el hombre acorralado y otros poemas por luis alfredo torres

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poemario de Luis Alfredo Torres, poeta dominicano de la Generación del 48

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MUESTRARIO DE POESA 52 EL HOMBRE ACORRALADO LUIS ALFREDO TORRES

Luis Alfredo Torres

1

El hombre acorralado y otros poemas

BIBLIOTECA DIGITAL DE

AQUILES JULIN

Biblioteca Digital

Muestrario de Poesa 52

MUESTRARIO DE POESA 52 EL HOMBRE ACORRALADO LUIS ALFREDO TORRES

2

El hombre acorralado yotros poemas

Luis Alfredo Torres,Repblica DominicanaEdicin digital gratuita de

Muestrario de Poesa

52

Editor: Aquiles Julin, Repblica Dominicana. Primera edicin: Octubre 2009 Santo Domingo, Repblica Dominicana

Qu somos?Muestrario de Poesa es una coleccin digital gratuita que se difunde por la Internet y se dedica a promocionar la obra potica de los grandes creadores, difundindola y fomentando nuevos lectores para ella. Los derechos de autor de cada libro pertenecen a quienes han escrito los textos publicados o sus herederos, as como a los traductores y quienes calzan con su firma los artculos. Agradecemos la benevolencia de permitirnos reproducir estos textos para promover e interesar a un mayor nmero de lectores en la riqueza de la obra del autor al que homenajeamos en la edicin.

Este e-libro es cortesa de:

INTERCOACHForjando lderes ganadoresBIBLIOTECA DIGITAL DESol Poniente interior 144, Apto. 3-B, Altos de Arroyo Hondo III, Santo Domingo, D.N., Repblica Dominicana. Tel. 809-565-3164 Se autoriza la libre reproduccin y distribucin del presente libro, siempre y cuando se haga gratuitamente y sin modificacin de su contenido y autor. Si se solicita, se enviarn copias en formato PDF va email. Para pedirlos, enviar e-mail a intercoach.dr@gmail.com, aquiles.julian@gmail.com

AQUILES JULIN

MUESTRARIO DE POESA 52 EL HOMBRE ACORRALADO LUIS ALFREDO TORRES

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ContenidoLa autodestruccin como tarea vital Los bellos rostros (El agua) (El espejo) (El paisaje) (El olor) Canto a Proserpina I II III IV V El enfermo lejano En el vaco Lo elegido Crcel Narciso adolescente Rencores del Sur En su dominio Esquema De la orilla interior Lamentacin del poeta Una llamada Compaero Mujer-alba Poeta adolescente 14 de junio Desde el balcn Asidero Agua para el enterrado Entre pobres El llanto El tiempo malo Tiempo de perdn La tierra triste, VI Luz por una muerte, X Narciso en las aguas Desconocida soledad / Aquiles Julin 6 8 8 9 9 10 11 11 12 13 14 14 15 17 18 18 20 20 21 21 22 23 24 24 25 25 25 26 26 27 30 31 32 33 35 37 38 40

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La esperanza, todava Cancin del pueblo Los nios soldados Los muertos La presencia (fragmentos) IV IX XI Los edificios grises Desde el automvil El hombre acorralado Ciudad cerrada Amoroso recinto L.A. Torrres reposa solamente / Juan Manuel Rosario El destino no siempre frtil de Luis Alfredo Torres / Radhams Reyes Vsquez Luis Alfredo Torres / Mateo Morrison Biografa de Luis Alfredo Torres

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La autodestruccin como tarea vitalPor Aquiles

Julin

Conoc a Luis Alfredo Torres en sus postrimeras. Andaba solo o con escasa compaa, renqueando, por la calle El Conde. Era la viva imagen de alguien que haba elegido padecer, autoaniquilarse. Qu tragedia personal, que creencia, lo haba sumido en aquella vorgine autodestructiva que termin por tragrselo? No s. Aquel escritor que arrastraba una pierna ulcerada, parapetado tras sus lentes oscuros, recorra las calles indiferentes de la ciudad colonial, haciendo hora hasta que la muerte le llegara. Le vea cojear, desplazarse apoyndose en un bastn, merodeando por El Conde. Y se trataba de un escritor con formacin acadmica, bilinge, periodista, editor; de un autor con fuerte nivel de reconocimiento a nivel nacional y con una obra relevante. As fue transitando la vida, penosamente, hasta que un da su tiempo concluy. Miembro de la Generacin del 48, junto a igualmente distinguidos escritores como Lupo Hernndez Rueda, Ramn Cifr Navarro, Mximo Avils Blonda, Vctor Villegas y Rafael Valera Bentez y Alberto Pea Lebrn, Luis Alfredo Torres, al regresar de los Estados Unidos, donde residi y estudi, trabaj en distintos medios de la prensa dominicana. Simultneamente, fue parte de proyectos editoriales como la valiossima revista Testimonio, de gran importancia en los aos 60. La poesa de Luis Alfredo Torres, urbana, desgarrada, un esputo amoroso, es vista por la poeta y crtico Soledad Alvarez como una de las ms significativas escritas con la ciudad como tema: La ms singular y notable poesa de la ciudad en esta vertiente existencial y desgarrada, y a mi juicio una de las ms perdurables, es la que produce Luis Alfredo Torres, que en 1974 publica el poemario La ciudad cerrada. Torres es el ms atormentado de los poetas de la ciudad, el que expresa con mayor violencia las encrucijadas del hombre urbano. La ciudad es una maldicin, realidad hostil y experiencia desesperante en la que, sin embargo, el poeta se sumerge delirante de pasin y rechazo enamorado. Recgeme en tu arcilla, Ciudad perdida, Ciudad infame, Ciudad de los malvados; Vengo de lejos, errante,

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Cansado como t, hostigado como t, Y lleno de hechizo que te envuelve. Eres t la que ama mi corazn Y en tus inmundicias soy feliz, En tus cuencos de sangre soy feliz, En tus desvaros y errores soy feliz, Ciudad maldita como arcos destruidos en la noche ciudad tierra como ojos de lesbiana y llena de cintas y de lazos y fetiches.(Soledad lvarez: La ciudad en la poesa dominicana)

Edit sus poemas en plaquettes que venda a sus amigos, pequeos poemarios que le permitieron sacar a la luz sus versos y, a la vez, obtener algo de fondos. Deambul por patios y arrabales, frecuentando la compaa de prostitutas, chulos y tahres, improvisando versos en medio de verdaderos maratones etlicos. Muri prematuramente, un suicidio lento y prolongado, una violencia contra s mismo, postr su talento y lo llev a la muerte. Queda su obra, de fulgores y claroscuros, de imprecacin y amor. As, inerme y desguarecido, el hospital Padre Billini, donde acuda en busca de medicamentos para su llaga, lo vio expirar. Alguien podr decirnos qu le sucedi para llegar a esa condicin tristsima?

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Los bellos rostros 1 (El agua)Rocas, paredes del mar, en vosotras estn los bellos rostros: amados unos; otros imposibles; pero estn, enterrados o vivos, como un relmpago en la niebla iluminando siempre. La corona de aquellos rostros fue la espuma: el agua siempre triste rodendolos: un agua roja, azul, morada y amarilla: que de lejos vino y trajo cartas y secretos de algn inconsolable corazn. Y en dnde estn los rostros tan amados? Ellos existen, han existido siempre: y si levanta el corazn sus justas iras, resuena el mar, un pie deja huella en la playa, y es ya el sosiego una cifra de amor. -Quines fueron, qu hacan en el mundo? -Sus epitafios yacen en las columnas rotas. Para verlos en toda su dulzura: pjaros y agua: y sangre no de venas sino de algn pas oscurecido siempre. Estn como una estrella solitaria en la lluvia: lloro si los miro, si no los miro lloro tambin. Porque llenos de polvo y llamaradas penetraron en la terrible palidez del mundo. Si me amaron, si no me amaron, qu importa? En el espejo, en el olor y el agua estarn con el ruido de la luz en la piedra.

II

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(El espejo)En el espejo apareci mi frente: temores tuve de tanta roja espina: pero cmo huir de aquella oscuridad en que el cristal hera de luz? Eran imgenes del polvo, la visin de una frente atormentada y sola que se nutra de ella ante el espejo. Alos rostros que moran en las rocas invoqu, y a mi llamado vino el aire de la calle cargado de clamores. Asirme del espejo quise, acercar esos rostros capaces de gemir bajo la untura del deseo. Pero mi frente solitaria permaneci en la luz y oa sus secretos y lloraba como se llora en lo desierto de la luz. El recuerdo plcido del mar lleg de pronto: y ante sus propias coronas y sus velos recordar quise el agua que acompaaba lenta al da posible del amor. Pero slo mi frente apareca en la terrible claridad del espejo. Llam los rostros a mi corazn queridos: y la oscuridad cubri mis ojos: si vinieron, si no vinieron, qu importa? los llam al fondo del espejo. Ay, las altas rocas en donde el mar grab semblantes y hermosuras, oscurecidas fueron por el muro. Cenizas slo que reflej el espejo, frente bajo la pena, pecho clavado en soledad con una espada.

III (El paisaje)En el abigarrado corazn brill el paisaje: gaviotas y arroyuelos fluyeron hasta el clido laurel de los amantes: all los bellos rostros giraban dulcemente.

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Y en ese lado de la montaa y el crepsculo habl de amor: me coronaron la noche y el roco, y dice: me amaron unos; otros fueron imposibles; mas si levanta el corazn sus justas iras qu encontrar sino una espuma desolada? El otoo y las uvas cubrieron estos labios y fue mi silencio una cifra de amor: y os am por igual, rostros de las furias y rostros de los besos: os am por igual. y ya no hubo la melanclica locura de morir junto al olor de las cayenas y el navo. Vuestros rostros cubiertos de palmas y limoncillos record cuando la soledad aterraba mi frente: y por aquella terrible soledad: cunto desamparo, qu lugares tan tristes, qu dureza en las hojas. y en las playas que hicieron posible aquel amor: albas y pescadores; luna con arrecifes; y el mar brillando siempre. Oh da del abanico y la guitarra: oh da del aire cargado de violetas: por

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