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Número 22 EL FUTURO DEL HAMBRE Población, alimentación y pobreza en las primeras décadas del siglo XXI Karlos Pérez de Armiño KARLOS PÉREZ DE ARMIÑO es investigador de HEGOA. Licenciado en Geografía e Historia y doctor en Estudios Internacionales y Ciencia Política, sus áreas de trabajo se centran en la seguridad alimentaria, la rehabilitación posbélica en Mozambique y la ayuda humanitaria.

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  • Número 22

    EL FUTURO DEL HAMBREPoblación, alimentación y pobreza

    en las primeras décadas del siglo XXIKarlos Pérez de Armiño

    KARLOS PÉREZ DE ARMIÑO es investigador de HEGOA. Licenciado en Geografía eHistoria y doctor en Estudios Internacionales y Ciencia Política, sus áreas de trabajo secentran en la seguridad alimentaria, la rehabilitación posbélica en Mozambique y laayuda humanitaria.

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  • CUADERNOS DE TRABAJO DE HEGOA es una publicación destinada a difundir los tra-bajos realizados por sus colaboradores/as, así como aquellos textos que por su interésayuden a la comprensión de los problemas del desarrollo y las relaciones internacionales.

    Facultad de Ciencias EconómicasAvenida Lehendakari Aguirre, 8348015 BILBAOTfno.: 944 47 35 12Fax: 944 76 26 53Email: [email protected]

    http://www.ehu.es/hegoa

    Manuel Iradier, 6 bajoTfno. y fax.: 945 13 15 87Email: [email protected] VITORIA-GASTEIZ

    EL FUTURO DEL HAMBREPoblación, alimentación y pobrezaen las primeras décadas del siglo XXIKarlos Pérez de Armiño

    Cuadernos de Trabajo de HegoaNúmero 22Agosto 1998

    D.L.: Bi-1473-91ISSN: 1130-9962

    Impresión: LANKOPI, S.A.

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  • ÍNDICE

    Introducción 5

    Debates teóricos: seguridad alimentaria y equilibrio recursos-población 7

    II.1. Evolución del concepto de seguridad alimentaria 7

    II.2. Equilibrio entre población y alimentos(neomaltusianismo y sus réplicas) 9

    II.2.a. Precursores del debate: los fisiócratas y Malthus 9

    II.2.b. Neomaltusianismo contemporáneo 10

    II.2.c. Argumentos anti(neo)maltusianos 11

    Situación actual del hambre y tendencias recientes 15

    Equilibrio entre suministros y población 19

    IV.1. Perspectivas sobre la demanda de alimentos 19

    IV.1.a. Crecimiento de la población y otros cambios demográficos 19

    IV.1.b. Composición y cambios de la dieta 21

    IV.2. Perspectivas sobre la producción de alimentos 23

    IV.2.a. Límites medioambientales y recursos naturales 28

    Disponibilidad de tierra cultivable 28

    Escasez de agua 28

    Degradación de los suelos 29

    Potencial de los fertilizantes 30

    Biotecnología 30

    Calentamiento global y cambio climático 30

    Reducción de la capa de ozono y contaminación 32

    Perspectivas del acceso al alimento: liberalización y pobreza 33

    Perspectivas del hambre 39

    VI.1. América Latina 39

    VI.2. Oriente Medio 40

    VI.3. Sur de Asia 40

    VI.4. Extremo Oriente 40¿Quién alimentará a China? 41

    VI.5. África Subsahariana 43

    Conclusiones: compromisos internacionales y acción pública 45

    Bibliografía 49

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    I

    II

    III

    IV

    V

    VI

    VII

    VIII

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  • ¿Será la humanidad capaz de acabar con el hambreen las próximas décadas? O, por el contrario, ¿cami-namos hacia un futuro en el que el espectro mal-tusiano y sus profecías apocalípticas de un hambregeneralizada cobren cuerpo? De una u otra forma,la cuestión ha sido objeto de debate durante losdos últimos siglos. Sin embargo, en años recientesla discusión sobre las perspectivas futuras del ham-bre ha retornado con fuerza en medios científicosy políticos por varios motivos, entre otros: la cele-bración de la Cumbre Mundial sobre la Alimenta-ción en Roma en 1996, los crecientes desafíosdemográficos y medioambientales, la liberalizaciónde los mercados agrícolas con el GATT, y, por quéno, el final del milenio, época proclive a revisiones,nuevas metas y profecías apocalípticas.

    En el presente trabajo analizaremos los recientesdebates mantenidos en torno a cuáles son las pers-pectivas del hambre en el mundo en las próximasdécadas. Para ello contrastaremos los estudios pros-pectivos realizados por diferentes instituciones, asícomo los debates existentes en torno al equilibrioentre población y recursos, a la seguridad alimen-taria (SA) y a la degradación medioambiental. Talesestudios prospectivos presentan marcos temporalesdiferentes, centrando su horizonte entre los años2010 y 2050, lo que dificulta su análisis comparadoy nos obliga a aludir en cada momento a un plazou otro. De ahí que nuestro análisis se refiera engeneral a las primeras décadas del siglo XXI.

    Es importante señalar que los pronósticos de talesestudios presentan un alto grado de incertidumbre,tanto por la dudosa fiabilidad de muchos de losdatos actuales que sirven para construir las tenden-cias y proyecciones de futuro, como por el impre-

    decible comportamiento que puedan tener diferen-tes variables, algunas de las cuales todavía no sonbien comprendidas por los científicos (caso, porejemplo, de los posibles efectos del calentamientoglobal). Además, son posibles múltiples y comple-jas interrelaciones entre los diversos factores enjuego. Todo esto explica que los diferentes mode-los prospectivos ofrezcan datos a veces dispares.

    En cualquier caso, resulta necesario interrogarsesobre cuál será el escenario más probable. En fun-ción de ello se deberían tomar medidas en el pla-no agrícola, económico, científico y de la ayudainternacional. Es necesario prever cuál sería la evo-lución de la situación si las variables que la deter-minan se dejaran a su suerte, con objeto de poderdeterminar qué medidas es necesario adoptar y quécompromisos tiene que asumir la comunidad inter-nacional para afrontar el problema.

    Nuestro trabajo se desarrollará sobre la base delsiguiente esquema. En primer lugar, para ayudar ala comprensión de las argumentaciones presenta-das, introduciremos los principales debates exis-tentes en torno a los dos ejes teóricos que articu-lan el tema: el del equilibrio entre recursos alimen-tarios y población, y el de la seguridad alimentaria.

    El debate sobre si en el futuro existirán alimentossuficientes para toda la humanidad se ha venidomanteniendo durante los dos últimos siglos por doscorrientes. Por un lado, los optimistas, como la FAOy el Banco Mundial, que prevén unos suministros percápita suficientes a escala mundial, gracias a la mejo-ra tecnológica y a la adopción de medidas políticas.Por otro, los pesimistas, que alertan sobre unos recur-sos futuros insuficientes debido al rápido crecimien-

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    I. INTRODUCCIÓN

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  • to demográfico y a las limitaciones de los recursosnaturales, lo que representa una amenaza sin prece-dentes para la situación alimentaria. Según uno susmáximos representantes, Brown (1996:19), la escasezde comida será el tema definitorio de la nueva eraque se está formando (como en el pasado lo fue elconflicto ideológico), y generará inestabilidad políti-ca, desintegración social y conflictos armados.

    Ahora bien, este debate sobre el equilibrio recur-sos-población ilumina sólo parcialmente el proble-ma del hambre, ya que se refiere a la disponibili-dad de suministros per cápita, condición cierta-mente necesaria pero no suficiente para que nohaya hambre. El hambre puede ser consecuenciade una falta de suministros, pero más habitualmen-te suele deberse a una carencia de recursos paraacceder a los mismos por parte de los más pobres.Esta otra variable, el acceso al alimento, es el obje-to central del concepto de seguridad alimentaria,que constituye nuestro segundo marco teórico.

    En segundo lugar, antes de adentrarnos en las pers-pectivas de futuro y como necesario punto de par-tida para ello, esbozaremos brevemente la situaciónactual del hambre en el mundo, tomando nota desu distribución geográfica, su magnitud y las ten-dencias de su evolución reciente.

    En tercer lugar, estudiaremos cuáles son las pre-visiones sobre la disponibilidad de suministrosalimentarios per cápita en el futuro, tanto en elámbito mundial como en el de las diferentesregiones. Esto requiere analizar las perspectivasde dos variables: (a) la necesidad de consumo dealimentos, que vendrá determinada sobre todopor el crecimiento demográfico, pero también porlos cambios en la composición de la dieta ali-mentaria motivados por el desarrollo económicoy la urbanización; y (b) la producción de alimen-tos, cuya previsión es difícil pues requiere tomaren consideración los múltiples factores ecológicosque pueden condicionarla (degradación medio-ambiental, calentamiento global, disponibilidadde tierra y agua, avances tecnológicos, inversio-nes públicas, evolución de los precios, comerciointernacional, etc.).

    En cuarto lugar estudiaremos la otra variable causan-te del hambre, la falta de acceso al alimento por par-te de los sectores sociales más vulnerables. En este

    sentido, es necesario interrogarse sobre la evoluciónde la pobreza y de las desigualdades sociales en elmundo a partir de diversos procesos, como el desa-rrollo económico, la liberalización de los mercadosagrícolas o el impacto de la degradación medioam-biental sobre los ingresos de los campesinos pobres.

    En quinto lugar, a partir del estudio de las variablescitadas, estaremos en condiciones de atisbar cuálserá el escenario más probable en las próximasdécadas, tanto a escala mundial como en las dife-rentes regiones del mundo. Una atención especialmerecerán China, dado que por su enorme pesodemográfico y económico su suerte tendrá una inci-dencia global, y el África Subsahariana, por cuantoofrece unas perspectivas claramente negativas que ladistinguen del resto de las regiones del mundo.

    Por último, el estudio de las tendencias y de losescenarios previsibles debe completarse con algu-nas reflexiones sobre los compromisos interna-cionales y las políticas necesarias para acabar conel hambre. No en vano, el objetivo de este trabajoes concienciar sobre la persistencia de un proble-ma que no se extinguirá por sí mismo y que úni-camente podrá atajarse mediante decididas inter-venciones públicas, nacionales e internacionales.Estas no sólo deberían materializar de forma efecti-va los compromisos ya adoptados en diferentesforos, sino que tendrían que ir aún más allá.

    Ciertamente, la mayoría de los estudios subrayanque en las próximas dos décadas el mundo dis-pondrá de alimentos suficientes para garantizar unadieta suficiente a todos sus habitantes. Habrá sumi-nistros globalmente suficientes, pero continuará sudesigual reparto social y geográfico, por lo quepersistirá el hambre. La mejora que experimentaránla mayoría de las zonas se verá empañada por undeterioro de la situación en el África Subsahariana,que sólo podrá revertirse mediante una acciónmucho más firme de la que hoy existe.

    Pero, aunque a medio plazo los optimistas segura-mente tendrán razón, las advertencias de los pesi-mistas respecto al efecto negativo del rápido creci-miento demográfico y la degradación medioam-biental deberían tomarse en mayor consideración,como un límite que no se debe transgredir si sequiere garantizar la seguridad alimentaria de formasostenible y universal.

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  • Para poder examinar los debates en torno a las pers-pectivas futuras del hambre es preciso que, previa-mente, desarrollemos aquí unos mínimos rudimentosteóricos sobre dos cuestiones esenciales. Por un lado,sobre la evolución del concepto de seguridad ali-mentaria, del que se desprende una interpretaciónde las causas del hambre y la necesidad de determi-nadas políticas contra la misma. Por otro, sobre lasdiscusiones ya clásicas referidas al equilibrio entrerecursos alimentarios y población, en particular lasconfrontaciones entre los enfoques (neo)maltusianosy los contrarios a éstos.

    II.1. EVOLUCIÓN DEL CONCEPTODE SEGURIDAD ALIMENTARIA

    La concepción de las causas del hambre (endémi-ca) y de las hambrunas (crisis alimentarias puntua-les), y por tanto la de las políticas para hacerlesfrente, ha evolucionado vigorosamente en las últi-mas tres décadas.

    Desde la época de Malthus, a principios del sigloXIX, hasta la primera mitad de los años 80, las ham-brunas se han explicado como consecuencia deuna disminución brusca de la disponibilidad de ali-mentos, y el hambre como una carencia habitual

    de los mismos. Se trataba de una insuficiencia delos suministros alimentarios per cápita, motivadapor catástrofes naturales que mermaban la produc-ción o por un excesivo crecimiento demográficoque desbordaba el abastecimiento. Basándose eneste enfoque apareció en 1974 el concepto deseguridad alimentaria (SA), objetivo entendidoentonces en clave nacional. Se define como la dis-ponibilidad de unos suministros alimentarios percápita suficientes en el ámbito de un país en todomomento, mediante el aumento de la producción,las reservas o las importaciones. Ahora bien, la SAnacional, al centrar su análisis en valores agrega-dos promedio (el total de los suministros alimenta-rios dividido entre el total de la población), sosla-ya las desigualdades sociales existentes en el repar-to de los recursos, y que, por tanto, incluso cuan-do las cifras promedio son satisfactorias, es posibleque existan colectivos de familias hambrientas.Desde este enfoque, el objetivo político consistíaen incrementar el abastecimiento, pero no en eje-cutar políticas redistributivas de los recursos y delucha contra la pobreza.

    Ahora bien, a finales de los años 70 diferentesautores comienzan a criticar el enfoque anterior endos direcciones. En primer lugar, subrayan que elhambre y las hambrunas generalmente no se debena una falta de alimentos en el mercado, sino a lapobreza de determinados grupos sociales que se

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    II. DEBATES TEÓRICOS:SEGURIDAD ALIMENTARIAY EQUILIBRIO RECURSOS-POBLACIÓN

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  • ven así incapacitados para producirlos o comprar-los, es decir, es un problema de acceso al alimen-to más que de escasez del mismo. En segundolugar, como consecuencia, es preciso un análisisdesagregado por familias, siendo los datos percápita de limitada validez por cuanto esconden ladesigualdad en la distribución social del alimento.

    Estas críticas al modelo clásico, centrado en la dis-ponibilidad de alimentos, cristalizaron en unmodelo alternativo, basado en el acceso al ali-mento por parte de los vulnerables, cuando eleconomista indio Amartya Sen planteó en 1981 suteoría de las titularidades, en su célebre e influ-yente obra Poverty and Famines. Las titularidades(entitlements) al alimento consisten en las capaci-dades o recursos que una familia o individuo tie-nen para acceder al alimento de forma legal, pro-duciéndolo, comprándolo o percibiéndolo comodonación del Estado o de la comunidad. Vienendeterminadas, por tanto, por las propiedadesposeídas, por las relaciones de intercambio en elmercado (niveles de precios y salarios) y por elnivel de protección social existente.

    Partiendo del estudio de diferentes hambrunas deeste siglo, Sen demostró que éstas no suelendeberse a una escasez de suministros, sino a lapérdida repentina de titularidades por parte de lossectores más vulnerables, hasta un punto pordebajo del necesario para satisfacer sus necesida-des nutricionales. Por su parte, el hambre endé-mica refleja una carencia permanente de titulari-dades por parte de dichos sectores. En definitiva,en ambos casos el problema suele ser más de fal-ta de acceso que de falta de suministros.

    Por consiguiente, la SA nacional, aunque sigasiendo un objetivo necesario, no es suficiente,pues no garantiza que las personas pobres dis-pongan de los alimentos necesarios. De estemodo, a la luz de este nuevo enfoque surgió enla primera mitad de los 80 el concepto de SAfamiliar, que ha dominado desde entonces losdebates teóricos en la materia. Una de las defini-ciones más extendidas es la proporcionada por elBanco Mundial en su informe La pobreza y elhambre (1986:1): “el acceso de todas las personas,en todo tiempo, a cantidades de alimentos sufi-cientes para una vida activa y saludable”.

    Tanto esta definición como la propia teoría de Senen la que se basa resultan hoy insuficientes, ya queno incluyen diversos aspectos cuya importancia hasido puesta de relieve por diversos estudios recien-tes, como por ejemplo: la relación entre la salud yla seguridad alimentaria (la salud, y no sólo elacceso al alimento, es determinante del estadonutricional), las estrategias familiares para mantenerlos bienes productivos durante las crisis alimenta-rias (una de las cuales consiste en pasar hambrepara ahorrar recursos), la hambruna como arma deguerra deliberadamente perseguida, la distribuciónde los alimentos y los recursos en función delgénero, etc. Por consiguiente, existen otros aspec-tos determinantes de la seguridad alimentaria almargen del acceso al alimento, si bien podemosdecir que éste es el factor esencial.

    El que la SA familiar haya ganado mayor prota-gonismo que la SA nacional ha implicado uncambio paralelo en las explicaciones de las crisisalimentarias y de las políticas para afrontarlas.Desde el enfoque clásico, el hambre y las ham-brunas se concebían como un problema de insu-ficiente producción nacional ligado a las cienciasnaturales (demografía y climatología) que debecorregirse mediante soluciones técnicas para elaumento de la producción. Por el contrario, elenfoque de la SA familiar centra las causas en lapobreza y las soluciones en las medidas redistri-butivas para atajarla.

    Es interesante observar que los enfoques teóricoshan evolucionado en correspondencia con el cam-bio de circunstancias y preocupaciones de cadaépoca. No es casualidad que el concepto de SAnacional surgiera en la Cumbre Mundial sobre laAlimentación de 1974, un año en el que el descen-so de la producción mundial y el aumento de losprecios estimularon los temores neomaltusianos ala escasez global, y pusieron en primer plano elobjetivo de incrementar los suministros per cápitanacionales. En los 80, el auge del concepto de laSA familiar, con su tránsito de una escala macro aotra micro en el análisis, se han visto facilitados porla certidumbre de que los suministros per cápitamundiales eran suficientes e iban en aumento. Enlos 90, por el contrario, los debates sobre los sumi-nistros globales están recobrando un protagonismoperdido en los últimos 20 años, debido a la cre-

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  • ciente preocupación por el crecimiento demográfi-co y los problemas medioambientales. Aunque lapobreza sigue siendo la explicación esencial delhambre, el espectro de Malthus parece agitarse denuevo, demostrando que el viejo debate sobre elequilibrio entre población y abastecimiento siguede actualidad.

    II.2. EQUILIBRIO ENTREPOBLACIÓN Y ALIMENTOS(NEOMALTUSIANISMOY SUS RÉPLICAS)

    El actual debate sobre el posible equilibrio futuroentre la población y los recursos alimentarios es enrealidad continuación de una vieja discusión que,desde el siglo XVIII, han venido manteniendo doscorrientes teóricas. Por un lado, los autores quepodríamos denominar optimistas, por su confianzaen que la ciencia y tecnología permiten un creci-miento ilimitado de la producción (fe que se plas-ma en conceptos como “revolución verde”). Porotro lado, los autores pesimistas, que adviertensobre la incapacidad de producir suficientes ali-mentos para todos debido al crecimiento demográ-fico y a los límites de los recursos naturales, aveces con cierto tono alarmista y apocalíptico (alhablar de “bomba” o “explosión” demográfica).

    II.2.a. Precursores del debate:los fisiócratas y Malthus

    Los precursores de la postura optimista fueron lospensadores fisiócratas franceses e ingleses de lasegunda mitad del siglo XVIII (entre los que desta-ca el marqués de Condorcet), quienes, imbuidosen los valores de la Revolución Francesa, se carac-terizaban por su fe en la razón, la ciencia y el pro-greso de la humanidad. En su opinión, la fuentebásica del desarrollo era el excedente agrícola, elcual podía crecer ilimitadamente mediante lainnovación tecnológica estimulada por el creci-miento demográfico.

    Como reacción a tal optimismo, el economista yclérigo inglés Robert Malthus publicó su célebreEnsayo sobre el principio de la población en 1798(sustancialmente revisado en 1803), convirtiéndo-se en el principal precursor de la corriente pesi-mista. Malthus se basó en la teoría de los econo-mistas clásicos sobre los retornos decrecientes,según la cual las dos posibles vías para incre-mentar la producción de alimentos, esto es, unaagricultura más extensiva (cultivando más tierras)o más intensiva (aumentando la productividad),darían lugar al descenso de los rendimientos dela tierra (pues el terreno más fértil es el que pri-mero se cultiva) y del trabajo adicional (Deve-reux, 1993:47).

    De esta forma, el crecimiento demográfico reduci-ría gradualmente el excedente per cápita. Tiendeasí a darse un desequilibrio entre una producciónalimentaria que puede crecer a lo sumo en progre-sión aritmética y un crecimiento de la poblaciónque crece geométricamente, es decir, a una veloci-dad mucho mayor. Existe, por tanto, un conflictoentre unos suministros alimentarios relativamenterígidos y el instinto animal del sexo y la reproduc-ción, un desequilibrio entre la fertilidad de loshumanos y la de la tierra, que en última instanciaacaba traduciéndose en hambre.

    Por consiguiente, el suministro de alimentos impo-ne un límite al crecimiento de la población, quetendería a estabilizarse a largo plazo en un puntode equilibrio. Tomando como referencia un niveldeterminado y constante de recursos, tecnología yestructuras sociales, existiría un tamaño máximo dela población, en el que su tasa neta de crecimien-to debería ser cero (Watkins y van de Walle,1990:8-9).

    En opinión de Malthus, existen dos tipos demecanismos que actúan para recuperar el equili-brio entre población y recursos. Entre ellos, loscontroles preventivos del crecimiento de la pobla-ción son mecanismos voluntarios como la absti-nencia, el celibato o los matrimonios tardíos (nocontemplaba otros métodos artificiales de controlde la natalidad), que requieren un control moralpresente sólo en las civilizaciones más avanzadas.Por esto, lo que más ha contribuido a lo largo dela historia a la recuperación periódica de cierto

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  • equilibrio han sido los controles positivos, es decir,las hambrunas, el hambre endémica, las pestes ylas guerras, que se desencadenarían al fracasar losmecanismos anteriores (Arnold, 1988:36).

    El modelo de Malthus, refutado por la realidaddurante estos dos siglos, merece diversas críticas.En primer lugar, resulta evidente que no existeuna relación entre alta densidad demográfica ymenor disponibilidad de alimentos, como hoydemuestran los países industrializados. En segun-do lugar, según investigaciones recientes, lashambrunas no han sido en la historia un instru-mento efectivo para recuperar el equilibrio, puessu número de víctimas era relativamente reducidoy tras ellas suelen producirse incrementos com-pensatorios de la fertilidad (Devereux, 1993:48).Por último, y esto es lo más importante, Malthusno previó los efectos de las revoluciones en elterreno de la tecnología agrícola y de los trans-portes, que ya estaban iniciándose en Inglaterra.La primera permitió aumentar la productividad ycompensar los retornos decrecientes, mientras lasegunda posibilitó las importaciones de alimentosde otras zonas o países, costeadas con los recur-sos de la industria y el comercio. Una y otra fue-ron claves para el proceso de industrialización yurbanización, haciendo compatibles el aumentode la población con la elevación del nivel devida. La ecuación de la subsistencia de Malthus,que constaba sólo de dos variables (una pobla-ción creciente y una agricultura estancada consi-derada como el único sector realmente producti-vo), era claramente incapaz de incorporar lasnuevas realidades.

    II.2.b. Neomaltusianismocontemporáneo

    Algunos argumentos de Malthus, especialmentede sus últimos escritos, tienen aún cierta validez

    (por ejemplo, la productividad agrícola ha creci-do en las últimas décadas de forma aritmética).Pero su importancia reside sobre todo en la capa-cidad que ha tenido para inspirar reiteradamenteformulaciones neomaltusianas que, partiendo depreocupaciones contemporáneas (sobre todo elcrecimiento demográfico junto a problemasmedioambientales), han suscitado prediccionespesimistas y catastróficas sobre la capacidad deproducción alimentaria global.

    Tanto en los años 50 como posteriormente a fina-les de los 60 y en la primera mitad de los 70, sedieron brotes de neomaltusiano, con posturasvariadas en cuanto al nivel de alarmismo. Asu-miendo la perspectiva apologética de Malthus,algunos autores previeron una hambruna a escalamasiva y global. Paul Ehrlich pronosticaba en 1968en su libro de título significativo, The PopulationBomb, que “la batalla para alimentar a toda lapoblación está acabada. Las hambrunas de los 70están sobre nosotros, y cientos de millones de per-sonas van a morir de hambre antes de que estadécada termine”. La causa era, como Paddock yPaddock expresaron metafóricamente en 1967 ensu Famine 1975!, que “la cigüeña ha adelantado alarado” (Arnold, 1988:39).

    En un tono más moderado, otros muchos pensa-ron a principios de los 70 que el mundo se apro-ximaba al límite de su capacidad de abastecimien-to para todos, percepción que se derivaba de lapreocupante situación del momento, caracterizadapor: una disminución de la producción mundialper cápita, la merma de las reservas mundiales, elincremento de los precios y las hambrunas africa-nas de 1974. Esta tesis fue asumida, por ejemplo,por la FAO, en la Cumbre Mundial sobre la Ali-mentación de 1974 1, así como por el informeLimits to Growth elaborado en 1972 por un equi-po de investigadores para el influyente Club deRoma, que preveía que, con las tendencias exis-tentes, los límites al crecimiento en el mundo sealcanzarían en 100 años 2. Veinte años después, en

    10

    1La FAO expuso en dicha Conferencia que “la acción para reducir el índice de crecimiento de la población tiene

    que iniciarse ahora para que tengamos a lo sumo alguna posibilidad de satisfacer las necesidades alimentarias mun-diales dentro de 25 años”. Citado en Barraclough (1991:267).

    2 Dicho estudio advertía que “la raza humana puede tener poco tiempo para reaccionar a una crisis de crecimiento

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  • 1992, los autores del estudio publicaron una revi-sión del mismo (Beyond the Limits) en el que hanvuelto a subrayar la necesidad de políticas quecorrijan el crecimiento de la población y del con-sumo, con objeto de evitar un descenso descon-trolado de la producción per cápita de alimentosen las próximas décadas 3.

    En los años 90, la idea de una grave escasez futurase ha visto fuertemente relanzada por argumentosrelacionados con la degradación medioambiental.Entre sus principales difusores destacan el World-watch Institute, así como su propio director, LesterBrown. Los neomaltusianos actuales no puedennegar la evidencia de que, en contra de lo pronosti-cado por Malthus y otros, en el pasado la produc-ción ha crecido más que la población (gracias al cul-tivo de tierras en el Nuevo Mundo y a los avancestecnológicos), y que ésta se encuentra hoy mejor ali-mentada. Sin embargo, su argumento es que en ladécada de los 80 el mundo ha alcanzado un puntode inflexión respecto al pasado, y que desde 1984 laproducción per cápita está descendiendo, pues lapoblación crece más que la producción (algunoshablan incluso de estancamiento de la producción).Sostienen que esta tendencia continuará inevitable-mente en el futuro y, dado que se está rebasando lacapacidad de carga máxima o población límite delplaneta, la humanidad afrontará pronto enormesproblemas alimentarios.

    La explicación radica tanto en el fuerte crecimientodemográfico existente como en los cada vez másacuciantes problemas medioambientales y de ago-tamiento de los recursos, que imponen límites cadavez mayores a la producción. Los rendimientos delos principales cultivos están disminuyendo o sóloaumentan moderadamente incluso aunque se usencrecientes cantidades de fertilizantes (lo que fue laclave del aumento productivo en los años 60 y 70),dado que las mejores tierras están ya bastante ago-tadas. Además, la disminución de la tierra per cápi-

    ta disponible fuerza a un cultivo más intensivo, loque está provocando su degradación constante(erosión, desertización, salinización, deforestación,etc.) y, por tanto, reduciendo sus niveles de pro-ductividad. La producción se ve amenazada tam-bién por la escasez de agua para irrigación y denuevas tierras de cultivo, así como por nuevasamenazas medioambientales globales (como elcalentamiento global y otros cambios climáticosderivados).

    Según alertan, el descenso de la producción percápita dará lugar a un descenso de las reservasmundiales y a un aumento de los precios, con loque en las próximas décadas los períodos de esca-sez y hambruna aumentarán en frecuencia y grave-dad, dando lugar a su vez a un incremento de lainestabilidad política y de los conflictos.

    II.2.c. Argumentosanti(neo)maltusianos

    Los desafíos demográficos y medioambientalessobre los que advierten los neomaltusianos no sonen absoluto despreciables. Sin embargo, los enfo-ques de éstos merecen varias críticas.

    Una primera consideración es que algunos neomal-tusianos parecen explotar la idea de la superpobla-ción desde ciertos prejuicios culturales e interesesen defensa del bienestar occidental. Detrás de laidea de la bomba demográfica se percibe ciertomiedo, “tan real hoy como en la época de Malthus,de que el pobre heredará la tierra” y que, por supeso numérico, “robará a los ricos su comida y lesreducirá a la penuria de los pobres” (Arnold,1988:40). Dicho de otra forma, se revela el temor aque la creciente población del Tercer Mundo nos

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    exponencial en un espacio finito”. Su conclusión era que “si las tendencias presentes de crecimiento de poblaciónmundial, industrialización, contaminación, producción de alimentos y agotamiento de recursos continúa sin cam-bios, los límites al crecimiento en este planeta se alcanzarán de aquí a los próximos 100 años”. Ver MEADOWSD.H., D.L. MEADOWS, J. RANDERS y W.W. BEHRENS (1972), The Limits to Growth: a Report for the Club of Rome’sProject on the Predicament of Mankind, Earth Island, Londres. Citado en Barraclough (1991:267).

    3 MEADOWS, D.H., D.L. MEADOWS, y J. RANDERS (1992), Beyond the Limits, Earthscan, Londres. Citado en Bar-tiaux et al. (1993:78).

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  • exija algún día reducir el nivel de vida occidentalpara compartir con ellos nuestro bienestar (George,1986:67). Además, los argumentos de algunos neo-maltusianos están cargados de subjetividad y deprejuicios culturales y raciales frente al Tercer Mun-do (como Malthus los tuvo respecto a los pobres).Según critica Arnold (1988:40-41), la idea de queexiste demasiada gente significa en el fondo, paramuchos autores, que existe “demasiada gente deltipo inadecuado”.

    Este prejuicio puede contribuir al hecho de quemuchos neomaltusianos, como Ehrlich, propug-nen desde los años 60 drásticas políticas de con-trol demográfico en los países en vías de desa-rrollo, mientras que pasan por alto el hecho de ladesigualdad del consumo entre países y entregrupos sociales, y no propugnan medidas redis-tributivas4. Suelen utilizar datos agregados o pro-medios a escala mundial, olvidando que la mino-ría rica de la humanidad acapara la mayor partede los recursos mundiales, incluidos los orienta-dos a la producción de alimentos, lo que la con-vierte en principal responsable de la degradaciónmedioambiental global. En este sentido, como lesreplica Harrison5, un crecimiento demográficoligero en el Norte es más amenazante para losrecursos naturales que uno grande en el Sur: los57’5 millones de nuevos ciudadanos del Norteesperados durante los 90 contaminarán más quelos 915 millones esperados en el Sur. Esta consta-tación debería dar lugar a propuestas orientadasno sólo a la disminución de la natalidad sino tam-bién a la de los niveles de consumo en las socie-dades desarrolladas 6.

    Una segunda crítica es que la historia reciente hademostrado que los pronósticos apocalípticos dedesequilibrio global entre población y recursos nose han producido. Con la notable excepción delÁfrica Subsahariana, desde los años 50 el crecimien-to de la producción alimentaria ha sido superior alde la población, sobre todo gracias al incremento delos rendimientos de los cultivos de cereal. El argu-mento esgrimido en los últimos años respecto a quedesde el punto de inflexión de 1984 la producciónper cápita desciende progresivamente es tambiéncuestionable, como veremos en su momento.

    En tercer lugar, la crítica básica al maltusianismopor parte de la corriente optimista, hoy igual queentre los fisiócratas del siglo XVIII, es que lahumanidad tiene la capacidad de incrementar laproducción alimentaria por encima del crecimien-to demográfico gracias a la innovación tecnológi-ca, y que ésta es alentada por el propio aumentode la población.

    En esta línea, Friedrich Engels afirmó ya en 1844que la ciencia tiene la capacidad de crecer en pro-gresión geométrica, al menos tan rápido como lapoblación, lo que le permite romper el límite mal-tusiano a los suministros. Esta idea parece haberseconfirmado a lo largo de este siglo, con la difusiónde los fertilizantes nitrogenados y de las variedadesde cereales de alto rendimiento. Por su parte, algu-nos autores antimaltusianos, como el economistaJulian Simon (1981), subrayan que el crecimientodemográfico estimula la producción a través de losprecios. Si el mercado es eficiente y flexible, elincremento de la demanda eleva los precios, lo quealienta a los campesinos a producir más, traducién-

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    4 Por ejemplo, Ehrlich y Holdren elaboraron una fórmula para calcular el peso relativo de los diferentes factoresque contribuyen al cambio medioambiental: I = PAT, donde I (Impact) es el impacto negativo en el medio ambien-te; P (Population) es el tamaño de la población; A (Affluence) es la prosperidad medida en consumo per cápita;y T es el índice de destructividad medioambiental de las tecnologías que proporcionan los bienes consumidos, enotras palabras, el índice de impacto medioambiental por cantidad de consumo. Aunque la fórmula contempla estostres factores, lo cierto es que la población suele contemplarse como el principal, por lo que ponen el acento enel control demográfico en los países del Sur, y también en los del Norte (en los que los factores A y T de cadapersona son muy grandes). Sin embargo, no se pronuncian sobre otra posible alternativa, como es la de reducir elconsumo per cápita en los países desarrollados (Bartiaux et al., 1993:79).

    5 HARRISON, Paul (1992), The Third Revolution, I.B. Tauris, Londres. Citado en Bartiaux et al. (1993:82).

    6 La revista New Internationalist (septiembre de 1985, Oxford, p. 25) expresó esta idea con sugerente ironía: “Losamericanos representan sólo el 6% de la población mundial, aunque consumen el 35% de los recursos mundiales,lo mismo que todo el mundo en desarrollo. Por tanto, ¿no será el problema real de la población mundial que haydemasiados americanos?”. Citado en Devereux (1993:60).

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  • dose a largo plazo en unos alimentos más abun-dantes y baratos.

    Pero el modelo antimaltusiano más influyente hasido el de Ester Boserup (1967, 1984), para quienla población, los recursos y la tecnología están liga-dos en una progresión paralela7. La presión demo-gráfica, a pesar de los desafíos que impone, fre-cuentemente actúa como el principal impulsor deldesarrollo agrícola, estimulando las mejoras en eluso de la tierra y la innovación tecnológica, todo locual permite una densidad poblacional mayor. Elcrecimiento de la población, lejos de provocar laescasez, ha sido generalmente el acicate esencialpara el desarrollo de la tecnología agrícola, y conello para la formación de una sociedad más com-pleja y evolucionada. Esto se debe a que una con-centración demográfica mayor hace más rentableslas inversiones en infraestructuras y tecnología,generando unas economías de escala que compen-san ampliamente los retornos decrecientes del tra-bajo o de la tierra, al tiempo que facilitan la espe-cialización productiva, los progresos en comunica-ciones y el intercambio de conocimientos. Todoesto no es óbice para la aparición periódica dehambrunas por cosechas deficientes o por guerras,que también servirían como incentivo para la inno-vación tecnológica.

    Aunque, sin duda, estos procesos han tenido unpapel muy significativo en muchas sociedades, enalgunos casos el modelo presenta puntos débiles.La propia autora es consciente de que su argu-mento básico podría no funcionar en zonas ruralesen las que la densidad demográfica y las tasas decrecimiento vegetativo sean altas. Por otro lado,algunos autores, como Arnold (1988:42), dudan de

    que las sociedades hayan tenido en la historia lacapacidad de adaptación tecnológica supuesta porBoserup. Por ejemplo, la Irlanda de la primeramitad del XIX veía constreñida su capacidad parahacerlo debido a la opresión política, la falta decapital y base tecnológica, o el apego socioculturala los medios de vida tradicionales. En muchoscasos la salida puede haber sido no la mejora tec-nológica, sino la emigración, el recurso a la caza olos alimentos silvestres, y la guerra o el pillaje. Losprocesos de adaptación frecuentemente han opera-do de forma lenta y dolorosa, y a veces la intensi-ficación puede no haber proporcionado un mayornivel de producción per cápita.

    Pero la mayor limitación del modelo de Boserup, yde la corriente optimista en general, tiene que vercon la alta velocidad del crecimiento demográficoactual, sobre todo en el caso del África Subsaharia-na. Existe el convencimiento generalizado de queel ritmo de innovaciones tecnológicas que los cam-pesinos pobres serán capaces de desarrollar por símismos quedará muy por debajo de las altas tasasde crecimiento demográfico. Por eso es precisorealizar intervenciones públicas decididas e incor-porar avances científicos exógenos.

    Los optimistas actuales consideran que, además dela ciencia y la tecnología, otros factores adicionalespueden contribuir también al aumento de la pro-ducción, como son la explotación de nuevas tie-rras y recursos acuíferos, la mejora de infraestruc-turas, la expansión de la educación y la formación,y las inversiones públicas. Todos ellos son factoresque se influyen mutuamente, y que serán analiza-dos más adelante.

    13

    7 Boserup, basándose en datos de Asia y África, comprobó la relación entre densidad demográfica e intensidad enel uso de la tierra. Las sociedades con densidades bajas tienden a practicar una agricultura extensiva con herra-mientas y técnicas sencillas, mientras las que presentan densidades altas tienden a utilizar sistemas intensivos, conutillaje y técnicas más sofisticados y con un nivel de producción per cápita más alto. La formulación inicial delmodelo antimaltusiano de Boserup puede verse en su obra Las condiciones del desarrollo en la agricultura, de 1967(1ª ed. en inglés de 1965). El argumento se mantiene, algo matizado, en sus obras posteriores, como Población ycambio tecnológico (1984) y otras.

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  • Antes de analizar las previsiones del hambre en elfuturo es preciso que observemos brevemente lasituación actual del problema y su evolucióndurante las últimas décadas. Dos son las ideas prin-cipales que debemos subrayar. En primer lugar,que desde la Segunda Guerra Mundial el mundo ensu conjunto ha experimentado un aumento de suabastecimiento y una mejora de su situación ali-mentaria. En segundo lugar, que tales avances hanpresentado grandes diferencias geográficas y socia-les, habiendo países y grupos sociales que hanquedado al margen de los mismos.

    Según datos de la FAO (Alexandratos, 1996:8), elsuministro de alimentos mundial se ha más queduplicado en los últimos 40 años, aumentando a unritmo mayor que el crecimiento demográfico. Estoha permitido elevar el suministro medio per cápitaen calorías a escala mundial en un 19% entre 1961-62 y 1992-94, llegándose a un promedio global de2.710 calorías por persona y día. Dicho crecimien-to se ha ralentizado desde los años 80, lo cualconstituye uno de los argumentos de los neomaltu-sianos. Por otro lado, el incremento fue mayor enlos países en vías de desarrollo, un 32%, lo que les

    permitió pasar de las 1.990 calorías en 1962 hastalas 2.500 calorías en 1991, algo tanto más notablesi tenemos en cuenta que su población casi sedobló en ese período (de 2.200 millones a 4.200millones de habitantes). La mayor parte de estosavances se registraron en Asia, gracias al incremen-to productivo derivado de la Revolución Verde.

    Sin embargo, hay que llamar la atención sobre elhecho de que el suministro medio de alimentos hadescendido en un total de 39 países, esto es, el 40%de los países en desarrollo. De ellos, 28 son paísesde bajos ingresos (cuyo punto de partida era ya bas-tante deficiente), la mayoría ubicados en el ÁfricaSubsahariana, única región que ha experimentadoun descenso continuado: 2.140 calorías en 1969-71,2.080 en 1979-81 y 2.040 en 1988-90. Pero tambiéncabe destacar a países de otras zonas, como Ban-gladesh, Vietnam, Camboya, Afganistán o Haití. Los11 restantes son países en desarrollo de ingresosmedios o altos, entre ellos varios africanos (Angola,Senegal) y latinoamericanos (Chile, Perú, Argentina)(Alexandratos, 1995:77; FAO, 1996e:49, 56)1.

    De la misma forma, el número de personas quesufren desnutrición crónica 2 en los países en vías

    15

    III. SITUACIÓN ACTUAL DEL HAMBREY TENDENCIAS RECIENTES

    1 También los países desarrollados, en su conjunto, han disminuido sus suministros después de alcanzar untecho de 3.300 calorías en 1982. Pero esta disminución, concentrada en los países europeos (en América delNorte ha continuado aumentando), tiene efectos beneficiosos, dado que reduce los riesgos de la sobrealimen-tación para la salud.2 Los criterios habituales para medir la desnutrición son objeto de controversia, por lo que cualquier dato al respectodebe tomarse como aproximación a una realidad sumamente difícil de evaluar. Evitando entrar aquí en dicho debate,

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  • de desarrollo ha experimentado una progresiva dis-minución, aunque con fuertes diferencias regiona-les, tal y como se aprecia en las gráficas adjuntas.Si en 1969-71 los afectados representaban el 35%de la población de dichos países, en 1990-92 cons-tituían el 20%. En términos porcentuales, sinembargo, el avance ha sido menos llamativo, comoconsecuencia del fuerte crecimiento que ha experi-mentado la población (que ha aumentado en unos1.500 millones en dichos países): los 918 millonesde desnutridos de 1969-71 se redujeron a 841millones en 1990-92 (FAO, 1996e:44-45).

    Pero estas cifras globales esconden tendencias muydiferentes en cada región. De forma notoria, la queha seguido peor suerte ha sido el África Subsaha-riana, la única donde el porcentaje de desnutridosha aumentado en las dos décadas, alcanzando en1990-92 un enorme 43%, el doble que el siguienteíndice más alto, el del Sur de Asia. Habida cuentade que la población africana ha crecido a un tam-bién elevado 2’9% anual, el número total de ham-brientos se ha doblado, llegando a los 215 millonesde personas. Como consecuencia, los africanos hanpasado en veinte años de representar el 11% de loshambrientos mundiales a ser el 26% de los mismos.

    Es interesante observar que tanto en PróximoOriente-Norte de África como en América Latina-Caribe, la década de los 70 registró un avance, másacusado en la primera región. Sin embargo, losaños 80 han sido de recesión, pues los porcentajeshan permanecido estancados al tiempo que elnúmero total de hambrientos ha aumentado.Ambas regiones, en particular el Próximo Oriente,son dependientes de las importaciones de alimen-tos del exterior.

    Los datos de Asia merecen especial atención, porser el continente con mayor peso demográfico ymayor número de hambrientos. En cuanto al Surdel continente, el porcentaje permaneció estable enlos 70 y disminuyó apreciablemente en los 80, perodadas las altas tasas de crecimiento demográfico dela región, el número total de hambrientos no hadisminuido en la misma medida. Por último, laregión de Este y Sudeste de Asia es la que ha mos-trado un mejor comportamiento en el período abar-cado. El porcentaje de afectados ha descendidoprogresivamente desde el 41% (el mayor porcenta-je mundial en 1969-71) hasta el 16%. Y, lo que esmás notable, el moderado crecimiento demográficode la región ha permitido reducir drásticamente elnúmero total de hambrientos, si bien sigue siendoel más alto del mundo.

    La evolución que ha seguido la situación alimentariaen cada región refleja en gran medida la suerte quehan seguido sus magnitudes económicas. Los paísescuyos índices alimentarios han mejorado son aque-llos en los que se ha registrado un mayor creci-miento económico y de los ingresos per cápita, loque les ha proporcionado un mayor poder adquisi-tivo y la posibilidad de incrementar sus importacio-nes alimentarias. Por el contrario, los países, en sumayoría africanos, con resultados alimentarios másnegativos se han caracterizado por el estancamientoeconómico, el descenso de la producción agrícolaper cápita (por múltiples factores, como las sequías,los conflictos y la falta de inversiones públicas) y laconsiguiente disminución de los ingresos per cápita.A diferencia de los países anteriores, éstos apenashan dispuesto de recursos económicos para sufragarlas importaciones de alimentos, lo que les ha forza-do a reducir su consumo per cápita.

    16

    asumimos los datos de la FAO, agencia de Naciones Unidas especializada en la materia, así como su criterio sobre ladesnutrición. Una persona desnutrida sería aquella con un consumo promedio anual inferior al necesario para man-tener el peso corporal y desarrollar una actividad ligera, umbral que se estima en 1’54 veces la Tasa de MetabolismoBasal (esto es, las calorías necesarias para una persona media a fin de mantener las funciones corporales esencialesen situación de ayuno y reposo). Considerando diferentes factores, la FAO ha estimado las necesidades calóricas percápita para cada país, a partir de lo cual ha calculado la incidencia de la desnutrición.

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  • 17

    TENDENCIAS EN EL NÚMERO Y PROPORCIÓN DE DESNUTRIDOSPOR REGIONES EN DESARROLLO

    DISTRIBUCIÓN DE LOS DESNUTRIDOS POR REGIONES (%)

    Proporción de desnutridossobre su población (%)

    1969-71(918 millones de desnutridos)

    1990-1992(841 millones de desnutridos)

    Número de desnutridos(millones)

    38

    41

    43

    103

    148

    215

    África Subsahariana

    27

    12

    12

    48

    27

    37

    Próximo Orientey Norte de África

    41

    27

    16

    476

    379

    269

    Próximo Orientey Norte de África

    33

    34

    22

    238

    303

    255

    Sur de Asia

    19

    14

    15

    53

    48

    64

    América Latinay Caribe

    África Subsahariana

    Próximo Orientey Norte de África

    Extremo Oriente

    Sur de Asia

    América Latinay Caribe

    1969-71 1979-81 1990-92

    11%

    5%

    52%

    26%

    6%

    26%

    4%

    32%

    30%

    8%

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  • lan koadernoa nº 22 26/9/05 18:11 Página 20

  • Como señalábamos, dos condiciones deben reunir-se para evitar el hambre: primera, que existan ali-mentos per cápita suficientes para satisfacer lasnecesidades de la población, y, segunda, que todaslas familias y personas dispongan de los recursosmateriales mínimos para acceder a tales alimentos.

    En este capítulo nos centraremos en el primero deesos requisitos, el equilibrio entre demanda y sumi-nistros. Para ello analizaremos, por un lado, lasproyecciones existentes sobre el crecimiento de lapoblación mundial así como sobre los cambios enlas pautas de consumo alimentario (por cuantoinciden sobre el nivel de la demanda de alimen-tos); y, por otro, las perspectivas de aumento de laproducción de alimentos, que aparecen fuertemen-te condicionadas por la importancia que se otorguea las amenazas de tipo medioambiental.

    IV.1. PERSPECTIVAS SOBRE LADEMANDA DE ALIMENTOS

    Entre los años 1990 y 2025, la demanda mundialde cereales experimentará un aumento del 70%, sibien el incremento será mucho mayor en los paí-ses en vías de desarrollo, del 114%. En los paísesindustrializados, que con un 23’6% de la pobla-ción mundial consumen el 45% de los cereales, lademanda per cápita (621 kg en 1990) seguramen-

    te no aumentará e incluso puede descender, debi-do a una disminución del consumo de alimentosde origen animal y, consiguientemente, del uso decereales como piensos (Alexandratos y De Haen,1995:363).

    La mayor parte (concretamente el 38%) del incre-mento mundial de la demanda entre los años 1990y 2020 se centrará en el Extremo Oriente (en espe-cial en China), debido a su fuerte crecimientodemográfico y económico, por lo que tendrá queimportar entre el 13% y el 23% de sus suministros.La segunda región importadora será el Sur de Asia,debido sobre todo al crecimiento demográfico. Elresto de las regiones tendrán papeles más modes-tos. El caso de Africa es particularmente preocu-pante, dado que requerirá un fuerte incremento delas importaciones para responder a su alto creci-miento demográfico, pero no dispondrá de recur-sos para costearlas (Dyson, 1996:113,114,205).

    IV.1.a. Crecimiento de lapoblación y otros cambiosdemográficos

    El crecimiento demográfico será responsable deaproximadamente el 90 % del aumento de lademanda de alimentos en las próximas décadas.Por eso resulta crucial analizar las perspectivas enla materia, a fin de preguntarnos si será posible ali-

    19

    IV. EQUILIBRIO ENTRE SUMINISTROSY POBLACIÓN

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  • mentar a una población creciente de forma soste-nible desde los puntos de vista económico ymedioambiental.

    Después de milenios de lento crecimiento, lapoblación mundial se ha multiplicado rápidamenteen las últimas décadas, aumentando desde 1950más que en toda la historia anterior. Sólo hacia elaño 1800 se alcanzaron los 1.000 millones de per-sonas, y costó 130 años llegar a los 2.000 millones,mientras que los 3.000 millones se lograron en sólo30 años más, en 1960. Desde los años 60 la tasamundial de crecimiento demográfico ha estadobajando, al haber descendido el índice de natalidadmás rápidamente que el de mortalidad. De una tasamundial récord del 2’2 % en 1963 se ha pasado ala del 1’4% en 1996. De todas formas, el aumentoen números absolutos sigue siendo muy grande, deunos 80 millones por año en la actualidad. Este cre-cimiento, como es sabido, se concentra sobre todoen los países en vías de desarrollo.

    En cuanto a las previsiones para las próximas déca-das, el crecimiento de la población continuará sien-do grande incluso aunque las tasas de natalidadbajen rápidamente, dado que la estructura de lapoblación actual es joven y muchas mujeres estánaccediendo a la edad reproductiva. Las NacionesUnidas han calculado el crecimiento de la pobla-ción mundial hasta el año 2050, en el que se espe-

    ra que aquélla se estabilice con un crecimientocero, ofreciendo tres estimaciones: alta, baja ymedia. La estimación baja prevé una población de7.900 millones y parte del supuesto de que todoslos países adopten simultáneamente planes parareducir la fecundidad de forma rápida. La alta pro-nostica una población de 11.900 millones, y asumeque tales planes se adopten de forma lenta. Dadoque habrá países que opten por la vía rápida yotros que no, la estimación más verosímil es segu-ramente la media: de los 5.700 millones de 1995 sepasaría a 7.888 millones en el año 2020, y a 9.800millones en el año 2050, lo que representaría unaumento del 72%1.

    El 93% de este crecimiento se registrará en los paí-ses en vías de desarrollo, pero con importantesdiferencias entre unas regiones y otras. Según laestimación media, las mayores tasas de crecimientoseguirán siendo las del África Subsahariana, por loque experimentará el segundo mayor crecimientoregional en términos absolutos, pasando de los 643millones en 1990 a 1.421 millones en el 2020. Laregión con el mayor aumento en número de per-sonas en ese período será Asia, que sumará 1.500millones de personas más, sobre todo en el Sur delcontinente. También Oriente Medio y América Lati-na experimentarán importantes crecimientos, quesin embargo serán modestos en Europa, Norteamé-rica y Australia 2.

    20

    1 United Nations (1995), World Population Prospects 1990, Nueva York. Citado en FAO (1996a:27-28).

    2 Ibíd.

    Proyecciones sobre el crecimiento de la población (FNUAP, 1998:70-72)

    Población 1998 Población proyección 2025 Tasa media crecimiento(millones) (millones) demográfico 1995-2000

    Total mundial 5.929'8 8.039'1 1'4

    Países desarrollados 1.181'5 1.220'3 0'3

    Países en vías de desarrollo 4.748'3 6.818'9 1'7

    Países menos adelantados 626'9 1.159'3 2'6

    África 778'5 1.453'9 2'6

    Asia 3.588'9 4.784'8 1'4

    Europa 729'4 701'1 0'0

    América Latina y Caribe 499'5 689'6 1'5

    América del Norte 304'1 369'0 0'8

    Oceanía 29'5 40'7 1'3

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  • Este crecimiento de la población será el principalresponsable del aumento de la demanda de ali-mentos. Según Dyson (1996:113), un incrementodemográfico entre los años 1990 y 2020 del 49%(en realidad será del 45%, según las últimas esti-maciones), si los niveles de consumo per cápita decada país no se alteran, generaría un aumento dela demanda efectiva de cereales del 39%. La dife-rencia de porcentajes se debe a que las zonas quecrecerán más son las que tienen un consumo percápita inferior al promedio. En consecuencia, elconsumo mundial per cápita de cereales descende-ría un 7%, quedando en 336 kg.

    Por otra parte, otros factores demográficos diferen-tes al crecimiento poblacional tendrán también inci-dencia, aunque modesta, sobre la demanda de ali-mentos. El principal de ellos es la estructura de lapoblación por edades, ya que los niños y ancianostienen menores necesidades energéticas que losadultos. Este factor influirá poco a escala mundial,ocasionando un incremento de las necesidades decalorías del 2% entre los años 1995 y 2050, influen-cia que será mayor sin embargo en los países endesarrollo debido al descenso de su poblacióninfantil (destacando África, donde provocará unincremento del 7%), mientras que en los paísesdesarrollados el proceso de envejecimiento darálugar a una disminución del 1% de las necesidadescalóricas. Del mismo modo, el aumento de la esta-tura de las personas incrementará las necesidadesenergéticas un 1% por decenio hasta el 2050 en elmundo y un 2% en los países en vías de desarrollo(FAO, 1996a:35-37).

    En sentido contrario, otros factores reducirán lasnecesidades energéticas, como el desarrollo urbanoy la reducción del número de embarazos, que per-mitirán disminuirlas en un 3% y 1% respectivamen-te en los países en desarrollo en el período citado.Haciendo balance, entre estos factores demográfi-cos (excluido el crecimiento de la población), losque provocarán un aumento de las necesidadestendrán más peso que los que las reducirán: un+10% frente a un –5% (FAO, 1996a:35-37).

    El conjunto de todos los factores demográficos(tanto el crecimiento como el cambio de la estruc-tura de la población), entre los años 1995 y 2050provocará un aumento de las necesidades mundia-

    les de calorías del 76% (un 74% por crecimientodemográfico y un 2% por cambios en la estructurade la población). Pero las cifras varían mucho entérminos geográficos. En los países desarrollados elcrecimiento de la población las incrementará en un4%, y los cambios en la estructura las reducirán enun 2%. Por su parte, en los países en vías de desa-rrollo el crecimiento demográfico aumentará lasnecesidades en un 95%, mientras los cambios de laestructura demográfica también los aumentará, enun 3%. Dentro de este grupo, los factores demo-gráficos generarán un aumento de la demanda del69% en Asia, del 80% en América y Caribe, y del250% en el África Subsahariana (FAO, 1996a:37-39).

    El fuerte crecimiento de la población suscitará unasmayores necesidades de suministros. Sin embargo,es importante subrayar que no es éste el principalriesgo que representa para la seguridad alimentaria.El mayor problema del crecimiento acelerado es supapel como generador de la pobreza familiar:cuando crece la proporción de familiares depen-dientes (niños) respecto a los económicamenteactivos, descienden los ingresos per cápita de lasfamilias y con ello su capacidad de invertir en supropio bienestar y desarrollo (nutrición, salud, edu-cación, medios productivos, etc.). Lo mismo ocurrea escala nacional con la capacidad de los Estadospara invertir en desarrollo.

    IV.1.b. Composición y cambiosde la dieta

    La demanda futura de alimentos en el mundo, y sudistribución entre regiones, dependerá no sólo delos factores demográficos que acabamos de ver,sino también de los posibles cambios en la dietaalimentaria, tanto en cuanto a cantidad como altipo de alimentos que la compongan.

    Las dietas de los países pobres proporcionan entorno a unas 2.000 calorías por persona y día,mientras que las de los países desarrollados giranen torno a las 3.500. Sin embargo, estas últimas tie-nen una alta proporción de alimentos de origenanimal y procesados, por lo que los consumidoresricos absorben en realidad muchos más recursos

    21

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  • alimentarios que ese 75% que aparece a simple vis-ta. De este modo, hay que distinguir entre caloríasfinales, las que llegan al estómago del consumidor,y calorías iniciales, que son las empleadas a lo lar-go de la cadena alimentaria para producir alimentos.En las dietas de los países en vías de desarrollo,basadas en alimentos vegetales poco transformados,las calorías iniciales no son muchas más que las fina-les. Pero en las dietas occidentales ricas, la cadenaalimentaria se alarga, pues los productos vegetales(esto es, el cereal para pienso) se transforman enproductos animales, y los productos brutos experi-mentan una mayor transformación culinaria o indus-trial, lo cual implica una pérdida de energía. Esdecir, que se tienen que emplear más calorías ini-ciales para disponer de las mismas calorías finales 3.

    En otras palabras, cada tipo de producto animalproporciona una eficiencia energética diferente.Para producir una sola caloría de origen animalhacen falta varias de origen vegetal, aproximada-mente las siguientes: 11 para la carne de vacuno yovino, 4 para la carne de porcino y pollo, 8 para lade la leche y 4 para la del huevo (FAO, 1996a:50) 4.

    De este modo, el modelo agronutricional ricorepresenta un consumo energético total de unas10.700 calorías por día, equivalente a 3 kg diariosde cereal (la mayor parte en forma de piensos paraproducir carne), mientras que el modelo agronutri-cional pobre equivale a unos 0’7 kg. En definitiva,el habitante medio de un país rico consume 4’3veces más calorías que el de un país pobre.

    22

    3 MALASSIS, Louis (1994), Nourrir les hommes, colección Dominos-Flammarion, p. 28. Citado en Brun (1996:24).

    4 Medido de otra forma, para obtener 1 kg de diferentes productos hace falta emplear como pienso las siguientescantidades de cereal: 7 kg para la carne de vacuno, 4 kg para la de cerdo, 2’2 kg para la de pollo, 2 kg para algu-nos pescados de piscifactoría y entre 1 y 3 kg para el queso y los huevos (Brown, 1996:57).

    En 1995, el mundo destinó 640 millones de tonela-das de cereal (el 37% del consumo total) a piensospara la ganadería, avicultura y piscicultura. DestacanEE.UU. y la Unión Europea, donde la mayor partedel cereal se utiliza para piensos. Pero es importan-te observar que su uso viene creciendo durante lasúltimas décadas en los países en vías de desarrollode ingresos medios, sobre todo en China (donde seha quintuplicado desde las reformas económicas de1978), incremento que es una de las principalesrazones del ascenso de las importaciones de cerealpor parte de dichos países. Según la FAO, la utiliza-ción de cereal como pienso podría más que dupli-carse en los países en desarrollo entre 1990 y el2010 (Alexandratos, 1995:121,123). Por el contrario,su uso ha descendido en la antigua URSS desde1988 debido a la caída de los ingresos y de la

    demanda de carne, y presenta unos niveles bajos enlas dietas del África Subsahariana y del Sur de Asia(Brown, 1996:55-56, Brun, 1996:24).

    El aumento del consumo de cereales como piensoguarda una relación directa con la diversificación (yoccidentalización) de la dieta que suele acompañar aldesarrollo económico y al proceso de urbanización.Estos fenómenos se traducen en un menor consumodirecto de cereales y en un aumento del de frutas,legumbres, verduras y, sobre todo, alimentos de ori-gen animal. Parece haber una tendencia clara alincremento del consumo de carne conforme aumen-tan los ingresos, que es perceptible sobre todo en lospaíses en desarrollo con un mayor crecimiento,como China, en la que entre 1990 y 1995 el consu-mo de carne de cerdo ha aumentado en un 60% y la

    Fuente: L. Malassis (1994), Nourrir les hommes, colección Dominos-Flammarion. Citado en Brun (1996:36,37).

    Modelo Calorías Calorías Calorías Equivalenteagronutricional finales animales iniciales cereales (kg/día)

    Occidental o rico 3.500 1.200 10.700 3’0

    Intermedio 2.800 600 6.400 1’8

    Pobre 2.000 100 2.600 0’7

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  • de vaca se ha quintuplicado. En conjunto, la pro-ducción mundial de carne ha pasado de los 17’2 kgper cápita en 1950 a los 33’8 kg en 1996 (Brown,1996:52; Brown et al., 1997:30) 5.

    Los cambios en las dietas de muchos países van aincrementar el desafío de tener que aumentar lossuministros mundiales de alimentos. Particular inci-dencia tendrán los cambios en China y otros paísesde Asia, debido a su gran peso demográfico y sufuerte crecimiento económico. Entre 1992 y 1995,advierte Brown (1996:28-29), los 1.200 millones dechinos han duplicado con creces sus ingresos, yparte de éstos se han dedicado a comprar más car-ne, huevos y cerveza, productos todos ellos muyexigentes en cereales. Su país a tenido así que con-vertirse, desde 1995, en un importador neto de losmismos, siendo previsible que tenga que abaste-cerse cada vez más en el mercado internacional,con el consiguiente impacto que podría tener sobrelos precios mundiales.

    De todas formas, la incidencia de los cambios die-téticos sobre el aumento de la necesidad de calo-rías de origen vegetal será menor que la del con-junto de efectos demográficos, vistos en el puntoprecedente. Estos últimos incrementarán la necesi-dad de calorías vegetales para el año 2050 en un76% para el conjunto del mundo (en un 2% paralos países desarrollados y un 95% para los en víasde desarrollo). Por el contrario, los cambios dieté-ticos la incrementarán en un 28% para el mundo(en 0% para los desarrollados y en 40% para los envías de desarrollo) (FAO, 1996a:53).

    Como hemos visto, la dieta animal es ineficiente (alabsorber bastantes más calorías de las que propor-ciona), además de dañina para la salud en caso deconsumo excesivo. Por tanto, una forma indirectade incrementar los suministros mundiales de ali-

    mentos, fomentando a la vez dietas más saludables,podría consistir en reducir el consumo de tales ali-mentos de origen animal, sobre todo en los paísesdesarrollados. Según Alexandratos (1995:63), si delos 640 millones de toneladas de cereal empleadosanualmente como pienso se desviara tan sólo untercio hacia el consumo humano directo, la dispo-nibilidad mundial de calorías per cápita aumentaríade las 2.700 actuales a 3.000 6.

    Ahora bien, esta propuesta sólo tendría sentido enel caso de que realmente existiera una competen-cia entre el consumo humano directo de cereales ysu uso como piensos. Si, como prevén los neomal-tusianos, en el futuro surgiera una escasez en lossuministros per cápita mundiales, ésta podría sersuperada mediante una reorientación de los pien-sos hacia el consumo humano, que seguramentesería estimulada por el encarecimiento de sus pre-cios. Sin embargo, como veremos más adelante,hoy parece existir la capacidad de producir todo elcereal necesario para satisfacer la demanda efectivatanto para consumo efectivo como para piensos, yde hacerlo además a precios decrecientes. El pro-blema no reside, por el momento, en la necesidadde incrementar la oferta, sino en solventar la faltade recursos por parte de los pobres para acceder alos alimentos. De hecho, el pasado recientedemuestra que en la medida en que han aumenta-do los ingresos se ha incrementado el consumotanto humano como en forma de piensos.

    IV.2 PERSPECTIVAS SOBRE LAPRODUCCIÓN DE ALIMENTOS

    Si en los dos apartados precedentes hemos anali-zado las previsiones sobre el aumento de la

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    5 En India el consumo per cápita anual de carne es de 3 kg por persona y año, en China de 42 kg, en Italia de70 kg y en EE.UU. de 123 kg. Por su parte, en algunos países europeos ha comenzado cierto descenso del con-sumo de carne, motivado por la sensibilización sobre sus perjuicios para la salud (Brown, 1996:52).

    6 Se estima que es perjudicial para la salud que las grasas (sobre todo las de origen animal) proporcionen más del30% de las calorías consumidas, pero un 16’8% de la humanidad vive en países que rebasan ese nivel. Si estos paí-ses eliminaran ese exceso de consumo de grasas enteramente mediante la reducción del consumo de grasas ani-males, sería posible ahorrar una cantidad de cereal en pienso equivalente al 10’2 % de las calorías consumidas enel mundo en 1990. En algunos países con baja eficiencia en su sistema alimentario y alto consumo de grasas ani-males sería posible reducir cerca del 50% de su uso total de alimentos mediante la promoción de dietas más salu-dables y una mejora de la eficiencia para reducir pérdidas (Bender, 1994:393).

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  • demanda de alimentos, ahora nos ocuparemosdel otro plato de la balanza: las previsiones sobresu producción.

    La mayoría de los estudios recientes pronostican unescenario optimista respecto a la producción ali-mentaria mundial en las primeras décadas del sigloXXI (el marco temporal de cada uno es diferente).Entre ellos destacan, por su importancia y su carác-ter global, los estudios de la FAO (Agriculturamundial hacia el año 2010, escrito por Alexandra-tos, 1995), del IFPRI, o International Food PolicyResearch Institute de Washington (Agcaoli y Rose-grant, 1995), y del Banco Mundial (Mitchell e Ing-co, 1993). Sin embargo, también existen otros aná-lisis de alcance más limitado o específico 7. Aunquecon diferencias de matiz, todos comparten lassiguientes ideas básicas.

    1) En primer lugar, afirman que el crecimiento dela producción mundial per cápita de cereales(alimento principal de la humanidad) será sufi-ciente para hacer frente al aumento de lapoblación y de la demanda, lo que permitirámejorar el consumo global per cápita de calo-rías, mantener la tendencia de descenso de losprecios de los alimentos, y reducir el númerode desnutridos crónicos. El pronóstico se basaen una proyección hacia el futuro de la ten-dencia lineal de crecimiento habida entre 1950y 1990, crecimiento que, según Dyson(1996:62), se debió en un 90% a la mejora delos rendimientos agrícolas y en sólo un 10% alincremento de la superficie. El IPRI, por suparte, condiciona la continuación del aumentoproductivo a que no disminuya la inversiónpara investigación en materia agrícola. Por otrolado, aunque resulta secundaria, la pesca pre-senta un estancamiento insalvable 8.

    2) La tasa de crecimiento anual de la producciónagrícola mundial, sin embargo, será menor queen el pasado. Si en los años 60 fue del 3’0%anual, en los 70 del 2’3% y entre 1980-92 del 2%,Alexandratos (1995:31) pronostica que entre1990 y el 2010 será del 1’8%, y del 2010 al 2025del 1’3% anual 9.

    3) Esta desaceleración del crecimiento productivodará lugar a que la producción per cápita decereales no aumente, según la previsión de Ale-xandratos (1995:33) referida al año 2010. En losúltimos 20 años, la producción por personasubió de 302 kg en 1969-71 a 342 kg en 1984-86 (punto máximo), para bajar a 326 en 1990-92.Es probable que la media ya no crezca, y conti-núe en 326 kg en el 2010. Ahora bien, esta desa-celeración, que para los neomaltusianos eviden-cia una preocupante merma de los rendimientosdebido al agotamiento de los recursos naturales,para los autores de la corriente optimista no esnegativa en sí y se debe a otras causas diferen-tes, como veremos enseguida.

    4) El aumento de la producción total es posible lle-varlo a cabo a un coste económica y medioam-bientalmente sostenible, si se invierte en mejoratecnológica, capital humano, innovación institu-cional, etc., en definitiva, en conocimiento, quees considerado el factor clave (Crosson y Ander-son, 1994; Norse, 1994).

    5) El incremento de la producción presentará pau-tas geográficas diferentes a las del aumento dela demanda, por lo que algunas zonas experi-mentarán acrecentamientos en sus déficits quetendrán que saldarse aumentando sus importa-ciones desde los grandes productores mundia-les, los cuales estarán en disposición de respon-der a esas necesidades gracias a su gran poten-

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    7 Otros estudios y proyecciones optimistas son los de Dyson (1996), Crosson y Anderson (1994), Downing y Parry(1994), Norse (1994), Chen y Kates (1994b) y Fisher et al. (1994).

    8 Por otro lado, el volumen de pesca marina parece haber tocado techo en los 80 o 90 millones de toneladas anua-les, límite que no es posible franquear sin incurrir en un grave agotamiento de los recursos. Después de haberaumentado de los 8 kg por persona en 1950 a los 17 kg en 1989, entre este año y 1996 las capturas per cápitahan descendido un 11%, dado que todas las pesquerías oceánicas están siendo explotadas a su plena capacidad y,muchas de ellas, sobreexplotadas (Alexandratos, 1996:8; Brown, 1996:25).

    9 El IFPRI, por su parte, pronostica un crecimiento de la producción anual del 1’5% hasta el año 2020 (Rosegrant,1996:10).

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  • cial productivo (tierra recientemente dejada sincultivar, sistemas agrícolas avanzados, climastemplados, etc.).

    En este sentido, se prevé que el consumo per cápi-ta de los países en vías de desarrollo crezca de 235kg per cápita en el año 1988-90 a 254 kg en el año2010, así como que su producción per cápita regis-tre un crecimiento menor, de 216 kg a 229 kg. Porconsiguiente, su déficit productivo aumentará un10%, lo cual les obligará a un incremento de susimportaciones. Estas representaron en 1988-90 unvolumen de 90 millones de toneladas, mientras queen el 2010 ascenderán a entre 160 millones (segúnla FAO) y 210 millones (según el Banco Mundial)(Alexandratos y De Haen, 1995:361).

    En referencia a todos los países deficitarios (nosólo a los países en vías de desarrollo), Dyson(1996:131) estima que sus importaciones de 120millones de toneladas de cereales de 1990 pasarána 375 millones en el 2020. Para entonces, si conti-núa el incremento de los rendimientos habido des-de 1981 y si los países del Este de Europa y de laantigua URSS recuperan su capacidad productiva,las regiones exportadoras podrán disponer de unosexcedentes de 389 millones de toneladas (206 enEuropa y antigua URSS, y 183 en América del Nor-te y Australia), por lo que no habría problema desuministros a escala global.

    En el lado opuesto, la visión pesimista está hoyrepresentada, sobre todo, por el Worldwatch Insti-tute y por su director, Lester Brown 10. Éstos sostie-nen que los estudios optimistas antes citados sonincorrectos por cuanto se basan en proyeccionesdel pasado, cuando en realidad el futuro no va a seruna simple continuación del pasado: nos encontra-mos hoy ante una situación diferente motivada pordiversas limitaciones que dificultan expandir la pro-ducción tan rápidamente.

    Brown (1996:41,45-46) acusa a la FAO y al BancoMundial de haber realizado unas proyecciones

    incorrectas sobre la producción futura, del mismomodo que han sobrestimado la producción de losúltimos años: el desfase entre las previsiones delBM y la realidad ha ido desde los 56 millones detoneladas en 1992 hasta los 225 millones en 1995,en tanto que el desfase de la FAO es inclusomayor. Esta sobrestimación de las perspectivas tie-ne en su opinión un efecto pernicioso, pues con-funde a los políticos, genera en ellos una excesivaconfianza y, en consecuencia, desalienta el incre-mento de inversiones en agricultura y planificaciónfamiliar. Parte del problema reside en que dichasproyecciones son realizadas fundamentalmente poreconomistas, sin apenas participación de científicosde la naturaleza (agrónomos, hidrólogos, meteoró-logos, etc.). De esta forma, se basan en tendenciaseconómicas (como la evolución de los precios),mientras que apenas toman en cuenta los múltiplesfactores y límites de tipo biológico (como la dismi-nución de la capacidad física de los cultivos paraabsorber los fertilizantes, el efecto acumulativo dela erosión del suelo sobre la productividad de latierra, el calentamiento global, o el límite de pro-ductividad de las pesquerías marinas). En un con-texto en el que los recursos son finitos, la crecien-te actuación de tales límites ecológicos está ralenti-zando y estancando el aumento productivo, por loque éste no va a registrar el crecimiento lineal pro-nosticado por los optimistas.

    En definitiva, los autores pesimistas sostienen quela producción alimentaria ha tocado techo y pro-nostican una reducción de los suministros mundia-les, el aumento de la variabilidad de los suministros(inducidos por una mayor frecuencia e intensidadde las sequías), una notable subida de los precios,el incremento del hambre (sobre todo en las ciu-dades del Tercer Mundo, que dependen de lasimportaciones), y el aumento consiguiente de lainestabilidad sociopolítica. Además, advierten enparticular de la amenaza que representa para elmundo el supuesto déficit creciente de China, debi-do al aumento de su demanda y la reducción de suproducción, déficit que podría desbordar la capaci-

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    10 Entre sus diversas publicaciones caben ser destacados tres libros: Brown (1995 y 1996), y Brown y Kane (1995).También merecen citarse la colección de Worldwatch Papers y los anuarios Signos Vitales y La Situación del Mun-do (publicados en castellano por ed. Apóstrofe y por ed. Icaria-CIP respectivamente). Por otro lado, según el pro-pio Brown (1996:45), un estudio del Ministerio de Agricultura del Japón de fines de 1995 se ha sumado a estacorriente, pues sus proyecciones para el 2010 prevén escasez y una duplicación de los precios del cereal.

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  • dad de exportación de EE.UU. y otros grandes pro-ductores (Brown, 1996:13).

    Los estudios de esta corriente pretenden alertar a lasociedad y a las instancias políticas sobre la nece-sidad de tomar medidas para revertir pronto (pue-den quedar pocos años para que esto sea posible)las tendencias que están rompiendo el equilibriosostenible entre nosotros y el medio natural. Talestendencias son básicamente tres.

    En primer lugar, llaman la atención sobre dos pro-cesos que darán lugar a un incremento de la deman-da mundial: el constante crecimiento de la poblaciónmundial, y el cambio de las pautas de consumoalimentario derivadas de los procesos de desarrolloeconómico y urbanización, que se está dando enmuchos países, sobre todo en Asia (vistos enpuntos anteriores).

    La tercera tendencia, que está contribuyendo aldesequilibrio suministros-población, consiste en lacreciente degradación medioambiental, que empie-za a tener como resultado la disminución de lacapacidad para producir alimentos. Entre otros fac-tores subrayan la escasez de tierra cultivable y ladegradación del suelo (deforestación, erosión, pér-dida de fertilidad por agotamiento), la escasez deagua dulce, el calentamiento global y el cambiohacia un clima más extremo (sequías e inundacio-nes), la reducción de la capa de ozono, el agota-miento de las pesquerías y la extinción de las espe-cies (con el consiguiente empobrecimiento biológi-co). A todos estos factores, que mermarán la capa-cidad productiva, hay que añadir el hecho de queno es previsible que próximamente se dé ningúnavance tecnológico significativo que permita acele-rar la producción como en el pasado hicieron losdescubrimientos de los fertilizantes nitrogenados olas semillas híbridas.

    Brown ve la confirmación de su análisis sobre elagotamiento de los recursos agrícolas en el des-censo de la producción mundial per cápita decereales registrado desde 1984, año en el que elcrecimiento demográfico comienza a superar al deproducción, lo que representaría en su opinión uncambio de tendencia estructural. Si dicha produc-ción creció de los 247 kg anuales en 1950 hasta unpico de 342 kg en 1984 (una ganancia del 38%), a

    partir de entonces comenzó a descender, con 335kg en 1990 y 295 kg en 1995 (el nivel más bajodesde 1967). Dicho de otra forma, si entre 1950 y1990 la producción creció un 2’6% anual (multipli-cándose así por tres), entre 1990 y 1996 el aumen-to fue sólo del 0’7% anual, lo que representa unimportante descenso (Brown et al., 1997:26; Ale-xandratos, 1995:65).

    Esta tendencia decreciente desencadenó un fuerteaumento de los precios de los cereales a fines de1995 y principios de 1996, que en el caso del trigodoblaron a los del año anterior y fueron los másaltos de la historia. Para Brown (1996:19,20,21) elfenómeno, lejos de ser episódico, fue el resultadodel choque entre la continua expansión de lademanda humana y los límites naturales de la tie-rra, anunciando un futuro de escasez y de incre-mento y volatilidad de los precios que perjudicaríasobre todo a los consumidores pobres de los paí-ses importadores.

    La tendencia negativa también se saldó con un des-censo de las reservas alimentarias mundiales, dadoque el consumo excedió a la producción reiterada-mente. De este modo, entre 1991 y 1996 cayeron de339 millones a 229 millones de toneladas de cereal,equivalentes a sólo 48 días de consumo mundial, elnivel más bajo que se recuerda. Estos bajos nivelesde reservas son preocupantes, pues pueden serinsuficientes para cubrir las necesidades mundiales eimpedir escaladas en los precios y convulsiones enlos mercados en caso de malas cosechas por partede los principales productores, en especial EE.UU 11.Por su parte, la FAO y el Banco Mundial argumen-taron que la subida de precios de fines de 1995 yprincipios de 1996 fue transitoria (y no signo de undeclive estructural), motivada por la sequía en laspraderas cerealeras de EE.UU. Esto pareció confir-marse con la excelente cosecha de 1996, que rom-pió la tendencia de descenso de la producción, conlo que los pronósticos más pesimistas quedaban encuestión, al menos momentáneamente 12.

    Volviendo a la desaceleración del crecimiento de laproducción agrícola posterior a 1984, Brown y suequipo la interpretan como prueba de una nuevatendencia estructural de deterioro de la seguridadalimentaria mundial, fruto de las crecientes limita-ciones agroecológicas a la producción alimentaria.

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  • Sin embargo, como adelantábamos, otros autoresdesmienten que la desaceleración sea negativa ensí, y que sea fruto de un agotamiento de los recur-sos productivos. En ese caso, señalan, parte de lademanda hubiera quedado insatisfecha y los pre-cios hubieran aumentado, cuando más bien lo queha ocurrido es que han descendido. La desacele-ración se debe en realidad a otras causas. La pri-mera es que la población rica del mundo (queabsorbe más de la mitad de los recursos alimenta-rios) ha llegado ya al tope de su nivel de consu-mo, con lo que la agricultura no necesita creceren lo que a ellos respecta. La segunda y principalcausa ha sido que, desde mediados de los años80, los principales exportadores cerealeros(EE.UU., Canadá, Australia, Argentina y la UE)adoptaron diferentes medidas políticas (reducciónde incentivos a la producción, regulación de laoferta, etc.) con el fin de reducir su sobreproduc-ción y sus excedentes, dado que la dificultad paraexportar estaba haciendo descender fuertementelos precios. La desaceleración del crecimiento dela producción mundial se centró en los paísesdesarrollados exportadores, mientras que, en lasúltimas décadas, la tendencia en los países endesarrollo (incluidos muchos con fuerte creci-miento demográfico) ha sido de constante aumen-to (Alexandratos, 1995:68-72; Dyson, 1996:87).

    Además, hay que tener en cuenta que estos datosse refieren a los cereales, y que muchas tierrasestán siendo reorientadas hacia otros cultivos demayor valor, al tiempo que la dieta de parte de lapoblación mundial se está diversificando cre-cientemente. De esta forma, los cereales han per-dido parte de su importancia como indicador delas tendencias alimentarias generales. En este sen-tido, debe subrayarse que, en contra de lo que ha

    ocurrido con los cereales, la producción per cápi-ta de alimentos de todos los tipos ha continuadoaumentando, habiéndose incrementado entre1979-81 y 1990-92 en un 5% a escala mundial(tasa similar a la de los años 70) y en un 14% enlos países en desarrollo (frente a un 10% en ladécada anterior), gracias sobre todo al tirón delSur de Asia y Extremo Oriente, precisamente lasdos zonas más densamente pobladas. De estemodo, salvo en el África Subsahariana, en el res-to de regiones del mundo la producción alimenta-ria ha seguido creciendo por delante de la pobla-ción (Dyson, 1996:9,202).

    En conclusión, la principal causa de la desacele-ración del incremento de la producción mundialestaría no en el agotamiento de los recursos natu-rales (aun reconociendo la existencia de proble-mas ecológicos), sino más bien en la falta derecursos económicos de los sectores vulnerables yde los países en vías de desarrollo para compraro importar los alimentos necesarios. El problemasería no tanto de límites en la oferta (abasteci-miento), sino de límites en la demanda efectiva enel mercado, que dificulta las exportaciones y desa-lienta el aumento de la producción. En caso deque hubiera una mayor demanda en el mercadomundial, los precios subirían y los grandes expor-tadores estarían en condiciones de producir más(Alexandratos, 1995:34,104).

    En consecuencia, el aumento de la tasa de creci-miento de la agricultura mundial no es imprescin-dible para mejorar la seguridad alimentaria. Lo real-mente importante es que el crecimiento se concen-tre en los países y sectores más vulnerables, de for-ma que mejore tanto su disponibilidad como suacceso a los alimentos (Alexandratos, 1995:71).

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    11 Sería deseable disponer de unas reservas mundiales equivalentes a 70 días de consumo, a fin de garantizar unnivel mínimo de seguridad alimentaria y de absorber los efectos desestabilizadores de las malas cosechas. Con unosniveles menores, los mercados internacionales corren riesgos de fluctuaciones de existencias y precios. Hay quetener en cuenta que la mitad de las exportaciones mundiales de cereal son aportadas por EE.UU., y que la pro-ducción en este país es fundamentalmente de secano, con el consiguiente riesgo de variabilidad (Brown et al.,1997:34).

    12 Como los propios Brown et al. (1997:26, 36) han reconocido recientemente, ese año se dio la mejor cosecha degrano de la historia en toneladas totales, equivalente a 319 kg per cápita, un 8’2% mayor que la de 1995, graciasa la buena climatología, los altos precios en el momento de la siembra y la expansión de la superficie cerealísticaen EE.UU. y la Unión Europea estimulada por los altos precios. Dado que la cosecha fue un poco superior al con-sumo, las reservas mundiales pudieron aumentarse ligeramente, de contener en 1996 el equivalente a 51días deconsumo mundial a albergar 55 días en 1997.

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  • De este modo, según los optimistas, si existedemanda efectiva en el mercado existe el potencialpara aumentar la producción y satisfacer aquélla.Según una estimación generalizada, aunque puedehaber alguna pequeña expansión de la superficiecultivada (por ejemplo en el África Subsahariana),la mayor parte del aumento de la producción ten-drá que descansar en una mejora de los rendi-mientos mediante diferentes prácticas (irrigación,multicultivo, utilización intensiva de fertilizantes,semillas mejoradas, etc.). Aunque la tecnologíaexistente proporciona un margen para ello, seránecesaria más investigación aplicada a las condi-ciones de cada zona agroecológica.

    Dyson (1996:124) realiza una extrapolación lineal apartir del período 1981-93 (algo que los neomaltu-sianos niegan que se pueda realizar), y estima queen el año 2020 el rendimiento mundial medio seráde unas 4 toneladas por hectárea, aunque con fuer-tes variaciones regionales (desde las 2 toneladas enel África Subsahariana hasta las casi 6 toneladas enExtremo Oriente). Por su parte, como hemos visto,los neomaltusianos pronostican un agotamiento delos recursos naturales que provocará que los rendi-mientos sean decrecientes. Dado que la clave deuna y otra postura radica en el constreñimiento queimponen los factores medioambientales y otrosrecursos naturales, es preciso que analicemos éstosen mayor detalle.

    IV.2.a. Límites medioambientalesy recursos naturales

    Disponibilidad de tierra cultivable

    Como hemos dicho, las posibilidades de extenderla superficie de tierra fértil cultivada son reducidas.Tanto en Oriente Medio como en el Sur de Asiaprácticamente toda la tierra cultivable está yaexplotada. En Extremo Oriente ocurre casi lo mis-mo, si bien existen algunas reservas en zonas esca-samente pobladas. El mayor potencial está en elÁfrica Subsahariana y en América Latina, donde seexplota en torno a una quinta parte de las tierras

    potenciales. Sin embargo, la mayoría de las noexplotadas están en las cuencas del Congo y delAmazonas, por lo que son distantes de las zonasmás habitadas, están mal comunicadas, y se tratade bosques tropicales cuya tala provoca la rápidapérdida de fertilidad del suelo (Dyson, 1996:17)

    Alexandratos (1995:41) estima que la superficie cul-tivada en los países en vías de desarrollo podríaaumentar del 79% en 1995 al 85% en el año 2010(esto es, de 600 a 720 millones de hectáreas), porejemplo mediante la reducción del barbecho. Perodespués de ese año quedarían ya pocas tierras parauna posterior expansión. El aumento de produc-ción deberá basarse, por tanto, en una mejora delos rendimientos mediante una mayor utilización detecnolog