concilio de trento - emym. ?· inminentes peligros de la república cristiana, de los concilios...

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    CONCILIO DE TRENTO NDICE INICIO DEL CONCILIO DE TRENTO BULA CONVOCATORIA ABERTURA DEL CONCILIO DE TRENTO DECRETO SOBRE EL ARREGLO DE VIDA, Y OTRAS COSAS QUE DEBEN OBSERVARSE EL SMBOLO DE LA FE LAS SAGRADAS ESCRITURAS EL PECADO ORIGINAL LA JUSTIFICACIN LOS SACRAMENTOS TRANSFERENCIA DEL CONCILIO EL SACRAMENTO DE LA EUCARSTIA CNONES DEL SACROSANTO SACRAMENTO DE LA EUCARISTA DECRETO SOBRE LA REFORMA LOS SACRAMENTOS DE LA PENITENCIA Y DE LA EXTREMAUNCIN TRANSFERENCIA DEL CONCILIO LA COMUNIN SACRAMENTAL EL SACRIFICIO EUCARSTICO DECRETO SOBRE LA PRETENSIN DE QUE SE CONCEDA EL CLIZ EL SACRAMENTO DEL ORDEN EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO OBISPOS Y CARDENALES EL PURGATORIO RELIQUIAS E IMAGENES LOS RELIGIOSOS Y LAS MONJAS LAS INDULGENCIAS, LA MORTIFICACIN, EL NDICE Y LOS EMBAJADORES FINALIZACIN DEL SACROSANTO Y ECUMNICO CONCILIO DE TRENTO ACLAMACIONES DE LOS PADRES AL FINALIZAR EL CONCILIO CONFIRMACIN DEL CONCILIO APENDICE I APENDICE II APENDICE III APENDICE IV

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    INICIO DEL CONCILIO DE TRENTO Concil. Trident. Sess. XXV in Acclam. AL EXCELENTISIMO E ILUSTRISIMO SEOR DON FRANCISCO ANTONIO LORENZANA, ARZOBISPO DE TOLEDO, PRIMADO DE ESPAA, ETC. EXCMO. SEOR. La santidad, y certidumbre de las materias que defini el sacrosanto Concilio de Trento, no dan lugar a que busque patrocinio, pues no lo necesitan. Pero s es debido que esta traduccin se publique autorizada con el nombre del Arzobispo de Toledo, Primado de Espaa, para que se aseguren los fieles de que esta es la doctrina Catlica, este el pasto saludable, y este el tesoro que comunic Jesucristo a sus Apstoles, y ha llegado intacto a manos de V. E. que lo entregar a otros, para que lo conserven en su pureza hasta la consumacin de los siglos. Las virtudes Pastorales de V. E. y su anhelo por mantener, y propagar la buena doctrina, me dan confianza de que recibir la traduccin de este santo Concilio con el gusto que practica sus decretos, y cuida de que los observen sus ovejas. Excmo. e Illmo. Seor, A. L. P. de V. E. D. Ignacio Lpez de Ayala

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    BULA CONVOCATORIA BULA CONVOCATORIA DEL CONCILIO DE TRENTO, EN EL PONTIFICADO DE PAULO III Paulo Obispo, siervo de los siervos de Dios: para perpetua memoria. Considerando ya desde los principios de este nuestro Pontificado, que no por mrito alguno de nuestra parte, sino por su gran bondad nos confi la providencia de Dios omnipotente; en qu tiempos tan revueltos, y en qu circunstancias tan apretadas de casi todos los negocios, se haba elegido nuestra solicitud y vigilancia Pastoral; desebamos por cierto aplicar remedio a los males que tanto tiempo hace han afligido, y casi oprimido la repblica cristiana: mas Nos, poseidos tambin, como hombres, de nuestra propia debilidad, comprendamos que eran insuficientes nuestras fuerzas para sostener tan grave peso. Pues como entendisemos que se necesitaba de paz, para libertar y conservar la repblica de tantos peligros como la amenazaban, hallamos por el contrario, que todo estaba lleno de odios y disensiones, y en especial, opuestos entre s aquellos Prncipes a quienes Dios ha encomendado casi todo el gobierno de las cosas. Porque teniendo por necesario que fuese uno solo el redil, y uno solo el pastor de la grey del Seor, para mantener la unidad de la religin cristiana, y para confirmar entre los hombres la esperanza de los bienes celestiales; se hallaba casi rota y despedazada la unidad del nombre cristiano con cismas, disensiones y herejas. Y deseando Nos tambin que estuviese prevenida, y asegurada la repblica contra las armas y asechanzas de los infieles; por los yerros y culpas de todos nosotros, ya al descargar la ira divina sobre nuestros pecados, se perdi la isla de Rodas, fue devastada la Ungra, y concebida y proyectada la guerra por mar y tierra contra la Italia, contra la Austria y contra la Esclavonia: porque no sosegando en tiempo alguno nuestro impo y feroz enemigo el Turco; juzgaba que los odios y disensiones que fomentaban los cristianos entre s, era la ocasin ms oportuna para ejecutar felizmente sus designios. Siendo pues llamados, como decamos, en medio de tantas turbulencias de herejas, disensiones y guerras, y de tormentas tan revueltas como se han revuelto, para regir y gobernar la navecilla de san Pedro; y desconfiando de nuestras propias fuerzas, volvimos ante todas cosas nuestros pensamientos a Dios, para que l mismo nos vigorase y armase nuestro nimo de fortaleza y constancia, y nuestro entendimiento del don de consejo y sabidura. Despus de esto, considerando que nuestros antepasados, que tanto se distinguieron por su admirable sabidura y santidad, se valieron muchas veces en los ms inminentes peligros de la repblica cristiana, de los concilios ecumnicos, y de las juntas generales de los Obispos, como del mejor y ms oportuno remedio; tomamos tambin la resolucin de celebrar un concilio general: y averiguados los pareceres de los Prncipes, cuyo consentimiento en particular nos pareca til y conducente para celebrarlo; hallndolos entonces inclinados a tan santa obra, indicamos el concilio ecumnico y general de aquellos Obispos, y la junta de otros Padres a quienes tocase concurrir, para la ciudad de Mantua, en el ao de la Encarnacin del Seor 1537, tercero de nuestro Pontificado, como consta en nuestras letras y monumentos, asignando su abertura para el da 23 de mayo, con esperanzas casi ciertas de que cuando estuvisemos all congregados en nombre del Seor, asistira su Majestad en medio de nosotros, como prometi, y disipara fcilmente por su bondad y misericordia todas las tempestades de estos tiempos, y todos los peligros con el aliento de su boca. Pero como siempre arma lazos el enemigo del humano linaje contra todas las obras piadosas; se nos deneg primeramente contra toda nuestra esperanza y expectacin, la ciudad de Mantua, a no admitir algunas condiciones muy ajenas de la conducta de nuestros mayores, de las circunstancias del tiempo, de nuestra dignidad y libertad, de la de esta santa Sede, y del nombre y honor

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    eclesistico; las que hemos expresado en otras letras Apostlicas. Nos vimos en consecuencia necesitados a buscar otro lugar, y sealar otra ciudad, que no ocurrindonos por el pronto oportuna ni proporcionada, nos hallamos en la precisin de prorrogar la celebracin del concilio hasta el primer da de noviembre. Entre tanto nuestro cruel y perpetuo enemigo el Turco invadi la Italia con una grande y numerosa escuadra; tom, destruy y saque algunos lugares en las costas de la Pulla, y se llev cautivas muchas personas. Nos estuvimos ocupados, en medio del grande temor y peligro de todos, en fortificar nuestras costas, y ayudar con nuestros socorros a los comarcanos, sin dejar no obstante de aconsejar entre tanto, ni de exhortar los Prncipes cristianos a que nos manifestasen sus dictmenes acerca del lugar que tuviesen por oportuno para celebrar el concilio. Mas siendo varios y dudosos sus pareceres, y creyendo Nos que se dilataba el tiempo mas de lo que pedan las circunstancias; con muy buen deseo, y a nuestro parecer tambin con muy prudente resolucin, elegimos a Vincencia, ciudad abundante, y que adems de tener la entrada franca, gozaba de una situacin enteramente libre y segura para todos, mediante la probidad, crdito y poder de los Venecianos, que nos la concedan. Pero habindose adelantado el tiempo mucho, y siendo necesario avisar a todos la eleccin de la nueva ciudad; y no siendo posible por la proximidad del primer da de noviembre, que se divulgase la noticia de la que se haba asignado, y estando tambin cerca el invierno; nos vimos otra vez necesitados a diferir con nueva prrroga el tiempo del concilio hasta la primavera prxima, y da primero del siguiente mes de mayo. Tomada y resuelta firmemente esta determinacin, habindonos preparado, as como todas las dems cosas, para tener y celebrar exactamente con el auxilio de Dios el concilio; creyendo que era muy conducente, as para su celebracin, como para toda la cristiandad, que los Prncipes cristianos tuviesen entre s paz y concordia; insistimos en rogar y suplicar a nuestros carsimos hijos en Cristo, Carlos emperador de Romanos siempre Augusto y Francisco rey cristiansimo, ambos columnas y apoyos principales del nombre cristiano, que concurriesen a un coloquio entre s, y con Nos: en efecto con ambos habamos procurado muchsimas veces por medio de cartas, Nuncios y Legados nuestros a latere, escogidos entre nuestros venerables hermanos los Cardenales, que se dignasen pasar de las enemistades y discordias que tenan a una piadosa alianza y amistad, y prestasen su auxilio a los negocios de la cristiandad que se arruinaban; pues teniendo ellos el poder principal concedido por Dios para conservalos, tendran que dar rgida y severa cuenta al mismo Dios, si no lo hiciesen as, ni dirigiesen sus designios al bien comn de la cristiandad. Por fin movidos los dos de nuestras splicas, concurrieron a Niza, adonde Nos tambin emprendimos un viaje largo y muy penoso en nuestra anciana edad, llevados de la causa de Dios y del restablecimiento de la paz: sin que entre tanto omitisemos, pues se acercaba el tiempo sealado para principiar el concilio, es a saber, el primer da de mayo, enviar a Vincencia Legados a latere de suma virtud y autoridad, del nmero de los mismos hermanos nuestros los cardenales de la santa Iglesia Romana, para que hiciesen la abertura del concilio, recibiesen los Prelados que vendran de todas partes, y ejecutasen y tratasen las cosas que tuviesen por necesarias, hasta que volviendo Nos del viaje y conferencias de la paz, pudisemos arreglarlo todo con la mayor exactitud. En el tiempo intermedio nos dedicamos a aquella santa, y en extremo necesaria obra, es a saber, a tratar de la paz entre los Prncipes; lo que por cierto hicimos con sumo cuidado, y con toda caridad y esmero de nuestra parte. Testigo nos es Dios, en cuya clemencia confibamos, cuando