gripe mortal

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Gripe Mortal ya está a la venta en las principales librerías y supermercados a S/.39.

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  • Gripe mo r tal

    Pablo Caralps

    LIBRO SONRISA TRAICION Sergio 7/5/09 11:50 Pgina 5

  • Ninguna parte de esta publicacin, incluido el diseo de la cubierta, puede

    ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por

    ningn medio, ya sea electrnico, qumico, ptico, de grabacin

    o de fotocopia, sin permiso previo del editor. Todos los derechos reservados.

    2009, Pablo Caralps

    c/o Guillermo Schavelzon & Asoc., Agencia Literaria

    info@schavelzon.com

    2009, Ediciones Martnez Roca, S.A.

    Paseo de Recoletos, 4. 28001 Madrid

    www.mrediciones.com

    Primera edicin: junio de 2009

    ISBN: 978-84-270-3571-3

    Depsito legal: M. 20.977-2009

    Preimpresin: J.A. Diseo Editorial, S.L.

    Impresin: Artes Grficas Huertas, S.A.

    Impreso en Espaa-Printed in Spain

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  • A Loles

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  • La sonrisa de la traicin.

    Quienes ignoran la de la traicinno saben nada de la voluptuosidad.

    JEAN GENET, Diario del ladrn

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  • Dicen que la realidad supera la ficcin, y la reciente epidemia degripe, o la anterior de gripe aviar, o el mal de la vaca loca, nosrecuerdan que vivimos amenazados por cuestiones que ahora sonsiempre globales, como la crisis econmica, el terrorismo, y otrasvarias desgracias de tal magnitud, que nos desconciertan y cuyacomprensin se nos escapa. No hay ao en que alguna enormeamenaza no nos quite el sueo a unos, y la vida a otros.

    Estamos ya tan habituados a sentirnos manipulados por lainformacin, a sospechar de casi todo, que ms de una vez, anteestos sucesos, nos preguntamos quin se estar beneficiando conalguna guerra, con la subida o cada brusca del precio del petr-leo, o con el salvataje internacional de los bancos con cargo a lacontribucin de los ciudadanos.

    Cuando escrib esta novela no haba ninguna epidemia. Loque quise hacer fue contar una historia que reflejara algunas deesas preocupaciones que los ciudadanos de a pie tenemos tan amenudo, al leer los diarios y ver las noticias de la televisin.

    Termin el relato hace dos aos, y su publicacin estaba pro-gramada para ms adelante, una fecha algo incierta en un ao

    nota del autor

    la realidad ha invadidola ficcin

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  • de crisis. La virulencia de la epidemia de gripe que asola al mun-do mientras escribo esta nota, y la impactante similitud entre larealidad de los hechos y la fantasa de mi novela, hizo que mieditora y mi agente se confabularan para publicarla de inmedia-to. No dir que la publicacin no me alegra, a los escritores msa los que comenzamos nos gusta publicar, pero no puedo de-jar de lamentar que una desgracia tan tremenda sea una de lasrazones de que mi novela llegue ahora a manos de los lectores.

    En el fondo, confo en que en el tiempo que transcurra des-de que escribo esta nota hasta que se publique el libro, la epide-mia de gripe haya pasado al olvido. En todo caso, prefiero quemi novela tenga vigencia por su poco o mucho valor literario. Lahistoria que aqu cuento es sin duda una lectura de la realidad yde los valores que predominan en nuestro tiempo, que slo me-recen muertos en la ficcin.

    PABLO CARALPSBarcelona, abril de 2009

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  • Era casi medioda cuando Lucas abri los ojos. Hubiera seguidodurmiendo, pero el rayo de sol filtrado a travs de la persiana lehaba dado de lleno en la cara, como una descarga. Reconocide inmediato el mareo con que sola pagar sus noches de diver-sin, imprescindibles tras terminar uno de sus encargos y a la es-pera del prximo, y lo acept como algo soportable. Al fin y alcabo no le quedaba ms remedio. Saba que lo mejor era levan-tarse y activarse enseguida; sin embargo, no lo hizo.

    Al intenso y continuo dolor de cabeza, se sumaron varias mo-lestias en la zona del estmago. La resaca continuaba su curso.Todo su cuerpo estaba dolorido, not un fino ardor recorrindo-le del hombro izquierdo al centro de la espalda. Se incorpor apo-yndose en ese codo y, de manera instintiva, desliz los dedos desu mano derecha sobre la lnea dolorida.

    A pesar de que la sangre ya estaba seca, la marca era bastantems honda que el tpico rasguo que dejaba una noche habitual depasin. Procur suavizar los dolores que senta recordando lo que ha-ba ocurrido unas horas antes, el recuerdo era muy placentero. Habadisfrutado mucho. Satisfecho, mir a la mujer que dorma a su lado.

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  • Admir la lnea perfecta que el perfil de su cuerpo trazaba,el pelo liso cubra su nuca dejando entrever parte de su hombroderecho, tapado parcialmente tambin por la almohada, se delei-t en las perfectas curvas que su cadera dibujaba. La quietud desu cuerpo era relajante, slo rota por el ligero movimiento que surespiracin le provocaba. No poda verle la cara pero no era ne-cesario, la tena grabada en su mente.

    Haba disfrutado de ella como pocas veces lo haba hecho deuna mujer. Y ella pareca haber quedado exhausta al estar sumi-da en un profundo sueo. Por aquella cama tan ancha pasabanmuchas mujeres, pero ella pareca haberlas desplazado a todas.Era la primera vez que Lucas no deseaba quedarse solo al da si-guiente. Dej que siguiera durmiendo.

    Se levant con ms cuidado del habitual, controlando cadauno de sus movimientos a pesar del mareo, no quera despertar-la. Se acerc a la persiana y con sigilo profesional la cerr paraapagar el rayo de sol que poco a poco avanzaba hacia la cabezade su husped. Luego sali de la habitacin y se meti en la du-cha, preguntndose cmo sera ella por la maana, si tendran lamisma complicidad que haban mantenido durante la velada.

    La habitacin de Lucas era grande, proporcionada a la camasituada en el centro y en torno a la cual se mezclaban de mane-ra desordenada las ropas de ambos denotando la pasin vivida.Era una imagen repetida ya que habitualmente regresaba acom-paado de sus noches de evasin, como l las llamaba. De todosmodos sus acompaantes no frecuentaban el resto de la casa, nor-malmente slo conocan la habitacin y el bao.

    De hecho, aunque el piso era acogedor y agradable, no haba elmenor toque femenino en l, ninguna seal que pudiera dejar lams mnima duda. Un mobiliario clsicamente moderno, bien ar-

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  • monizado aunque poco personal, luces colocadas con ms estra-tegia que gusto, previendo las distintas situaciones que puedendarse a lo largo del da o de la noche, y ante todo espacio, aire.Aunque Lucas viva all desde haca aos, su hogar, por llamarlode algn modo, no dejaba de tener el fro aspecto de una suite delujo de algn gran hotel, dando una sensacin de vaco, como sisu propietario no acabara de ocuparlo del todo.

    Tampoco mantena relacin con sus vecinos, a los que mur-muraba los buenos das y las buenas noches, evitando tener con-versaciones mayores. De todos modos a ellos les iba bien esta con-ducta: Lucas viva en un tico de un atractivo edificio de la ave-nida Diagonal de Barcelona, habitado por gente tan pagada de smisma como obsesionada por su privacidad. Adems era un tipomuy comn en aquel barrio: un treintaero con altos ingresos alque le gustaba disfrutar de la vida, del sexo, de comer, de beber,as como de cualquier cosa que aportase algo a su satisfaccin per-sonal. Llevaba el pelo bien cortado, vesta ropa de marca (RalphLauren, Armani, Abercrombie), conduca un coche deportivo.Todo ello haca que gustase mucho a las mujeres. El xito forma-ba parte de su vida y se haba acostumbrado a l.

    Bajo la ducha, mientras el agua se deslizaba por su cuerpo,su mente recordaba la noche anterior. Tena esa costumbre, legustaba hacerlo para ser ms consciente de lo sucedido. Esta vezcada recuerdo era ms placentero que el anterior. Desde la pri-mera impresin que en el lounge del Hotel Omm haba desper-tado su instinto de cazador hasta la imagen an reciente de la be-lleza dormida entre las sbanas de su cama.

    No haba dejado de mirarla desde que su aparicin eclipsaraa todas las dems mujeres, en quienes luego se fijaba distrado,de vez en cuando, para disimular un poco. Finalmente entabla-ron conversacin y enseguida advirti que tambin ella se habafijado en l, que estaban de acuerdo ya antes de haber cruzado

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  • siquiera una palabra. Slo por puro juego respetaron las forma-lidades de la seduccin, compartiendo unas cuantas copas antesde irse juntos un par de horas ms tarde. Estaban excitados, tan-to por el alcohol como por las expectativas de compartir algoms que unas copas.

    Pronto el coche de Lucas ruga por las calles de Barcelona.Su pie derecho oprima cada vez con mayor insistencia el pedaldel acelerador. Pero ella nunca mostr ni fingi temor, ni le piditampoco que condujera ms despacio, como era habitual que ocu-rriera. Ni siquiera le dirigi la palabra, clavando su mirada en eltrfico mientras dejaba que slo la msica del potente aparatoreproductor del vehculo rompiera el silencio creciente entre ellos.Fue un preludio de lo que iba a ocurrir.

    Subieron callados al piso, serios, dejando atrs las risas y son-risas del Hotel Omm. Lucas, sin mediar palabra, sin ofrecerle unacopa ni poner msica ni encender siquiera las luces, bastndosecon la que entraba de las farolas de la calle, le quit el abrigo deencima de los hombros y prosigui lentamente con el resto de suropa, fascinado por la docilidad que ella le mostraba mientras sede