cuentos muy cortos

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Cuento infantiles

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  • Cuentos muy cortos

    Cristian Henao

    Junio De 2012

  • Cuentos muy cortos

    Cristian Henao

  • Cuentos muy cortos

    Cristian Henao

    Medelln, Junio del 2012

  • EditorCristian Henao

    AutorHermanos Grimm

    DiagramacinCristian Henao

    Diseo de cartulaCristian Henao

    Norma Editorial Ltda.Calle 45 No. 88-60, Tels.: 7653466 - 8864278Fax: (4) 65430987Correo electrnico: [email protected]ln, Colombia

    ISBN: 958-30-1197-5

    Todos los derechos reservados.Prohibida su reproduccin total o parcial por cualquier medio sin permiso del Editor.

    Impreso por Grafix impresiones S.ACalle 34 54-86, Tels.: 12232 -12312, Fax: Quien solo acta como impresor

    Impreso en Colombia.

  • Hansel y Gretel Pgina 13

    Caperucita roja Pgina 20

    La bella durmiente Pgina 24

  • DedicatoriaPido perdn a los nios por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa. esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Pero tengo otra excusa. esta persona mayor es capaz de comprenderlo todo, incluso los libros para nios. Tengo una tercera excusa todava. esta persona mayor vive en medellin, donde sufre cada ves que se pone a pensar por el futuro de los nios de ahora. Tiene, por consiguiente, una gran necesidad de ser consolada. Si no fueran suficientes todas esas razones, quiero entonces dedicar este libro al nio que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido nios. (Pero

    pocas de ellas lo recuerdan).

  • PrefacioMs que entrar mis pasos por el libro para entregar mis propias palabras acerca de l, cosa que no sera conveniente para el lector, que tienen seguramente una mejor visin del cuento que la ma, prefiero referirme a lo general y as al menos, tratar slo de salir en la primera parte de su camino, como una forma de acompaarlo por unos instantes y as acercarlo para que camine con sus propios pasos por todos los cuentos que lo completan

    hacindolo un todo.

    El lector podr disfrutar desde un principio la lectura de este cuento, que tiene un muy buen hilo conductor y en el que por momentos la prosa que usa su autor, se transforma en prosa potica. Prosa en que usa variadas imgenes, metforas e incluso canciones y otros recursos propios de su estilo, no slo en las maravillosas

    aventuras.

  • PrlogoEste nuevo mundo que acerca realidades, pues el mensaje mismo, los personajes, la ambientacin y las acciones que en l ocurren y que el autor trasunta con una pluma que recoge toda una frtil imaginacin y la plasma en su cuento, se relacionan con todo pueblo mestizo de esta Latinoamrica en que vivimos y nos desenvolvemos ya sean habitantes de America, Centroamrica o Sudamrica. Es importante destacar tambin, que en la atmsfera y ambientacin del relato, referente a los planos fsicos, sicolgicos y sociales en que se desarrolla, se observan personajes y situaciones, los cuales podran ser tambin de cualquier lugar de nuestra Amrica o de mi propia tierra campesina a lo largo y ancho de Colombia y que de algn modo pueden corresponder con los hbitos y costumbres de este mestizaje del que somos legtimos integrantes y hereditarios los de nuestra querida tierra americana. Y quizs por eso mismo al pensar en los cuentos y leyendas de mi tierra colombiana, que he ledo y que ya

    son parte de mi acervo cultural

  • Hansel y Gretel

  • Junto a un bosque muy grande viva un pobre leador con su mujer y dos hijos; el nio se llamaba Hnsel, y la nia, Gretel. Apenas tenan qu comer, y en una poca de caresta que sufri el pas, lleg un momento en que el hombre ni siquiera poda ganarse el pan de cada da. Estaba el leador una noche en la cama, cavilando y revolvindose, sin que las preocupaciones le dejaran pegar el ojo; finalmente, dijo, suspirando, a su mujer: - Qu va a ser de nosotros? Cmo alimentar a los pobres pequeos, puesto que nada nos queda? - Se me ocurre una cosa -respondi ella-. Maana, de madrugada, nos llevaremos a los nios a lo ms espeso del bosque. Les encenderemos un fuego, les daremos un pedacito de pan y luego los dejaremos solos para ir a nuestro trabajo. Como no sabrn encontrar el camino de vuelta, nos libraremos de ellos. - Por Dios, mujer! -replic el hombre-. Eso no lo hago yo. Cmo voy a cargar sobre m el abandonar a mis hijos en el bosque! No tardaran en ser destrozados por las fieras. - No seas necio! -exclam ella-. Quieres, pues, que nos muramos de hambre los cuatro? Ya puedes ponerte a aserrar las tablas de los atades! -. Y no ces de importunarle hasta que el hombre accedi-. Pero me dan mucha lstima -deca. Los dos hermanitos, a quienes el hambre mantena siempre desvelados, oyeron lo que su madrastra aconsejaba a su padre. Gretel, entre amargas lgrimas, dijo a Hnsel: - Ahora s que estamos perdidos! - No llores, Gretel -la consol el nio-, y no te aflijas, que yo me las arreglar para salir del paso. Y cuando los viejos estuvieron dormidos, levantse, psose la chaquetita y sali a la calle por la puerta trasera. Brillaba una luna esplendoroso y los blancos guijarros que estaban en el suelo delante de la casa, relucan como plata pura. Hnsel los fue recogiendo hasta que no le cupieron ms en los bolsillos. De vuelta a su cuarto, dijo a Gretel: - Nada temas, hermanita, y duerme tranquila: Dios no nos abandonar -y se acost de nuevo. A las primeras luces del da, antes an de que saliera el sol, la mujer fue a llamar a los nios: - Vamos, holgazanes, levantaos! Hemos de ir al bosque por lea-. Y dando a cada uno un pedacito de pan, les advirti-: Ah tenis esto para medioda, pero no os lo comis antes, pues no os dar ms. Gretel se puso el pan debajo del delantal, porque Hnsel llevaba los bolsillos llenos de piedras, y emprendieron los cuatro el camino del bosque. Al cabo de un ratito de andar, Hnsel se detena de cuando en cuando, para volverse a mirar hacia la casa. Dijo el padre: - Hnsel, no te quedes rezagado mirando atrs, atencin y piernas vivas! - Es que miro el gatito blanco, que desde el tejado me est diciendo adis -respondi el nio. Y replic la mujer: - Tonto, no es el gato, sino el sol de la maana, que se refleja en la chimenea. Pero lo que estaba haciendo Hnsel no era mirar el

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  • gato, sino ir echando blancas piedrecitas, que sacaba del bolsillo, a lo largo del camino. Cuando estuvieron en medio del bosque, dijo el padre: - Recoged ahora lea, pequeos, os encender un fuego para que no tengis fro. Hnsel y Gretel reunieron un buen montn de lea menuda. Prepararon una hoguera, y cuando ya ardi con viva llama, dijo la mujer: - Poneos ahora al lado del fuego, chiquillos, y descansad, mientras nosotros nos vamos por el bosque a cortar lea. Cuando hayamos terminado, vendremos a recogeros. Los dos hermanitos se sentaron junto al fuego, y al medioda, cada uno se comi su pedacito de pan. Y como oan el ruido de los hachazos, crean que su padre estaba cerca. Pero, en realidad, no era el hacha, sino una rama que l haba atado a un rbol seco, y que el viento haca chocar contra el tronco. Al cabo de mucho rato de estar all sentados, el cansancio les cerr los ojos, y se quedaron profundamente dormidos. Despertaron, cuando ya era noche cerrada. Gretel se ech a llorar, diciendo: - Cmo saldremos del bosque? Pero Hnsel la consol: - Espera un poquitn a que brille la luna, que ya encontraremos el camino. Y cuando la luna estuvo alta en el cielo, el nio, cogiendo de la mano a su hermanita, guiose por las guijas, que, brillando como plata batida, le indicaron la ruta. Anduvieron toda la noche, y llegaron a la casa al despuntar el alba. Llamaron a la puerta y les abri la madrastra, que, al verlos, exclam: - Diablo de nios! Qu es eso de quedarse tantas horas en el bosque? Creamos que no querais volver! El padre, en cambio, se alegr de que hubieran vuelto, pues le remorda la conciencia por haberlos abandonado. Algn tiempo despus hubo otra poca de miseria en el pas, y los nios oyeron una noche cmo la madrastra, estando en la cama, deca a su marido: - Otra vez se ha terminado todo; slo nos queda media hogaza de pan, y sanseacab. Tenemos que deshacernos de los nios. Los llevaremos ms adentro del bosque para que no puedan encontrar el camino; de otro modo, no hay salvacin para nosotros. Al padre le dola mucho abandonar a los nios, y pensaba: Mejor haras partiendo con tus hijos el ltimo bocado. Pero la mujer no quiso escuchar sus razones, y lo llen de reproches e improperios. Quien cede la primera vez, tambin ha de ceder la segunda; y, as, el hombre no tuvo valor para negarse. Pero los nios estaban an despiertos y oyeron la conversacin. Cuando los viejos se hubieron dormido, levantse Hnsel con intencin de salir a proveerse de guijarros, como la vez anterior; pero no pudo hacerlo, pues la mujer haba cerrado la puerta. Dijo, no obstante, a su hermanita, para consolarla: - No llores, Gretel, y duerme tranquila, que Dios Nuestro Seor nos ayudar. A la madrugada siguiente se present la mujer a sacarlos de la cama y les dio su pedacito de pan, ms pequeo an que

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  • la vez anterior. Camino del bosque, Hnsel iba desmigajando el pan en el bolsillo y, detenindose de trecho en trecho, dejaba caer miguitas en el suelo. - Hnsel, por qu te paras a mirar atrs? -preguntle el padre-. Vamos, no te entretengas! - Estoy mirando mi palomita, que desde el tejado me dice adis. - Bobo! -intervino la mujer-, no es tu palomita, sino el sol de la maana, que brilla en la chimenea. Pero Hnsel fue sembrando de migas todo el camino. La madrastra condujo a los nios an ms adentro del bosque, a un lugar en el que nunca haba estado. Encendieron una gran hoguera, y la mujer les dijo: - Quedaos aqu, pequeos, y si os cansis, echad una siestecita. Nosotros vamos por lea; al atardecer, cuando hayamos terminado, volveremos a recogemos. A medioda, Gretel parti su pan con Hnsel, ya que l haba espa