el librero de varsovia

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Primeras páginas de esta fascinante novela de Michael O'Brien.

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  • EL LIBRERO DE VARSOVIA

  • MICHAEL D. OBRIEN

    EL LIBRERO DE VARSOVIA

    Traduccin de Carlos Lagarriga

  • Ttulo original: Sophia House (Children of the Last Days)

    Santa Engracia, 18, 1. Izda.28010 Madrid (Espaa)

    Tlf.: 34-91 594 09 22Fax: 34-91 594 36 44

    correo@libroslibres.comwww.libroslibres.com

    2005, Ignatius Press, San Francisco 2008, De la traduccin, Carlos Lagarriga

    Ilustracin y diseo de cubierta: OPALWORKS

    Primera edicin: abril de 2008

    Depsito Legal:ISBN: 978-84-96088-79-5

    Composicin: Francisco J. ArellanoCoord. editorial: Miguel MorenoImpresin: CofsImpreso en Espaa - Printed in Spain

    No se permite la reproduccin total o parcial de este libro, ni su incorpora-cin a un sistema informtico, ni su transmisin en cualquier forma o porcualquier medio, sea ste electrnico, mecnico, por fotocopia, por grabacinu otros mtodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares delcopyright.

  • 7Llevo, llevo,pobre madre, el cuerpo de mi padre, cargaque hace mi dolor pesado y ligerobulto que todo lo mo encierra.Ya a los suyosperdieron y yo ser infeliz hurfanoque estar en su casa desierta aorandolos brazos de quien le dio la vida.Se fue, ya nada existe; todo, padre,se acab.

    Eurpides, Las Suplicantes.

  • 9Para todos aquellos cuyo sacrificio se escondeen el corazn de Dios, los mismos cuyas pe-queas decisiones cambian el equilibrio delmundo.

  • 11

    PREMBULO

    Son muchas las personas a las que debo agradecer su contri-bucin a este libro, algunas vivas, otras ya muertas. Estoy endeuda con el realizador ruso Andri Tarkovsky, cuya pelculaAndri Rubliev est en el origen de la obra imaginaria escritapor Pawel Tarnowski. Tampoco puedo dejar de mencionar alpintor Georges Rouault: su fe, su creatividad y su amor a sufamilia me han servido siempre de inspiracin. Su pequeaaparicin en este cuento es, por supuesto, ficticia, pero est enperfecta consonancia con su personalidad y sus escritos. Labreve aparicin de Pablo Picasso es igualmente ficticia, aun-que en este caso sus palabras (tan opuestas al espritu deRouault) se han extrado de sus manifiestos sobre el arte. Hayotros aspectos de la historia que proceden de la vida real deotras personas. Con los fragmentos de sus experiencias he in-tentado hacer un retrato, igual que en la elaboracin de unmosaico, bizantino, complejo, algo ms que la suma de las par-tes. Si uno se acerca demasiado, la imagen se desdibuja. Siconcentramos la mirada en un solo fragmento, la parte se con-vertir en el todo, llevndonos al equvoco. Si por el contrariolo contemplamos a cierta distancia, buscando la proporcin ycentrando el campo de visin, entonces veremos perfectamenteel retrato. Tengo la esperanza de que a travs de las vidas queaqu se describen se haga visible el rostro de Cristo.

  • 13

    PRLOGO

    NUEVA YORK, OCTUBRE DE 1963

    La mujer gorda yaca en el suelo del vestidor, sudando y reso-plando. La rodeaban cinco hombres: uno era el poltico israel aquien haba ido a buscar, los otros eran su secretario y tresguardaespaldas. Dos de ellos la tenan bien sujeta contra elsuelo, mientras el tercero extraa con mucho cuidado la docu-mentacin del bolso.

    Ewa Poselski anunci. Miami, Florida.Algo ms? pregunt el poltico. A qu se dedica?

    Poltica? Religin?Carn de conducir..., tarjeta de acreditacin de una em-

    presa...; aqu dice que es cajera en un lugar llamado Funworld.Va desarmada, seor dijo otro guardaespaldas. No

    lleva explosivos ni agentes qumicos.Ayudaron a la mujer, ya mayor, a incorporarse. Sobre el

    vestido de color verde lima llevaba prendido un reluciente co-razn de cristal, y toda ella ola demasiado a perfume dulzn.

    Cmo ha conseguido entrar? le exigi Lev, el secreta-rio, mientras le sacuda bruscamente del brazo.

    Entrando contest ella. Tena un acento muy cerrado,europeo. Nadie me lo ha impedido.

    Pero qu dice! Cmo que nadie se lo ha impedido! Perosi esto est lleno de guardias!

    El ngel me ha guiado.Ya, el ngel le ha guiado dijo Lev, imitando el tono con

    irnico desprecio. La mujer asinti con la cabeza mirando alpoltico.

  • 14

    Despus de la conferencia he subido al escenario por losescalones de atrs y luego he llegado hasta este camerino, s.

    Poylish? pregunt el poltico.Tak dijo ella con una leve inclinacin.Y por qu quiere verme?El ngel me ha pedido que le hable.Lev y los tres guardaespaldas soltaron una carcajada. El

    poltico sonrea.Seor, nos la llevamos de aqu?S, pero con suavidad. Que nadie le haga dao, y decidle

    al director del Coliseum que quiero tener unas palabras con l.Con ngel o sin ngel, habr que echarle una buena bron-

    ca dijo Lev. Ella est chiflada pero, y si algn enemigo deverdad ha podido entrar tambin?

    El poltico dud un momento, mirando fijamente a la mujer.Y qu es lo que ha venido a decirme?S quin es usted contest ella.Hay cinco mil personas ah fuera esta noche que saben

    quin soy.Lev le dirigi una sonrisa de lo ms forzada.Seora, este hombre es una de las personas ms impor-

    tantes de Israel. Se llama...S, s, ya conozco el nombre que aparece en las noticias de

    la televisin contest ella casi en voz baja y sin apartar losojos del poltico; no haba odio en su mirada, solo lgrimas.Es usted el hombre que juzga para su Gobierno a los crimina-les de guerra.

    La mujer empez a decirle lo que todo el mundo ya saba: sunombre oficial, su cargo en el ministerio y el hecho de que encualquier momento podan ascenderle a viceprimer ministro.

    Entonces, por qu dice usted lo que dice? pregunt elpoltico con prudencia.

    Que yo s cmo se llama de verdad?S, eso.Porque es verdad. Lo s.

  • 15

    Los guardaespaldas pidieron permiso para acompaarlahasta la salida.

    l los call con una mirada.El poltico le dijo a la mujer cmo se llamaba. Ella negaba

    con la cabeza sin dejar de mirarle.Dejadnos solos un momento orden a sus hombres. A

    pesar de la perplejidad, todos salieron de la habitacin. El l-timo en hacerlo fue Lev, que lanz una mirada indignada porencima del hombro.

    Cuando la puerta ya se haba cerrado, el poltico se dirigi ala mujer.

    Bien, y por qu cree conocerme?Usted viva en Varsovia durante la guerra. Su familia es-

    t muerta.Es un asunto del dominio pblico que soy un judo polaco.

    Resulta muy fcil averiguar que toda mi familia muri en laShoah. Eso no la convierte en profeta. En cuanto al otro nom-bre..., ah, seora, crame si le digo que est usted bastanteequivocada.

    Solo soy una mujer ya mayor, pero un ngel me ha habla-do y ha guiado mis pasos. Le conozco a usted como si fuera mipropio hijo. Llevo veinte aos pensando en usted. Quin es usted?

    No soy nadie.Entonces, qu es lo que la ha trado hasta m? Yo no creo

    en los ngeles.Pues debera.Conteste la pregunta.Le traigo una carta y un regalo de alguien que le quera

    mucho.En un momento la cara del hombre se convirti en un muro

    impenetrable.A m?S, a usted.El hombre contrajo sus facciones con gesto de amargura.

  • 16

    El amor es una ilusin sentenci en tono de indiferen-cia. La mujer neg con la cabeza sin dejar de mirarle y sin pes-taear. l cerr los ojos como queriendo borrar de su menteaquella mirada estpida y llorosa.

    He visto el interior de las almas de ms hombres de losque hay en su Florida..., en su Funworld, y le digo que el amorjams podr vencer a la muerte.

    Pobre nio empez a decir ella entre sollozos, pobre,pobre nio.

    La mujer rompi a llorar y l la odi por ello.Pero dgame, aunque solo sea por curiosidad, cul cree

    que es mi verdadero nombre.Usted es David Schfer.Por un momento pareci que el poltico se quedaba de pie-

    dra, pero enseguida recuper la inexpresividad de su rostro.Cmo es que sabe mi nombre? le exigi l.Ah, entonces es verdad. Le he encontrado.El hombre se la qued mirando fijamente. En todo el mundo

    solo haba un puado de personas que saban su verdaderonombre, y casi con toda seguridad estaban ya todas muertas.Era imposible que aquella mujer supiera quin era realmente,y sin embargo lo saba. Pero cmo? Y lo ms importante: porqu?

    El poltico se dirigi a la puerta y la abri de un tirn. Lostres guardaespaldas se precipitaron por ella.

    T les orden. Traednos t.Y volvindose hacia la mujer, como si estuviera hablando

    con un ser fabuloso en el que an no acababa de creer, le dijo:Una taza de t?

  • 17

    SANTUARIO

  • 19

    1

    VARSOVIA, SEPTIEMBRE DE 1942

    Con el corazn latindole como si fuera un conejo en unatrampa, busc un hueco entre el alambre de espino de la en-trada e inmediatamente estuvo fuera. Los soldados enseguidale vieron, claro, pero ya contaba con eso, de modo que se zam-bull entre la multitud que iba y vena por las aceras con laesperanza de que dudaran un instante antes de empezar adisparar. A pesar de que no poda correr demasiado deprisapor el hambre que tena, consigui abrirse paso entre la gente,luego se meti debajo de un carro tirado por un caballo y porfin dobl la esquina. Y entonces empez a orse el impacto delos primeros disparos contra los edificios de la calle.

    La multitud empez a dispersarse. Se oan gritos, un caba-llo que relinchaba enloquecido, ruido de botas que corran, msdisparos. Los gentiles se lo quedaban mirando con cara de per-plejidad, apartndose de l a derecha e izquierda mientras seintroduca en una de las calles principales. Se arranc el bra-zalete de la manga y lo arroj con todas sus fuerzas entre lagente, de modo que la estrella fue flotando por el aire hastacaer al suelo. Algunas manos trataban de agarrarlo al pasar,pero l era como Moiss huyendo hacia la Tierra Prometida.Dos muros de figuras humanas colisionaron con fuerza a suespalda, sepultando los carros del Faran.

    El corazn le palpitaba desbocado en el pecho y le dola elcostado; le falt

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