El Posibilismo Miserable de La Intelectu

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  • 7|IdZJunioque contra toda evidencia histrica, sigue insis-tiendo con que el peronismo es el movimiento de liberacin nacional y social del pueblo ar-gentino. Contra este peronismo utpico, el pe-ronismo cientfico (cuya ciencia se reduce al pragmatismo duro) es el que se encarga de ir adaptndose a los tiempos de la poltica y la economa internacional, y la situacin interna del pas, para sostenerse en el poder y crear dis-cursos que luego son reproducidos y embelleci-dos por el peronismo utpico.

    El peronismo cientfico pivotea entre los po-los de partido del orden y partido de la con-tencin que siempre lo caracterizaron, a travs de la burocracia sindical, los intendentes, go-bernadores y policas. Hace de sociedad civil de los pobres para defender la sociedad polti-ca de los ricos. Se ubica estratgicamente co-mo una freikorps3, con o sin uniforme, en los lugares claves de la sociedad argentina (aparato estatal, sindicatos, barrios) a travs de los cua-les garantiza el orden y obstruye las iniciativas de lucha de los trabajadores y el pueblo de for-ma tal que no puedan trascender al peronismo, conquistando la independencia poltica de cla-se y la hegemona sobre todos los sectores opri-midos. Y recurre a la represin cuando no es suficiente con la disuasin de su sola presencia.

    El peronismo utpico se contenta con presen-tar este rol ultraconservador del peronismo co-mo la experiencia ms progresista de la historia mundial, de la que no tiene ninguna visin pro-pia, ms all de la que le puede dar el discurso que genera el peronismo cientfico. Mientras este ltimo utiliza su doble faz de partido del or-den y de la contencin para que prime el orden de conjunto, el peronismo utpico ve solamente el polo de la contencin como la ltima barrera contra los males mayores entre ellos la lgica de guerra de las izquierdas4 y de paso, aprove-cha para no asumir su propio conservadurismo.

    Alfonsinistas sin comillas y hasta (casi) menemistas

    En este contexto, el autntico eslabn perdi-do en la trayectoria de la intelectualidad pe-ronista es la revista Unidos. No tanto porque no sea conocida, sino porque incluso en las po-lmicas ms fogosas entre los autodenomi-nados republicanos y populistas, nunca se le otorga mayor relevancia, quizs por un mutuo pacto de viudas de la primavera alfonsinista, carcter que ambos bandos ostentan cada uno a su manera. Un repaso sobre algunos de sus posicionamientos ayudar a entender que la l-gica del mal menor5 no es privativa de este momento de fin de ciclo frustrado del kirchne-rismo, sino una prctica comn, aplicada con resultados trgicos en los 70 y verdaderamente decadentes en las tres dcadas de la historia na-cional posterior a la dictadura.

    Horacio Gonzlez, con bastante honestidad intelectual, la defini de la siguiente manera:

    Unidos apostaba a la lnea renovadora con un respaldo de la teora democrtica con di-versos estilos la afirmaban varios autores como Mario Wainfeld, Arturo Armada, Tito Palermo, Ernesto Lpez, Vctor Pesce, Ariel Colombo

    especial su ubicacin y elaboraciones durante los 80. Perodo poco visitado, por cierto, en detrimen-to de los posicionamientos de los 70 o los 90, mu-cho ms conocidos. Los intelectuales kirchneristas han vendido bien su imagen de setentistas radi-calizados que saltaron a pensadores resistentes al neoliberalismo, cuando en realidad su entusias-mo o expectativa, primero por la llamada renova-cin del peronismo y luego, como mal menor, por el mismsimo menemismo de los orgenes, ex-plica mucho de sus actuales posicionamientos. Despus de haber exigido a Menem la realizacin de la hegemona gramsciana (con varias grgaras althusserianas) y de hacer primar la revolucin por sobre la restauracin2, nada puede ser peor.

    Peronismo utpico y peronismo cientficoHaciendo un uso sui generis y metafrico de

    la clasificacin que marca la diferencia entre el marxismo y las corrientes socialistas premarxis-tas, podemos ubicar a la intelectualidad pero-nista en la categora de peronismo utpico, ya

    Fernando RossoComit de redaccin.

    Juan Dal MasoComit de redaccin.

    En el artculo Progresismo K: la historia (re-petida) de una impotencia, que publicamos en el primer nmero de IdZ, hicimos una re-flexin que anticipaba la actual situacin de la intelectualidad Nac&Pop y su cruelmente de-cepcionada aspiracin de que el kirchnerismo trascendiera al pejotismo. Contrastamos el rea-lismo poltico del cineasta Nicols Prividera, que sostena que el kirchnerismo se encamina-ba trgicamente a ser un muerto vivo dentro del peronismo, contra el lirismo del socilogo y director de la Biblioteca Nacional, Horacio Gonzlez, quien finalmente termin jugando el rol de ampliar el discurso del oficialismo, te-niendo que justificar de un modo u otro todos sus giros a la derecha1.

    En este artculo queremos polemizar con los po-sicionamientos de los intelectuales kirchneristas, pero desde un ngulo distinto al habitual, toman-do algunos elementos del balance, no solo respec-to de la ltima dcada, sino de los ltimos 30 aos de historia poltica de la Argentina, rescatando en

    El posibilismo miserable de la intelectualidad Nac&Pop

  • 8 INTELECTUALES & POLTICA|

    Desde la lgica del mal menor, habiendo depositado expectativa hasta en Menem, para estos intelectuales el kirchnerismo resulta el mejor de los mundos posibles.

    Un ao despus, en mayo de 1990, en un art-culo titulado Ni vergenza de haber sido ni el dolor de ya no ser, el mismo Wainfeld cambia-ba el tono y la forma de su resignacin:

    No se trata ya que se acometi el ajuste. Se acometi con el programa (y la sensibilidad) de los otros. Por eso se pudo concebir y aprobar en das las leyes de Emergencia econmica y de Reforma del Estado y no se pudo an hoy dise-ar algn razonable plan de ayuda social () Reformar el Estado es adecuarlo a nuevas fun-ciones, a cuyo efecto despedir a los empleados cercanos a jubilarse y congelar las respectivas vacantes es tan funcional como despedir a los pelirrojos o a los hinchas de San Lorenzo (aun-que en ambos casos seran menos). Ese criterio es ominosamente economicista: slo pondera el costo salarial y omite todo anlisis funcional8.

    El aval a un ajuste que se presenta como ne-cesario, pero se exige despidos criteriosos y sensibilidad. Justamente el ajuste presunta-mente sensible que ahora est llevando ade-lante el gobierno kirchnerista. Un simptico e inocente? Artemio Lpez, hoy uno de los en-cuestadores oficiales, junto a Claudio Lozano, escribieron un artculo con un ttulo de antolo-ga: Turco que me hiciste mal y sin embargo te quiero; luego de que Menem ganara la interna, exigan utpicamente:

    El compaero Carlos Menem, quien para el imaginario poltico de una indiscutible mayo-ra del pueblo peronista, pudo colocarse POR FUERA de esa poltica evidente, tiene ahora abierta la posibilidad de transformarse en refe-rencia central de una nueva prctica poltica, capaz de construir otro poder en nuestra socie-dad. El poder hoy ausente de quienes en medio de esta ilusin poltica, cada da ms evidente, no han sido ni son sino un detalle9.

    Efectivamente Menem inaugur una nueva prctica poltica en el peronismo, adaptndo-lo a las condiciones y polticas impuestas por la ofensiva reaganiano-tatcherista y el neolibe-ralismo. Fenmeno del cual los progres pero-nistas no tomaban en cuenta en modo alguno,

    suponiendo que el riojano sera el artfice de una restauracin populista, por ese curioso me-canismo de confundir los discursos que el pero-nismo construye sobre s mismo con su realidad efectiva.

    Despus vinieron los aos de resistencia cul-tural y crtica del progresismo aliancista, po-siciones ms o menos conservadoras frente a la crisis del 2001, exigencias de ampliacin del discurso del presidente Kirchner hasta la poste-rior y total identificacin con el gobierno y algu-nos (cuantos) cargos pblicos.

    Discursos progres para una casta conservadoraQue los intelectuales kirchneristas hayan en-

    contrado en su momento su modo de ser (ca-si) menemistas permite comprender su actual ubicacin desde dos ngulos complementarios. Desde la lgica del mal menor, habiendo de-positado expectativa hasta en Menem, para es-tos intelectuales el kirchnerismo resulta el mejor de los mundos posibles. A su vez, no es un cam-bio significativo respecto de lo que podramos denominar su ubicacin histrica: apuntalar la trayectoria pragmtica del peronismo con algn tipo de elaboracin discursiva que lo justifique (con excepcin del menemismo, una vez que se asent en el gobierno, frente al que fueron opo-sitores desde una postura ms afn al Frepaso de Chacho lvarez). De hecho, la revista public la introduccin del documento presentado por el Grupo de los 8 al Partido Justicialista (Hay otro camino) y que termina en la ruptura. All depositaron las esperanzas frentistas que Ho-racio Gonzlez siempre reivindic como origi-nal del peronismo. Pero incluso si se observa la trayectoria del chachismo (del Frente Gran-de a la Alianza), termin llevando adelante la misma orientacin, pero por medios radicales (los de la Unin Cvica). El Frepaso culmin siendo la pata peronista que llev al gobierno a Fernando de la Ra, uno de los representantes ms conservadores del radicalismo, una especie de Scioli pero boina blanca, adems de promo-ver a Cavallo para el Ministerio de Economa en vsperas del triste y solitario final.

    Muy cmodos en sus despachos gubernamen-tales, gabinetes universitarios, encuestadoras bien financiadas o redacciones de pasquines

    (). Unidos fue alfonsinista, y no voy a poner comillas en esta afirmacin. No lo fue por ac-cin partidaria ni por conviccin moral, no lo fue por actuacin electoral ni lo fue por admi-rado doctrinarismo. Mucho menos por portar esa identidad, pues tena otra. Pero tomaba el armazn conceptual alfonsinista para recrear la cultura social peronista bajo una democra-cia como filosofa primera, y no como resultado comunitario como era en el peronismo clsi-co de las medidas emergentes de los princi-pios sociales que Pern ha establecido6.

    Fue una publicacin que sistematiz la lgica de un progresismo peronista ms o menos de-rrotado e institucionalizado, que se rindi a la democracia formal como filosofa primera y al alfonsinismo como visin poltica. En su prime-ra etapa apost a la llamada renovacin que encabezaban Antonio Cafiero y, entre otros, el inefable Jos Manuel de la Sota. En este caso cabe preguntarse contrafcticamente si el actual gobernador de Crdoba, si triunfaba la renova-cin, hubiese hecho algo distinto que el actual modelo cordobs (neoliberal y sojero por ex-celencia), por la sola compaa de los crticos. Pero en la interna de 1988 el ala de la renova-cin encabezada por Cafiero perdi, y con la lgica del mal menor exacerbada ante el as-censo de Menem, Mario Wainfeld, Artemio L-pez y el propio Horacio Gonzlez (a su modo), ensayaron distintas formas de conciliacin con el nuevo fenmeno.

    En un artculo titulado Entre el riesgo y la esperanza, de poco ms de un mes antes del triunfo de Menem en las presidenciales, Mario Wainfeld escriba:

    Sin opciones, ante la estolidez del radicalismo, parece deseable y posible que el peronismo ga-ne las elecciones () Con contradicciones, con una pobre campaa, este peronismo que ungi limpiamente a un candidato democrtico y po-pular es ms que sus reales alternativas existen-tes, bsicamente por ser el opositor dentro del bipartidismo () El actual peronismo no es (ni de lejos) el que muchos soamos y empujamos para conseguir. Pero lo que es le basta para ser mejor propuesta que la UCR7.

  • 9|IdZJunio

    oficialistas, cumplen en realidad el rol de una casta puramente conservadora: producir y re-producir discursos tendientes a justificar lo que hay. En este momento de transicin y de fin de ciclo, sin la posibilidad de reeleccin de Cris-tina Fernndez, con el modelo en crisis y un ajuste en curso, los intelectuales nac&pop se encuentran nuevamente ante una encrucijada histrica. Y retornan a la misma ubicacin de los ltimos 30 aos.

    En una intervencin en la asamblea de Carta Abierta10 y en un artculo para la revista digital La Tecla Ee, Horacio Gonzlez critica varios de los ltimos hitos del giro a la derecha del kirchnerismo, como la presentacin por par-te de legisladores kirchneristas de un proyecto de ley represivo para regimentar la protesta so-cial; el discurso de seguridad con tono repre-sivo que se adopta desde amplios sectores del gobierno; lo que avizora como el estancamien-to de la Ley de Medios (donde el grupo Cla-rn adecua contable y legalmente su monopolio, pero mantiene su poder); los generosos benefi-cios a las empresas mineras y los acuerdos con las petroleras como Chevron para explotar el yacimiento de Vaca Muerta. Sin embargo, le-jos de configurar un programa de ruptura con el gobierno, se parte de la reafirmacin de la iden-tidad kirchnerista. Especialmente en el artculo de la revista, pone especial nfasis en denostar el paro general del 10 de abril, identificando la medida, que expres un extendido desconten-to obrero, con la burocracia sindical que la con-voc (Moyano y Barrionuevo) o hasta con los cacerolazos de la clase media de derecha, adop-tando, sin pruritos la lectura del principal edito-rialista del diario Clarn:

    El paro estaba enclavado, sin duda, en un descontento social bastante amplio, al que sin que se debiese dejar de aadir las conse-cuencias notoriamente incmodas de la de-valuacin, expresaba tambin las acechos de opinin de una borrosa accin cacerole-ra siempre latente. As lo reconoce Van der Kooy en el editorial de Clarn del domingo 13 de abril: Fue una huelga pero pudo ser tambin un cacerolazo, si se repara en el en-tramado social que acompa. Nunca tan

    exactas las palabras de este articulista en el reconocimiento de la conexin entre huelga-cacerolazo11.

    Y sin embargo, podramos decir que incluso desde el punto de vista social, estos intelectua-les pueden resultar, en un sentido, ms para-sitarios an que la propia burocracia sindical, que es el sostn por excelencia junto con la polica del aparato estatal, ya que la burocra-cia mitad Estado, mitad sociedad civil por lo menos se ve obligada por momentos a negociar algunos aumentos de salario para justificar su existencia. Los intelectuales kirchneristas estn liberados de esa imposicin y siguen escribien-do textos ajenos a la clase trabajadora, que ca-da vez ms estn dirigidos nicamente a ellos mismos. Que ahora salgan a desmarcarse tar-damente de Scioli, como lo hicieron en la lti-ma Carta Abierta 16, no modifica en nada este rol ultraconservador, sino que lo confirma.

    Para el famoso tango, 20 aos no es nada; pe-ro 30 aos para una trayectoria intelectual que repite eternamente los mismos errores; y aho-ra desde el funcionariado del Estado, es de-masiado. Y ms que errores ya configuran una funcin consciente de intelectuales tradiciona-les al servicio de un nuevo orden conservador.

    La pampa es un conjunto de escritos argenti-nos, afirma Horacio Gonzlez en Restos pam-peanos, mientras que en una resea de Unidos afirma que La patria es un texto. Mientras la intelectualidad construye patria y peronis-mo textual; el peronismo realment...