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  • PSIQUIATRA UNIVERSITARIA | 55

    PSICOTERAPIA

    (IM)-POSTURA TERAPUTICA Y/O APERTURA CREATIVA?(Rev GPU 2017; 13; 1: 55-62)

    Claudia Barrueto1, Viviana Larrea2 y Catalina Scott3

    Qu sera de la vida sin esperanza? Una chispa que salta del carbn y se extingue, o como cuando se escucha en la estacin desapacible una rfaga de viento que silba un instante y luego se calma, eso seramos nosotros? [] Quin dice al nio que la madre no le rechazar el pecho? Y ya ves, sin saberlo la busca Nada vivira si no tuviera esperanzas.

    Hlderlin, Hiperin, I.1

    1 Psicloga Clnica. Psicoterapeuta psicoanaltica adultos. Supervisora Clnica Programa de Trastornos de Personalidad Instituto Psiquitrico Jos Horwitz Barak. Posttulo en psicoterapia psicoanaltica Unidad de Psicoterapia Dinmica; I.P. Jos Horwitz Barak. Email: claudia_barrueto@hotmail.com

    2 Psicloga Clnica de orientacin dinmica adultos. Supervisora clnica programa de Trastornos de Personalidad Instituto Psi-quitrico Jos Horwitz Barak. Posttulo en psicoterapia psicoanaltica Unidad de Psicoterapia Dinmica; I.P. Jos Horwitz Barak. Email: viviana.larrea@gmail.com

    3 Psicloga PUC. Psicoterapeuta psicoanaltica adultos y supervisora clnica. Docente invitada diplomado Universidad Diego Portales y Unidad de Psicoterapia Dinmica, Miembro comit editorial GPU y directorio IARPP Chile. Email: cscottspinola@gmail.com.

    JUEGO. OBJETOS ENCONTRADOS. ESPACIO CULTURALGAME. OBJECTS FOUND. CULTURAL SPACE

    INTRODUCCIN

    E l Instituto Psiquitrico Dr. Jos Horwitz Barak, anti-gua casa de orates y ex Manicomio Nacional, es una institucin ubicada en la periferia de Santiago, fundada en 1852. La mayora de los antiguos departamentos de pacientes crnicos comenzaron a ser reemplazados por una red de Hogares Protegidos con un aumento pro-gresivo de atenciones a pacientes ambulatorios.

    Es en este marco, un establecimiento de tipo asilar, donde intentamos desde hace 6 aos realizar una psi-coterapia de grupo de corte psicoanaltico con mujeres diagnosticadas con Trastorno de Personalidad grave,

    quienes han sido desechadas de distintos niveles de salud primaria y secundaria por gravedad y reiterados fracasos en tratamientos anteriores.

    Desde su infancia han sufrido experiencias de fallas en el ambiente en casi todos los niveles posibles; poli-traumatizadas relatan experiencias de pobreza, negli-gencia, abuso sexual y el abandono temprano de uno o ambos padres. Vemos el reflejo en el mbito relacional de lo que en el mejor de los casos podramos denomi-nar una psicopatologa de los fenmenos transicionales en el manejo de la separacin, prdida y tolerancia a la soledad. Un ejemplo de esto son modalidades relacio-nales de apego a objetos rechazantes o maltratadores y

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    (IM)-postura tEraputIca y/o apErtura crEatIva?

    a vnculos que reeditan experiencias de maltrato (Fair-bain en Ogden4, 2009). Somos testigos de relaciones de amor adictivas y destructivas inmersas en un esfuerzo y demanda inagotable al otro; al intentar separarse ex-perimentan crisis de automutilaciones e intentos gra-ves de suicido en algunos casos con sus hijos. Bajo la influencia de tales experiencia afectivas actan impul-sivamente; las capacidades de reflexin, comprensin cognitiva y comunicacin verbal de estados internos son prcticamente nulas a la hora de conectar o enla-zar estados internos con experiencias traumticas del pasado. Asistimos a la activacin de agonas probable-mente precoces en el desarrollo temprano, as como la alternancia de estados regresivos con presencia de fenmenos psicticos y/o alucinatorios; estas angustias de derrumbe acompaan al sentimiento ocasional de no importar estar vivo o muerto.

    Como advierte Winnicott, en 1947, el pasaje desde estados de agresividad ms vital a estados ms primiti-vos de amenazas de aniquilamiento o estados en los que no hay esperanza, Pone en marcha agonas primitivas que son angustias precoces incoercibles o impensables propias de la dependencia absoluta. (Winnicot, 1957 p. 401) Adicionalmente vemos el desastre de madres o cuidadores primarios imposibilitados de cuidarlas, similar a lo que Fairbain denomina traumas en relacin al desarrollo psquico temprano: La dependencia ab-soluta de una madre que es inhbil para amarlo es una experiencia afectiva que es singularmente devastado-ra (Fairbain, 1944 p. 113). Para Fairbain este tipo de relacin del infante con la madre es traumtica en di-versos grados por el hecho de depender de una madre cuya capacidad de quererlo se ha visto imposibilitada.

    Pretendimos trabajar con nuestra praxis psicoana-ltica usual y con algunas de estas ideas asumimos la labor. La comunicacin es difcil y se nos impulsa conti-nuamente a la accin. En trminos psquicos vemos pa-trones mentales ritualizados y pensamientos estticos que experimentamos como una psiquis en cautiverio. Un olvido sistemtico de pseudoelaboraciones que van dando lugar a sesiones y temas olvidados, cayendo con frecuencia en una comunicacin fragmentada y una malinterpretacin del lenguaje. La disociacin o la es-cisin generalmente alternan con una mnima capaci-dad de descripcin verbal de los estados subjetivos y la capacidad de mirar hacia fuera y a los otros es muy

    4 Fairbain (1944) describe las relaciones entre vnculos de desprecio y la relacin del saboteador interno con el ego libidinoso y el objeto excitante, en la repeticin de rela-ciones de objeto vinculadas al trauma.

    limitada. Estos aspectos han sido interpretados como posibles ataques a la funcin vinculadora de la emocin y pensamiento con un predominio, como dira Bion, de la parte psictica de la personalidad (Bion5, 1957). Lo anterior, es similar a lo sealado por Green, quien advierte una posicin fbica central del trauma en el paciente fronterizo. Green describe un miedo central a que se active una situacin traumtica, lo que fuerza a retirarse regresivamente de un contenido mental con-creto o a anticipar defensivamente sus consecuencias en una actitud constante de necesidad de escapar de cualquier reconocimiento traumtico de su experiencia psquica. Es decir, los esfuerzos por parte del terapeuta para ayudar al paciente a ser consciente de esa expe-riencia psquica o representarla, podran convertirse eventualmente en un acontecimiento amenazante o traumtico en s mismo (Green, 2000).

    Comenzamos a experimentar sistemticas dificul-tades y limitaciones en las interacciones nicamente basadas en el lenguaje o el silencio. Nunca develamos el odio contratransferencial suponiendo que podra daar o retraumatizar, a expensas de lo que Winnicott con-sidera en el artculo de 1947, Odio en la Contratrans-ferencia. En su opinin, y especialmente con pacientes graves, no se debe obviar la capacidad de odiar del pro-pio analista. La verbalizacin del odio es til y necesaria cuando el proceder del paciente resulta intolerable.

    En este contexto, empujadas por una sensacin de saturacin psquica, un deseo de desechar al grupo y no perseverar en la tarea, sumado a la desesperanza y exigencias de la institucin, decidimos sin mucha re-flexion incluir tcnicas de otras disciplinas como Arte-rerapia y Terapia Ocupacional.

    En principio esto lo interpretamos como una pues-ta en accin, un uso actuado de la contratransferencia como escenificacin de la problemtica; ser un obje-to que rechaza y no metaboliza, reeditando primeras experiencias de falla y vaco, segn Balint, Estamos convocados a asumir el papel traumatizador, son situa-ciones en las que traumas de abandono y desatencin se repiten (Balint en Cazorla, 2007 y Rhim, 2013).

    BUSCANDO MIRAR A PARTIR DEL VERDADERO SELF

    Examinando este mismo hecho fruto de la reflexin y supervisin desde la perspectiva Winnicottiana, trans-

    5 Bion (1957), en Volviendo a pensar, establece una di-ferenciacin de las personalidades psicticas y no psi-cticas, esclareciendo la importancia de considerar que ambos estados coexisten en el psiquismo.

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    claudIa BarruEto, vIvIana larrEa y catalIna scot t

    formamos y reinterpretamos nuestra actuacin como una actividad creativa. Una salida imaginativa y ldica, no solo traducida en la aceptacin inapelable o ree-dicin del rol propuesto por el grupo, sino, tambin, mirar el mismo hecho como posibilidad para generar espacios de expansin y relaciones distintas para todo el grupo.

    Una posible interpretacin desde el vrtice de Winnicott sera pensar que el conservar una actitud o postura psicoanaltica, manteniendo una actitud pseu-docomprensiva y tranquila pero con estado de irrita-cin permanente con el grupo, es ms propio de una impostura falsa propia del falso self del terapeuta, el analista obligado a impostar un saber tcnico no apro-piado sino ms bien reproducido.

    Lo anterior es viable de ser pensado como un sis-tema de defensas de un estado afectivo vinculado a lo que Ferenczi denomina hipocresa profesional:

    Hay un intento de simbolizar o ligar afectos que por su intensidad son difciles de traducir y conte-ner sin expulsar, estos tienen efectos en la psique y soma de ambos. Damos asociaciones, y le prome-temos escucharle atentamente y consagrar todo nuestro empeo a su bienestar. En realidad puede ocurrir que algunos rasgos del paciente, nos sean difcilmente soportables, o incluso que sintamos que la sesin aporta una perturbacin desagrada-ble (Ferenczi, 1932, p. 2).

    A posteriori nos dimos cuenta que con la rigidez del sistema teraputico podramos estar contribuyendo a la repeticin de la mente en cautiverio de la relacin asilar. La rigidez de la actitud pseudocomprensiva pue-de ser evidentemente percibida por los pacientes, Fe-renczi advierte: Llegu poco a poco a la conviccin de que los pacientes perciban con mucha finura las tenden-cias, simpatas y antipatas del analista, incluso cuando este era inconsciente de ellas (Ferenczi, 1932, p. 3). La prdida de la espontaneid