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DANIEL VALVERDE MANIFESTACIONES DEMONIACAS Volumen 1 DISPONIBLE EN AUDIO LIBRO Y EN TU IDIOMA ÍNDICE INTRODUCCIÓN RELATO 1 RELATO 2 RELATO 3 RELATO 4 RELATO 5 RELATO 6 RELATO 7 RELATO 8 RELATO 9 RELATO 10 RELATO 11

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  • DANIEL VALVERDE

    MANIFESTACIONES

    DEMONIACAS

    Volumen 1

    DISPONIBLE EN AUDIO LIBRO Y EN TU

    IDIOMA

    ÍNDICE

    INTRODUCCIÓN RELATO 1 RELATO 2 RELATO 3 RELATO 4 RELATO 5 RELATO 6 RELATO 7 RELATO 8 RELATO 9 RELATO 10 RELATO 11

  • RELATO 12 RELATO 13 EL RITO EL ORFANATO PARÁBOLA SOBRE LOS SERES TURBADOS, “DEMONIOS” SOBRE LOS SERES DE LUZ SOBRE LA RESURRECCIÓN SOBRE LA RELIGIÓN SOBRE LA ORACIÓN EPÍLOGO

    Próximamente espera los volúmenes: II, III, IV Y V.

    INTRODUCCIÓN

    Aquí, encontraremos muchas experiencias reales con las que podríamos sentirnos identificados en algún momento de nuestra vida, pruebas a las que nos enfrentamos y no supimos resolver, y leyendo este libro, sabrás cómo.

    Ignoramos la existencia de seres turbados, o de esos espíritus, aquellos que llamamos demonios, que no encontraron la luz de su evolución hacia su morada eterna; desconocemos el poder de su actuar sobre nosotros, y peor aún, ignoramos nuestro gran poder e influencia sobre ellos.

    Nos han hecho presa de sus turbaciones, tristezas e infelicidad, que nos hacen obrar de mala manera, envenenando nuestro cuerpo y mente, en la medida en que bajamos fuerzas negativas con nuestros pensamientos y actos que van contra de la voluntad y del amor.

    Muchos de nosotros no sabemos dar amor ni a los nuestros, porque realmente no lo sabemos; mucho menos dar amor a estos seres turbados; no sabemos de caridad, sólo sabemos de peleas con el prójimo; estamos peleados con la vida, por su ir y venir y por las carencias

  • que nos topamos en el camino.

    La vida nos pone pruebas para que nos acerquemos al amor y a la preparación para no convertirnos en uno de ellos, pero estamos ciegos de codicia, y nos alejamos de la caridad, de dar ejemplo y amor a los nuestros, de preocuparnos porque este sea el mundo habitable, lleno de felicidad y armonía.

    Aquí están narradas trece verdaderas historias de vida, con problemas muy grandes y fuertes que fueron resueltos con esta magia en casa y por nosotros mismos, situaciones con las que muchos de nosotros hemos de estar viviendo y no sabemos cómo resolver o que podremos vivir; aquí, además del ejemplo vivencial, está la magia; les exponemos la clave para solucionar estos males y muchos otros que nos azotan como humanidad entera. O para que cuando nos puedan ocurran, tengamos las armas para deshacernos del mal.

    Nos hemos querido pasar por la puerta falsa cuando se trata de dar solución a lo que nos aqueja; por falta de conocimiento y preparación, buscamos otras opciones, como en diferentes prácticas y en diferentes guías, como chamanes, sacerdotes, pastores, ministros, rabis brujos, o psicólogos y psiquiatras, entre otros, y no pasa nada, no hay respuestas, pero lo que sí hay es un verdadero caos.

    Sabemos que tenemos hambre de paz y de amor, y es que las cosas son tan simples, pero las hemos hecho tan complicadas.

    Por ejemplo, tantos miles y miles de niños con un desarrollo espiritual tan evolucionado que llegan a perder su tranquilidad, y tantos padres que no saben qué hacer con ellos, y es tan fácil; aquí encontraremos la respuesta, la magia para encontrar su tranquilidad.

    Y la solución es tan sencilla, que nos llenará de amor, transformando completamente, nuestra vida y la de los que tanto queremos; lo más importante es que obtengamos la enseñanza, que no la tiremos en saco roto; esto existe, esto es verdad.

    Esto es nuestro reto para el día de mañana, pero comencemos ahora mismo; no esperemos más para tomar acción con hechos de amor; no guardemos la llave de la felicidad; no neguemos a otros encontrar su tesoro de vivir, y no permanezcamos ciegos a él.

    En nuestras manos está cambiar el mundo; hay millones de seres turbados que necesitan tomar la luz, y nosotros podemos dárselas, nosotros podemos ayudar a modificar el mundo en el que vivimos.

  • Por los espíritus turbados, por su luz, por hacerlos llegar a su morada, por nosotros y nuestra preparación para la luz, por la sanación del mundo entero, reflejémonos en cada una de estas historias de sufrimiento que se convirtieron en historias de paz espiritual y material, por cada uno de los que sufren en el mundo material y en el espiritual, que son una cantidad innumerable.

    La paz se ha descompuesto; por ejemplo: los exorcismos son cosa de unos cuantos, y la necesidad prevalece; aquí les diremos cómo hacer uno; ya no es cosa de algunos, ya es asunto de todos, la situación lo amerita; tan sólo en Estados Unidos hay catorce personas calificadas para realizar exorcismos, sólo catorce sacerdotes católicos para trescientos millones de habitantes, aproximadamente, en un país tan grande y poderoso, no es posible.

    En este libro encontraremos la magia con una forma bastante sencilla, que con tan sólo cinco minutos al día nos ayudará a resolver nuestros problemas, a realizar de una manera adecuada un exorcismo; tenemos aquí las herramientas para realizarlo, bajando luz celestial; todos tenemos esa gran potestad, ya que no se encierra en unos cuantos, todos tenemos esa facultad.

    Si lo realizamos con amor y respeto, estos demonios no nos dañarán, ni nos sucederá nada; al

    contrario, traeremos legiones llenas de luz, apartando las tinieblas que oscurecen los sentimientos y actos de nosotros y los que nos rodean.

    Desenterraremos el tesoro de vivir que hay para cada uno de nosotros, alimentemos el espíritu para no convertirnos en un demonio, y limpiemos este mundo a partir de lo que leeremos hoy.

  • RELATO 1

    Para cada uno de todos ustedes a los que llegue a sus manos este libro de luz y oración, dedico los relatos contados, pero lo más importante, a ustedes les entrego la médula y raíz del cómo fue que decidí escribir esto para darlo a conocer al mundo y así poder ayudar a sanar vidas como la mía. A continuación dejo ante ustedes el por qué llegué a conocer el maravilloso poder de la oración. Paloma, joven hermosa, de carácter y alma bellos también, al día de hoy con unos cuarenta y dos años de edad quizá, llegó a mi vida hace unos veinte años de distancia ya. Fui con mi hermano a Tlaquepaque, jugando llegamos a un lugar donde imprimían playeras, pedimos dos que dirían “Soltero disponible” con nuestros teléfonos. Yo estaba componiendo mi vida después de un divorcio complicado, y en el afán de estar bien, quizá me apresuré al buscar otra relación. El caso es que la conocimos durante ese fin de semana; compartimos risas y tragos en un bar de Tlaquepaque y, casi al final de la noche, mi hermano preguntó le a ella que si me hablaría por teléfono algún día, siguiendo la broma de la playera, y sin dudarlo, contestó que sí. Su vida no era muy sencilla, era amante de una persona desde hacía mucho tiempo; de esa relación se

    convirtió en madre de dos hijos. Cansada ella de la situación, decide irse a Reynosa, su lugar de origen. Fue así como nos comenzamos a tratar hasta llegar a una relación, que cada vez se convertía en algo mucho más fuerte. El enamoramiento se fue dando poco a poco. Ella era justamente el tipo de mujer que a mí siempre me han gustado. La relación se dio de manera natural y muy libre, ella entendía, o parecía entender, que por su situación de madre, no podía comprometerme a algo serio así como así. Yo iba desde Guadalajara a verla cada ocho días en auto, en un trayecto de doce horas. La pasaba increíblemente bien. Como estaba en la frontera de Mc Allen, Texas, íbamos muy seguido de compras ahí también. Los meses fueron pasando. A veces paseábamos llevando también a sus hijos, niños hermosos con los que temía establecer lazos afectivos; creía y creo que esa era una precaución prudente. Uno de esos fines de semana que fui a verla me invitó a cenar a casa de sus padres; tuve una ligera corazonada dentro de mi incredulidad, así que decidí posponerlo para después. Algo de lo que no he hablado es que vengo de una familia en la cual mi padre no se inclinó a creer en nada espiritual, y mi madre era una ferviente creyente,

  • desde mi niñez, asistía a grupos de oración; claro que en ese tiempo y con esa edad, uno no pone atención alguna a esos temas, y un buen día decidí tomar el camino más sencillo, que era el de no creer. Volviendo al tema de Paloma, ella me decía que yo no ponía la más mínima atención en sus hijos, y bueno, argumenté que no quería involucrar tanto a los niños, por no lastimarlos en caso dado de llegar a separarnos. Si hubiera tenido la mentalidad de hoy día, sé, que aún ahora seguiríamos juntos, o tal vez no, porque un buen día, ella buscó con más esfuerzo formalizar la relación, y aunque al principio no rechacé la idea, al final me ganó el miedo. Ella venía poco a Guadalajara; una vez por acá, recuerdo, hacía algo de frío, así que le presté una chamarra nueva que una de mis hijas me acababa de regalar, y se la llevó. Al poco tiempo de haberse ido insistía en que viviéramos juntos. Visitamos varias opciones de departamentos para rentar e irnos. Dada la enorme responsabilidad que conllevaba, mi no muy reciente divorcio, y la situación que para mí representaba en ese tiempo, lo consideré, y desaparecí. Pasaron unas semanas de mi desaparición, y mi vida comenzó a cambiar radicalmente; económica, física y mentalmente, iba todo en caída libre, y en el fondo había algo que me hacía pensar en que una fuerza diferente

    era la que desequilibraba mi entorno. Pensé que, dentro de todo, no era tan incrédulo como yo consideraba. Mi vida era infernal, en cuestión de dinero y negocios, comenzaba a quedarme en la ruina; yo, que tanto había trabajado, que tanto tenía para vivir como quisiera el resto de mis días, a mí que no me faltaba nada, que la riqueza quizá hasta me sobraba, a mí, sí, a mí. No podía comer, no podía dormir, no hacía nada bien, sólo quería morir, ya que mi vida giraba en torno a lo material; sólo eso conocía como felicidad, creía que era lo único que necesitaba para estar bien. Todo era desesperación y agobio constantes. La serie de malas decisiones se fue haciendo infinita, no era fácil estar conmigo; los amigos verdaderos me aconsejaban, y yo no los oía, los falsos, simplemente se apartaron. Para regular mi sueño y mi apetito, probé todo lo que las farmacias recomendaban, sin resultados satisfactorios y, a veces, adversos. De vivir en lo que yo consideraba mi “palacio”, terminé viviendo en casa de un hermano de arrimado; no tenía el valor de quitarme la vida para no dejar problemas a los míos; además que, por más que buscaba una buena opción, nada me convencía. Era tanta mi fuerza material que dominaba; sabía que si tomaba un cuchillo y lo encajaba en cualquier parte de mi cuerpo, no sería lo más adecuado, ya que no me causaría suficiente dolor por la fuerza negativa en mí ser. Pensaba que nada me

  • haría sufrir lo suficiente como el hecho de quedarme sin nada material. Había sido mi castillo, literalmente, un pent-house con una vista majestuosa a la ciudad desde cualquier punto; tenía elevadores con puertas revestidas de materiales hermosos, cancha de tenis; mi oficina personal, adosada con unas columnas estilo griego por toda la casa; los muebles y decoración en general tenían detalles clásicos y romanos, todo de la talla de un rey. Una enorme terraza con iluminación y jardineras en desniveles que parecían flotar como entre nubes, tenía las mayores dimensiones, las mejores maderas, mármoles, candiles, cristales, bajos y altos relieves, esculturas, y un sinfín de detalles que lo hicieron ser, en el transcurso de dos años que tardé en decorarlo, mi lugar cerca del cielo. Sus ochocientos metros cuadrados no eran suficientes para albergarme a mí, a mi vacío, a mi mal humor y a mi malestar. Uno podría pensar que en un lugar tan bello, tan lujoso, nadie podría estar mal, pero cuando estás mal contigo, no importa dónde estés, siempre estás a tres pasos del infierno. Tal era de bello como vivía, que fácilmente la gente pensaba que era un narcotraficante, podía darme lujos que sólo ellos poseen, siendo la realidad completamente distinta, ya que mis logros fueron en base a un arduo trabajo, pero así de magnifica era mi vida.

    Cuando recién empecé a habitar ese lugar, tomaba con una sonrisa los comentarios de admiración de quienes lo veían, e incluso disfrutaba de notarles notas de envidia en la voz. Me relacionaban con la gente más exitosa o más turbia de la vida nacional o internacional, pero todo ese lujo se me fue como arena entre los dedos, y los comentarios que antes me causaban risa, se hicieron más y más hirientes; la gente pensaba que verdaderamente estaba en malos pasos y que me merecía la ruina. Mi tiempo y días eran inciertos, era una terrible desesperación, además, morir era lo mejor que podría hacer, ya que después de eso, pensaba, no habría más vida, ahí terminaría mi sufrir. Si el día era soleado, yo sólo podía ver nubes negras, estaba rodeado de todo lo negativo de la vida, de todos los contrarios existentes, a lo que era la realidad. Verdaderamente, no se sabe lo que es la desesperación hasta que se pierde la capacidad de apreciar las cosas más simples de la vida, cuando se maldice el estar vivo, cuando nada de lo que se tenga significa nada y, además, se va perdiendo todo, con una mezcla de resentimiento, fatiga e indiferencia. Así fue mi vida en ese periodo, que no sólo no le deseo a nadie que viva algo así, sino que ahora estoy en condiciones de evitar que le suceda a otros. Pienso que fueron unos dos años, tal vez, de martirio; estaba poseído, pero era algo que no supe hasta después. Sentado al suelo, un día, pensé, que mis

  • negocios ahora sí ya no podrían salvarse, mal o bien pagaba a mis empleados su sueldo con mucho esfuerzo, pero eran felices, daba al cincuenta por ciento de la manutención de mi madre, que también era feliz. Había felicidad para todos con algo mínimo que a mí no me hacía feliz. Mis trabajadores eran felices y disfrutaban de la vida, del cielo, las nubes, el aire que respiraban mientras salían a correr con sus hijos al parque, iban al futbol, disfrutaban cada segundo que su austera vida les daba como si fueran más que millonarios, la naturaleza les daba los buenos días cuando iban a trabajar, y todo cuánto les rodeaba completaba su felicidad con poco dinero. Si mantenía a mis negocios y a la gente que trabajaba en ellos, aún con grandes esfuerzos, era por un sentido de orgullo y de responsabilidad que, aún en mis deplorables condiciones, no quería abandonar; aún así, ni eso me daba ni un poco de la felicidad que me faltaba. Y yo, con todo y nada a la vez; mi materialismo desmedido me cegaba, me hacía sufrir el no tener nada físico, y no pensaba en la riqueza espiritual que estaba por obtener y que tanta falta me venía haciendo. Como comentaba, de niño sólo quería jugar mientras mi madre asistía a su grupo de oración. Pero mi incredulidad y sufrir de ese momento me llevó un martes a pedir a mi madre que me llevara a su grupo.

    Mi mamá vivía con todas las comodidades posibles que mi hermano y yo podíamos brindarle, pero jamás dejó a Dios, jamás perdió su inquebrantable fe. Solía ir al grupo los jueves y el primer domingo de cada mes, estaba realmente gustosa de que fuera por mi propia iniciativa. La fe que ella tenía siempre, independientemente de lo material, ha sido un ejemplo en mi vida. Yo necesite tocar fondo para tener la humildad de pedir una ayuda que siempre estuvo al alcance de mis manos, que incluso podía sentir que estaba ahí, llamando a mi espíritu, esperando a que la dejara entrar. Llegó el día, y era tal mí necesidad que me parecía eterno esperar a que el jueves llegara para poder estar ahí. Mi espíritu pedía a gritos paz y tranquilidad. Oramos de cuatro a cinco de la tarde. Ahí estaba una señora amiga de mi mamá, que me conocía desde niño, por un accidente que sufrí, del cual me ayudó a salir adelante, fue así como nació nuestra amistad. Ella era quien guiaba el grupo, siempre viví al pendiente de su bienestar, y ahora era nuevamente ella quien me ayudaría a salir adelante otra vez. Había varias personas tocadas por la luz, videntes, clarividentes, espíritus natos que se concentrarían en ver que afectaba mi ser. Resulta que en la vida a veces se dan círculos perfectos; quien me ayudó a sanar en lo físico, fue

  • también quien me ayudó a sanar en lo espiritual. Las palabras de gratitud me parecen aún ahora insuficientes para referirme a ella, quien nada más de verme, se dio cuenta de la gran tristeza, desesperación y necesidad de paz que yo tenía. Después de la oración, se sentó frente a mí y empezó a verme, a verme más allá del cuerpo, a entender y hacerme entender qué estaba mal en mi espíritu. No sabíamos si en mí habitaba un ser o una legión completa, términos de los que yo ignoraba sus significados, claro está. Comenzó así una oración de desalojo, espiritual, de reflexión; utilizó únicamente sus manos y su voz. Una vidente que se encontraba en ese momento detectó qué me afectaba, así que ella guiaba a mi amiga sobre dónde colocar sus manos. Me encontraba turbado, y escuchaba a la guía decir, si se debía actuar en espalda, cintura o brazos. No sé definir mis sensaciones de ese momento, yo tenía miedo, y el miedo suele convertirse en incredulidad y en ganas de escapar; pero también sentía que algo cambiaba en mí, cómo se me hacía más fácil respirar, mientras que sentía que algo ajeno se removía y se aferraba a mi cuerpo mientras era arrancado. Rechacé mis impulsos de escapar y les permití que hicieran todo lo que debían de hacer, les entregué mi confianza absoluta. En el patio de la casa, cuando terminamos la oración, la vidente tuvo a bien decirnos en una plática personal que estaba poseído por un ser que había sido

    mujer cuando tenía vida, y también quién era la persona que había mandado al ser a mi cuerpo. Es a bien decir que mi madre no conoció a Paloma, jamás platiqué de ella, y bueno, sus amigas mucho menos sabían de su existencia. Si alguien me hubiera dicho lo que tenía sin haberlo vivido así, hubiera sido lógico seguir sin creer; pero lo que la vidente dijo, me cambió la vida para siempre. Describió perfectamente a Paloma, sus rasgos, su carácter, su manera de ser, todo, hasta el más mínimo detalle; también me dijo lo que me había hecho. Fue ella quien contrató a un brujo para que me enviara a ese ser maléfico. Recordé la chamarra que jamás me regresó, y supe que con ese objeto mío había puesto en marcha la posesión. Habló de cosas que sólo yo conocía de Paloma, me encontraba realmente sorprendido. Me dijo que no me preocupara, que a las ocho de la noche unificarían una oración y que yo podría seguirla con la mente desde el lugar donde me encontrara, si así lo quería, claro. Sentí algo muy especial que me sorprendió grandemente (al ver mi cara en el espejo, hasta el día de hoy, me sigo sorprendiendo igual); entendí que había cosas que no conocía, y entró en mí la curiosidad, mayormente, para conocer que más había, ya que la manera en que me habían descrito las cosas, cómo habían sucedido, me estaban haciendo creer en ese algo más.

  • Dormí largamente después de dos años de no poder hacerlo, sin desesperación, con una facilidad y un beneficio instantáneos. Entendí que la salud era algo sencillo, sin costo, como magia. La mayor magia era poder dormir y descansar, plácida y largamente, fue ese el pequeño gran detalle que me llevó a la fe. Desperté con la convicción de que lo espiritual no se vende a ningún precio, y de que nosotros tampoco debemos comprarlo; de que vivimos en una sociedad que danza alrededor del diezmo, la ofrenda y limosnas; de que las prácticas realizadas por brujos, chamanes, hechiceros, entre otros, realizan prácticas que a veces no funcionan, aunque hayan cobrando grandes fortunas son una negociación espiritista para quien no la conoce ni la sabe interpretar, donde la gente no encuentra el alivio buscado, ya que sigue pidiendo e intentando. Yo quise, en base a la experiencia que viví debido a Paloma, salvar vidas y espíritus como el mío, sin lucro alguno; ayudarlos a encontrar sus caminos, para que los demonios pudieran seguir la luz de su evolución y dejaran cuerpos o fincas terrenas. Me di a la tarea de la preparación por convicción; a tener paciencia con gente incrédula, como lo era yo; a leer y entender la Biblia; a comprender que todo evoluciona. Analicé las enseñanzas en el grupo de oración; entendí que los conocimientos van ligados a la práctica. La humanidad vive situaciones difíciles, los demonios son

    seres imperfectos que se nos acercan o nos poseen la vida en la medida que tengamos pensamientos negativos. A los seres de luz los atraemos con pensamientos divinos, puros, pensamientos elevados, de acciones por los demás. Entendí que Paloma se vengó de mí por haberla dejado, que padecí sufrimientos terribles, pero que al final me dejó lo mejor de mi vida, que fue haber encontrado el poder de la oración, la vida que llevo hoy, el pensamiento divino de ayudar a los demás, mi capacidad de actuar en pro de la vida, de la vida con Dios, de abrir bien los ojos y permanecer en alerta y aprendizaje continuo. Me guió al camino de la felicidad verdadera y eterna. Lejos de hacerme mal, me regaló el mayor bien. Los seres humanos forjamos nuestro destino en medida de las reencarnaciones que vivimos, y de cómo nos preparamos en vida para seguir un camino de luz cuando dejemos nuestro cuerpo. Le recuerdo, pido por ella y sus hijos, aún al día de hoy.

  • RELATO 2 La mujer que me hizo saber lo de Paloma, con el tiempo claramente y por mi asistencia al grupo de oración se convierte en amiga y consejera mía. Vidente, con una historia de fe maravillosa que es de mí agrado compartirla con ustedes, y así acercarnos más al conocimiento de la oración, y del fanatismo absurdo en el que caemos por la mala información e interpretación de su gran poder. Ella, pudo desde muy temprana edad, conocer de los maravillosos dones de la videncia, por su pureza o inocencia, el Padre, le concedió esa facultad, aunque ajena a lo que era realmente la oración, pero de familia tradicional, se fue desarrollando, hasta convertirse, en el hermoso espíritu, que es hasta el día de hoy. María originaria de Yahualica Jalisco, vivía con su familia, madre y hermanos en una brecha del camino, su padre los abandonó cuando ella era muy muy pequeña, casi una recién nacida. El lugar donde vivía, era pintoresco, de bellos amaneceres, y de tardes, que eran engalanadas con los hermosos rayos del sol, podría decirse que vivió una infancia, inmensamente feliz rodeada de la naturaleza. Podía jugar, con sus hermanos, disfrutar de los frutos de los árboles, eran tantas las bendiciones que el Padre le proveía, pero ella a tan corta edad no conocía el

    por qué de tantas cosas bellas. A pesar de tanta felicidad, no podía ser todo tan maravilloso, pues sentía, que le hacía mucha falta la presencia de su papá, para que todo fuera simplemente perfecto, más el cariño inmenso que recibía de su madre, lo compensaba todo. Su familia, era bastante apegada a la religión, iban todos los domingos a misa, y entre semana asistían al rosario, rezaban antes de cada alimento, al dormir y al despertar. A los cuatro años tiene un sueño en el que la virgen le dice que recibirá una carta de su papá que tenía muchos años desaparecido y sin reportarse, pero le dijo que esa sería la primera y la última que recibirían. Se acercó con su madre al día siguiente y le dijo lo que había soñado, le dijo también que ese mismo día llegaría la carta. Su madre no hizo el menor caso y entonces a la hora de la comida llega un señor montado a caballo con una carta para su madre. Efectivamente era de su papá, no decía mayor cosa, vagamente que los extrañaba, pero lo más importante es que jamás recibieron otra en su vida. En ella decía, que los quería mucho a ella y sus hermanos, que siempre los tenía presentes, pero que estaba en un largo viaje del cual no sabía cuándo regresaría, le pedía, que fuera siempre una niña obediente, trabajadora, que cuidara de su madre y

  • hermanos. Aunque estaba muy pequeña, ya se había acostumbrado a esa ausencia, pero lo que sí notó, fue, que a partir de ese día, comenzó a soñar mucho, a ver cosas hermosas, que después sucedían, también veía algunas que le causaban dolor, pero también sucedieron. Cuando eran cerca de las 7 de la noche, le gustaba sentarse en un rincón en la sala, y apoyar su cara en las rodillas, y ponerse a soñar despierta, al menos, ella creía estar soñando, pero era un momento en el que podía desprender su espíritu, relajar su mente, y ver miles y miles de cosas. María era una católica fervorosísima, devota a San Martín de Porres antes que cualquier otro santo o virgen, o que el mismo Dios. Lo idolatraba y se encomendaba a él en circunstancias desfavorables. Al menos, esa fue la enseñanza que tuvo de su madre conforme crecía, eso fue lo que aprendió, esa era la manera de vivir, que ella conocía, nadie prácticamente sabía, que las cosas del Padre, iban más allá de ídolos, imágenes, rezos sin nada que sirviera para dar luz. Si pasaba por una pena, rezaba a San Martín, si había fiestas parroquiales en su honor, ayudaba en la organización, y aportaba con un poco de dinero, por la causa de su santo, al menos así le hacían pensar. Le agradecía también por sus alegrías, pensaba

    que todas las cosas buenas que tenía en la vida, eran por él, y por Dios, ya que eso le habían inculcado desde siempre. Se casó con un militar que vivía en San Antonio Texas, pero al contraer matrimonio se vienen a Yahualica y se convierte en alcalde del pueblo, ahí lo matan cuando su hijo el más pequeño tenía once meses de edad aproximadamente. Fue un tiempo de mucha estabilidad para ella, se hacía cargo de su casa, de sus hijos y su marido, esa fue otra de las bondades, que le seguía agradeciendo al santo. Pero cuando su marido faltó, todo cambió, de cierto modo, quiso renegar, el por qué le estaba sucediendo eso a ella, además la muerte fue trágica, sentía que su mundo se venía abajo, no sabía que hacer. Al verse sola y desamparada, quiere hacer cobro de la pensión que por derecho le correspondía por el gobierno americano, y hace constar en una fe por el sacerdote del pueblo que la persona Juan Pérez nombre de su marido aquí en México, es en realidad Rodolfo Meza, nombre con el que militó en San Antonio Texas. Lleva a la embajada esta carta y hacen caso omiso. Hizo demasiadas peripecias, para poder reclamar eso que le correspondía, una vez más, se encomienda, pero los trámites, y el papeleo, parecían que jamás terminarían.

  • Ella utilizó todos los argumentos que tenía para hacer válida su explicación, poco a poco fueron pidiéndole un sin fin de papeles, identificaciones, actas de nacimiento, de matrimonio, y pedía a su san Martín de Porres la dejara hacer uso de ese dinero para sus hijos, le prometió que si le hacía el milagro, el primer cheque íntegro sería llevado por ella hasta su parroquia. Pedía diariamente a San Martín, y llevaba a sus hijos a misa, para reforzar según ella, la causa, le pedía, la sabiduría para poder arreglar la situación, de la mejor manera posible, y lo más rápido que se pudiera, pues, el hambre y las necesidades eran apremiantes, principalmente por los pequeños. Estaba dispuesta, a cumplir, con su promesa, pues sabía que sus rezos serían escuchados, y que no estaría desamparada una vez recibido el dinero, mientras tanto, trataba de ayudarse como podía, ya que además de estar al pendiente de sus hijos y su casa, planchaba ropa ajena, haciendo aún más cansada la espera. Pasó el tiempo y casi daba el asunto por perdido, y una noche tiene un sueño, en el que un señor que vendía imágenes de santos casa por casa llega a la suya a ofrecerlas, le pide que lo acompañe afuera donde las tiene y cuando la acerca a la de una virgen le dice el Padre “lo vivo es vivo y lo muerto es muerto”. Así, después de mucho tiempo, comenzó a tener esos sueños, que de pequeña, le hicieron tantas

    revelaciones, buenas y malas todas ellas, y este, en particular, no sabía bien como tomarlo, pero movió fibras muy sensibles dentro de ella. Despertó sin saber interpretar bien su sueño, tenía la prisa de llevar a sus hijos a la escuela, hacerles el desayuno y comenzar con sus tareas de la casa, siempre encomendando su día a San Martín de Porres claro está, es como a media mañana llega el tan esperado cheque de la pensión de su marido. Lo que sí sabía, era, que el sueño, tenía que ver con el dinero que estaba esperando, y cuando lo vio en sus manos, no daba crédito a que eso, fuera algo real, no podía esperar más, pues sentía, la necesidad de entregarlo como había pactado antes. Su madre que había llevado el cheque porque llegó al domicilio de su hermana le preguntó si lo había guardado bien a lo que María contestó que creía que sí pero que no se quería preocupar porque el dinero no era suyo si quiera, ya que lo había prometido a la parroquia de San Martín. La madre de María, pese al fervor y devoción, que siempre había tenido a la iglesia, hizo la pregunta más que nada, porque veía la enorme necesidad de su hija, y ni ella, podía creer, que en esas circunstancias, prefiriera llevarlo a la iglesia. Estaba dispuesta a llevarlo inmediatamente al templo, pero el día fue transcurriendo con sus

  • actividades que la hizo olvidarse por completo de eso. A las doce del día tuvo la firme intención de ir al escuchar las campanadas, pero recordó que debía pasar por sus hijos a la escuela y bueno se retrasaría en hacerlo. Mientras escuchaba las campanadas una voz muy clara le decía que sus hijos eran los que estaban vivos y que sus santos no. Otra vez, estaba teniendo una revelación más, ella, de pequeña, no sabía a que se debían, y la percepción, que tenía de lo espiritual no era nada cercana, a lo que notó estar sintiendo. Comenzaba, a darse cuenta, de lo que es espiritual realmente, estaba llegando para ella, el momento justo, de entender con toda claridad y precisión, lo que es del Padre directamente, y lo que los hombres dicen que esa verdad sin conocerla ni sentirla plenamente. Así que decide ir a abrir el cheque que estaba firmado por una cantidad más o menos de sesenta mil dólares un equivalente a ciento sesenta mil pesos de ese tiempo hace como cuarenta años. Dinero suficiente, para atender las necesidades de sus hijos, por un tiempo razonable, y también, para reducir sus jornadas de trabajo, para poder criarlos de mejor manera y con más tiempo de calidad, ya que estaban en una etapa que demandaba su atención constante.

    Agradeció a Dios la enorme ayuda, estaba por quedarse sin ese valioso dinero para sus hijos que necesitaban ya de ropa, calzado y comida. Por la noche soñó que llevaba a San Martín de Porres el dinero y se le caía antes de entregarlo. En eso comenzó a ver flores y un campo hermoso que le daba mucha paz y alegría. Fue entonces cuando una voz llena de luz se escuchó hablarle a María y decía: “Yo hice al hombre, pero el hombre no puede hacerme a Mí, soy camino, verdad y vida, soy esencia, presencia y potencia”. Sintió como una venda se caía de sus ojos con el sueño, y descubrió que la majestuosidad de la ayuda recibida se debía sólo a Dios mismo, que las imágenes de santos y vírgenes no eran más que un culto vano. Esa, era otra revelación dada, a su espíritu tan sensible, interpretó el sueño rápidamente, esclareció que los santos y las imágenes en nada tienen que ver, con amar al Padre y recibir sus bondades, sólo basta, con que nos acerquemos sentidamente a su presencia, y todo cuanto nos aqueja, será remediado. Las flores, eran la nueva vida de verdad y amor inmensos que estaba entendiendo, pero tuvo que pasar, por varias pruebas a lo largo de su vida para comprender, pues esta verdad, el Padre, se la estaba mostrando directamente desde pequeña, pero aún necesitaba madurar y evolucionar. Fue descubriendo el sendero de lo que es

  • espiritual, fue atacada por su familia, le decían que estaba siendo parte de otra religión y otras creencias, que iba en contra de la voluntad de Dios. A lo que ella respondió, que desde hacía mucho Dios era quien le iba mostrando el camino, y a Dios tenía sólo que apegarse en espiritualidad. Todos ellos, con costumbres tan arraigadas, con toda una vida de fervor a la iglesia, que no querían darse cuenta de lo que María había vivido y quería vivir, era la verdadera voluntad del Padre, y que el error en que muchos viven, tiene que terminar. Es así, como se da a la tarea, de aprender y conocer, lo que de verdad tiene que ver con el Padre, se dejó de falsos ídolos y de la religión mundana, hecha a conveniencia del hombre. Aprendió, a concentrar muy bien su espíritu, para poder comprender lo que el Padre quería mostrarle en sueños y videncias, encontrando su misión, que es la de ayudar a la humanidad entera, a que conozca al Padre, para que salgan de una vez por todas, del error y el sufrimiento. María encontró en Dios, nada más en Dios, su gran tesoro de vivir, ayudándose a sí y a los demás, en esta nueva vida verdadera, que acababa de descubrir.

    RELATO 3 Fernando, un hombre que conocí, lo conocí por cuestiones de trabajo y, después de que nos tuvimos la confianza suficiente, me contó sus experiencias con la oración después de que yo le contara las mías. El tiene una hija que, cuando tenía dos años, me contó que había llorado inconsolable después de haber estado en casa de su hermano. Semanas antes supieron que la mujer del hermano había sido poseída por un demonio; su ex esposa lo había mandado por envidia y celos por medio de un trabajo que un brujo le hizo. La pobre sufría convulsiones, daño físico, heridas y marcas, sufría incansablemente, la familia estaban realmente preocupados por ella, su sufrimiento era dolorosísimo, y fue hasta que le enseñaron el poder de la oración, que sanó por medio de un desalojo que le hicieron. El ser se despegó de su cuñada, y curiosamente estaban ahí el día que eso sucedió, y al demonio podía verlo y sentirlo la pequeña hija de dos años. La pequeña despertó en la madrugada con un sentimiento terrible. Así empezó el suplicio. Por supuesto que, al principio y durante mucho tiempo, no tuvo este hombre idea de qué era lo que ocurría con la pequeña, las convulsiones eran terribles, pero no presentaba los cuadros propios de una epilepsia; las marcas en su cuerpecito no tenían una razón aparente y en más de

  • una ocasión fueron confundidas con signos de maltrato infantil. Su madre y su padre de repente discutían, y era en uno de esos momentos en que ella despertaba desconsolada, no paraba de llorar, no encontraban manera de calmar el aparente sufrimiento que padecía. La situación de la niña hacía su vida más tensa, y eso hacía que los ataques de la niña fueran más frecuentes; era un círculo vicioso que no veía cómo romper. La niña vivía inquieta, temerosa, perdía el apetito casi por cualquier cosa; comenzó a hacerse demasiado sensitiva. La llevaron al médico, le hicieron estudios, varios estudios, y no tenía nada. Neurólogos, psiquiatras, pediatras, alergólogos, todos ellos desfilaron frente a la niña sin encontrar una respuesta satisfactoria. De tanto ir con especialistas, más de una vez alguna trabajadora social preocupada llegó a sondearlos, temiendo que la niña hubiera sido víctima de algún abuso. Sus noches eran el peor calvario para sus padres, y sobre todo para ella, quien gritaba asustada y se tranquilizaba un poquito sólo cuando su padre la tomaba en sus brazos. Fue debido a lo inexplicable y terrible de la situación que sus padres, aunque no creyentes, buscaron ayuda espiritual, y por fortuna, encontraron al vidente que les explicara la situación de una manera en que pudieran

    entenderla y aceptarla. Ellos no eran creyentes del poder de la oración y un vidente les dijo que su nena tenía un desarrollo mayor al de los niños promedio, que eso la hacía ser demasiado sensitiva y perceptiva a cosas que no eran visibles para los demás. Les dijo que tal vez estaba poseída por un ser que la turbaba, que podía que viera sombras en la oscuridad de la noche que le inquietaban. La pobre despertaba bañada en sudor y lágrimas, se orinaba en la cama del miedo tan enorme que sentía, sus ojitos se desorbitaban y su respiración era muy agitada. La nena no quería estar sola en la noche, ni en el día, no jugaba, no tenía más que miedo en su pequeña carita, tenía problemas para obrar, su carácter comenzó a hacerse difícil. El vidente habló con sus padres de que estaba claro que su hija tenía un ser; les explicó que los vicios, las riñas, la negatividad de los padres es claramente sentida por los niños, y que en el caso de la niña, esto podía estar sucediendo de tal manera que el ser tomaba fuerza con estos eventos y no la dejaba tranquila. Su espíritu es tan grande que esa intranquilidad pide también por la luz para sus padres, para la felicidad en el hogar. La pobre hermosa niña de dos años de edad, con ese sufrir, les partía el alma.

  • Era para volverse loco, era tal el llanto y tan poco el descanso que tenían por las noches, que muchas veces llegaron a desesperarse, pero por no poder ayudarla; es sabido que hay situaciones de insomnio en los niños, o de inquietud, en la que los padres llegan a perder la paciencia y lastimarlos, pero en su caso sentían desesperación por no poder sanar a su nenita, por no poder verla dormir tranquila, por no poder quitar las lágrimas que brotaban de sus inocentes ojitos. Es difícil comprender el grado de desesperación de unos padres que sienten que no pueden ayudar a su hija. Aún con dudas en sus corazones, entendieron que la única persona que podía ayudarlos era el vidente que les había hablado de la desarrollada percepción de su hija y del poder de la oración para sanarla; entonces, decidieron dar un paso más en esa dirección. Pasaron noches enteras pensando en cómo podrían ayudarla, ya no querían verla ni escucharla sufrir más. Llamaron al vidente y él les dijo que hicieran oración junto a su hija cada que estuviera inquieta, y que poco a poco vendría la luz a ella. Les costó un poco de trabajo, ya que no creían, pero por su hija estaban dispuestos a todo; esa fue una dura prueba que tuvieron que vivir para reforzar su fe. Así que, llegado el momento en que su hija lloró, fueron hasta su cuna, la tomó él entre sus brazos y comenzaron a orar profunda y sentidamente por el alivio de la pequeña.

    La sintieron confortada y tranquila, se quedó profundamente dormida, y él se quedó junto a ella observando la tranquilidad en su cara. Por la mañana trataron no perderla de vista; para ellos era muy importante seguir todas sus actitudes y comportamientos para tener claro el avance de la oración en su problema, para estar alerta a sus necesidades, más que nada. Pasaron dos días, y a la siguiente noche, cuando regresó de un rápido viaje de una tarde, empezó a discutir con su esposa; la niña ya estaba dormida, claro, aunque no levantaban la voz, era claro que el ambiente en casa estaba tenso, sabían perfectamente que la niña no podía escucharlos, y de repente, un alarido interrumpió la discusión. Corrieron desesperados a la recámara de la niña y ahí estaba ella, mojada de sus pantalones de pijama por el susto que había pasado, y tomada de los barrotes de la cuna en una esquina, como si se escondiera de algo, y otra vez, con esos hermosos ojos llorando sin consuelo aparente. De verla en ese estado, una vez más, después de la reciente mejoría, les empezó a quedar claro que lo que el vidente le decía era cierto, que había una relación directa entre el ambiente de la casa y los ataques. Se sintieron profundamente responsables del mal de su hija, pero si bien ellos habían sido responsables de su mal, lo serían también de su sanación. Volvió a tomarla en sus brazos, se sentó en una

  • silla junto a la ventana, le leyeron un cuento, y oraron mientras acariciaba su carita y su cabello; otra vez, Dios les ayudó a arrullarla, y a alejar el ser turbado que la tenía. El pánico que sufría su hija al no poder dormir, era casi el mismo que experimentaba él cuando iba de viaje, sabiendo que al regresar habría una riña, que sacaría a la pequeña de su tranquilidad. El vidente les dijo que el vicio de la discusión, así como muchos otros, baja seres turbados, ya que los pensamientos negativos alimentan su arraigo, y que todos los niños, por medio de las reencarnaciones, vienen a este mundo con mayor evolución; hoy día gran cantidad de niños tienen visiones de seres turbados, siendo tales dones tan desarrollados en ellos que no sabemos cómo conducirlos, y de ahí vienen estos padecimientos en los pequeños; si no saben tratarlos, conforme pasa el tiempo los dejamos sin el gran beneficio de tenerlos. También les dijo que su niña despertaba inconsolable, porque captaba perfectamente los pensamientos negativos de sus padres al discutir. Por esto los seres causan problemas a los niños, por su vulnerabilidad, y llegado el momento los padres no saben cómo actuar, creyendo que el niño es presa de una enfermedad, como lo pensaron ellos, y llevan a sus hijos al médico, sin llegar al verdadero punto, dejando así que se mantenga el sufrimiento de los niños. A su hija, como a muchos otros niños en su

    situación, les sucede que pueden llegar a tener manifestaciones materiales, que hacen crecer su miedo; llegan a tener visiones y a escuchar cosas espantosas de lo que podía llegar a sucederles a sus padres, lo que les provoca aún más miedo. Pueden ver a los demonios, pueden escuchar sus pretensiones, y al acercarse a buscar ayuda, llegan a ser juzgados de locos, lo que los obliga a guardar para sí la dificultad de sobrellevar la situación, además de a no llevar un adecuado tratamiento que los ayude a sanar esas heridas. Es necesario que sepamos que cuando un niño comienza a tener esas manifestaciones materiales, que no le permiten tener ningún tipo de tranquilidad, es necesario que reciban un adecuado tratamiento psicológico que les permita retomar su vida y entender qué es lo que ocurre en ella. No sólo se convierten en presas de un asunto de mal espiritual, sino que al llevar al fondo su perturbación, llegan a tener actitudes inusuales, como tener los focos prendidos de su recámara para poder dormir, porque saben que si apagan la luz, los seres pueden llegar a hacerse presentes. Los padres tienden a caer en uno de dos extremos, o bien el de desestimar las actitudes de sus hijos, considerándolos caprichos, berrinches, maneras de buscar la atención o cosas similares que deben de ignorar o reprimir para disciplinar a sus hijos, o por el

  • contrario, pensar que la causa de tales conductas tiene un origen y una solución médica y que sólo es necesario una buena combinación de pastillas para acabar con el problema. Debemos estar atentos a cada conducta de nuestros hijos, y tener la claridad para distinguir lo normal de lo anormal, pues no se trata tampoco de sobreprotegerlos o limitar el libre desarrollo de su imaginación y de sus expresiones emocionales; lo importante es reconocer las actitudes que provoquen o manifiesten un daño físico o espiritual, y procurar, con la guía adecuada, darles la paz que hayan perdido y garantizarles un ambiente seguro y amoroso. Muchas veces, cuando los seres quieren poseer a un niño, estos, como pueden verlos de repente, gritan sin controlarse a manera de defensa, como los niños tienen un desarrollo espiritual enorme, pueden ver lo que los adultos no ven, y son los adultos quienes de repente los separan más de la verdadera cura. Pudo pasar tres noches tranquila, pero a la primera discusión de sus padres, volvió a despertar turbada, con un inmenso dolor en su rostro, y sus padres volvieron a orar a su lado. Era tal el poder de la oración que podían notar que el ser se iba, porque su hija podía dormir, bien algunos días después de orar. Iba regularmente al baño, podía comer, se reía, volvía a ser dulce y tierna como antes. Pero sus padres notaron que el ser se había aferrado tanto a la niña que

    regresaba, no quería desprenderse. Después de lo de su cuñada quedaron sensibles a la percepción de esas cosas; aún no creían del todo, y supieron en ese momento, que Dios les estaba poniendo una de las pruebas más difíciles de su vida. Es por eso que entendieron que hay quienes reciben un bien y se olvidan de Dios, y muchas veces les vienen después pruebas más fuertes, como les pasaba a ellos. Dios permite situaciones caóticas en su hermosa justicia para poder despertar y saber alimentar a nuestro espíritu, y para ayudar a los demás a hacer lo mismo, llamándonos así al conocimiento, aunque permanezcamos aferrados a la ignorancia. Fueron cinco años los que la pequeña padeció tan terribles cosas; ya estaba en edad de hacer amigos en su escuela, y nada, era retraída, temerosa, y lo peor que podían ver en ella era eso, ya que siempre se preocuparon por su completa felicidad. Para ellos no fue niña problema, para nada, bien sabían que, por su evolución espiritual, tenían que canalizarla en actividades, pero en actividades que ella deseara, en las que ella se sintiera feliz y realizada. Hay tantos niños en estas mismas situaciones, y que sus padres no saben tratarlos como deben, como los padres que son; hay que saber hablarles, abrazarlos, entenderlos, no volverse locos con su llanto, que no es berrinche, sino un sufrimiento no entendido. Se les llega a maltratar de tal forma que los hacen sentir una basura

  • y los colman de sentimientos negativos que los marcan por toda su vida; incluso llegan hasta los golpes. Sabiendo ya que la oración había sido y era la única manera de sanar a su hija, y más preocupados que nunca, debido a que, por su edad, su hija estaría expuesta a un ambiente fuera del familiar, sin una manera de hacerle frente al mundo si no encontraba la paz y la confianza, el bienestar y la salud y la capacidad de enfrentarse a los malos pensamientos y acciones del mundo sin que éstos le produjeran un malestar físico, tomaron una acción más determinante para, por fin, acabar con el problema. Estando un día en la casa, se desesperaron y mandaron llevar un grupo de videntes que les ayudarían en la oración; pedían a gritos una cura para su hija, y fue así como le realizaron un desalojo. Fue tanto el poder de su fe por la felicidad de la pequeñita, que se sintió como sus labios se pintaban rojos otra vez. Su bella y contagiosa sonrisa se dibujaba nuevamente en ella, y así durmió, y durmió, esa y otras noches más. Seguían orando junto con ella en su cama; a su corta edad entendió lo que era la fe y la oración, ella la sentía más que cualquiera de los presentes, y con tan sólo siete añitos. Con eso les demostró a sus padres su gran evolución de espíritu. Se dieron a la tarea de ir aprendiendo cómo manejar este tipo de situaciones mientras duró la terrible experiencia con su hija, y aprendieron un gran número de

    cosas que pusieron en práctica, pero que muchos padres ignoran. Su interés primordial es ayudar a gente que pase por experiencias similares a la suya; los niños son más que de oro, son lo más bello que hay; nuestro legado para mañana, y nuestra misión es ayudarlos a prepararse su propio camino de luz. Hay prácticas que las personas como padres hacen, y que no son las más adecuadas. Muchas veces los pequeños pueden ser tomados como niños problema siendo que su inteligencia supera la del promedio; también les pierden la paciencia, creyendo que lo que necesitan son dos nalgadas, o hasta más, y mandarlos a ver televisión con alimento chatarra con la finalidad que no sigan molestando, sin saber el daño que les hacen, ya que muchas veces no saben ni lo que están viendo y que no hacen más que dañarlos de peor forma. No se detienen en observar su conducta, sus actitudes, su forma de desenvolverse; no paran en notar los cambios que pueda llegar a tener su ánimo y carácter. Deben apoyarlos, alentarlos, enseñarles a orar, a fortalecer la fe, a alejarse de los vicios y de los malos pensamientos como el de discutir; esa si es la función como padres. En la medida en que bajemos a los seres turbados, será la medida en que nuestros pequeños los perciban; debemos hacerlos fuertes, seres de luz que ayuden a los demonios a encontrar su morada; sembrar en nuestros hijos su propio tesoro de vivir.

  • Hacer la oración en familia en la medida en que sintamos la tranquilidad, nos hará menos propensos a estas situaciones de tanto dolor para nuestros pequeños. Su hija sufrió tanto, y él como padre sufrió tanto, que su mejor regalo, aparte de su cura, es el procurar que lo que les ocurrió no pase más en este mundo; y no piensa callarlo, eso sí sería pecado; su necesidad imperante es exponerlo a otros padres, a otros pequeños, a sanar espíritus indefensos que sólo necesitan una buena y adecuada guía para que dejen de sufrir. Tenemos que permanecer alerta, los cambios en la conducta de nuestros hijos, más que el reflejo de nuestros problemas, pueden ser señal de que, con nuestras discusiones, los estamos haciendo presas de demonios, y si no damos la atención adecuada, podemos llegar a generar daños irreversibles. Los niños deben sentirse protegidos, saber que estás con ellos; no usemos la violencia, sino llenemos de ternura esos corazones. Enseñémosle a orar, a dar luz a los demonios que los atormenten, a ser pacientes, y, como le pasó a Fernando, hay que enseñarnos a creer y superar los obstáculos que nos ponga Dios en el camino para reforzar nuestra fe. Enseñémosles también la importancia de la comunicación, guiémonos como padres a creer siempre en la palabra de nuestro hijo, no debemos juzgarlos, sino enseñarles con todo el amor del mundo a que todo se soluciona, a que vivan sus reencarnaciones con el mayor

    aprendizaje posible y a que dejen a un lado los errores que tengan arraigados de vidas pasadas. Podríamos tener en nuestro hogar a uno de los llamados niños prodigio; estos tienen una capacidad intelectual y de comprensión más desarrollada que los niños promedio. La ciencia ha querido darles un nombre o clasificación, por así decirlo, pero la verdad, esto es a causa de la luz, de su evolución. Suelen, hacer cosas que, tanto en casa como en la escuela, no pudieron haber aprendido, sino que las hacen naturalmente; citemos el caso del grande y célebre músico y compositor, Ludwig van Beethoven, que habiendo presentado una incipiente sordera desde los seis años de edad ya componía y, se convirtió, en uno de los más grandes creadores, produciendo obras que han marcado la historia, su aprendizaje, lo fue adquiriendo, prácticamente solo a base de práctica. Se han pensado y creado, a lo largo del tiempo, series de escuelas para niños prodigio, y es bueno hacer énfasis en que estas escuelas deben ser dirigidas hacia los maestros y no hacia los niños, pues ellos son más capaces de enseñar a los adultos, que los adultos a ellos. Si nuestros niños, en su pureza e inocencia, llevan la luz consigo, habrá que tener la humildad de dejarnos guiar por ellos, por más y que parezca extraño que sea el alumno el que enseñe al “maestro”, y que sea un niño el que guíe el camino al adulto, supuestamente más

  • preparado y sabio. El alumno enseñando al maestro, y es que por todo el mundo, está naciendo una fresca oleada, de niños, con una capacidad espiritual demasiado desarrollada, son perceptivos a cambios de ánimo, son perfectos maestros, los mejores consejeros, con pláticas sumamente sensatas y maduras, tienen una capacidad para comprender cualquier situación en su entorno. Son quienes reformarán este mundo, y necesitan una buena guía, que los acerque más todavía al Padre, muchos de ellos, han aprendido hablar distintos idiomas, sin que nadie, les enseñara, o sin haberlo escuchado antes, y es que a tan corta edad, están dando sólo pequeñas muestras de su gran capacidad. Las escuelas están siendo insuficientes para ellos, llega un momento, en que no se les puede enseñar nada más, debido a su rápido aprendizaje, es cuando los maestros y padres se desesperan, pero la realidad es que el sistema de educación, debe evolucionar. Son buenos en cualquier disciplina, ya sea en los deportes, en la ciencia, el arte, la cocina, todo aprenden de manera sorprendente, irradian una luz, que puede iluminar todo un continente, no los limitemos, hagamos crecer en ellos, cada vez más sus capacidades, aprendamos, a desarrollar, cada vez más toda esa energía que irradian. Las competencias, de cualquier índole, son

    abarrotadas por niños, aprenden a hablar, a caminar, a valerse por sí mismos, a muy temprana edad, y algunas veces, frenamos su avance, por falta de preparación, no apaguemos antes de tiempo estas resplandecientes estrellas. Uno de los casos más sorprendentes de todos los tiempos es el de Hellen Keller, una niña que nació, ciega sordo muda, su familia, era incapaz de poder tratarla como ella necesitaba, ya que además de estar muy evolucionada espiritualmente, estaba completamente limitada de manera física, para comprender y hacerse entender. Sus padres accedían a todos sus caprichos, dado a que la sobreprotegían por su situación, es así, como después de mucho batallar con su educación, encuentran a una institutriz, que se comprometió, en hacerla hablar y valerse por sí misma pese a sus limitaciones, a sus tan sólo ocho años de edad. Ann Sullivan, se comprometió en cuerpo y alma, porque Hellen, viviera una vida normal, como cualquier niña de su edad, mediante, tacto, y el sistema Braille, la enseñó a leer y conocer el significado de cosas que ella desconocía completamente, así como también a comunicarse con su entorno. Los padres de Hellen, un militar y su esposa una mujer tradicionalista, sin ver evolución en su hija, intentan despedir a su institutriz, pero Annie, en su gran compromiso con Hellen, pide dos semanas a solas con la

  • niña, sin la compañía de sus padres, en la casa del granero. En tan sólo dos semanas Hellen con ayuda de su institutriz y con su gran evolución, logro valerse por si misma aprendió a hacerse entender y a satisfacer sus necesidades, sus padres no podrían dar crédito a todo lo que si hija logro en tan poco tiempo, y fue así, como Hellen a muy corta edad y con sus limitaciones, se convirtió en institutriz de niños en su misma situación, además de crear fundaciones por todo el mundo que apoyaban esta causa. Fue la precursora de los sistemas innovadores de educación en los que no hay que presionar a los niños en su aprendizaje, sino dejarlos ser y desenvolverse tal cual su evolución espiritual los va guiando, su trabajo prevalece hasta nuestros días. Como este existen muchos otros casos, en el deporte, medicina artes, ciencia, en nuestro país, hemos sido cuna de muchos grandes genios, actualmente por ejemplo, una chica llamada Natalia Lafourcade de tan solo 26 años actualmente, ha grabado y compuesto gran cantidad de discos siendo que a muy corta edad, aprendió a tocar infinidad de instrumentos y a sus diez años de edad hizo sus primeras composiciones musicales tanto de letra como de melodía. Se ha hecho un gran camino dentro de la música y más de diez años de trayectoria la avalan.

    El tesoro de vivir lo tenemos cada uno de nosotros en las manos; no olvidemos enseñar eso a nuestros hijos, alejemos de ellos los malos pensamientos y formemos espíritus fuertes llenos de fe y amor a Dios.

  • RELATO 4 Escribía sobre temas de oración, era ella, una mujer que, casualmente por el destino, llega conmigo y le propuse hacerlo, publicar un libro sobre la oración. Al poco tiempo, a los pocos días, comenzó a tener situaciones bastante peculiares, dejó de comer, de dormir, comenzó a tener problemas de entumecimiento del lado izquierdo de su cuerpo, no descansaba, estaba muy nerviosa, pasaban cosas extrañas con su cuerpo. Hacía muchos años antes, tuvo experiencias que marcaron su vida, sufrió de abuso sexual durante dos años en su adolescencia, y sólo los pensamientos negativos inundaron su espíritu; comenzó a obsesionarse con su peso, quería ser delgada, agradar a su familia, ser la mejor hija, la mejor estudiante, la mejor y nada más que la mejor, y sabía que lo que le había sucedido la desmeritaba ante los ojos de los demás. En esos años, mucho antes de conocerla yo, caminaba, sin saber a dónde se dirigía, y siempre encontraba miradas que la incomodaban a su paso. Iba enfermando sin darse cuenta, y comenzaba a convertirse en una personita, bastante antisocial y llena de miedos. Efectivamente perdió peso, y con el, casi hasta la vida; se le caía el cabello a puñados, sus uñas no crecían, estaba demacrada y sólo quería morir; pasaba las noches pensando en lo ocurrido y sentía un miedo muy grande de estar sola por la calle.

    Comenzó a escribir, sobre el amor y el desamor, que no conocía realmente, pero comenzó a desahogarse y a pensar mucho más claro que antes; sentía alivio, pero no tenía fe, no podía creer que le hubieran sucedido estas cosas y Dios no se apiadara de ella. Después, cuando creía haber encontrado su propia paz, regresaron los problemas; dejó de dormir nuevamente, nada le salía bien, se desesperaba con gran facilidad, sentía que se ahogaba que su pecho iba a estallar, y sobre todo, se sentía muy sola, a pesar de que tenía muchas amigas y personas que la querían, ella estaba muy, muy sola. Si bien no era bonita, se arreglaba siempre y procuraba estar guapa y verse bien, pero en el fondo se sentía la mujer más horrible que existiera; le gustaba leer y estudiar, muchos la consideraban culta, y ella sólo se sentía como tonta. A su aspecto, aunque en el fondo no le preocupaba demasiado, le prestaba atención: procuraba arreglarse, peinarse, cuidar muy bien la elección de su ropa y accesorios, y muchas veces, la gente la tomaba como una persona bastante elegante y sofisticada para su edad, cosa que ella no veía así. Todos los pensamientos negativos hacia ella misma y su vida la atormentaban, pero seguía sin creer y buscar su respuesta en Dios. Continuó escribiendo, y eso se convirtió en su escape. Después de hacer esto

  • durante mucho tiempo, entró a estudiar literatura, y letras. Su gran terapia se convirtió en su mayor pasión; en el trayecto, volvió a sufrir de depresiones, comenzaba proyectos que no concluía y dejaba en el camino; eso la deprimía, seguía rodeada de gente, pero sola. Era muy enfermiza dado a que no dormía ni comía bien, sin afán de adelgazar, el hambre se iba con el sueño y las ganas de vivir; otra vez su semblante decayó, sus ilusiones se desvanecían lentamente, y las enfermedades afloraron. Fue víctima de una hepatitis que se complicó sin explicación alguna y casi la lleva a la muerte. En el transcurso de seis meses, estuvo presente en accidentes automovilísticos que dejaron su espalda sensible de por vida, dejó de caminar por unos días también, sin razón aparente, las gripes la invadieron cada mes y económicamente le fue muy, muy mal, siendo ella el sostén de su familia. No se explicaba por qué le sucedían a ella esas cosas, se consideraba buena hija, buena estudiante, buena empleada, se sentía sola, vacía, claro, con una mente llena de resentimientos, pero no sabía por qué. No dormía, estaba cada vez más débil, cada vez se llenaba más de deudas y el trabajo le faltaba, las exigencias de su familia por una vida con comodidades la perturbaba de tal manera, que no sabía hacia dónde ir

    cuando andaba por la calle. No encontraba por dónde ir, no sabía qué hacer con ella ni cómo manejarlo, sentía que era lo peor, vivía en un cansancio y en una inconformidad hacia ella misma impresionante. Alguien le aconsejó un día ir a terapia de medicina alternativa, y después de un año de asistir, no encontró cambio alguno. Sus manos temblaban por las noches, sus ojos parpadeaban una y otra vez, daba miles de vueltas por la cama, se postraba frente a un espejo siendo de noche, y aún así, podía sentir que su imagen fuera suya, sentía que jamás se plasmaba en el. Los días y meses pasaban de forma indiscriminada y sin ninguna mejoría para ella; decidió tomar terapia psicológica y sólo logró que la canalizaran al psiquíatra para medicarla, lo que la ayudó a poder dormir y a sentirse tranquila, pero aun así no encontraba la calma, nada más sucedió que comenzó a hacerse adicta a los fármacos y a ir en busca de varias terapias psicológicas y psiquiátricas, pero seguía sin encontrar nada. Existen muchas personas que por querer sentirse bien, por su adicción a los fármacos y por indicación del médico, se convierten en fieles seguidores y creyentes de las terapias psiquiátricas y psicológicas; van y vienen de uno a otro por toda su vida y no encuentran la cura jamás, invirtiendo fortunas en el intento.

  • Las enfermedades iban y venían, las dificultades no la dejaban tranquila, sus relaciones en familia y amistades se resquebrajaban a la más mínima insinuación de que estaba mal su conducta tan agresiva, se peleaba por todo y con todos. El verdadero sentido de su vida era querer creer en ella misma, creerse lo que todos decían que era bueno de ella; su meta, consistía en nunca dejar de ser autosuficiente, independiente, y nunca llegar a necesitar de nadie. No escribía, no quería saber nada de nadie, no quería ir a trabajar, nada le daba satisfacción, todo la cansaba y la acomplejaba, no era feliz, no tenía ningún sentido su vida; pero eso sí, día con día crecía su odio hacia la persona que la había violado en el pasado. Cuando ya no pudo más, un día después de haber discutido fuertemente con su familia, que sólo se preocupaba por ella por el aspecto económico y que le reclamaba cuando no les deba el dinero suficiente para las cosas que querían. Fue después de haber tenido un día de trabajo muy pesado, después de meses enteros de acabarse por entregar unos reportes, y bueno, después de que nada le había salido bien ese día, tomó sus pastillas, para dormir y para relajarse. Las vio en sus manos y sólo pensaba en dar fin a su malhecha vida, ya no quería escuchar a nadie, no quería saber de trabajo, de obligaciones, de amigos, ni de gente a la que tuviera que agradar y darle gusto.

    El vacío nunca fue tan grande, el insomnio nunca había durado tantos días, el dolor de cabeza se convirtió en parte fundamental de su vida, hasta que aprendió a vivir con él, porque nada se lo quitaba. Nada era importante para ella, nada tenía sentido, su malestar físico era evidentemente insoportable; no sentía amor por nadie, ni por ella misma, su autoestima estaba por los suelos; no se interesaba por nada, ya estaba harta de sus múltiples obligaciones, y no hacía más que desaprobar las actitudes de los suyos hacía ella. Ingirió todas las cajas de medicamento que se encontró, esperando poder encontrar así la ayuda y alivio que tanto estaba esperando desde hacía años. Comenzó a sentir sueño, el sueño que no sentía desde mucho tiempo atrás; se sentía tranquila de cómo su cuerpo parecía flotar, su mente no pensaba en nada que no fuera dormir, y de repente, quedó fuera de sí y no despertó. En su sueño, ella sólo podía ver como su vida completa pasaba frente a sus ojos y notó cosas que no había visto antes, se dio cuenta de que había tenido momentos de felicidad, y esos eran cuando se encontraba cerca de Dios. Se dio cuenta de que no la había desamparado nunca, de que siempre estuvo junto a ella cuidándola y nunca quiso verlo, pero aun así siempre guió sus pasos para que pudiera sentirse feliz y completa.

  • Vio el amor que su familia sentía por ella, y el de ella hacia ellos; entendió que tenía muchas razones para vivir, y vivir feliz, pero esa felicidad la tenía sólo cuando pensaba en Dios y hacia oración. Ella, alguna vez, había encontrado su tesoro de vivir, y lo dejó por una vida de resentimientos, infelicidad y tristeza, que sólo le trajo males y enfermedades. Todo lo vio oscuro un día y se olvidó de Dios. Comenzó a orar en su sueño, sentía mucha paz, sentía mucho amor, sentía la necesidad de ver a los suyos y abrazarlos, quería perdonar, quería amar, no quería dejar de orar, se sentía sumergida en esa luz, en esa inundación de cariño inmenso. Supo que necesitaba arreglar su vida, necesitaba ayudar a más personas, acercarse a Dios, seguir al pendiente de su familia, escribir otra vez, orar, nada más necesitaba orar y sentir el amor que Dios siempre le había tenido. Despertó, y al ver a su familia, su espíritu se llenó de alegría y sintió la necesidad de despertar y orar todos juntos; quería levantarse, trabajar, sentía fuerza, alegría por ver la luz del día, por poder respirar, por poder abrazar a los que tanto quería. Encontró su camino, se elevó a la oración, pero cuando me conoció, como les comentaba, comenzó a tener nuevamente esas experiencias, combinadas con

    detalles que le ocasionaban problemas al querer escribir sobre la oración. Guiada por mí, entendió que las cosas que le habían sucedido, y que le estaban sucediendo de nueva cuenta, eran obra de seres turbados, que no permitían que la palabra se expandiera y llegara a sanar espíritus por todo el mundo. Había seres turbados que no le permitían hacer su misión, que era hacer un libro de luz que sanara más vidas como la suya, y la de muchos otros que no sabían del gran poder de la oración; estos seres se interponían en su camino y misión. El orar no estaba siendo suficiente, los espíritus se aferraban y no querían tomar la luz, pero con mi ayuda, su disposición, y la manera en la que los encaminamos por a su morada de luz, a base de mucho esfuerzo, pero de la mano de Dios siempre, los espíritus desplegaron su camino hacia la morada de felicidad que les correspondía. Terminó el libro, completó su misión, siguió trabajando en llevar la palabra de Dios, para sanar más espíritus en desgracia, para que la gente del mundo entero que habita alrededor de los cinco continentes se enterara y supiera del gran poder de orar; de que encontraran su camino directo y sin escalas a la felicidad verdadera y duradera; a hacer saber el tesoro de vivir del que todos somos dueños; de enseñar la verdadera forma correcta de orar, de sanar nuestra fe y espíritu, de llevar seres turbados a encontrar también felicidad, de superar los obstáculos que Dios nos da y llevar su palabra.

  • Recurría, de manera constante a las enseñanzas del Padre, se preparó, leía sobre muchos temas; además de hacer investigación, aprendió a orar de manera sentida, compartía esta oración con los que más quería y comprendió poco, a poco, cuál estaba siendo su camino. Esto no es cuestión de lucro, de enfermedad, de religión, de diezmo, de hechicería, de chamanes o ritos, de situación económica, de creencia, de raza, de comercialización desmedida; no esto es nada más cuestión de fe y de espíritu.

    RELATO 5 Después de vivir violencia intrafamiliar, Raquel, vivió otro calvario. Se casó enamorada, a pesar de que tuvo un noviazgo difícil, pero estaba decidida a hacer cambiar a su pareja y tener familia y vida feliz. Sus primeros meses determinaron el rumbo que tomaría su nueva vida: insultos, humillaciones, burlas de todo tipo y frente a toda la gente, entre muchos otros detalles que comenzaron a enmarcar su vida de casada. Decidió alejarse de su vida y su gente para evitar conflictos y malos entendidos en su relación, que aunque no sufría de celos directamente, había algo en los cuestionamientos de su marido que dejaban ver lo contrario, y bueno ella jamás había sido infiel en ningún sentido. Solía hacerle preguntas, como, ¿Adónde vas?, ¿A quién vas a ver? ¿A dónde fuiste, arreglada así?, y hemos de saber, que estas situaciones de celos, ocurren principalmente, en México y Sudamérica, en el que, la cultura machista, está muy arraigada aún, haciendo vivir, a miles de mujeres, un infierno en su propia casa, como el caso de Raquel. Callaba para evitar peleas con él, agachaba la cabeza, pues tenía muy claro que ella no tenía la más mínima oportunidad de opinar algo que fuera inteligente realmente para su marido, si alguna vez tuvo capacidad para algo, esta quedó resarcida a cenizas.

  • El maquillarse y arreglarse no estaban ya en su lista de prioridades, no era algo que le interesara puesto que para ella podría ser tema de pelea, y bueno, todo lo que fuera pleito era un asunto de huir. Prefería, evitar, escuchar a su marido decirle, que era una cualquiera, sólo por el hecho, de arreglarse como siempre lo hacía. Dejó de comer, dejó de dormir, dejó de vivir, dejó de ser, si es que alguna vez había sido, dejó de creer en sí misma, no hacía más que odiarse por no tener satisfecho a su marido. No quería trabajar para tenerle todo el tiempo del mundo y poderse dedicar a las actividades completas de la casa. Se desvivía porque no le faltara nada, porque estuviera siempre contento y bien, pero a expensas de su felicidad, pues la mayor felicidad que ella podía alcanzar era verlo completo y sin quejas; quería convertirse en la mejor esposa del mundo que él pudiera desear. Arturo, su esposo, se había convertido en su dios falso, tan pronto lo conoció, y es que, su labia, su manera de tratarla, de hablarle, de enseñarle el mundo que aparentemente él conocía, y que era muy distinto al de ella, la fueron haciendo, ferviente y dependiente de él. No había nada que dijera él y no se hiciera, pretendía de ella tener listo todo en el mismo momento

    en que se le era pedido. Y muy de repente se le venían flashazos a la mente de aquellos a quienes tanto había querido, que eran su familia y amigos; se acordaba de las tantas pláticas que llegó a tener con sus amigas y las recordaba con nostalgia. No quería ver a nadie que le hiciera pensar a su marido que ella había sido mala; era fácil que él pensara cosas malas de ella si no hacía las cosas tal cual había dicho o si por algo había tenido algún inconveniente mientras las realizaba. Cualquier margen de error era candidato de duda hacia su persona. Jamás mintió a su marido, ni salió a otro lugar que no fuera con él; las llamadas telefónicas también disminuyeron, y bueno, las salidas y visitas también. Ella quería estar de tiempo completo disponible a lo que le pidiera. No se sentía mujer digna, aún sin haber hecho nada indigno; desde su noviazgo sufrió por hacerlo confiar en ella; si se vestía de cierto modo no era porque fuera a ver a alguien, sino porque esa era su esencia, su forma, no cabía ya nada de lo que ella había sido, no tenía como hacerle entender que era de una sola pieza para él. Pero sabía realmente que él era el amor de su vida, en otra circunstancia jamás hubiera permitido que alguien pusiera en tela de juicio su honorabilidad, su palabra, ni su capacidad; no hubiera permitido haberse hecho sentir menos, de no ser por lo tanto lo amaba, él era su mundo,

  • su todo, su razón de ser y de vivir. Quería hijos, casa, ser la familia que ella no tuvo; vivía desesperada por atender el teléfono si la llamaba mientras estaba en el trabajo, para que no pensara que estaba haciendo otra cosa o que no estaba en su lugar de trabajo o haciendo algo de lo cual no le había informado. Si estaba en una junta, era la muerte esperar salir si ésta se aplazaba sin poder avisarle a su marido que iba a suceder y éste pudiera malinterpretar el asunto. Su amor, era desmedido, hasta cierto punto enfermizo, pues no la dejaba ver con claridad, que más que esposa, era una esclava, una mujer, que habiendo sido exitosa, terminó siendo reducida a humillaciones y maltrato psicológico. Pero mantenía siempre con la firme intención de agradar, de ser siempre la mujer intachable, de ser lo que él no tenía; hasta cierto punto, jamás intentó ser ni más ni menos que él, sólo la persona que lo pudiera hacer feliz siempre, pero en el fondo sentía que no podía ni con su ser completo. Un buen día sintió enloquecer, sus manos temblaban, su voz se quebraba, cualquier cosa que le dijeran era asunto de pleito; dejó de ver a su familia porque el rencor que sentía hacia ellos era enorme, todo era suplicio por no estar bien en su matrimonio. Dejó sus ilusiones, sus pasiones, su sentir, y aun así sentía que le hacía falta mujer a su marido.

    Cuando ya no pudo más todo fue un caos, se enojaba por cualquier cosa, sin quererlo, le hacía la vida imposible a su marido, todo era motivo de pelea, y ella seguía sin verlo ni sentirlo feliz, todo eran para ella cuestionamientos y dudas. Tal era su desesperación que lo golpeó, sentía que no podía llegar más abajo del suelo de lo que estaba, lo único que deseaba ya era morir, estar sola y en paz consigo misma, sentía que ya no le iba estorbar a su marido ni a nadie, que ya iba a dejar de sufrir, se resignó, tomó una cantidad de pastillas impresionante. Ya nada tenía sentido. Sentía que no tenía ni marido, ni familia ni nada que la pudiera ayudar; estaba sola, en una situación que no sabía cómo manejar; su mundo se venía abajo hecho trizas, y nada aliviaba la enorme tristeza que en ella había. No tenía confianza, no tenía nada absolutamente nada, lloraba de todo y por todo, se lastimaba esperando encontrar la repuesta a sus equivocaciones, porque ella era mala y merecía el peor de los castigos porque su marido no la quería, no entendía que había visto en ella, él que todo lo tenía y todo lo podía, que pudiera haber tenido a las mujeres más hermosas del mundo, con cultura, porte y preparación, y aun así la había elegido a ella, tan humilde, tonta, con una familia que dejaba mucho que desear, todo lo contrario a lo que había tenido antes y que sólo quería agradarlo.

  • Jamás le dijo nada de su austera posición, pero ella en el fondo creía saberlo, al ser tan poca cosa. Casi muere en el intento, y se arrepintió de la oportunidad que Dios le dio sin ponerlo siquiera por delante; nunca lo procuró, nunca le agradeció. Tenía la fe perdida. No pudo más, sus actitudes ya no eran normales para los demás; su familia, en especial, quería internarla en un hospital psiquiátrico, y cuando decidió separarse de su marido y fue a vivir otra vez a casa de sus padres, ellos mismos fueron por ella para llevarla al hospital. Era más tristeza la que sentía ahí, había soledad, malos tratos, gente medicada igual que ella que eran envenenados poco a poco por los mismos médicos y por su falta de conocimiento, que para tenerlos ahí y lucrar con sus sufrimientos, les decían a las familias que era necesaria su estancia hasta que lograran manejar su vida otra vez. Todos ahí eran víctimas del lucro médico, aprovechaban el inmenso dolor que tenían y sin preocuparse realmente por su cura. Los psiquíatras y neurólogos decían haber hecho los estudios necesarios, y aunque todos salían bien, insistían en que el asunto debía ser tratado de esa manera para lograr la cura. Ella veía a todas las personas con las que convivía, y no le parecía que estuvieran locas; al contrario, parecían mejor dicho resignadas, como ella, estaba casi resignándose, a estar así, con gente que había sufrido como ella, y al menos al estar ahí seguían

    sufriendo, pero ya no se metían en más problemas con los demás. Ahora sí no había nada ni nadie que le hiciera sentir que su vida había tenido sentido, y peor aún, no llegó a ser la esposa que deseaba para su marido. Ya nada tenía sentido, y por los medicamentos que le daban y el encierro que padecía, ya realmente no le interesaba. Su marido se enteró de lo que había sucedido con su esposa, así que, la buscó. A pesar de los maltratos que le había hecho pasar, él la quería, pero no sabía cómo quererla, su espíritu estaba muy turbado también; él estaba poseído por un demonio, como ella, y ninguno de los dos lo sabía. Fue así como, dispuesto a sacar a su esposa de donde se encontraba, y dispuesto ahora sí a hacerla feliz, dándose cuenta de los grandes errores que había cometido, buscó ayuda. Buscó, en varias religiones, cómo calmar el dolor de tantos años dentro de él, como aliviar, el vacío de amor, que había generado en su esposa, pensaba, que le faltaba, paz espiritual, pero no podía encontrarla. Visitó brujos, que le daban de beber, hierbas que supuestamente, le harían sentirse bien por completo, y fue algo que tampoco sucedió. Después de mucho andar y tocar puertas, al borde de la

  • desesperación, que llegó a sentir, pues no sabía cómo iba a recuperar a su amada Raquel, encontró finalmente, el gran poder de la oración. Cuando, por fin, aprendió a orar de manera correcta, y de que conoció, muchas de las cosas que el Padre ha dejado como enseñanza, comprendió, el gran mal que se apoderó de él y su mujer, pero, se sintió recompensado, pues la cura era simple. Llegó a su casa un día por la noche dispuesto a desprender su mente de todos los problemas, se dio un baño después de cenar y, en la oscuridad de su cuarto, cerró los ojos, respiró profundo, inhalando por la nariz y exhalando por la boca. Lo hizo en repetidas ocasiones, hasta que sintió tranquilidad, así también, relajó desde su cuello, siguiendo por sus hombros y cuerpo completo, terminando de sentir paz, para finalmente, poner su mente a descansar de pensamientos materiales, logrando comunicarse única, y exclusivamente, con su espíritu. Sólo podía pensar en su esposa, y el gran mal que le había causado; recordó a la mujer de la cual se había enamorado, física y emocionalmente. Ella también era su vida, su mundo su razón de ser, más no sabía, porque nunca la trató como se merecía; recordó lo felices que habían sido, y la vida que le quitó, de cómo la convirtió en esclava de sí misma, de

    cómo le robó sus ilusiones y su identidad. Pensó mucho e hizo un recuento de daños, y con fe y arrepentimiento sinceros, comenzó a sentir lentamente una paz. Jamás tuvo derecho de tratarla así, y lo hizo, de hecho desde antes de conocer a su esposa no sentía paz. Vio luz, mucha luz que lo envolvía, el amor inundaba su corazón. Sintió como una gran fuerza, que sólo puede describir como la fuerza de Dios, llenaba su espíritu, que sentía había estado dormido durante mucho tiempo, y que ahora despertaba por hacer feliz a su esposa, por formar una familia y ser ejemplo de amor para ellos. Raquel, en la soledad de su habitación en el psiquiátrico, después de haber tomado sus medicamentos de la noche, sintió la presencia de su marido, y se asustó mucho, porque lo que sentía era el amor que él, meses antes, había hecho sentir en ella y hacía mucho tiempo no percibía en él. Cerró los ojos muy fuerte y su intranquilidad la dejaba lentamente; también veía una luz, cuando todo era oscuro y triste para ella, también recordó cuando conoció a su marido y lo mucho que lo pudo amar desde que lo vio; pensó en que realmente quería formar una familia, en que quería salir de ahí en ese mismo momento, para decirle que lo amaba y lo perdonaba por el mal que le había hecho, y que juntos podrían encontrar una cura para sus males y para ser felices otra vez.

  • El pensamiento de los dos esposos estaba conectado en amor, esperanza, fe en Dios y en sí mismos, fe de uno al otro; entendieron en una noche de soledad, que no había nada más grande que orar a Dios, que orar por amor y en amor, en la fe y en el perdón, bajando así seres de luz. A la mañana siguiente, él salió a toda prisa a buscarla, ella despertó con otro semblante, se veía entera, completa, parecía como si no hubiera pasado nada, se sentía mejor que nunca y sólo quería salir de ahí. Se sentó en una banca del patio sin que nadie le hiciera caso, pero sí notaron que su actitud y su semblante eran otros, eran los de una mujer que debería estar en cualquier lugar menos ahí, encerrada; de loca no le veían nada, su plática era muy coherente, incluso se acercó a otras compañeras y les dijo que oraran desde el fondo de su corazón, que hablaran con Dios, y que si eran sinceras con Él, las escucharía y no les negaría nada. Les dijo que sentía que ese mismo día saldría a recuperar a su marido y su vida, y nadie le creía, le veían ahí tal como ellas estaban, encerradas. Pero en ese momento escuchó que alguien la llamaba porque habían ido a verla. Volteó al pasillo, y vio a lo lejos a su marido, que sostenía en sus manos un ramo muy grande de flores, cosa que jamás había sucedido, y no pudo sentir más

    que la necesidad de correr hacia él, sin saber cómo iba a tratarla después de todo lo que había vivido antes. Se miraron, y él le dijo que había ido por ella, para llevársela a su casa, pero no a la de sus padres, sino que había ido a recuperar a su mujer, a pedirle perdón, y a llevársela para hacerla feliz, como no había hecho antes. Se arrodilló ante su gran amor, suplicando su perdón, implorando con llanto desmedido, que regresara a su lado, que estaba realmente arrepentido. Por un momento, Raquel dudó, que después de tantos años, de vivir así, de un día a otro, su conducta hubiera cambiado, y sobre todo, que fuera sincero. Todo cambió, cuando lo miró a los ojos, era lo único en él, que no mentía, y Raquel, eso lo sabía muy bien. El médico de Raquel, se presentó ante ellos y les dijo que no podía llevársela así como así, que ella era una enferma mental y que necesitaba tratamiento, y medicamento, que de hecho necesitaban pagar una semana más de estancia antes de que la dieran de alta, ya que necesitaba una valoración y estudios clínicos que tenían un costo, y que al estar ella ahí también generaba un gasto. Se negaron a pagar, por lo sentido una noche antes, los dos compartían la opinión de que no sólo ella, sino que muchas más de sus compañeras, no tenían

  • absolutamente nada que no fuera más que estar alejadas de Dios; que estaban seguros, de que si se les enseñaba el gran poder de orar desde el fondo de su espíritu, podrían dejar el hospital en cualquier momento. Lo que tenían era enfermedad en su espíritu, ya que con los problemas de la vida diaria, los malos pensamientos, la negatividad de ellas y los suyos y la lejanía con Dios, las habían hecho enfermar, pero no del cuerpo, los demonios y seres turbados habían hecho presas a esos cuerpos llenos de negatividad. Lo único que se necesitaba era que oraran, que ayudaran a los seres turbados a tomar su camino, y así ellas encontrarían el suyo. Raquel fue muy clara y precisa al hablar con su médico, quien no daba crédito a lo que escuchaba, él, más que verla recuperada y lúcida, reclamaba que la cuenta pendiente fuera pagada y después verían lo de su alta. Muy en el fondo, el doctor, estaba realmente sorprendido y enajenado, de ver aquella mujer fuerte, decidida, completa, de saber que ella, estaba segura de no tener nada, de verla cómo había renacido de las cenizas, en una noche, que ni con medicamento y tratamiento hubiera logrado, pero su científico y lucrativo orgullo, le impedía reconocerlo abiertamente. El marido de Raquel, no se explicaba como el doctor podía estar tratando de esa manera la salud de su mujer, le dijo que Raquel haría los estudios y pruebas necesarios sin que se les cobrara un solo peso, ya que

    estaban demostrándoles de forma clara que no había enfermedad alguna y que nunca la hubo, y que se lo podía demostrar con cualquier otra paciente si él así lo quería; le dijo que estaba lucrando con la salud de los demás, y que eso si era algo grave. En cierto momento Arturo, pensó hasta demandar tanto al médico, como al hospital, pero recordó, las grandes enseñanzas de amor y perdón, así que sólo defendió, su postura y la de su mujer, y habló igualmente, sobre el martirio que deberían estar pasando injustamente, otras mujeres ahí dentro. El médico que no quiso tener más problemas, llevó a Raquel a realizar algunos estudios y pruebas psicológicas que arrojaron resultados tan positivos que el doctor no tuvo más remedio que darla de alta. Él sabía perfectamente, que no había mal alguno, ni en ella, ni en muchas de sus compañeras, pero ¿Por qué tenerlas ahí, como si estuvieran viviendo un secuestro? Los esposos fueron directo a su hogar, platicaron largamente, oraron juntos, y a partir de ese día pudieron encontrar su camino de felicidad verdadera a través de la oración; fue por ella y por Dios que salvaron su matrimonio, la salud de Raquel, el verdadero tesoro de vivir. Como Raquel hay muchos casos de los que están repletos los psiquiátricos, y no son más que personas que no conocen que la solución y la cura a sus males es tan sencilla como cerrar los ojos y elevarse a Dios

  • sentidamente, para dar luz a los seres turbados, para llenarse de pensamientos positivos y de amor. Hay médicos que sólo lucran con el dolor ajeno, y estas situaciones son la prueba más clara de que esto sí sucede; los males de la humanidad no son cuestión de médicos, religión, creencias o ritos, es cuestión de oración, cuestión de fe, cuestión de Dios. No es posible que una consulta con el psiquíatra o neurólogo tenga un costo mínimo de ochocientos pesos, y claro de ahí en a