gibran khalil gibran el profeta

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  • 1. Khalil GibrnEL PROFETA

2. KHALIL GIBRNEL PROFETA Editado pore-libro.net para su seccin Libros gratis. www.e-libro.net 3. ndice generalEL AMOR ........................................................................ 9EL MATRIMONIO ....................................................... 12LOS NIOS ................................................................... 14EL DAR .......................................................................... 16EL COMER Y EL BEBER ........................................... 19EL TRABAJO ................................................................ 21LA ALEGRA Y EL DOLOR ....................................... 24LAS CASAS ................................................................... 26EL VESTIR .................................................................... 29EL COMPRAR Y EL VENDER ................................... 31EL CRIMEN Y EL CASTIGO ...................................... 33LAS LEYES ................................................................... 37LA LIBERTAD .............................................................. 39LA RAZN Y LA PASIN ........................................... 41EL DOLOR .................................................................... 43EL CONOCIMIENTO .................................................. 45EL ENSEAR ............................................................... 47LA AMISTAD ................................................................ 49EL HABLAR .................................................................. 51EL TIEMPO................................................................... 53LO BUENO Y LO MALO ............................................. 55LA ORACIN ................................................................ 57EL PLACER .................................................................. 59LA BELLEZA ................................................................ 62LA RELIGIN .............................................................. 64LA MUERTE ................................................................. 66LA PARTIDA ................................................................. 68 4. Almustaf, el elegido y bienamado, el que era unamanecer en su propio da, haba esperado doce aos enla ciudad de Orfalese la vuelta del barco que deba de-volverlo a su isla natal.A los doce aos, en el sptimo da de Yeleol, el mesde las cosechas, subi a la colina, ms all de los murosde la ciudad, y contempl l mar. Y vio su barco llegandocon la bruma.Se abrieron, entonces, de par en par las puertas desu corazn y su alegra vol sobre el ocano. Cerr losojos y or en los silencios de su alma.Sin embargo, al descender de la colina, cay sobre luna profunda tristeza, y pens as, en su corazn.Cmo podra partir en paz y sin pena? No, no abando-nar esta ciudad sin una herida en el alma.Largos fueron los das de dolor que pas entre susmuros y largas fueron las noches de soledad y, quinpuede separarse sin pena de su soledad y su dolor?Demasiados fragmentos de mi espritu he esparcidopor estas calles y son muchos los hijos de mi anhelo quemarchan desnudos entre las colinas. No puedo abando-narlos sin afliccin y sin pena.No es una tnica la que me quito hoy, sino mi propiapiel, que desgarro con mis propias manos. 4 5. Y no es un pensamiento el que dejo, sino un corazn,endulzado por el hambre y la sed.Pero, no puedo detenerme ms.El mar, que llama todas las cosas a su seno, me lla-ma y debo embarcarme.Porque el quedarse, aunque las horas ardan en lanoche, es congelarse y cristalizarse y ser ceido por unmolde. Deseara llevar conmigo todo lo de aqu, pero,cmo lo har?Una voz no puede llevarse la lengua y los labios quele dieron alas. Sola debe buscar el ter.Y sola, sin su nido, volar el guila cruzando el sol.Entonces, cuando lleg al pie de la colina, mir al marotra vez y vio a su barco acercndose al puerto y, sobrela proa, los marineros, los hombres de su propia tierra.Y su alma los llam, diciendo:Hijos de mi anciana madre, jinetes de las mareas;cuntas veces habis surcado mis sueos! Y ahora lle-gis en mi vigilia, que es mi sueo ms profundo.Estoy listo a partir y mis ansias, con las velas des-plegadas, esperan el viento.Respirar otra vez ms este aire calmo, contempla-r otra vez tan slo hacia atrs, amorosamente.Y luego estar con vosotros, marino entre marinos.Y t, inmenso mar, madre sin sueo.T que eres la paz y la libertad para el ro y el arro-yo. Permite un rodeo ms a esta corriente, un murmulloms a esta caada.Y luego ir hacia ti, como gota sin lmites a un oca-no sin lmites.Y, caminando, vio a lo lejos cmo hombres abandona-ban sus campos y sus vias y se encaminaban apresura-damente hacia las puertas de la ciudad.5 6. Y oy sus voces llamando su nombre y gritando delugar a lugar, contndose el uno al otro de la llegada desu barco. Y se dijo a s mismo:Ser el da de la partida el da del encuentro? Yser mi crepsculo, realmente, mi amanecer?Y, qu dar a aquel que dej su arado en la mitad delsurco, o a aquel que ha detenido la rueda de su lagar?Se convertir mi corazn en un rbol cargado defrutos que yo recoja para entregrselos?Fluirn mis deseos como una fuente para llenar suscopas?Ser un arpa bajo los dedos del Poderoso o una flau-ta a travs de la cual pase su aliento?Buscador de silencios soy qu tesoros he hallado enellos que pueda ofrecer confiadamente?Si es ste mi da de cosecha en qu campos sembrla semilla y en qu estaciones, sin memoria?Si sta es, en verdad, la hora en que levante mi lm-para, no es mi llama la que arder en ella.Oscura y vaca levantar mi lmpara.Y el guardin de la noche la llenar de aceite y laencender.En palabras deca estas cosas. Pero mucho quedabasin decir en su corazn. Porque l no poda expresar, sums profundo secreto.Y, cuando entr en la ciudad, toda la gente vino a l,llamndolo a voces.Y los viejos se adelantaron y dijeron:No nos dejes.Has sido un medioda en nuestros crepsculo y tujuventud nos ha dado motivos para soar.No eres un extrao entre nosotros; no eres un hus-ped, sino nuestro hijo bienamado.6 7. Que no sufran an nuestros ojos el hambre de surostro.Y los sacerdotes y las sacerdotisas le dijeron:No dejes que las olas del mar nos separen ahora, nique los aos que has pasado aqu se conviertan en unrecuerdo. Has caminado como un espritu entre noso-tros y tu sombra ha sido una luz sobre nuestros rostros.Te hemos amado mucho. Nuestro amor no tuvo pala-bras y con velos ha estado cubierto.Pero ahora clama en alta voz por ti y ante ti se des-cubre. Siempre ha sido verdad que el amor no conoce suhondura hasta la hora de la separacin.Y vinieron otros tambin a suplicarle. Pero l no lesrespondi. Inclin la cabeza y aquellos que estaban a sulado vieron cmo las lgrimas caan sobre su pecho.l y la gente se dirigieron, entonces, hacia la granplaza ante el templo.Y sali del santuario una mujer llamada Almitra.Era una profetisa.Y l la mir con enorme ternura, porque fue la pri-mera que lo busc y crey en l cuando tan slo habaestado un da en la ciudad.Y ella lo salud, diciendo:Profeta de Dios, buscador de lo supremo; largamen-te has escudriado las distancias buscando tu barco.Y ahora tu barco ha llegado y debes irte.Profundo es tu anhelo por la tierra de tus recuerdosy por el lugar de tus mayores deseos y nuestro amor note atar, ni nuestras necesidades detendrn tu paso.Pero s te pedimos que antes de que nos dejes, noshables y nos des tu verdad.Y nosotros la daremos a nuestros hijos y a los hijosde nuestros hijos, y as no perecer. 7 8. En tu soledad has velado durante nuestros das y entu vigilia has sido el llanto y la risa de nuestro sueo.Descbrenos ahora ante nosotros mismos y dinos todolo que existe entre el nacimiento y la muerte, como teha sido mostrado.Y l respondi:Pueblo de Orfalese de qu puedo yo hablar sino delo que an ahora se agita en vuestras almas? 8 9. EL AMORDijo Almitra: Hblanos del Amor.Y l levant la cabeza, mir a la gente y una quietuddescendi sobre todos. Entonces, dijo con gran voz:Cuando el amor os llame, seguidlo.Y cuando su camino sea duro y difcil.Y cuando sus alas os envuelvan, entregaos. Aunquela espada entre ellas escondida os hiriera.Y cuando os hable, creed en l. Aunque su voz des-troce vuestros sueos, tal cmo el viento norte devastalos jardines.Porque, as como el amor os corona, as os crucifica.As como os acrece, as os poda.As como asciende a lo ms alto y acaricia vuestrasms tiernas ramas, que se estremecen bajo el sol, asdescender hasta vuestras races y las sacudir en unabrazo con la tierra.Como trigo en gavillas l os une a vosotros mismos.Os desgarra para desnudaros.Os cierne, para libraros de vuestras coberturas.Os pulveriza hasta volveros blancos. 9 10. Os amasa, hasta que estis flexibles y dciles.Y os asigna luego a su fuego sagrado, para que po-dis convertiros en sagrado pan para la fiesta sagradade Dios.Todo esto har el amor en vosotros para que podisconocer los secretos de vuestro corazn y convertiros,por ese conocimiento, en un fragmento del corazn dela Vida.Pero si, en vuestro miedo, buscareis solamente lapaz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubrisvuestra desnudez y os alejis de sus umbrales.Hacia un mundo sin primaveras donde reiris, perono con toda vuestra risa, y lloraris, pero no con todasvuestras lgrimas.El amor no da nada ms a s mismo y no toma nadams que de s mismo.El amor no posee ni es posedo.Porque el amor es suficiente para el amor.Cuando amis no debis decir: Dios est en mi co-razn, sino ms bien: Yo estoy en el corazn de Dios.Y pensad que no podis dirigir el curso del amorporque l si os encuentra dignos, dirigir vuestro curso.El amor no tiene otro deseo que el de realizarse.Pero, si amis y debe la necesidad tener deseos, quevuestros deseos sean stos:Fundirse y ser como un arroyo que canta su melodaa la noche.Saber del dolor de la demasiada ternura.Ser herido por nuestro propio conocimiento delamor. Y sangrar voluntaria y alegremente.Despertarse al amanecer con un alado corazn y dargracias por otro da de amor.D