Danielle Steel - Secuestrado

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<ul><li><p>romanticasdescargas.blogspot.com </p><p> Danielle Sateel SECUESTRADO Danielle Steel Para Nick Por el dolor de tener una madre que te sigue por todas partes y la angustia de tantos aos sin poder hacer lo que queras cuando t queras. Por la persona que eres y la persona que sers. El hombre excelente, el buen amigo! y tal vez incluso el gran escritor! Con todo mi amor, Y para John El mejor padre, el mejor amigo, el amor ms grande, el hom-bre ms dulce y la bendicin ms extraordinaria de mi vida... qu gran suerte la nuestra por tenerte a nuestro lado! Con todo el cario de mi corazn, OLIVE Charles Delauney cojeaba levemente cuando subi los peldaos de la catedral de San Patricio mientras un spero viento alargaba sus helados dedos hacia el interior del cuello de su camisa. Faltaban dos semanas para la Navidad y haba olvidado lo fra que era Nueva York en diciembre. Llevaba aos sin visitar la ciudad... y sin ver a su padre de ochenta y siete aos. Su madre haba muerto haca mucho tiempo, cuando l tena trece aos, y lo nico que poda recordar de ella era su belleza y su dulzura. Su padre chocheaba, estaba enfermo y achacoso y ya no se levantaba de la cama. Los abogados haban insistido en que Charles regresara a casa, por lo menos durante unos cuantos meses, para tratar de ordenar los asuntos de la familia. No tena hermanos y toda la carga de los negocios de los Delauney descansaba sobre sus hombros. Terrenos en todo el estado, una enorme finca cerca de Newburgh, Nueva York, intereses en los sectores del carbn, el petrleo, el acero, y unas propiedades inmobiliarias muy importantes en el centro de Manhattan. Una fortuna amasada no por Charles, y ni siquiera por su padre, sino por sus dos abuelos, pero que a l le traa completamente sin cuidado. Su juvenil rostro curtido por la intemperie mostraba las huellas del dolor y las batallas. Se haba pasado casi dos aos en Espaa, combatiendo por una causa que no era la suya, pero que l senta profundamente. Era una de las pocas cosas que ms sinceramente le preocupaban, algo que le haca hervir autnticamente la sangre. Casi dos aos atrs, en febrero de 1937, se haba in-corporado a la Brigada Lincoln para luchar contra los </p></li><li><p>romanticasdescargas.blogspot.com </p><p>fascistas y haba permanecido en Espaa desde entonces, combatiendo en aquella guerra. En agosto haba sido herido de nuevo, cerca de Gandesa, durante la encarnizada confrontacin de la batalla del Ebro. No era la primera vez que resultaba herido. A los quince aos, en el ltimo ao de la Gran Guerra, tras su fuga de casa para incorporarse al ejrcito, haba sido herido en la pierna cerca de Saint-Mihiel, provocando con ello las iras de su padre. Pero ahora ste ya no saba nada del mundo ni de su hijo, ni de la guerra de Espaa. Ya ni siquiera le reconoca y puede que fuera mejor, pens Charles, contemplndole dormido en su enorme cama. Hubieran discutido y se hubieran peleado como siempre. Su padre no hubiera soportado verle convertido en lo que ahora era, ni sus ideas sobre la libertad ni su odio a los fascistas. Siempre le haba reprochado que viviera en el extranjero. Haba sido un hijo tardo y al viejo Delauney le pareca absurdo que Charles estuviera all, metido en los jaleos de Europa. Charles haba regresado a Europa a los dieciocho aos, en 1921, y llevaba diecisiete viviendo all. Haba trabajado ocasionalmente por cuenta de algunos amigos y haba vendido alguna que otra narracin corta, pero en los ltimos aos haba vivido sobre todo de sus considerables rentas. La cuanta de sus ingresos siempre le haba molestado. Ningn hombre normal necesita tanto dinero para vivir, le haba confiado una vez a un amigo ntimo, y durante aos haba entregado buena parte de su dinero a organizaciones benficas, aunque el hecho de cobrar alguna pequea suma a cambio de sus relatos cortos le segua deparando una gran satisfaccin. Haba estudiado en Oxford y la Sorbona, y tambin haba pasado una breve temporada en Florencia. Por aquel entonces era un alocado joven muy amante del burdeos y de algn que otro vaso de ajenjo que siempre andaba por ah rodeado por una corte de fascinantes y bellas mujeres. A los veintin aos y tras haberse pasado tres viviendo en Europa sin control de ninguna clase, se consideraba un hombre de mundo. Haba conocido a personajes que otros slo conocan de odas, hecho cosas que pocos hombres hubieran soado alcanzar y amado a mujeres inasequibles para la mayora. Y despus... haba conocido a Marielle... pero aquello ya era otra historia. Una historia en la que procuraba no pensar. El recuerdo era todava demasiado doloroso. A veces, ella surga en sus sueos, sobre todo cuando corra peligro o tena miedo o dorma en alguna trinchera de alguna parte mientras las balas pasaban silbando por encima de su cabeza. Entonces recordaba su rostro... sus ojos inolvidables... sus labios... y la tristeza infinita que la envolva como un sudario la ltima vez que la haba visto. No la haba vuelto a ver desde entonces. Y de eso haca casi siete aos. Siete aos sin verla, sin tocarla... </p></li><li><p>romanticasdescargas.blogspot.com </p><p>sin abrazarla y sin saber siquiera dnde estaba. Una vez, cuando estaba herido y lo recogieron inconsciente en medio de un charco de sangre, despert pensando que se iba a morir y crey ver su imagen de pie detrs de los mdicos. Marielle tena tan slo dieciocho aos cuando la conoci en Pars. Su rostro era tan fresco y lozano que semejaba una pintura. l tena veintitrs aos y la vio cuando estaba sentado en un caf con un amigo. Inmediatamente se sinti cautivado. Ella le mir con picarda y regres corriendo a su hotel, pero ambos se volvieron a ver durante una cena en una embajada. Los presentaron oficialmente y todo fue muy circunspecto, aunque ella le sigui mirando con aquellos ojos burlones que tanto lo haban subyugado la primera vez. Los padres de la chica no se mostraron demasiado entusiasmados con l. El padre era un hombre muy serio, que le llevaba muchos aos a su mujer y conoca la mala fama del joven. Deba de tener aproximadamente la misma edad que el padre de ste y lo ms probable era que ambos hombres se conocieran. La madre era medio francesa y pareca una persona tremendamente arrogante y estirada. Ambos controlaban estrechamente a Marielle y queran que sta hiciera en todo momento lo que ellos le mandaban. No tenan ni idea de lo que era un coqueteo ni saban lo divertida que poda ser su hija. Sin embargo, sta tena tambin su faceta de persona seria y Charles descubri que poda hablar con ella de cualquier cosa. A la chica le hizo gracia coincidir con l en la embajada y record haberle visto en el caf, aunque no quiso reconocerlo hasta ms tarde, cuando l le gast una broma al respecto. Ambos se sentan fascinados el uno por el otro. Para ella, Charles era un joven interesante, muy distinto a todos los que haba conocido hasta entonces. Quera saberlo todo de l: de dnde era, por qu estaba all y dnde haba aprendido a hablar tan bien el francs. Se sinti atrada desde un principio por sus ambiciones y aptitudes de escritor y le explic, tmidamente, que ella pintaba un poco; ms adelante, cuando ya se conocan mejor el uno al otro, le mostr unos dibujos excelentes. Sin embargo, aquella primera noche no fue la pintura ni el arte lo que los atrajo irremediablemente el uno hacia el otro, sino algo que haba en lo ms profundo de sus almas. Los padres de la joven tambin se dieron cuenta, por lo que, tras haberlos visto conversar juntos un buen rato, la madre trat de apartar a Marielle de aquella nueva amistad y presentarla a otros jvenes asistentes a la cena. Pero Charles la sigui por todas partes como una sombra, porque ya no poda soportar permanecer lejos de ella. A la tarde siguiente se citaron en el Deux Magots y despus se fueron a dar un largo paseo por las orillas del Sena cual dos nios traviesos. La joven le cont toda su vida, </p></li><li><p>romanticasdescargas.blogspot.com </p><p>sus sueos, su deseo de convertirse algn da en una artista y poder casarse para tener nueve o diez hijos. Esto ltimo no le hizo demasiada gracia a Charles, a pesar de que la chica lo seduca poderosamente con su aire efmero y delicado, bajo el cual se intua una fuerza y una flexibilidad fuera de lo comn. Era como un fino encaje extendido sobre un mrmol exquisitamente labrado. Su piel posea la transparencia de las estatuas que l haba visto a su llegada a Florencia desde Estados Unidos y sus ojos intensamente azules brillaban como zafiros, mientras l le hablaba de sus sueos de convertirse en escritor. Algn da esperaba publicar una coleccin de narraciones cortas. Ella pareca comprenderlo todo e interesarse profundamente por todas las cosas que a l le gustaban. Sus padres la llevaron a Deauville y l la sigui hasta all, y despus hasta Roma... Pompeya... Capri... Londres y, finalmente, de nuevo a Pars. Charles tena amigos dondequiera que ella fuera y, por consiguiente, no tena ninguna dificultad para trasladarse a los distintos lugares y dar largos paseos con ella, acompaarla a los bailes o pasar aburridas veladas con sus padres. La chica se haba convertido para l en algo as como una droga y necesitaba tenerla a su lado dondequiera que fuera. El ajenjo jams lo haba seducido tanto como ella. En agosto, estando en Roma, Marielle le mir a los ojos y se sinti dominada por la misma pasin. Los padres no las tenan todas consigo, pero conocan a la familia de aquel inteligente y educado joven y no podan pasar por alto el hecho de que ste fuera el nico heredero de una inmensa fortuna. El dinero no tena ninguna importancia para Marielle, pues sus padres tambin disfrutaban de una desahogada posicin. Ella slo pensaba en Charles, en la fuerza de sus manos, sus hombros y sus brazos, en la apasionada expresin de sus ojos cuando ambos se besaban, en la cincelada belleza de sus rasgos de moneda griega y la suavidad de sus manos cuando acariciaba su cuerpo. Charles le haba explicado al principio que no tena in-tencin de volver a Estados Unidos porque no se llevaba muy bien con su padre desde que se fuera a la guerra a los quince aos. Su regreso a Nueva York haba sido una pesadilla y la ciudad le haba parecido excesivamente pe-quea, aburrida y limitada. Todo el mundo esperaba de l muchas cosas que a l le traan completamente sin cuidado. Obligaciones sociales, responsabilidades familiares, inters por las inversiones, las acciones, los fondos, y todas las cosas que su padre compraba y venda, y que un da l tendra que heredar. La vida era mucho ms que eso, le haba explicado Charles a Marielle mientras acariciaba suavemente su larga melena de sedoso cabello color canela. Era una chica alta, pero a su lado pareca bajita y se </p></li><li><p>romanticasdescargas.blogspot.com </p><p>senta frgil, delicada y maravillosamente protegida. Cuando ambos se conocieron, Charles llevaba cinco aos viviendo en Pars y estaba claro que la ciudad le en-cantaba. All estaban sus amigos, su vida, su alma, sus as-piraciones de escritor y su inspiracin. Pero en septiembre ella tena que zarpar rumbo a Estados Unidos en el Pars. Para volver a la buena vida que le tenan preparada, a los hombres que le iban a presentar, a sus antiguas amigas y a la pequea pero elegante casa de piedra caliza de la calle 62 Este, que en modo alguno se poda comparar con la mansin de los Delauney, situada a slo diez manzanas al norte, pero que, a pesar de todo, era ciertamente respetable... y terriblemente aburrida. No se pareca a la buhardilla de la ru du Bac que le haba alquilado a Charles una aristcrata arruinada propietaria del hotel particulier de abajo. Marielle la haba visitado un da y haban estado a punto de hacer el amor, pero en el ltimo momento el joven haba conseguido reprimir sus impulsos y haba abandonado la estancia para serenarse. Al volver, se sent a su lado en la cama mientras ella se alisaba el vestido y procuraba recuperar la compostura. -Lo siento... -Su cabello oscuro y sus ardientes ojos verdes le conferan un aire tremendamente trgico, un tanto suavizado por la conmovedora expresin de angustia de su rostro. Marielle jams haba conocido a nadie que ni de lejos se le pareciera ni hecho las cosas que sbitamente deseaba hacer con l. Saba que estaba perdiendo la cabeza, pero no poda evitarlo-. Marielle... -le dijo Charles en un susurro, contemplando su rostro medio oculto por el suave cabello castao rojizo- ya no puedo ms... me ests volviendo loco. Ella senta lo mismo y no lo lamentaba. Ninguno de los dos haba experimentado jams nada semejante. Marielle le mir sonriendo mientras l se inclinaba para besarla. A su lado, Charles se senta casi embriagado. Slo saba que no quera perderla. No quera regresar -a Nueva York para pedir su mano o tratar de llegar a un acuerdo con su padre, ni entonces ni ms adelante. No quera esperar ni una hora ms. La quera en aquel mismo instante, en aquella habitacin y en aquella casa. En Pars. La quera tener siempre a su lado. -Marielle? -dijo, contemplando sus profundos ojos azules. -S? -contest ella en un susurro. La joven estaba profundamente enamorada de l y Charles la conoca lo suficiente como para intuir la fortaleza de su espritu. Te casars conmigo? -Hablas en serio? -pregunt Marielle sin poder reprimir la risa. Bien sabe Dios que s. De repente, Charles se sobresalt. Y si le dijera que no? </p></li><li><p>romanticasdescargas.blogspot.com </p><p>Toda su vida pareca depender de lo que ella le dijera en aquel momento. Y si no quisiera casarse con l? Y si quisiera regresar a casa con sus padres? Y si todo hubiera sido un simple juego? Sin embargo, la mirada de sus ojos le hizo comprender que sus temores eran infundados. Cundo? pregunt ella, soltando una risita nerviosa. Ahora contest Charles. -No hablars en serio, verdad? -Pues s. Charles se levant y empez a pasear por la estancia como un joven len, alisndose el cabello con la mano mientras forjaba sus planes-. Hablo completamente en serio, Marielle. An no has contestado a mi pregunta aadi detenindose en seco, como si todo se hubiera tensado y electrizado a su alrededor. Despus corri a su lado y la estrech en sus brazos mientras ella le deca entre risas: -T ests loco. S, lo estoy. Y t tambin. Querrs casarte conmigo? insisti estrechndola con ms fuerza, hasta que ella empez a rerse sin poderlo evitar mientras l la inundaba de besos hasta arrancarle la respuesta. -S, s, s... me casar contigo -contest Marielle casi sin resuello-. Cundo hablars con mi padre? -pregunt, mirndole arrobada. Jams dar su consentimiento contest Charles con tristeza. Y, si lo da, querr que regresemos a Estados Unidos e iniciemos una vida sensata en un lugar donde l pueda vigilarnos. Ahora mismo no pienso hacerlo aadi, empezando a pasear de nuevo por la estancia como un len enjaulado. No piensas hablar con mi padre o no piensas regresar a Nueva York? -pregunt Marielle sbitamente preocupada mientras estiraba sus largas y bien torneadas piernas. -No pienso regresar a Nueva York, eso seguro... y... Charles clav sus ardientes ojos en ella-. Y si nos fu-gramos? -De aqu? -pregunt Marielle, aturdida. Charles hablaba en serio, le conoca lo bastante como para saberlo. Me mataran. -Yo no lo permiti...</p></li></ul>