cuadernillo directrices pastorales 3

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  • ndice

    I

    II

    III

    IV

    V

    PRESENTACIN

    LA PASTORAL EN LA DICESISDE CUERNAVACA

    ILUMINACIN BBLICA 1 Pe. 2, 1-10

    MODELO PASTORAL

    a. Modelo pastoral de poliedrob. Modelo paradigmticoc. Sentido programtico

    DIRECTRICES PASTORALES

    1. Iglesia en comunin2. Iglesia que se nutre de la Palabra3. Iglesia misionera4. Iglesia formadora de familia5. Iglesia que favorece los ambientes de paz

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  • 1 EG 302 Cfr. Hechos 2,42 ss.3 Zygmunt Bauman, Tiempos lquidos. Vivir en una poca de incertidumbre. Tusquets Editores, 2007, p. 7.

    I. PRESENTACIN

    1. Con la frescura del Espritu en nuestra querida Dicesis de Cuernavaca nos damos a la tarea de continuar un camino de fe, atendiendo al llamado del Papa Francisco para entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificacin y reforma1; que nos recuerde que todos debemos escucharnos, poniendo atencin a lo que nos han heredado las primeras comunidades cristianas, donde todos tenan algo que decir, donde todos escuchaban la Palabra y ponan sus bienes para que nadie pasara necesidad2.

    2. Nadie cuestiona que estamos viviendo un cambio de poca, una transformacin global de la cultura en la que nuestros marcos de referencia, nuestras interpretaciones y las novedades que tienen consecuencias a veces insospechadas, nos han llevado de una fase slida de la modernidad a la liquida: es decir, a una condicin en la que las formas sociales [] ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por ms tiempo3.

    3. En esta cultura de lo lquido, del descarte, vivimos sin interactuar con el otro, nos hemos aislado, ha salido de nuestro hacer y de nuestro vocabulario la palabra hermano. Son mltiples los factores, las causas y las vivencias que nos han llevado a todo eso; y debemos admitir que an en la realidad espiritual hemos vivido la fe de un modo intimista.

    4. Inspirados en este ressourcement regreso a las fuentes- y el aggiornamento actualizacin-, propuestos con la docilidad al Espritu por el Santo Juan XXIII al anunciar los grandes eventos de la Iglesia de Roma4, presentamos las Directrices Pastorales que guiarn el proceso como Iglesia Particular encarnada en un espacio determinado5 para vivir juntos un discernimiento evanglico, que nos lleve a la conversin pastoral 6 y nos permita impulsar un nuevo modelo de pastoral que busca responder a este cambio de poca.

    5. Las Directrices Pastorales estn basadas en la riqueza de los documentos del Concilio Ecumnico Vaticano II y la realidad que nos ha permitido reflexionar a lo largo de la historia en nuestro continente, teniendo como legado las cinco Conferencias del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y el magisterio de nuestro pastor el Papa Francisco, especialmente la Exhortacin Apostlica Evangelii Gaudium, para iluminar el camino concreto y plural de esta conversin pastoral.

    6. Conversin pastoral que es encabezada por el Obispo, para que, asistido con el Espritu, pueda ir adelante, en medio, atrs en el caminar, fomentando una comunin dinmica, abierta, misionera7, que tiene como objetivo el proceso participativo de la riqueza diocesana, que no slo conserve, sino que renueve, refresque y motive el mandato misionero de llegar a todos8 (Mt.28, 20).

    II. LA PASTORAL EN LA DICESIS DECUERNAVACA

    7. Frente a nuevos tiempos conviene siempre mantener presente la historia que acompaa el caminar de ciento veintitrs aos de nuestra Iglesia Particular. Tenemos que levantar nuestras manos orantes al cielo, para agradecer al Seor, por ser parte de esta bendita tierra; espacio donde tambin la historia ha dejado una huella importante, en las personas y en los monumentos histricos que hasta el da de hoy podemos apreciar.

    8. Prueba de ello es la presencia multicultural de diferentes etnias. Es en esta tierra con la bula Illud in primis, del Papa Len XIII, se erigi la Dicesis de Cuernavaca, el 23 de Junio de 1891, la cual qued constituida en el espacio asignado al estado de Morelos en el ao de 1869.

    9. La fe cristiana ha animado la vida y la cultura de esta Iglesia diocesana de donde naci una cultura cristiana expresada en sus templos, capillas abiertas y conjuntos conventuales, expresin de la presencia de las rdenes religiosas del siglo XVI, que aportaron evidentes signos cristianos: Franciscanos, Agustinos y Dominicos. Esta herencia es visible en nuestra fusin cultural, en los espacios donde las formas de religiosidad popular enriquecen a nuestro pueblo: con cnticos, rezos, danzas, formas de organizacin social y religiosa con devociones que se impulsan por medio de las mayordomas o cofradas. Esta tierra escenario tambin de la Revolucin Mexicana, con hombres y mujeres ilustres que la misma historia recuerda y aprecia.

    10. La fe, transmitida por nuestros antepasados, enfrenta hoy nuevos retos a los cuales nosotros debemos responder para ayudar a los fieles cristianos a vivir su fe con alegra y coherencia de ser discpulos y misioneros de Jesucristo, enviados al mundo por l para dar testimonio de nuestra fe y amor.

    11. Esta Iglesia que peregrina en Morelos es una Iglesia viva que ha hecho una sntesis de su cultura y la fe cristiana que los misioneros les ofrecieron, de ah naci la religiosidad popular, el amor a Cristo sufriente, el amor a Cristo en la Eucarista, la filial y profunda devocin a la Virgen Mara, particularmente bajo la advocacin de Santa Mara de Guadalupe y otras advocaciones. Esta religiosidad se expresa en la devocin a los santos con sus fiestas patronales. Este tesoro lo debemos proteger, promover y, en lo que es necesario, purificar.

    12. En este proceso histrico podemos encontrar la riqueza que nos han dejado nuestros obispos diocesanos, quienes de diferentes maneras enriquecieron la vida pastoral de la Dicesis, respondiendo a su tiempo con diferentes opciones pastorales.

    13. En este caminar no podemos dejar de lado el celo pastoral de muchos hermanos sacerdotes y laicos que con su granito de arena fueron determinantes en un momento importante coyuntural, animando la pastoral bblica, privilegiando la centralidad en la vida pastoral de la Palabra de Dios, en el ser y quehacer tanto de pastores como de los laicos, adems de su convencido compromiso social y nimo de ser sal y luz de la tierra. Los hermanos laicos han sido protagonistas importantes ya que han estado atentos en la participacin y ejecucin en los diversos procesos histrico-pastorales o bsquedas por articular las acciones pastorales pertinentes, que con una presencia real en varios grupos y movimientos apostlicos con sus carismas propios fortalecen la vida pastoral de las parroquias, siendo una referencia inmediata para los fieles de crecimiento espiritual.

    14. No pretendemos presentar una historia exhaustiva, ms bien es retomar el caminar de una memoria histrica agradecida que nos da identidad, para que en este momento nos comprometamos a que las Directrices Pastorales iluminen el camino de nuestras comunidades parroquiales que viven sus propios procesos con la madurez en la fe y en su particular entrega apostlica.

    III. ILUMINACIN BBLICA 1 Pe. 2, 1-10

    15. Las primeras comunidades cristianas experimentaron rpidamente la hostilidad y la persecucin. Estas dificultades provenan de dentro y de fuera. Gracias a estos conflictos, propios de todo grupo humano, los apstoles tuvieron que dar respuestas evanglicas oportunamente (Hch. 6, 1-7; 15). Las nuevas comunidades traan nuevos retos y esto fue providencial. La espiritualidad del conflicto permiti que surgieran respuestas para esas situaciones concretas pero con un valor perenne, al grado que se han convertido en referentes iluminadores, e incluso en Palabra de Dios.

    16. La primera carta del apstol Pedro es una verdadera catequesis cristolgica, eclesiolgica y litrgica. 1 Pe. 2, 1-10 es un texto clave para el cambio de la concepcin de la Iglesia como Pueblo de Dios. El Pueblo de Dios es la comunidad de piedras vivas, que unidas al Resucitado, van construyendo el nuevo templo. Los exhorta al cambio de conducta y de alimento. Su valor no est en lo individual, sino en la dimensin comunitaria. Las citas son claras referencias al Antiguo Testamento9, pero atrae su vigencia a la nueva comunidad que adopta elementos singulares del pueblo israelita.

    17. La teologa del sacerdocio del Pueblo de Dios, llamado a ofrecer permanentemente en medio de este mundo, el nico sacrificio espiritual agradable a Dios, es decir, la propia vida. El sacerdocio bautismal es uno de los grandes alcances de esta carta petrina. La carta a los Hebreos desarrolla ampliamente el sacerdocio mediador de Cristo, pero como seal el Card. Vanhoye en los Ejercicios espirituales que comparti con el presbiterio de Cuernavaca en el ao 2008, se ha estudiado poco el sacerdocio bautismal de la carta a los Hebreos y quiz sea la principal intencin de este magnfico tratado del sacerdocio.

    18. El fundamento del sacerdocio no es el mrito de los hombres; pero tampoco la miseria de los hombres es un obstculo para la participacin en el sacerdocio. Este sacerdocio tambin ha cambiado de destinatarios, pues tienen acceso no solo los israelitas, sino todos los creyentes. La conjuncin del ejercicio de ambos sacerdocios permite que la Iglesia cumpla la misin de anunciar el Evangelio. No estn en oposicin, sino que se complementan para poder abarcar todos los mbitos de la vida humana. Por esto, ser bautizado es una cosa muy grande.

    19. Los atributos: linaje escogido, sacerdocio real, nacin santa y pueblo adquirido califican un estado de vida pleno de bendiciones. Por lo tanto, la integracin de los fieles laicos en la vida de la Iglesia es fundamental. No hay segregacin, al contrario.

    20. En resumen, hay que decir que al apstol Pedro le agradecemos el descubrimiento y la valoracin de los bautizados en la Iglesia, el carcter del sacerdocio bautismal como una forma de vivir la comunin con Jesucristo, la piedra angular. Por otro lado, el trmino Pueblo de Dios, adoptado por el Concilio Vaticano II, es una expresin neotestamentaria que nospermite descubrir el carcter colectivo de la vivencia de la fe.

    IV. MODELO PASTORAL

    21. En una actitud de fe debemos descubrir la invitacin del Concilio Ecumnico Vaticano II que afirma que toda renovacin de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocacin. Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institucin humana y terrena, tiene siempre necesidad10.

    22. En comunin con el magisterio del Papa, quien en su Exhortacin Apostlica Evangelii Gaudium nos recuerda que en este momento de la obra evangelizadora de la Iglesia, no debe esperarse una palabra concreta o definitiva a las cuestiones que afectan a la Iglesia y a la sociedad11.

    23. Consientes de que hoy los documentos no despiertan el mismo inters que en otras pocas, y son rpidamente olvidados12, apostamos hoy por nuevas metodologas que con la confianza, la madurez y el compromiso de todos, en el discernimiento encarnado en lo local, nos ofrezcan caminos por los cuales laIglesia pueblo de Dios, sea fermento del Padre en medio del mundo13.

    24. El discernimiento evanglico est en la base de toda la reflexin, en el marco teolgico de la Constitucin Dogmtica Lumen Gentium, junto con todo el Concilio Ecumnico Vaticano II. La realidad propia de la Dicesis de Cuernavaca vista desde la persona de Jess, nos lleva a optar por las Directrices Pastorales con tres caractersticas fundamentales:

    a) modelo pastoral de poliedro;b) un modelo paradigmtico y c) con un sentido programtico.

    a) Modelo pastoral de poliedro

    25. Proponemos un modelo pastoral de poliedro14 , basado en la Doctrina Social de la Iglesia15, que permita asumir que el todo es ms que la parte, y tambin es ms que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiar a todos16.

    26. El poliedro refleja la confluencia de todas las particularidades17, pero al mismo tiempo conserva las diferencias entre unos y otros, no busca uniformizar ni mostrar homogeneidad, como hara una esfera, sino que recoge y refleja las subjetividades, pero al mismo tiempo las integra en un todo diverso que incorpora a todos.

    27. Este modelo pastoral se inspira en la totalidad o integridad del Evangelio, que contiene un criterio de totalidad inherente: no termina de ser Buena Noticia hasta que no es anunciado a todos, hasta que no fecunda y sana todas las dimensiones del hombre, y hasta que no integra a todos los hombres en la mesa del Reino18.

    28. Porque el todo es superior a las partes, el modelo de poliedro asume tambin que el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece sobre el conflicto y la realidad es ms importante que la idea19. Privilegia as los procesos por encima de los resultados, privilegiando las acciones que generan dinamismos nuevos20; asumiendo el conflicto para desarrollar una comunin en las diferencias al ver a los dems en su dignidad ms profunda y, finalmente, asumiendo que nos convoca la realidad iluminada por el razonamiento, de una Palabra encarnada que siempre busca encarnarse, alejndose de purismos anglicos, totalitarismos de lo relativo, nominalismos declaracionistas, eticismos sin bondad e intelectualismos sin sabidura21.

    29. As, las Directrices Pastorales se conciben como un todo superior a las partes, por lo que se propone su trabajo conjunto, reflejando e integrando los acentos particulares con los que cada comunidad, grupo y/o carisma puede enriquecer la accin pastoral iluminada por ellas, respetando sus procesos. Implica tambin el reto de que an quien se ha equivocado, se pueda re-hacer cuando regrese a la casa que lo engendr en la fe, pues la unidad prevalece sobre el conflicto.

    b) Modelo paradigmtico

    30. Los paradigmas son modelos globales de comprensin e interpretacin que responden a las convicciones de una poca y, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad22 . Proponemos as nuevas formas de abordar los problemas y plantear soluciones pastorales para esta Iglesia particular, recuperando la Misin Continental que emana del Documento de Aparecida y que se proyecta en una dimensin paradigmtica.

    31. Implica poner en clave misionera la actividad habitual de las comunidades, iluminadas todas por las Directrices Pastorales, creando conciencia de una Iglesia que se organiza para servir a todos los bautizados, a los hombres y mujeres de buena voluntad23 .

    32. Asumimos la riqueza de la pastoral diocesana que ha tenido diferentes matices de pastoral muchas veces orientada por realidades urgentes y objetivos especficos, realizando pastorales en torno a acontecimientos u orientaciones eventuales.

    33. El planteamiento es un nuevo modelo de comprensin e interpretacin que coloque a la luz de estas Directrices Pastorales y en clave misionera, los procesos que ya tienen las diversas comunidades, grupos y/o carismas; lo que implica una reforma de las estructuras eclesiales como consecuencia de la dinmica de la Misin24 .

    34. La misionariedad, a la luz de estas Directrices Pastorales, lleva a cambiar los corazones de los cristianos, en la vivencia de una espiritualidad que se vive en comunidad, para darse a los dems, lo que implica pertenencia eclesial.

    35. El paradigma misionero implica procurar que todos nuestros esfuerzos sean ms pastorales y tengan como beneficiarios no a la Iglesia como organizacin sino al Pueblo de Dios en su totalidad, promoviendo espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de Dios, as como hacer del discernimiento pastoral un criterio habitual como espacios reales de participacin laical en la consulta, organizacin y planificacin pastoral, dando libertad para que vayan discerniendo, conforme su proceso de discpulos, la misin que el Seor les confa25 .

    36. Como se puede apreciar aqu estn en juego actitudes. La Conversin Pastoral atae principalmente a las actitudes y a una reforma de vida. Un cambio de actitudes necesariamente es dinmico: entra en proceso y slo se le puede contener acompandolo y discerniendo. Es importante tener siempre presente que la brjula, para no perderse en ese camino, es la de la identidad catlica como pertenencia eclesial26.

    c) Sentido programtico

    37. Las Directrices Pastorales, orientadas para avanzar en el camino de una conversin pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como estn27, tienen un sentido programtico, es decir, orientadas a la realizacin de actos de ndole misionero.

    38. Actos y opciones misioneras capaces de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelizacin del mundo actual ms que para la autopreservacin28.

    39. Lo anterior no implica, ni excluye, actividades de ndole diocesano. Sin embargo, se asientan en la dinmica propia de la parroquia que es interpelada a mostrar su plasticidad, desarrollando formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad, lo que supone un contacto con los hogares y con la vida del pueblo, para que no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a si mismos29.

    40. El sentido programtico de estas Directrices Pastorales nos invitan a repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los mtodos evangelizadores en el continuo dilogo a travs de espacios de participacin laicales, que junto con el Pastor de las comunidades particulares, abandonen el cmodo criterio pastoral del siempre se ha hecho as, en una continua bsqueda comunitaria que permita pensar y programar los medios para lograrlo, de manera que no se queden en mera fantasa.

    V. DIRECTRICES PASTORALES

    41. Encabezados por nuestro Obispo, que camina con el Pueblo de Dios: delante, indicando el camino, indicando la va; en medio, para reforzarlo en la unidad y detrs, para que ninguno se quede rezagado, pero, sobre todo, para seguir el olfato que tiene el Pueblo de Dios para hallar nuevos caminos; para escuchar lo que el Espritu dice a las Iglesias y para escuchar la voz de las ovejas, as como a travs de los organismos diocesanos que tienen la tarea de aconsejar al obispo, promoviendo un dilogo leal y constructivo30 , presentamos las cinco Directrices Pastorales que iluminan el camino de nuestra Dicesis, enmarcadas en el Modelo de Pastoral que hemos presentado.

    42. Atendiendo a los carismas de la vida consagrada, las esperanzas de nuestros jvenes, adolescentes, nias y nios, la fe madura de nuestros ancianos, la fe encendida y transmitida por la piedad popular, en las mujeres tienen un papel fundamental, les ofrecemos con estas Directrices Pastorales un instrumento de discernimiento evanglico, que nos permita vivir nuestro sacerdocio real como Iglesia abierta a todos, pero que privilegie a los pobres, ste ser un indicador de la vivencia de nuestra fe que nos permita participar del Reino de los cielos31 , ya que estamos llamados a dejarnos evangelizar por los pobres; a descubrir a Cristo en ellos, escucharlos, interpretarlos y a recoger la misteriosa sabidura que Dios quiere comunicarnos a travs de ellos32.

    43. Vicario de Pastoral, Vicarios Episcopales, Decanos, junto con los responsables de Comisiones y Dimensiones diocesanas, siendo organismos de animacin, promocin y desarrollo pastoral al servicio de la comunidad diocesana, tienen como tarea especfica auxiliar al Obispo en el proceso de apropiacin e implementacin de estas Directrices Pastorales, ofreciendo subsidios adecuados para lograr lo propuesto en las Directrices Pastorales que ahora ofrecemos.

    44. Las Directrices Pastorales, que tienen sentido propio pero que al mismo tiempo constituyen un todo que orienta la Conversin Pastoral y Misionera a la que todas y todos estamos convocados, orientan el ser y el hacer de la Iglesia en cinco sentidos: Comunin, Palabra, Misin, Familia y Paz.

    1. Iglesia en comunin

    45. Con el fin de que este impulso interior a la nueva evangelizacin no se quede solamente en un ideal, ni caiga en la confusin, es necesario que ella se apoye en una base concreta y precisa, que son los documentos del Concilio Vaticano II, en los cuales ha encontrado su expresin. Por ello, en la necesidad de regresar, por as decirlo, a la letra del Concilio, es decir a sus textos, para encontrar tambin en ellos su autntico espritu, pues en ellos se encuentra la verdadera herencia del Vaticano II. La referencia a los documentos evita caer en los extremos de nostalgias anacrnicas o de huidas hacia adelante, y permite acoger la novedad en la continuidad. El Concilio no ha propuesto nada nuevo en materia de fe, ni ha querido sustituir lo que era antiguo. Ms bien, se ha preocupado para que dicha fe siga vivindose hoy, para que contine siendo una fe viva en un mundo en trasformacin33 .

    46. En el caminar de nuestra fe, nos remitimos a la historia de Israel, Dios ha querido formarse un pueblo segn lo narra el xodo 24. Jess enviado del Padre, quiere una nueva comunidad religiosa, un nuevo pueblo, lo expresa en Marcos 3, 13; en la figura de los doce vemos la continuidad y novedad de la alianza. Continuidad porque Dios viene a cumplir sus promesas en su persona34, pero novedad porque ahora ya no es el cordero pascual, sino que en la ltima cena realizada con los doce, donde Jess pone de manifiesto que cuando se renan en su nombre, l est presente donde quiera que se encuentren, as el Seor es centro de unidad, es el nuevo templo, comunidad visible de salvacin. Jess entiende como un nuevo Israel, como nuevo pueblo de Dios que tiene su centro en la celebracin de la cena, la que ha nacido y en la cual encuentra su centro permanente de vida. O dicho de otra manera: el nuevo pueblo de Dios es pueblo que nace del cuerpo de Cristo35.

    47. La bsqueda de algunos telogos, lo heredado de la reflexin de los Padres Conciliares, nos llega a nosotros en la constitucin Lumen Gentium como misterio, pueblo de Dios. Aqu tiene la fuerza nuestra primera directriz pastoral, sin dejar de retomar la Constitucin Gaudium et spes.

    48. Con la riqueza de la iluminacin bblica; reconocemos que la Iglesia va despertando en las almas; es por ello que la invitacin es a continuar en todas las comunidades cristianas de nuestra Dicesis a ser Iglesia de comunin, que con el acompaamiento de nuestros sacerdotes, el compromiso por vivir la conversin pastoral, logremos que nuestras parroquias, sean el lugar donde renovando, fortaleciendo, dando pie a nuevos carismas, sigamos el ejemplo de las primeras comunidades cristianas36, nos reunamos, escuchemos y hagamos nuestra la Palabra; y la vida sacramental nos lleve a la caridad37.

    49. Es un trabajo de todos, a quienes les hemos encomendado el servicio de coordinar tanto alguna Comisin, como Dimensin Diocesana: no dejen de escuchar al Espritu que habla por medio del pueblo de Dios38. Aqu de modo articulado las Comisiones de Laicos, Formacin Permanente y Pastoral Litrgica tienen un gran campo de servicio.

    2. Iglesia que se nutre de la Palabra

    50. En la realidad de nuestras comunidades, an estn los grupos de comunidades eclesiales de base y los grupos de reflexin bblica; ellos estn familiarizados con la Sagrada Escritura, pues por muchos aos la preocupacin y el trabajo fue que todos pudieran tener al alcance una Sagrada Escritura.

    51. Hoy en la dinmica de las Directrices Pastorales es necesario que volvamos al anuncio de la Buena Nueva, no slo con la sacramentalidad, sino ante todo recordando que el Pueblo de Israel, hace alianza con Dios, porque confa en su Palabra39 pero a la vez el nuevo Pueblo, del que nos abre el camino Jess Palabra hecha carne40, nos revela que la confianza en su Palabra es de Vida Eterna.

    52. Nuestras comunidades, a diario escuchan noticias que les hacen perder la esperanza, nuestro renovarnos como comunidad cristiana, no es que se trate de algo distinto, sino del anuncio del Evangelio, pero con la frescura del Espritu. Anuncio explcito de la persona de Jess, en quien se tiene la Vida Eterna, en quien nuestros pueblos tienen vida. Nadie debe quedarse sin escuchar las maravillas del Seor Dios41. Una forma es la de la predicacin informal, es recordar que un discpulo misionero, anuncia el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entreg por nosotros y est vivo ofreciendo su salvacin y su amistad42.

    53. Nos orientamos por los documentos: La Constitucin sobre la divina Revelacin Dei Verbum y la Exhortacin apostlica postsinodal Verbum Domini para que ayuden en nuestras bsquedas. Nada de lo aqu propuesto tiene la finalidad de ser exclusivo, ni excluyente, sino detonador e inspirador.

    54. Abiertos estamos a las reflexiones de tantos hermanos, que en la frescura de la reflexin intuitiva y de la experiencia, sin base acadmica, pero con un amor profundo a la Palabra del Seor, han mantenido por muchos aos encendida la fuerza de la Palabra en nuestras comunidades. Lo que el Papa Francisco llama anunciar el Evangelio con las categoras propias de la cultura, para provocar una sntesis con esa cultura43; ellos son heraldos de esa Buena Nueva, pero es fundamental la reflexin que elaboren y compartan nuestros encargados de quienes conforman la Comisin de Pastoral Proftica, con el compromiso que para la nueva evangelizacin, exige a las dicesis, parroquias y todas las agrupaciones catlicas, proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia44.

    3. Iglesia misionera

    55. Al terminar la Conferencia de Aparecida, en el vigor del Espritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que, unidos, con entusiasmo realicemos la gran misin continental. Ser un nuevo Pentecosts que nos impulse a ir, de manera especial, en bsqueda de los catlicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo, para que formemos con alegra la comunidad de amor de nuestro Padre Dios45.

    5

    56. Sin embargo somos conscientes que la conversin personal y pastoral, van poco a poco, debemos estar convencidos que la misin, requiere la paciencia de la que habla Jess en las parbolas46. En nuestra dicesis, el caminar con la dinmica de la Misin Continental ha estado presente. Como ya hemos mencionado, no pretendemos abrumar con actividades, sino que queremos hacer una Iglesia en salida, recuperando las dos dimensiones en que se proyecta: programtica y paradigmtica.

    57. nimo, propongamos ser una Dicesis en salida que llegue a las periferias existenciales, necesitamos anunciar el Evangelio a todos; hoy la realidad de nuestro Estado nos interpela, anunciemos con apertura al Espritu siendo discpulos misioneros que oremos y trabajemos por la presencia del Reino de los Cielos, que provoca grmenes de un mundo nuevo; si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida47 .

    58. Hoy en la realidad urgen testigos que hayan tenido su encuentro con el Resucitado, para que con toda nuestra pastoral en clave de misin, dejemos el intimismo de la fe, salgamos al encuentro, al atropello de los nuevos excluidos: migrantes, madres y padres solteros, enfermos, quienes han perdido sus tierras de cultivo por la explosin demogrfica, obreros, obreras, a quienes se les niega la posibilidad de estudiar, indgenas, nuestra responsabilidad con el medio ambiente, entre otros.

    59. El discipulado misionero es vocacin: llamado e invitacin. Se da en un hoy pero en tensin. No existe el discipulado misionero esttico. El discpulo misionero no puede poseerse a s mismo, su inmanencia est en tensin hacia la trascendencia del discipulado y hacia la trascendencia de la misin48.

    60. El texto de Pedro, nos dio la luz para poder pasar de una pastoral de conservacin a una pastoral misionera, ya que en el bautismo se adquiere la condicin de discpulo misionero, ah se nos especfica a vivir la santidad bautismal, al servicio del Reino de Dios49, todo lleva un itinerario de formacin. A quienes presten el servicio de animar la pastoral en la dicesis en la Comisin de Laicos y la Comisin de Pastoral Proftica, les toca encarnar la riqueza del magisterio: Gaudium et spes, Apostolicam actuositatem, Christifideles laici y el Documento conclusivo de Aparecida.

    61. La misin de la Iglesia no puede prescindir de laicos, que, sacando fuerzas de la Palabra de Dios, de los sacramentos y de la oracin, vivan la fe en el corazn de la familia, de la escuela, de la empresa, del movimiento popular, del sindicato, del partido y aun del gobierno, dando testimonio de la alegra del Evangelio. Los invito a que promuevan su responsabilidad secular y les ofrezcan una adecuada capacitacin para hacer visible la dimensin pblica de la fe. Para eso, la Doctrina social de la Iglesia es un valioso instrumento que puede ayudar a los cristianos en su diario afn por edificar un mundo ms justo y solidario50.

    4. Iglesia formadora de familia

    62. En su primera carta el apstol Pedro, con su catequesis bautismal, nos recuerda el sentido de pertenencia a Dios, se nos da una realidad de ser familia, formar una comunidad, trabajar por la misma. Dios en la encarnacin de su Hijo hace suya la realidad intrnseca de todo hombre, la realidad de las relaciones, asume la cultura del encuentro, donde el primer ncleo es la familia. La familia de Jess, asumida en realidad concreta, por eso se le conocer como el hijo del carpintero, el hijo de Mara.

    63. La riqueza tanto de la Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe, en Puebla y Aparecida nos recuerdan la riqueza de los pueblos latinoamericanos, viendo en la familia uno de los tesoros, en los que se consolida la fe, es palestra de valores humanos, cvicos, la vida se recibe con generosidad y generosamente51.

    64. Sin embargo no negamos que hoy da las comunidades, los vnculos sociales, as como la familia atraviesan una crisis cultural profunda. El reto para nuestra Dicesis est en presentar cmo recuperar la cultura del encuentro, dejar que sea el Seor Jess que vivi en la Familia de Nazareth quien nos ayude a que nuestras realidades familiares, se conviertan en el cenculo de comunin donde todos nos sintamos abrazados an a pesar de los dolores sufridos en lo cotidiano.

    65. La dinmica que llevar la Iglesia en el caminar de los prximos aos, es sin duda la emergencia de atender el tema de la familia, pues el snodo extraordinario Los retos pastorales de la familia en el contexto de la evangelizacin convocado por el Papa Francisco, nos lleva a centrar nuestra atencin en lo que realicemos en nuestra Iglesia Particular. El caminar de lasDimensiones de la Pastoral Proftica, nos coloca en una riqueza de materiales pastorales con el tema de la familia. Con lo que hemos construido, es momento de que como comunidad nos renovemos e impulsemos para seguir acompaando a nuestras familias.

    66. Hacemos un llamado especial a las escuelas, no slo a las de inspiracin cristiana, sino a todos los que sean actores de la educacin, los necesitamos como quien acompae a la generacin de nios, adolescentes, jvenes, en quien esta nuestra esperanza. Ustedes educadores, hoy pueden impregnar en quien se les confa, la generosidad de la vida, el deseo de ser jvenes con sueos, que hagan ruido en las calles, ustedes pueden formar a quienes en una dcada sern nuestros actores sociales, en una sociedad que deje su comodidad para que viva como familia cimiento de la misma.

    67. Formemos familias en la espiritualidad, que se abran a latrascendencia, a Dios que da la plenitud de la vida, que nospermite la bsqueda de nuestra propia identidad como personas. Trabajemos por las relaciones que se generan en Jesucristo, sanar la relacin con el otro, me lleva a vivir la comunin, nos lleva a ver el camino que nos conduce a la casa del Padre Celestial.

    68. Son recurrentes los pasajes del Evangelio donde Jess acude a los diversos ncleos de mujeres y hombres que experimentan la alegra del encuentro, la necesidad de ser sanados, la riqueza de sus personas, en esos ncleos Jess con su persona, sus palabras y gestos vive la fe. Lo caracterstico es que nadie se siente excluido, sino todo lo contrario, despus del encuentro personal con Jess, se vive el camino del seguimiento, del anuncio;discpulos misioneros: apstoles, Marta, la samaritana, Lev, Zaqueo, Saulo, entre otros. Dejemos que sea la creatividad del Espritu la que nos lleve a abrir los cenculos donde se viva la fe52, no dejemos de lado lo que tanto nos ha insistido el obispo de Roma, cuidemos a nuestros ancianos, que ellos sean quien con su riqueza de los aos, fomenten nuestros cenculos.

    69. Formemos familias en la alegra. Con la vivencia del cambio de poca, no se alcanza a valorar lo que se ha logrado en la vida, con la cultura del consumismo se ha depositado la alegra en el tener, hoy alentemos a nuestras familias para alegrarnos por el estar juntos, de la armona entre las personas, la alegra de que en nuestros hogares somos diferentes, pero sobre todo porque en nuestros hogares nos acompaa Dios, hay signos que hablan de ello: la armona ya mencionada y la paciencia, por el hijo que no llega, por la cosecha que esperamos, en el diario vivir palpamos la paciencia.

    5. Iglesia que favorece los ambientes de paz

    70. La esencia de la fe cristiana es la Resurreccin, es decir la destruccin del pecado en la vida de la mujer y del hombre. La vida nueva trada por Jess resucitado es hacer el espacio, el ambiente, la realidad del Reino, que da a da se construye el orden querido por Dios. Pensar en el Reino es pensar en el bien comn la dignidad de cada persona, el cuidado del medio ambiente, la inclusin de las minoras, la distribucin de las riquezas, la paz entre las personas y entre las naciones, el comercio internacional, la economa, entre otros.

    71. Con una mirada de la realidad de discpulos, como se hace en el magisterio tanto de la CEM, como del CELAM,reconocemos que la pobreza aunada a otros factores han daado el tejido social, al grado de perder la paz en muchas de nuestras comunidades. En la Dicesis no somos ajenos a esta realidad, la ha tocado de modos impensables hace algunos aos y pordesgracia, la inseguridad ha hecho presa fcil a muchos denuestros jvenes.

    72. Ver la violencia como problema de salud pblica implicareconocer que el esfuerzo por erradicarla debe ser multidimensional, que se requiere un diagnstico interdisciplinar que identifique losprincipales factores de riesgo sobre los que hay que intervenir y que es necesaria la cooperacin de todos los sectores pblicos y sociales para abordar el problema de la violencia mediante la accin colectiva, con estrategias diversas adoptadas por todos, cada quien, segn el mbito de la propia competencia53.

    73. La violencia portadora no slo de dolor, sino de otros vicios, trae la perdida de la paz, est no slo es una conquista del hombre, sino para nosotros como hombres de fe, es don de Dios, es decir como corresponsables de constructores de paz, lo primero que debemos hacer, es abrir el corazn, para que el mal sea vencido a fuerza de bien54, es educarnos para la paz.

    74. En la construccin de la paz, trabajemos nuestro modelo poliedro, todos sumemos a lo que nos pueda ayudar a tener relaciones solidarias, a lo que pueda mejorar la economa de nuestra Dicesis, a tener ms y mejores salarios con los productos del campo, las jornadas justas con los obreros, respeto a las minoras55; alentados por los subsidios y la reflexin de debe desarrollar la Comisin para la Pastoral Social en nuestra Dicesis.

    75. Finalmente, no olvidemos que la fe va acompaada por la obras, ya desde antiguo el Apstol Santiago nos lo recuerda (2,14-17), por eso esta quinta directriz la encomendamos para que Jess prncipe de paz, que pas haciendo el bien, nos haga dignos hermanos de aquellos que sufren en las periferias denuestras comunidades.

    76. Presentamos estas Directrices Pastorales: Comunin, Palabra, Misin, Familia y Paz, enmarcadas en un Modelo de Pastoral de poliedro, paradigmtico y con un sentido programtico en la esperanza de que inspire la renovacin de las actividades pastorales, aliente nuestra conversin pastoral y misionera y nos acompaen en el camino de un nuevo ardor de resucitados, poniendo este esfuerzo en manos de nuestra Virgen y Madre:

    Oracin Final56

    Virgen y Madre Mara,t que, movida por el Espritu, acogiste al Verbo de la vida

    en la profundidad de tu humilde fe,totalmente entregada al Eterno,

    aydanos a decir nuestro siante la urgencia, ms imperiosa que nunca,

    de hacer resonar la Buena Noticia de Jess.T, llena de la presencia de Cristo,llevaste la alegra a Juan Bautista,

    haciendo exultar en el seno de su madre.T, estremecida de gozo,

    contaste las maravillas del Seor.T, que estuviste plantada ante la cruz

    con una fe inquebrantabley recibiste el alegre consuelo de la resurreccin,

    recogiste a los discpulos en la espera del Espritupara que naciera la Iglesia evangelizadora.

    Consguenos ahora un nuevo ardor de resucitadospara llevar a todos el Evangelio de la vida

    que vence a la muerte.Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos

    Para que llegue a todosel don de la belleza que no se apaga.

    T, Virgen de la escucha y la contemplacin,madre del amor, esposa de las bodas eternas,

    intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono pursimo,para que ella nunca se encierre ni se detenga

    en su pasin por instaurar el Reino.

    Estrella de la nueva evangelizacin,aydanos a resplandecer en el testimonio de la comunin,

    del servicio, de la fe ardiente y generosa,de la justicia y el amor a los pobres,

    para que la alegra del Evangelio

    llegue hasta los confines de la tierray ninguna periferia se prive de su luz.

    Madre del Evangelio viviente,manantial de alegra para los pequeos,

    ruega por nosotros. Amn. Aleluya

    Dado en Cuernavaca, en la Catedral de la Asuncin de Mara, en las Vsperas de Pentecosts, el 7 de junio del ao dos mil

    catorce.

  • 4 El snodo diocesano, la reforma al Derecho Cannico y el que cambiara la presencia de la Iglesia en el mundo actual, el Concilio Ecumnico Vaticano II, el 25 de Enero de 1959. 5 EG 306 DA 365

    I. PRESENTACIN

    1. Con la frescura del Espritu en nuestra querida Dicesis de Cuernavaca nos damos a la tarea de continuar un camino de fe, atendiendo al llamado del Papa Francisco para entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificacin y reforma1; que nos recuerde que todos debemos escucharnos, poniendo atencin a lo que nos han heredado las primeras comunidades cristianas, donde todos tenan algo que decir, donde todos escuchaban la Palabra y ponan sus bienes para que nadie pasara necesidad2.

    2. Nadie cuestiona que estamos viviendo un cambio de poca, una transformacin global de la cultura en la que nuestros marcos de referencia, nuestras interpretaciones y las novedades que tienen consecuencias a veces insospechadas, nos han llevado de una fase slida de la modernidad a la liquida: es decir, a una condicin en la que las formas sociales [] ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por ms tiempo3.

    3. En esta cultura de lo lquido, del descarte, vivimos sin interactuar con el otro, nos hemos aislado, ha salido de nuestro hacer y de nuestro vocabulario la palabra hermano. Son mltiples los factores, las causas y las vivencias que nos han llevado a todo eso; y debemos admitir que an en la realidad espiritual hemos vivido la fe de un modo intimista.

    4. Inspirados en este ressourcement regreso a las fuentes- y el aggiornamento actualizacin-, propuestos con la docilidad al Espritu por el Santo Juan XXIII al anunciar los grandes eventos de la Iglesia de Roma4, presentamos las Directrices Pastorales que guiarn el proceso como Iglesia Particular encarnada en un espacio determinado5 para vivir juntos un discernimiento evanglico, que nos lleve a la conversin pastoral 6 y nos permita impulsar un nuevo modelo de pastoral que busca responder a este cambio de poca.

    5. Las Directrices Pastorales estn basadas en la riqueza de los documentos del Concilio Ecumnico Vaticano II y la realidad que nos ha permitido reflexionar a lo largo de la historia en nuestro continente, teniendo como legado las cinco Conferencias del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y el magisterio de nuestro pastor el Papa Francisco, especialmente la Exhortacin Apostlica Evangelii Gaudium, para iluminar el camino concreto y plural de esta conversin pastoral.

    6. Conversin pastoral que es encabezada por el Obispo, para que, asistido con el Espritu, pueda ir adelante, en medio, atrs en el caminar, fomentando una comunin dinmica, abierta, misionera7, que tiene como objetivo el proceso participativo de la riqueza diocesana, que no slo conserve, sino que renueve, refresque y motive el mandato misionero de llegar a todos8 (Mt.28, 20).

    II. LA PASTORAL EN LA DICESIS DECUERNAVACA

    7. Frente a nuevos tiempos conviene siempre mantener presente la historia que acompaa el caminar de ciento veintitrs aos de nuestra Iglesia Particular. Tenemos que levantar nuestras manos orantes al cielo, para agradecer al Seor, por ser parte de esta bendita tierra; espacio donde tambin la historia ha dejado una huella importante, en las personas y en los monumentos histricos que hasta el da de hoy podemos apreciar.

    8. Prueba de ello es la presencia multicultural de diferentes etnias. Es en esta tierra con la bula Illud in primis, del Papa Len XIII, se erigi la Dicesis de Cuernavaca, el 23 de Junio de 1891, la cual qued constituida en el espacio asignado al estado de Morelos en el ao de 1869.

    9. La fe cristiana ha animado la vida y la cultura de esta Iglesia diocesana de donde naci una cultura cristiana expresada en sus templos, capillas abiertas y conjuntos conventuales, expresin de la presencia de las rdenes religiosas del siglo XVI, que aportaron evidentes signos cristianos: Franciscanos, Agustinos y Dominicos. Esta herencia es visible en nuestra fusin cultural, en los espacios donde las formas de religiosidad popular enriquecen a nuestro pueblo: con cnticos, rezos, danzas, formas de organizacin social y religiosa con devociones que se impulsan por medio de las mayordomas o cofradas. Esta tierra escenario tambin de la Revolucin Mexicana, con hombres y mujeres ilustres que la misma historia recuerda y aprecia.

    10. La fe, transmitida por nuestros antepasados, enfrenta hoy nuevos retos a los cuales nosotros debemos responder para ayudar a los fieles cristianos a vivir su fe con alegra y coherencia de ser discpulos y misioneros de Jesucristo, enviados al mundo por l para dar testimonio de nuestra fe y amor.

    11. Esta Iglesia que peregrina en Morelos es una Iglesia viva que ha hecho una sntesis de su cultura y la fe cristiana que los misioneros les ofrecieron, de ah naci la religiosidad popular, el amor a Cristo sufriente, el amor a Cristo en la Eucarista, la filial y profunda devocin a la Virgen Mara, particularmente bajo la advocacin de Santa Mara de Guadalupe y otras advocaciones. Esta religiosidad se expresa en la devocin a los santos con sus fiestas patronales. Este tesoro lo debemos proteger, promover y, en lo que es necesario, purificar.

    12. En este proceso histrico podemos encontrar la riqueza que nos han dejado nuestros obispos diocesanos, quienes de diferentes maneras enriquecieron la vida pastoral de la Dicesis, respondiendo a su tiempo con diferentes opciones pastorales.

    13. En este caminar no podemos dejar de lado el celo pastoral de muchos hermanos sacerdotes y laicos que con su granito de arena fueron determinantes en un momento importante coyuntural, animando la pastoral bblica, privilegiando la centralidad en la vida pastoral de la Palabra de Dios, en el ser y quehacer tanto de pastores como de los laicos, adems de su convencido compromiso social y nimo de ser sal y luz de la tierra. Los hermanos laicos han sido protagonistas importantes ya que han estado atentos en la participacin y ejecucin en los diversos procesos histrico-pastorales o bsquedas por articular las acciones pastorales pertinentes, que con una presencia real en varios grupos y movimientos apostlicos con sus carismas propios fortalecen la vida pastoral de las parroquias, siendo una referencia inmediata para los fieles de crecimiento espiritual.

    14. No pretendemos presentar una historia exhaustiva, ms bien es retomar el caminar de una memoria histrica agradecida que nos da identidad, para que en este momento nos comprometamos a que las Directrices Pastorales iluminen el camino de nuestras comunidades parroquiales que viven sus propios procesos con la madurez en la fe y en su particular entrega apostlica.

    III. ILUMINACIN BBLICA 1 Pe. 2, 1-10

    15. Las primeras comunidades cristianas experimentaron rpidamente la hostilidad y la persecucin. Estas dificultades provenan de dentro y de fuera. Gracias a estos conflictos, propios de todo grupo humano, los apstoles tuvieron que dar respuestas evanglicas oportunamente (Hch. 6, 1-7; 15). Las nuevas comunidades traan nuevos retos y esto fue providencial. La espiritualidad del conflicto permiti que surgieran respuestas para esas situaciones concretas pero con un valor perenne, al grado que se han convertido en referentes iluminadores, e incluso en Palabra de Dios.

    16. La primera carta del apstol Pedro es una verdadera catequesis cristolgica, eclesiolgica y litrgica. 1 Pe. 2, 1-10 es un texto clave para el cambio de la concepcin de la Iglesia como Pueblo de Dios. El Pueblo de Dios es la comunidad de piedras vivas, que unidas al Resucitado, van construyendo el nuevo templo. Los exhorta al cambio de conducta y de alimento. Su valor no est en lo individual, sino en la dimensin comunitaria. Las citas son claras referencias al Antiguo Testamento9, pero atrae su vigencia a la nueva comunidad que adopta elementos singulares del pueblo israelita.

    17. La teologa del sacerdocio del Pueblo de Dios, llamado a ofrecer permanentemente en medio de este mundo, el nico sacrificio espiritual agradable a Dios, es decir, la propia vida. El sacerdocio bautismal es uno de los grandes alcances de esta carta petrina. La carta a los Hebreos desarrolla ampliamente el sacerdocio mediador de Cristo, pero como seal el Card. Vanhoye en los Ejercicios espirituales que comparti con el presbiterio de Cuernavaca en el ao 2008, se ha estudiado poco el sacerdocio bautismal de la carta a los Hebreos y quiz sea la principal intencin de este magnfico tratado del sacerdocio.

    18. El fundamento del sacerdocio no es el mrito de los hombres; pero tampoco la miseria de los hombres es un obstculo para la participacin en el sacerdocio. Este sacerdocio tambin ha cambiado de destinatarios, pues tienen acceso no solo los israelitas, sino todos los creyentes. La conjuncin del ejercicio de ambos sacerdocios permite que la Iglesia cumpla la misin de anunciar el Evangelio. No estn en oposicin, sino que se complementan para poder abarcar todos los mbitos de la vida humana. Por esto, ser bautizado es una cosa muy grande.

    19. Los atributos: linaje escogido, sacerdocio real, nacin santa y pueblo adquirido califican un estado de vida pleno de bendiciones. Por lo tanto, la integracin de los fieles laicos en la vida de la Iglesia es fundamental. No hay segregacin, al contrario.

    20. En resumen, hay que decir que al apstol Pedro le agradecemos el descubrimiento y la valoracin de los bautizados en la Iglesia, el carcter del sacerdocio bautismal como una forma de vivir la comunin con Jesucristo, la piedra angular. Por otro lado, el trmino Pueblo de Dios, adoptado por el Concilio Vaticano II, es una expresin neotestamentaria que nospermite descubrir el carcter colectivo de la vivencia de la fe.

    IV. MODELO PASTORAL

    21. En una actitud de fe debemos descubrir la invitacin del Concilio Ecumnico Vaticano II que afirma que toda renovacin de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocacin. Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institucin humana y terrena, tiene siempre necesidad10.

    22. En comunin con el magisterio del Papa, quien en su Exhortacin Apostlica Evangelii Gaudium nos recuerda que en este momento de la obra evangelizadora de la Iglesia, no debe esperarse una palabra concreta o definitiva a las cuestiones que afectan a la Iglesia y a la sociedad11.

    23. Consientes de que hoy los documentos no despiertan el mismo inters que en otras pocas, y son rpidamente olvidados12, apostamos hoy por nuevas metodologas que con la confianza, la madurez y el compromiso de todos, en el discernimiento encarnado en lo local, nos ofrezcan caminos por los cuales laIglesia pueblo de Dios, sea fermento del Padre en medio del mundo13.

    24. El discernimiento evanglico est en la base de toda la reflexin, en el marco teolgico de la Constitucin Dogmtica Lumen Gentium, junto con todo el Concilio Ecumnico Vaticano II. La realidad propia de la Dicesis de Cuernavaca vista desde la persona de Jess, nos lleva a optar por las Directrices Pastorales con tres caractersticas fundamentales:

    a) modelo pastoral de poliedro;b) un modelo paradigmtico y c) con un sentido programtico.

    a) Modelo pastoral de poliedro

    25. Proponemos un modelo pastoral de poliedro14 , basado en la Doctrina Social de la Iglesia15, que permita asumir que el todo es ms que la parte, y tambin es ms que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiar a todos16.

    26. El poliedro refleja la confluencia de todas las particularidades17, pero al mismo tiempo conserva las diferencias entre unos y otros, no busca uniformizar ni mostrar homogeneidad, como hara una esfera, sino que recoge y refleja las subjetividades, pero al mismo tiempo las integra en un todo diverso que incorpora a todos.

    27. Este modelo pastoral se inspira en la totalidad o integridad del Evangelio, que contiene un criterio de totalidad inherente: no termina de ser Buena Noticia hasta que no es anunciado a todos, hasta que no fecunda y sana todas las dimensiones del hombre, y hasta que no integra a todos los hombres en la mesa del Reino18.

    28. Porque el todo es superior a las partes, el modelo de poliedro asume tambin que el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece sobre el conflicto y la realidad es ms importante que la idea19. Privilegia as los procesos por encima de los resultados, privilegiando las acciones que generan dinamismos nuevos20; asumiendo el conflicto para desarrollar una comunin en las diferencias al ver a los dems en su dignidad ms profunda y, finalmente, asumiendo que nos convoca la realidad iluminada por el razonamiento, de una Palabra encarnada que siempre busca encarnarse, alejndose de purismos anglicos, totalitarismos de lo relativo, nominalismos declaracionistas, eticismos sin bondad e intelectualismos sin sabidura21.

    29. As, las Directrices Pastorales se conciben como un todo superior a las partes, por lo que se propone su trabajo conjunto, reflejando e integrando los acentos particulares con los que cada comunidad, grupo y/o carisma puede enriquecer la accin pastoral iluminada por ellas, respetando sus procesos. Implica tambin el reto de que an quien se ha equivocado, se pueda re-hacer cuando regrese a la casa que lo engendr en la fe, pues la unidad prevalece sobre el conflicto.

    b) Modelo paradigmtico

    30. Los paradigmas son modelos globales de comprensin e interpretacin que responden a las convicciones de una poca y, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad22 . Proponemos as nuevas formas de abordar los problemas y plantear soluciones pastorales para esta Iglesia particular, recuperando la Misin Continental que emana del Documento de Aparecida y que se proyecta en una dimensin paradigmtica.

    31. Implica poner en clave misionera la actividad habitual de las comunidades, iluminadas todas por las Directrices Pastorales, creando conciencia de una Iglesia que se organiza para servir a todos los bautizados, a los hombres y mujeres de buena voluntad23 .

    32. Asumimos la riqueza de la pastoral diocesana que ha tenido diferentes matices de pastoral muchas veces orientada por realidades urgentes y objetivos especficos, realizando pastorales en torno a acontecimientos u orientaciones eventuales.

    33. El planteamiento es un nuevo modelo de comprensin e interpretacin que coloque a la luz de estas Directrices Pastorales y en clave misionera, los procesos que ya tienen las diversas comunidades, grupos y/o carismas; lo que implica una reforma de las estructuras eclesiales como consecuencia de la dinmica de la Misin24 .

    34. La misionariedad, a la luz de estas Directrices Pastorales, lleva a cambiar los corazones de los cristianos, en la vivencia de una espiritualidad que se vive en comunidad, para darse a los dems, lo que implica pertenencia eclesial.

    35. El paradigma misionero implica procurar que todos nuestros esfuerzos sean ms pastorales y tengan como beneficiarios no a la Iglesia como organizacin sino al Pueblo de Dios en su totalidad, promoviendo espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de Dios, as como hacer del discernimiento pastoral un criterio habitual como espacios reales de participacin laical en la consulta, organizacin y planificacin pastoral, dando libertad para que vayan discerniendo, conforme su proceso de discpulos, la misin que el Seor les confa25 .

    36. Como se puede apreciar aqu estn en juego actitudes. La Conversin Pastoral atae principalmente a las actitudes y a una reforma de vida. Un cambio de actitudes necesariamente es dinmico: entra en proceso y slo se le puede contener acompandolo y discerniendo. Es importante tener siempre presente que la brjula, para no perderse en ese camino, es la de la identidad catlica como pertenencia eclesial26.

    c) Sentido programtico

    37. Las Directrices Pastorales, orientadas para avanzar en el camino de una conversin pastoral y misionera, que no puede dejar las cosas como estn27, tienen un sentido programtico, es decir, orientadas a la realizacin de actos de ndole misionero.

    38. Actos y opciones misioneras capaces de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelizacin del mundo actual ms que para la autopreservacin28.

    39. Lo anterior no implica, ni excluye, actividades de ndole diocesano. Sin embargo, se asientan en la dinmica propia de la parroquia que es interpelada a mostrar su plasticidad, desarrollando formas muy diversas que requieren la docilidad y la creatividad misionera del Pastor y de la comunidad, lo que supone un contacto con los hogares y con la vida del pueblo, para que no se convierta en una prolija estructura separada de la gente o en un grupo de selectos que se miran a si mismos29.

    40. El sentido programtico de estas Directrices Pastorales nos invitan a repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los mtodos evangelizadores en el continuo dilogo a travs de espacios de participacin laicales, que junto con el Pastor de las comunidades particulares, abandonen el cmodo criterio pastoral del siempre se ha hecho as, en una continua bsqueda comunitaria que permita pensar y programar los medios para lograrlo, de manera que no se queden en mera fantasa.

    V. DIRECTRICES PASTORALES

    41. Encabezados por nuestro Obispo, que camina con el Pueblo de Dios: delante, indicando el camino, indicando la va; en medio, para reforzarlo en la unidad y detrs, para que ninguno se quede rezagado, pero, sobre todo, para seguir el olfato que tiene el Pueblo de Dios para hallar nuevos caminos; para escuchar lo que el Espritu dice a las Iglesias y para escuchar la voz de las ovejas, as como a travs de los organismos diocesanos que tienen la tarea de aconsejar al obispo, promoviendo un dilogo leal y constructivo30 , presentamos las cinco Directrices Pastorales que iluminan el camino de nuestra Dicesis, enmarcadas en el Modelo de Pastoral que hemos presentado.

    42. Atendiendo a los carismas de la vida consagrada, las esperanzas de nuestros jvenes, adolescentes, nias y nios, la fe madura de nuestros ancianos, la fe encendida y transmitida por la piedad popular, en las mujeres tienen un papel fundamental, les ofrecemos con estas Directrices Pastorales un instrumento de discernimiento evanglico, que nos permita vivir nuestro sacerdocio real como Iglesia abierta a todos, pero que privilegie a los pobres, ste ser un indicador de la vivencia de nuestra fe que nos permita participar del Reino de los cielos31 , ya que estamos llamados a dejarnos evangelizar por los pobres; a descubrir a Cristo en ellos, escucharlos, interpretarlos y a recoger la misteriosa sabidura que Dios quiere comunicarnos a travs de ellos32.

    43. Vicario de Pastoral, Vicarios Episcopales, Decanos, junto con los responsables de Comisiones y Dimensiones diocesanas, siendo organismos de animacin, promocin y desarrollo pastoral al servicio de la comunidad diocesana, tienen como tarea especfica auxiliar al Obispo en el proceso de apropiacin e implementacin de estas Directrices Pastorales, ofreciendo subsidios adecuados para lograr lo propuesto en las Directrices Pastorales que ahora ofrecemos.

    44. Las Directrices Pastorales, que tienen sentido propio pero que al mismo tiempo constituyen un todo que orienta la Conversin Pastoral y Misionera a la que todas y todos estamos convocados, orientan el ser y el hacer de la Iglesia en cinco sentidos: Comunin, Palabra, Misin, Familia y Paz.

    1. Iglesia en comunin

    45. Con el fin de que este impulso interior a la nueva evangelizacin no se quede solamente en un ideal, ni caiga en la confusin, es necesario que ella se apoye en una base concreta y precisa, que son los documentos del Concilio Vaticano II, en los cuales ha encontrado su expresin. Por ello, en la necesidad de regresar, por as decirlo, a la letra del Concilio, es decir a sus textos, para encontrar tambin en ellos su autntico espritu, pues en ellos se encuentra la verdadera herencia del Vaticano II. La referencia a los documentos evita caer en los extremos de nostalgias anacrnicas o de huidas hacia adelante, y permite acoger la novedad en la continuidad. El Concilio no ha propuesto nada nuevo en materia de fe, ni ha querido sustituir lo que era antiguo. Ms bien, se ha preocupado para que dicha fe siga vivindose hoy, para que contine siendo una fe viva en un mundo en trasformacin33 .

    46. En el caminar de nuestra fe, nos remitimos a la historia de Israel, Dios ha querido formarse un pueblo segn lo narra el xodo 24. Jess enviado del Padre, quiere una nueva comunidad religiosa, un nuevo pueblo, lo expresa en Marcos 3, 13; en la figura de los doce vemos la continuidad y novedad de la alianza. Continuidad porque Dios viene a cumplir sus promesas en su persona34, pero novedad porque ahora ya no es el cordero pascual, sino que en la ltima cena realizada con los doce, donde Jess pone de manifiesto que cuando se renan en su nombre, l est presente donde quiera que se encuentren, as el Seor es centro de unidad, es el nuevo templo, comunidad visible de salvacin. Jess entiende como un nuevo Israel, como nuevo pueblo de Dios que tiene su centro en la celebracin de la cena, la que ha nacido y en la cual encuentra su centro permanente de vida. O dicho de otra manera: el nuevo pueblo de Dios es pueblo que nace del cuerpo de Cristo35.

    47. La bsqueda de algunos telogos, lo heredado de la reflexin de los Padres Conciliares, nos llega a nosotros en la constitucin Lumen Gentium como misterio, pueblo de Dios. Aqu tiene la fuerza nuestra primera directriz pastoral, sin dejar de retomar la Constitucin Gaudium et spes.

    48. Con la riqueza de la iluminacin bblica; reconocemos que la Iglesia va despertando en las almas; es por ello que la invitacin es a continuar en todas las comunidades cristianas de nuestra Dicesis a ser Iglesia de comunin, que con el acompaamiento de nuestros sacerdotes, el compromiso por vivir la conversin pastoral, logremos que nuestras parroquias, sean el lugar donde renovando, fortaleciendo, dando pie a nuevos carismas, sigamos el ejemplo de las primeras comunidades cristianas36, nos reunamos, escuchemos y hagamos nuestra la Palabra; y la vida sacramental nos lleve a la caridad37.

    49. Es un trabajo de todos, a quienes les hemos encomendado el servicio de coordinar tanto alguna Comisin, como Dimensin Diocesana: no dejen de escuchar al Espritu que habla por medio del pueblo de Dios38. Aqu de modo articulado las Comisiones de Laicos, Formacin Permanente y Pastoral Litrgica tienen un gran campo de servicio.

    2. Iglesia que se nutre de la Palabra

    50. En la realidad de nuestras comunidades, an estn los grupos de comunidades eclesiales de base y los grupos de reflexin bblica; ellos estn familiarizados con la Sagrada Escritura, pues por muchos aos la preocupacin y el trabajo fue que todos pudieran tener al alcance una Sagrada Escritura.

    51. Hoy en la dinmica de las Directrices Pastorales es necesario que volvamos al anuncio de la Buena Nueva, no slo con la sacramentalidad, sino ante todo recordando que el Pueblo de Israel, hace alianza con Dios, porque confa en su Palabra39 pero a la vez el nuevo Pueblo, del que nos abre el camino Jess Palabra hecha carne40, nos revela que la confianza en su Palabra es de Vida Eterna.

    52. Nuestras comunidades, a diario escuchan noticias que les hacen perder la esperanza, nuestro renovarnos como comunidad cristiana, no es que se trate de algo distinto, sino del anuncio del Evangelio, pero con la frescura del Espritu. Anuncio explcito de la persona de Jess, en quien se tiene la Vida Eterna, en quien nuestros pueblos tienen vida. Nadie debe quedarse sin escuchar las maravillas del Seor Dios41. Una forma es la de la predicacin informal, es recordar que un discpulo misionero, anuncia el amor personal de Dios que se hizo hombre, se entreg por nosotros y est vivo ofreciendo su salvacin y su amistad42.

    53. Nos orientamos por los documentos: La Constitucin sobre la divina Revelacin Dei Verbum y la Exhortacin apostlica postsinodal Verbum Domini para que ayuden en nuestras bsquedas. Nada de lo aqu propuesto tiene la finalidad de ser exclusivo, ni excluyente, sino detonador e inspirador.

    54. Abiertos estamos a las reflexiones de tantos hermanos, que en la frescura de la reflexin intuitiva y de la experiencia, sin base acadmica, pero con un amor profundo a la Palabra del Seor, han mantenido por muchos aos encendida la fuerza de la Palabra en nuestras comunidades. Lo que el Papa Francisco llama anunciar el Evangelio con las categoras propias de la cultura, para provocar una sntesis con esa cultura43; ellos son heraldos de esa Buena Nueva, pero es fundamental la reflexin que elaboren y compartan nuestros encargados de quienes conforman la Comisin de Pastoral Proftica, con el compromiso que para la nueva evangelizacin, exige a las dicesis, parroquias y todas las agrupaciones catlicas, proponer un estudio serio y perseverante de la Biblia44.

    3. Iglesia misionera

    55. Al terminar la Conferencia de Aparecida, en el vigor del Espritu Santo, convocamos a todos nuestros hermanos y hermanas, para que, unidos, con entusiasmo realicemos la gran misin continental. Ser un nuevo Pentecosts que nos impulse a ir, de manera especial, en bsqueda de los catlicos alejados y de los que poco o nada conocen a Jesucristo, para que formemos con alegra la comunidad de amor de nuestro Padre Dios45.

    6

    56. Sin embargo somos conscientes que la conversin personal y pastoral, van poco a poco, debemos estar convencidos que la misin, requiere la paciencia de la que habla Jess en las parbolas46. En nuestra dicesis, el caminar con la dinmica de la Misin Continental ha estado presente. Como ya hemos mencionado, no pretendemos abrumar con actividades, sino que queremos hacer una Iglesia en salida, recuperando las dos dimensiones en que se proyecta: programtica y paradigmtica.

    57. nimo, propongamos ser una Dicesis en salida que llegue a las periferias existenciales, necesitamos anunciar el Evangelio a todos; hoy la realidad de nuestro Estado nos interpela, anunciemos con apertura al Espritu siendo discpulos misioneros que oremos y trabajemos por la presencia del Reino de los Cielos, que provoca grmenes de un mundo nuevo; si logro ayudar a una sola persona a vivir mejor, eso ya justifica la entrega de mi vida47 .

    58. Hoy en la realidad urgen testigos que hayan tenido su encuentro con el Resucitado, para que con toda nuestra pastoral en clave de misin, dejemos el intimismo de la fe, salgamos al encuentro, al atropello de los nuevos excluidos: migrantes, madres y padres solteros, enfermos, quienes han perdido sus tierras de cultivo por la explosin demogrfica, obreros, obreras, a quienes se les niega la posibilidad de estudiar, indgenas, nuestra responsabilidad con el medio ambiente, entre otros.

    59. El discipulado misionero es vocacin: llamado e invitacin. Se da en un hoy pero en tensin. No existe el discipulado misionero esttico. El discpulo misionero no puede poseerse a s mismo, su inmanencia est en tensin hacia la trascendencia del discipulado y hacia la trascendencia de la misin48.

    60. El texto de Pedro, nos dio la luz para poder pasar de una pastoral de conservacin a una pastoral misionera, ya que en el bautismo se adquiere la condicin de discpulo misionero, ah se nos especfica a vivir la santidad bautismal, al servicio del Reino de Dios49, todo lleva un itinerario de formacin. A quienes presten el servicio de animar la pastoral en la dicesis en la Comisin de Laicos y la Comisin de Pastoral Proftica, les toca encarnar la riqueza del magisterio: Gaudium et spes, Apostolicam actuositatem, Christifideles laici y el Documento conclusivo de Aparecida.

    61. La misin de la Iglesia no puede prescindir de laicos, que, sacando fuerzas de la Palabra de Dios, de los sacramentos y de la oracin, vivan la fe en el corazn de la familia, de la escuela, de la empresa, del movimiento popular, del sindicato, del partido y aun del gobierno, dando testimonio de la alegra del Evangelio. Los invito a que promuevan su responsabilidad secular y les ofrezcan una adecuada capacitacin para hacer visible la dimensin pblica de la fe. Para eso, la Doctrina social de la Iglesia es un valioso instrumento que puede ayudar a los cristianos en su diario afn por edificar un mundo ms justo y solidario50.

    4. Iglesia formadora de familia

    62. En su primera carta el apstol Pedro, con su catequesis bautismal, nos recuerda el sentido de pertenencia a Dios, se nos da una realidad de ser familia, formar una comunidad, trabajar por la misma. Dios en la encarnacin de su Hijo hace suya la realidad intrnseca de todo hombre, la realidad de las relaciones, asume la cultura del encuentro, donde el primer ncleo es la familia. La familia de Jess, asumida en realidad concreta, por eso se le conocer como el hijo del carpintero, el hijo de Mara.

    63. La riqueza tanto de la Conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe, en Puebla y Aparecida nos recuerdan la riqueza de los pueblos latinoamericanos, viendo en la familia uno de los tesoros, en los que se consolida la fe, es palestra de valores humanos, cvicos, la vida se recibe con generosidad y generosamente51.

    64. Sin embargo no negamos que hoy da las comunidades, los vnculos sociales, as como la familia atraviesan una crisis cultural profunda. El reto para nuestra Dicesis est en presentar cmo recuperar la cultura del encuentro, dejar que sea el Seor Jess que vivi en la Familia de Nazareth quien nos ayude a que nuestras realidades familiares, se conviertan en el cenculo de comunin donde todos nos sintamos abrazados an a pesar de los dolores sufridos en lo cotidiano.

    65. La dinmica que llevar la Iglesia en el caminar de los prximos aos, es sin duda la emergencia de atender el tema de la familia, pues el snodo extraordinario Los retos pastorales de la familia en el contexto de la evangelizacin convocado por el Papa Francisco, nos lleva a centrar nuestra atencin en lo que realicemos en nuestra Iglesia Particular. El caminar de lasDimensiones de la Pastoral Proftica, nos coloca en una riqueza de materiales pastorales con el tema de la familia. Con lo que hemos construido, es momento de que como comunidad nos renovemos e impulsemos para seguir acompaando a nuestras familias.

    66. Hacemos un llamado especial a las escuelas, no slo a las de inspiracin cristiana, sino a todos los que sean actores de la educacin, los necesitamos como quien acompae a la generacin de nios, adolescentes, jvenes, en quien esta nuestra esperanza. Ustedes educadores, hoy pueden impregnar en quien se les confa, la generosidad de la vida, el deseo de ser jvenes con sueos, que hagan ruido en las calles, ustedes pueden formar a quienes en una dcada sern nuestros actores sociales, en una sociedad que deje su comodidad para que viva como familia cimiento de la misma.

    67. Formemos familias en la espiritualidad, que se abran a latrascendencia, a Dios que da la plenitud de la vida, que nospermite la bsqueda de nuestra propia identidad como personas. Trabajemos por las relaciones que se generan en Jesucristo, sanar la relacin con el otro, me lleva a vivir la comunin, nos lleva a ver el camino que nos conduce a la casa del Padre Celestial.

    68. Son recurrentes los pasajes del Evangelio donde Jess acude a los diversos ncleos de mujeres y hombres que experimentan la alegra del encuentro, la necesidad de ser sanados, la riqueza de sus personas, en esos ncleos Jess con su persona, sus palabras y gestos vive la fe. Lo caracterstico es que nadie se siente excluido, sino todo lo contrario, despus del encuentro personal con Jess, se vive el camino del seguimiento, del anuncio;discpulos misioneros: apstoles, Marta, la samaritana, Lev, Zaqueo, Saulo, entre otros. Dejemos que sea la creatividad del Espritu la que nos lleve a abrir los cenculos donde se viva la fe52, no dejemos de lado lo que tanto nos ha insistido el obispo de Roma, cuidemos a nuestros ancianos, que ellos sean quien con su riqueza de los aos, fomenten nuestros cenculos.

    69. Formemos familias en la alegra. Con la vivencia del cambio de poca, no se alcanza a valorar lo que se ha logrado en la vida, con la cultura del consumismo se ha depositado la alegra en el tener, hoy alentemos a nuestras familias para alegrarnos por el estar juntos, de la armona entre las personas, la alegra de que en nuestros hogares somos diferentes, pero sobre todo porque en nuestros hogares nos acompaa Dios, hay signos que hablan de ello: la armona ya mencionada y la paciencia, por el hijo que no llega, por la cosecha que esperamos, en el diario vivir palpamos la paciencia.

    5. Iglesia que favorece los ambientes de paz

    70. La esencia de la fe cristiana es la Resurreccin, es decir la destruccin del pecado en la vida de la mujer y del hombre. La vida nueva trada por Jess resucitado es hacer el espacio, el ambiente, la realidad del Reino, que da a da se construye el orden querido por Dios. Pensar en el Reino es pensar en el bien comn la dignidad de cada persona, el cuidado del medio ambiente, la inclusin de las minoras, la distribucin de las riquezas, la paz entre las personas y entre las naciones, el comercio internacional, la economa, entre otros.

    71. Con una mirada de la realidad de discpulos, como se hace en el magisterio tanto de la CEM, como del CELAM,reconocemos que la pobreza aunada a otros factores han daado el tejido social, al grado de perder la paz en muchas de nuestras comunidades. En la Dicesis no somos ajenos a esta realidad, la ha tocado de modos impensables hace algunos aos y pordesgracia, la inseguridad ha hecho presa fcil a muchos denuestros jvenes.

    72. Ver la violencia como problema de salud pblica implicareconocer que el esfuerzo por erradicarla debe ser multidimensional, que se requiere un diagnstico interdisciplinar que identifique losprincipales factores de riesgo sobre los que hay que intervenir y que es necesaria la cooperacin de todos los sectores pblicos y sociales para abordar el problema de la violencia mediante la accin colectiva, con estrategias diversas adoptadas por todos, cada quien, segn el mbito de la propia competencia53.

    73. La violencia portadora no slo de dolor, sino de otros vicios, trae la perdida de la paz, est no slo es una conquista del hombre, sino para nosotros como hombres de fe, es don de Dios, es decir como corresponsables de constructores de paz, lo primero que debemos hacer, es abrir el corazn, para que el mal sea vencido a fuerza de bien54, es educarnos para la paz.

    74. En la construccin de la paz, trabajemos nuestro modelo poliedro, todos sumemos a lo que nos pueda ayudar a tener relaciones solidarias, a lo que pueda mejorar la economa de nuestra Dicesis, a tener ms y mejores salarios con los productos del campo, las jornadas justas con los obreros, respeto a las minoras55; alentados por los subsidios y la reflexin de debe desarrollar la Comisin para la Pastoral Social en nuestra Dicesis.

    75. Finalmente, no olvidemos que la fe va acompaada por la obras, ya desde antiguo el Apstol Santiago nos lo recuerda (2,14-17), por eso esta quinta directriz la encomendamos para que Jess prncipe de paz, que pas haciendo el bien, nos haga dignos hermanos de aquellos que sufren en las periferias denuestras comunidades.

    76. Presentamos estas Directrices Pastorales: Comunin, Palabra, Misin, Familia y Paz, enmarcadas en un Modelo de Pastoral de poliedro, paradigmtico y con un sentido programtico en la esperanza de que inspire la renovacin de las actividades pastorales, aliente nuestra conversin pastoral y misionera y nos acompaen en el camino de un nuevo ardor de resucitados, poniendo este esfuerzo en manos de nuestra Virgen y Madre:

    Oracin Final56

    Virgen y Madre Mara,t que, movida por el Espritu, acogiste al Verbo de la vida

    en la profundidad de tu humilde fe,totalmente entregada al Eterno,

    aydanos a decir nuestro siante la urgencia, ms imperiosa que nunca,

    de hacer resonar la Buena Noticia de Jess.T, llena de la presencia de Cristo,llevaste la alegra a Juan Bautista,

    haciendo exultar en el seno de su madre.T, estremecida de gozo,

    contaste las maravillas del Seor.T, que estuviste plantada ante la cruz

    con una fe inquebrantabley recibiste el alegre consuelo de la resurreccin,

    recogiste a los discpulos en la espera del Espritupara que naciera la Iglesia evangelizadora.

    Consguenos ahora un nuevo ardor de resucitadospara llevar a todos el Evangelio de la vida

    que vence a la muerte.Danos la santa audacia de buscar nuevos caminos

    Para que llegue a todosel don de la belleza que no se apaga.

    T, Virgen de la escucha y la contemplacin,madre del amor, esposa de las bodas eternas,

    intercede por la Iglesia, de la cual eres el icono pursimo,para que ella nunca se encierre ni se detenga

    en su pasin por instaurar el Reino.

    Estrella de la nueva evangelizacin,aydanos a resplandecer en el testimonio de la comunin,

    del servicio, de la fe ardiente y generosa,de la justicia y el amor a los pobres,

    para que la alegra del Evangelio

    llegue hasta los confines de la tierray ninguna periferia se prive de su luz.

    Madre del Evangelio viviente,manantial de alegra para los pequeos,

    ruega por nosotros. Amn. Aleluya

    Dado en Cuernavaca, en la Catedral de la Asuncin de Mara, en las Vsperas de Pentecosts, el 7 de junio del ao dos mil

    catorce.

  • 7 Saludo de S.E.R. Mons. Christophe Pierre, Nuncio Apostlico en Mxico en Apertura de la Asamblea General de la Conferencia Episco-pal Mexicana, 11 de Noviembre de 2013. 8 EG 27

    I. PRESENTACIN

    1. Con la frescura del Espritu en nuestra querida Dicesis de Cuernavaca nos damos a la tarea de continuar un camino de fe, atendiendo al llamado del Papa Francisco para entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificacin y reforma1; que nos recuerde que todos debemos escucharnos, poniendo atencin a lo que nos han heredado las primeras comunidades cristianas, donde todos tenan algo que decir, donde todos escuchaban la Palabra y ponan sus bienes para que nadie pasara necesidad2.

    2. Nadie cuestiona que estamos viviendo un cambio de poca, una transformacin global de la cultura en la que nuestros marcos de referencia, nuestras interpretaciones y las novedades que tienen consecuencias a veces insospechadas, nos han llevado de una fase slida de la modernidad a la liquida: es decir, a una condicin en la que las formas sociales [] ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por ms tiempo3.

    3. En esta cultura de lo lquido, del descarte, vivimos sin interactuar con el otro, nos hemos aislado, ha salido de nuestro hacer y de nuestro vocabulario la palabra hermano. Son mltiples los factores, las causas y las vivencias que nos han llevado a todo eso; y debemos admitir que an en la realidad espiritual hemos vivido la fe de un modo intimista.

    4. Inspirados en este ressourcement regreso a las fuentes- y el aggiornamento actualizacin-, propuestos con la docilidad al Espritu por el Santo Juan XXIII al anunciar los grandes eventos de la Iglesia de Roma4, presentamos las Directrices Pastorales que guiarn el proceso como Iglesia Particular encarnada en un espacio determinado5 para vivir juntos un discernimiento evanglico, que nos lleve a la conversin pastoral 6 y nos permita impulsar un nuevo modelo de pastoral que busca responder a este cambio de poca.

    5. Las Directrices Pastorales estn basadas en la riqueza de los documentos del Concilio Ecumnico Vaticano II y la realidad que nos ha permitido reflexionar a lo largo de la historia en nuestro continente, teniendo como legado las cinco Conferencias del Episcopado Latinoamericano y del Caribe y el magisterio de nuestro pastor el Papa Francisco, especialmente la Exhortacin Apostlica Evangelii Gaudium, para iluminar el camino concreto y plural de esta conversin pastoral.

    6. Conversin pastoral que es encabezada por el Obispo, para que, asistido con el Espritu, pueda ir adelante, en medio, atrs en el caminar, fomentando una comunin dinmica, abierta, misionera7, que tiene como objetivo el proceso participativo de la riqueza diocesana, que no slo conserve, sino que renueve, refresque y motive el mandato misionero de llegar a todos8 (Mt.28, 20).

    II. LA PASTORAL EN LA DICESIS DECUERNAVACA

    7. Frente a nuevos tiempos conviene siempre mantener presente la historia que acompaa el caminar de ciento veintitrs aos de nuestra Iglesia Particular. Tenemos que levantar nuestras manos orantes al cielo, para agradecer al Seor, por ser parte de esta bendita tierra; espacio donde tambin la historia ha dejado una huella importante, en las personas y en los monumentos histricos que hasta el da de hoy podemos apreciar.

    8. Prueba de ello es la presencia multicultural de diferentes etnias. Es en esta tierra con la bula Illud in primis, del Papa Len XIII, se erigi la Dicesis de Cuernavaca, el 23 de Junio de 1891, la cual qued constituida en el espacio asignado al estado de Morelos en el ao de 1869.

    9. La fe cristiana ha animado la vida y la cultura de esta Iglesia diocesana de donde naci una cultura cristiana expresada en sus templos, capillas abiertas y conjuntos conventuales, expresin de la presencia de las rdenes religiosas del siglo XVI, que aportaron evidentes signos cristianos: Franciscanos, Agustinos y Dominicos. Esta herencia es visible en nuestra fusin cultural, en los espacios donde las formas de religiosidad popular enriquecen a nuestro pueblo: con cnticos, rezos, danzas, formas de organizacin social y religiosa con devociones que se impulsan por medio de las mayordomas o cofradas. Esta tierra escenario tambin de la Revolucin Mexicana, con hombres y mujeres ilustres que la misma historia recuerda y aprecia.

    10. La fe, transmitida por nuestros antepasados, enfrenta hoy nuevos retos a los cuales nosotros debemos responder para ayudar a los fieles cristianos a vivir su fe con alegra y coherencia de ser discpulos y misioneros de Jesucristo, enviados al mundo por l para dar testimonio de nuestra fe y amor.

    11. Esta Iglesia que peregrina en Morelos es una Iglesia viva que ha hecho una sntesis de su cultura y la fe cristiana que los misioneros les ofrecieron, de ah naci la religiosidad popular, el amor a Cristo sufriente, el amor a Cristo en la Eucarista, la filial y profunda devocin a la Virgen Mara, particularmente bajo la advocacin de Santa Mara de Guadalupe y otras advocaciones. Esta religiosidad se expresa en la devocin a los santos con sus fiestas patronales. Este tesoro lo debemos proteger, promover y, en lo que es necesario, purificar.

    12. En este proceso histrico podemos encontrar la riqueza que nos han dejado nuestros obispos diocesanos, quienes de diferentes maneras enriquecieron la vida pastoral de la Dicesis, respondiendo a su tiempo con diferentes opciones pastorales.

    13. En este caminar no podemos dejar de lado el celo pastoral de muchos hermanos sacerdotes y laicos que con su granito de arena fueron determinantes en un momento importante coyuntural, animando la pastoral bblica, privilegiando la centralidad en la vida pastoral de la Palabra de Dios, en el ser y quehacer tanto de pastores como de los laicos, adems de su convencido compromiso social y nimo de ser sal y luz de la tierra. Los hermanos laicos han sido protagonistas importantes ya que han estado atentos en la participacin y ejecucin en los diversos procesos histrico-pastorales o bsquedas por articular las acciones pastorales pertinentes, que con una presencia real en varios grupos y movimientos apostlicos con sus carismas propios fortalecen la vida pastoral de las parroquias, siendo una referencia inmediata para los fieles de crecimiento espiritual.

    14. No pretendemos presentar una historia exhaustiva, ms bien es retomar el caminar de una memoria histrica agradecida que nos da identidad, para que en este momento nos comprometamos a que las Directrices Pastorales iluminen el camino de nuestras comunidades parroquiales que viven sus propios procesos con la madurez en la fe y en su particular entrega apostlica.

    III. ILUMINACIN BBLICA 1 Pe. 2, 1-10

    15. Las primeras comunidades cristianas experimentaron rpidamente la hostilidad y la persecucin. Estas dificultades provenan de dentro y de fuera. Gracias a estos conflictos, propios de todo grupo humano, los apstoles tuvieron que dar respuestas evanglicas oportunamente (Hch. 6, 1-7; 15). Las nuevas comunidades traan nuevos retos y esto fue providencial. La espiritualidad del conflicto permiti que surgieran respuestas para esas situaciones concretas pero con un valor perenne, al grado que se han convertido en referentes iluminadores, e incluso en Palabra de Dios.

    16. La primera carta del apstol Pedro es una verdadera catequesis cristolgica, eclesiolgica y litrgica. 1 Pe. 2, 1-10 es un texto clave para el cambio de la concepcin de la Iglesia como Pueblo de Dios. El Pueblo de Dios es la comunidad de piedras vivas, que unidas al Resucitado, van construyendo el nuevo templo. Los exhorta al cambio de conducta y de alimento. Su valor no est en lo individual, sino en la dimensin comunitaria. Las citas son claras referencias al Antiguo Testamento9, pero atrae su vigencia a la nueva comunidad que adopta elementos singulares del pueblo israelita.

    17. La teologa del sacerdocio del Pueblo de Dios, llamado a ofrecer permanentemente en medio de este mundo, el nico sacrificio espiritual agradable a Dios, es decir, la propia vida. El sacerdocio bautismal es uno de los grandes alcances de esta carta petrina. La carta a los Hebreos desarrolla ampliamente el sacerdocio mediador de Cristo, pero como seal el Card. Vanhoye en los Ejercicios espirituales que comparti con el presbiterio de Cuernavaca en el ao 2008, se ha estudiado poco el sacerdocio bautismal de la carta a los Hebreos y quiz sea la principal intencin de este magnfico tratado del sacerdocio.

    18. El fundamento del sacerdocio no es el mrito de los hombres; pero tampoco la miseria de los hombres es un obstculo para la participacin en el sacerdocio. Este sacerdocio tambin ha cambiado de destinatarios, pues tienen acceso no solo los israelitas, sino todos los creyentes. La conjuncin del ejercicio de ambos sacerdocios permite que la Iglesia cumpla la misin de anunciar el Evangelio. No estn en oposicin, sino que se complementan para poder abarcar todos los mbitos de la vida humana. Por esto, ser bautizado es una cosa muy grande.

    19. Los atributos: linaje escogido, sacerdocio real, nacin santa y pueblo adquirido califican un estado de vida pleno de bendiciones. Por lo tanto, la integracin de los fieles laicos en la vida de la Iglesia es fundamental. No hay segregacin, al contrario.

    20. En resumen, hay que decir que al apstol Pedro le agradecemos el descubrimiento y la valoracin de los bautizados en la Iglesia, el carcter del sacerdocio bautismal como una forma de vivir la comunin con Jesucristo, la piedra angular. Por otro lado, el trmino Pueblo de Dios, adoptado por el Concilio Vaticano II, es una expresin neotestamentaria que nospermite descubrir el carcter colectivo de la vivencia de la fe.

    IV. MODELO PASTORAL

    21. En una actitud de fe debemos descubrir la invitacin del Concilio Ecumnico Vaticano II que afirma que toda renovacin de la Iglesia consiste esencialmente en el aumento de la fidelidad a su vocacin. Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una perenne reforma, de la que la Iglesia misma, en cuanto institucin humana y terrena, tiene siempre necesidad10.

    22. En comunin con el magisterio del Papa, quien en su Exhortacin Apostlica Evangelii Gaudium nos recuerda que en este momento de la obra evangelizadora de la Iglesia, no debe esperarse una palabra concreta o definitiva a las cuestiones que afectan a la Iglesia y a la sociedad11.

    23. Consientes de que hoy los documentos no despiertan el mismo inters que en otras pocas, y son rpidamente olvidados12, apostamos hoy por nuevas metodologas que con la confianza, la madurez y el compromiso de todos, en el discernimiento encarnado en lo local, nos ofrezcan caminos por los cuales laIglesia pueblo de Dios, sea fermento del Padre en medio del mundo13.

    24. El discernimiento evanglico est en la base de toda la reflexin, en el marco teolgico de la Constitucin Dogmtica Lumen Gentium, junto con todo el Concilio Ecumnico Vaticano II. La realidad propia de la Dicesis de Cuernavaca vista desde la persona de Jess, nos lleva a optar por las Directrices Pastorales con tres caractersticas fundamentales:

    a) modelo pastoral de poliedro;b) un modelo paradigmtico y c) con un sentido programtico.

    a) Modelo pastoral de poliedro

    25. Proponemos un modelo pastoral de poliedro14 , basado en la Doctrina Social de la Iglesia15, que permita asumir que el todo es ms que la parte, y tambin es ms que la mera suma de ellas. Entonces, no hay que obsesionarse demasiado por cuestiones limitadas y particulares. Siempre hay que ampliar la mirada para reconocer un bien mayor que nos beneficiar a todos16.

    26. El poliedro refleja la confluencia de todas las particularidades17, pero al mismo tiempo conserva las diferencias entre unos y otros, no busca uniformizar ni mostrar homogeneidad, como hara una esfera, sino que recoge y refleja las subjetividades, pero al mismo tiempo las integra en un todo diverso que incorpora a todos.

    27. Este modelo pastoral se inspira en la totalidad o integridad del Evangelio, que contiene un criterio de totalidad inherente: no termina de ser Buena Noticia hasta que no es anunciado a todos, hasta que no fecunda y sana todas las dimensiones del hombre, y hasta que no integra a todos los hombres en la mesa del Reino18.

    28. Porque el todo es superior a las partes, el modelo de poliedro asume tambin que el tiempo es superior al espacio, la unidad prevalece sobre el conflicto y la realidad es ms importante que la idea19. Privilegia as los procesos por encima de los resultados, privilegiando las acciones que generan dinamismos nuevos20; asumiendo el conflicto para desarrollar una comunin en las diferencias al ver a los dems en su dignidad ms profunda y, finalmente, asumiendo que nos convoca la realidad iluminada por el razonamiento, de una Palabra encarnada que siempre busca encarnarse, alejndose de purismos anglicos, totalitarismos de lo relativo, nominalismos declaracionistas, eticismos sin bondad e intelectualismos