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CONVERSIONES RELIGIOSAS, CONVERSIONES SECULARES. COMPARANDO LAS ESTRATEGIAS DE TRANSFORMACIÓN DE IDENTIDAD EN PROGRAMAS DE MINORIDAD E IGLESIAS PENTECOSTALES Daniel Míguez CONICET/Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires – Argentina Resumen. Uno de los problemas que últimamente enfrenta la sociedad argentina es el del crecimiento de su tasa de delincuencia. El delito se ha incrementado en todas sus formas, y dentro de él la delincuencia juvenil no ha sido una excepción. Frente al crecimiento de la delincuencia juvenil, el sistema argentino de minoridad ha implementado una diversi- dad de políticas, entre las cuales se destaca la de la descentralización de los grandes institutos de menores con regímenes carcelarios cerrados, hacia instituciones más pequeñas, con regímenes abiertos o semi-abiertos. Tal como pasó en los primeros años con la experiencia de Massachussets, las estadísticas muestran que no existen grandes diferencias en los niveles de reincidencia pese al cambio de política. Sin embargo, algunos trabajos estadísticos muestran que las iglesias pentecostales si logran mayores niveles de eficacia, disminuyendo significativamente la reincidencia. El artículo analiza las razones de esta diferencia a partir de la noción de identidad y de ‘organizaciones transformadoras de la identidad’ planteadas por Greil y Rudy. Abstract. Argentine society has suffered lately a significant growth of its delinquency rate. Crime has increased in all its forms, including juvenile delinquency that has been no exception. Given this growth, Argentina has changed its social policies, transforming its macro-institutions where juveniles were incarcerated into small institutions, with open or semi-open programs. As it had happened in Massachussets in the 1970s, statistics show that there are no great differences in recidivism during the first years Ciencias Sociales y Religión/Ciências Sociais e Religião, Porto Alegre, ano 2, n. 2, p. 31-62, set. 2000

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    CONVERSIONES RELIGIOSAS,CONVERSIONES SECULARES.

    COMPARANDO LAS ESTRATEGIAS DETRANSFORMACIN DE IDENTIDAD EN

    PROGRAMAS DE MINORIDAD E IGLESIASPENTECOSTALES

    Daniel MguezCONICET/Universidad Nacional del Centro de la Provincia de

    Buenos Aires Argentina

    Resumen. Uno de los problemas que ltimamente enfrenta la sociedadargentina es el del crecimiento de su tasa de delincuencia. El delito se haincrementado en todas sus formas, y dentro de l la delincuencia juvenilno ha sido una excepcin. Frente al crecimiento de la delincuenciajuvenil, el sistema argentino de minoridad ha implementado una diversi-dad de polticas, entre las cuales se destaca la de la descentralizacin delos grandes institutos de menores con regmenes carcelarios cerrados,hacia instituciones ms pequeas, con regmenes abiertos o semi-abiertos.Tal como pas en los primeros aos con la experiencia de Massachussets,las estadsticas muestran que no existen grandes diferencias en los nivelesde reincidencia pese al cambio de poltica. Sin embargo, algunos trabajosestadsticos muestran que las iglesias pentecostales si logran mayoresniveles de eficacia, disminuyendo significativamente la reincidencia. Elartculo analiza las razones de esta diferencia a partir de la nocin deidentidad y de organizaciones transformadoras de la identidad planteadaspor Greil y Rudy.

    Abstract. Argentine society has suffered lately a significant growth of itsdelinquency rate. Crime has increased in all its forms, including juveniledelinquency that has been no exception. Given this growth, Argentina haschanged its social policies, transforming its macro-institutions wherejuveniles were incarcerated into small institutions, with open or semi-openprograms. As it had happened in Massachussets in the 1970s, statistics showthat there are no great differences in recidivism during the first years

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    following this change of policies. However, statistical research shows thatcertain Pentecostal churches do obtain more positive results, reducing thelevels of recidivism. This article analyses the reasons behind this contrast byemploying the concepts of identity and Identity TransformationOrganizations forwarded by Greil and Rudy.

    Uno de los problemas cruciales en el mbito del sistemajudicial de menores esta vinculado a su ineficacia en la reforma delas prcticas sociales desviadas de los menores y sus familias.Intentando resolver este problema se han producido reformaslegales que procuran mejorar la situacin de los menores enriesgo. Esta estrategia ha estado marcada por cambios con-ceptuales en las categoras legales utilizadas para definir la posicindel menor. Inicialmente, la justicia de menores estuvo dominadapor la doctrina de la situacin irregular que trataba al problema dela minoridad en trminos individuales. Esta legislacin favoreca elpoder discrecional del juez quien sola privilegiar la internacin eninstituciones totales o la adopcin como estrategias para abordar elproblema del menor moralmente abandonado concebido comoen peligro y a su vez peligroso.

    Segn quienes han realizado la historia de la condicin legalde los menores, el giro legislativo principal ha consistido en elpasaje de esta doctrina del menor en riesgo, a figuras quetransforman en derechos del menor las condiciones de vida bsi-cas que permitirn su retiro de los contextos de marginalidad. Estatransformacin de las figuras penales implicara que la causa de lasituacin de riesgo del menor sera la negligencia de institucionesestatales de garantizar los derechos del menor: No es ms el nioo el adolescente quien se encuentra en situacin irregular, sino lapersona o el responsable por la accin y omisin. (Garca-Mendez,1997: 28) As, la situacin del menor pasa a ser objeto de polticassociales y no de la accin represiva del sistema jurdico (Raffo etal. 1986; Garca-Mendez y Carranza, 1992).

    Esta reforma conceptual a nivel legal ha dado lugar a unatendencia a modificar el tipo de institucin en donde los menoresson internados. Bsicamente, se ha tendido a reducir el tamao de

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    las instituciones, siguiendo la nocin de que estas deberangarantizar ciertos derechos al menor (la educacin, la salud,proteccin, etc.). Paralelamente, se tiende a relativizar la condicinde internadodel menor; las nuevas instituciones tienen regmenesabiertos que permiten ciertos grados de libertad de movimientos alos menores, esto incluso con el objeto de evitar su carcterestigmatizante.

    Pese a todas estas reformas, la exploracin de legajosjudiciales que he realizado hasta ahora parece mostrar que estamodificacin de las estrategias legales no garantizan eficacia. Esdecir, las instituciones reducidas con regmenes que permiten ciertalibertad de los menores no logran modificar las prcticas socialesde los menores y sus familias. Esta percepcin que he tenido alrevisar los legajos queda medianamente confirmada al revisaralgunas de las estadsticas realizadas por Larrandart y Otano (1992:89) en relacin el fenmeno de la reincidencia.

    De la estadstica anterior puede notarse que, las variacioneslegales e institucionales que ha experimentado la Argentina entre1973 y 1987, si bien producen variaciones en la cantidad de meno-res que ingresan al sistema, no parecen producir efectos muysignificativos en los porcentuales de reincidencia de los menores.Esta estadstica apunta entonces a que el ncleo problemtico deeste tipo de instituciones parece estar en la capacidad (o falta deella) de reformar las prcticas sociales desviadasde los menores ysus familias. Las instituciones logran garantizar la alimentacin delos menores, garantizan su concurrencia a la escuela, incluso enalgunos casos facilitan el ingreso al mundo laboral. Lo que nologran instalar es una identidad en los menores que transformen al

    3791 4791 5791 6791 7791 8791 9791 0891 1891 2891 3891 4891 5891 6891 78911623 1813 1363 1403 4082 8523 9462 8592 1613 3133 4203 4302 0321 3931 0981

    Cuadro I: Total de nios ingresados a institutos de admisin

    Cuadro II: Porcentaje de reingreso al sistema

    3791 4791 5791 6791 7791 8791 9791 0891 1891 2891 3891 4891 5891 6891 78910.75 4.84 5.55 1.25 2.85 7.06 7.55 5.35 4.16 6.85 9.46 2.65 8.45 2.55 0.55

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    acceso a estos derechos en un proyecto de vida incorporado por elmenor como objetivo propio, esto implica que los menores siguensumidos en la marginalidad pese al acceso formal a la educacin yal trabajo algo que abandonan rpidamente debido a laconstitucin identitaria que poseen.

    Entre otros, uno de los signos de la relativa escasez deeficacia de este tipo de estrategias formales esta presente en quelos juzgados recurren a estrategias ms informales para intentar darsolucin al problema. Una de estas estrategias informales es queocasionalmente los integrantes de juzgados de menores (mayorita-riamente jueces/as y trabajadores/as sociales), recurren a la inte-gracin de menores a instituciones religiosas no tradicionales comombitos apropiados para la modificacin de sus conductas y valo-res. Esto pude percibirlo primeramente en un texto de Balestena,donde el justamente describe cmo en un juzgado se recurre a ungrupo religioso atpico para intentar reformar la conducta de uninfractor (1996:74 y ss). Tambin encontr reiterados ejemplos enmi propia revisin de legajos judiciales. En este caso eraninstituciones de origen protestante en particular pentecostales no especializadas en el tratamiento de menores. Lo que seprocuraba era la mera integracin a la vida congregacional comomedio de reconversin identitaria que permitira un estilo de vidamenos asociado con la marginalidad.

    Esta prctica de los juzgados plantea, en mi perspectiva,temas sumamente relevantes, tanto desde el punto de vista tericocomo desde el punto de vista emprico. Dada las limitaciones deespacio abordar solo uno de estos temas en el presente trabajo.Cabe aclarar que los planteos que adelantar aqu provienen deuna fase experimental de investigacin que precede incluso a laformulacin de las hiptesis formales.

    Uno de los temas que se desprende de lo anterior es por qulos juzgados recurren a las iglesias pentecostales. Si bien no voy aexaminar aqu el problema en forma exhaustiva, si quiero sealarque ambas instituciones tienen un propsito en comn: producircambios de identidad. Tambin es importante sealar que las identi-dades propuestas por ambas instituciones tienen elementos en

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    comn proponen una misma cultura del trabajo, condenan a ladroga y a la delincuencia y favorecen formas similares de dinmicafamiliar. Por lo tanto, la respuesta ms obvia a la pregunta anterior esque la recurrencia a iglesias pentecostales se explica por la mayoreficacia que estas poseen en producir identidades socialmenteaceptables. Esta respuesta nos lleva naturalmente a un segundotema: cmo explicar este diferencial de eficacia; qu hace mseficaces a las iglesias pentecostales que a los juzgados? Este segundotema s ser objeto de estudio ms detallado durante el resto deltrabajo, para hacerlo recurriremos a las teoras sobre identidad yconversin religiosa que describo en la prxima seccin.

    Identidad y cambio de identidad

    Para comprender ms cabalmente el problema que hemosplanteado hasta aqu creo que se vuelve imprescindible avanzar,aunque ms no sea superficialmente, sobre el concepto de identi-dad, y sobre los procesos de transformacin de la identidad. Elconcepto de identidad tiene una genealoga relativamente extensaque ser imposible recorrer aqu en toda su variedad. Me contentar,simplemente, con marcar algunas de sus caractersticas principales.

    Segn reconoce Jenkins (1996) el concepto de identidadtiene su origen en los trabajos de Mead y, sobre todo, en losdesarrollos que sobre las ideas de este autor hicieron los represen-tantes de la sociologa constructivista. Este concepto, en la per-cepcin de Jenkins, ha estado destinado a resolver un problema devieja data: el de cmo pensar lo social como producto combinadode procesos objetivos y subjetivos, de condicionantes estructuralesy de la agencia humana. No intentar aqu mostrar cmo es que elconcepto de identidad resuelve este dilema (cf. Mguez, 1998)simplemente dir que el concepto de identidad efectivamente per-mite pensar lo social como sntesis de estas distintas dimensiones.

    Lo que plante inicialmente Mead fue que los seres humanosdesarrollaban una percepcin de la realidad socialmente condicio-nada. Esto implicaba que su concepcin del mundo y de su lugar

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    dentro de el era un producto social que a su vez determinaba elcomportamiento del individuo. Es decir, que la identidad es unproducto social que a su vez determina la comprensin que unindividuo tiene de si mismo y de la sociedad en la que vive.Consecuentemente, esto condicionar las prcticas que eseindividuo desarrollar en la sociedad de la que participa. Estanocin fue retomada luego por varios autores. Berger y Luckmanproponen una definicin de identidad que justamente da cuentadel planteo precedente. Vale la pena citar con cierta extensin lareferencia por la variedad de temas que plantea.

    La identidad constituye, por supuesto, un elemento clave de larealidad subjetiva y en cuanto tal, se halla en una relacindialctica con la sociedad. La identidad se forma por procesossociales. Una vez que cristaliza, es mantenida, modificada oan reformada por las relaciones sociales. Los procesossociales involucrados, tanto en la formacin como en el man-tenimiento de la identidad, se determinan por la estructurasocial. Recprocamente, las identidades producidas por elinter-juego del organismo, conciencia individual y estructurasocial, reaccionan sobre la estructura social dada, mante-nindola, modificndola o an reformndola. (1983: 216)

    La cita precedente plantea, por inclusin y omisin, una seriede temas muy relevantes en al discusin del concepto de identidad.Me interesar aqu por algunos solamente. Por un lado, deja tcitoun tema significativo, el problema de las vinculaciones entreidentidad y poder. Esto de dos maneras: i) Si la identidad es, enparte, producto de la estructura social se hace obvio que hay algntipo de vinculacin entre las identidades presentes en la sociedad yel orden social vigente. Y que quienes ocupan posiciones de mayorprivilegio en la estructura tendrn una capacidad mayor a la hora dedeterminar la identidad. ii) Si las identidades, a su vez, tieneningerencia en la modificacin de la estructura social, quienes tenganmayor capacidad de decisin sobre las identidades vigentes tendrntambin mayor control de la direccin en que se modificarn lasestructuras. Como contrapartida, en la medida en que existan actorescon capacidad de generar identidades parcialmente autnomas exis-

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    tir la posibilidad de cuestionamientos al orden social queincomoden a los sectores dominantes de la sociedad. Aunque estadiscusin es obviamente relevante en nuestro caso, ya que losjuzgados de menores son instituciones que intentan inducir un tipode identidad ajustada al orden social y los menores son portadoresde una identidad que de alguna forma lo cuestiona , no abordare-mos acabadamente esta discusin aqu.

    Otro tema de cierta significacin es la vinculacin entre identi-dades sociales y prcticas sociales. Esta claro que si la identidadincide en la reproduccin de la estructura social es porquecondiciona las prcticas, la forma en que los individuos van a actuaren la sociedad. Nuevamente este es un tema central aqu, lo queintentan hacer los juzgados es justamente modificar la identidad delos menores y sus familias su percepcin del mundo en el queviven y del lugar que ocupan en el con el fin de alterar susprcticas y relaciones sociales. Es decir, con el fin de modificar, porun lado, su comportamiento delictivo o riesgoso, y por otro lado,transformar las relaciones sociales establecidas en el ncleo familiar apartir de transformar las definiciones de familia de la que sonportadores los sujetos destinatarios de la accin institucional.

    Finalmente, esto nos lleva a otro tema que es el de lavariacin de las identidades. Segn se desprende de la cita anteriorlas identidades pueden transformarse, se modifican en el tiempo,esta modificacin se produce en funcin de las relaciones sociales.Pero en general puede decirse que la percepcin de relacionessocialesque tienen Berger y Luckman no incluyen claramente lanocin de poder, sino la idea de relaciones mutuamente referidas,permeadas por redes de significacin. No por casualidad ponenpor ejemplos de la vinculacin entre relaciones sociales e identida-des, a las caractersticas diferenciadas de la identidad nacional (vg.los franceses en contraposicin a los norteamericanos) y no a lasdiferencias sectoriales dentro de una misma sociedad nacional(1983: 217).

    En contraposicin a esta nocin, un nmero cada vez mayorde autores ha reconocido que las identidades son heterogneasdentro de una sociedad, que en parte esta het erogeneidad respon-

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    de a las posiciones diferenciadas que estas personas ocupan en laestructura social y que, a su vez, la diferenciacin de identidadesesta vinculada a cuotas diferenciadas de poder.1 Aceptada estaltima nocin, se hace claro que las transformaciones identitariasno implican siempre un cambio fundamental de las basesorganizacionales de una sociedad nacional, puede producirse pordesplazamiento de un individuo de un grupo social a otro. Noexisten una gran cantidad de estudios sobre estos cambios deidentidad en el mbito secular, pero los estudios sobre conversinreligiosa, que justamente ha sido definida como un cambio deidentidad (McGuire 1992) nos podrn orientar en la bsqueda.

    Los Cambios de Identidad

    Visiones recientes sobre la conversin religiosa han cuestionadoanteriores teoras sobre la identidad. Luckmann (1973) mantena lapercepcin de las cosmovisiones religiosas como sistemas simblicoscoherentes que otorgaban definiciones sobre el sentido ltimo de larealidad y de la vida humana. Ms recientemente, Stark y Bainbridge(1980; 1985) han cuestionado esta nocin. En su perspectiva, lossistemas simblicos coherentes dadores de sentido trascendente a larealidad no existen a menos que estn vinculados a redes socialesespecficas. De manera que los individuos mantienen sistemas desentido en funcin de las redes sociales de las que participan. Elcambio (conversin) se producir por el tipo de vinculacin que seposea con redes sociales especficas2 (Goodwing y Emirbayer, 1994).

    Pero, en definitiva, la discusin que ms nos interesa en estepunto es aquella que se ha suscitado en torno al problema decmo es que se produce la conversin. Cuales son los procedi-mientos que inducen o guan a un individuo a transformar suidentidad, es decir su pertenencia y prcticas sociales. Greil y Rudy(1983), han analizado diversas teoras sobre los procesos de con-versin en lo que ellos denominan Identity Transformation Orga-nizations (Organizaciones para la Transformacin de la Identidad,de ahora en ms OTI). El concepto de OTI de los autores es

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    atractivo para nosotros porque justamente toma la nocin de que laconversin como transformacin de la identidad no es algo propiode instituciones religiosas solamente. Existen diversos tipos deinstituciones, seculares y religiosas, cuya finalidad es la conver-sin. As, el concepto de OTI puede aplicarse perfectamente paracomparar a los juzgados de menores con las iglesias pentecostales.

    Tomando los conceptos presentes en la idea de alternacintal cual la definen Berger y Luckman (1983), Greil y Rudy (1984)proponen que en toda organizacin dedicada a la conversin exis-te un mecanismo de rechazo de la perspectiva anterior, adems deprocedimientos que instituyen la nueva perspectiva de realidad enel individuo. Los dos componentes fundamentales de esta resocia-lizacin son, por un lado, una base social (que puede identificarsecon la nocin de que las identidades van acompaadas de redessociales que las sostienen) y, por otro lado, una base conceptual.Es decir, nuevas definiciones de realidad y un grupo social porta-dor de esas definiciones con el que el individuo pueda interactuar.Estos elementos constituyen la estructura de plausibilidad quepermitir que el individuo acepte las nuevas definiciones derealidad propias de su nueva identidad.

    Para lograr este proceso de ruptura (con la vieja identidad) eincorporacin (de la nueva identidad) la mayora de las OTIsposeen mecanismos que Greil y Rudy han llamado deencapsulacin (1984: 263). La encapsulacin puede ser de distin-tos tipos (fsica, ideolgica y social) pero en general implica undoble mecanismo. Por un lado, la OTI posee algn dispositivomediante el cual asla (o hace refractario) al potencial converso decualquier identidad competitiva con la propia. Por otro lado, favo-rece o induce la interaccin con algun/os miembro/s del gruporeceptor con el que el nuevo integrante se vincula afectivamente un otro significante quin ir guiando al nuevo miembro en elproceso de aprender la nuevas perspectivas de realidad. Laconversacin y el lenguaje sern los encargados de ir transmitiendoal individuo en proceso de alternacin los elementos cognitivoscorrespondientes a la nueva identidad, e ir mostrndole losposibles roles a cumplir en la nueva organizacin.

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    Discutiendo el famoso modelo procesual de conversin deLofland y Stark, Greil y Rudy (1983; 1987) llegaron a la conclusinde que existen cuatro etapas bsicas mediante las cuales las OTIsvan induciendo este proceso de transformacin de identidad pormedio de la encapsulacin. i) Hay una etapa de intensa iden-tificacin afectiva con los miembros del nuevo grupo. ii) Laposibilidad de interactuar con otros significantes de identidades encompetencia con la nueva es reducida. iii) La organizacin exigemuestras de coherencia con su ideologa para ser aceptado por elnuevo grupo. iv) Se exigen expresiones explcitas de adhesin ycompromiso con el nuevo grupo (1983: 22). En muchos casos estosactos de compromiso son, en realidad, gestos rituales quesimbolizan el pasaje de la etapa de miembro-probando a miembropleno. Por ejemplo, el relato pblico del pasado de alcohlico enAlcohlicos Annimos o, como veremos ms adelante, el bautismoen el espritu para los pentecostales.

    Es notorio como pese al anlisis exhaustivo del proceso deconversin que han hecho estos socilogos de la religin, no hanreparado en la utilidad de la teora sobre los ritos para interpretaresta ltima etapa de conversin. Si bien no hay espacio paraanalizar esto exhaustivamente aqu, si quiero hacerlo al menossomeramente.

    La accin ritual ha sido definida como aquella que contieneuna cualidad formal, que sigue secuencias estructuradas yestandarizadas realizadas en forma repetitiva en ciertos tiempos ylugares y que estn imbuidas de unos significados particulares. Estaaccin ritual tiende a producir una cierta percepcin particular dela realidad, cuya fuerza reside en parte en que es transmitida enforma inconsciente (Kertzer, 1988: 9). Lawson ha profundizado eneste aspecto desde la antropologa cognitiva, afirmando que en losritos se transmiten a los participantes entre otras cosas: narrativas,interpretaciones de esas narrativas, anlisis abstractos y reflexiones,y prescripciones e instrucciones sobre procedimientos que debenser llevados a cabo, obligaciones que deben ser cumplidas, normasa seguir, criterios que deben ser respetados. Si bien esta definicindel ritual coincide en parte con la de Turner (1974), el parece

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    indicar que en ciertas circunstancias el ritual puede ser espontneo,y por lo tanto no tener un formato al menos inicialmente estandarizado y formalizado, en este caso lo que si le sigue dandoun cierto tono ritual a la accin es su carcter de accin colectivasimblica, emotiva y que conlleva ciertas definiciones de larealidad (Alexander, 1995).

    Hasta aqu hemos resumido el proceso de conversin desdeel punto de vista de las OTIs. Es decir, hemos discutido tan solo lascaractersticas que deben poseer las Organizaciones destinadas alograr la conversin. Pero uno de los problemas que se ha discuti-do largamente es si estas organizaciones logran convertir acualquier persona, o si existen ciertos prerrequisitos para que unapersona pueda ser convertida. Una especie de tipo social delconverso (Snow y Machalek, 1985). Asociado a este problema seha debatido si la conversin es producto de la pura manipulacinrealizada por las OTIs, o si es producto tambin de la bsquedaactiva y consciente del converso. Una de las primeras carac-terizaciones de los conversos que se ha realizado, es que lospotenciales conversos se hallan frecuentemente en situacin detensin con su identidad esto porque la identidad de la queparticipan suele no dar cuenta adecuadamente de los hechos de lavida cotidiana que enfrentan. Adems de esta situacin de tensin,las redes sociales tienen un peso significativo en la conversin. Lospotenciales conversos suelen encontrarse en disponibilidadestructural, esto significa que su integracin a las redes sociales essuficientemente dbil como para ser fcilmente absorbidos por unanueva red social. Otra posibilidad es que gran parte de los inte-grantes de una red redefinan su propia identidad. Greil (1977)menciona tambin a los estilos cognitivos como elementos signifi-cativos a la hora de escoger un nuevo grupo de pertenencia.

    Si bien estos elementos han sido sostenidos como definito-rios de la conversin en varias oportunidades, en ocasiones se hapuesto en duda, por ejemplo, que necesariamente exista un ele-mento de tensin previo al momento de conversin (Greil y Rudy,1984: 318). Existen mltiples ejemplos de personas que decidencambiar de identidad sin haber experimentado tensin previamen-

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    te. Estudios comparativos han demostrado tambin que muchasveces quienes deciden cambiar de identidad no han pasado poretapas de tensin muy distintas de aquellos que mantienen la suya.Tambin han existido discusiones en torno al peso relativo de lasredes sociales y los estilos cognitivos. La discusin ha girado entorno a si las redes son decisivas por sobre los estilos cognitivos (esdecir se adopta una red y luego el estilo cognitivo que la acom-paa) o viceversa: si la adscripcin a redes se produce por laexistencia de un estilo cognitivo comn previo. Por otro lado, estoabre la posibilidad de que los conversos no sean producto pura-mente de la situacin o de determinantes de algn tipo, sino quetengan capacidad de emprender una bsqueda activa.

    Estas discusiones muestran que, si bien estos elementosintervienen de alguna u otra forma en los procesos de conversin,todava se debe avanzar en la investigacin emprica para poderdeterminar cmo exactamente se vinculan. Si bien esto es algo queno vamos a poder hacer exhaustivamente, intentar al menossealar la relevancia de algunos de ellos.

    Sintetizando lo expuesto hasta aqu, deberamos decir quelas identidades son percepciones socialmente construidas de larealidad que guan a los actores sociales. Estas identidades estnatravesadas por relaciones de poder, ya que se construyen en parteen relacin a las posiciones en la estructura social; las diferenciassectoriales dentro de una sociedad pueden dar lugar a identidadesdiferenciadas. En general las identidades estn ligadas a redessociales, a grupos de pertenencia. A su vez, pueden existirmutaciones en las identidades. Estas mutaciones implican el cam-bio de grupo de pertenencia junto con un cambio en la percepcindel mundo y del lugar que el actor ocupa en el. Los ritos sonimportantes en la definicin y redefinicin de identidades ya queson formas poderosas de transmitir definiciones de la realidad y dela posicin del yo dentro de ella. Por otro lado, los conversossuelen ser personas que experimentan tensiones con su identidadpresente, que tienen una escasa insercin en redes sociales o queexperimentan transformacin en las redes a las que pertenecen.Generalmente los conversos se convierten a identidades acordes asu estilo cognitivo. Aunque todos los elementos mencionados son

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    significativos en los procesos de conversin, debe quedar claro queel grado exacto en el que influyen an no esta decidido. Teniendoen cuenta esta perspectiva de la identidad y los cambios deidentidad avanzaremos ahora en la comparacin entre los juzgadosde menores y las iglesias pentecostales.

    La conversin en juzgados y en iglesias pentecostales

    Como enunciamos anteriormente, tanto las iglesias pentecos-tales como los juzgados de menores son organizaciones para latransformacin de la identidad; es decir, tienen como objetivofundamental producir conversiones o alternaciones. La igualdad deobjetivos de ambas instituciones tiene dos efectos significativos.Por un lado, ha provocado una cierta colaboracin entre ambas.Por otra parte, nos permite utilizar un concepto particular, el deconversin o alternacin, para comparar las instituciones y aventu-rar hiptesis sobre las razones que hacen que una sea ms eficazque la otra en lograr la alternacin.

    Para avanzar en la comparacin es conveniente refrescaraqu los rasgos principales de la alternacin. La posibilidad de quese produzca alternacin religiosa o de cualquier otro tipo implicasiempre la existencia de estructuras de plausibilidad que son lasque hacen crebles para el individuo en proceso de alternacin laspercepciones de realidad presentes en la nueva identidad. Estasestructuras de plausibilidad estn normalmente constituidas porgrupos de referencia que son los encargados de proveer las basessociales de la estructura. Dentro de estos grupos son particularmen-te significativos los otros significantes que establecen relacionesafectivas con el individuo en proceso de alternacin. Estos media-dores son los encargados de proveer la dimensin emotivaimprescindible en todo proceso de alternacin. Los ritos comunita-rios contribuyen tambin con la provisin de elementos emotivos.

    Otro elemento relevante en la constitucin de las estructurasde plausibilidad se vincula con la provisin de elementos concep-tuales, encargados de provocar una redefinicin en trminos

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    cognitivos del mundo circundante. El lenguaje juega un rolprominente en esto. Finalmente, se hace importante comprenderque la alternacin se produce en individuos que experimentan unatensin con su identidad, que en general tienen una ciertacapacidad reflexiva que le permite direccionar su bsqueda y quela alternacin es procesual y no repentina.

    Comparados las iglesias y los programas de minoridad enestos trminos, se pueden aventurar algunas hiptesis de por qulas primeras son ms eficaces que los segundos en la reforma de laidentidad.

    Las iglesias pentecostales

    Por razones de espacio, es imposible reconstruir aqu loscomplejos elementos comunitarios, rituales y doctrinales que utili-zan los pentecostales para lograr nuevos adeptos. Tampoco esposible hacer una caracterizacin exhaustiva de los conversos. De-beremos contentarnos con una reconstruccin genrica y superfici-al que de todas formas servir a los fines de una comparacinelemental como la que intento aqu. Desde el punto de vista de supertenencia social, la mayora de quienes se convierten al pente-costalismo pertenecen a los estratos medios bajo, y pobres. Desdesu caracterizacin individual, quienes ingresan a iglesias pentecos-tales se encuentran normalmente en estado de bsqueda. La bs-queda puede estar motivada por elementos diversos, y por lo tantopuede tener objetivos parcialmente diferenciados. Las crisis familia-res, los problemas econmicos o de salud son causas frecuentes debsqueda entre quienes se convierten al pentecostalismo (Martin,1990; Mariz, 1994; Brusco, 1995). Claro, normalmente estasmotivaciones seculares se entremezclan con percepciones y bs-quedas religiosas, esto explica que la solucin a los problemasantes mencionados se haga en una institucin religiosa antes queen una secular.

    Esto implica que, usualmente, quienes acuden a iglesiaspentecostales no estn motivados solamente por crisis de orden

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    econmico, familiar o de salud; una cierta disconformidad con suidentidad religiosa tradicional suele ser tambin motor para elcambio. En algunos casos es la disidencia religiosa sola la quemotiva la bsqueda. De manera que en la mayora de losconversos pentecostales ha existido al momento de su conversinun elemento de tensin.

    Las comunidades pentecostales proveen fuertes basessociales muy apropiadas para constituir, lo que hemos llamadoaqu la estructura de plausibilidad. Generalmente, quin se acercaa una congregacin pentecostal ser inmediatamente llamadohermano/a, recibir la visita del pastor y ser integrado a gruposlocales donde podr encontrar rpidamente referentes que actencomo mediadores entre el individuo en proceso de conversin y elgrupo. Esto en los casos en que no haya sido ya un conversoquin introdujo inicialmente al individuo en el grupo. Es decir, quefcil y rpidamente el individuo en proceso de alternacin encuen-tra otros significantesque permitirn establecer los lazos afectivosnecesarios.

    La doctrina pentecostal, por otro lado, refuerza estos senti-mientos de integracin y pertenencia del individuo. En la doctrinapentecostal la iglesia los miembros integrantes de una congrega-cin es identificada con un cuerpo, esta metfora es utilizada parapostular que todos los integrantes del grupo son partes de unamisma unidad y que adems, cada uno (como miembros delcuerpo) tiene una funcin diferente, pero igualmente importante,dentro de la congregacin. De manera que tanto las relacionessociales dentro de la congregacin, como los elementos doctrinalesdefinitorios de esas relaciones tienden a asentar bases afectivas sobrelas cuales puede desarrollarse un proceso de alternacin.

    Adems de esta definicin de las vinculaciones entre losmiembros de la iglesia, la doctrina pentecostal expresada en cursosdoctrinales, predicaciones, reuniones en los hogares, y en los dilo-gos informales entre los miembros de la iglesia conllevan otrosnfasis significativos. Estos nfasis se expresan adems en un len-guaje particular acorde a una cierta redefinicin del mundo. Estadefinicin implica una condena a la vida anterior del individuo (la

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    vida del mundo), y la perspectiva de una nueva vida como hijode dios. Esta nueva perspectiva es normalmente esperanzada, lapercepcin de que dios a travs del espritu santo puede interveniren la vida del creyente implica la posibilidad manifiesta de superartodas las limitaciones y controlar su vida de una manera queanteriormente pareca imposible. As, la enfermedad, la pobreza,los conflictos familiares, todo es superable por que en la miradapentecostal los miembros de la iglesia son hijos de dios y comotales pueden esperar la intervencin milagrosa en cualquier mo-mento y frente a cualquier circunstancia adversa.

    Existen varios usos del lenguaje caractersticos que ejempli-fican esta nueva percepcin de la realidad. La expresin con elseor somos ms que vencedores ilustra la nocin de que nada enla vida representa un obstculo insalvable. As, una enfermedad seresiste en el Seor, es decir nadie se declara enfermo, sino que seasume como combatiendo una enfermedad que suele tener unorigen diablico, y que por lo tanto es superable por la f en elseor. Esperar en el seor, implica tambin la actitud de soportaresperanzadamente el infortunio, y los tiempos del seor implicanla percepcin de que la intervencin divina no se produce siemprecuando el creyente lo desea, sino cuando al seor le parece (enfuncin de su sabidura superior) adecuado. De esta manera seexplica por qu la superacin de una situacin angustiante no seproduce siempre en forma inmediata y se mantiene la expectativade que de todas formas se superar en algn momento.

    Esta percepcin de que fuerzas superiores colaborarn conaquel que acepte la doctrina pentecostal incentiva a sus miembrosa respetar el modelo familiar y de trabajo que esta propone. Comohabamos mencionado, los pentecostales proponen un modelo fa-miliar tradicional, donde los hombres estn definidos como jefes dehogar, encargados de velar por el bienestar de todos los miembrosde la familiar. Si bien este es un rol de autoridad, es una autoridadque debe ser ejercida con amor y nunca con violencia (Brusco,1994; Tarducci, 1994). La mujer ocupa un rol componedor y demxima responsabilidad con respecto a la crianza de los hijos, loshijos a su vez deben respeto a los progenitores. El modelo familiar

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    va unido a un modelo laboral y de economa hogarea. Dospreceptos bblicos son utilizados para definir esta identidad deltrabajo y la economa: i) Ganars el pan con el sudor de tu frente,para sealar la responsabilidad, sobre todo de los hombres deltrabajo aplicado para garantizar el bienestar familiar. ii) Todo loque el hombre posee ha sido dado por Dios este principio implicaen la mirada pentecostal la necesidad de una efectiva ahorrativa administracin de los bienes econmicos dado su origen divino. Laresponsabilidad de la administracin recae, sobre todo, en lasmujeres. Si bien pueden encontrarse ciertas zonas conflictivas encuanto a la funcionalidad de este modelo familiar-econmico en elcontexto actual, no cabe duda que este modelo es antittico al quepredomina en familias marginales signadas por la violencia familiary cierta desidia en la administracin de la economa hogarea.

    Como habamos afirmado en la seccin anterior, los ritosjuegan un rol fundamental en la definicin y redefinicin de identi-dades. Los pentecostales tienen una serie significativa de momentosrituales, imposibles de analizar aqu en forma exhaustiva. A modode ejemplo, voy a describir uno de los ritos centrales, el bautismoen el espritu. Este rito ocupa un lugar preponderante porque en ladoctrina pentecostal ninguna persona que no halla pasado por elbautismo en el espritu puede ser considerado miembro pleno dela congregacin. De manera que es el rito de pasaje por excelenciaen la adquisicin de la identidad pentecostal. Veamos:

    Aunque no es necesariamente el caso, los pentecostalessuelen pasar por el bautismo en el espritu durante el final de lascelebraciones religiosas dominicales. Normalmente en estascelebraciones religiosas se produce un increscendo. Es decir, laemotividad de la celebracin y el fervor religioso van aumentandoa medida que transcurre el culto. Al final se produce normalmenteel climax. Usualmente, al final de la celebracin religiosa se realizauna oracin comunitaria, en esta oracin a diferencia de otrasque se producen durante el culto toda la congregacin se agrupafrente a la plataforma donde predican y rezan los pastores. Labanda comienza a tocar msica suave, o a cantar algn coro queinvoca la presencia de Dios en el templo. En este contexto todos

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    reunidos en la parte delantera del templo y con msica suave comienzan a orar uno o ms pastores en un tono fuertementeemotivo. Estas oraciones suelen primero interpelar a la congre-gacin predisponindola a un estado de nimo particular. Duranteuna de estas oraciones un pastor enunciaba, por ejemplo:

    Hermanos, hace cuanto que no rezan como deberan,pidmosle hoy al Seor que nos inunde con su espritu.Pidmosle al Seor que nos inunde con su presencia. Seorqueremos esa bendicin especial que solo t puedes proveer.Quiero rendir todo nuestro cuer po y nuestra alma a ti Seor,queremos sentir tu presencia dentro nuestro oh Dios!...

    Luego de esta invocacin en tono suave sigue una in-vocatoria ms exaltada donde se describe la accin del espritu yaentre los miembros de la congregacin.

    Seor ministra a los hermanos ahora, el Seor esta tocando:Aleluya!. Ahora Seor, ahora. Pngase en f hermano porqueel Seor esta ministrando entre nosotros. Ahora, Seor quitatodo demonio de asma, todo demonio de baja presin.Pngase en fe hermano porque el Seor y su Espritu estaobrando entre nosotros en este momento...

    Generalmente durante el momento final, que es el de mayorexaltacin, es cuando los miembros de la congregacin experi-mentan el bautismo en el espritu. Muchas veces los pastoresmientras van orando caminan entre el grupo de fieles impo-nindoles las manos. Es decir, tocndole la frente y orando porellos muy emotivamente. Durante ese momento los conversosentran en transe (son posedos por el espritu, es decir experimen-tan el bautismo), lo cual se demuestra porque caen comodesmayados al piso y en algunos casos experimentan convulsiones.

    Este rito del bautismo en el espritu, como afirmaba anterior-mente, representa la integracin plena de un miembro a lacomunidad. Sin embargo, no es experimentado por una nica vez,hay fieles que viven la experiencia en forma reiterada. Siaceptamos las definiciones del rito precedentes, podramos inter-pretar el rito del bautismo en el espritu como un mecanismo quereafirma las definiciones de realidad contenidas en la doctrina

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    pentecostal. El rito provoca la vivencia en los fieles de laposibilidad de invocar la presencia de dios en la tierra. Durante lacelebracin ritual los fieles pentecostales experimentan en suspropios cuerpos esa presencia, incluso algunos en testimoniosposteriores afirman haber superado dolencias de salud, oconflictos familiares o econmicos a travs de dicha experiencia.De esa manera el rito confirma de forma vivencial, lo que ladoctrina pentecostal afirma verbal y literariamente: que existe laposibilidad de una vida superadora de la infelicidad experimentadaanteriormente mediante la conversin, que esta nueva vida seruna vida de xitos y que para lograrla es necesario ajustarse a lospreceptos doctrinales del pentecostalismo.

    Este breve repaso por algunos de los elementos comuni-tarios, doctrinarios y rituales del pentecostalismo nos permiten per-cibir cuales son los mecanismos utilizados para la definicin de suidentidad y para lograr conversiones. Nos queda ahora describir losde la justicia penal juvenil para intentar luego una comparacinque nos permita explicar el diferencial de eficacia.

    Los programas de minoridad

    El referente emprico que utilizo para esta seccin son losProgramas de Minoridad que funcionan en la Provincia de BuenosAires. Dentro de ellos he hecho observacin participante en unaCasa de Contencin.3 Con el objetivo de ver en qu medida loobservado all refleja una situacin ms generalizada revis 120expedientes judiciales en juzgados de menores de la mismaprovincia. Esta revisin de expedientes me permiti percibir loselementos recurrentes existentes en las historias de menores quetransitan por los programas del sistema de minoridad de laprovincia de Buenos Aires.

    Las caractersticas sociales predominantes en los menoresque ingresan a los programas de minoridad son fcilmente previ-sibles. En general, pertenecen a los sectores ms postergados de lasociedad: son hijos de familias pobres, con altos niveles de fracaso

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    educativo y con muy precaria insercin en el mercado laboral. Eneste sentido, el origen social de la poblacin de los menorescoincide, en cierta medida, con parte de la poblacin que asiste alas iglesias pentecostales. En general, los menores que ingresan alos programas tambin experimentan disconformidad con susituacin social, sin embargo, a diferencia de lo que sucede en elcaso de las iglesias su ingreso a los programas no siempre parte deuna opcin voluntaria.4 En cambio, el proceso de incorporacin deun menor a los programas de minoridad comienza con un hechoajeno a su voluntad: la creacin de una causa judicial en unJuzgado de Menores. Esta se produce normalmente como resultadode un delito cometido por el menor, o por encontrarse en estadode abandono (es decir, sin la tutela de un adulto moral y material-mente competente). Inmediatamente despus que se abre la causajudicial, intervienen una serie de tcnicos que le practican periciasmdicas, psicolgicas y sociales (un diagnstico socio-ambientalllevado a cabo por una trabajadora social mediante la visita alhogar). Estas pericias son practicadas en el mismo juzgado, losmenores acompaados de sus familias deben concurrir enciertos horarios fijos para ser entrevistados y examinados por losexpertos. Estos posteriormente elevarn sus informes diagnostican-do la situacin del menor. El juez/a decidir en funcin de esto eltipo de programa al que asistir el menor, complementando lainformacin de los peritos con una serie de entrevistas (audiencias)que mantendr con el menor y su familia.

    Una vez incorporado a un programa se producir la interven-cin de nuevos agentes expertos. El equipo psicosocial (psiclo-gos, trabajadores sociales, etc.) del programa realizar nuevas en-trevistas y pericias con el menor, y el director decidir sobre lasactividades que este deber desarrollar, elevando peridicamenteinformes al juzgado sobre el estado del menor.

    Esta actividad diagnstica desarrollada por las institucionesjudiciales va acompaada de un lenguaje particular que intentadescribir la situacin social y psicolgica de los menores. Refe-rencias a etapas de maduracin, bloqueos intelectuales, inteli-gencia normal o anormal son expresiones recurrentes en pericias

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    psiquitricas. Los diagnsticos sociales, suelen expresarse en indi-cadores y variables y hablar de composicin del ncleo familiar,nivel socioeconmico, y los mdicos del desarrollo fisiolgiconormal o anormal de los menores. Generalmente es la jueza, peroms directamente los directores de los programas, los que seencargan de definir (dar sentido) para los menores y sus familiaresa todas estas prcticas realizadas por los especialistas. Esta serie deprocedimientos y decisiones suelen explicarse como maneras dedetectar donde esta el problema que induce al menor a asumiractitudes riesgosas y maneras de resolver el problema evitarque el menor mantenga este tipo de conducta.

    Las soluciones propuestas denotan claramente cuales son loscontenidos de la nueva identidad que proponen el sistema judicial.Esta identidad esta asociada a la educacin y al trabajo. Losdirectores de los diversos programas del sistema de minoridadsuelen inducir desde el inicio a que los menores concurran a laescuela, y adems en el caso de los juveniles que trabajen.Generalmente, el discurso que acompaa a este prctica pondera laimportancia de la educacin y el trabajo como estrategias alternati-vas y moralmente ms respetables que la marginalidad y ladelincuencia de la que los menores provienen.

    Pero los agentes institucionales como directores, peritos yjueces no son los nicos presentes en los programas de minoridad.Cuando un menor ingresa a un programa se encuentra tambincon un grupo de pares. La identidad de la que son portadoresestos menores, quienes se autodesignan como Pibitos Chorros5,contrasta con la propuesta identitaria de los adultos que tutelan alos menores dentro del programa. Ser Pibito Chorro, como lapropia designacin lo indica, implica tener a la accin delictiva(particularmente el robo) como ncleo identificatorio principal. Du-rante mi trabajo de campo en la Casa de Contencin esta identifi-cacin se hizo claramente perceptible. Transcribo una escena regis-trada en mi cuaderno de campo el 11/9/99 que ilustra el punto.

    Me dirijo a la cocina en la que se encuentran, Mario, Juan,Rubn y Luis ms un asistente de minoridad. Juan intentaensearle a Rubn a hacer artesanas con pequeos trozos de

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    madera, aunque pierde la paciencia continuamente. Luisesta sentado con su walkman puesto, Mario fuma, el asis-tente de minoridad esta sentado sin hacer nada. El televisoresta encendido (dibujos animados) y en la habitacin vecinaCarlos escucha a Los Redonditos. Me incorporo a la reunin.Todos mantienen una conversacin casual, no hay un temacentral. En general son comentarios sobre las artesanas queintenta hacer Rubn, o el programa de televisin o el en-cuentro de teatro que tendr lugar a la tarde.En un momento Luis le pregunta a Mario: vos sos chorro?Mario responde que no. Luis le repite la misma pregunta atodos los dems (menos a mi y al asistente de minoridad).Todos repiten que no. Luis entonces pregunta: y entonces quemierda hacen ac? Luego dice: Yo estoy ac por pelotudo,todos estamos por pelotudos. Luego le pregunta a Juan: a vospor qu te encerraron? Juan no responde y por el lo hace Marioque dice: lo agarraron por robo. Luis agrega: calificado.Mario dice: Qu calificado! Lo agarraron por robo de auto,que yo sepa calificado es solamente cuando te agarran con unfierro. Luis dice: Bueno, qu te hacs el juez que se conocetodas las leyes. Juan re y dice: Y vos, (a Mario) estas porafanar una cartera boludo, por no saber afanar! [Mario]Qu no voy a saber! Lo que pasa es que no tuve suerte. [todosse ren]. Luis agrega: pero no pods andar afanando billeterasboludo, para afanar hay que afanar mucho. Mario responde:y bueno, por algo se empieza....

    Creo que la escena anterior hace evidente cul es el ncleoms duro de la identidad de Pibito Chorro. Los chicos seidentifican como chorros; robar es en una medida significativauno de los elementos centrales de su pertenencia social. Incluso,como puede notarse en la discusin sobre quin sabe o quin nosabe robar, las jerarquas entre ellos se establecen tambin enfuncin de la gravedad del hecho cometido. As, quin afana unacartera es un boludo (un insulto muy comn en argentina queexpresa torpeza, falta de ingenio e inteligencia) por lo tanto nomerece respeto; y quin afana un auto es objeto de mayor reveren-cia. Es interesante notar que el cuestionamiento a la condicin decalificado que hacen, es implcitamente una discusin tambin

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    sobre el rango del delito. Si el robo fuera calificado su gravedadsera mayor, y por lo tanto la jerarqua de quin lo comete tambin.

    Otro fuerte componente de la identidad es la oposicin a laautoridad, particularmente tal como esta es expresada por lapolica. Pude presenciar muchas manifestaciones de esto durantemi trabajo de campo, una de las maneras en que se expresa es enlos tatuajes que los menores llevan en el cuerpo. Por ejemplo, escomn ver que se tatan cinco puntos en la mano, o una vboraatravesada por un pual en el brazo. Ambos tatuajes simbolizan unjuramento de muerte a la polica. Estos tatuajes tienen un fuerteefecto en los menores, ya que cuando son atrapados por la policaser portador de esos tatuajes implica que el castigo fsico a recibirser mucho mayor, lo cual obviamente intensifica el odio de losmenores hacia la polica, generando as un crculo vicioso.

    Otro fuerte componente de la identidad es la solidaridad degrupo, esto es el apoyo casi incondicional a otros Pibes Chorros.Nuevamente, muchas de las escenas observadas denotan esta so-lidaridad grupal, la que transcribo a continuacin (una observacindel 11/12/99) es solo un ejemplo de los muchos posibles.

    Aproximadamente a las 17 hs. ingreso a la casa de con-tencin. En ella se encuentran una Asistente de Minoridad,Pedro y Roberto. Los dems chicos han salido ese fin de se-mana. Como hago casi siempre que visito el lugar, me pongo atomar mate con ellos. Despus de un rato, la asistente deminoridad se va y quedamos solo los dos chicos y yo.Uno de los chicos [Pedro] comenta que esta con ganas de salirde visita a su casa para ver a sus amigos del barrio, ya quetiene un asunto muy importante que arreglar con uno de ellos.Yo le pregunto qu asunto es, si se puede saber. Pedro me dice,con una mirada cmplice: a vos te lo voy a contar. Resultaque tengo un amigo que esta en cana [en la crcel] por que esmayor de 21 viste, y yo lo voy a sacar. Por que segn lo que medijo el hermano de l, lo nico que tienen en su contra es laprueba del arma que usamos en el asalto. Despus del robo else escap y me dej el arma. Yo la escond en la casa de unamigo; y el gil, como no es del palo6, se asust y dijo dondeestaba el arma. A los dos o tres das lo agarraron a mi amigo

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    y, bueno, ah fue que lo agarraron al flaco y despus ca yoque tambin haba estado en el asalto ese. Pero lo que pasa esque si yo digo que el arma la tena yo, si me hago cargo delarma, a l ya lo tienen que largar. [Luego del relato, yo lepregunto sobre las posibles consecuencias para el de confesarque era el poseedor del arma]. A mi, como todava soy menorde edad no me pasa nada, a lo sumo me puedo comer algntiempito ms ac, o en un instituto parecido, pero as lo saco al. Por que viste, entre los chorros hay que ayudarse, si podssacar a uno lo tens que hacer. No te pods hacer el gil [desen-tendido] nunca.7

    Creo que el relato anterior ilustra con suficiente elocuenciacmo la complicidad de un menor hacia su amigo preso estapensada en trminos de la asistencia que le debe un ladrn a otroladrn. Pedro, no solo esta dispuesto a asumir una culpa que no essuya por consideracin a un amigo, sino que pone en juego aquun cdigo que es el de los ladrones. Segn seala, un chorrodebe ayudar a otro siempre que sea posible: es su obligacin nosolo como amigo, sino sobre todo como ladrn.

    Resumiendo lo expuesto hasta aqu, podemos decir entoncesque la identidad de los chicos en los programas del sistema deminoridad es la de Pibes Chorros, que tiene al menos tres compo-nentes bsicos: el robo, la oposicin a la autoridad policial, y lacomplicidad.

    Adems de dejarnos percibir el componente substancial de laidentidad de los Pibes Chorros, otra de las cosas que pudimosobservar es cmo la convivencia que se produce en los programasdel sistema de minoridad refuerza la pertenencia a esta identidad.Los mecanismos de refuerzo de la identidad estn muy presentesen la actividad cotidiana. Los dilogos permanentes entre los me-nores y las formas de establecer jerarquas entre ellos, entre otrascosas, van consolidando cotidianamente esta identificacin(algunos de los dilogos expuestos antes ilustran este punto). Peroadems, se producen ocasionalmente una suerte de compor-tamientos rituales que refuerzan an ms esta pertenencia. Si bienno existen ritos normados para el establecimiento de este tipo deidentidad, si existen expresiones de rebelda que escenifican la

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    identidad en forma espontnea. En ese sentido parecen acercarse ala nocin Turneriana del communitas espontneo. Es decir,expresiones rituales espontneas y contestatarias. Una de las msclaras expresiones de este tipo la encontr en los legajos judicialesen los que se describan motines. Lo que da un aire ritual a estosamotinamientos es que suelen tener algunos elementos en comn(la quema de colchones, la toma de secciones del instituto, etc.) yque el propsito de esta accin suele ser ms simblico quepragmtico. Uno de los motines cuya descripcin encontr en loslegajos da una idea de cmo se desarrollan.

    El motn comenz con la simulacin de la pelea entre dosmenores durante la noche. Cuando el celador intent separar a losmenores estos lo agredieron, lo maniataron y comenz una movili-zacin general de los menores durante la cual quemaron los col-chones desafiando a las autoridades del lugar. Durante el incidentese fugaron solo dos menores, que a los pocos das se presentaronespontneamente en el juzgado. De manera que no puede enten-derse a esta manifestacin como una pura maniobra de fuga, sinoms vale como la simbolizacin de oposicin a la autoridad. Uninstante de violacin de las normas y de expresin espontnea dedisconformidad, que escenifica la confrontacin sectorial dentro delinstituto. Esto es, el motn obliga al alineamiento claro de todos losque participan de un programa, separa claramente a las autorida-des de los Pibes Chorros, poniendo en evidencia que los adultospresentes en la institucin son ajenos, pertenecen a una gruposocial distinto y opuesto al de los menores.

    Creo que la evidencia presentada hasta aqu ya muestra queel pasaje por programas de minoridad, en lugar de instalar unaidentidad nueva, genera o refuerza una identidad asociada a lamarginalidad. Quiero agregar aqu un ltimo trazo de evidencia eneste sentido, nuevamente los legajos de menores que ingresan alos programas proveen esta informacin. Cuando uno revisa loslegajos encuentra siempre informes sobre cmo va desarrollndosela insercin de los menores en los diversos programas. Existe unpatrn casi universal en estos informes: Si bien los primeros infor-mes suelen sealar que los menores inicialmente se amoldan al

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    nuevo programa sin generar conflictos, luego de un perodo (queva desde dos o tres semanas a uno o dos meses) los partes de losperitos de la institucin comienzan a mostrar la existencia deconflictos entre los adultos y los menores dentro del programa.Esto puede verse claramente en el siguiente ejemplo. En un infor-me del 11/4/94 el director de una casa de contencin afirmaba losiguiente sobre la situacin de un menor recin ingresado:

    El menor causante se encuentra realizando desde hace dosmeses, estimativamente, tareas como peon de albail. Elhorario laboral es discontinuo, con una jornada laboral de 6u 8 hs. El empleador ha dado muy buenas referencias deldesempeo laboral del menor mencionado, con muy buenadisposicin para el aprendizaje y la aceptacin de rdenes ysu cumplimiento.Adems el menor se encuentra cumpliendo su escolaridadprimaria en el Escuela Nro. 701 establecimiento de adultosNro.1 ubicado en la Avda. Espaa entre Avda. Coln yPaz. Cursa 2do. ciclo, equivalente a 5to grado. En la entre-vista mantenida con la Sra. secretaria del establecimientoeducativo y la directora han vertido muy buena concep-tuacin del comportamiento, rendimiento e integracin algrupo de pares.En lo referente a la dinmica grupal institucional el menorse encuentra en una integracin adecuada, sin ser genera-dor de conflictos ni protagonista de hechos de trascendencia.

    Poco tiempo despus, el 19/5/94, el informe haba cambia-do radicalmente.

    El menor causante muestra una actitud sumamente soberbiahacia los adultos y menores del establecimiento, generandoconflictos y un liderazgo negativo en el grupo de par esbasado en la intimidacin; presenta un comportamiento enla va pblica de provocacin constante, r eincidente anluego de haberse agotado la instancia del dilogo; ha faltadoel respeto con ciertas conductas al personal de turno y unapersona ajena a la casa. Particip en una agr esin de tipoverbal a personal relacionado con este establecimiento en lava pblica y en presencia de agentes policiales, etc.

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    En el relato anterior puede verse entonces cmo la perma-nencia de un menor dentro de programa pasa de un comienzo enel que el joven parece estar buscando reformarse y responder a lasexpectativas de los referentes adultos a un comportamiento queexpresa la oposicin a la autoridad propia de la identidad de losPibes Chorros.

    A modo de conclusin, entonces, cabe postular que, a dife-rencia de lo que sucede en las congregaciones pentecostales, lasinstituciones judiciales no logran proveer un grupo social capaz decontribuir a la conformacin de estructuras de plausibilidad quesustenten la nueva identidad. Incluso en micro-instituciones, losdirectores de esas instituciones difcilmente logren transformarse enotros significantes capaces de actuar como referentes afectivos dela nueva identidad. Esto posiblemente se deba, por un lado al tipode tratamiento que el menor recibe por parte de los adultos: estosson peritos expertos que establecen con los menores una relacinde sujeto-objeto utilizando incluso una jerga (variables, madurezintelectual, etc.) para referirse a ellos de difcil comprensin.

    As, el grupo que se transforma en el referente afectivo delmenor en las instituciones judiciales esta conformado por el grupode pares. De manera que los gestos institucionales destinados asealar los nuevos componentes identitarios al menor (enviarlo a laescuela, a trabajar, etc.) terminan siendo re-significados de acuerdo alos acentos de realidad puestos por los menores internados y no porlas autoridades institucionales. Esta re-significacin estigmatiza loscontenidos oficiales, y consecuentemente a los menores que losaceptan... As, la internacin de los menores en programas no im-plica un estadio de calificacin que permita su posterior insercin enla sociedad. La significacin que prevalece es la de los menores.

    Con c l u s i n

    De lo expuesto hasta aqu se desprenden una serie de ele-mentos que permitiran aventurar algunas hiptesis explicativas deldiferencial de eficacia entre iglesias pentecostales y juzgados de

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    menores en relacin a la transformacin de identidad. Un primerelemento diferenciador es que la condicin de los sujetos que seacercan a las iglesias y los juzgados es distinta. Vimos que quienesse acercan a las iglesias pentecostales lo hacen de manera volun-taria, mientras que quienes ingresan a los programas de minoridadlo hacen de forma compulsiva. Si bien esta diferencia no puedesoslayarse por completo, he mostrado en la nota 6 que existenciertos elementos que la atemperan.

    Una segunda diferencia, tal vez la ms crucial, es que lospentecostales logran rpidamente establecer otros significantes quecontribuyen a la redefinicin de la identidad. Los programas delsistema de minoridad no poseen mecanismos que integren a losmenores con los referentes adultos. Por este motivo, quienesdefinen la experiencia son otros menores an portadores de laidentidad marginal, as se dificulta la posibilidad de una rede-finicin adecuada a una identidad ms socialmente aceptable quees la que buscan las instituciones oficiales. De toda la evidenciapresentada anteriormente, el hermetismo del lenguaje institucionalque categoriza a los menores de acuerdo a parmetros cientficos(ya sea provenientes de la psicologa o la sociologa) y la densidadde la interaccin entre los menores comparada con la que tienencon los adultos, explican este efecto.

    En esta misma lnea puede descubrirse otro factor diferencial,el de la carencia de elementos rituales en el caso de los programasde minoridad, y la relevancia de estos en las Iglesias Pentecostales.Como vimos, en las iglesias existe una pluralidad de ritos, con unoculminante que es el bautismo en el espritu. En cambio, en losprogramas de minoridad no hay ritos que permitan construir unanueva identidad; si existen, paradjicamente, rituales espontneosgenerados por los propios menores que refuerzan la identidad dePibito Chorro (como se vio en el caso de los motines).

    De acuerdo a lo que hemos expuesto hasta aqu podramosformular algunas hiptesis sobre la diferencia de efectividad en latransformacin de identidades en juzgados e iglesias pentecostales.i) Los programas son menos efectivos ya que utilizan un grado decoercin mayor que las iglesias. ii) Los juzgados son menos

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    efectivos porque no han desarrollado mecanismos adecuados quelogren establecer lazos afectivos en relacin a los portadores de lanueva identidad. iii) Complementariamente con esta problemtica,los juzgados fallan en lo que Greil y Rudy denominan el procesode encapsulacin. En lugar de aislar el contacto con identidadescompetitivas con las que quieren instalar, los juzgados fortifican losvnculos con otros significantes portadores de esa identidad. iv)Aunque no hemos explorado esto en detalle, otra posibilidad esque los estilos cognitivos en los cuales se expresa la nuevaidentidad en los juzgados no este acorde a la de los menores.

    Notas

    1 Hay dos lneas diferenciadas dentro de las cuales se ha reconocido estoshechos. Por un lado, autores posmodernos han planteado la dilucin de lasidentidades afirmando que la pluralidad de perspectivas de la realidad y lavelocidad de las transformaciones sociales en la sociedad actual vacan de senti-do a la idea de identidad (Giddens, 1984; 1990 Lyotard, 1984). Otros autores,como Bourdieu (1990) o Larrain (1994), plantean la idea de que hay una fuerteincidencia de los condicionamientos sociales en la constitucin de la percepcinde la sociedad y de los prcticas; esto involucrara en la visin de estos autores aldesarrollo de las relaciones de poder.2 Uno de los problemas que ha suscitado esta definicin de la conversinreligiosa es el de su operacionalizacin. Es decir, cmo medir la transformacinde algo tan difcil de asir metodolgicamente como la percepcin de la realidad ydel yo dentro de esa realidad. En este campo se han intentado varias estrategiasdiferenciadas. Algunos autores han intentado resolver este problema propo-niendo que la conversin religiosa puede medirse por una transformacin deluniverso de discurso (Snow y Machaleck, 1983) afirmacin que luegorevisaron crticamente (Snow y Machaleck, 1984) ; otros que el cambio deidentidad implica un cambio consciente en el sentido de pertenencia (Heirich,1977: 674). Ninguna de estas soluciones parece definitiva, y la medicin rigurosade los cambios de identidad parece permanecer como un problema abierto.Personalmente, creo que la imposibilidad de obtener una definicin acertadaproviene de un punto de partida incorrecto por el cual se supone que latransformacin de la identidad puede medirse mediante algn dispositivometodolgico que otorgue una medida objetivade la transformacin. Sin embar-go, todo parece indicar que son los mtodos cualitativos con su capacidad dedescubrir los sentidos que los individuos otorgan a la realidad mediante unaobservacin intensiva de discurso y prcticas en distintos contextos y que se

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    expresa en lo que Geertz llam la inferencia clnica y la descripcin densa los que ms apropiadamente permitiran entender las transformaciones de laidentidad originados en la conversin religiosa.3 Los programas que posee el sistema de minoridad de la provincia de Buenos Airesson de variada ndole. Una forma de describirlos es sealando sus diferentes tamaosy propsitos. En este sentido puede decirse que en un extremo estn los PequeosHogares que son familias sustitutas que normalmente hospedan temporalmente achicos menores de 13 aos, que no tienen familia que pueda contenerlos y que nohan cometido delitos. En el otro extremo estn los macro-institutos, que son grandesinstituciones que llegan a alojar cientos de jvenes, tienen rgimen cerrado (losmenores no pueden salir) y estn destinados principalmente a jvenes mayores de14 o 15 aos que han cometido delitos. Entre estos dos extremos, hay una serie deprogramas alternativos. Dentro de estos estn las Casas de Contencin, que recibenen general jvenes de ms de 13 o 14 aos que si han cometido delitos de algunaclase. Las Casas de Contencin son reducidas en nmero (7 u 8 internos), y tienenun rgimen semi-abierto. Es decir, que los menores pueden salir a trabajar, estudiar yocasionalmente a visitar a familiares y amigos.4 Esto obviamente produce ciertas dificultades para la comparacin con lasIglesias Pentecostales ya que en estos casos siempre el ingreso es voluntario. Sinembargo, cabe destacar algunas cosas: en el caso de los programas de minoridad,aunque el ingreso es obligatorio esto no implica que no exista el deseo decambio por parte del menor (como sucede en el caso de quienes se acercan auna iglesia) lo cual facilita la comparacin ya que en alguna medida la pre-disposicin subjetiva de los menores seria la misma y depende de la institucin oprograma poder aprovechar esta disposicin. Por otro lado, la concurrencia a lasiglesias, si bien en principio es voluntaria, tambin hay frecuentemente elemen-tos de presin sobre los menores (familiares, institucionales, etc.) que acercan lasituacin a la de un menor internado en un programa de rehabilitacin por ordenjudicial. Finalmente, aunque el sistema judicial acta en principio de formacompulsiva, existe dentro de el mayor flexibilidad y respeto de la voluntad delmenor de lo que a primera vista se sospechara.5 En Argentina la expresin pibe se utiliza para designar a un chico o un nio, laexpresin chorro es el sinnimo popular de ladrn.6 En la argentina la expresin gil significa tonto, y no ser del palo implica en estecaso que no es ladrn, no forma parte del grupo con el que el menor se identifica.7 Durante el trabajo de campo pudimos recoger relatos muy parecidos, donde seempleaban estrategias similares para lograr el egreso de los mayores de edadencarcelados.

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