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<p>CAPTULO PRIMERO: "VIVENCIALISMO" Y "BSQUEDA" EN LA OBRA DE JOS MARA ARGUEDAS</p> <p>Gracia M Morales Ortiz Arguedas y Cortzar: dos bsquedas de una identidad latinoamericanaConclusiones</p> <p>Conclusiones</p> <p>Llega ya el momento de conectar los dos autores que hasta ahora hemos estado tratando por separado. En las pginas dedicadas a cada uno de ellos tratamos de establecer sus especificidades particulares, basadas fundamentalmente en su pertenencia a dos regiones culturales diferentes: la de la zona andina frente a la rioplatense. Ciertamente, estas diferencias existen, pero adems la crtica ha tendido a hacerlas an ms profundas, separando tajantemente una y otra obra como irreconciliables. Es significativo, por ejemplo, que, segn se ha podido ir viendo a lo largo del trabajo y en la bibliografa final, se da una marcada tendencia en los estudiosos a especializarse en uno de los dos movimientos que, segn Rama, representan estos autores: Arguedas como emblema de la literatura transculturada y Cortzar como modelo de la cosmopolita.</p> <p>Nosotros, en cambio, queremos ahora destacar los nexos de unin que encontramos en sus producciones. No se trata tanto de elaborar una teora en contra de la opinin de especialistas en este campo, sino de ofrecer una mirada que entronque ambas voces bajo una circunstancia comn: su latinoamericanismo. Con esta finalidad, vamos a establecer tres ncleos de anlisis centrales, que ya han sido tratados en el grueso del trabajo: la relacin literatura / vida; la relacin con la lengua y la tradicin y la idea de bsqueda como anhelo de futuro.</p> <p>La relacin literatura / vida.Sin reiterar por extenso ideas que han sido presentadas en pginas anteriores, deseamos ahora volver sobre una de las bases a partir de la cual se edifica tanto el discurso de Arguedas como el de Cortzar: la nocin de autenticidad. Ms all de la categora poco acertada de realismo, lo cierto es que ambos autores defendern, desde distintas vertientes, el carcter autntico de su prosa. Ahora bien, de qu se est hablando al utilizar esta denominacin? </p> <p>Segn creemos, dicho concepto se encuentra inmerso en una tendencia generada desde el horizonte romntico burgus: la del vitalismo potico. Juan Carlos Rodrguez ha aplicado este trmino a determinados movimientos literarios, como el modernismo o la vanguardia, descubriendo su enlace con la filosofa roussoniana y kantiana. En su estudio sobre la generacin del 27 afirma que esa problemtica vitalista se halla en la infraestructura ideolgica de la mayora de los escritores desde principios de siglo. Y aade:</p> <p>En todos ellos alienta clarsimamente la determinacin bsica de que su vida consiste en el hecho de escribir poesa y que su poesa consiste en el hecho de escribir su vida. O mejor: escribir como una manera cotidiana de vivir. </p> <p>No es el momento ahora de desarrollar un concepto tan complejo, pero s vamos a remitirnos a cmo Juan Carlos Rodrguez y lvaro Salvador lo aplican al caso de Jos Mart, por parecernos cercano a la forma en que se va a dar en Arguedas y en Cortzar. En opinin de estos autores, la actitud de este poeta cubano puede considerarse emblemtica de lo que se ha denominado voluntarismo potico: </p> <p>Por otra parte, si la tendencia purista supone separacin radical entre la poesa y la vida, la postura voluntarista supone todo lo contrario, o sea, una fusin completa de la poesa con la vida en un intento desesperado de suprimir la dicotoma kantiana, de tal modo que se subdivide en otras dos vertientes:</p> <p>a) o bien hacer la propia vida potica, convertir la propia vida en poesa, caso de Rimbaud, Baudelaire, Rubn Daro, etc.,</p> <p>b) o bien convertir a la poesa en vida, caso de Nietzsche, de Mart, etc. </p> <p>Dicho voluntarismo potico, convertir a la poesa en vida, es la fuente de una serie de nociones aplicadas a determinadas obras literarias, como las de autenticidad, espontaneidad, gratuidad, no-profesionalidad, etc Evidentemente, en el fondo de todos ellas late la definicin de poesa como el mbito ms profundo, ms lleno de alma o de sensibilidad, tambin proveniente de la ideologa burguesa generada desde el siglo XVIII. Es ms, se le configura como un mbito necesario para quien se expresa desde l. </p> <p>Tanto en Arguedas como Cortzar, todo este tipo de nociones est presente de una forma explcita, que ambos han defendido en entrevistas y artculos. Si nos centramos en el peruano, ya vimos cmo su prctica literaria iba unida a un afn testimonial y verdico, que se propona reflejar fielmente las circunstancias del Per y de la menospreciada cultura quechua. Para ello, defenda el componente autobiogrfico de sus narraciones, as como su huida de los recursos meramente esteticistas o vanguardistas, a la bsqueda de un verdadero lenguaje transculturado y transculturador. </p> <p>Yo tena una conviccin absolutamente instintiva de que el poder del Per estaba no solamente entre la gente de las grandes ciudades, sino que sobre todo estaba en el campo y estaba en las comunidades donde hay, por lo menos en las comunidades que mejor conozco, una regla de conducta, que si se impusiera entre todos nosotros, pues haramos una carretera de aqu hasta Nueva York tambin en veintiocho das: que no haya rabia, esa es la regla: que no haya rabia. En estos relatos [los del Lpez Albjar y Ventura Garca Caldern] estaba tan desfigurado el indio y tan meloso y tonto el paisaje o tan extrao que dije: No, yo lo tengo que escribir tal cual es, porque yo lo he gozado, yo lo he sufrido, y escrib esos primeros relatos que se publicaron en el pequeo libro que se llama Agua.</p> <p>Segn explicamos, las definiciones que l mismo aplica a su discurso, estaban destinadas a plantear su obra como resultado de su experiencia personal, de su intuicin y su imaginacin, pero no de su preparacin intelectual. Se incentivaba as el mito del creador iluminado, visionario, dotado de una capacidad innata e interna, que se alimentara nica y exclusivamente de la propia vida: se quiebra as la distancia sujeto / objeto; la literatura pasa a ser plasmacin de lo autntico, ntimo, verdadero, etc... Continuamos entonces inmersos en el marco ideolgico desde el cual la burguesa desarrolla la nocin de Literatura: </p> <p>De nuevo tenemos aqu un desdoblamiento de esa idea central acerca de la identidad entre literatura e intimidad del sujeto: pues lo ms ntimo de ste radicar (segn las bases de tal horizonte ideolgico burgus) precisamente en aquellas regiones ms oscuras, en las capas ltimas y ms espontneas de lo humano, las ms alejadas del exterior y del control de la razn, etc., o sea, lo que toda esta ideologa clsica llama las capas sensibles del sujeto, el nivel de su sensibilidad, etc., bien se exprese sta a borbotones (como queran los romnticos), bien se exprese a travs de su encuadramiento en unas formas asimismo sensibles (como han propuesto todos los fenomenlogos desde principios de siglo). </p> <p>Otra temtica claramente conectada con ese horizonte que estamos delimitando es la de la naturaleza. Segn sabemos, la visin ensalzadora de lo natural, como el espacio ms puro y ms lleno de alma, se sustenta sobre las teoras roussonianas y supone un eje fundamental para la ideologa burguesa durante el siglo XVIII. De nuevo Arguedas encaja perfectamente en el marco creado por este tipo de matriz ideolgica: la naturaleza considerada la representacin de lo inocente y ajeno a la artificialidad de la sociedad contempornea, idea que se encuentra adems conectada con la definicin de lo primitivo. Y aqu nos interesa repasar de nuevo un aspecto varias veces reiterado con respecto a Arguedas: su enlace con el pensamiento mgico-mtico de la cultura quechua. Si su vinculacin con dicho espacio es real por las condiciones de su infancia, tambin es cierto que para trasladar ese mundo a los cdigos modernos (idioma espaol, escrito) se asentar en los parmetros ideolgicos del romanticismo. De este modo, no slo ocurre que el lector occidental (a quien va dirigida realmente casi toda su produccin) enmarque en ellos, inevitablemente, la produccin arguediana, sino que el autor mismo los aplica a la lectura que hace de su obra. Reconocemos ese enlace con las nociones romnticas en su recopilacin de composiciones orales populares y colectivas, sosteniendo que es mediante esa voz inmemorial y annima como mejor se expresa el pueblo quechua. Esta misma actitud se haba dado en Europa durante el romanticismo, donde se produce un consciente inters por lo que a partir de entonces va a denominarse lo folklrico y lo popular. En palabras de ngela Olalla, </p> <p>[] el folklore (Volkskunde) es algo que el romanticismo inventa como objeto terico y a travs del cual elabora la historia de la humanidad, puesto que sus hombres, como fillogos, vuelven a escribir los textos annimos reconstruyndolos, convirtiendo lo desconocido en el discurso de un sujeto.</p> <p>Pasemos ahora a considerar la actitud de Cortzar. En l tambin es evidente la intencin de dar un carcter autntico a su literatura, postulando as la anulacin de la dicotoma vida / literatura. Recordemos en este sentido las afirmaciones de Claudia Laudanno:</p> <p>Este corpus vital es asumido por Cortzar como estrategia procesual. Existe una conexin vital, de plexos, de circulacin sangunea, que reintegra lo artificial de la escritura a la naturaleza humana, creando un conjunto orgnico que se implanta en la inmediatez de personajes que viven y narran al mismo tiempo. En este sentido, la mxima o se narra, o se vive, parece no existir para Cortzar.</p> <p>Se vive y se narra recprocamente, discurriendo con la vida por ese horizonte fluyente y constante que es el mundo de lo vivido, no slo de lo percibido. Todo se humaniza, en una visin artstico-literaria conciliadora.</p> <p>Dos ideas de las desarrolladas engarzan perfectamente con esta temtica a la que nos estamos refiriendo ahora: por una parte, su intento de vivificar los relatos, es decir, de darles una existencia plena e independiente de l como autor; y, por otra, el deseo de dejar su discurso inconcluso, ambiguo, lleno de silencios y grietas, para que el lector tenga que implicarse en l, interrogarse y dejarse afectar, para que, finalmente, vea modificada su existencia. Es decir, influir en la vida del receptor a partir de la premisa de crear vida en sus narraciones.</p> <p>Por otra parte, tambin qued claro que, en la obra cortazariana, la dicotoma fantasa / realidad era superada mediante una apertura en la mirada que trata de descubrir zonas que quedan en la oscuridad para el pensamiento racional, pero no para la intuicin. De nuevo nos estamos moviendo en un marco terico claramente establecido por el romanticismo: el arte como revelador de una verdad ms interna del hombre, ms trascendental. Adems, y conectada con esta idea que estamos desarrollando, tambin es necesario recordar cmo, segn l describe su proceso de gestacin de relatos, el escritor sera definido como un iluminado, como posedo y no poseedor del objeto literario. Es precisamente el hecho de que estos cuentos sean fantsticos, es decir, marginales, extraos, excntricos, lo que les otorga su caracterstica de necesarios el narrador no elige crearlos, comportndose slo como un instrumento mediador y visionarios. </p> <p>Si Arguedas, segn hemos apuntado, apelaba en esta bsqueda de autenticidad a su experiencia propia y a recoger el testimonio oral, natural, intuitivo, etc., de la mentalidad primitiva quechua, para Cortzar las fuentes de ese mismo anhelo ser otras: lo inconsciente, lo onrico, lo arquetpico. Tambin Cortzar quiere llenar su literatura de vida, pero de una no-emprica, no-racional, no-normativa. En el fondo, todos estos rumbos ya fueron establecidos desde el horizonte burgus, sustentando un movimiento tan importante como fue el surrealismo.</p> <p>No obstante, hemos de recordar que la mayora de estos conceptos, generados desde la matriz ideolgica burguesa, fueron aplicados fundamentalmente al gnero potico, ms que al narrativo o dramtico. Por eso, vuelve a parecernos significativo cmo Arguedas y Cortzar coinciden en sealar el carcter lrico de su obra cuentstica, enlazando cuento y poesa tanto por el estado inconsciente en que surgen como por su funcionamiento interno (brevedad, intensidad, profundidad, etc.).</p> <p>Ahora bien, llega el momento de dar un paso ms en nuestras reflexiones. Despus de haber visto cmo la nocin de lo literario que estos dos autores plantean es perfectamente enmarcable en las categoras configuradas desde el horizonte romntico burgus, hemos de considerar cul es su funcionamiento al aplicarlas a la realidad latinoamericana. Porque sta ser una circunstancia que se repetir continuamente a lo largo de su historia: el hecho de que se implanten all, ms o menos conscientemente, estructuras del pensamiento europeo que luego no encajan adecuadamente en el mbito de aquellas literaturas. Por ejemplo, nos parecen muy elocuentes las palabras de Jean Franco al analizar la repercusin del romanticismo sobre Amrica Latina, durante el siglo XIX:</p> <p>Pero proponerse ser original era ms fcil que conseguirlo. La bsqueda de un nueva cultura nacional enfrentaba inevitablemente al escritor romntico con las contradicciones de su situacin en un pas subdesarrollado en el cual la originalidad se hermanaba con el atraso. Ser moderno significaba rechazar al hombre natural, tratar de dominar la naturaleza. Y modernidad en el sentido europeo de la palabra slo poda producir un desastroso estado de neocolonialismo. Tampoco poda saber el escritor romntico cundo la libertad que cantaba conducira al caos. El romanticismo, que en Europa responda a un proceso de industrializacin, en Latinoamrica subrayaba irnicamente el subdesarrollo.</p> <p>Desde la fecha a que se refiere esta cita hasta los autores que estamos tratando ahora ha pasado ms de un siglo, pero sin embargo la mayor parte de los problemas que esos intelectuales afrontaban todava no se han resuelto. Se sigue trasladando a aquel subcontinente un inconsciente ideolgico generado en Europa, en unas condiciones socioeconmicas muy diferentes a las que se dan en Amrica Latina; y ese desajuste es vivido muy intensa y contradictoriamente por los intelectuales de esos pases. Por ejemplo, es significativo el hecho de que tanto Arguedas como Cortzar sean conscientes de estar dirigindose a un pblico muy reducido. Frente a los pases europeos, donde existe una clase media muy numerosa, en Latinoamrica sta es muy reducida en comparacin con las masas de ciudadanos en condiciones miserables, a los cuales nunca llegar su escritura: analfabetismo, pobreza, carencia de una vivienda y un trabajo dignos Sobre esa sensacin de vaco lector en Amrica, afirm el argentino en una ocasin: </p> <p>Estadstica e histricamente hablando, poseemos una cantidad considerable de escritores, pero en cambio carecemos de una proporcin de lectores capaz de dar un sentido cultural ms positivo a nuestra produccin literaria. Es fcil engaarse pensando en las grandes tiradas de nuestros escritores ms clebres, y en el brillo cultural de las metrpolis latinoamericanas; incluso es frecuente que muchos d...</p>