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Enciclopedia Catolica

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  • mmmii mm\.

    TOMO II.

    E. C. T . II.

  • LAGRIMAS CRISTIANAS

    FUNESTOS PROGRESOS DE L A INCREDULA FILOSOFIA. POR EL DOCTOR

    D . PEDRO ANTONIO FERNANDEZ DE CORDOBA, Caballero Comendador de la Real Orden de Isabel la Ca-tlica, Cannigo de la Santa Iglesia Metropolitana de

    Lima, y Obispo electo que fue de Puerto-Rico.

    Sesunda cdleion.

    I

    C O K U C E N C I A D X I , O R D I N A R I O .

    M A D R I D : 1845 . Imprenta de D. JOS FLIX PALACIOS, editor,

    carrera de S. Francisco, nm. 6.

  • Hcu ! Quid adco simile philosophus et cbristinnus ? Grsecie disci-pnlus et cceli ? Fama? negociator et vitaa ? Vcrborum et fiictorum opera-toi-? Rerutri esdificator et destructor? Amicus et inimicus erroris ? V e -ritatis interpolator et expressor ? Furator ejus et custos antiquior mni -bus , n i fal lor?

    TerMl'anit in Apolog.

    fioc grsBcum verbum Philosophia notninatur , latine amor sapicntise dicitur. Uad etiam divines seriptura) quas vehementcr amplccteris, uoa omnin pliilosophos, sed pliilosophos hujus mundi evitandos atque i r r idon-dos esse prsecipiuQt. Esse autem alium miindum ab istis oculis remotissimum quem paucorum sanorum intellectus ii)tuctur, satis Chrislus significat, qui non dicit : REGNM M E U M TON E S t D E MUNDO ; SED R E G N D M M E U M N O N EST DE HOO MONDO.

    Agust. De ordine; lih. I. , cop, vU-

  • F l S T O S PROGRESOS DE LA INCREDULA FILOSOFIA.

    LLANTO PRIMERO. ESTRAGOS Y SEDUCCION DE LA INCRDULA FILOSOFA ,

    APOYADA EN SOLA LA RAZON.

    J u a s lgrimas cuando son sinceras no acostumbran prlogos- Ellas ocurren espontneamente los ojos; no guardan mtodo; el llanto es un ordenado desrden del dolor, que se expresa sin otra retrica que la del cora-zn. Las lgrimas cristianas tienen su dulzura , que no es conocida sino de quien las vierte; pero tienen sus interrupciones, como las de los cantores sagrados que tambin lloraron; su fuente son sus motivos, y s u m -rito su relacin Dios, cuya gloria buscan, no la su-ya. Y a en otra ocasin cant .con recreacin de mi es-pritu la verdad, la gloria y la hermosura del cristia-nismo , contemplndolo en solo su faz recreativa. Aho-ra rompen mis ojos en llanto amargo, y no pueden contener las lgrimas, viendo su semblante aflictivo. Aquellas RECREACIONES fueron los aleluyas del cristia-no, y estas LGRIMAS son los heu! heu! de nuestro sacerdocio. Ay de mi l Algo mas que lgrimas era necesario para lamentar debidamente la ruina de tan-

  • 6 LLANTO

    las almas que han sido, son y sern vctimas de la in-crdula Filosofa! Esta es la fuente envenenada: esta la maestra del error y de la mentira: esta la predica-dora importuna de los principios falsos; de la pruden-cia de la carne; de los movimientos fsicos de la natu-raleza ; de los derechos del hombre; de la obediencia por contrato; del poder soberano por gracia del pue-blo; de las virtudes cvicas de propia conveniencia ; de la filantropa sin alma y sin carcter de verdadera ca-ridad; de la licencia de pensar, decir y hacer todo lo que se quiera; de la felicidad puramente animal y terrena de la sociedad; de negar la providencia divina; de resistir la f, suponindola contraria la razn, nico fanal de su navegacin los infiernos; de bur-larse de la autoridad del vicario de Jesucristo; de ne-gar la Iglesia su potestad de jurisdiccin, y sus ministros la de perdonar pecados; de que se les quie-ra por maestros, pero sin discpulos; de que se les ad-mita en la sociedad, pero sin influjo en las concien-cias , en que consiste el verdadero bien de una socie-dad catlica ; de corromper la moral, seduciendo la juventud de ambos sexos; de Qu lgrimas serian bastantes para manifestar la afliccin, que el alma sien-te al contemplar este cuadro abominable? Ay de mil Y de qu armas se vale este monstruo para sus de-seadas victorias sobre el cristianismo? De sus apstoles sin misin; de sus escritores sin vocacin; de sus l i -bros por antonomasia malos; de sus novelas amatorias y obscenas; de sus pliegos volantes siempre envenenados y siempre hipcritas, siempre variados y siempre los mismos; de sus poesas improvisadas, bajas, intiles daosas; dess ancdotas de invencin; de sus sarcas-mos de insulto; de sus sonrisas cobardes; dess sofismas mil veces repetidos y seis mil refutados; en fin, de sus padrinos impos y de sus adeptos incautos ignorantes.

    Almos inconsideradas! Pluguiese al cielo que yo

  • PRIMERO. 7

    os trajese con mis lgrimas la santa simplicidad de nuestros antepasados en el cristianismo! Pluguiese al cielo que yo con mis amentos amargos os armase con-tra la seduccin que arrastra tantos la regin de los eternos tormentos, donde si se llora es sin peniten-cia; donde si se cree es sin mrito , y estremecindose como los demonios que tambin creen y tiemblan; donde ya no se lee esa mxima de los impos, coron-mosnos de rosas, sino este decreto perentorio, empus non eril amplius: donde ya no se dir preso por mil , preso por mil y quinientos; porque se oir de lo alto esta voz terrible: ^Manwm se glorificavt et in deliciis f u , tantum date i l l i tormentum t luctumi donde la infelicidad de aquella sociedad de condenados consiste en haber perdido el sumo bien, en haberse volunta-riamente apartado de su legtimo Monarca, monarca de todos los monarcas.

    Filsofos incrdulos I Vosotros diris que mi libro de lgrimas solo es bueno para los idiotas fanticos. Y o os digo que en mis lgrimas hay mas filosofa que en vuestros libros. 0d al grande Agustino que tam-bin fu filsofo, y quien no recusareis por haber sido santo. Despus de haber ledo los filsofos de la antigedad, dice (en el.libro 7 . , cap. 20 de sus confesiones), ya comenzaba querer parecer sabio, y lleno de pena no lloraba, antes bien andaba hin-chado y me desvaneca con mi ciencia. En aquellos libros, de los filsofos, no encontraba aquella caridad que edifica , ni aquella humildad que es el fundamento de la sabidura: en aquellos libros no se hallan las l-grimas de la confesin, ni otro sacrificio, ni el espri-tu atribulado, ni el corazn contrito y humillado, ni la salud del pueblo, ni esposa, ni ciudad, ni ara del Espritu Santo, y cliz de nuestra redencin: en aquellos libros ninguno canta cmo no estar mi a l -ma sujeta mi Dios, pues de l tengo la salud?; en

  • 8 LLANTO

    aquellos libros no hay quien oiga aquella dulce voz del Seor: uen'c m los que trabajis; porque 3)por ser manso y humilde de corazn, se desdean aprender de l. Vos, Seor, habis escondido estos profundos misterios los sabios y prudentes del siglo, y los habis revelado los pequeuelos; porque una cosa es ver desde la altura de un monte, como de muy lejos, la patria de la paz, y no hallar el camino para ella, y andar descarriado sin poder atinar con l, y otra cosa es entrar y andar por el camino que nos lleva esa patria y visin de paz. Hasta aqu San Agustn.

    Mi libro es, pues, propia para aquellos peque-uelos quienes Dios ha enseado el camino del cielo, y otros libros no ensean sino extraviarlos de la ver-dad y de la patria bienaventurada, para que fuimos criados. Mi libro no tiene por objeto parecer sabio, ni hablar mucho, sino llorar mucho, y hablar solo aque-llo que Dios quiere que hablemos los que estamos au-torizados por l para clamar incesantemente contra el error y la mentira. Sobre todo: non omnes omnia omni modo cequaler possidemus hona: in quibusdam ser-mo vinc opus; m aliis contra opus sermonem su-perat.

    j Almas cristianas! Quines han debilitado la fir-meza de vuestra f ? Quines han corrompido vues-tra moral? No han sido otros que esos omnculos, que se llaman filsofos: esos hombrecillos que se lamentan de vuestro oscurantismo, palabra de moda con que quieren signifiear, la oscuridad de la f, de que vive e justo, justus ex fide vivit, la falta de las luces del siglo, con que ellos estn iluminados; como si las lu-ces del siglo fuesen de la naturaleza de aquella luz, que vino la tierra para iluminar todo hombre ciego por la culpa; de aquel Verbo del Padre, de aquel de quien San Juan dice que en l estaba la vida, y la vida

  • PRIMERO. 9

    era la luz de los hombres, in ipso vita erat, et vita erat lux hominum; et lux in tenebris lucet, et tenebrm eam non comprehmderunt. Ellos se han coligado contra la religin y la moral de Jesucristo: ellos son los ingratos que pagan con calumnias los servicios de esa misma moral: ellos los ciegos que renuncian sus propios intereses, y cier-ran los ojos la verdadera luz: ellos los furiosos que se hieren con sus propias manos, y se dan el castigo merecido.

    Desde que la incrdula Filosofa usurp el ttulo de reformadora, no ha sido el azote del mundo? Confun-dindolo todo, dividindolo todo, pretendindolo todo, no solamente en materia de religin, sino tambin en la paz, en la guerra, y hasta en el gabinete de los reyes: dema-siado diestra en explicar el rden por el acaso, el universo por el caos, y la justicia por la fuerza; negndose ad1 raitir la diferencia entre el bien y el mal, admitiendo al-gunos dogmas con exclusin de todos los dems; so-licitando con maniobras insidiosas el sufragio de los grandes; sujetando los pequeos con innovaciones so-bre innovaciones; despus mudando de tctica de un golpe; alzando su voz que resuena como el trueno; enarbolando el estandarte de una liga bien conocida y rompiendo con la Iglesia para ponerse en lugar de ella; acusndola de tirana para establecer la suya; atribuyndose una infalibilidad personal, que ningn orgullo habia osado aspirar hasta ahora; enmudecida por algn tiempo bajo la mano del genio de la eru-dicin y de la elocuencia, y volviendo levantar su cabeza soberbia para pedir coronas ; pasando sin fin de sistema en sistema, de discordancias en discordancias, de recriminaciones en recriminaciones; ya sofista, ya profeta , sin fijar jams su turbulencia ; veces aver-gonzada de sus abuelos , y extendiend