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COMENTARIO A LOS EVANGELIOS J.N. Darby

Author: juan-jacobo-rosseau

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LOS EVANGELIOS

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  • 1. COMENTARIO ALOSEVANGELIOS J.N.Darby
  • 2. INDICEMateo 5Marcos 170Lucas 227Juan 346 3
  • 3. MATEO Introduccin Consideremos ahora el evangelio segn Mateo. Esteevangelio nos presenta a Cristo bajo el carcter de Hijo deDavid y de Abraham, es decir, en relacin con las prome-sas hechas a Israel, pero le presenta adems como Ema-nuel, Jehov el Salvador, porque tal era el Cristo. Es lquien, si hubiese sido recibido, habra cumplido las prome-sasy lo har en un futuroa favor de este amado pue-blo. Este evangelio es, de hecho, la historia de Su rechazopor el pueblo, y consecuentemente la de la condenacin delpueblo mismo, hasta donde alcanzaba su responsabili-dadpuesto que los designios de Dios no pueden fallaryla sustitucin por aquello que Dios iba a introducir deacuerdo a Su propsito. En proporcin a cmo se desarrolla el carcter del Rey ydel reino, y cmo suscita la atencin de los guas del pueblo,stos se le oponen, y se privan a ellos mismos as como alpueblo que los sigue de todas las bendiciones relacionadascon la presencia del Mesas. El Seor les declara las conse-cuencias de ello, y muestra a Sus discpulos la posicin delreino que se establecer en la tierra despus de Su rechazo,y tambin las glorias que resultaran para l y para Supueblo junto a l. Y en Su persona, y en lo que se refiere aSu obra, la fundacin de la Asamblea es tambin revelada,la iglesia como erigida por l mismo. En una palabra, comoresultado de Su rechazo por Israel, primero se revela elreino tal como existe ahora (cap. 13), luego la iglesia(cap. 16), y luego el reino en la gloria (cap. 17). 5
  • 4. Mateo 1 Finalmente, despus de Su resurreccin, una nueva co-misin dirigida a todas las naciones es dada a los apstolesenviados por Jess como el resucitado1. Captulo 1 Siendo el objeto del Espritu de Dios en este evangeliopresentar a Jehov consumando las promesas hechas a Is-rael, y las profecas que se refieren al Mesasy nadiepuede dejar de verse impresionado con el nmero de refe-rencias a su cumplimientocomienza con la genealogadel Seor, empezando desde David y Abraham, los dos lina-jes de los que brot la genealoga mesinica, y a los cualeshaban sido hechas las promesas. La genealoga se divideen tres perodos conforme a tres grandes divisiones de lahistoria del pueblo: desde Abraham al establecimiento dela realeza en la persona de David, desde el establecimientode la realeza hasta la cautividad, y desde la cautividadhasta Jess. Podemos observar que el Espritu Santo menciona enesta genealoga los graves pecados cometidos por las perso-nas cuyos nombres se dan, magnificando la soberana gra-cia de Dios que pudo dar un Salvador en relacin conpecados tales como los de Jud, con una pobre moabita in-troducida en Su pueblo, y con crmenes como los de David. Es la genealoga legal la que se da aqu, es decir, la genea-loga de Jos, de quien Cristo era el heredero legtimo se-gn la ley juda. El evangelista ha omitido tres reyes de lafamilia de Acab, para tener catorce generaciones en cadaperodo. Tambin se omite a Joacaz y a Joacim. El objeto dela genealoga no queda afectado en absoluto por esta cir-cunstancia. El propsito era darla como reconocida por losjudos, y todos los reyes eran bien conocidos por todos.1. Esta comisin fue dada desde la resurreccin en Galilea; no desde el cielo ola gloria, sino desde cerca de Damasco. 6
  • 5. Mateo 1 Mateo relata brevemente los hechos concernientes al na-cimiento de Jess, hechos que son de infinita y eterna im-portancia no solo para los judos, para quienes eran deinters inmediato, sino tambin para nosotros, hechos enlos cuales Dios se ha dignado unir Su propia gloria connuestros intereses, con el hombre. Mara se hallaba desposada con Jos. Su descendenciaera en consecuencia la de Jos legalmente, en lo que se re-fiere a los derechos de herencia; pero el hijo que llevaba ensu interior era de origen divino, concebido por el poder delEspritu Santo. Un ngel de Jehov es enviado como ins-trumento de la providencia, para satisfacer la tierna con-ciencia y el corazn recto de Jos, comunicndole que aque-llo que Mara haba concebido era del Espritu Santo. Podemos sealar aqu que el ngel se dirige a Jos enesta ocasin como a Hijo de David. El Espritu Santo di-rige as nuestra atencin a la relacin de Jospadre su-puesto de Jesscon David, siendo Mara llamada su es-posa. El ngel da al mismo tiempo el nombre de Jessesdecir, Jehov el Salvadoral nio que haba de nacer.Aplica este nombre a la liberacin de Israel de la condicinen la que el pecado les haba sumido1. Todas estas circuns-tancias sucedieron para consumar lo que Jehov haba di-cho por boca de Su profeta: He aqu que la virgen conce-bir y dar a luz un hijo, y llamarn su nombre Emanuel,que traducido es: Dios con nosotros. Aqu est, pues, lo que el Espritu de Dios nos presentaen estos pocos versculos: a Jess, el Hijo de David, conce-bido por el poder del Espritu Santo; Jehov, el Salvador,que libera a Israel de sus pecados; Dios con ellos, el quecumpli aquellas maravillosas profecas que, con ms o me-nos claridad, dibujaban el perfil que solamente el Seor Je-ss poda llenar.1. Est escrito: Porque l salvar a Su pueblo, demostrando claramente elttulo de Jehov contenido en la palabra Jess o Jehoshua. Esto es porque Is-rael era el pueblo del Seor, es decir, de Jehov. 7
  • 6. Mateo 2 Jos, hombre justo, sencillo de corazn y obediente, dis-cierne sin dificultad la revelacin del Seor y la obedece. Estos ttulos marcan el carcter de este evangelio, es de-cir, la manera en que Cristo es presentado en l Y qu ma-ravillosa es la revelacin de Aquel por quien la palabra ylas promesas de Jehov haban de cumplirse! Qu funda-mento de verdad para la comprensin de lo que esta glo-riosa y misteriosa Persona era, de quien el Antiguo Testa-mento haba dicho suficiente para despertar los deseos yconfundir las mentes del pueblo al que l fue dado! Nacido de mujer, nacido bajo la ley, heredero de todos losderechos de David segn la carne, tambin el Hijo de Dios,Jehov el Salvador, Dios con Su pueblo, quin podra com-prender o sondear el misterio de Su naturaleza, en quientodas estas cosas se combinaban? Su vida, segn veremos,expone la obediencia del hombre perfecto, las perfeccionesy el poder de Dios. Los ttulos que acabamos de nombrar, y que leemos enlos versculos 20-23 de este primer captulo, estn relacio-nados con Su gloria en medio de Israel, es decir, el here-dero de David, Jess el Salvador de Su pueblo, y Emanuel.Su nacimiento por virtud del Espritu Santo cumpli elSalmo 27 en cuanto a l como hombre nacido en la tierra.El nombre de Jess y Su concepcin por el poder del Esp-ritu Santo estaban sin duda ms all de esta relacin, peroestn ligados tambin de un modo especial con Su posicinen Israel1. Captulo 2 As nacido, as caracterizado por el ngel y cumpliendolas profecas que anunciaban la presencia de Emanuel, esformalmente reconocido como Rey de los judos por los gen-1. La relacin ampliada se da con ms detalle en el Evangelio segn Lucas,donde se traza su geneologa hasta Adn; pero aqu es especialmente apro-piado el ttulo de Hijo del Hombre. 8
  • 7. Mateo 2tiles, que son guiados por la voluntad de Dios actuando enlos corazones de los magos1. Hallamos al Seor, Emanuel,el Hijo de David, Jehov el Salvador, el Hijo de Dios, nacidoRey de los Judos, reconocido por los principales de los gen-tiles. ste es el testimonio de Dios en el evangelio de Ma-teo, y el carcter en que Jess es ah presentado. Despus,en la presencia de Jess as revelado, vemos a los lderes delos judos en relacin con un rey extranjero, conociendo sinembargo, a modo de sistema, las revelaciones de Dios en Supalabra, pero totalmente indiferentes a Aquel que era suobjeto; y ese rey, enemigo acrrimo del Seor, del verdaderoRey y Mesas, procuraba darle muerte. La providencia de Dios cuida del nio nacido a Israel,empleando medios que ponen plenamente en evidencia laresponsabilidad de la nacin, y que al mismo tiempo cum-plen todas las intenciones de Dios con respecto a estenico remanente verdadero de Israel, esta nica fuente de1. La estrella no gua a los magos desde su propio pas hasta Judea. Le placia Dios presentar este testimonio a Herodes y a los lderes del pueblo. Ha-biendo sido dirigidos por la palabrael significado de la cual fue declaradapor los principales sacerdotes y escribas, y segn la cual Herodes les envi aBelnellos vuelven a ver la estrella que vieron en su propio pas, la cual losconduce a la casa. Su visita tambin tuvo lugar un tiempo despus del naci-miento de Jess. No hay duda de que vieron la estrella por primera vez en eltiempo de Su nacimiento. Herodes hace sus clculos segn el momento de laaparicin de la estrella, el cual conoci por medio de los magos. El viaje de losmagos tuvo que durar un tiempo. El nacimiento de Jess se relata en elcaptulo 1. En Mateo 2:1 tendra que leerse: Una vez nacido Jess..., entiempo pasado. Tambin remarcara aqu que las profecas del AntiguoTestamento se citan de tres maneras que no se deben confundir: para que secumpliese... con una cita concreta que sigue, lo mismo pero sin cita concreta,y se cumpli. El primer caso es el propsito de la profeca; un ejemplo esMateo 1:22-23. El segundo caso es el cumplimiento contenido en el alcance dela profeca, pero no el nico y completo pensamiento del Espritu Santo; porejemplo en Mateo 2:23. En el tercero es simplemente un hecho quecorresponde con lo que se ha citado, que en su manera de citar se aplica alcaso, sin ser su propsito concluyente. Un caso como este se encuentra enMateo 2:17. No me consta que las dos primeras se distingan en nuestratraduccin (inglesa). Confo en poder sealar concretamente la diferenciadonde el significado lo requiera. 9
  • 8. Mateo 2esperanza para el pueblo. Porque, fuera de l, todo sevendra abajo y sufrira las consecuencias de estar en re-lacin con el pueblo. Descendido a Egipto para evitar el cruel designio de He-rodes de quitarle la vida, deviene el verdadero Vstago; rei-nicia, moralmente, la historia de Israel en su propiaPersona, as como, en un sentido ms amplio, la historiadel hombre como el segundo Adn en relacin con Dios; soloque para ello debe tener lugar Su muerte, por todos, sinduda, para bendicin. Pero l era el Hijo de Dios y Mesas,luego Hijo de David. Para tomar su puesto como Hijo delHombre deba primero morir (vase Juan 12). Es no sola-mente la profeca de Oseas De Egipto llam a mi Hijo queas se aplica a este verdadero comienzo de Israel en gra-ciacomo el amado de Diosy de acuerdo con Sus desig-nioshabiendo el pueblo fracasado enteramente, de modoque sin esto, Dios debiera haberlos cortado. Hemos visto enIsaas a Israel el siervo dando lugar a Cristo el Siervo, querene al remanente fiellos hijos que Dios le ha dadomientras esconde su rostro de la casa de Jacobque vienea ser el ncleo de la nueva nacin de Israel segn Dios. Elcaptulo 49 de ese profeta muestra la transicin de Israel aCristo de manera notable. Adems, sta es la base de todala historia de Israel, contemplado como habiendo fracasadobajo la ley, y siendo restablecido en gracia. Cristo es moral-mente el nuevo linaje del que ellos brotan (compreseIsaas 49:3,5)1. Habiendo muerto Herodes, Dios lo da a conocer a Jos enun sueo, mandndole que regrese con el nio y su madrea la tierra de Israel. Debemos resaltar que la tierra es aqumencionada por el nombre que recuerda a los privilegiosotorgados por Dios. No es Judea ni Galilea, es la tierra de1. En el versculo 5, Cristo asume este ttulo de Siervo. La misma sustitucinde Cristo por Israel se encuentra en Juan 15. Israel era la vid trada deEgipto. Cristo es la vid verdadera. 10
  • 9. Mateo 2Israel. Pero, puede el Hijo de David, al entrar en ella, iral trono de sus padres? No, debe tomar el lugar de un ex-tranjero entre los menospreciados de Su pueblo. Dirigidopor Dios mediante un sueo, Jos le lleva a Galilea, cuyoshabitantes eran objeto de soberano desprecio por parte delos judos, como no estando en relacin habitual con Jeru-saln y Judea, la tierra de David, de los reyes reconocidospor Dios, y del templo, y donde an el dialecto de la lenguacomn a ambos evidenciaba su separacin prctica de laparte de la nacin que, por el favor de Dios, haba retornadoa Judea desde Babilonia. En la misma Galilea, Jos se establece en un lugar cuyomero nombre era una tacha para quien habitara all, y unamancha sobre su reputacin. Tal era la posicin del Hijo de Dios cuando vino a estemundo, y tal la relacin del Hijo de David con Su pueblocuando, por gracia y segn los designios de Dios, estuvo en-tre ellos. Por una parte, Emanuel, Jehov su Salvador; porotra, el Hijo de David; pero, al tomar Su lugar entre Su pue-blo, se asociaba con los ms pobres y menospreciados delrebao, se refugiaba en Galilea de la iniquidad de un falsorey, quien, mediante la ayuda de los gentiles de la cuartamonarqua (Roma), reinaba sobre Judea, y con quien los sa-cerdotes y gobernantes del pueblo se hallaban relaciona-dos. Estos ltimos, infieles a Dios e insatisfechos con loshombres, detestaban orgullosamente un yugo que sus pe-cados haban trado sobre ellos, y que no se atrevan a sa-cudirse de encima, si bien no eran suficientemente sensi-bles a sus pecados como para someterse a l como al justocastigo de Dios. As es como el Mesas nos es presentadopor este evangelista, o ms bien por el Espritu Santo, enrelacin con Israel. 11
  • 10. Mateo 3 Captulo 3 Comenzamos ahora en este captulo Su verdadera histo-ria. Juan el Bautista viene para preparar el camino de Je-hov delante de l, segn la profeca hecha a Isaas,anunciando que el reino de los cielos est cerca y susci-tando el arrepentimiento del pueblo. Con motivo de estastres cosas, el ministerio de Juan a Israel caracteriza a esteevangelio. En primer lugar, Jehov el Seor mismo iba avenir. El Espritu Santo omite las palabras para nuestroDios al final del versculo, porque Jess viene como hom-bre en humillacin, aunque al mismo tiempo reconocidocomo Jehov, y tal como era considerado Israel no podanaspirar a decir nuestro Dios. En segundo lugar, el reinode los cielos1 estaba cerca (esta nueva dispensacin quesustituira aquella que, propiamente hablando, pertenecaal Sina, donde el Seor haba hablado en la tierra). En estanueva dispensacinlos cielos deberan reinar, siendo lafuente y el carcter de la autoridad de Dios en el Cristo. Entercer lugar, el pueblo, al contrario de verse bendecido ensu actual condicin, era llamado al arrepentimiento debidoa que este reino se acercaba. Juan se dirige al desiertoapartndose de los judos, con los que no poda asociarseporque ste vino en camino de justicia (cap. 21:32). Su co-mida va a ser la que encuentra en el desiertoincluso susvestiduras profticas son un testimonio de la posicin quepas a ocupar de parte de Dioslleno del Espritu Santo. De este modo fue un profeta, pues vino de Dios, y se lla-maba a s mismo por este nombre cuando se diriga al pue-blo de Dios para que se arrepintieran, y anunciaba lasbendiciones de Dios conforme a las promesas de Jehov el1. Esta expresin se halla solamente en Mateo con relacin especial a las dis-pensaciones y a las relaciones de Dios con los judos. "El reino de Dios" es elnombre genrico. "El reino de los cielos" es el reino de Dios, pero el reino deDios tomando este carcter de gobierno celestial. Veremos muy adelante estereino dividido en el reino de nuestro Padre y el reino del Hijo del Hombre. 12
  • 11. Mateo 3Dios de ellos. Pero l era ms que un profeta, pues decla-raba la inmediata introduccin de una dispensacin nueva,largamente esperada, y el advenimiento del Seor en Per-sona. Aunque tambin vino a Israel, no reconoci al pueblo,porque haban de ser juzgados, el suelo para trillar de Je-hov haba de ser purificado y los rboles que no llevabanfruto tenan que ser cortados. Slo sera un remanente elque Jehov situara en la nueva posicin en el reino que lanunciaba, sin ser revelada la manera cmo iba a ser esta-blecido. Juan anunciaba el juicio del pueblo. Qu hecho de inconmensurable grandeza era la presen-cia del Seor Dios en medio de Su pueblo, en la Persona deAquel que, aun siendo sin dudarlo la consumacin de todaslas promesas, era necesariamente el que juzgara todo elmal que exista entre Su pueblo, aunque fuese rechazado! Cuanto ms margen de verdadera aplicacin demos a es-tos pasajes, es decir, cuanto ms los apliquemos a Israel,tanto ms retendremos su verdadera fuerza1. No hay duda de que el arrepentimiento es una necesidadeterna para cada alma que viene a Dios. Pero qu luz searroja en esta verdad cuando interviene el Seor mismo,que llama a Su pueblo al arrepentimiento y pone apartepor haber rehusadoel sistema entero de sus relacionescon l, y establece una nueva dispensacinun reino que1. Debemos recordar que, adems de las promesas especiales a Israel y su lla-mamiento a ser el pueblo terrenal de Dios, ellos eran contemplados tan solocomo hombres responsables a Dios bajo el conocimiento ms pleno que Diospoda darles. Hasta el diluvio hubo un testimonio, pero ningunas relacionesdispensacionales o instituciones de Dios. Despus del diluvio, en el mundonuevo, el gobierno humano, el llamamiento y las promesas en Abraham, laley, el Mesas, Dios venido en gracia, todo aquello que Dios poda hacer y hacaen perfecta paciencia era hecho, pero en balde para procurar el bien de lacarne. Y ahora Israel era puesto aparte, y su carne era juzgada, la higueramaldita como rbol infructuoso, y el hombre de Dios, el segundo Adn, quebendeca mediante la redencin, era presentado al mundo. En los tres prime-ros evangelios, como vimos, tenemos a Cristo presentado al hombre para quele recibiera; en Juan es el hombre e Israel los que son puestos aparte, y sonintroducidos los caminos soberanos de Dios en gracia y resurreccin. 13
  • 12. Mateo 3slo pertenece a aquellos que le escuchancausando final-mente la ejecucin de su juicio sobre Su pueblo y sobre laciudad que l tanto haba estimado! Si tambin t cono-cieses, y de cierto en este tu da, lo que es para tu paz! Masahora est oculto a tus ojos. Esta verdad da lugar a que otra de ms importante y ele-vada sea expuesta, y se anuncia con relacin a los derechossoberanos de Dios antes que con sus consecuencias, peroconteniendo ellos mismos todas stas. La muchedumbre detodos lugares, y como veremos en adelante, los impos y me-nospreciados, salieron confesando sus pecados para serbautizados. Pero aquellos que, a su propio entender, soste-nan el principal lugar entre el pueblo, eran a los ojos delprofeta, quien amaba al pueblo conforme a Dios, los objetosdel juicio que anunciaba. La ira era inminente. Quin ha-ba advertido a aquellos escarnecedores que huyeran deella? Deban humillarse como el resto, tomar su lugar apro-piado y demostrar que su corazn ha cambiado. El jactarsede los privilegios de su nacin o de los de sus padres, traasin cuidado a Dios. l exiga lo que Su misma naturaleza ySu misma verdad demandaban. Adems, l es soberano,capaz de hacer crecer de las piedras hijos a Abraham. Yesto es lo que Su soberana gracia ha hecho, por Cristo, enlo que respecta a los gentiles. Haba una realidad necesa-ria. El hacha estaba puesta a la raz de los rboles, y los queno llevaban buen fruto deban ser cortados. ste es el granprincipio moral que el juicio iba a reflejar con fuerza. Elgolpe no haba sido propiciado todava, pero el hacha se ha-llaba ya sobre la raz de los rboles. Juan haba venido parallevar a los que recibieran su testimonio a una nueva posi-cin, cuando menos a un nuevo estado de cosas para el queestaban siendo preparados. Segn se arrepintieran o no, llos distinguira del resto mediante el bautismo. Pero Aquelque vena despus de JuanAquel cuyo calzado Juan eraincapaz de llevarpurificara hondamente Su suelo, sepa-rara aquellos que eran verdadera y moralmente suyos, de 14
  • 13. Mateo 3entre Su pueblo Israel, y ejecutara el juicio sobre los de-ms. Por su parte, Juan estaba abriendo la puerta al arre-pentimiento. Luego acontecera el juicio. El juicio no era la nica obra atribuida a Jess. No obs-tante, hay dos cosas que le son imputadas en el testimoniode Juan: l bautiza con fuegoesto es, el juicio anunciadoen el versculo 12, que consume aquello que es malo. Perol bautiza tambin con el Espritu Santo, con aquel Esp-ritu que, una vez dado al hombre y actuando con divinaenerga en l, otorgndole vida, redimindole y lavndoleen la sangre de Cristo, lo separa de toda influencia de lacarne y lo sita en relacin y en comunin con todo lo reve-lado de Dios, con la gloria en la cual l introduce a Sus cria-turas en la vida que l transmite, y destruye moralmenteen nosotros el poder de todo lo que es contrario al disfrutede estos privilegios. Observemos aqu que el nico buen fruto que Juan reco-noce, como va de escape, es la confesin sincera del pecadohecha por medio de la gracia,. Slo aquellos que la hacenescapan del hacha. No haba realmente rboles buenos,salvo aquellos que confesaban ser malos. Qu momento ms solemne para el pueblo amado deDios! Qu acontecimiento la presencia de Jehov en mediode la nacin con la que l segua relacionado! Dmonos cuenta de que Juan el Bautista no presentaaqu al Mesas como el Salvador venido en gracia, sinocomo la Cabeza del reino, como Jehov, quien ejecutarajuicio si el pueblo no se arrepenta. Ms adelante veremosla posicin que l tom en gracia. En el versculo 13, Jess mismo, que hasta ahora ha sidopresentado como el Mesas, e incluso como Jehov, viene aJuan para ser bautizado con el bautismo del arrepenti-miento. Acudiendo a este bautismo era el nico buen frutoque un judo, en su condicin de entonces, poda producir.El hecho mismo demostraba ser el fruto de una obra deDios, de la obra eficaz del Espritu Santo. El que se arre- 15
  • 14. Mateo 3piente confiesa que anteriormente ha caminado apartadode Dios. As que es un nuevo avivamiento, el fruto de la pa-labra de Dios y de la obra en l, la seal de una vida nueva,de la vida del Espritu en su alma. Por el mismo hecho dela misin de Juan, no exista otro fruto ni ninguna otraprueba aceptable de vida de Dios en un judo. No debemosinferir de ello que no hubiese habido nadie en quien el Es-pritu no actuase de forma vital, pero en esta condicin delpueblo, y conforme a la llamada de Dios por parte de Susiervo, el retorno del corazn a Dios era la prueba de estavida. stos eran el verdadero remanente del pueblo, aque-llos que Dios reconoca como tales, y as fueron separadosde la masa restante que se encontraba ya lista para el jui-cio. Eran los verdaderos santos, los excelentes de la tierra,aun cuando la propia humillacin de arrepentirse pudieraser su nico lugar verdadero desde el cual comenzar.Cuando Dios introduce misericordia y justicia, ellos se sir-ven de la primera con gratitud, confesando que es su nicorecurso, e inclinan su corazn ante la segunda, como el re-sultado justo de la condicin del pueblo de Dios, aplicndo-sela a ellos mismos. Ahora Jess se presenta a S mismo en medio de aquellosque actan as. No obstante ser el verdadero Seor Jehov,Juez justo de Su pueblo que tena que purificar Su suelo,toma Su lugar entre el remanente fiel que se humilla anteeste juicio. l ocupa el lugar de los denigrados de Su pueblodelante de Dios, como en el Salmo 16 llama Jehov a Su Se-or, dicindole: No hay para m bien fuera de ti; y dice alos santos y los excelentes de la tierra: Todo mi deleite esten ellos. Perfecto testimonio de la gracia, el Salvador iden-tificndose, conforme a Su gracia, con el primer movi-miento del Espritu en los corazones de Su pueblo, humi-llndose no solamente en gracia condescendiente haciaellos, sino ocupando Su lugar como uno de ellos en su ver-dadera posicin delante de Dios; no meramente para conso-lar sus corazones mediante tal muestra de afecto, sino para 16
  • 15. Mateo 3mostrarse compasivo ante su dolor y dificultades, con el finde ser el modelo, la fuente, y la expresin perfecta de cadasentimiento adecuado a su posicin. Con el Israel impo e impenitente no poda asociarse elSeor, pero con el primer efecto vital de la Palabra y delEspritu de Dios en los menesterosos del rebao s poda,y se asociaba con ellos en gracia. Ahora hace lo mismo. Unprimer paso bien dirigido, que provenga de Dios, halla aCristo. Pero an haba ms. l viene para traer a los que creanen l a una relacin con Dios, segn el favor que se hallabaen una perfeccin como la suya, y en el amor que, al apoyarla causa de Su pueblo, satisfaca el corazn del Seor, y, ha-biendo glorificado perfectamente a Dios en todo lo que les, hizo posible que l mismo se satisficiera con la bondad.Sabemos bien que para hacer esto, el Salvador tuvo que po-ner Su vida, pues la condicin del judo, as como la de cadahombre, requera este sacrificio antes de que el uno o elotro pudieran tener relacin alguna con el Dios veraz. E in-cluso para ello el amor de Jess no fall. As que l estaqu conducindolos al goce de la bendicin expresada enSu Persona, que deba quedar firmemente asentada en estesacrificio. Bendicin que ellos deban alcanzar por el ca-mino del arrepentimiento, en el cual entraban mediante elbautismo de Juan, el que Jess recibi junto con ellos, paraque marcharan adelante hasta poseer todas las cosas bue-nas que Dios tena preparadas para aquellos que le aman. Sintiendo Juan la dignidad y la excelencia de la Personade Aquel que vino a l, se opone a la intencin del Seor.Con ello, el Espritu Santo quiere destacar el verdaderocarcter de la accin de Jess. Por lo que respecta a l,era la justicia lo que le llev all, y no el pecado (justiciaque l llev a cabo en amor). l, igual que Juan el Bau-tista, consum lo concerniente al lugar que Dios le habaasignado. Con qu condescendencia se vincula l conJuan: conviene que cumplamos. l es el Siervo humilde 17
  • 16. Mateo 3y obediente. Fue as como se comport siempre en estatierra. Adems, en cuanto a Su posicin, la gracia llevall a Jess, donde el pecado nos llev a nosotros, los queentramos por la puerta que el Seor haba abierto paraSus ovejas. Confesando el pecado tal como ste era, acu-diendo delante de Dios en la confesin de nuestro pecado,nos hallamos en compaa de Jess1. En realidad, es elfruto del Espritu en nosotros. ste fue el caso con los po-bres pecadores que salieron a Juan. As fue como Jesstom Su lugar en justicia y en obediencia en medio de loshombres, y ms exactamente en medio de los judos peni-tentes. Es en esta posicin de un Hombrejusto, obe-diente, y cumpliendo en esta tierra, en humildad perfecta,la obra para la cual se haba ofrecido en gracia, conformeal Salmo 40, dndose a la consumacin de toda la volun-tad de Dios en completa abnegacinque Dios Su Padrele reconoci plenamente, y le puso Su sello, declarndoleen la tierra ser Su Hijo amado. Despus de bautizadola prueba ms palmaria del lu-gar que haba tomado con Su pueblolos cielos son abier-tos a l y ve al Espritu Santo descendiendo sobre Sucabeza como paloma. Y he aqu una voz del cielo que dijo:Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia. Es-tas circunstancias requieren nuestra atencin. Nunca fueron abiertos los cielos a la tierra, ni al hombresobre ella, antes de que el Hijo amado se encontrara all2.No hay que dudar que Dios en Su paciencia y en providen-cia haba bendecido a todas las criaturas. l haba tambinbendecido a Su pueblo, conforme a las normas de Su go-1. Viene a ser lo mismo que la conciencia de nuestra vaciedad. l se anonad,y conscientes de nuestra vaciedad nos hallamos nosotros con l, siendo llenosal mismo tiempo de Su plenitud. Incluso cuando caemos, no es hasta quesomos llevados a conocernos como realmente somos que hallamos a Jesslevantndonos de nuevo.2. Al principio de Ezequiel, se dice en realidad que los cielos fueron abiertos;pero esto fue solamente en visin, como lo explica el profeta mismo. En aquelinstante, era la manifestacin de Dios en juicio. 18
  • 17. Mateo 3bierno sobre la tierra. Adems, estaban los elegidos, aquienes haba guardado en fidelidad. Hasta ahora no sehaban abierto los cielos. Un testimonio haba sido enviadopor Dios con relacin a Su gobierno en la tierra, pero noexista ningn objeto en ella sobre el cual el ojo de Dios pu-diera reposar con complacencia, hasta que Jess, sin pe-cado y obediente, Su Hijo amado, estuvo all. Pero lo que esprecioso para nosotros es que en gracia solcita l toma p-blicamente Su lugar de humillacin con Israeles decir,con el remanente fiel, presentndose l mismo delante deDios, cumpliendo Su voluntady los cielos se abren sobreun objeto digno de su atencin. Indudablemente era ldigno de su adoracin, antes incluso de que el mundo fuese.Pero ahora acaba de tomar este lugar en las relaciones deDios como un Hombre, y los cielos se abren a Jess, el ob-jeto de todo el afecto de Dios sobre la tierra. El EsprituSanto desciende sobre l visiblemente. Y l, un Hombre enla tierra, un Hombre ocupando Su lugar con los mansos delpueblo que se arrepentan, es reconocido como el Hijo deDios. No solamente l es el ungido de Dios, sino, comoHombre, es consciente del descenso del Espritu Santo so-bre lel sello del Padre puesto sobre l. Aqu no es evi-dentemente Su naturaleza divina como Hijo eterno delPadre. Ni aun el sello sera en conformidad con este carc-ter; y no obstante, esta naturaleza se manifiesta en cuantoa Su Persona, teniendo conciencia de ello a los doce aos deedad en el evangelio de Lucas. Pero mientras l es tal,tambin es un Hombre, Hijo de Dios sobre la tierra, y es se-llado como un Hombre. Como un Hombre posee el conoci-miento de la presencia inmediata del Espritu Santo conl. Esta presencia es con relacin al carcter de humildad,mansedumbre y obediencia bajo los cuales el Seor apa-rece aqu abajo. Es como una paloma que el EsprituSanto desciende sobre l, igual como lo hiciera bajo laforma de lenguas de fuego cuando descendi sobre las cabe-zas de los discpulos, para testimonio de ellos en poder en 19
  • 18. Mateo 3este mundo, conforme a la gracia que se diriga a todos y acada uno en su propia lengua. Jess crea as, en Su propia posicin como Hombre, el lu-gar en el cual nos introduce por la redencin (Juan 20:17).Pero la gloria de Su persona queda cuidadosamente res-guardada. No hay objeto presentado a Jess, como a Saulopor ejemplo, y, en un caso ms anlogo, a Esteban, quien,siendo lleno del Espritu, ve tambin los cielos abiertos, ymirando dentro de ellos ve a Jess, al Hijo del Hombre, yes transformado a Su imagen. Jess ha venido, l es elmismo objeto sobre el cual se abren los cielos, no sufriendoninguna transformacin, como Esteban, o como nosotrosen el Espritu. Los cielos miran abajo hacia l, el objetoperfecto de placer. Es su relacin con Su padre, ya exis-tente de por s, la que queda sellada1. Ni el Espritu si-quiera crea Su carcterexcepto el punto en que, respectoa Su naturaleza humana, fue concebido en el vientre de lavirgen Mara por el poder del Espritu Santo. l se habarelacionado con los pobres, en la perfeccin de este carc-ter, antes de que fuera sellado, y entonces procede con-forme a la energa y al poder de aquello que recibi sinmedida en Su vida humana aqu abajo (comparar Hechos10:38; Mateo 12:28; Juan 3:34). Hallamos en la Palabra cuatro ocasiones memorables enlas que los cielos fueron abiertos. Cristo es el objeto decada una de estas revelaciones, teniendo cada una su ca-rcter especial. Aqu el Espritu Santo desciende sobre l,y es reconocido el Hijo de Dios (comparar Juan 1:33-34). Alfinal del mismo captulo de Juan, l se declara a S mismoser el Hijo del Hombre. En esta ocasin son los ngeles deDios que ascienden y descienden sobre l. l es, como Hijodel Hombre, el objeto de su ministerio2. Al final de1. Esto tambin se aplica a nosotros, cuando por gracia estamos en esta rela-cin.2. Es totalmente incorrecto hacer de Cristo la escalera. l, como Jacob, es elobjeto del servicio y ministerio de los ngeles. 20
  • 19. Mateo 3Hechos 7 se abre una escena totalmente nueva. Los judosrechazan el ltimo testimonio que Dios les enviaba. Este-ban, quien rinde este testimonio, es lleno del EsprituSanto y los cielos se abren a l. El sistema terrenal fue de-finitivamente cerrado por el rechazo del testimonio del Es-pritu Santo de la gloria del Cristo resucitado. Pero esto noes meramente un testimonio. El cristiano est lleno del Es-pritu, el cielo est abierto a l, la gloria de Dios le es ma-nifiesta, y el Hijo del Hombre aparece ante l sentado a ladiestra de Dios. Esto es algo diferente de los cielos abiertossobre Jess, el objeto del deleite de Dios sobre la tierra. Esel cielo abierto al cristiano mismo, estando su objeto allcuando es rechazado aqu abajo. l ve all, por el EsprituSanto, la gloria celestial de Dios, y a Jess, al Hijo delHombre en la gloria de Dios, el objeto especial del testimo-nio que se rinde. La diferencia es para nosotros tan ex-traordinaria como igual de interesante, y nos expone, demanera muy notable, la verdadera posicin del cristianosobre la tierra, y el cambio que el rechazo de Jess porparte Su pueblo produce. Solamente la Iglesia, la unin delos creyentes en un Cuerpo con el Seor en el cielo, no es-taba revelada. Ms tarde (Apoc. 19) el cielo se abre, y el Se-or mismo est presente, el Rey de reyes, y el Seor deseores. Entonces, vemos a: Jess, el Hijo de Dios en la tierra, el objeto del deleite ce-lestial, sellado con el Espritu Santo. Jess, el Hijo del Hombre, el objeto del ministerio delcielo, siendo los ngeles sus siervos. Jess, arriba en la diestra de Dios, y el creyente, lleno delEspritu, sufriendo aqu a causa de Su nombre, contemplala gloria en las alturas, y al Hijo del Hombre en la gloria. Y Jess, el Rey de reyes y Seor de seores, presentn-dose a juzgar y a hacer guerra contra los burladores quediscuten Su autoridad y oprimen a la tierra. El Padre mismo reconoce a Jess, el Hombre obedientesobre la tierra, quien entra por la puerta como el verdadero 21
  • 20. Mateo 3Pastor, como Su Hijo amado en quien est todo Su deleite.El cielo es abierto a l, ve al Espritu Santo descendiendopara sellarle, la fortaleza infalible y estribo de la perfeccinde Su vida humana. l tiene el testimonio del Padre de larelacin entre ellos. Ningn objeto en el que Su fe tena quereposar es presentado a l como lo es a nosotros. Es su pro-pia relacin con el cielo y con Su Padre la que queda se-llada. Su alma disfruta de ello mediante el descenso delEspritu Santo y la voz de Su Padre. Este pasaje de Mateo requiere ms atencin. El benditoSeor, o antes bien lo que le ocurri dentro de este contexto,ofrece el lugar o el modelo en el cual l sita a los creyen-tes, sean stos judos o gentiles: desde luego que slo somosllevados all por la redencin. Voy a mi Padre y a vuestroPadre, a mi Dios y a vuestro Dios son Sus benditas pala-bras tras Su resurreccin. Pero a nosotros se abre el cielo,somos sellados con el Espritu Santo, y el Padre nos poseecomo hijos. Slo la divina dignidad de la Persona de Cristoqueda siempre cuidadosamente resguardada aqu en hu-millacin, como en la transfiguracin en gloria. Moiss yElas estn en la misma gloria, pero desaparecen cuando,por el impulso de Pedro, al que se le permiti que expre-sara, iban a ser rebajados a un nivel. Cuanto ms cerca es-tamos de una Persona divina, tanto ms adoramos y reco-nocemos lo que l es. Hallamos aqu otro hecho muy extraordinario. Cuandopor vez primera Cristo toma humilde Su lugar entre loshombres, la Trinidad es totalmente revelada. Es evidenteque el Hijo y el Espritu son mencionados en el AntiguoTestamento. Pero all, la unidad de la Deidad es el granfoco de revelacin. El Hijo es reconocido aqu como hom-bre, el Espritu Santo desciende sobre l, y el Padre le re-conoce como Su Hijo. Qu maravillosa relacin con elhombre! Qu lugar para poder hallarse en l! A travs dela relacin de Cristo con este lugar, la Deidad es reveladaen su propia plenitud. Al ser l un hombre, hace tanto 22
  • 21. Mateo 3ms patente su manifestacin. l era realmente el Hom-bre en quien los consejos de Dios acerca del hombre ha-ban de consumarse. Como l comprendi y manifest el lugar en que el hom-bre es situado con Dios en Su propia Persona, y en los con-sejos de gracia tocantes a nuestra relacin con Dios, siendoque estamos en conflicto con el enemigo, l entra en aquellado de nuestra posicin tambin. Tenemos nuestra rela-cin con Dios y nuestro Padre, y tal vez deberamos decircon Satans. l vence por nosotros, y nos ensea cmo ven-cer. Observemos tambin que la relacin con Dios es lo queprimero queda plenamente establecido y expuesto, y mstarde, tambin en ese lugar, comienza el conflicto con Sata-ns, lo mismo que con nosotros. Lo primero que pregunta-mos es si el postrer Adn permanecera donde el primerAdn haba fracasado: solamente en el desierto de estemundo y en el poder de Satans, en lugar de permaneceren las bendiciones de Dios, pues a aquel sitio habamos idotodos a parar. Hay que destacar otro punto aqu, para acabar de presen-tar el lugar que el Seor toma. La ley y los profetas fueronhasta Juan. Luego fue anunciado lo nuevo, el reino de loscielos. Pero el juicio se avecina sobre el pueblo de Dios. Elhacha est a la raz de los rboles, el bieldo en la mano delque vena, el trigo recogido en el granero de Dios, y la pajaquemada. Es decir, existe un final de la historia del pueblode Dios en juicio. Entramos aqu en el terreno del estado deperdicin, anticipando el juicio. Pero la historia del hombrecomo responsable quedaba cerrada. De ah que se diga:Ahora al final de los tiempos ha aparecido para quitar elpecado por el sacrificio de s mismo. Ha sucedido exterior-mente y literalmente a Israel, pero es moralmente verda-dero para nosotros: slo nosotros somos recogidos para elcielo, como resultado el remanente despus, para estar enel cielo. Pero siendo Cristo rechazado, el tiempo de la res-ponsabilidad ha terminado, y nosotros entramos en la es- 23
  • 22. Mateo 4fera de la gracia como quienes ya ramos perdidos. Enconsecuencia al anuncio de ello como inminente, Cristoviene, e identificndose con el remanente que escapa sobrela base del arrepentimiento, crea este nuevo lugar para elhombre sobre la tierra. Slo que no podamos estar en dicholugar hasta que la redencin no hubiese sido consumada.l revel el nombre del Padre a aquellos que l le habadado fuera de este lugar. Captulo 4 Habiendo tomado as en gracia Su posicin como Hom-bre sobre la tierra, l comienza en este captulo Su ca-rrera terrenal, siendo guiado por el Espritu al desiertopara ser tentado por el diablo. El Hombre justo y santo, elHijo de Dios, gozando de los privilegios propios de l, de-ber pasar por las pruebas de aquellos ardides que hicie-ron caer al primer Adn. Es Su condicin espiritual la quees probada. No se trata ahora de un hombre inocente quegoza de todas las bendiciones naturales de Dios y que so-porta la prueba en medio de esas bendiciones que debe-ran hacerle recordar a Dios. Cristo, cerca de Dios comoHijo amado suyo, pero en medio de la prueba, poseyendoel conocimiento del bien y del mal, y, en lo que respecta alas circunstancias exteriores, descendido hasta el centrodel estado cado del hombre, deber probar Su fidelidadhasta el final acorde a esta posicin con respecto a Su per-fecta obediencia. Para mantener esta posicin, no debermostrar otra voluntad que no sea la de Su Padre, y bienconsumarla o sufrirla, cualesquiera sean las consecuen-cias para l. Deber cumplirla en medio de todas las difi-cultades, de las privaciones, del aislamiento, del desiertodonde se halla el poder de Satans, el cual le tentarapara hacerle seguir un camino ms fcil que aquel que se-ra para la sola gloria de Su Padre. Deber renunciar a to-dos los derechos que pertenecen a Su propia Persona, 24
  • 23. Mateo 4excepto cuando los reciba de Dios y se los ceda a l conuna confianza perfecta. El enemigo hizo todo lo posible para inducirle a valersede Sus privilegios, aparte del mandato de Dios: Si eresHijo de Dios; esto era fin de evitar los sufrimientos que po-dan acompaar la demostracin de Su voluntad; era parallevarle a hacer Su propia voluntad, y no la de Su Padre. Jess, disfrutando en Su propia Persona y en la relacincon Dios todo el favor divino como Hijo de Dios, la luz de Susemblante, se dirige al desierto cuarenta das para entraren conflicto con el enemigo. A diferencia de Moiss y Elas,no se separ del hombre y de toda relacin con ste para po-der estar con Dios. Guardando una comunin plena conDios, se separ de los hombres por el poder del EsprituSanto para estar a solas en su conflicto con el enemigo. Enel caso de Moiss, era el hombre fuera de su condicin na-tural quien iba a estar con Dios. En el caso de Jess, es dela misma manera, para estar con el enemigo, pues el estarcon Dios era Su posicin natural. El enemigo le tienta proponindole primero satisfacerSus necesidades corporales, y, en vez de esperar en Dios,usar conforme a Su propia voluntad y en Su propio nombreel poder con el cual haba sido investido. Pero si Israel habasido alimentado en el desierto con el man de Dios, el Hijode Dios, aun poseyendo gran poder, actuara conforme aaquello que Israel debi haber aprendido a travs de aquelmedio, a saber, que No slo de pan vivir el hombre, sinode toda palabra que sale de la boca de Dios. El Hombre, eljudo obediente, el Hijo de Dios, esperaba esta palabra, y nohara nada sin ella. l no vino para hacer Su voluntad, sinola voluntad del que le envi. ste es el principio que carac-teriza al Espritu de Cristo en los Salmos. No se precipitala liberacin si no es con la intervencin de Dios a su tiempo.Es la perfecta paciencia, a fin de ser perfecto y completo entoda la voluntad de Dios. No poda haber codicia de pecadoen Cristo; pero estar hambriento no era pecado, sino una ne- 25
  • 24. Mateo 4cesidad humana, y qu mal haba en comer cuando se sen-ta hambre? No era la voluntad de Dios hacerlo, no obs-tante, y l haba venido a hacer aquella voluntad por la Pa-labra. La sugerencia de Satans fue: Si eres Hijo de Dios,ordena...; pero l tom el lugar de un siervo, no vlido paradar rdenes; le procur hacerle salir del lugar del perfectoservicio y obediencia, fuera del lugar de un siervo. Observemos aqu el lugar que tiene la Palabra escrita, yel carcter de la obediencia de Cristo. Este carcter notiene que ver simplemente con que la voluntad de Dios seauna norma, sino el mismo motivo que induce a la accin.Con frecuencia tenemos nuestra voluntad refrenada por laPalabra, pero no as Cristo. La voluntad de Su Padre era sumotivo, y no actu meramente conforme a ella, sino porqueadems era la voluntad de Dios. Disfrutamos al ver a unnio corriendo a hacer aquello que le gusta, pero se detienede pronto para hacer la voluntad de sus padres cuando selo piden. Pero Cristo nunca obedeci de esta manera, nibusc hacer Su propia voluntad, sino que le detena la deSu Padre. Y nosotros somos santificados para la obedienciade Cristo. Vemos tambin que por la Palabra escrita l vivey vence. Todo dependa aqu de la victoria de Cristo, delmismo modo que todo dependa de la cada de Adn. Peropara Cristo, un texto usado correctamente, es suficiente.No busca ms all: esto es obediencia. Tambin es sufi-ciente para Satans; no le da respuesta, y sus estratage-mas se ven de este modo frustradas. El primer principio de la conquista es la simple y abso-luta obediencia, viviendo de las palabras de la boca de Dios.Lo que sigue es perfecta confianza en el camino de la obe-diencia. En segundo lugar, el enemigo le quiere llevar al pinculodel templo para inducirle a aplicarse para S las promesashechas al Mesas, sin permanecer en los caminos de Dios.El hombre fiel puede con toda seguridad confiar en laayuda de Dios mientras anda en Sus caminos. El enemigo 26
  • 25. Mateo 4hara que el Hijo del Hombre tentara a Diosen lugar deconfiar en l mientras anduviera en ellospara eviden-ciar si poda confiarse en l, lo cual hubiera supuesto unafalta de confianza en Dios, en vez de contar con Dios parala obediencia1. Tomando Su lugar con Israel en la condicinen que se hallaban cuando carecan de rey en la tierra, y,citando las instrucciones dadas a ellos para guiarlos en elpiadoso camino que all se enseaba, l usa para Su guaesa parte de la Palabra que contiene el interdicto divino so-bre este asunto: No tentars al Seor tu Dios; un pasajea menudo citado como si prohibiera el abuso de confianzaen Dios, mientras que slo significa no desconfiar, y probarsi l es fiel. Ellos tentaron a Dios, diciendo est Dios real-mente entre nosotros? Y Satans es lo que hubiera queridoque hiciera el Seor. El enemigo, fracasando en su engao contra el coraznobediente, aun cuando se refugia en el uso de la Palabra deDios, se muestra en su verdadero carcter, tentando al Se-or, y en tercer lugar, queriendo evitarle los sufrimientosque le aguardaban mostrndole la herencia del Hijo delHombre sobre la tierra, aquello que iba a ser Suyo cuandolo hubiera alcanzado a travs de aquellas duras sendas,pero necesarias para la gloria del Padre, y que haba mar-cado para l. Todo haba de ser Suyo si reconoca a Satansadorndole como el dios de este siglo. Esto es, en realidad,lo que los reyes de la tierra haban hecho por una parte so-lamente de estas cosasque haban hecho frecuentementepor causa de frvolas vanidadessin embargo, l poseerael conjunto. Pero si Jess tena que heredar la gloria terre-1. Necesitamos confianza para hallar el coraje para obedecer; pero la verda-dera confianza se halla en el camino de la obediencia. Satans poda usar lapalabra con astucia, pero no poda desviar a Cristo el Seor de ella. l la usacomo la suficiente arma divina, y Satans se queda sin respuesta. El teneruna obediencia prohibida hubiera hecho que Satans se mostrara. En cuantoal lugar en que el Seor se hallaba dispensacionalmente, podemos destacarque el Seor siempre cita de Deuteronomio. 27
  • 26. Mateo 4nalas como todo lo demsel objeto de Su corazn eraDios mismo, Su Padre, para glorificarle. Sea cual fuera elvalor de esta ddiva, Su corazn la apreciaba como la d-diva proveniente del Dador. Adems, l estaba en la posi-cin del hombre probado y en la de un israelita fiel; y pormayor que fuera la prueba de la paciencia a la cual le habaintroducido el pecado del pueblo, l no servira a nadie msque a Dios solamente. Si el diablo lleva la tentacin y el pecado a sus extremos,y demuestra ser el adversario, el creyente tiene el derechode echarle fuera. Si viene como tentador, el creyente debe-ra responderle mediante la fidelidad de la Palabra, la cuales la gua perfecta del hombre, conforme a la voluntad deDios. No necesita preverlo todo. La Palabra es la Palabrade Aquel que s lo prev, y al poner esto en prctica, cami-namos segn la sabidura que conoce todo y en un caminoformado por esta sabidura, y que en consecuencia implicauna confianza absoluta en Dios. Las primeras dos tentacio-nes eran argucias del enemigo; la tercera, hostilidadabierta hacia Dios. Si l viene como el adversario declaradode Dios, el creyente tiene el derecho de negarse a tenernada que ver con l: Resistid al diablo, y huir de voso-tros. As conocer que ha encontrado a Cristo, no la carne.Que los creyentes puedan resistir si Satans los tienta conla Palabra, recordando que es como Satans domina alhombre cado! La salvaguarda del creyente, moralmente hablandoesto es, en lo que se refiere al estado de su coraznes unojo sencillo. Si yo solamente busco la gloria de Dios, aquelloque no presenta otro motivo que mi propia exaltacin, o mipropio incentivo, ya sea en el cuerpo o en la mente, no ten-dr ningn dominio sobre m; y se manifestar a la luz dela Palabra, que gua al ojo sencillo, como contrario a lamente de Dios. sta no es la altivez que rechaza la tenta-cin basndose en la propia bondad; es la obediencia que dahumildemente a Dios Su lugar, y consecuentemente tam- 28
  • 27. Mateo 4bin Su Palabra. Por la palabra de tus labios, yo me heguardado de la senda de los violentos, de aquel que hacasu propia voluntad y la consideraba su gua. Si el coraznbusca a Dios slo, la trampa ms sutil queda al descubierto,pues el enemigo nunca nos tienta a buscar a Dios slo. Peroello implica un corazn puro, y que no haya egolatra. Estoes lo que exhibi Jess. Nuestra salvaguarda contra la tentacin es la Palabra,usada con el discernimiento de un corazn perfectamentepuro, el cual vive en la presencia de Dios, y aprende lamente divina en Su Palabra1, y el cual conoce Su aplicacina las circunstancias presentes. Es la Palabra la que nosguarda el alma de las falacias del enemigo. Observemostambin que, consecuentemente, es en este espritu de sen-cilla y humilde obediencia donde radica el poder; puesdonde ste existe, Satans no puede hacer nada. Dios estah, y conforme a ello el enemigo es conquistado. Segn me parece, estas tres tentaciones son dirigidas alSeor en los tres caracteres de Hombre, de Mesas, y deHijo del Hombre. l no tena deseos pecaminosos como el hombre cado,pero s estaba hambriento. El tentador le persuadira desatisfacer esta necesidad sin Dios. Las promesas en los Sal-mos le pertenecan a l como siendo hechas al Mesas. Y to-dos los reinos del mundo eran Suyos como el Hijo delHombre. Siempre contestaba como un fiel israelita, perso-nalmente responsable ante Dios, haciendo uso del libro deDeuteronomio, que trata sobre este asuntoa saber, laobediencia de Israel, en relacin con la posesin de la tierra1. No debe existir otro motivo para la accin que la voluntad de Dios, la cual,para el hombre, tiene que ser hallada siempre en la Palabra; porque, en esecaso, cuando Satans nos tienta a actuar, como siempre lo hace, por algn otromotivo, este motivo resulta estar en oposicin a la Palabra que est en el co-razn, y al motivo que lo gobierna, y por tanto es considerado como algoopuesto a l. Est escrito: En mi boca he guardado mis dichos, para no pecarcontra ti. Esta es la razn por la cual es siempre importante, cuando duda-mos, que nos preguntemos por qu motivo estamos siendo influenciados. 29
  • 28. Mateo 4y los privilegios que pertenecan a la tierra, y los privilegiosque pertenecan al pueblo en relacin con esta obediencia;y ello, aparte de la organizacin que los constitua uncuerpo colectivo delante de Dios1. Satans se marcha de l, y los ngeles vienen para ejer-cer su ministerio al Mesas, el Hijo del Hombre, victoriosoa travs de la obediencia. Si Satans haba querido queprobase a Dios, l ya lo demostr. Los ngeles son espritusministradores para nosotros tambin. Cun profundamente interesante es ver al bendito Salva-dor descendido, al Hijo de Dios del cielo, y tomarel Verbohecho carneSu lugar entre los pobres menesterosos so-bre la tierra. Tom este lugar y fue reconocido por el Padrecomo Su Hijo, despus de ser los cielos abiertos a l comoHombre y descender el Espritu Santo para morar en l,formando as el modelo de nuestro lugar, pese a no ser ha-llados todava all. La Trinidad entera, como he dicho, esprimero plenamente revelada cuando l es as asociado conel hombre; y entonces, siendo nosotros esclavos de Satans,marcha en este carcter y relacin por nosotros para encon-trarse con Satans, atar al hombre fuerte, y dar tambin alhombre a travs de l este lugar: slo para nosotros era ne-cesaria la redencin para traernos donde l est. Siendo Juan arrojado en prisin, el Seor se dirige a Ga-lilea. Este movimiento, el cual determin la escena de Suministerio fuera de Jerusaln y Judea, tena gran impor-1. Un examen cuidadoso del Pentateuco mostrar que, a pesar de que los he-chos histricos necesarios sean citados, el contenido del xodo, Levtico y N-meros son esencialmente tpicos. El tabernculo fue construido conforme almodelo mostrado en el monteel modelo de las cosas celestiales; y no sola-mente las ordenanzas ceremoniales, sino los hechos histricos, como elapstol expone con claridad, que acontecieron a ellos para figura, y que estnescritos para nuestra enseanza. Deuteronomio da instrucciones para suconducta en la tierra; pero los tres libros mencionados, incluso donde estn loshechos histricos, son tpicos en su objeto. No s si se ofreci un sacrificiodespus de que stos fueran instituidos, a menos que quiz se ofrecieran losque eran oficiales (ver Hechos 7:42). 30
  • 29. Mateo 4tancia con respecto a los judos. El pueblohasta este mo-mento concentrado en Jerusaln, envanecido en la pose-sin de las promesas, de los sacrificios, y del templo, y enser la tribu realperdi la presencia del Mesas, el Hijo deDavid. Se fue para la manifestacin de Su persona, para eltestimonio de la intervencin de Dios en Israel, a los pobresy menesterosos del rebao; porque el remanente y los me-nesterosos del rebao se hallan ya en los captulos 3 y 4distinguidos claramente de los principales del pueblo. Deesta manera devino l el verdadero linaje, y no el vstagode aquello plantado en cualquier otra parte. Este resultadono estaba totalmente manifestado an. El momento corres-ponde a Juan 4. Podemos resaltar aqu que, en el Evangelio de Juan, losjudos son siempre distinguidos de la multitud1. El len-guaje, o ms bien la pronunciacin, era totalmente dife-rente. Ellos no hablaban caldeo en Galilea. Al mismotiempo, esta manifestacin del Hijo de David en Galilea fueel cumplimiento de una profeca en Isaas. He aqu el vigorde esta profeca: aunque el cautiverio romano era muchoms terrible que la invasin de los asirios cuando stos su-bieron contra Israel, no obstante haba esta circunstanciaque lo alteraba todo, a saber, la presencia del Mesas, laLuz verdadera, en la tierra. Observamos que el Espritu de Dios aqu omite toda lahistoria de Jess hasta el comienzo de Su ministerio des-pus de la muerte de Juan el Bautista. Le da a Jess Su po-sicin propia en medio de IsraelEmanuel, el Hijo de Dios,el Amado de Dios, reconocido como Su Hijo, el Fiel en Israel,pese a estar expuesto a todas las tentaciones de Satanse inmediatamente despus, Su posicin proftica anun-ciada por Isaas y el reino proclamado como cercano2.1. Llamada el pueblo en los Evangelios.2. Podemos destacar aqu que l abandona a los judos y Jerusaln, como yase ha observado, y Su lugar natural, por decirlo as, que le dio a l Su nombre,Nazaret, y toma Su lugar proftico. El encarcelamiento de Juan era un signo 31
  • 30. Mateo 4 Ms tarde, l rene a Su alrededor a aquellos que defini-tivamente tenan que seguirle en Su ministerio y en Sustentaciones, y, a Su mandato, vincular su porcin y su he-rencia con la Suya, abandonando todo lo dems. El hombre fuerte se hallaba atado a fin de que Jess pu-diera despojar sus bienes y anunciase el reino con pruebasde ese poder que era capaz de establecerlo. Dos cosas son entonces puestas de relieve en la narrativade este evangelio. Primero, el poder que acompaa la pro-clamacin del reino. En dos o tres versculos1, sin ms de-talles, este hecho es anunciado. La proclamacin del reinoes escuchada con actos de poder que atraen la atencin detodo el pas, hasta el ltimo confn del viejo territorio de Is-rael. Jess aparece delante de ellos investido de este poder.Segundo, en los captulos 5 al 7, el carcter del reino esanunciado en el sermn del Monte, as como el de las per-sonas que deberan tener parte en ladems de ser reve-lado el nombre del Padre. As entonces, el Seor habaanunciado el reino venidero, y con el poder presente de labondad, habiendo vencido al adversario. Luego muestracul era el verdadero carcter conforme a aquello que iba aser establecido, y quines entraran y de qu manera. Eneste sermn no se habla de la redencin, sino del carcter yde la naturaleza del reino, y de quines podan entrar. Estomuestra claramente la posicin moral que este sermn sos-tiene en la enseanza del Seor. Es evidente que, en toda esta parte del Evangelio, es laposicin del Seor la que es motivo de la enseanza del Es-pritu, y no los detalles de Su vida. Los detalles vienen des-de Su rechazo. Juan fue Su precursor del Seor tambin en Su misin. Ver elcaptulo 17:12. El testimonio de Jess es el mismo que el de Juan el Bautista.1. Es notable que todo el ministerio del Seor sea resumido en el versculo 23.Todas las subsiguientes afirmaciones son hechos que tienen una importanciamoral especial, los cuales muestran qu estaba cruzando entre el pueblo engracia hacia Su rechazo, y no una historia propiamente derivada de ello. Estosella el carcter de Mateo muy claramente. 32
  • 31. Mateo 5-7pus, a fin de exhibir lo que l era en medio de Israel, Susrelaciones con este pueblo, y Su camino en el poder del Es-pritu que condujo a la ruptura entre el Hijo de David y elpueblo que debi haberle recibido. Estando la atencin detodo el pas puesta en Su actos milagrosos, el Seor esta-blece ante Sus discpulospero en presencia del pueblolos principios de Su reino. Captulos 5-7 Este discurso puede dividirse en los siguientesapartados1: El carcter y la porcin de aquellos que deban estar enel reino (versculos 1-12).1. En el texto he dado una divisin que podra ser de ayuda para una aplica-cin prctica del sermn del Monte. Con respecto a los temas contenidos en l,quizs podra, aunque la diferencia no es muy grande, estar dividido mejor dela siguiente manera: Captulo 5:1-16: contiene el cuadro completo del carcter y posicin del re-manente que recibi Sus instruccionessu posicin, como debera ser con-forme a la mente de Dios. El cuadro es completo en s mismo. Versculos 17-48: establecen la autoridad de la ley, la cual debera haber di-rigido la conducta de los fieles hasta la introduccin del reino; la ley que elloshaban de haber cumplido, as como las palabras de los profetas, para que elremanente fuera puesto en este nuevo terreno; y el menosprecio de la cual ex-cluira del reino a quienquiera que fuera culpable de ella; porque Cristo esthablando, no en el reino, sino anunciando que ste se acercaba. Pero, altiempo que estableciendo de este modo la autoridad de la ley, contina con losdos grandes elementos del mal, considerados en la ley solamente como actosexteriores, violencia y corrupcin, y juzga el mal en el corazn (22,28) con granahnco para que saliera de Sus discpulos, y su estado del almaaquel estadoque tena que caracterizarla, mostrando as cul tena que ser la conducta deellos. Entonces el Seor retoma ciertas cosas que Dios haba soportado en Is-rael, y preceptuadas conforme a lo que ellos podan soportar. As era trado ala luz de un verdadero juicio moral el divorcioel casamiento siendo la basedivina de toda relacin humanay el jurar u ofrecer votos, la accin de la vo-luntad del hombre relacionado con Dios; la paciencia del mal, y la plenitud dela gracia, Su bendito carcter, que conllevaba el ttulo moral de lo que era Sulugar vivo, hijos de su Padre que estaba en los cielos. En vez de debilitar aque-llo que Dios demandaba bajo la ley, l no solamente iba a observarlo hasta suconsumacin, sino que Sus discpulos haban de ser perfectos as como su Pa-dre que est en los cielos era perfecto. Esto aade la revelacin del Padre al 33
  • 32. Mateo 5-7 Su posicin en el mundo (versculos 13-16). La relacin entre los principios del reino y la ley1 (vers-culos 17-48). El espritu con el cual los discpulos deberan mostrarbuenas obras (captulo 6:1-18). La separacin del espritu del mundo y de sus ansiedades(versculos 19-34). El espritu de sus relaciones con los dems (captulo7:1-6). La confianza en Dios, la cual deba caracterizarlos (vers-culos 7-12). La energa que deba caracterizarlos, a fin de que pudie-ran entrar en el reino; y no entrar en l sin ms, porquemuchos intentaran hacerlo, sino conforme a aquellos prin-cipios que lo hacan difcil para el hombre, segn Dioslapuerta estrechay despus, el medio por el cual discerni-ran a aquellos que procuraban engaarlos, as como la vi-caminar moral y al estado que convena al carcter de hijos tal como fue reve-lado en Cristo. Captulo 6: tenemos los motivos y el objeto que deban gobernar el coraznal hacer buenas obras, al vivir una vida religiosa. Su ojo deba estar puestosobre su Padre. Esto es personal. Captulo 7: este captulo se ocupa esencialmente de la relacin apta entreSu propio pueblo y los demssin juzgar a sus hermanos y s desconfiar delos profanos. Luego l les exhorta a que confiaran cuando pidieran a su Padrepor sus necesidades, y les instruye que actuasen hacia los dems con la mismagracia que gustaran de ver reflejada en ellos. Esto est fundamentado sobreel conocimiento de la bondad del Padre. Finalmente, les exhorta a exhibir laenerga que les iba a permitir entrar por la puerta estrecha, y escoger el ca-mino de Dios, costase lo que costasepues muchos gustaran de entrar en elreino, pero no por esa puerta; y les previene contra aquellos que intentaranengaarlos fingiendo que tenan la Palabra de Dios. No es de nuestros cora-zones solamente que deberamos desconfiar, y del mal positivo, cuando sigui-ramos al Seor, sino tambin de los ardides del enemigo y de sus agentes.Pero sus frutos iban a delatarlos.1. Es importante, sin embargo, reiterar que no existe una espiritualizacin dela ley, como a menudo se dice. Los dos grandes elementos de la inmoralidadentre los hombres son considerados, violencia y corrupcin, a los cuales sonaadidos votos voluntarios. En stos, las exigencias de la ley y lo que Cristodemandaba son contrastados. 34
  • 33. Mateo 5-7gilancia que necesitaban para no ser engaados (versculos13-23). Obediencia real y prctica a Sus dichos, la verdadera sa-bidura de aquellos que escuchan Sus palabras (versculos24-29). Hay otro principio que caracteriza a este discurso, y es lapresentacin del nombre del Padre. Jess sita a Sus dis-cpulos en relacin con Su Padre, como Padre de ellos. Lesrevela el nombre del Padre a fin de poder estar en relacio-nes con l, y para que acten en conformidad a lo que l es. Este discurso ofrece los principios del reino, pero suponeel rechazo del Rey, y de la posicin a la cual este reino trae-ra a los que pertenecan al Rey, quienes deban consecuen-temente esperar un galardn celestial. Tenan que dejar unrastro divino donde Dios era conocido y actuaba. Adems,ste era el objeto de Dios. Su confesin tena que ser tanabierta como para que el mundo atribuyera las obras deellos al Padre. Por otra parte, tenan que actuar segn unjuicio del mal que llegara al corazn y a los motivos, perotambin, conforme al carcter del Padre en graciaparaser aprobados por el carcter del Padre en graciael cualvea en lo secreto, donde el ojo del hombre no poda pene-trar. Tenan que poseer total confianza en l para todas susnecesidades. Su voluntad era la norma segn la cual se pro-duca la entrada al reino. Podemos observar que este discurso est relacionado conla proclamacin del reino como cercano, y que todos estosprincipios de conducta son dados como caractersticas delreino, y como condiciones para la entrada en l. De ello sededuce que estos principios son meritorios de los que hanentrado ya. El discurso pronunciado en medio de Israel1 es1. Debemos recordar siempre que, mientras que Israel tiene dispensacional-mente una gran importancia como el centro del gobierno divino de estemundo, moralmente no dejaba de ser el hombre donde todos los caminos y re-laciones de Dios haban sido llevados a cabo para traer su estado a la luz. Elgentil era el hombre abandonado a s mismo en lo que se refiere a los caminos 35
  • 34. Mateo 5-7que el reino se establezca como el estado previo que debapreceder a su entrada en l, y para presentar sus principiosfundamentales en relacin con ese pueblo en contraste mo-ral con las ideas que ellos se haban formado al respecto. Al examinar las bienaventuranzas, hallaremos que estaparte en general ofrece el carcter de Cristo mismo. Ellospensaban en dos cosas: la posesin futura de la tierra deIsrael por mano de los mansos, y la persecucin del rema-nente fiel, verdaderamente justo en sus caminos, el cualafirmaba los derechos del verdadero Rey, siendo el cielopresentado a ellos como esperanza para sostener suscorazones1. sta ser la posicin del remanente en los ltimos dasantes de la introduccin del reino, siendo este ltimo algoexcepcional. As era, moralmente, en los tiempos de los dis-cpulos del Seor, en referencia a Israel, que la parte terre-nal era demorada. En referencia al cielo, los discpulos soncontemplados como testigos en Israel. Mientras que eran lanica conservacin de la tierra, tambin lo eran de un tes-timonio al mundo. As que los discpulos son vistos en rela-cin con Israel, al tiempo que como testigos del lado de Diosal mundoestando en perspectiva el reino, pero todava noespeciales de Dios, y por ello no revelados. Cristo era una luz (eis apokalypsenethnon) para revelar a los gentiles.1. Los caracteres pronunciados en las bienaventuranzas pueden ser definidosbrevemente. Dan por supuesto el mal en el mundo, y entre el pueblo de Dios.El primer carcter no busca grandes cosas para el yo, aceptando un lugar des-preciativo en una escena contraria a Dios. De ello que la lamentacin es lo quelos caracteriza aqu, y la mansedumbre, una voluntad que no se eleva en con-tra de Dios, ni para mantener su posicin o derechos. Luego est el bien posi-tivo ansiado, pues todava no ha sido hallado; a partir de ah, el hambre, yluego la sed; tal es el estado interior y actividad de la mente. Despus, la gra-cia hacia los dems. Ms tarde, la pureza de corazn, la ausencia de lo quedesplaza a Dios; y, lo que est siempre relacionado con ello, la pacificacin yla creacin de paz. Pienso que hay un progreso moral en los versculos, condu-ciendo uno al siguiente como efecto de ello. Los dos ltimos son consecuenciade querer mantener una buena conciencia y relacin con Cristo en un mundode maldad. Hay dos principios de sufrimiento, como en 1 Pedro, por causa dela justicia y del nombre de Cristo. 36
  • 35. Mateo 5-7establecido. La relacin con los ltimos das es evidente;sin embargo su testimonio tena entonces, moralmente,este carcter. Solamente el establecimiento del reino terre-nal haba sido demorado, y la Iglesia, la cual es celestial, esintroducida. El versculo 5 del quinto captulo alude evi-dentemente a la posicin de Israel en los tiempos de Cristo.Y de hecho ellos permanecen cautivos, en prisin, hastaque hayan recibido su castigo completo, y entonces sercuando saldrn nuevamente. El Seor habla siempre y acta como el Hombre obe-diente, movido y guiado por el Espritu Santo. Vemos de lamanera ms extraordinaria, en este evangelio, quin es elque acta as. Y es esto lo que confiere su verdadero carc-ter moral al reino de los cielos. Juan el Bautista podaanunciarlo como un cambio de dispensacin, pero su minis-terio era terrenal. Cristo poda igualmente anunciar estemismo cambioel cambio era del todo importanteperoen l haba mucho ms que esto. l era del cielo, el Seorque vino del cielo. Al hablar del reino de los cielos, procla-maba la profunda y divina abundancia de Su corazn. Nin-gn hombre haba estado en el cielo, excepto l, que habadescendido de all, el Hijo del Hombre que estaba en elcielo. ste fue el caso, como se expone de dos maneras en elevangelio de Mateo. Ya no se trataba de un gobierno con-forme a la ley. Jehov, el Salvador, Emanuel, estaba pre-sente. Poda ser l de otro modo que no fuera celestial enSu carcter, en el tono, en los sentidos, de toda Su vida? Cuando empez Su ministerio pblico y fue sellado por elEspritu Santo, los cielos fueron abiertos a l. Fue identifi-cado con el cielo como un hombre sellado por el EsprituSanto sobre la tierra. l fue as la expresin constante delespritu, de la realidad del cielo. Todava no exista el ejer-cicio del poder judicial, el cual mantendra este carcterfrente a todo lo que se le opusiera. Fue su manifestacin enpaciencia, no obstante la oposicin de todo lo que le rodeabay de la incapacidad de Sus discpulos para comprenderle. 37
  • 36. Mateo 5-7As, en el sermn del Monte hallamos la descripcin deaquello que era apto para el reino de los cielos, e incluso lagaranta del galardn para aquellos que deberan sufrir so-bre la tierra por causa de Su nombre. Esta descripcin,como hemos visto, es esencialmente el carcter de Cristomismo. Es as que un espritu celestial se expresa en la tie-rra. Si el Seor ense estas cosas, se debe a que l losamaba, a que l era ellos y se complaca en ellos. Siendo elDios del cielo, lleno como hombre del Espritu sin medida,Su corazn estaba perfectamente al unsono con un cieloque l conoca perfectamente. En consecuencia, da fin alcarcter que Sus discpulos tenan que asumir con estas pa-labras: Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padreque est en los cielos es perfecto. Toda su conducta tenaque tener la referencia de su Padre en los cielos. Cuantoms comprendamos la gloria divina de Jess, y la maneraen que l como Hombre estaba relacionado con el cielo,tanto ms asimilaremos lo que para l era el reino de loscielos con respecto a lo que se cea a l. Cuando sea esta-blecido con poder en un futuro, el mundo ser gobernadoconforme a aquellos principios, aunque no sean stos, pro-piamente hablando, los terrenales. El remanente de los ltimos das, y no dudo en esto, ha-llando que todo a su alrededor es contrario a la piedad, yviendo que toda la esperanza juda se desvanece ante susojos, estarn obligados a mirar arriba, y adquirirn ms yms este carcter, el cual, si no celestial, es al menos muyconforme a Cristo1.1. Aquellos que sean dados muerte irn al cielo, como Mateo 5:12 lo testifica,y el Apocalipsis tambin. Los otros, que son as conformados a Cristo como ju-do sufriente, estarn con l sobre el monte Sin; aprendern el cntico quese canta en el cielo, y seguirn al Cordero dondequiera que l fuere (sobre latierra). Podramos tambin resaltar aqu que en las bienaventuranzas hay lapromesa de la tierra para los mansos, la cual ser literalmente consumada enlos ltimos das. En el versculo 12, un galardn en el cielo es prometido aaquellos que sufrirn por Cristo, cierto para nosotros ahora, y de algn modopara aquellos que sern matados por causa de Su nombre en los ltimos tiem- 38
  • 37. Mateo 5-7 Hay dos cosas relacionadas con la presencia de la multi-tud en el versculo 1. En primer lugar, el tiempo necesariopara que el Seor pudiera dar una idea verdadera del ca-rcter de Su reino, despus de que atrajera tras l a todala muchedumbre. Hacindose sentir Su poder, era impor-tante que Su carcter fuese dado a conocer. Por otro lado,esta multitud que segua a Jess era un lazo para Sus dis-cpulos; y l les hace entender qu completo contraste ha-ba entre el efecto que la multitud poda causar sobre ellosy el espritu verdadero que deba gobernarlos. As, lleno lde lo verdaderamente bueno, presenta enseguida lo que lle-naba Su corazn. ste era el verdadero carcter del rema-nente, que en general se asemejaba a Cristo en esto. Ocurrea menudo as en los Salmos. La sal de la tierra es algo diferente de la luz del mundo.La tierra, segn me parece, expresa aquello que ya profe-saba haber recibido luz de Dioslo que estaba en relacincon l en virtud de la luzhabiendo asumido una formadeterminada ante l. Los discpulos de Cristo eran el prin-cipio de conservacin en la tierra. Ellos eran la luz delmundo, que no posea esta luz. sta era su posicin, refle-jaran esa luz o no. Era el propsito de Dios que ellos fueranla luz del mundo. Una candela no se enciende para ser ocul-tada despus. Todo esto supone la posibilidad de que el reino sea esta-blecido en el mundo, pero tambin supone la oposicin dela gran mayora de los hombres a su establecimiento. No esuna cuestin de la redencin del pecador, sino de la com-prensin del carcter propio de un lugar en el reino de Dios;aquel que el pecador debera procurarse mientras se halleen el camino con su adversario, a fin de no caer en las manosdel juezlo cual ha sucedido verdaderamente a los judos.pos, y los cuales tendrn su lugar en el cielo aunque sean stos una parte delremanente judo, y no de la asamblea. Lo mismo encontramos en Daniel 7: so-lamente, observad, son los tiempos y las leyes los que sern entregados en ma-nos de la bestia, no los santos. 39
  • 38. Mateo 5-7 Los discpulos son trados en la relacin con el Padre unopor unoel segundo gran principio del discurso, la conse-cuencia de que el Hijo est ally sin embargo les es pre-sentado algo ms excelente an que su posicin de testimo-nio para el reino. Tenan que actuar en gracia, igual que suPadre actuaba, y su oracin deba ser para un orden de co-sas en las que todo correspondiera moralmente al carctery a la voluntad de su Padre. Santificado sea tu nombre,venga tu reino1; que todo respondiera al carcter del Pa-dre y fuese el efecto de Su poder; Hgase tu voluntad,como en el cielo, as tambin en la tierra, es obedienciaperfecta. La sujecin universal a Dios en el cielo y sobre latierra ser, hasta cierto punto, efectuada por la interven-cin de Cristo en el milenio, y de manera absoluta cuandoDios ser todo en todos. Mientras tanto, la oracin expresadependencia diaria, la necesidad del perdn, la necesidadde ser guardados del poder del enemigo, el deseo de no seracrisolados por l, como una economa de Dios, igual que lofueran Job o Pedro, y de ser preservados del mal. Esta oracin tambin se adapta a la posicin del rema-nente; pasa por alto la dispensacin del Espritu e inclusoaquello que corresponde al milenio como un reino terrenal,para expresar los deseos correctos y hablar de la condiciny de los peligros del remanente hasta que el reino del Padrehaya de venir. Muchos de estos principios son siempre ver-daderos, pues nosotros estamos en el reino, y en el espritudeberamos manifestar sus rasgos; pero la aplicacin espe-cial y literal es aquello lo cual he dado. Ellos son trados ala relacin con el Padre en la comprensin de Su carcter,el cual tena que manifestarse en ellos en virtud de esta re-lacin, haciendo que desearan el establecimiento de Sureino para vencer las dificultades de un mundo enemigo,guardarse a s mismos de los lazos del enemigo y hacer lavoluntad del Padre. Era Jess quien poda transmitirles1. Es decir, el del Padre. Comparar Mateo 13:43. 40
  • 39. Mateo 8esto. As pasa de la ley1, reconocida como proveniente deDios, a su consumacin, cuando ser como absorbida en lavoluntad de Aquel que la dio, o llevada a cabo en sus prop-sitos por Aquel que solamente poda hacerlo as en cual-quiera de los sentidos. Captulo 8 En el octavo captulo, el Seor comienza Su paciente vidade testimonio en medio de Israel, la cual concluy con Surechazo por el pueblo al que Dios haba guardado tantotiempo para l, para su propia bendicin. l haba proclamado el reino, manifest Su poder portoda la tierra, y declar Su carcter, as como el espritu deaquellos que deberan entrar en el reino. Pero Sus mila-gros2, as como todo el evangelio, estn siempre caracteri-zados por Su posicin entre los judos y las relaciones deDios con ellos, hasta que es rechazado. Jehov, no obstanteel Hombre obediente a la ley, mostraba por anticipado laentrada de los gentiles en el reinosu establecimiento enmisterio en el mundoy predeca la edificacin de la Igle-sia o asamblea sobre la aceptacin de que l era el Hijo delDios viviente, y del reino en gloria. Y, mientras que detec-taba, como efecto de Su presencia, la malignidad del pue-1. La ley es la norma perfecta para un hijo de Adn, la norma o medida de loque debera ser, pero no de la manifestacin de Dios en gracia como Cristo loera, en lo cual l es nuestro modeloun llamamiento justo a amar a Dios ya andar en el cumplimiento del deber en las relaciones con l, pero no a unaimitacin de Dios, sino andando en amor, como Cristo nos am y se dio a Smismo por nosotros.2. Los milagros de Cristo tenan un carcter peculiar. No eran meramente ac-tos de poder, sino que eran todos ellos poder de Dios visitando este mundo enbondad. El poder de Dios haba sido mostrado frecuentemente de modo espe-cial, desde Moiss, pero a menudo en juicio. Pero los milagros de Cristo erantodos la liberacin de los hombres de las malficas consecuencias que el pe-cado haba introducido. Haba una excepcin, la maldicin de la higuera, perosta era una sentencia judicial sobre Israel, es decir, el hombre bajo el antiguopacto en donde haba gran apariencia, pero ningn fruto. 41
  • 40. Mateo 8blo, soportaba empero la carga de Israel con perfectapaciencia1. Es Jehov presente en bondad, la que ellos mos-traban exteriormente. Maravillosa verdad! En primer lugar, hallamos la curacin del leproso. Jehovsolo, en Su soberana gracia, poda curar al leproso; aqu Je-ss lo hace as. Si quieres, dice el leproso, puedes.Quiero, contesta el Seor. Pero al mismo tiempo, mien-tras muestra en Su propia Persona aquello que repele todaposibilidad de contaminacinaquello que est por en-cima del pecadol le muestra al contaminado la msperfecta condescendencia. Toca al leproso, y le dice Quiero,s limpio. Vemos la gracia, el poder, la santidad inclume1. Incluyo aqu algunas notas de los manuscritos, tomadas cuando lea Mateo,pues esto fue escrito como arrojando, creo, luz sobre la estructura de esteEvangelio. Mateo 5 al 7 ofrece el carcter necesario para la entrada en el reino,el carcter que tena que distinguir al remanente aceptado; Jehov, estandoahora en el camino con la nacin hacia el juicio. Los captulos 8-9 ofrecen elotro aspectogracia y bondad venidas, Dios manifestado, Su carcter yhechos, esa cosa nueva que no poda ser metida en odres viejosbondad enpoder, pero rechazada, el Hijo del Hombre (no el Mesas), quien no tena dnderecostar Su cabeza. El captulo 8 ofrece la intervencin con poder bajo unabondad temporal. Bajo esta bondad se contina ms all de Israel, puesto quetrata en gracia con lo que fue excluido del campamento de Dios en Israel. Sehabla adems del poder sobre el poder satnico, sobre la enfermedad y sobrelos elementos, y ello tomando la carga sobre S mismo, pero bajo un rechazoconsciente. El captulo 8:17-20 nos lleva a Isaas 53:3-4, y al estado de cosasque llamaban a un total seguimiento tras l, abandonando todo. Esto nos con-duce al triste testimonio de que, si el poder divino expele el de Satans, la pre-sencia divina manifestada en aqul es insoportable para el mundo. La figuradel hato de cerdos prefigura a Israel. El captulo 9 provee el lado religioso deSu presencia en gracia, el perdn, y el testimonio de que Jehov estaba allconforme al Salmo 103, pero llamando a pecadores, no a justos. Y esto era es-pecialmente lo que no se adaptaba a los odres viejos. Para acabar, este cap-tulo, prcticamente, salvo la paciencia de la bondad, cierra la historia. l vinopara salvar la vida de Israel. Haba realmente muerte cuando l vino: sloque, donde haba fe en medio de la muchedumbre agolpada, haba tambin cu-racin. Los fariseos muestran la blasfemia de los lderes: solamente la pacien-cia de la gracia subsiste an, llevada a cabo hacia Israel en el captulo 10, peroson hallados incorregibles en el captulo 11. El Hijo revelaba al Padre, y estoes lo que permanece y da descanso. El captulo 12 despliega totalmente eljuicio y el rechazo de Israel. El captulo 13 presenta a Cristo como sembrador,no buscando fruto en Su via, y la forma real del reino de los cielos. 42
  • 41. Mateo 8de Jehov, descendida en la Persona de Jess en la ms n-tima proximidad hacia el pecador, tocndole casi. Fue cier-tamente el Seor te ha curado1. A la vez, l se ocult, yorden al hombre que haba sido sanado que fuese al sacer-dote segn las ordenanzas de la ley para presentar laofrenda. l no se sali del lugar del judo en sujecin a laley; Jehov estaba all en bondad. En el siguiente caso, vemos a un gentil que por la fe gozade todo el efecto de ese poder que su fe imputaba a Jess,propicindole al Seor la ocasin para declarar la solemneverdad de que aquellos pobres gentiles deberan venir ysentarse en el reino de los cielos con los padres, respetadospor la nacin juda por ser stos los primeros padres de losherederos de la promesa. Los hijos del reino deberan que-dar fuera en las tinieblas. De hecho, la fe de este centurinreconoci un poder divino en Jess, el cual, por la gloria deAquel que lo posea, abrira la puerta a los gentilesno ol-vidara a Israele injertara en el olivo de la promesa lasramas del olivo silvestre, en el lugar de aquellos que debanser cortados. La manera cmo debera esto tener lugar enla asamblea, no es ahora la cuestin que se trata. l no abandona a Israel de ningn modo. Entra en la casade Pedro y cura a la madre de su esposa. Hace lo mismo contodos los enfermos que se agolpaban en torno a la casa,cuando anocheca y el sbado haba terminado. Fueron to-dos curados, y los demonios echados fuera, para que se cum-pliera la profeca de Isaas: Llev l nuestras enfermeda-des, y soport nuestros dolores. Jess se situ voluntaria-mente bajo el peso de todas las dolencias que opriman aIsrael, para aliviarlos y curarlos. Es Emanuel, quien sientesu miseria y est abatido por todas sus aflicciones, y quienha venido con el poder que le capacita para liberarlos.1. Aquel que tocaba a un leproso se volva impuro; pero el Bendito vino tancerca del hombre que quit la impureza sin contaminarse. El leproso conocaSu poder, pero no estaba seguro de Su bondad. El quiero la declar con tangran ttulo que Dios slo tiene que decir: Quiero. 43
  • 42. Mateo 8 Estos tres casos exhiben este carcter de Su ministerio demanera clara y extraordinaria. l se oculta, pues hasta elmomento en que l mostrara juicio a los gentiles no le-vanta Su voz en las calles. Es la paloma, la cual reposa so-bre Su cabeza. Estas manifestaciones de poder atraen a loshombres hacia l; pero esto no le engaa: nunca se apartaen espritu del lugar que ha tomado. l es el menospreciadoy rechazado de los hombres; no tiene dnde recostar Su ca-beza. La tierra tena ms lugar para las zorras y las avesque para l, a quien hemos visto aparecer antes como el Se-or, reconocido cuando menos por causa de las necesidadesque nunca rehus satisfacer. Por lo tanto, si algn hombrequera seguirlo, deba abandonar todo para ser el compa-ero del Seor, que no hubiera descendido a la tierra si nohubiese estado todo en entredicho; ni lo habra hecho sin underecho absoluto, aunque hubiera sido a la vez con un amorque solamente poda estar ocupado con su misin, y con lanecesidad que trajo al Seor all. El Seor sobre la tierra, o lo era todo o no era nada. Esto,verdaderamente, tena que sentirse moralmente en sus re-sultados, en la gracia que, actuando por fe, vinculaba alcreyente a l con un lazo inefable. Sin ello, el corazn nohubiera sido moralmente sometido a prueba, pero esto nole restaba importancia. Por consiguiente, estaban presen-tes las pruebas: los vientos y las olas, ante los cuales parael ojo humano l pareca estar expuesto, obedecan Su vozde inmediatouna sobrada prueba para la incredulidadque le despert de Su sueo, la cual haba credo posibleque las olas fuesen a hundirle, y con l los consejos y el po-der de Aquel que haba creado estos elementos. Es evidenteque esta tormenta fue enviada para probar la fe de ellos yla dignidad de Su Persona. Si el enemigo fue el instru-mento que la produjo, su xito slo sirvi en parte para queel Seor manifestase Su gloria. Tal es siempre el caso res-pecto a Cristo, y para nosotros,