cuentos de ciencia ficcion

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Fredric Brown

CUENTOS DE CIENCIA FICCION (Recopilacin)

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Cuentos de ciencia ficcin

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Texto de dominio pblico. Este texto digital es de DOMINIO PBLICO en Argentina por cumplirse ms de 30 aos de la muerte de su autor (Ley 11.723 de Propiedad Intelectual). Sin embargo no todas las leyes de Propiedad Intelectual son iguales en los diferentes pases del mundo. Infrmese de la situacin de su pas antes de la distribucin pblica de este texto.

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Abominable

Sir Chauncey Atherton se despidi de los guas sherpas, que iban a acampar all y dejarle continuar solo. Estaban en tierras del Abominable Hombre de las Nieves, varios centenares de kilmetros al norte del monte Everest, en el Himalaya. Los Abominables Hombres de las Nieves se haban dejado ver ocasionalmente en el Everest y en otras montaas tibetanas o nepalesas; pero el monte Oblimov, al pie del cual dejaba ahora a sus guas nativos, estaba tan lleno de ellos que ni siquiera los sherpas se atrevan a escalarlo; aunque le aseguraron que esperaran all su regreso, en el caso de que regresara. Haba que ser muy valiente para aventurarse ms all de aquel punto, Sir Chauncey era muy valiente. Adems, era un verdadero perito en cuestin de mujeres, razn por la que se encontraba all y a punto de intentar, en solitario, no slo una peligrosa ascensin sino tambin un rescate an ms peligroso. Si Lola Grabaldi an viva, se hallaba en poder de un Abominable Hombre de las Nieves. Sir Chauncey nunca haba visto a Lola Grabaldi en persona. En realidad, haca menos de un mes que se haba enterado de su existencia, al ver la nica pelcula cinematogrfica que ella haba protagonizado, y gracias a la cual se convirti sbitamente en un personaje legendario, en la mujer ms hermosa de la Tierra, en la estrella cinematogrfica ms encantadora que Italia haba engendrado jams; y sir Chauncey no lograba comprender que siquiera Italia lo hubiera hecho. En una sola pelcula remplaz a la Bardot, la Lollobrigida y la Ekberg como la imagen de la perfeccin femenina en la mente de todos los peritos del mundo, y sir Chauncey era el mejor perito del mundo. En cuanto la vio en la pantalla, comprendi que deba verla en persona, o morir en el intento. Pero, entonces, Lola Gabraldi ya haba desaparecido. A fin de tomarse unas vacaciones despus de su primera pelcula, hizo un viaje a la India y se uni a un grupo de escaladores que pensaban conquistar el monte Oblimov. El resto del grupo haba regresado, pero Lola no. Uno de ellos testific haberla visto, a demasiada distancia para alcanzarla a tiempo, secuestrada, arrastrada a la fuerza por una

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peluda criatura, ms o menos humana, de casi tres metros de estatura. Un Abominable Hombre de las Nieves. El grupo la haba buscado varios das antes de darse por vencidos y regresar a la civilizacin. Todo el mundo coincida en afirmar que, ahora, ya no haba ninguna posibilidad de encontrarla con vida. Todo el mundo menos sir Chauncey, que inmediatamente haba volado de Inglaterra a la India. Nada pudo detenerle, y ahora ascenda hacia la regin de las nieves eternas. Y, adems del equipo de alpinismo, llevaba el pesado rifle con el que, slo un ao antes, haba cazado tigres en Bengala. Si el arma poda matar tigres, razonaba, tambin poda matar Hombres de las Nieves. La nieve se arremolinaba en torno suyo mientras avanzaba hacia la lnea de nubes. De repente, a unos doce metros de l, que era hasta donde su vista alcanzaba, divis una monstruosa figura que no era totalmente humana. Alz el rifle y dispar. La figura cay, y sigui cayendo; se hallaba al borde de un precipicio de varios miles de metros de altura. Y, en el mismo momento del disparo, unos brazos se cerraron en torno a sir Chauncey. Unos brazos gruesos y peludos. Y despus, mientras una mano le inmovilizaba fcilmente, la otra le arrebat el rifle y lo dobl en forma de L con la misma facilidad que si se tratara de un palillo, tirndolo despus. Se oy una voz procedente de un punto situado a unos sesenta centmetros por encima de su cabeza. - Estate quieto y no te pasar nada. Sir Chauncey era un hombre valiente, pero una especie de gemido fue todo lo que pudo articular, pese a la aparente garanta de las palabras. La criatura situada a su espalada le mantena tan fuertemente apretado contra s, que no pudo alzar ni volver la mirada para ver que cara tena. - Te lo explicar - dijo la voz a sus espaldas -. Nosotros, a los que llamis Abominables Hombres de las Nieves, somos humanos, pero transmutados. Hace

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muchos siglos formbamos una tribu, igual que los sherpas. Por casualidad descubrimos una droga que nos permiti cambiar fsicamente y adaptarnos, gracias a un aumento de estatura, pilosidad y otros cambios fisiolgicos, a un fro y una altitud extremos, as como trasladarnos a las montaas, a regiones donde otros no pueden sobrevivir, excepto los pocos das que dura una expedicin de alpinismo. Lo entiendes?. - S-s-s - consigui articular sir Chauncey. Comenzaba a entrever un rayo de esperanza. Acaso la criatura iba a explicarle estas cosas, si pensara matarle? - En este caso, continuar. Nuestro nmero es reducido, y cada da lo es ms. Por esta razn ocasionalmente capturamos, tal como te hemos capturado a ti, a un alpinista. Le damos la droga transmutadora, sufre los cambios fisiolgicos y se convierte en uno de nosotros. De este modo mantenemos nuestro nmero relativamente constante. - P-pero - balbuci sir Chauncey - acaso es eso lo que le ha sucedido a la mujer que estoy buscando, Lola Grabaldi? Acaso es ahora... peluda, de casi tres metros de estatura, y...? - Lo era. Acabas de matarla. Un miembro de nuestra tribu la haba tomado como compaera. No nos vengaremos de ti por haberla matado; pero ahora debes ocupar su lugar. - Ocupar su lugar? Pero... yo soy un hombre. - Me alegro de que lo seas - dijo la voz a sus espaldas. Se vio obligado a girar bruscamente, y se encontr frente a un enorme cuerpo peludo, con la cara al mismo nivel de dos montaosos senos peludos -. Me alegro de que lo seas... porque yo soy una Abominable Mujer de la Nieves. Sir Chauncey se desmay, siendo inmediatamente recogido y alzado en brazos, con la misma facilidad que si de un osito de juguete se tratara, por su nueva compaera. FIN

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Algo verdeEl enorme sol carmes brillaba en el cielo violeta. En el limite de la planicie marrn, salpicada de arbustos marrones, se extenda la selva roja. McGarry avanz hacia ella dando zancadas. Explorar esas selvas rojas constitua una tarea ardua y peligrosa, pero era preciso hacerla. Haba explorado un millar de selvas; sta era, simplemente, una ms. Dijo: - En marcha, Dorothy. Todo listo? La pequea criatura de cinco patas que descansaba sobre su hombro no respondi, en realidad nunca lo haca. No saba hablar, pero era algo con lo cual hablar. Era una compaa. Por su tamao y su peso, se pareca asombrosamente a una mano que reposara sobre su hombro. Tena a Dorothy haca... cunto tiempo? Cuatro aos, supona. Estaba aqu haca aproximadamente cinco, segn calculaba, y la haba encontrado alrededor de un ao despus. De cualquier manera, daba por sentado que Dorothy perteneca al bello sexo, por la sencilla razn de que reposaba sobre su hombro como lo hara la mano de una mujer. - Dorothy - anunci -, creo que debemos preparamos para enfrentar problemas. All debe haber leones o tigres. Deshebill la funda de su pistola solar y apoy la mano en la culata del arma, listo para sacarla rpidamente. Era por lo menos la milsima vez que agradeca a su buena estrella que el arma que haba logrado rescatar de los restos de su nave espacial fuera una pistola solar, la nica arma que funcionaba prcticamente siempre, sin recarga ni municin. Una pistola solar absorba energa y, al apretar el gatillo, la descargaba. Con ningn arma, salvo con una pistola solar, hubiese subsistido siquiera un ao en Kruger III.

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Incluso antes de llegar al lmite de la selva roja, vio un len. No se pareca en nada a los leones que se ven en la Tierra, por supuesto. ste era magenta brillante, un color tan diferente de los purpurinos arbustos tras los que se agazapaba que l poda distinguirlo ntidamente. Tena ocho patas totalmente desarticuladas y tan flexibles y fuertes como el tronco de un elefante, y una cabeza escamosa con un pico semejante al de un tucn. McGarry le llamaba len. Tena tanto derecho a llamarlo as como de cualquier otro modo porque jams se le haba dado nombre. De lo contrario, el nombrador nunca haba regresado a la Tierra para informar sobre la flora y la fauna de Kruger III. Por lo que mostraban los archivos, una sola nave haba llegado all antes que la de McGarry, y jams haba vuelto a levantar el vuelo. Ahora l se dedicaba a buscarla; la haba estado buscando sistemticamente durante los cinco aos que llevaba all. Si la encontraba, era posible - slo posible - que contuviera intactos algunos de los transistores electrnicos que se haban destruido cuando su propia nave se estrell. Y si tena un nmero suficiente, podra regresar a la Tierra. Se detuvo a diez pasos escasos del borde de la selva roja y apunt con la pistola solar a los arbustos tras los cuales se agazapaba el len. Apret el gatillo y se produjo un brillante destello verde, fugaz pero hermoso - y qu hermoso! - y los arbustos desaparecieron, igual que el len. McGarry ri suavemente entre dientes. - Has visto eso, Dorothy? Era verde, el nico color que no tenis en vuestro rojo y sangriento planeta. El color ms hermoso del universo, Dorothy. Verde! Y yo s dnde existe un mundo que es casi totalmente verde, y llegaremos a l, t y yo. Seguro que lo haremos. Es el mundo d