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  • La gesta independentista en la literatura ecuatoriana

    de la RepblicaFrancisco Proao Arandi

    Escritor. Embajador del Servicio Exterior Ecuatoriano.

    A l inquirir sobre cul ha sido la pro-yeccin del proceso de emancipa-cin poltica del Ecuador en la li-teratura del perodo republicano, surgen inevitablemente variadas reflexiones:

    En primer lugar, la percepcin de que la pro-duccin literaria aparecida en el marco del proceso emancipador y con posterioridad a ste, experimenta caractersticas anlogas a lo que acaece con el pensamiento poltico y su reflejo en las modificaciones estructurales de la sociedad ecuatoriana a lo largo de los siglos XIX y XX.

    Una de ellas podra definirse como la toma de conciencia de una posible identidad americana (o para el caso ecuatoriano, quitea), pero de-

    terminada (o atravesada) por una cosmovisin acendradamente europea o europesta, que se sustenta en la dicotoma, cara a los intelectua-les y dirigentes polticos ilustrados de enton-ces, entre civilizacin (lo europeo) y barbarie (lo americano). La identidad americana que el advenimiento de la nueva realidad poltica im-pona como repblicas independientes era ms que nada, un supuesto utpico.

    Para los nuevos sectores en el poder, criollos de formacin europea y continuadores del rgimen de servidumbre que no cambi sus-tancialmente en el traspaso de la Colonia a la era republicana decimonnica, lo americano tena que ser transfigurado segn los cnones prevalecientes en la vieja Europa, en particu-lar, en Francia.

    Retrato de Jos Joaqun de Olmedo. AHBCE

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    De una cosmovisin centrada en lo teolgico y mstico, cual fue la literatura de la poca co-lonial, el quehacer literario se abre a nuevos temas: lo cvico, lo heroico, lo republicano; de todos modos: lo profano. El primer monu-mento literario que genera el espritu de la in-dependencia es, sin duda, el Canto a Bolvar (aparecido en 1826, en tres ediciones, dos en Pars, una en Londres), del poeta guayaqui-leo Jos Joaqun de Olmedo, obra de corte neoclsico, lo que evidencia su raigambre eu-ropea, determinacin que, por lo dems, no poda ser de otro modo. Amrica rompa las cadenas que la haban uncido a Espaa, pero Espaa misma y, con ella, sus colonias de ul-tramar, se desembarazaban del espritu de la Contrarreforma y encontraban los nuevos ar-quetipos literarios en el neoclacisismo propio de la Ilustracin francesa y del proceso revo-lucionario desencadenado a raz de 1789.

    El Canto a Bolvar, conocido tambin como La victoria de Junn, es un poema traspasado de uncin pica y lrica. De alguna manera, anuncia ya el cambio del estilo neoclsico al romntico, fenmeno que pronto conocer la literatura hispanoamericana. Pero en el mismo cabe sealar un elemento singular: un intento de legitimacin de la nueva clase en el poder surgida de la independencia poltica de Espaa. Esta legitimacin se formula en el poema volviendo la mirada al pasado preco-lombino: el desplazamiento de la figura del Inca Huayna-Cpac sacralizando la victoria de Junn y anunciando el triunfo final en Ayacu-cho, implica una complicada formulacin: por un lado, el nuevo poder que se entroniza en Amrica reclama su legitimidad en la heren-cia de un pasado prehispnico, de la que se proclama su sucesor; pero al mismo tiempo, esa reivindicacin, la ejerce desde su pedestal europeo: en su lenguaje, en su inspiracin y

    en la visin de la nueva realidad poltica que surge.

    Es interesante anotar que ser el propio Bol-var el primero en criticar la utilizacin de la fi-gura del ms grande de los emperadores incas en el poema. En carta dirigida a Olmedo el 12 de julio de 1825, luego de leer el manuscrito que el poeta le enviara en abril de ese ao, dice lo siguiente: No parece propio que Huaina-Cpac alabe indirectamente a la religin que lo destruy; y menos parece propio an que no quiera el restablecimiento de su trono para dar preferencia a extranjeros intrusos, que aunque vengadores de su sangre, siempre son descendientes de los que aniquilaron su imperio1.

    Ello ha sido sealado ms tarde por otros cr-ticos, entre ellos, en el Ecuador, Aurelio Es-pinosa Plit2 y Agustn Cueva3.

    Bolvar sera crtico tambin de otra formu-lacin literario-poltica hecha por otro gran escritor ecuatoriano de la poca, contempo-rneo de Olmedo, el cuencano Fray Vicente Solano. En su Historia de la literatura ecua-toriana, Isaac J. Barrera comenta que Sola-no, pese a su condicin de contemporneo de los principales hitos de nuestro proceso independentista el 10 de Agosto de 1809, el 9 de Octubre y el 3 de Noviembre de 1820, por ejemplo no nos ha dejado testimonio de ello; pero, subraya, ha dedicado en cambio toda su admiracin a Bolvar. Bolvar dice Barrera4 ser el motivo de su reflexiva con-sideracin sobre la suerte de las naciones por l liberadas, lo que lo llevar a publicar en su peridico, El eco del Azuay, un artculo en que se disertaba acerca del gobierno ms anlogo y conveniente para Amrica, tejiendo doctrinas en torno de la figura procera. La sugerencia, hecha desde Cuenca por Solano,

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    de que se instaurara una monarqua constitu-cional teniendo como protagonista a Bolvar, caus en el Libertador un tremendo impacto, tanto que trat de desvirtuar cualquier velei-dad de su parte, haciendo alarde de su firme adhesin a los ideales republicanos.

    Con todo, la proposicin de Solano refleja el pensamiento de un sector de la nueva clase en el poder a raz de la independencia de Espa-a y su contextura netamente europeizante, que vuelve los ojos al entorno americano slo como una realidad insoslayable donde debe encarnarse una utopa ilustrada que, para persistir, no est interesada en modificar la condicin de los sectores subalternos, entre ellos, el indgena, a los que invisibiliza, puesto que estn ausentes de su proyecto de implan-tar como nacional su concepcin particular de la cultura.

    La literatura cuyos temas sern los hechos de la independencia y sus secuelas histricas e ideolgicas estar atravesada por esa cosmo-visin, que, por lo dems, configurar el sen-tido general de la creacin literaria hasta las primeras dcadas del siglo XX.

    Al mismo tiempo cabe sealar que, pronto, a la luz de los acontecimientos propios de la tormentosa gnesis del pas en sus primeros aos de vida republicana, la literatura ecuato-riana no brindar mayor atencin a la gesta in-dependentista como tal. El romanticismo, por otra parte, har recaer en otros temas la aten-cin de los principales poetas y prosistas del devenir republicano durante el siglo XIX. De estos dos parmetros, el acaecer poltico y la actitud romntica, se nutrirn las ms trascen-dentes figuras literarias del perodo decimo-nnico en nuestro pas: Juan Montalvo, Juan Len Mera, Dolores Veintimilla de Galindo,

    Marietta de Veintimilla, Julio Zaldumbide, Numa Pompilio Llona, Jos Modesto Espino-sa, Roberto Andrade, Federico Proao, Re-migio Crespo Toral o Luis Cordero, entre los ms connotados.

    Sin embargo, la independencia, sus batallas, sus leyendas, sus protagonistas, sus hroes, permanecern como un fondo latente, fuente de alusiones y de reflexin, cuando no sern el tema central en algunas obras de particular re-levancia, como la Relacin de un veterano de la independencia, de Carlos R. Tobar (1895), o las Leyendas del tiempo heroico, de Manuel J. Calle (1903).

    De ello y del marco en que aparecen tratare-mos en los prrafos subsiguientes.

    Literatura preindependentista, de la independencia y postindependencia

    Juan Valdano5 observa que a partir de la d-cada de 1780 comienza a desdibujarse el pa-radigma hispnico, determinante en la cultura quitea colonial, la que se abre a los nuevos vientos de la Ilustracin. Este estudioso de la literatura ecuatoriana, postula en el devenir de la misma tres grandes etapas: Literatura de la legitimizacin (predominio de lo hispni-co); Literatura de la asimilacin (adaptacin de la cultura europea a un supuesto utpico americano); Literatura del reconocimiento (interiorizacin y bsqueda del ser nacional, reconocimiento de sus races como nicos fundamentos de la cultura nacional)6.

    Lo cierto es que desde mediados del siglo XVIII, con los trabajos geogrficos de Pedro Vicente Maldonado, y en especial a finales de dicha centuria, cobra carta de naturali-zacin la idea de pertenencia a una cierta

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    entidad nacional, urgida de independizar-se y sustentarse en otros paradigmas, entre ellos, en lo que atae al quehacer literario, el neoclasicismo dominante en Europa. As, en las obras del gran historiador Juan de Ve-lasco, autor de la monumental Historia del Reyno de Quito; en las reflexiones de carc-ter econmico del ilustrado quiteo Miguel Gijn y Len; y, sobre todo, en Eugenio de Santa Cruz y Espejo, quien, en el decir del historiador Jorge Nez7, mezcl las ideas de Maldonado, Velasco y Gijn con las suyas propias, para formular una teora patritica en la que la imagen de la Patria Espaola se difuminaba y era reemplazada por la figura de la Patria Quitea.

    Olmedo, afirma por otro costado Valdano8, es el escritor de trnsito entre la literatura le-gitimizadora y la de asimilacin. Yo aadira que fue, adems, una suerte de bisagra entre el neoclasicismo y el romanticismo que sobre-viene poco despus.

    Su Canto a Bolvar constituye, sin duda, acaso el ms alto exponente, por sus incuestionables mritos literarios, de la vertiente neoclsica hispanoamericana de las primeras dcadas del siglo XIX, expresiva a su vez, a cabalidad, del espritu cvico y heroico propio de la etapa de la independencia. A juicio de Aurelio Espinosa Plit9, ha prevalecido sobre los otros poemas de la poca dedicados al Libertador. Cul de ellos pregunta ha hecho olvidar, ha oscure-cido siquiera a Olmedo?, y lo dice refirindo-se a poetas como Miguel Antonio Caro, Rafael Mara Baralt, Jos Fernndez Madrid o el pro-pio Andrs Bello. Es interesante al respecto el estudio que el crtico ecuatori