin que pretenden, muestran desesperanza y rencor. Soy, asimismo, consciente de que su camaradera ha instituido el significado de razn humanista como propiedad fundamental de la especie, y que ha atrapado los rdenes del tiempo y el espacio, al hacer del pasado un ejercicio de remembranzas heroicas de batallas civi-lizadoras, del presente un cmulo de descripciones unas veces cnicas y otras piadosas de los mundos calificados respectivamente como avanzados y como atrasados, y del futuro, la pormenorizacin de advertencias sobre las catstrofes que esperan a la humanidad si sus distintos grupos no configuran la misma forma.

    Mi crtica se vale del proyecto de hermenutica que elabor Friedrich Nietzsche en 1887 bajo el nombre La genealoga de la moral. Consta de dos partes: la primera presenta una interpretacin personal de la lgica conec-tora del ejercicio de Nietzsche1. La segunda emplea esa interpretacin para formular hiptesis absurdas acerca de nuestra voluntad moral2.

    Trato de demostrar que la vieja alianza entre moral y conocimiento ha favorecido que en Colombia, en cam-bio de que entendamos la nocin razn humanista como ideal asctico, hiptesis de Nietzsche acerca del pen-samiento moderno, la entendamos como despliegue de crueldad. Entre otras cosas, por su cooperacin para na-turalizar procedimientos crueles de conversin de br-baros en civilizados, y para expandir sentimientos de desprecio por lo que somos, y de admiracin por lo que supuestamente deberamos ser.

    II.

    En La genealoga de la moral, obra considerada como un ejercicio de aplicacin, Nietzsche usa sus concep-

    tos principales para elaborar un examen hermenuti-co de carcter cientfico sobre el origen y el significado del pensamiento alemn del siglo XIX, el cual, segn su criterio, est movido por el ideal asctico (Nietzsche, 1992: 20).

    En cambio de fundamentarse en el principio que carac-teriza a la filosofa, segn el cual, la cualidad de la razn hace superior a la especie humana, La genealoga se basa en un axioma que lo desmiente. Sostiene que la especie humana en nada es superior a las dems y que, como les ocurre a todas, est comandada por la voluntad de vi-vir (Nietzsche, 1992: 17-26). Esta cualidad oscila entre un extremo dominado por fuerzas enfermas de carcter dbil, que mantienen en niveles muy bajos la vitalidad, y otro gobernado por fuerzas sanas de carcter fuerte, que aumentan las ganas de vivir al mximo de capacidad. Y puesto que desde hace dos mil aos la voluntad de vivir ha sido gobernada por fuerzas enfermas, el mundo crea-do por stas es dbil y vil. Bajo estas premisas, se pro-pone demostrar que tanto la filosofa como la ciencia, e incluso el arte de su poca, estn dominados por fuerzas ascticas (111-186).

    Nietzsche desarrolla dos maneras para probar que me-ros ideales mueven el pensamiento alemn del siglo XIX, consistentes respectivamente en buscar el origen de los valores propios del ascetismo, y en desvelar los signifi-cados de stos3. A travs de la bsqueda del origen en la cual combina saberes de la historia, la filologa y la fi-losofa, deduce una especie de esquema del concepto de ideal asctico, donde en una lnea temporal ordena cronolgicamente sus acontecimientos fundadores4. Posteriormente, mediante el desvelamiento de los signi-ficados, utiliza conocimientos de la fsica, las ciencias na-turales y la psicologa, para crear una especie de simbo-loga espacio-temporal donde pone a actuar las distintas fuerzas que pueblan el mundo de los ideales eternos5.

    Como alquimista, y porque estima que la tendencia de vitalidad de la vida humana desde que el monotesmo apareci se ha mantenido en niveles muy bajos, se inte-resa por interpretar las fuerzas que actan en ese extre-mo de la voluntad de vivir. Como filsofo artista, y por-que aprecia que el orden de los orgenes es al mismo tiempo remoto y contemporneo, se inquieta por sinte-tizar las circunstancias especficas de las que surgi el dominio de tales fuerzas. Mediante la demostracin de las proposiciones que componen sus partes, el examen

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    plantea la siguiente deduccin: I) en lo que respecta a la historia de la humanidad, en los momentos en que los hombres fuertes se vuelven impotentes, brota el hasto! II) La propagacin del hasto pone en riesgo la voluntad de vivir! III) Para sobreponerse al hasto, la voluntad de vivir no tiene ms alternativa que recurrir a la cura ofre-cida por las fuerzas viles y dbiles: el ideal asctico!

    Su ejercicio hermenutico est dividido en tres partes: el Tratado primero describe el mundo nativo del ideal asctico al que llama mala conciencia, que de acuerdo con las deducciones, tiene como lmite histrico ms leja-no el momento cuando se fortaleci el monotesmo, con la constitucin del Estado de Israel, y como lmite ms cercano, el derrumbe del Imperio romano y la propa-gacin del cristianismo. El Tratado segundo diagrama la secuencia cronolgica de acontecimientos prehist-ricos que favorecieron el dominio de la mala concien-cia; distingue como el acontecimiento ms lejano, las cir-cunstancias que permitieron que al animal hombre se le fabricara una memoria, y como el ms cercano, las que confabularon para que la memoria fuera utilizada como el recipiente de la culpa. El Tratado tercero soluciona el acertijo que gua la hermenutica: Qu significan los ideales ascticos?. En ese orden de razonamiento, esta-blece puntos de conexin entre la mala conciencia y el pensamiento romntico alemn al que tilda como con-templativo: por un lado, diagrama la secuencia de acon-tecimientos prehistricos e histricos que dieron origen al mundo romntico y, por otro, hace una descrip-cin de las relaciones de fuerza que prevalecen en ste.

    El ejercicio no consiste en replicar tcnicas en un or-den sucesivo hasta ejecutar el total demandado, lo que es comn en las aplicaciones de carcter objetivo que se atienen a instrucciones y que producen resultados estan-darizados; tampoco en seguir una secuencia temporal de fases preestablecidas de las que resulta una parodia sub-jetiva. Usa el arte de la lectura para soltarle la lengua a los afectos y hacerlos que hablen del ideal asctico, y para incluir varios avistamientos de las percepciones que hacen parte de este ideal (Nietzsche, 1992: 139). Y en-tonces, cada tratado est afectado por un concepto que da nacimiento a un valor, y por una cifra cuyo descifra-miento da existencia a una experiencia6.

    El Tratado primero se vale del concepto transvalo-racin para describir la realidad afn a los valores de la moral asctica (29-62). Segn Nietzsche, el conjunto de

    procedimientos que implementan las sociedades para asignar significados a los valores del bien y el mal, de-riva de la capacidad de dominio de las fuerzas tanto d-biles como fuertes que componen a dichas sociedades, entendida esta capacidad como la potencia o impotencia de tales fuerzas para poblar un medio. Sus deducciones muestran que a medida que se extiende el hasto y ms hombres caen enfermos, los pueblos, para sobrevivir, se ven obligados a aceptar la cura asctica que les es ofre-cida por las fuerzas viles. La propagacin de la enfer-medad y la implementacin de la cura provocan que los significados de los valores morales de la voluntad de vi-vir, por un lado, giren siguiendo un ngulo de 180 grados hasta alcanzar la potencia mnima de vitalidad y, por otro, se precipiten de la superficie a las profundidades, hasta llegar al umbral mximo de degeneracin de su forma. La moral asctica tiene xito para curar el hasto cuan-do sus fuerzas dbiles colonizan el medio donde actan, momento cuando los valores malo y bueno, al significar lo opuesto de lo que significaban durante los tiempos de dominio de las fuerzas nobles, dan forma a la mala con-ciencia.

    El Tratado segundo se basa en el concepto poder para trazar la lnea compuesta de eventos originarios de los valores de la mala conciencia (Nietzsche, 1992: 65-110). Consiste en una serie de preguntas y de respuestas que siguen el siguiente orden: 1) cul es la causa ms remota de la mala conciencia?: la fabricacin de una memoria al animal hombre! 2) Cul es la causa ms cercana?: la aparicin de la culpa que hizo recprocas las acciones de recordar y tener conciencia! Establecida la conciencia de la culpa como origen inmediato y la memoria como ori-gen ms remoto, siguen las preguntas cuyas respuestas indican acontecimientos intermedios de la serie lineal: 3) qu causa que la conciencia de culpa gobierne la me-moria?: el momento cuando se volvieron impagables las deudas sociales adquiridas por los hombres! 4) Qu causa que las deudas se vuelvan impagables?: el hecho de que los hombres hayan inventado a Dios! Al deducir la idea de Dios como la razn de la interiorizacin de la conciencia de culpa, formula una ltima pregunta: 5) qu causa que los hombres acudan a la idea de Dios? Escapar a una tortura!

    El Tratado tercero emplea el concepto contemplacin para hallar el orden de los eventos originarios de la moral del romanticismo, y formular la experiencia creada por el

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    Petroglifo. Representacin de El hombre serpiente-guila. relato mtico uitoto. amazonia colombiana | fernando urbina rangel (2004)

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    sentido rector de los significados de los valores romnti-cos (Nietzsche, 1992: 110-186). Me detengo un poco en estos anlisis con el nimo de pormenorizar la aplicacin del perspectivismo y de subrayar los presupuestos me-diante los cuales se asientan los ideales ascticos como meta contemplativa.

    Nietzsche objeta a los presupuestos romnticos el que conviertan el rencor por la vida en voluntad de poder. Primero examina el kantismo, al cual considera precur-sor del romanticismo: asegura que aunque este proyec-to en La crtica de la razn pura da muerte a la idea de Dios, en La crtica del juicio la resucita, cuando para fabricar el concepto de lo sublime emplea componentes del de cosa en s (Nietzsche, 1992: 120-123). Despus, exalta la novedad del romanticismo que consiste en lle-var hasta las ltimas consecuencias la idea de la muer-te de Dios, pero condena su rechazo hacia la vida, que segn l est impregnado de sentimientos contradic-torios de desinters y de inters que actan como motores para alcanzar la contemplacin. Los siguientes presupuestos esquematizan el anlisis: 1) igual a lo que propone el kantismo, el romanticismo tiene por meta la contemplacin de lo bello. 2) El romanticismo se distancia del camino kantiano, que para la salvacin y por medio de la moral universal, propicia el desinters por el mundo; en cambio, plantea relaciones interesa-das con la sensualidad, puesto que se empodera en sta para almacenar el cmulo de excitacin que le deman-da alcanzar la contemplacin, y se encamina hacia el ideal contemplativo para liberar la energa acumulada. 3) La esttica romntica transfigura el instinto sexual en la fuerza principal de su naturaleza, y emplea ese sen-timiento de poder como vehculo para escapar a la tor-tura que la vitalidad le provoca al desviarla de su meta (Nietzsche, 1992: 130).

    Pregunta por la razn de la similitud entre opuestos, el mundo judeocristiano y el romntico, cuyo surgimien-to localiza en los puntos extremos de una misma lnea evolutiva. Su respuesta precisa el origen del ideal asc-tico: las conductas contemplativas sacerdotales, verda-dera causa de la dominacin de las fuerzas decadentes, son al mismo tiempo el ideal de la filosofa romnti-ca y la condicin de posibilidad de la prctica filosfica (Nietzsche, 1992: 124). As que fue gracias a la seguri-dad brindada por los claustros sacerdotales que la filo-sofa pudo nacer y que los filsofos ejercitaron el arte contemplativo.

    Usa el siguiente razonamiento para deducir el aconte-cimiento que provoc la existencia independiente de la filosofa: el hasto de los prncipes por el vaco es lo que favoreci la propagacin de la mala conciencia; el hasto de los filsofos por el vaco es lo que favorece la extensin de la contemplacin romntica! (Nietzsche, 1992: 134).

    En suma, la causa ms remota de la filosofa es el sur-gimiento de prcticas contemplativas sacerdotales, y la ms prxima es el surgimiento de prcticas contemplati-vas modernas. Por otro lado, la razn de la expansin de la contemplacin es una epidemia de nihilismo que en tiempos lejanos fue apaciguada con el paliativo de la es-peranza, a travs de la idea de Dios, circunstancia cuan-do la filosofa nace a la sombra del sacerdocio, y que en tiempos cercanos es aliviada con el remedio de la des-esperanza, a travs de la idea de la muerte de Dios, mo-mento cuando la filosofa se despoja de su disfraz para existir por s misma. Finalmente, la enfermedad del nihi-lismo brota por el sentimiento de impotencia que provo-ca en los hombres enfrentar la vida mediante el vaco.

    Sentada la contemplacin como germen y como con-dicin de la filosofa, y el vaco como causa de la impo-

    Abstraccin de dibujo de petroglifo. Representacin de El hombre serpiente-guila.

    relato mtico uitoto. amazonia colombiana fernando urbina rangel (2004)

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    tencia, Nietzsche insiste en averiguar las razones que es-timulan el vaco. Descubre el mismo motivo que hall cuando inquiri por la causa de la propagacin de la mala conciencia: los hombres escapan a la vida por miedo a que los torturen! De manera que resta por resolver el por qu a los hombres los tortura la vida.

    El Tratado sostiene que en el extremo ms lejano del origen de la filosofa, cuando el nihilismo del sinsentido se irradi, los hombres buscaron consuelo en la idea de Dios que voceaban los sacerdotes; en el mundo de tales curadores, el sentido de los significados de los valores era justo el opuesto al que dominaba en el mundo de donde los hombres enfermos procedan; los hombres enfermos acusaban a los prncipes de ser los culpables de la enfer-medad de la impotencia y estaban convencidos de que si no encontraban cura iban a morir. Asegura que los sacer-dotes usaron palabrera para aumentar el sentimiento de resentimiento de los hombres hacia los prncipes y que, para seducirlos, apelaron a rdenes disciplinares de dis-tinta ndole. Concluye que una vez despertada de esta manera la vitalidad apagada, los sacerdotes se valieron de torturas que arrancaron a los hombres la confesin de que eran culpables de impotencia (Nietzsche, 1992: 146-149).

    Prosigue: en el extremo ms prximo, en el momen-to cuando la filosofa existi por s misma y los hombres se enfermaron por la epidemia de impotencia que caus la propagacin de la idea de la muerte de Dios, la cura se introdujo mediante procedimientos de renuncia que funcionaban en dos tiempos: transformaban la impoten-cia en deseo para alcanzar la contemplacin y, median-te prcticas crueles de retraimiento, calmaban el deseo arrancando a los hombres la confesin de que eran cul-pables del sentimiento de rencor hacia la vida (Nietzs-che, 1992: 149-155).

    La condena al romanticismo involucra la ciencia y el arte: la ciencia no escapa a la trampa metafsica, porque si bien es cierto que acepta con honestidad la idea de la muerte de Dios, tambin lo es que se impone como fin buscar lo verdadero (Nietzsche, 1992: 175-182); en lo que respec-ta al arte, considerado utilitarista, emplea el ideal ascti-co como medio para alcanzar fines particulares y cumple el papel de ayuda de cmara de la moral, sin que real-mente posea moral alguna (114-118).

    La respuesta a la pregunta qu significa el ideal asc-tico?, entonces, especifica distintas fuerzas que compo-

    nen el ideal y determina el papel que cada una cumple en ste. De acuerdo con este punto de vista, las fuer-zas religiosas son el germen del idealismo, en tanto son su condicin de posibilidad; a su turno, las fuerzas filo-sficas actualizan y vuelven contemporneo el origen, haciendo que el fantasma idealista est presente en las dems fuerzas y en sus metamorfosis; por otro lado, las fuerzas cientficas cumplen dos papeles: potencian los ideales al atribuirse la finalidad de encontrar la verdad, y los debilitan al poner en duda la existencia de lo verda-dero; por ltimo, las fuerzas artsticas falsean los ideales al abrirlos a otros significados. Sugiere adems que desde hace milenios tales fuerzas estn alineadas en una direc-cin negativa encaminada hacia la nada.

    Petroglifo y abstraccin de dibujo. Representacin de El hombre serpiente-guila.

    relato mtico uitoto. amazonia colombiana fernando urbina rangel (2004)

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    III.

    Me propongo el empleo de esta hermenutica para dar una vuelta a las preguntas por los acontecimientos que originaron nuestra modernidad, y por el tipo de fuerzas que han actuado en su construccin. Mi pretexto para esta reformulacin es la conmemoracin de dos siglos de Independencia del pas.

    Como dije al principio, mi crtica est sustentada en el si-guiente enunciado: la alianza entre moral y conocimien-to ha favorecido el que los colombianos entendamos el trmino razn humanista como despliegue de cruel-dad y que, salvo excepciones, aceptemos ese significado como algo normal.

    Siguiendo la lgica desplegada antes, voy a plantear las siguientes hiptesis: 1) en lo que respecta a Colombia, el ideal asctico se ha materializado como querer parecer civilizados, lo que ha conducido a que en nuestro afn por nivelarnos slo simulemos querer lo que Nietzsche

    llama nada. 2) La condicin de posibilidad del ideal de querer parecer civilizados es la crueldad. 3) Los intentos para instituir verdades han sido de carcter asctico.

    IV.

    Se sabe que el conocimiento nacional y extranjero pre-ponderante, entiende el atraso, para usar un adjetivo que se ha vuelto sinnimo del trmino barbarie, como atri-buto vaco de virtudes modernizadoras y lleno de vicios tradicionalistas. Me propongo analizar algunos de estos vicios del conocimiento social hegemnico en Colom-bia, con el nimo de motivar miradas que indaguen por la moral con la que usualmente nos juzgamos.

    En 1934, Luis Lpez de Mesa, uno de los intelectuales liberales ms estimados de esos aos, y an de hoy, sor-prendentemente, en su libro Cmo se ha formado la na-cin colombiana, sugiere que para configurarse como na-cin moderna, al pas le hace falta implementar polticas encaminadas a alcanzar mayor intervencin7; entiende por intervenir fomentar unas pocas direcciones desde lo pblico tendientes a provocar grandes cambios socia-les a bajos costos; por ejemplo, facilitar el poblamiento de zonas baldas a partir de polticas de estmulos, para que se adelanten actividades econmicas de tipo capi-talista, pero tambin para que se promuevan mezclas que aumenten los porcentajes de blancura en poblado-res negros, mestizos e indgenas.

    Al analizar en detalle la propuesta de este autor, consi-derada como de las ms modernas del periodo, encuen-tro que, aunque contiene como novedad la idea de in-tervenir, de la que hablar despus, manifiesta tambin los sentimientos que guan el comportamiento moral de la poca, que denomino querer parecer civilizados. Los crculos intelectuales en los que este escritor tiene au-diencia, se presentan como voz autorizada del Estado, y sus recomendaciones, a ms de abiertamente racistas, personalistas y elitistas, son crueles8. Choca la arrogancia con que escriben cuando se atribuyen potestades para manipular caprichosamente el orden institucional, o in-tervenir y experimentar con la vida de la gente, y la indi-ferencia de sus exmenes sobre hechos evidentes que les daran respuestas diferentes y obvias a las preguntas que hacen a la realidad. Tambin es chocante el inters que manifiestan por las prebendas que pueden obtener de sus planteamientos y su sumisin ante la moda imperan-

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    te de un canon, por el provecho que le sustraen. Como si simularan una moral que saben vaca de verdad alguna.

    Muchos intelectuales colombianos de la primera mitad del siglo, exhiben pblicamente estos sentimientos de arrogancia, de indiferencia y de inters utilitarista. Las publicaciones de los ms encumbrados lderes del Go-bierno y de los partidos polticos preponderantes, de ma-nera muy comn, hacen ostentacin de los privilegios de los que gozan sus agrupaciones y de la ilegalidad de sus costumbres polticas: muchos se enorgullecen de escribir como disparan personalmente, y matan manifestantes, retienen y corrompen con prebendas a sus oponentes, organizan sus propios movimientos guerrilleros campe-sinos o pagan a comandos civiles para exterminar, y sea-lan cmo obtienen beneficios de estos comportamientos (Estrada, 1948; Montalvo cit. Lleras, 1955; Manrique, 1948; Echanda cit. Lozano, 1948, entre otros)9. Los tes-timonios de varios militantes revolucionarios magnifican igualmente la arbitrariedad de la propia crueldad en el ejercicio guerrero: por ejemplo, sin tratar de ocultar ni callar, publican hechos de ataques brutales a poblaciones desarmadas e indefensas para despojarlas de sus bienes y echarlas de sus terrenos, adornados sangrientamente de detalles que siembran miedo (Vsquez, 1954 y Franco, 1986 [1955]). Los informes de los militares se regodean tambin en el detalle, por ejemplo, de bombardeos a po-blaciones, de la implementacin de polticas cvico-mi-litares de exterminio, y de las ddivas que obtienen por obedecer las rdenes (Nieto, 1956 y Sierra, 1954).

    Denomino querer parecer civilizado a la prctica mo-ral simuladora de una moral inexistente, que vuelve al intelectual un vasallo de la poltica, para que pueda vivir, ostentar podero y ganar beneficios, y que recompensa los comportamientos abusivos hacia el dbil, sin juzgar necesario siquiera disimularlos. Igualmente, que estimu-la esconder la realidad a travs del uso de mtodos de pensamiento y estilos de escritura de tipo corts, orien-tados hacia el ideal de alcanzar la cspide de una escale-ra social en donde reside lo civilizado. Asimismo, que imputa a la nocin de vctima los vicios que el ascetismo le confiere al de victimario, y al revs, que achaca al de victimario las virtudes que el ascetismo le atribuye a la nocin de vctima. Finalmente, que entiende como civi-lizado poseer esas virtudes, y como brbaro carecer de stas, y premia las acciones encaminadas a alcanzarlas. En resumidas cuentas, entiendo esta prctica como una

    direccin moral que asimila el acto de poseer la razn a la ostentacin de cualidades del tipo corts que amplifi-can el abuso y el inters personalista sin manifestar senti-mientos de culpa ni resentimiento, y que instituye como finalidad parecer alcanzar ideales en vez de alcanzar ideales.

    A partir de los aos cincuenta la prctica intelectual gira. La idea de intervenir resuena con fuerza y ocasio-na consecuencias inesperadas en los nuevos ambientes intelectuales. Es alimentada primero por acadmicos como Luis Ospina Vzquez, de talante conservador, y muy corteses. Por ejemplo, el libro de Ospina, Indus-tria y proteccin en Colombia, 1810-1930, publicado en 1955 (1974), hace exmenes estadsticos que muestran cmo desde que la Nueva Granada se independiz de Espaa, nuestra economa no ha sido objeto de verda-dera accin estatal, sino de simulacros intervencionis-tas. Sus estadsticas desmantelan las motivaciones intere-sadas de las polticas de industrializacin (la mayora de las veces formuladas para privilegiar polticos de la lite escogidos con antelacin), y los impactos nulos de stas (un puado de microproyectos semiindustriales, que por azar coinciden con alguna poltica y que no duran en el tiempo). Las conclusiones califican las acciones polticas como nefastas, y sostienen que no slo han fomentado la desidia, sino que adems han espantado el desarro-llo y han aumentado el atraso10. Igualmente, acusan a los polticos de distraerse armando guerras populares ficticias entre bandos que defienden una direccin eco-nmica supuesta, como por ejemplo, proteccionistas ver-sus librecambistas, que a ningn poltico le interesa en realidad poner a marchar11. Y aseguran que ese estado de cosas que comenz en el pas desde la segunda mitad del siglo XIX; salvo algunas excepciones que han durado muy poco, cada vez se ha vuelto peor12.

    Apalancada en anlisis de ese tipo, pero con ms bros y menos cortesa, una nueva generacin intelectual se pro-pone condenar la moral de simular lo civilizado, y en-derezar los significados idealistas trastocados por sta. Invita a sus colegas y pupilos a dejar a un lado los senti-mientos de admiracin a la arrogancia ostentada por el ms fuerte, de indiferencia al abuso sobre el ms dbil, y de usufructo de la poltica; igualmente, los convida a va-lorar como injustas situaciones que sus antecesores juz-gan como justas, y a desnudar la verdad presente en los rdenes institucionales, estatales o contraestatales. Los

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    nuevos intelectuales quieren intervenir en la realidad y transformarla, y para tal fin, se declaran enemigos de la poltica comn. Como los sacerdotes ascetas o los filso-fos de los que habla Nietzsche, se ponen en la tarea de esparcir sentimientos de resentimiento por la injusticia, y se valen de mtodos tcnicos para alcanzar sus metas. Estas actividades dan nacimiento a lo que en Colombia se conoce como ciencias sociales profesionales.

    El surgimiento sincronizado de esas ciencias sociales profesionales, y de sentimientos generalizados de repu-dio a prcticas polticas simuladoras, ni es espontneo ni es fruto exclusivo de la autocrtica intelectual. Lo atribu-yo al odio popular que despierta el asesinato del liberal Jorge Elicer Gaitn, el 9 de abril de 1948 en Bogot, y a la culpa que el crimen suscita entre sus seguidores, sentimientos que provocan toda suerte de desmanes ur-banos, de los que brotan los sustentos que alimentan una guerra prolongada entre campesinos de adscripciones polticas liberales, conservadores y comunistas. Tambin al aumento de velocidad en la propagacin de proce-dimientos tcnico-cientficos, producto del montaje de mecanismos, que bajo la responsabilidad de institucio-nes estatales y privadas, emisarias de proyectos moder-nizadores, crean y facilitan nuevos procesos productivos que empujan cambios sociales. La ocurrencia de ambas cuestiones en un mismo tiempo, posibilita la construc-cin de puentes entre ambientes incomunicados que es-timulan contactos inusuales entre saberes y realidades, y obligan al conocimiento a mirar la realidad con dete-nimiento.

    Yendo un poco ms despacio, el resentimiento y la cul-pa que despierta el asesinato de Gaitn acompaan su-cesos de distinto carcter que impactan varios espacios de la sociedad. Cabe resaltar, en el mbito poltico: 1) la propagacin de la guerra campesina, y el espacio que deja a una dictadura militar en 1953 que hace a un lado la influencia de los lderes de los partidos polticos que acostumbraban gobernar; 2) el pacto consecutivo, entre lderes y seguidores de los partidos polticos, para derro-car la dictadura y alcanzar la paz, conocido como Fren-te Nacional, que comienza en 1958; y 3) el surgimiento de guerrillas revolucionarias que desde 1964 le declaran abiertamente la guerra al Estado.

    A su turno, en el mbito econmico cobran relevancia hechos como: 1) la poltica continental estimulada por los Estados Unidos desde 1948 que, como mecanismo para defender al Continente de la amenaza comu-nista, promueve la modernizacin regional mediante la movilizacin de recursos por la va de emprstitos esta-tales y una injerencia directa intervencionista, excusada por la ayuda de nuevas tcnicas en procesos producti-vos; 2) los informes diagnsticos que desde 1949 realizan los gobiernos nacionales, como requisito para acceder a los emprstitos, que estimulan la ejecucin de proyectos tcnico-cientficos, para que con cifras den cuerpo a los argumentos de los expertos en el desarrollo de la polti-cas; 3) las exigencias para aumentar la influencia en la ac-cin estatal de movimientos de carcter, respectivamen-te, poltico, social o moderno, que insten a los gobiernos a forjar polticas, de tipo democratizador, incluyente y/o

    Abstraccin de dibujo de petroglifo. Representacin de El hombre serpiente-guila. relato mtico uitoto. amazonia colombiana | fernando urbina rangel (2004)

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    eficiente; y 4) la ampliacin de la cobertura comunica-cional, por un lado, entre personas y entre lugares nacio-nales, y, por otro, entre los Estados Unidos y personas y lugares, nacionales tambin, como mecanismos previos o simultneos para echar a rodar las polticas.

    Tambin son importantes los sucesos que ocurren en el mbito educativo entre los aos cincuenta y los sesenta, como: 1) la creacin de carreras universitarias indepen-dientes de las de Derecho, Filosofa, Sociologa, Traba-jo Social, Psicologa y Economa, tendientes, entre otras cosas, a la formacin de tcnicos e interventores del de-sarrollo; 2) las reformas acadmico-administrativas de las universidades pblicas para modernizarlas, y la promo-cin y fortalecimiento econmico de las privadas; y 3) la Ley de Educacin Superior, que forjada a travs de algunas acciones de tipo institucional, busca ordenar los estudios universitarios.

    Por ltimo, destaco un suceso que desde los cincuenta perturba el mbito institucional religioso, referido al es-tmulo y formacin en disciplinas como la sociologa, en el exterior y en el interior, de religiosos catlicos y pro-testantes, que se convierten en directivos, profesores y estudiantes de los programas de las ciencias sociales na-cientes, y luego en asesores de la implementacin de las polticas pblicas y privadas modernizadoras.

    El libro La violencia en Colombia (1980 [1962] [1964]) expresa la conjuncin de los distintos hechos listados arriba: es una crnica sobre la guerra campesina que da la palabra a sus distintos protagonistas y atribuye el sig-nificado de vctima a los dbiles, y de victimario a los poderosos. Mientras condena las prcticas polticas usua-les junto con el abuso que engloban, llama a la moder-nizacin. Sus autores, Germn Guzmn, obispo catli-co, Orlando Fals Borda, obispo tambin, protestante, y Eduardo Umaa Luna, abogado defensor, son directivos y profesores de las nuevas carreras de las ciencias socia-les. Desde el libro invitan a la construccin colectiva de un nuevo Estado que sea capaz de incluir a los que han permanecido excluidos, y de configurar un estatuto de ciudadana por la va de los derechos13. La publicacin en 1962 de este estudio, genera una reaccin inespera-da en mbitos polticos, periodsticos, acadmicos y re-ligiosos del pas, al ser rechazado ruidosamente por las lites tradicionales, y al ser aplaudido estrepitosamen-te por nuevas generaciones (Guzmn et l., 1980 [1962] [1964]). Porta una proclama que sintetizo en estos trmi-

    nos: Despertemos el odio hacia los asesinos de Gaitn, sintmonos responsables de dejar que los polticos y las lites gobiernen impunemente y trasformemos a Colom-bia!. Valindose de compuestos paradjicos y haciendo resonar prcticas intelectuales viejas y nuevas, La violen-cia en Colombia es sntoma de la crisis que en estos aos atraviesa la direccin moral que llamo querer parecer ci-vilizados14.

    Nietzsche puntualiza que la filosofa aparece como no-vedad cuando construye un medio que le faculta existir por s misma e independizarse de su germen. Algo similar le sucede a las ciencias sociales profesionales: comienzan a existir independientemente cuando los intelectuales anidan un medio propio que les permite separar su ac-cin de la poltica, gracias a que surgen direcciones en la sociedad que los estimulan a cumplir nuevas funciones. Empoderados en su medio y fortalecidos con ideales que reconocen abiertamente como religiosos, ellos hacen gi-rar la direccin de la moral simuladora.

    Al abrir canales de comunicacin entre elementos ex-cluidos mediante el uso de lgicas populares, calificadas como absurdas por sus antecesores, el medio desestabili-za rdenes jerrquicos y clasificatorios imperantes, y des-pierta tradiciones ancestrales dormidas de organizacin e insumisin. Pone en contacto, por ejemplo, creencias religiosas y suposiciones marxistas; sueos capitalistas y utopas socialistas; mtodos positivistas y experimentos maostas; y organizaciones del atraso, de carcter tan-to caudillista como guerrillero15. Sus intelectuales estro-pean la brjula que los encamina a comprometerse con las polticas del desarrollo y dan la cara al atraso para intervenir en ste. Estn de acuerdo con el desarrollo, pero no con sus polticas, puesto que no admiten como posible que el cambio social que demandan se haga a travs de medidas ejecutadas por las lites. Al contrario, creen que esas acciones son responsabilidad de los sec-tores populares, y se valen de las herramientas tcnicas para despertarlos y fortalecerlos, y para vigilar que se en-caminen hacia las finalidades idealistas en las que creen.

    Nietzsche sostiene que la consecuencia del acto de in-dependencia de la filosofa romntica, de la religin su carcelero, es que el pensamiento que produce expresa el rencor hacia la vida, puesto que al no poder abandonar su origen sacerdotal sin convertirse en otra cosa, opta por odiar la vida sin Dios. Algo similar acaece con el medio intelectual: tiene que acudir a la poltica como manera

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    para develar la impostura del intelectual subordinado a la poltica, ya que no puede abandonar su germen sin convertirse en otra cosa, y no est dispuesto a transfor-marse totalmente. As pues, poco a poco, la poltica se apropia del medio intelectual: los cientficos se convier-ten en guerreros y usan las herramientas tcnicas como armas militares.

    El libro La subversin en Colombia, publicado en 1967 por Orlando Fals Borda, es sntoma de este giro moral del medio intelectual, que inicia el camino de retorno a la poltica, y pasa a funcionar bajo una orientacin que posee ms elementos insumisos y religiosos que tcnico-cientficos. Justamente, en las dcadas de los sesenta y setenta, algunos intelectuales doblegan sus ejercicios a la accin poltica revolucionaria, y se valen de sus hallazgos para legitimar la revolucin. Insisten en desnudar la ver-dad sobre el pas, y en responsabilizar a los polticos co-munes y a las lites de esa verdad. Si bien esparcen por Colombia sentimientos de resentimiento hacia quienes tachan como responsables, no poseen la fuerza necesaria para introducir en cada quien sentimientos de culpa. Por otro lado, juegan en ocasiones un doble rol, como mili-tares revolucionarios en lo clandestino, y como asesores y funcionarios del Estado en lo pblico. Este libro es un ejemplo de esa circunstancia: su autor aplaude el papel clandestino de participar en la revolucin, y adems re-comienda el rol abierto de asesorar al Estado y a las lites en la formulacin de polticas socioeconmicas16.

    Entre las consecuencias del predominio de lo revolu-cionario en el medio intelectual, cabe mencionar la in-tensificacin de la guerra contra el Estado: muchos inte-lectuales mueren en sta, otros desertan para ingresar a

    las filas de especialistas estatales, algunos persisten en su doble papel como polticos clandestinos y como asesores institucionales, otros se vuelven combatientes clandesti-nos y un puado lidera movimientos y partidos polticos legales. Paradjicamente, otro efecto de la sumisin de la produccin del conocimiento a la poltica, es que sur-ge un consenso de legitimacin del Estado entre intelec-tuales. Este ltimo explota en la dcada de los ochenta, cuando muchos de estos mismos acadmicos rebeldes autocritican su papel en la confrontacin armada y lla-man a grupos insumisos a negociar, aceptando el pedi-do del gobierno de recomendar caminos para alcanzar la paz, y de emplear su conocimiento experto en favor del cumplimiento de este propsito.

    El acuerdo de legitimacin del Estado es, a mi juicio, sntoma del retorno definitivo al medio intelectual de las anteriores prcticas crueles del hacer poltico. El acuerdo instituye lo que es calificado en Colombia como ciencias sociales profesionales modernas, al establecer la idea de conocer de verdad como significado preponderante del concepto de lo moderno, y al desplazar la anterior idea de encontrar la verdad. Me detengo en algunos eventos que considero ejemplos de este regreso.

    La idea de conocer de verdad comienza a esparcirse desde los aos finales de los setenta en el medio intelec-tual independiente. Como ocurri con la de intervenir, sin embargo, desde antes es difundida por profesores como Mario Arrubla, que son de izquierda moderada, y pesimistas tanto de un eventual triunfo de la revolucin, como del desarrollo del pas. El estudio de Arrubla, Es-tudios sobre el subdesarrollo colombiano, que se difunde ampliamente en 1969 [1962], como el de Ospina, se basa

    Abstraccin de dibujo de petroglifo. Representacin de El hombre serpiente-guila. relato mtico uitoto. amazonia colombiana | fernando urbina rangel (2004)

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    en exmenes estadsticos y tiene por propsito mostrar la verdad; pero a diferencia de la evaluacin de Ospina, la verdad que pretende desnudar no incumbe a fuerzas sociales y polticas, sino econmicas, y no concierne a vo-luntades sino a procesos. Justamente, el trabajo pretende demostrar que la economa del pas es realmente atra-sada; que independientemente de los deseos de gober-nantes y lites, Colombia no ha contado con los recursos necesarios para poner en marcha el capitalismo real; y que los intentos parciales, como el cafetero, han sido consecuencia de la pobreza, y no como se cree, fruto de la riqueza. En las conclusiones, el autor invita a produ-cir conocimiento objetivo sobre lo real, y sugiere que para tal fin, los intelectuales se orienten por investigacio-nes de carcter desarrollista que considera cientficas de verdad.

    Muchos intelectuales, entre ellos antiguos combatien-tes, al final de los setenta y en los ochenta, recogen la idea de conocer de verdad y se proponen cosecharla. Igual a como sucede cuando los tcnicos cientficos se indepen-dizan, la amplificacin de la nueva idea ocurre al unso-no con varios eventos significativos, en distintos mbitos. Por ejemplo, en el mbito poltico se inicia: 1) la guerra que los narcotraficantes de drogas ilcitas le declaran al Estado. 2) La fortaleza de los movimientos paramilita-

    res en los campos, contra los grupos guerrilleros. 3) La tecnificacin de la guerra revolucionaria, que profesio-naliza su organizacin militar, sofistica su armamento y aumenta su radio de accin. 4) La concepcin de pactos de paz que luego resultan a medias. Por otra parte, en el mbito econmico: 1) la conversin de Colombia en gran exportador ilegal de droga, con la consecuente acelera-cin de flujos de dinero y corrupcin. 2) La actividad de los carteles del narcotrfico que dan lugar a personajes como Pablo Escobar, juzgados al mismo tiempo como santos y diablos, por sectores populares y de las lites. 3) La formulacin de polticas para extender y volver ms eficaz la accin estatal, y para relievar los roles del Esta-do como gestor y administrador de servicios y recursos, con la subsecuente venta o entrega, a manos privadas, de un buen nmero de bienes y servicios pblicos. 4) De manera continua la injerencia directa de Estados Unidos en la economa con su apoyo a la guerra contra las dro-gas y, de paso, contra la izquierda y los revolucionarios. Por ltimo, en el educativo: 1) se crea la carrera docen-te e investigativa como un modo de vida intelectual. 2) Retornan varios profesores expertos que hicieron estu-dios en universidades prestigiosas del mundo, y aumenta la oferta y la demanda de programas en ciencias sociales de pregrado y posgrado. 3) Se fortalecen los institutos y centros privados de investigacin y de accin social, no universitarios17.

    Hay distintos tipos de acontecimientos acadmicos que inauguran esta nueva prctica intelectual. Me detengo en uno de stos que sucede en 1979 y que, a mi juicio, es revelador: la publicacin de El caf en Colombia 1850-1970, del acadmico Marco Palacios, objeto de innume-rables ediciones y conocido en muchos pases. Es una historia en torno a la economa cafetera, cuyos exmenes rastrean los procesos de surgimiento, fortalecimiento y propagacin del capitalismo en el pas. De acuerdo con el autor, el nacimiento y auge tom cien aos, y la propa-gacin que supuso la conversin de la economa cafetera, de cuasiindustrial a empresarial, se inici despus de la segunda mitad del siglo XX. Como lo hizo La violencia en Colombia, el autor pone a hablar a sus distintos prota-gonistas (campesinos, hacendados, obreros, empresarios y polticos), pero en cambio de dar la palabra al pueblo, la entrega a las fuerzas econmicas que considera como condicin de posibilidad del desarrollo. El estudio, en suma, establece el capitalismo como la realidad verda-dera, que corresponde a la historia verdadera del de-

    Petroglifo. Representacin de El hombre serpiente-guila. relato mtico uitoto. amazonia colombiana

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    sarrollo del pas; de la misma manera que el texto de Arrubla pero con ms vigor, disculpa a los polticos al su-poner que sus actos resultan de la accin de fuerzas eco-nmicas, ajenas a cualquier voluntad, a la que le atribuye el carcter de causa irreversible; por otro lado, a diferen-cia del pesimismo que impregna el estudio de Arrubla, la fundacin del capitalismo como realidad de nuestro desarrollo est animada por la esperanza.

    Nietzsche sostiene que al matar definitivamente a Dios, el romanticismo inventa un paliativo para no asesinar tambin al pensamiento, y opta por retornar al idealis-mo a travs de la desesperanza. Considero que por estos aos en algunos medios intelectuales colombianos ocurre algo parecido: los ms modernos tienen que espantar la idea de develar la verdad, porque no solamente perci-ben que fracasa el movimiento revolucionario, en el que creen, sino que adems perciben que en el pas, cada da ms violento, estn ocurriendo procesos socioeconmi-cos y polticos lgubres y complejos, que ellos, diez aos antes ni siquiera imaginaron, y sobre los que no han te-nido injerencia. Y creo tambin, que del mismo modo como el odio a la vida lleva a los romnticos a retirarse y a practicar la contemplacin, este desvelamiento de su im-potencia para actuar lleva a los intelectuales colombianos a refugiarse, de nuevo, en la moral de la simulacin.

    Creo que porque el Estado se les aparece de golpe y les expone su poder, los intelectuales optan por legitimarlo de forma que no se contradigan. Y tambin, que por este motivo abandonan la explicacin anterior, que entenda el Estado como efecto de intenciones y acciones corrup-tas de grupos polticos y econmicos, para comprenderlo en cambio como resultado de un proceso que es real de verdad, y que no depende de nadie, sino que se maneja solo. Igualmente, que por esta circunstancia aceptan los supuestos de que el capitalismo est movido por manos no humanas invisibles, y que las humanas no inciden en ste, por lo que recomiendan que se retiren los obs-tculos para que el capitalismo fluya. Y, finalmente, que por aparecrseles el Estado en tal forma, se encaminan a adquirir las credenciales que requieren para volverse expertos en estas cuestiones, convirtindose en los ase-sores y consultores de la empresa enfocada en abrir las compuertas al fluir de la economa.

    Es as como a mi juicio regresan las prcticas polticas simuladoras al medio intelectual. No porque estos inte-lectuales hagan ostentacin de actos abusivos o de pri-

    vilegios, sino porque argumentan que la crueldad es la consecuencia inevitable del atraso, que califican como causa, y porque deducen que al suprimirse el atraso se reducir la crueldad. Igual como aseguraban intelec-tuales como Lpez de Mesa, muchos de ellos conside-ran que Colombia est en la va de la civilizacin, pero que tiene que esforzarse ms y, como su antiguo cole-ga, quieren participar como guas de ese mejoramiento. Entonces, por un lado, normalizan el abuso y la cruel-dad del hoy al asimilarlos como trabas que se corregirn cuando el atraso se supere; y por otro, reaniman el sig-nificado de querer parecer civilizados, primero, al usar un idioma especial compuesto de proposiciones cientfi-co-tecnolgicas con las que muestran cortsmente a sus colegas y a los dirigentes polticos y gremiales a los que asesoran, tanto las trabas como el fluir de procesos desa-rrollistas puestos en marcha en lugares diversos del pas, y, segundo, al recomendar intervenciones de alto impac-to basadas en la lgica que siguen las demostraciones y encaminadas hacia la aceleracin del instante de arribo a la civilizacin. El conocimiento que producen como el de sus colegas de la primera mitad del siglo XX que fue criticado con vigor unos aos despus, menosprecia y condena los modos de vida de poblaciones y poblado-res juzgados como atrasados y, aunque est en contra

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    de los particularismos, termina por privilegiar intereses arbitrarios de las elites18.

    V.

    Aunque los sucesos por los que atraviesa el pas hoy, al comenzar el siglo XXI, sean an ms lgubres y comple-jos que los de hace un par de dcadas, en crculos inte-lectuales predominantes contina primando el optimis-mo que resulta de la suposicin de que si al capitalismo le va bien a la gente le ir bien. Hace un par de meses se conmemor el Bicentenario de nuestra Independencia, y en algunos ambientes intelectuales y polticos preponde-rantes, los cientficos lo festejaron en lugar de aprovechar la oportunidad de convertirlo en ocasin para desnudar la simulacin. Es obvia y salta a la vista la ostentacin de la crueldad en Colombia, naturalizada e ignorada por polti-cos comunes, y por sus asesores, los cientficos expertos, quienes la consideran como un costo que hay que pagar para el fortalecimiento del capitalismo.

    La crtica de Nietzsche al ascetismo no consider que fueran posibles, para curar la impotencia, remedios no ascticos y no nihilistas. Creo que en Colombia se han aplicado sobre todo remedios de esos no considerados por el filsofo, que nos han encaminado a asumir el va-co pero simulando querer lo civilizado. Tambin creo que esta voluntad moral, que expone la hartura de nada

    del ideal, pero que no es idealista, y que nos dispone para juzgar la crueldad como normal, nos ha hecho un territo-rio propicio para quien quiera hacer lo que le plazca; por ejemplo, experimentos a poblaciones, patrocinados por grupos econmicos y gobiernos de extrema derecha, en los cuales el desenvolvimiento capitalista de la mano con intervenciones neocapitalistas de tipo fascista, estimulan guerras de baja intensidad y larga duracin que, adems de lucrar a varios, sirven para medir lmites de toleran-cia a la crueldad en sociedades cuasidesarrolladas. Esta voluntad, afn con el neoliberalismo, est propagndose a otros pueblos de nuestra regin, como ejemplo de una sociedad que existe y persiste exponiendo la crueldad sin simular siquiera que la guan ideales.

    En el siglo XX, una vertiente de las ciencias sociales profesionales tuvo la oportunidad de independizarse de lo hegemnico, para volverse otra cosa, pero no lo logr y termin subordinada a la poltica y a la religin. Invito a crear aparatos crticos para reanimar ese intento, que conecten de miles de maneras las ideas, el saber y lo pol-tico. Sin embargo, y es la razn del porqu me detuve en Nietzsche, propongo que esos puentes, en vez de cons-truirse con acero y concreto, y de ser orientados hacia el idealismo, se entretejan con guadua, se amarren con lazos de fique livianos y flexibles, se encaucen hacia el sur, sean mviles y pongan en contacto manifestaciones intempestivas de nuestra historia cruel.

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    NOTAS

    1La crtica toma en cuenta especficamente la obra La genea-loga de la moral, por otro lado, est sustentada en varios in-trpretes de Nietzsche, pero no los sigue fielmente; particular-mente se apoya en Abraham (1989, 1996), Cano (1999, 2009), Deleuze (1986, 2002 y 2007), Gutirrez Girardot (1995), Klos-sowski, (2005), Foucault (1996, 2007 y 2009), Jasper (2003), Snchez Pascual (1992) y Zepke (2005).

    2 Sigo la invitacin de Gabriel Tarde en Monodologa y socio-loga, quien contradiciendo a Newton llama a la hyphotheses fingo, actividad que consiste en formular hiptesis absurdas asumiendo el riesgo de hacer el ridculo (Tarde, 2005: 63).

    3 Subrayo los personajes de el alquimista, el bufn y el poe-ta: el brujo, conocedor de la potencia oscura de las fuerzas; el bufn que se re de las verdades eternas; y el poeta, vagabun-do ms aquerenciado en cualquier desierto que en templos, Slo bufn! Slo poeta! (Nietzsche, 1995: 37).

    4 La nocin de esquema la tomo de Kant, quien en La crtica de la razn pura define el esquema en estos trminos: A esta representacin de un procedimiento universal de la imagina-cin para suministrar a un concepto su propia imagen es a lo que llamo esquema de este concepto (1993: 184).

    5 Dice Nietzsche: [...] [la ciencia tiene como tarea] saber en qu medida se extiende el carcter perspectivstico de la exis-tencia o si incluso tiene algn otro carcter, saber si acaso una existencia sin interpretacin, sin sentido, no se convierte pre-cisamente en un sinsentido; si por otra parte no es toda exis-tencia esencialmente una existencia interpretativa []. Pienso sin embargo, que hoy, al menos estamos lejos de la ridcula inmodestia de decretar, desde nuestros lmites, que slo desde ellos es lcito tener perspectivas (2009: 831).

    6 Contina: Es una simpleza y una ingenuidad, si no una en-fermedad mental o un idiotismo, pensar que slo existe una interpretacin correcta del mundo, la que vosotros sostenis, la que permite investigar y seguir trabajando conforme a vues-tro sentido (vosotros queris decir en realidad mecanicista?): una interpretacin que no permita otra cosa que no sea contar, calcular, pesar, ver y palpar (Nietzsche, 2009: 830).

    7 Lpez de Mesa hizo parte del crculo de los llamados a feste-jar el centenario de la Independencia, conocido como gene-racin del Centenario y conformado por polticos muy impor-tantes. Entre otros, por Enrique Olaya Herrera, Alfonso Lpez Pumarejo y Eduardo Santos, presidentes del pas. Vase: Gai-tn et l. (1948).

    8 Si bien la nocin de raza es utilizada como categora analti-ca, no hay que olvidar que el racismo nos es impuesto. Aunque estudios recientes recalcan esta situacin y la critican, llama la atencin que por estos aos los intelectuales no cuestionen la imposicin, puesto que su uso claramente los discrimina. Jorge Elicer Gaitn es el nico autor de los consultados que condena la categora, y en cambio, propone ideas como hibri-dacin y popular. En ltima instancia, llama la atencin que los intelectuales acepten sin siquiera poner un poco en duda las categoras que se les imponen para estudiar sus objetos, independientemente del momento en que lo hacen, cuando claramente su uso lastima a otros o a ellos mismos, y fomenta

    la crueldad. Vase: Gaitn (1924), Gmez cit. Lozano y Lozano (1944), Villegas (1937) y Nieto Arteta (1941), entre otros.

    9 El relato del poltico Joaqun Estrada Monsalve (1948), mi-nistro de educacin del presidente Mariano Ospina, escrito diez das despus del 9 de abril de 1948, cuando fue asesinado el liberal Jorge Elicer Gaitn, ejemplariza de tal manera esta situacin a la que me refiero, que no vale la pena extraer citas, sino recomendar su lectura atenta.

    10 Seala Ospina: As la idea de Estado no tena ms funcin en lo econmico que velar porque en la competencia no se usaran la violencia y trampas demasiado burdas y flagrantes []. Por el momento la intervencin se encaminaba a favore-cer a uno de los contendores, y todava se relacionaba muy de cerca, por los aspectos formales (1955: 331).

    11 Dice el autor: Dentro del discurrir de nuestra vida, hasta la gran trasformacin que se inicia en los aos de 1922 y 23, el endeble cascarn de la industria era tirado ac y all, objeto pasivo y de poca significacin (Ospina, 1955: 455).

    12 Ospina hace la siguiente alusin del movimiento anticolo-nial que pondera tanto su colega, el economista Luis Eduardo Nieto Arteta en Economa y cultura en la historia de Colombia, examen publicado en los cuarenta, y junto con el de Ospina, apreciado en la actualidad como uno de los pilares de las ciencias econmicas colombianas modernas: La reaccin anti-colonial inspir nuestro movimiento librecambista, en tiempos de la Gran Colombia. Era tan natural, pareca tan indicado ese movimiento, dadas las ideas de los fundadores, que sobraban las explicaciones y los argumentos. Evidentemente se hacan la ilusin de que bastara para ponernos en la corriente del gran progreso, para que entrramos en posesin de nuestro legtimo destino, que era ser una versin tropical de los Estados Unidos o de Suiza (1955: 471).

    13 Guzmn invita al hombre colombiano a una serena me-ditacin: al dirigente, al poltico, al sacerdote, al educador, al profesional, al gobernante, al militar y al campesino que fue la mxima vctima de esta obcecacin colectiva (1980 [1962]: 386).

    14 El estudio La violencia en Colombia es ambivalente. Juzga al pueblo como ignorante, analfabeta y brbaro; lo convierte en vctima del gobierno conservador y explica sus actuaciones en trminos de reacciones justificables. Da por cierto que el ciudadano campesino se distanci del Estado porque fue destruido en nombre del Estado, por hombres del Estado y con armas del Estado (Guzmn, 1980 [1962]: 297).

    15 El cura rebelde Camilo Torres es un ejemplo de esta situacin de los intelectuales: como l, varios van a apoyar la revolucin (Torres, 1961, 1963, 1964 y 1965).

    16 Fals Borda invita a crear una sociologa nacional y comprometida, en la cual intelectuales de todos los grupos que tienen similares preocupaciones puedan comprender los procesos histricos que inciden en las realidades actuales, y partan de all para delinear una estrategia til que asegure el advenimiento de aquella sociedad a la que todos aspiramos;

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    aclara que al adoptar esa perspectiva no tienen que rechazar de plano otras, ni abandonar roles burocrticos cuando el ejercicio de este papel tenga utilidad en la trasformacin del pas (1967: 12, 13 y 54).

    17 El informe Colombia, violencia y democracia es un efecto, en el ambiente intelectual, de estas circunstancias nuevas del pas. Resulta del encargo del gobierno del presidente Virgilio Barco, a un grupo de cientficos sociales de las universidades ms prestigiosas en 1987, casi todas pblicas, para diagnosticar las causas de la violencia (Snchez et l., 1987).

    18 Me refiero a la tendencia intelectual que termina por vol-verse experta y asesora de las lites y los lderes sociales, y que a diferencia de la inmediatamente anterior, est de acuerdo con el desarrollo del capitalismo econmico y asume que su

    instauracin adecuada producir la desaparicin del atraso. En lo que respecta a la temtica que analic, muchos de estos intelectuales son los mismos de antes que cambian sus valoraciones sobre la poltica y sobre su papel en la sociedad. Mencion el libro de Palacios ([1978], 2002) y el diagnstico coordinado por Snchez (1987); junto a ellos hay una serie de producciones, como por ejemplo, de Bejarano (1983), Colme-nares (1989), Jaramillo (1982), Leal (1997), Ocampo (1994) y Snchez (1990), entre otros, importantes de mencionar porque estos autores que en los sesenta y setenta son lderes de comu-nidades acadmicas que buscan trasformaciones de fondo, poco a poco se vuelven asesores y burcratas que pretenden desarrollar el pas, y ayudan a poner en marcha polticas econmicas que aseguran que son de talante liberal, pero que van a fomentar el proyecto de desarrollo neoliberal.

    RefeReNCIAS BIBlIOgRfICAS

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    Abstracciones de dibujos de petroglifos. Representacin de El hombre sentado. relato mtico de la amazonia colombiana | fernando urbina rangel (2005)