EL PRINCIPIO DE LA SOBERANÍA POPULAR ?· en una nación es el fruto directo del ejercicio de la soberanía,…

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75. . . . . .EL PRINCIPIO DE LA SOBERANA POPULAR EN LA CONSTITUCIN MEXICANA*Arnaldo CrdovaEn el derecho constitucional y en general en todas las ciencias del Estado, se dan, ms a menudo de lo deseable, conceptos e ideas que, por s solos, provo-can desacuerdos instantneos y controversias interminables. La misma idea del Estado entra en esa desafortunada categora. Pero tal vez no haya otro que concite ms polmicas que el concepto moderno de soberana, yendo desde quienes niegan en absoluto su validez hasta quienes, aceptndola, dan siempre del mismo nociones y definiciones que nunca se parecen a las que todos los dems proponen. Por ello, re-sulta necesario analizar con toda exactitud los trminos en los que nuestra carta mag-na instituye el concepto de soberana en su artculo 39 y atenernos, de una vez por todas, a ellos. Dice esta clusula fundamental y fundadora de nuestro pacto poltico nacional: La soberana nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder pblico dimana del pueblo y se instituye para su beneficio. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.Como resulta evidente, este artculo instituye como su fundamento esencial y originario la soberana nacional, de la que es nico titular el pueblo y, en virtud de l, el propio pueblo decide el rgimen poltico que decide darse. El que el artcu- lo hable de soberana nacional y no de soberana popular es slo una cuestin de trminos, porque todos nuestros congresos constituyentes vieron siempre al pue-blo como el verdadero titular de la soberana. Para nuestros constituyentes del 57 no haba diferencia entre la nacin y el pueblo, y simplemente pensaron que la nacin era el pueblo organizado polticamente. Decidir organizar a la sociedad mexicana en una nacin es el fruto directo del ejercicio de la soberana, el primer acto de so-berana, que es, en esencia, darle una Constitucin. La soberana nacional reside esencial y originariamente en el pueblo, dice el artculo. No hay nada oculto en esa frase; soberana nacional y soberana popular son la misma cosa. Lo que se desea * Publicado originalmente en Valads, Diego y Carbonell, Miguel (coords.), El Estado constitucional contemporneo. Culturas y sistemas jurdicos comparados, Mxico, UNAM, Instituto de Investigaciones Jurdi-cas, 2006.80_IV_Crdova Arnaldo.indd 75 23/12/16 17:05Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Jurdica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM www.juridicas.unam.mx https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv DR 2017. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Instituto de Investigaciones Jurdicas. Instituto Belisario DomnguezLibro completo en: https://goo.gl/r4lCCb. ArnAldo CrdovA76. . . . . .denotar es la autoridad del pueblo, incontrovertible, irresistible, inalienable, impres-criptible, exclusiva, intransferible y absoluta, para decidir el destino de su nacin, la sociedad organizada polticamente.Lo que es el pueblo lo deja perfectamente claro el captulo IV del ttulo prime- ro de la Constitucin: son los ciudadanos los que integran el pueblo, el cuerpo po-ltico de la nacin, y para ser ciudadanos se deben integrar ciertos requisitos. Esos ciudadanos son el pueblo que decide por la nacin, y la sociedad de los mexicanos.Una expresin preclara de la voluntad popular es la decisin en torno a la elec-cin de la forma de gobierno que el pueblo mismo considera instituir para procurar su beneficio y de la nacin de la que nace. Ello constituye, lo dice la ltima clusu-la de la redaccin del artculo, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de ese gobierno. Aqu hay dos conceptos bsicos que deben ser analizados por separado: el derecho inalienable del pueblo a decidir su forma de gobierno y lo que se quiere decir con la expresin forma de gobierno.El concepto de derecho inalienable est inscrito en el mismo concepto de sobe-rana, que es popular. Quiere decir, como el de soberana, varias cosas: es prerroga-tiva exclusiva del pueblo decidir cmo organiza a la nacin que va regimentar, vale decir, a la sociedad mexicana. Nadie ni nada se puede colocar por encima de ese derecho que slo a l se atribuye. Es, precisamente, soberano. Por otro lado, nadie ni nada se le puede oponer, al mismo nivel, porque no puede existir ni es concebible otro poder que se le equipare, y es, entonces, irresistible. Por eso tambin es sobera-no. Ningn otro individuo o centro de decisin por debajo de l se le puede oponer o competirlo, pues en ese caso ya no sera soberano. Es un derecho inalienable: nadie ni nada puede esperar que el pueblo soberano le ceda ese derecho que es, adems, imprescriptible, vale decir, que no tiene trmino en el tiempo, es eterno.Cuando nuestra carta magna dice forma de gobierno est adoptando la forma tradicional, que nos viene desde Aristteles, y que, muy genricamente, divide en tres las formas que puede adoptar la organizacin poltica de la sociedad: monarqua, aristocracia y democracia. Aristteles no us una expresin que pudiera significar lo que los modernos han entendido como gobierno, sino otra, politeia, que se refiere precisamente a la constitucin y organizacin de la sociedad, y cuando habla de lo que podramos hoy llamar muy limitadamente gobierno, usa la expresin derivada politeuma, que querra decir, ms bien, regimentacin o forma de su funcionamiento. La palabra government, en ingls, puede significar fcilmente, a la vez, gobierno y Es-tado. Entre nosotros, gobierno es la funcin de slo uno de nuestros tres poderes, el Ejecutivo, no el Estado, que est integrado por todos los poderes federales y locales.Pero nuestros constituyentes entendieron por forma de gobierno, justamente, la regimentacin de la sociedad, o sea, el Estado. Elegir qu forma de gobierno le da a la nacin es el contenido de ese derecho inalienable del pueblo a organizarse como Estado. Con mayor razn el pueblo puede decidir cundo cambia su forma de gobierno o en qu la modifica. Si el pueblo es soberano, se entiende fcilmente, puede decidir lo que quiera, incluso convertir su Estado en una monarqua, siempre y cuando se someta a la voluntad del pueblo, es decir, que sea una monarqua cons-titucional y democrtica; una aristocracia y, peor an, una oligarqua, no pueden 80_IV_Crdova Arnaldo.indd 76 23/12/16 17:05Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Jurdica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM www.juridicas.unam.mx https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv DR 2017. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Instituto de Investigaciones Jurdicas. Instituto Belisario DomnguezLibro completo en: https://goo.gl/r4lCCb. El PrInCIPIo dE lA SoBErAnA PoPUlAr En lA ConSTITUCIn MEXICAnA77. . . . . .ser si el pueblo mantiene su soberana; lo ms lgico y consecuente es que su forma de gobierno sea democrtica, la que mejor se acomoda al dogma constitucional de la soberana popular.En toda su maravillosa brevedad y luminosa sntesis, el artculo 39 nos dice todo lo que es y debe ser nuestro entero rgimen constitucional. Examinando el resto del articulado de nuestro gran pacto fundador se puede ver que en muchos aspectos queda muy por detrs del mismo. Lo heredamos, ntegro, de la Constitucin de 1857, la que, junto con la Constitucin de Apatzingn y la Constitucin federalista de 1824 (y ms todava el Acta Constitutiva de la Nacin Mexicana de 1823), forma nuestro documento constitucional ms innovador y creativo. Hicieron bien nuestros constituyentes de 1917 en reproducirlo tal cual, sin modificacin alguna. Ese artcu-lo es el eje central de nuestra entera constitucionalidad. Nada se entiende en el resto de nuestra carta magna si no se parte de l. Es, por as decirlo, su artculo prncipe. Nada resulta ms obviamente criticable si se opone a l. Nada nos muestra las mal-versaciones y las adulteraciones de que ha sido objeto la Constitucin como verlas a la luz del artculo 39. Si se piensa en serio en una autntica reforma del Estado en Mxico, no puede no partirse de este artculo fundador y hacer coherente todo el texto constitucional con los principios que en l se expresan. El artculo 39 arroja una luz reveladora sobre todo lo que no est bien en el texto constitucional y sobre todo lo que es necesario poner en la misma lnea.Muchos, a travs del tiempo, se han solazado en afirmar que todas nuestras instituciones no son otra cosa que malas y a veces buenas copias de todo lo que los europeos o los norteamericanos han inventado, y que es por eso que nuestra Cons-titucin ha sido tan slo letra muerta en todos o casi todos sus preceptos. Imitar es irrenunciable cuando se viven realidades semejantes, sobre todo cuando se trata de construir un nuevo Estado, prcticamente de la nada y sin haber tenido las expe-riencias polticas y sociales que otros pueblos, ms avanzados que el nuestro, tuvie-ron. Cuntas veces los modernos no imitaron a los antiguos en la constante bsque-da de soluciones que, muy a menudo, solan medirse con la vara de la sabidura de la antigedad? Que hayamos copiado la idea de la soberana de los revolucionarios franceses y, en realidad, de su gran precursor que fue Rousseau, sera ridculo si no hubiramos tenido un pueblo y una nacin en formacin. Las ideas suelen an-ticiparse a la realidad y adaptarse perfectamente a ella cuando la misma realidad muestra que lo est exigiendo y, a veces, la imitacin de las ideas busca anticiparse a la propia realidad.Nuestra historia constitucional, por lo dems, nos ofrece una slida tradicin soberanista en la que se consagra el credo de los mexicanos en su ser nacional, diver-so de los dems pueblos del mundo, independiente y deseoso de ser ante el mundo un pueblo igual a los dems, respetado por los dems y colaborador entusiasta de la convivencia pacfica de todos. Los padres de la patria mexicana aunque se ha puesto en duda por varios historiadores que conocieran en sus textos a los autores de la Ilustracin, en especial a los enciclopedistas y a los philosophes sin duda alguna estaban al tanto de lo que se discuta y se estaba creando en el campo de las ideas en la palestra de la poltica mundial. Lo notable es cmo, a lo largo de nuestra his-80_IV_Crdova Arnaldo.indd 77 23/12/16 17:05Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Jurdica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM www.juridicas.unam.mx https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv DR 2017. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Instituto de Investigaciones Jurdicas. Instituto Belisario DomnguezLibro completo en: https://goo.gl/r4lCCb. ArnAldo CrdovA78. . . . . .toria poltica y constitucional, el tema de la soberana y, en especial, en su forma de soberana popular, est en el centro del pensamiento creador que da lugar a los ms diversos documentos constitucionales. El padre Hidalgo ya habla de la valerosa Nacin Americana, en su famoso Bando dado en Guadalajara el 6 de diciembre de 1810. En sus Elementos constitucionales de agosto de 1811, punto 5o., don Igna-cio Lpez de Rayn, todava haciendo concesin a la Corona espaola, establece: La soberana dimana inmediatamente del pueblo, reside en la persona del seor don Fernando VII y su ejercicio en el Supremo Congreso Nacional Americano.En su hermoso documento Sentimientos de la nacin, del 14 de septiembre de 1813, el padre Morelos, ya sin ninguna concesin a la Corona espaola y mos-trando su raigambre ideolgica rousseauniana, prescribe, en su punto 5o.: La so-berana dimana inmediatamente del pueblo, el que slo quiere depositarla en sus representantes dividiendo los poderes de ella en Legislativo, Ejecutivo y Judiciario, eligiendo las provincias sus vocales, y stos a los dems, que deben ser sujetos sabios y de probidad. La idea de la soberana popular o de la nacin tambin fue acogida por la Constitucin de Cdiz de 1812. Dice su artculo 3o.: La soberana reside esencialmente en la Nacin, y por lo mismo pertenece a sta, exclusivamente, el de-recho de establecer leyes fundamentales. En las Cortes de Cdiz particip brillan-temente don Miguel Ramos Arizpe, quien se significa por ser el padre de la fecunda idea del federalismo. Nada tiene de extrao que en el Acta Constitutiva de la Nacin Mexicana, debida, como es bien sabido, a su pluma, se establezca, en su artculo 3o.: La soberana reside radical y esencialmente en la nacin, y por lo mismo pertenece exclusivamente a sta el derecho de adoptar y establecer por medio de sus represen-tantes la forma de gobierno y dems leyes fundamentales que le parezca ms con-veniente para su conservacin y mayor prosperidad, modificndolas o varindolas, segn crea convenirle ms. Extraa que esa idea no haya quedado plasmada en la Constitucin de 1824. Para ya antes, en 1814, en plena guerra de independencia, podemos apreciar otro de los primeros testimonios del naciente genio constitucional de los mexicanos en la librrima y muy democrtica Constitucin de Apatzingn. En su artculo 5o., establece: ...la soberana reside esencial y originariamente en el pueblo y su ejercicio en la representacin nacional compuesta por los ciudadanos bajo la forma que prescriba la Constitucin.Habra que esperar hasta la realizacin del Congreso Constituyente de 1856-1857 para ver otro pronunciamiento tan decidido a favor de la soberana popular. En el artculo 39 se expresa la idea en los trminos exactos en que fue heredada por nuestra Constitucin de 1917: La soberana nacional reside esencial y originaria-mente en el pueblo. Todo poder pblico dimana del pueblo y se instituye para su beneficio. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o mo-dificar la forma de su gobierno. Los porfiristas adoptaron la idea de que la Cons-titucin de 1857 era una utopa ultrademocrtica, que por ser tan ajena a nuestra cruda realidad (que lo que necesitaba no era una democracia irrealizable, sino un gobierno de mano dura), haba sido, justamente, el elemento que haba encaminado al pas a la dictadura. Para fortuna del pas, remataban, haba cado en las manos de una dictadura ilustrada, flexible y tolerable, como la nacin mexicana reclamaba 80_IV_Crdova Arnaldo.indd 78 23/12/16 17:05Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Jurdica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM www.juridicas.unam.mx https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv DR 2017. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Instituto de Investigaciones Jurdicas. Instituto Belisario DomnguezLibro completo en: https://goo.gl/r4lCCb. El PrInCIPIo dE lA SoBErAnA PoPUlAr En lA ConSTITUCIn MEXICAnA79. . . . . .desde los tiempos mismos de la lucha por la independencia. La trgica experiencia del gobierno democrtico de Madero pareci desmentirlos y demostrar que nuestro pas s poda ser una nacin democrtica. El golpe de Estado del usurpador Huerta tuvo consecuencias demoledoras para la democracia en Mxico. Los herederos de Madero no quisieron ya saber nada de la democracia y fijaron su atencin bajo las enseanzas de don Emilio Rabasa (olvidando desde luego que ese ilustre abogado constitucionalista haba sido porfiriano), pugnaron por el establecimiento de un Es-tado con una Presidencia fuerte que condujera al pas con mano de hierro, como sugera Rabasa. El Constituyente de 1916-1917 consagr esa idea antidemocrti-ca en todo su articulado. Pero, postulando que era el pueblo mismo en armas, ya triunfante, quien lo decida, acogi sin problemas la redaccin del artculo 39 de la Constitucin de 1857, sin cambiarle ni una coma. Y con l, tambin los otros artcu-los que le acompaan, el 40 y el 43, amn de otros que tienen que ver con el mismo asunto. Son precisamente esos artculos los que obligan a un anlisis ms complejo del contenido del artculo 39, porque ste no dice en s todo lo que significa. Tal y como est redactado, el numeral 39 parece hablarnos de un pueblo nico, como un solo cuerpo poltico, que forma una sola comunidad de ciudadanos, pero desde el momento en que el artculo 40 introduce la idea del federalismo, entonces ya no po-demos hablar de un solo pueblo ni mucho menos de un nico cuerpo poltico, pues entonces tenemos que pensar en funcin de al menos 32 pueblos, de acuerdo con los trminos del artculo 43, que establece cules son las partes integrantes de la Fe-deracin, y que no son otras que las 32 entidades (las originales y, luego, las que se les fueron agregando) que dieron origen a nuestro Estado nacional, representativo, democrtico y federal.Tenemos que hablar, indefectiblemente, de lo que significa el federalismo en nuestra Constitucin poltica para entender, as, el contenido y el significado pleno del artculo 39. De acuerdo con la idea del federalismo que adopta el artculo 40 (Es voluntad del pueblo mexicano constituirse en una Repblica representativa, democrtica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos en todo lo concer-niente a su rgimen interior; pero unidos en una federacin establecida segn los principios de esta ley fundamental), slo caben dos hiptesis de interpretacin: una, la Federacin crea los estados y, acaso, a sus integrantes, los municipios, tesis que nunca ha sido aceptada por el constitucionalismo mexicano y que las mismas doctrinas jurisprudenciales han repudiado; dos, el pueblo no es nico, sino la inte-gracin de muchos pueblos, formando sus comunidades polticas, que decidieron fundar la Federacin mexicana y, si se extrema la interpretacin, en realidad no hay tantas comunidades polticas como estados integrantes, sino ms bien, tambin las comunidades polticas estatales han sido integradas por otras comunidades polticas, que son las que residen en los municipios y que, a su vez, formaron las comunidades polticas de cada uno de los estados. La segunda es, sin lugar a dudas, la interpreta-cin correcta.Nuestro problema, grave de verdad, es que tampoco sa, que parece ser la in-terpretacin ms adecuada de nuestro texto constitucional, est clara en el pen-samiento constitucional mexicano. Ni los tratadistas en la materia ni los grandes 80_IV_Crdova Arnaldo.indd 79 23/12/16 17:05Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Jurdica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM www.juridicas.unam.mx https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv DR 2017. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Instituto de Investigaciones Jurdicas. Instituto Belisario DomnguezLibro completo en: https://goo.gl/r4lCCb. ArnAldo CrdovA80. . . . . .intrpretes judiciales de la Constitucin ni, en fin, nuestros grandes abogados han explorado esa veta de interpretacin. La razn evidente de ello la hemos expuesto antes: no se piensa que la soberana sea un tema importante del sistema constitucio-nal de Mxico. Y sin embargo, como hemos intentado demostrarlo, es el principio bsico, fundamental y fundador, originario y orientador de todo el sistema poltico bajo el cual vivimos y tendemos a mejorar. Ninguno ha puesto en duda que el princi- pio de la voluntad popular est en la base de ese sistema y sea el verdadero legiti-mador del poder poltico y de la autoridad del derecho que nos rigen. Es, adems, lo que da sustancia y esencia a la supremaca de nuestra carta magna que todos veneran y dan por cierta. Tomemos, pues, en serio ese principio y tratemos de poner las cosas en claro.Si seguimos la secuela adecuada de la mencionada segunda interpretacin po-sible de los artculos 39, 40 y 43 de nuestro actual texto constitucional, ntimamente interrelacionados, encontraremos que la verdadera cuna de la soberana popular se da en el municipio, el pueblo reunido en su comunidad originaria. Esto es algo que automticamente hace recordar la experiencia de Estados Unidos, con sus prime-ras colonias de inmigrantes que fueron libres de practicar sin ningn obstculo el poder soberano, nacido de la voluntad de sus primeros integrantes y en las que se encuentra la raz ltima del gran Estado federal que luego sera Estados Unidos. As como las colonias formaron los estados de la Unin, stos despus formaron el Es-tado federal. Y no se trat de una leyenda ni de un mito colectivo, ni siquiera de la invencin de algn terico delirante. Fue toda historia real, que tuvo que pasar por la dursima prueba de la resistencia al poder colonial de la Corona inglesa y luego de la llamada Revolucin de Independencia. Tampoco fue la historia de los hombres libres e iguales que la mitologa patriotera de los estadounidenses nos ha querido presentar siempre. Como todas las sociedades polticas modernas, la de Estados Unidos naci como una sociedad dividida en clases y jerarquas sociales, domina-das unas por otras y sometidas unas por otras. Las palabras We the people, con que comienza el texto de la Declaracin de Independencia, no quera decir nada como Nosotros el pueblo, en primer lugar, porque la palabra pueblo no existe en len-gua inglesa, y, en segundo lugar, porque no denotaba lo que podra denominarse el pueblo, sino la gente (o, dicho todava mejor, con una legtima licencia literaria, las gentes), que no eran otra cosa que los grupos oligrquicos que dominaban y se haban impuesto en las diferentes colonias. Para que todos los estadounidenses que hoy son ciudadanos libres e iguales ante la ley lo llegaran a ser, su nacin debi recorrer el mismo camino que otros pueblos de la tierra, aunque, para ser justos, tal vez ellos de modo ms natural y menos traumtico, si bien eso, como siempre suce-de, est por verse.Lo que para los norteamericanos fue historia real, vivida, para nosotros fue una experiencia ajena que nos ayud a construir nuestro propio pensamiento constitu-cional y que nuestros padres supieron adaptar originalmente a nuestra atrasada y convulsionada realidad. No fue copia de lo que otros pensaron e hicieron, como a veces se afirmaba; fue la utilizacin de ello para todo lo que nos pudo servir, y en ese proceso de adaptacin de otras experiencias constitucionales y polticas fuimos 80_IV_Crdova Arnaldo.indd 80 23/12/16 17:05Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Jurdica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM www.juridicas.unam.mx https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv DR 2017. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Instituto de Investigaciones Jurdicas. Instituto Belisario DomnguezLibro completo en: https://goo.gl/r4lCCb. El PrInCIPIo dE lA SoBErAnA PoPUlAr En lA ConSTITUCIn MEXICAnA81. . . . . .creando y recreando nuestro orden poltico y jurdico, en medio de catstrofes in-decibles y calamidades sin cuento, de agresiones extranjeras, cuartelazos y guerras intestinas, desorden interno, disgregacin del pas y atraso econmico, social y cul-tural de nuestra sociedad. De hecho, lo que debi haber sido simple imitacin por falta de vivencias propias, se tradujo en frmulas sencillas que, a pesar de todo, lo-graron expresar lo que nuestra realidad iba creando en su desenvolvimiento histri-co, y que era muy diferente de lo vivido por otros pueblos ms adelantados y de los que nos esforzamos por aprender. Nuestra idea de la soberana, por ejemplo, y como lo hemos expuesto, tiene ms que ver con las necesidades que plante la lucha por la independencia que con la simple imitacin de la idea norteamericana. Nuestro federalismo, como se supo reconocer en su momento, tambin obedeci a hechos nuestros, a historia nuestra, ms que al afn de copiar al extranjero.Dicho lo anterior, debe reconocerse que en nuestros conceptos de soberana popular y de federalismo hay una buena dosis de ficcin, porque hablan de una realidad que no fue sino slo en parte, y lo que fue, lo que sucedi, no siempre fue como lo suponemos en nuestros textos constitucionales. Pero hay que reconocer que hay ficciones que cuentan para la propia realidad, porque le dan sentido y ayu-dan a dirigirla para bien del gnero humano. La idea del contrato social, aunque se diga que los norteamericanos fueron los que ms cerca estuvieron de recrearla histricamente, en el fondo siempre ha sido una ficcin creadora que ha servido a maravillas para expresar adecuadamente la idea de una comunidad poltica, de un pueblo de ciudadanos sin lo cual no es concebible legitimacin ninguna del Estado moderno de derecho. Todos podemos convenir en que vulgarizar la poltica hasta hacerla nada ms que el juego de quienes detentan el poder, pervertir la idea de so-berana hasta hacerla nada ms que el poder de quienes gobiernan o trivializar el derecho hasta convertirlo en meras frmulas inanes que slo legitiman las decisiones arbitrarias de gobernantes y magistrados, es hacer de la Constitucin, como lo dijo Lassalle, no ms que una hoja de papel, y entonces no tiene ya caso hablar de po-ltica, de Estado, de soberana popular, de Estado de derecho, de ley ni, por tanto, de Constitucin.Si esta ficcin necesaria, que enlaza soberana popular con federalismo, sigue teniendo sentido para nosotros, entonces, la conclusin es bastante sencilla: el pue-blo reunido en sus comunidades originales decide formar una comunidad poltica superior en cada uno de los estados, y estas comunidades as creadas deciden formar, a su vez, una comunidad poltica que las unifique a todas y den lugar a la Federa-cin mexicana. Ya a nadie le viene en mente preguntarse si eso corresponde a una realidad histrica, porque no importa absolutamente para nada. Una de las inno-vaciones tericas de Rousseau fue considerar que el contrato social no es solamen-te el acto originario del Estado, sino su reinvencin permanente en cada acto que individual o colectivamente sus ciudadanos llevan a cabo. No importa cmo surgi todo, sino cmo se mantiene a cada momento y cmo se legitima sin solucin posi-ble de continuidad. En cada acto suyo, el ciudadano est inventando y reinventan-do el contrato social, como si un instante antes no hubiera existido. Si la expresin ejercer la soberana tiene sentido es, precisamente, ste. Refundar el contrato es 80_IV_Crdova Arnaldo.indd 81 23/12/16 17:05Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Jurdica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM www.juridicas.unam.mx https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv DR 2017. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Instituto de Investigaciones Jurdicas. Instituto Belisario DomnguezLibro completo en: https://goo.gl/r4lCCb. ArnAldo CrdovA82. . . . . .algo que se da permanentemente, en todo momento sucesivo en el tiempo. No basta decir que estuvimos de acuerdo en el principio o que nuestros padres estuvieron de acuerdo all, cuando se origin todo. El contrato se recrea, y conviene reivindicarlo constantemente, en cada acto que el ciudadano ejecuta, por s o en compaa de otros o mediante sus representantes. Ejercer la soberana como si sta fuera el poder de gobernar, de hacer leyes o de juzgar y decir el derecho, no tiene sentido. Ejercer la soberana tiene sentido cuando se decide cmo se organiza el poder del Estado, quines sern los que ejerzan aquellos poderes, y no ms, porque no significa nada ms. Decir que el pueblo ejerce la soberana a travs de los poderes del Estado, como reza el artculo 41, es privar de su verdadero sentido al concepto de soberana popular. Ya Rousseau escriba que el pueblo no puede, por su propia naturaleza, go-bernar ni gobernarse a s mismo. El destino del citado precepto constitucional, si nos mantenemos fieles a los principios constitucionales, ser desaparecer. Y aqu vale la pena hacer una aclaracin necesaria.Los poderes federales, como su mismo nombre lo indica, ejercen el poder en sus tres modalidades: Legislativo, Ejecutivo y Judicial, pero no ejercen soberana, ni el pueblo ejerce su soberana a travs de esos poderes, en primer lugar, porque esa soberana es intransferible e inalienable, y, en segundo lugar, porque si la soberana se ejerce es slo en el sentido de una toma de decisin, y lo que el pueblo decide, a travs de su pacto constitucional, es la creacin de esos poderes federales y los principios pactados sobre las facultades de que se les dota para su funcionamiento. El pueblo ejerce su soberana instituyendo, no gobernando ni haciendo leyes (le-gislando) y, menos, diciendo el derecho de cada cual (juzgando). La Constitucin, as, no es un conjunto de normas como suele vrsela sino de instituciones, ni es un instrumento jurdico, sino un pacto poltico. Es por eso que el artculo 41, tambin herencia de nuestros ilustres constituyentes de 1857 y recogido tal cual en nuestra actual carta magna, encierra un contrasentido que exige ser eliminado.Deliberadamente hemos excluido de nuestro breve anlisis el tema de lo que se ha llamado soberana exterior, por la sencilla razn, aunque pueda sorprender, de que ese tema tiene ms que ver con el poder de la nacin y de su Estado que con el concepto de soberana. sta slo define la idea legitimadora del poder del Estado y, desde luego, supone que otros Estados soberanos la van a respetar, pero eso no de- pende de ella, sino de muchos otros factores que, a veces, llegan incluso a contra- decirla, cuando no a negarla. Por supuesto que la idea de la independencia nacional se funda en el concepto de soberana, pero, al igual que el poder, es otra cosa y, en el fondo, es lo mismo que el poder, pero ahora confrontado con otros poderes igual-mente legtimos o sedicentes tales. Como defensa frente a los poderosos, la sobera-na sirve para poco, y es notable el hecho de que los poderosos son los que menos aducen su soberana para decidir en poltica internacional. Ellos prefieren hablar de intereses, de zonas de influencia, de cuotas de poder, de deberes y misiones a reali-zar en el mundo, y la verdad es que nunca de soberana. Y lo ms estupefaciente es que consideran que los dems, los otros poderosos y todos los dbiles, deben estar de acuerdo en ello. El respeto que se da entre los Estados no es resultado del concepto de soberana nacional exterior que, como tal, es un contrasentido. Es resultado 80_IV_Crdova Arnaldo.indd 82 23/12/16 17:05Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Jurdica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM www.juridicas.unam.mx https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv DR 2017. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Instituto de Investigaciones Jurdicas. Instituto Belisario DomnguezLibro completo en: https://goo.gl/r4lCCb. El PrInCIPIo dE lA SoBErAnA PoPUlAr En lA ConSTITUCIn MEXICAnA83. . . . . .del acuerdo y la convivencia entre ellos y los muchos intereses que generan las re-laciones internacionales. Pedir al extranjero que respete la soberana nacional es tanto como pedirle que respete la legitimidad del poder del Estado mexicano, lo que puede suceder, pero ms a menudo puede suceder que no lo haga, y todo estar en relacin, no con nuestra soberana nacional, sino con el poder que ostente nuestro Estado soberano (no slo armado o econmico, sino poltico) y en los marcos del orden internacional y su derecho.Finalmente, no podemos dejar de hacer mencin de otro problema que, sobre todo las fuerzas polticas nacionalistas de Mxico y toda una plyade de intelectuales progresistas, pero no slo ellos, han creado con sus interpretaciones del artculo 27 constitucional, dando lugar a una concepcin de la soberana nacional que encierra un sentido, como califica Gonzlez Uribe, eulogstico (como cosa sagrada). La esencia de la soberana nacional, se pregona, radica en el artculo 27. En l se inscriben los derechos fundamentales de la nacin y, por tanto, les parece a sus exponentes, el verdadero sentido que debe darse a la soberana nacional. Se trata de una evidente mistificacin sin sentido alguno. Nuestra soberana nacional est perfectamente de-finida en el artculo 39, y no significa otra cosa ms de lo que all se dice, en relacin, naturalmente, y como se ha hecho notar, con los artculos 40 y 43. En realidad, el artculo 27 constitucional, que instituye nuestro sistema de relaciones de propiedad, no tiene nada que ver con el concepto de soberana. Slo establece una relacin de prelacin y jerarquizacin de las formas de propiedad en Mxico y, en especial, la que se refiere a la propiedad nacional, y acota lo que es de todos, vale decir, de la nacin, representada por los poderes federales y, en primer trmino, por el Poder Ejecutivo, y en ningn sentido indica algo que tenga que ver con la soberana. Slo delimita lo que son los intereses de la nacin frente a los dems intereses, lo que es totalmente otra cosa. Se trata, en realidad, de una divisin nacional del trabajo y de una justa distribucin de la riqueza de la nacin, no de sealar el titular de la sobe-rana, que es el pueblo y no la nacin, como reza el artculo 39: la propiedad, en un principio era toda de la nacin, y de ella deriv la propiedad privada, pero se con-serv la propiedad de la nacin para evitar que se diera lo que ocurri en el porfiris-mo, que toda la riqueza fuera a parar a manos de unos cuantos; por eso se instituy, en la letra original del artculo 27, que el Estado y, en realidad, su rama ejecutiva, se hiciera cargo de la porcin que se mantiene como propiedad de la nacin para re-gular el desarrollo econmico de la propia nacin. Desde luego, tambin este artcu- lo se complementa con otros, en especial, con el 25, el 26 y el 28, para dejar claro el papel que el Estado debe desempear en la estrategia nacional de desarrollo econ-mico. Eso no tiene nada que ver, como no sea de manera aleatoria, con el tema de la soberana, que sigue estando clara en el texto de nuestro artculo 39 constitucional.80_IV_Crdova Arnaldo.indd 83 23/12/16 17:05Este libro forma parte del acervo de la Biblioteca Jurdica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurdicas de la UNAM www.juridicas.unam.mx https://biblio.juridicas.unam.mx/bjv DR 2017. Universidad Nacional Autnoma de Mxico. Instituto de Investigaciones Jurdicas. Instituto Belisario DomnguezLibro completo en: https://goo.gl/r4lCCb.

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