(III Congresso Internazionale 'La Sapienza della Croce', ?· Web viewEl mártir cristiano, al morir…

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<p>(III Congresso Internazionale "La Sapienza della Croce", Roma, 9-13 gennaio 1995)</p> <p>(III Congresso Internazionale "La Sapienza della Croce", Roma, 9-13 gennaio 1995)PRIVATE </p> <p>DIMENSION MISIONERA Y FECUNDIDAD APOSTOLICA DEL MISTERIO DE LA CRUZ</p> <p>Juan Esquerda Bifet</p> <p>1. La misin sigue el camino de la cruz</p> <p>Segn la doctrina paulina, el mensaje misionero de la evangelizacin consiste en "predicar a Cristo crucificado" (1Cor 1,23). El proceso de "inculturacin" "contextualizacin" (segn la terminologa actual) consista para San Pablo en "no desvirtuar la cruz de Cristo" (1Cor 1,17).</p> <p>Si un ambiente cultural judaico peda signos, y otro contexto cultural griego peda sabidura, Pablo no poda menos de anunciar al crucificado, con su misma vida de enviado o apstol: "En adelante nadie me moleste, pues llevo sobre mi cuerpo las llagas de Jess" (Gal 6,17). El "poder" para conseguir la conversin de los evangelizados no provena de la lgica humana, sino de la debilidad de la cruz (cfr. 1Cor 1,24).</p> <p>No es otro el contenido del sermn de Pedro el da de Pentecosts. Quien ha resucitado es el mismo que fue crucificado (cfr. Act 2,32-26). La autorevelacin de Dios Amor tiene lugar en la encarnacin y redencin, como proceso de "anonadamiento" y de "exaltacin" (Fil 2,5-11). Desde entonces, la nica imagen vlida de Dios es la de Cristo crucificado por amor. Toda la historia humana con sus "semillas del Verbo" y con su "preparacin evanglica", y toda la revelacin propiamente dicha apunta al Verbo encarnado, crucificado y resucitado.</p> <p>La novedad de la cruz aparece especialmente en la iniciativa divina. No es principalmente el hombre quien busca a Dios, sino que es el mismo Dios quien viene al encuentro del hombre, ms all de la lgica humana. Dios se da a s mismo, ms all de sus dones. Dira San Juan de la Cruz: "ms que el alma a Dios, la busca El a ella" (Cntico 27,8).</p> <p>La misin y la vida del apstol ya slo pueden leerse en clave de cruz. Slo en la cruz se revela Dios Amor. Se trata de compartir su mismo estilo de vida para evangelizar el mundo. Su misterio de encarnacin y redencin es de "anonadamiento" (Fil 2,5-8), como paso para llegar a la resurreccin. Es el "despojamiento total de s, que lleva a Cristo a vivir plenamente la condicin humana y a obedecer hasta el final el designio del Padre. Se trata de un anonadamiento que, no obstante, est impregnado de amor y expresa el amor. La misin recorre este mismo camino y tiene su punto de llegada a los pies de la cruz" (RMi 88; cfr. LG 8-9).</p> <p>Despus de la crucifixin de Jess, Juan invita a "mirar" con ojos de fe el costado abierto del Seor, del que brota sangre y agua, como smbolo de la Iglesia y de sus sacramentos (Jn 19,33-37). A partir de esta mirada contemplativa y vivencial, el apstol se afirma en la ciencia amorosa y fecunda de la cruz: "nosotros predicamos un Cristo crucificado" (1Cor 1,23); "no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y ste crucificado" (1Cor 2,2).</p> <p>La "soledad" de Cristo crucificado es la nota caracterstica del amor de Dios: ha querido experimentar la nada radical del ser humano ante el dolor y la muerte, para abrir el camino hacia las manos y el corazn del Padre. La pobreza evanglica de Cristo indica que, como Dios que es, se da a s mismo del todo y a todos.</p> <p>2. La cruz del misterio pascual</p> <p>El gozo pascual de la cruz aparece en la vida del apstol cuando ste se decide a transformar el sufrimiento en donacin. "El misionero es el hombre de las Bienaventuranzas... Viviendo las Bienaventuranzas, el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que l lo ha acogido. La caracterstica de toda vida misionera autntica es la alegra interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la Buena Nueva ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza" (RMi 91).</p> <p>La cruz del misterio pascual ilumina y transforma la historia. Por esto, el apstol est convencido de que "el que no busca la cruz de Cristo, no busca la gloria de Cristo" (San Juan de la Cruz).</p> <p>Hay una situacin humana peculiar, que se encuentra en todo el proceso de la vida terrena: el dolor, en relacin con la cruz de Cristo. La situacin del dolor no se cie a las circunstancias de enfermedad y de muerte. Hay dolores ms profundos: humillacin, incomprensin, marginacin, soledad, abandono, separacin de seres queridos, fracasos, persecucin, injusticia, ingratitud... A veces, es el aparente silencio y ausencia de Dios. Todos los sacramentos ayudarn al cristiano a transformar el dolor en "cruz", es decir, hacer de la vida la misma oblacin amorosa de Jess. La vida es hermosa porque, an en el dolor, si se transforma en donacin, podemos correr la misma suerte de Cristo. El dolor se convierte en encuentro "esponsal": "podis beber el cliz (la copa de alianza o de bodas) que yo he de beber?" (Mc 10,38).</p> <p>No existe una explicacin satisfactoria sobre el dolor. Pero, en la realidad concreta, el creyente puede encontrar a Cristo que se le hace presente y que le acompaa compartiendo la misma vida. Cristo mismo no dio explicacin terica sobre el tema; pero calific a su pasin como "copa de alianza" (o de bodas) preparada por el Padre (Jn 18,11; Lc 22,20): El cristiano que se habite al encuentro con Cristo en el evangelio, en su eucarista y en los que sufren, aprende fcilmente que el camino del dolor es camino de Pascua, camino de bodas. La invitacin de Jess sigue aconteciendo: "bebed todos de esta copa" (Mt 26,27; cfr. Mc 10,38).</p> <p>El misterio de la encarnacin comienza a "entenderse", a la luz de la fe, cuando se aprende que Cristo comparte nuestro existir, para hacer de cada uno su "complemento" o prolongacin (Col 1,24). A Cristo se le conoce amando (Jn 14,21). Y su amor llega hasta "dar la vida por sus amigos" (Jn 15,13). Para l, "dar la vida" es el misterio de Beln (pobreza), Nazaret (humildad) y Calvario (sufrimiento). Es siempre el misterio de vivir, sufrir y morir amando.</p> <p>En su cuerpo de resucitado, Jess conserva las llagas de su pasin. Por esto, al aparecer a sus discpulos, "les mostr las manos y el costado" (Jn 20,20), "las manos y los pies" (Lc 24,40). Aquellas "apariciones" siguen aconteciendo, de otro modo ms profundo, por medio de los signos y huellas que l ha dejado en su Iglesia y en la vida de cada ser humano. Los sacramentos son los signos eficaces de esta manifestacin de Jess.</p> <p>Los momentos de sufrimiento son momentos privilegiados para mostrar que "la libertad se realiza en el amor, es decir, en el don de uno mismo" (VS 87). Pero esta libertad slo se aprende ante el crucifijo: "Cristo crucificado revela el significado autntico de la libertad, lo vive plenamente en el don total de s y llama a los discpulos a tomar parte en su misma libertad" (VS 85).</p> <p>No existe cristianismo sin cruz. Pero la cruz no es el sufrimiento en s mismo, sino una vida donada que, ordinariamente comporta el sufrimiento. La fe cristiana tiene estas exigencias de moral y de santidad, "para no desvirtuar la cruz de Cristo" (1Cor 1,17). "La Iglesia siente necesidad de recurrir al valor de los sufrimientos humanos para la salvacin del mundo" (SD 27).</p> <p>El misterio pascual, actualizado y celebrado en los sacramentos, se concreta en el misterio de la cruz, como "humillacin" y como "exaltacin" de Cristo (Fil 2,5-11; Jn 12,32). En el sufrimiento, transformado en amor, aparece que "la cruz es como un toque del amor eterno sobre las heridas ms dolorosas de la existencia terrena del hombre" (DM 8).</p> <p>3. Fecundidad espiritual y apostlica de la cruz: fuerza en la debilidad</p> <p>El amor entre Dios y el hombre inicia en el mismo Dios. Es l quien lo lleva a perfeccin. La cruz de Jess indica ese momento ms epifnico y fecundo de su amor. Ante esta epifana de Dios amor, el hombre responde siempre balbuceando. Por esto, la fecundidad espiritual y apostlica se dar en la medida en que el apstol participe en la epifana de la cruz.</p> <p>En la accin apostlica, la cruz es seal de garanta. No ha existido nunca un verdadero apstol que no haya sido crucificado con Cristo. El fracaso momentneo o aparente, los malentendidos y la misma persecucin de los buenos, estn dentro de la lgica evanglica: "si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda l solo; pero si muere, da mucho fruto" (Jn 12,24). Por esto, "la cruz fecunda cuanto toca" (Concepcin Cabrera de Armida).</p> <p>La cruz es el momento privilegiado para hacer explotar las virtualidades escondidas de la misin. Esta es como el granito de trigo que debe caer en la tierra y morir para dar fruto abundante.</p> <p>El proceso de este despertar de las virtualidades de la misin es lento y doloroso. Dios hace experimentar la propia nada, como de "pincelito roto", segn la expresin de Santa Teresa de Lisieux. La fuerza divina acta en la medida en que uno sea "instrumento vivo de Cristo" (PO 12).</p> <p>Este proceso doloroso transforma el aparente silencio y ausencia de Dios en epifana y cercana suya. Resumamos algunos trazos de este proceso doloroso y gozoso de fecundidad apostlica:</p> <p>- Una presencia que parece ausencia, cuando los problemas inmediatos no encuentran solucin. Entonces hay que mostrar, con espritu de fe, que "en Jess crucificado la Iglesia encuentra la respuesta al interrogante que atormenta hoy a tantos hombres" (VS 85).</p> <p>- Una palabra que parece silencio, cuando la enseanza evanglica parece caer en el vaco y el anuncio de las bienaventuranzas se convierte en rechazo. Entonces el rostro doloroso y esperanzador de la Iglesia insiste en "Jesucristo, luz de los pueblos, que ilumina el rostro de la Iglesia, la cual es enviada por l para anunciar el evangelio a toda criatura" (VS 2).</p> <p>- Unos dones de Dios que desaparecen, dejando entrever que Dios se da a s mismo, ms all de sus dones. Entonces el apstol debe llegar "hasta el don total de uno mismo, como hizo Cristo, que en la cruz am a la Iglesia" (VS 89).</p> <p>- Una historia providencial que parece fracaso, cuando la donacin propia parece intil. Entonces el apstol se afirma ms en la fecundidad de la cruz: "La contemplacin de Jess crucificado es la va maestra por la que la Iglesia debe caminar cada da si quiere comprender el pleno significado de la libertad: el don de uno mismo en el servicio a Dios y a los hermanos... De este modo la Iglesia, y cada cristiano en ella, est llamado a participar de la funcin real de Cristo en la cruz (cfr. Jn 12,32)" (VS 87).</p> <p>- Una libertad cristiana acusada de formulismo, cuando el relativismo, sujetivismo y consumismo elaboran leyes a su antojo. Entonces el apstol predica que "Jess es la sntesis viviente y personal de la perfecta libertad en la obediencia total a la voluntad de Dios. Su carne crucificada es la plena revelacin del vnculo indisoluble entre libertad y verdad, as como su resurreccin de la muerte es la exaltacin suprema de la fecundidad y de la fuerza salvfica de una libertad vivida en la verdad" (VS 87). En efecto, "Cristo crucificado revela el significado autntico de la libertad, lo vive plenamente en el don total de s y llama a los discpulos a tomar parte en su misma libertad" (VS 85).</p> <p>- Una maternidad eclesial que parece esterilidad, cuando los esfuerzo, no se pueden contabilizar en estadsticas ni en frutos inmediatos. Entonces el apstol aprende el sentido virginal de la maternidad mariana: "Mara es el ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que estn animados todos aquellos que, en la misin apostlica de la Iglesia, cooperan a la regeneracin de los hombres" (RMi 92; cfr. LG 65).</p> <p>4. Cruz, martirio y misin</p> <p>El martirio nunca estar de moda porque participa del misterio pascual de Jess muerto y resucitado. Los mrtires ordinariamente no son noticia porque participan de la fragilidad de la cruz. "Al trmino del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mrtires... Es un testimonio que no hay que olvidar... En nuestro siglo han vuelto los mrtires, con frecuencia desconocidos, casi milites ignoti de la gran causa de Dios" (Tertio Millennio Adveniente 37).</p> <p>El martirio cristiano no se puede entender si no es en la perspectiva de la cruz. Es el amor a Cristo crucificado el nico sostn del "testigo" de Cristo: "La caridad, segn las exigencias del radicalismo evanglico, puede llevar al creyente al testimonio supremo del martirio"... (VS 90). Por esto, "el martirio es un signo preclaro de la santidad de la Iglesia: la fidelidad a la ley santa de Dios, atestiguada con la muerte es anuncio solemne y compromiso misionero usque ad sanguinem para que el esplendor de la verdad moral no sea ofuscado en las costumbres y en la mentalidad de las personas y de la sociedad... Si el martirio es el testimonio culminante de la verdad moral, al que relativamente pocos son llamados, existe no obstante un testimonio de coherencia que todos los cristianos deben estar dispuestos a dar cada da, incluso a costa de sufrimientos y de grandes sacrificios" (VS 93).</p> <p>El "mrtir", testigo de Cristo, demuestra con claridad que la cruz del misterio pascual es fuente de gozo en la entrega total. "En Jess crucificado la Iglesia encuentra la respuesta al interrogante que atormenta hoy a tantos hombres... nosotros predicamos a Jesucristo crucificado ... La Iglesia cada da mira con incansable amor a Cristo, plenamente consciente de que slo en l est la respuesta verdadera y definitiva al problema moral" (VS 85). "La contemplacin de Jess crucificado es la va maestra por la que la Iglesia debe caminar cada da si quiere comprender el pleno significado de la libertad: el don de uno mismo en el servicio a Dios y a los hermanos" (VS 87).</p> <p>El misterio pascual de Cristo es la mxima expresin de su amor: "nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos" (Jn 15,13). As "Cristo ha amado a la Iglesia y se ha ofrecido en sacrificio por ella" (Ef 5,25). El martirio participa en este amor oblativo de Cristo por su Iglesia y por toda la humanidad. La Eucarista, donde se hace presente el misterio pascual, sigue siendo la fuente generadora de misioneros, vrgenes y mrtires, "pan partido" para todos.</p> <p>La cruz y el martirio cristiano perderan toda su fuerza liberadora y evangelizadora, si se instrumentalizaran al servicio del poder o de las ideologas y de los grupos humanos. El mrtir cristiano, al morir por la verdad que es Cristo, da la vida por todos como Cristo: amando y perdonando.</p> <p>Lo importante es la actitud martirial permanente: por el servicio desinteresado, por la convivencia de donacin mutua, por el desgaste continuo de una vida donada, por el mismo riesgo de lugares inseguros, etc. "Conviene que no nos falte cruz, como a nuestro Amado, hasta la muerte de amor" (San Juan de la Cruz).</p> <p>5. Figuras misioneras con el signo de la cruz</p> <p>Es interesante notar cmo las grandes figuras misioneras han sabido compartir los sufrimientos de los hermanos, a partir de una experiencia peculiar de la cruz. Por el hecho de haber encontrado a Cristo en el propio camino de sufrimiento, el aps...</p>