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Juan Manuel Mogolln

La dimensin esttica y la crtica social en el pensamiento crtico y utpico de Herbert Marcuse

RESUMENA partir de una interpretacin de corte fundamentalmente psicologico-antropolgico, el siguiente ensayo busca sustentar la idea de Marcuse que afirma que el carcter crtico y utpico de la dimensin esttica es el resultado de una represin cultural. Desarrollando el potencial poltico y revolucionario que conservan los conceptos ms caros de la esttica idealista, se aspira a deshacer tericamente dicha represin recordando el sentido original y la funcin de la esttica. Esta tarea envuelve la comprobacin de la relacin interior entre el placer, la sensualidad, la belleza, la verdad, el arte y la libertad una relacin revelada en la historia de la filosofa del trmino esttico.

OBSERVACIONES

ABSTRACTAesthetics and Social Criticism in the Critical and Utopian Thinking of Herbert Marcuse

EL AUTOR:

Estudi Literatura en la Universidad Nacional de Colombia. Actualmente dirige los programas: Lecturas Compartidas; Nuevas Letras y Huellas en UN Radio. Una versin preliminar de este ensayo fue presentada como ponencia en el Dcimo Seminario de Pensamiento Social: T. W. Adorno cien aos.

Through a fundamentally psychological-anthropological interpretation, the essay supports Marcuses idea which states that the critical and utopian character of aesthetics is the result of a cultural repression. By developing the political and revolutionary potential inherent in the most important concepts of idealist aesthetics, the goal is to theoretically undo the repression, returning to the original meaning and function of aesthetics. This task involves proof of the relation between pleasure, sensuality, beauty, truth, art and freedom a relation revealed in the history of the philosophy of aesthetics.

uesto que nuestra intencin es la de reconocer el carcter crtico y utpico del arte y la literatura, por y sobre aquellos supuestos tericos y artsticos inspirados en las vanguardias de principios del siglo XX, nuestro trabajo deber ser, entonces, acentuar el carcter subversivo y revolucionario de la obra de arte autntica. Esto implica, por supuesto, el esfuerzo de vislumbrar, definir y comprender en qu consiste dicha autenticidad, algo que supera en mucho a los esfuerzos tericos del arte actual que, al renunciar tan ligeramente a conceptos tan caros como el de la autonoma del arte y la literatura, han experimentado un empobrecimiento crtico. La necesidad de mantener la nocin de autonoma radica ante todo en un hecho de carcter ilustrado. Definida por Kant como la salida del hombre de su condicin de menor de edad de la cual l mismo es culpable, donde la minora de edad es la incapacidad de servirse de su propio entendimiento sin la direccin de otro 1, la Ilustracin defiende en su proyecto esencial la necesidad de un hombre crtico y autnomo como presupuesto para el desarrollo de la humanidad. En donde tal premisa se vea coartada, como en el caso actual de la industria cultural y ms generalmente en el acelerado proceso de reificacin que ha trado consigo el sistema capitalista, surge la necesidad de conservar un espacio crtico y autnomo que ponga en evidencia ta-

P

PRELIMINARES

PALABRAS CLAVES:Marcuse, esttica, cultura burguesa, vanguardia, literatura.

1 Immanuel Kant, Respuesta a la pregunta: Qu es la Ilustracin?, tomado de Seal que cabalgamos, nmero 5, Bogot, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia, 2002; traduccin de Rubn Jaramillo Vlez.

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FACULTAD DE CIENCIAS HUMANAS - UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA

JUAN MANUEL MOGOLLN

les procesos y que pueda as cumplir una funcin emancipadora. Slo en la medida en que se le asigne al arte esta tarea como primera funcin, en que se seale su lugar dentro de la praxis social, ste podr adquirir todo su valor crtico. Si se tiene en cuenta el hecho de que la historia de la humanidad, segn Marx la prehistoria, ha sido la historia de la lucha de clases, del antagonismo entre opresores y oprimidos sea cual fuere su manifestacin histrica, se llega a la conclusin de que la falta de libertad ha sido un rasgo concomitante de la historia. De acuerdo con lo anterior, ms all de ser la exigencia propia de una clase social en determinado estado histrico, como lo pensaron algunos radicalismos de izquierda a principios del siglo pasado, la exigencia de la libertad ha sido siempre el horizonte en el cual se ha desenvuelto la dimensin esttica. Las artes y la literatura pueden definirse entonces como lo hicieran Adorno y Marcuse como la representacin de la falta de libertad. En un estado que se caracteriza por la falta de libertad, el arte puede sostener la imagen de la libertad slo en la negacin de la falta de libertad (Adorno, Die gegngelte Musik, 1953)2. Retomando las palabras de Marcuse, en adelante consideraremos el carcter crtico y utpico de la dimensin esttica como el resultado de una represin cultural de los contenidos y verdades que se oponen al principio de actuacin [que ha sido la forma en que la razn se ha desarrollado en el sistema capitalista]. Trataremos de deshacer tericamente esta represin recordando el sentido original y la funcin de la esttica. Esta tarea envuelve la comprobacin de la relacin interior entre el placer, la sensualidad, la belleza, la verdad, el arte y la libertad una relacin revelada en la historia de la filosofa del trmino esttico (Marcuse, 1953: 182). Con este propsito, tal vez lo ms pertinente sea empezar por comprender aquello que se encuentra en debate. La sola mencin de los trminos autenticidad y verdad de la obra de arte despiertan las sospechas de algunos que, habiendo asumido la desintegracin de la cultura burguesa, expresan un rechazo absoluto de la tradicin de la esttica idealista. Todo aquello que est relacionado con estos trminos les huele a metafsica, a cadver, a engao, a cosa del

pasado. A cambio de cualidades como belleza, armona, ilusin (Schein), reconciliacin, cualidades propias de la esttica idealista, prefieren trminos como textualidad, fractura, atomizacin, alteridad, polifona, etc., trminos que vienen, segn ellos, a remplazar el carcter clasista y elitista de una cultura divorciada de la realidad y legitimante del sistema burgus, por una cultura viva, progresista y para todos. Pero, qu significa en verdad la acusacin de la cultura burguesa como una cultura clasista? Significa, naturalmente, que dicha cultura fue hecha por y para una clase, la clase burguesa. Si se acepta esto tendr que aceptarse tambin que con la disolucin de la sociedad burguesa vendr el fin de su cultura y por consiguiente el fin de la esttica tradicional. Lo que est en juego es, precisamente, la validez universal de dicha cultura y, con ello, el hecho de que la esttica tradicional pueda seguir guardando su pretensin de verdad y universalidad. Por consiguiente, la literatura de los siglos XVIII y XIX, esa literatura que declar alguna vez su autonoma, la independencia de la forma esttica de la vida burguesa, se convierte para la cultura emergente de principios del siglo XX en la legitimacin de una reprochable forma de existencia. Las primeras manifestaciones de este rechazo se hicieron sentir con la aparicin del primer surrealismo y su proposicin de un antiarte, en el campo artstico, y con la emergencia de los Estados totalitarios en el campo poltico, que propiciaron a su vez la postura reaccionaria de un arte revolucionario de masas. En ambos casos, el rechazo de la cultura burguesa adquira un carcter poltico. Se hablaba de una revolucin cultural, de una movilizacin cuya exigencia era la reintegracin redentora del arte y la literatura a los procesos materiales de la vida, bajo el falso supuesto de la creacin de una cultura hecha por todos y para todos. Siendo as, el principal reproche que se le haca a la cultura burguesa era la disociacin idealista entre arte y sociedad, y con ella, la ilusin armonizante o reconciliacin imaginaria de las contradicciones materiales de existencia. Lo anterior converta a la esttica idealista, como afirman sus detractores, en una forma legitimante exclusiva de la clase burguesa. Superar esta condicin sig-

2 Citado por Marcuse en Eros y civilizacin, Mxico, Joaqun Mortiz, 1965, pg. 156.

PALIMYHSTOS - PALIMPSESTVS - PALIMPSESTO

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nificaba, primero, superar el carcter clasista de sta y, segundo, cambiar la funcin histrica del arte. Antes que todo, cabe preguntarse si dichos reproches resultaban en verdad justificados, o si ms bien respondan a la acomodacin de la sociedad burguesa a un nuevo estado que sorteaba los inconvenientes que para ella traan los postulados crticos de la esttica idealista. De ser as, el reproche hacia la cultura burguesa termina siendo ms que una accin poltica una reprobacin de la forma esttica misma. Se trataba, en otras palabras, de la emergencia de una sociedad unidimensional, totalitaria, cuyos cnicos valores no soportan ms la dimensin crtica de la cultura intelectual burguesa y por esto tenda a desplazarla eliminndola. La pregunta nos lleva directamente a los planteamientos que Marcuse realizaba en 1937 con su texto Acerca del carcter afirmativo de la cultura. En este texto temprano, Marcuse se propona desenmascarar las tendencias que vinculaban a la filosofa ms representativa del perodo burgus con su superacin totalitaria. Sin embargo, era preciso adelantar un importante hecho para discusiones posteriores: la tensin y ambigedad que se generaba en el interior de la cultura burguesa. Dicha tensin, demandaba entonces un anlisis profundo que revelara no slo sus aspectos represivos, sino, y con mayor insistencia, sus aspectos positivos y revolucionarios. En este contexto, la preservacin de los conceptos eminentemente crticos de la esttica idealista adquira una sig