colette - gigi

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G G i i g g i i y El niño enfermo La señora del fotógrafo Flora y Pomone C C o o l l e e t t t t e e

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Colette - Gigi

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  • GGiiggii

    yy

    EEll nniioo eennffeerrmmoo

    LLaa sseeoorraa ddeell ffoottggrraaffoo

    FFlloorraa yy PPoommoonnee

    CC oo ll ee tt tt ee

  • T o m a d o d e

    Ttulo original: L'ingenue libertine

    Traduccin de

    E. Pias

    PRIMERA EDICION Setiembre, 1963

    SEGUNDA EDICIN Junio, 1935

    1965, Plaza & Jans, S. A . , Editores, Barcelona

    Printed in Spain - Impreso en Espaa Depsito Legal. B. 17533-1965

    N. de Registro 2155-63

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    lectura la debemos a los autores de los libros.

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  • Colette Gigi

    6

    GIGI

  • Colette Gigi

    7

    NO OLVIDES que vas a casa de ta Alicia. Me oyes, Gilberte? Ven; te har los

    rizos.

    Abuela, no crees que poda ir sin papillotes?

    No lo creo repuso con moderacin madame lvarez.

    Pos, encima de la llamita azul de un hornillo de alcohol, las viejas

    tenacillas cuyos brazos terminaban en dos pequeos hemisferios de metal

    macizo, y prepar los papeles de seda.

    Abuela, y si, para cambiar, me hicieras una onda a un lado?

    Ni hablar. La mxima excentricidad permitida a una muchacha de tus

    aos, es llevar unos rizos en las puntas de los cabellos. Sintate en la banqueta.

    Al sentarse, Gilberte dobl sus piernas zancudas de quince aos. Su falda

    escocesa descubri unas medias de hilo acanalado hasta ms arriba de las

    rodillas, cuya rtula ovalada era, sin que ella lo sospechara, una pura

    perfeccin. Poca pantorrilla, el empeine del pie alto, tales encantos hacan

    lamentar a madame lvarez que su nietecita no hubiera estudiado danza. Asi

    con las tenacillas calientes los mechones de color rubio ceniza, torcidos y

    aprisionados en papel fino. Con paciencia y habilidad, sus manos gordezuelas

    reunan en gruesos bucles sueltos y elsticos el magnfico espesor de una

    cuidada cabellera, que no rebasaba mucho los hombros de Gilberte. El olor

    vagamente avainillado del papel fino y el calor de las tenacillas adormilaban a

    la muchacha inmvil Adems, Gilberte, saba de sobra que toda resistencia sera

    vana. Casi nunca pretenda huir de la autoridad familiar.

    Lo que mam canta hoy, es Frasquita?

    S. Y esta noche, Si j'tais Roi. Te he dicho mil veces que cuando ests

    sentada en un asiento bajo, has de juntar las rodillas y doblarlas a la vez, sea a

    derecha, sea a izquierda, para evitar una indecencia.

    Abuela, si llevo pantaln y enaguas...

    El pantaln es una cosa; la decencia, otra dijo madame lvarez.

    Todo depende de la actitud.

    Ya lo s; ta Alicia me lo ha repetido muchas veces murmur Gilberte.

  • Colette Gigi

    8

    No necesito a mi hermana dijo agriamente madame lvarez para

    inculcarte los principios de las conveniencias elementales. De eso, a Dios

    gracias, s un poco ms que ella.

    Abuela, si me quedase aqu, ira a ver a ta Alicia el domingo prximo?

    Vaya! dijo madame lvarez altivamente. No tienes ninguna otra

    sugerencia que hacerme?

    S dijo Gilberte. Que me hagan las faldas un poco ms largas para

    que, en cuanto me siente, no tenga que estar todo el rato doblada como una "Z".

    Hazte cargo, abuela; siempre tengo que estar pensando en "lo-que-yo-me-s",

    con estas faldas tan cortas.

    Silencio! No te da vergenza llamar a eso "lo que-yo-me-s"?

    Pues estara encantada de darle otro nombre, pero...

    Madame lvarez apag el hornillo. Su pesada silueta espaola se reflej en

    el espacio de la chimenea.

    No hay otro decidi.

    De entre la maraa de rizos rubio ceniza surgi una mirada incrdula, de

    un hermoso azul oscuro de pizarra mojada, y Gilberte se despleg de un brinco:

    Pero, abuela, de todas maneras me podran hacer las faldas un palmo

    ms largas. O se les podra aadir un volantito.

    Lo que iba a entusiasmar a tu madre! Tener una hija que aparentara por

    lo menos dieciocho aos! Con su carrera! Vamos, querida, razona un poco!

    Oh, si ya razono! dijo Gilberte. Pero si casi nunca salgo con mam,

    qu importancia podra tener eso?

    Se arregl la falda, que le sobresala ms arriba de su delgado estmago, y

    pregunt:

    Me pongo el abrigo de todos los das? Est bastante bien.

    Cmo demostrar, entonces, que es domingo? Ponte el abrigo liso y tu

    canotier azul marino. Cundo aprenders lo que es correcto?

    Gilberte, en pie, era casi tan alta como su abuela. Sugestionada por el

    apellido espaol que usaba apellido de un amante difunto, madame

    lvarez haba adquirido ciertas caractersticas que ella juzgaba adecuadas:

    palidez mantecosa, obesidad y cabellos relucientes de brillantina. Utilizaba

    unos polvos demasiado blancos, el peso de las mejillas le tiraba un poco el

    prpado inferior, y acab por adoptar el nombre de Ins. A su alrededor

    gravitaba ordenadamente su familia irregular. Andre, su hija soltera,

    abandonada por el padre de Gilberte, prefera ahora a una prosperidad

    caprichosa, la juiciosa vida de las segundas cantantes, en un teatro

    subvencionado. En cuanto a Alicia nunca se haba odo decir que alguien le

    hubiera hablado de matrimonio viva sola, con unas rentas que ella deca

    modestas, y la familia respetaba la opinin de Alicia, as como sus joyas.

    Madame lvarez mir a su nietecita, desde el canotier de fieltro adornado

    con una pluma "cuchillo", hasta los zapatos de confeccin.

    No puedes juntar las piernas? Cuando te pones as, el Sena podra pasar

  • Colette Gigi

    9

    entre las dos. No tienes ni pizca de vientre, pero encuentras manera de sacar

    barriga... Y ponte los guantes, por favor!

    La indiferencia de las nias castas rega an todas las actitudes de Gilberte.

    Tena el aire de un arquero, de un ngel rgido, de un mozuelo con faldas; mas

    raramente el aire de una jovencita.

    "Ponerte vestidos largos a ti, que no tienes el sentido comn de un cro de

    ocho aos?", deca madame lvarez.

    "Gilberte me desalienta", suspiraba Andre.

    "Si no te desalentases por m, te desalentaras por otra cosa", responda

    apaciblemente Gilberte.

    Era dcil, y se contentaba con una vida casera, casi exclusivamente familiar.

    En lo que se refera a su cara, nadie poda predecir nada. Tena una boca

    grande, que la risa ampliaba, dientes de un blanco macizo y flamante, la

    barbilla corta, y, entre los altos pmulos, una nariz que...

    "Dios mo! De dnde habr sacado esa naricita?", suspiraba su madre.

    "Hija ma, si t no lo sabes, quin lo va a saber?", replicaba madame

    lvarez.

    A lo que Andre, mojigata demasiado tarde, cansada demasiado pronto,

    guardaba silencio y se palpaba maquinalmente sus amgdalas sensibles.

    "Gigi aseguraba ta Alicia es un lote de materias primas. Puede quedar

    bien, pero puede resultar muy mal."

    Abuela, llaman; abrir al salir... Abuela! grit Gigi desde el pasillo.

    Es tito Gaston!

    Regres acompaada de un hombre joven muy alto al que coga del brazo;

    hablaba con un aire de ceremonia y puerilidad, como las colegialas en el recreo.

    Qu pena tito, dejarle tan pronto! La abuela quiere que vaya a ver a ta

    Alicia. Qu coche ha trado usted hoy? Su nuevo Dion-Bouton-cuatro-asientos-

    descapotable? Segn parece, se puede conducir con una mano, eh? Tito, es

    verdad que se ha enfadado con Liane?

    Gilberte! Te importa eso? la ri madame lvarez.

    Abuela, si todo el mundo lo sabe! Se ha publicado en el "Gil Blas".

    Empezaba diciendo: "Una secreta amargura se desliza en el producto azucarado

    de la remolacha..." En el colegio, todas mis amigas me preguntan, porque saben

    que conocemos a to Gaston. Y, sabe, tito?, mis compaeras no le dan la razn

    a Liane. Dicen que vaya papelito el suyo!

    Gilberte! repiti madame lvarez. Despdete de monsieur

    Lachaille, y desaparece!

    Djela suspir Gaston Lachaille. Ella no tiene malicia, por lo menos.

    Y es perfectamente cierto que todo ha terminado entre Liane y yo. Vas a casa

    de ta Alicia, Gigi? Pues coge mi coche.

    Gilberte prorrumpi en gritos, dio un brinco de alegra y bes a Lachaille:

    Gracias, tito! Anda, la cara que pondr ta Alicia! La jeta de la portera!

    Se fue haciendo el mismo ruido que un potrillo sin herrar.

  • Colette Gigi

    10

    La mima demasiado, Gaston dijo madame lvarez.

    Esta afirmacin no era exacta. Gaston Lachaille no era capaz de "mimar" a

    nadie... salvo a s mismo. Viva con lujo: sus automviles, su triste hotelito en el

    parque Monceau, los "meses" de Liane y sus joyas de cumpleaos, el champaa

    y el baccarat en Deauville en verano, en Montecarlo en invierno. De tiempo en

    tiempo, dejaba caer en una suscripcin un gran donativo en especies, compraba

    un yate, que revenda despus a un monarca de la Europa central, actuaba de

    comanditario de un nuevo peridico, pero no por ello estaba ms alegre. Al

    contemplarse en el espejo, hubiera podido decir: "He ah la cara de un hombre

    estafado". Como tena la nariz un poco larga y grandes ojos negros, el comn de

    los mortales lo crea un explotador. Su instinto comercial y su desconfianza de

    hombre rico le guardaban bien. Nadie haba conseguido robarle su botonadura

    de perlas, sus pitilleras de metales preciosos tachonados de pedreras, ni su

    gruesa pelliza forrada de oscuras cebellinas.

    Por la ventana, contempl cmo arrancaba su coche. Ese ao, los coches de

    moda eran altos y ligeramente ensanchados a causa de los sombreros

    desmesurados que imponan Carolina Otero, Liane de Pougy y otras personas

    notorias en 1899. As, pues, los coches cabeceaban blandamente en las curvas.

    Mamita dijo Gaston Lachaille no me hara una taza de manzanilla?

    No una; dos dijo madame lvarez. Sintese, mi pobre Gaston.

    Retir de una butaca desfondada unas revistas ilustradas, unas medias

    cuyos puntos tenan que cogerse y una caja de regaliz. El "hombre estafado" se

    desliz, encantado, en la butaca, mientras la anfitriona dispona la bandeja y las

    dos tazas.

    Por qu ser que la manzanilla que me hacen en casa huele siempre a

    crisantemo marchito? suspir Gaston.

    Cuestin de cuidado. Puede creerme, Gaston; muchas veces cojo la mejor

    manzanilla en el mismo Pars, en solares sin edificar una manzanilla chiquita,

    de no muy buen aspecto. Sin embargo, tiene un gusto exquisito. Santo Dios, qu

    tela tan hermosa la de su traje! Esas rayas difuminadas, son de lo ms

    distinguido. Es de la clase de telas que le gustaban a su difunto padre. Pero he

    de decir que las llevaba con menos chic que usted.

    Madame lvarez slo evocaba una vez por conversacin la memoria de

    Lachaille padre, al que aseguraba haber conocido mucho. De sus viejas

    relaciones, verdaderas o falsas, no sacaba mayor beneficio que la familiaridad

    de Gaston Lachaille y el placer del pobre que saborea la compaa del opulento.

    Bajo su techo empaado por el gas, aquellas tres criaturas femeninas no le

    pedan a Gaston collares de perlas, ni solitarios, ni chinchillas, y saban hablar

    con decencia y consideracin de lo que era escandaloso, venerable e inaccesible.

    Gigi, desde los doce aos, saba que el grueso collar de perlas negras de

    madame Otero era tremp, es decir, teido artificialmente, pero que su collar de

    tres sartas escalonadas vala un "imperio"; que las siete sartas de madame de

    Pougy carecan de vida; que el famoso bolero de diamante de Eugnie Fougre

  • Colette Gigi

    11

    era menos que nada, y que una mujer que se respeta no se pasea, como madame

    Antokolski, en un cup tapizado de satn malva. Rompi dcilmente con su

    camarada de curso, Lydie Poret, cuando sta le mostr un solitario montado en

    sortija, ddiva del barn phram.

    Un solitario! haba exclamado madame lvarez. Una chica de

    quince aos! Creo que su madre est loca.

    Pero, abuela la haba defendido Gigi; no es culpa de Lydie si el barn

    se lo ha regalado.

    Silencio! No censuro al barn. El barn sabe lo que debe hacer. Pero el

    sentido comn ms simple exiga que la madre de Lydie Poret pusiera la sortija

    en un cofre del Banco, esperando.

    Esperando qu, abuela?

    Los acontecimientos.

    Y por qu no en su joyero?

    Porque nunca se sabe. El barn es un hombre de los que cambian. Pero si

    se ha declarado bien, madame Poret no tiene ms que retirar a su hija del curso.

    Hasta que todo eso se haya puesto en limpio, me hars el favor de no pasear en

    compaa de Lydie Poret. A quin se le ocurre!

    Pero, y si se casa, abuela?

    Casarse? Casarse con quin?

    Con el barn!

    Madame lvarez y su hija haban cruzado una mirada de estupor.

    Esta nia me desalienta murmur Andre. Ha cado de otro

    planeta?

    Entonces, mi pobre Gaston dijo madame lvarez, esa desavenencia

    es cierta? Quiz sea mejor para usted. Pero comprendo perfectamente que est

    contrariado. Me gustara saber de quin se puede uno fiar.

    El "pobre Gaston" la escuchaba bebiendo su manzanilla ardiente. Hallaba

    en ella tanto consuelo como al contemplar el rosetn ahumado de la lmpara

    "adaptada a la electricidad", pero fiel a su amplia falda verde nilo. El contenido

    de una cesta de labor se derramaba a medias en la mesa, donde Gilberte haba

    olvidado sus cuadernos. Encima del piano vertical haba una ampliacin

    fotogrfica de Gilberte, a la edad de ocho meses, que haca juego con un retrato

    al leo de Andre, vestida para participar en una representacin de Si j'tais Roi.

    Un ambiente tan casero, forzosamente tena que resultar sedante para los

    nervios de un acosado millonario.

    Est usted muy triste, mi pobre Gaston?

    Para ser exactos, ms que triste, estoy un poco trastornado.

    No quisiera parecer muy curiosa... dijo madame lvarez. Pero,

    cmo sucedi? He ledo lo que publican los peridicos, desde luego. Pero

    cualquiera cree lo que dicen...

    Lachaille se llev la mano al bigotito engomado, y luego pas los dedos por

    su pelo recio y corto.

  • Colette Gigi

    12

    Oh, igual que en otras ocasiones...! Esper a que le hiciera el regalo de

    cumpleaos, y sali a escape. Y no se le ocurri nada mejor que irse a una

    msera posada de Normanda, la muy estpida! El ms tonto hubiera

    descubierto que slo haba dos habitaciones en aquel cuchitril; una ocupada por

    Liane, y la otra por un tal Sandomir, profesor de patinaje del "Palais de Glace".

    Las mujeres de hoy sentenci madame lvarez no saben

    comportarse. Y precisamente despus de su cumpleaos! Qu falta de tacto!

    Le haba regalado un collar dijo Gaston Lachaille. Un collar en toda

    regla: treinta y siete perlas. La del centro era tan grande como la yema de mi

    pulgar.

    Levant su blanco y manicurado pulgar para que madame lvarez pudiera

    rendir un tributo de admiracin a la mencionada perla central.

    Verdaderamente, tiene usted "estilo", Gaston. Sabe hacer las cosas.

    Pero esta vez he salido con cuernos.

    Madame lvarez fingi no or la interrupcin.

    Si yo estuviera en su lugar, Gaston, me consolara con otra.

    Bonito remedio me ofrece...

    S; he odo decir que a veces es peor el remedio que la enfermedad

    observ discretamente madame lvarez. Es como cambiar de caballo tuerto

    por uno ciego.

    Luego respet el silencio de Gaston Lachaille. Un sonido ahogado de piano

    atravesaba el techo. Sin hablar, el visitante tendi su taza vaca, que madame

    lvarez llen.

    Todo va bien en la familia? Qu noticias hay de ta Alicia?

    Mi hermana, ya sabe usted, siempre la misma. Muy reservada, muy

    mosquita muerta. Dice que prefiere vivir de un hermoso pasado que de un feo

    presente. Ahora dice que Gigi est un poco atrasada, y la hace trabajar. La

    semana pasada le ense a comer de manera impecable langosta a la americana.

    A santo de qu?

    Alicia dice que es un detalle muy til; sostiene que las tres piedras de

    toque de una buena educacin, son: la langosta a la americana, los huevos

    pasados por agua y los esprragos. Dice que la falta de elegancia en las maneras

    de comer ha desunido a muchos matrimonios.

    S; ha ocurrido dijo Lachaille soadoramente. Ha ocurrido...

    Oh! Alicia no tiene un pelo de tonta. Y a Gigi eso le parece muy bien. Es

    tan golosa! Si tuviera el cerebro tan activo como las mandbulas! Pero es como

    una nia de diez aos. Cunteme, Gaston, qu proyectos tiene para la Batalla

    de Flores? Piensa deslumbrarnos una vez ms, este ao?

    Demonios, no gru Gaston. Voy a aprovecharme de mis desgracias

    para hacer economas de rosas rojas.

    Madame lvarez junt las manos:

    Oh, Gaston, no se le ocurrir hacer eso! Sin usted, el desfile parecer un

    funeral!

  • Colette Gigi

    13

    Que parezca lo que le d la gana! repuso sombramente Gaston.

    Ceder el estandarte bordado a una Valrie Cheniaguine cualquiera?

    Ah, Gaston; no es posible!

    Se ver dijo Gaston. Valrie tiene medios.

    Oiga, Gaston, sabe usted de dnde vinieron sus diez mil ramilletes del

    ao pasado? Contrat a tres mujeres durante dos noches y dos das para atarlos,

    y las flores eran compradas en el mercado! En el mercado! Slo las ruedas, el

    ltigo del cochero y los arneses llevaban la firma de Lachaume.

    Me apunto el truco dijo Lachaille animado. Anda; me he comido

    todo el regaliz!

    Los pasos sonoros de Gilberte retumbaron militarmente en la antecmara.

    T, ya? dijo madame lvarez. Qu significa eso?

    Significa dijo la pequea que ta Alicia no se encontraba bien. Lo

    importante, es que me he paseado en el "mec-mec" de tito Gaston.

    Su boca se entreabri sobre sus dientes, que brillaron.

    Sabe, tito? Mientras iba en su coche, pona una cara de mrtir, as, como

    si estuviera asqueada de todos los lujos. Me divert mucho.

    Tir lejos su sombrero; los cabellos inundaron sus sienes y mejillas. Se sent

    en un taburete bastante alto y alz las rodillas hasta la barbilla.

    Qu hay, tito? Por qu ese aire de sentido psame? Quiere que

    juguemos una partida de piquet? Es domingo, y mam no regresa despus de la

    sesin de tarde. Quin se ha comido todo mi regaliz? Ah, tito, nos vamos a

    ver las caras! Lo menos que puede hacer es comprarme ms.

    Gilberte, compostura! dijo madame lvarez. Baja las rodillas. Crees

    que Gaston tiene tiempo de ocuparse de tu regaliz? Estrate la falda. Gaston,

    quiere que la mande a su cuarto?

    El joven Lachaille, con los ojos clavados en el usado juego de cartas que

    Gilberte manipulaba, luchaba contra unas terribles ganas de llorar un poco, de

    contar sus penas, de dormirse en el viejo butacn, y de jugar al piquet.

    Deje a la pequea. Aqu, respiro. Descanso. Gigi: me juego diez kilos de

    azcar.

    Su azcar no es nada apetitoso. Prefiero los bombones.

    Es lo mismo. Y el azcar es ms sano que los bombones.

    Lo dice porque lo fabrica.

    Gigi, le ests perdiendo el respeto! grit madame lvarez.

    Los ojos desolados de Gaston Lachaille sonrieron:

    Djela decir, mamita. Y si pierdo, Gigi, qu quieres? Un par de medias

    de seda?

    La gruesa boca infantil de Gigi se entristeci.

    Las medias de seda me dan picor. Preferira...

    Alz hacia el techo su carita de ngel chatillo, agach la cabeza y apart de

    ambas mejillas los rizos de sus cabellos.

    Preferira un cors "Persephone" verde nilo, con los tirantes bordados con

  • Colette Gigi

    14

    rosas rococ. No; mejor una cartera de msica.

    Estudias msica?

    No, pero mis compaeras del curso superior meten los cuadernos dentro

    de una cartera de msica, porque as parecen alumnas del Conservatorio.

    Gigi, ests rayando en la indiscrecin dijo madame lvarez.

    Tendrs tu cartera y tu regaliz prometi Gaston. Corta, Gigi.

    Un instante ms tarde, el heredero de la fbrica de azcar Lachaille

    disputaba ardorosamente las puestas. Su gran nariz, que casi pareca postiza, y

    sus ojos oscuros no intimidaban a su contrincante, que estaba acodada, con los

    hombros al nivel de las orejas, agudizado el azul de sus ojos y el rojo de sus

    mejillas. Pareca un paje ebrio. Los dos jugaban apasionadamente y, sin hacer

    mucho ruido, cambiaban sordos insultos:

    Araa grandota, acedera verde deca Lachaille.

    Nariz de cuervo replicaba Gigi.

    El crepsculo de marzo descendi sobre la estrecha calle.

    No es una indirecta, Gaston dijo madame lvarez, pero son las siete

    y media. Permite que vaya a ver un momentito nuestra cena?

    Las siete y media! exclam Lachaille. Yo que ceno en "Larue" con

    De Dion, Feydeau y uno de los Barthou! La ltima ronda, Gigi.

    Por qu uno de los Barthou? pregunt Gilberte. Es que hay varios

    Barthou?

    Dos. Uno que es un guapo mozo y otro que no lo es tanto. El ms

    conocido es el que no lo es tanto.

    Pues no es justo dice Gilberte. Y Feydeau, quin es?

    Lachaille solt las cartas con estupor.

    Vamos! No conoces a Feydeau? Es que no vas al teatro?

    Casi nunca, tito.

    No te gusta el teatro?

    No me entusiasma. Y la abuela y ta Alicia dicen que el teatro impide

    pensar en lo serio de la vida. No le diga a la abuela que se lo he dicho.

    Alz sobre sus orejas el manto de sus cabellos, y los dej resoplando:

    Uf! Qu calor me da esta pelambrera!

    Y qu creen que es lo serio de la vida?

    Oh!, no lo s exactamente, tito Gaston. No siempre estn de acuerdo. La

    abuela dice: "Prohibido leer novelas; da melancola. Prohibido empolvarse;

    estropea el cutis. Prohibido ponerse cors; estropea el talle. Prohibido pararse

    sola frente a los escaparates de las tiendas... Prohibido conocer a las familias de

    las compaeras de curso, en particular a los padres que van a buscar a sus hijas

    a la salida..."

    Hablaba de prisa, jadeando entre frase y frase como los nios que han

    corrido.

    Y entonces viene la ta Alicia, que se arranca con otra cancin: Que he

    llegado a la edad del cors... Que debo tomar clases de baile y postura, y estar al

  • Colette Gigi

    15

    corriente de todo y saber qu es un quilate y no dejarme deslumbrar por el chic

    de las actrices. "Es muy sencillo", me dice, "de todos los vestidos que veas en

    escena, no hay uno entre veinte que no resultara ridculo en las carreras..."

    Bueno, que me estalla la cabeza... Qu comer esta noche en "Larue"?

    Qu s yo! Filete de lenguado con mejillones, para variar. Y,

    naturalmente, pierna de cordero con trufas. Anda, Gigi, sigamos jugando.

    Tengo cinco cartas.

    Y se cay de narices. Tengo un juego despampanante. Aqu, comeremos

    el resto del cassoulet recalentado. Me gusta mucho el cassoulet.

    Es cassoulet de cerdo dijo con modestia Ins lvarez, que regresaba.

    Esta maana, los patos no podan ni mirarse.

    Le mandar uno, de "Bon Abri" dijo Gaston, complaciente.

    Muchas gracias, Gaston. Gigi, ayuda a monsieur Lachaille a ponerse el

    abrigo. Dale el bastn y el sombrero.

    Cuando Lachaille se hubo ido, de mal humor, olfateando y codiciando el

    cassoulet recalentado, madame lvarez se dirigi a su nietecita.

    Me quieres decir, Gilberte, por qu regresaste tan pronto de casa de ta

    Alicia? No te he preguntado nada delante de Gaston porque no se deben

    exponer los asuntos de familia delante de un extrao; acurdate de eso.

    Pues no es ningn misterio, abuela. Ta Alicia tena jaqueca. Me dijo: "No

    me siento bien". Le dije: "Oh!, entonces, no quiero cansarte, me voy", Me dijo:

    "Anda, descansa cinco minutos". "Oh!", le dije, "no estoy cansada; he venido en

    coche". "En coche!", me dijo, alzando las manos as. Le dije al chofer que

    esperase dos minutos para ensearle el auto a ta Alicia, como comprenders.

    "S", le dije "el Dion-Bouton-cuatro-plazas-descapotable que tito me ha prestado

    mientras se quedaba en casa. Se ha enfadado con Liane." "Con quin crees que

    hablas?" me dijo ella. "Todava no me han enterrado para que ignore las cosas

    de pblica notoriedad. Ya s que se ha enfadado con ese pendn. Bueno, vete a

    casa, en vez de aburrirte con una pobre anciana enferma como yo." Me dijo

    adis por la ventana cuando sub al coche.

    Madame lvarez apretaba la boca:

    Una pobre anciana enferma! Ella, que en toda su vida ni siquiera ha

    estado resfriada! Qu tup! Qu...!

    Abuela, crees que Gaston se acordar de mi regaliz y de mi cartera de

    msica?

    Madame lvarez alz hacia el techo su mirada lenta y pesada.

    Quizs, hijita; quiz.

    Pero como ha perdido, no me los debe?

    S. S, te los debe. Quizs acabars por tener lo que quieres. Ponte el

    delantal y prepara la mesa. Guarda las cartas.

    S, abuela... Abuela, qu te ha contado de madame Liane? Es verdad

    que se las pir con Sandomir y el collar?

    En primer lugar, no se dice "se las pir". Luego, ven que te sujete el bucle

  • Colette Gigi

    16

    para que no metas los rizos en el potaje. Y en tercer lugar, no tienes por qu

    conocer los hechos y gestos de una persona que ha actuado contrariamente al

    savoir vivre. Son asuntos ntimos de Gaston.

    Pero, abuela, no sern tan ntimos cuando todo el mundo habla y sale en

    "Gil Blas".

    Silencio! Que te baste saber que la conducta de madame Liane

    d'Exelmans ha sido muy poco delicada. El jamn para tu madre est entre dos

    platos. Djalo al fresco.

    Gilberte dorma cuando su madre Andre Alvar, en letras pequeas, en los

    carteles de la Opra-Comique lleg. Madame lvarez, madre, que estaba

    haciendo un solitario, le pregunt por costumbre si estaba muy cansada. Para

    obedecer a los usos de la cortesa familiar, Andre le censur que hubiera

    velado para esperarla, y madame lvarez replic ritualmente:

    No podra dormir tranquila, si no supiera que has regresado. Hay jamn

    y una cazuelita de cassoulet caliente. Y ciruelas cocidas. La cerveza est en la

    ventana.

    Se ha acostado la pequea?

    Naturalmente.

    Andre Alvar comi vorazmente. Los pesimistas tienen buen apetito. Los

    afeites an la hacan bonita; pero sin ellos tena rosado el borde de los ojos, y la

    boca descolorida. De ah que ta Alicia afirmar que los xitos de Andre en

    escena no se repetan en la calle.

    Cantaste bien, hija ma?

    Andr se encogi de hombros.

    S; cant bien. Y de qu me sirve? Como comprenders, todos los

    aplausos han sido para Tiphaine. Oh! No s cmo puedo aguantar una vida

    as!

    La escogiste. Pero la aguantaras mejor dijo madame lvarez

    sentenciosamente si tuvieras a alguien con quien compartirla. La soledad te

    ataca los nervios y te hace verlo todo negro.

    Oh, mam, no empecemos otra vez! Estoy muy cansada. Qu hay de

    nuevo?

    Nada. Slo se habla de la ruptura de Gaston y Liane.

    Y tanto que se habla! Hasta en el "plateau" de la Opra-Comique.

    Es un acontecimiento mundial dijo madame lvarez.

    Se hacen ya pronsticos?

    Qu ocurrencia! Es demasiado reciente. l se halla en plena desolacin.

    Seras capaz de creer que, a las ocho menos cuarto, estaba sentado all donde

    ests t, jugando al piquet con Gigi? Dice que no quiere asistir a la Batalla de las

    Flores.

    No...?

  • Colette Gigi

    17

    Y, si no asiste, todo el mundo notar su ausencia. Le he aconsejado que

    reflexione antes de tomar semejante decisin.

    En el teatro dijo Andre dicen que hay una artista de music-hall que

    tiene muchas probabilidades de sustituir a Liane. Una que llaman "la Cobra",

    del Olimpia. Parece ser que hace un nmero de acrobacia en el que la sacan a

    escena en un cesto no mayor del que necesitara un fox-terrier, y que sale

    desenroscndose como una serpiente.

    Madame lvarez avanz con desdn su grueso labio inferior.

    Gaston Lachaille no se dedica a las artistas de music-hall. Hazle la justicia

    de reconocer que siempre se ha dedicado, como debe hacerlo un soltero de su

    posicin, a las grandes demi-mondaines.

    Grandsimas pjaras murmur Andre.

    Mide tus palabras, hija ma. Nunca ha servido de nada llamar a las cosas y

    las personas por su nombre. Las amigas de Gaston tienen empaque. Un amoro

    con una gran demi-mondaine es la nica manera conveniente para l de esperar

    un matrimonio de categora, en el supuesto de que un da se case. Sea como sea,

    estaremos en primera fila para ser informados cuando haya algo nuevo. Gaston

    tiene tanta confianza conmigo! Quisiera que le hubieras visto pedirme una

    manzanilla. Un nio, un verdadero nio. Por otra parte, slo tiene treinta y tres

    aos. Y qu peso para sus espaldas la fortuna que posee!

    Andre gui irnicamente sus prpados rosados.

    Puesto a hacer, mam compadcele. No es un reproche, pero, desde que

    conocemos a Gaston, slo nos ha demostrado confianza.

    Nos nos debe nada. Y siempre nos ha proporcionado azcar para

    nuestras confituras y para mi "curao", y aves de sus granjas, y atenciones para

    la pequea.

    Si te contentas con tan poco...

    Pues, s; me contento con eso. Tanto ms que si no me contentara, de

    nada iba a servir.

    En suma, para nosotras, ese Gaston Lachaille, que es tan rico, como si no

    lo fuera. Sera capaz de ayudarnos si estuviramos en un apuro?

    Madame lvarez se llev afectadamente la mano al corazn:

    Estoy convencida dijo.

    Reflexion y aadi:

    Pero prefiero no tener que pedrselo.

    Andre volvi a coger el peridico que publicaba la fotografa de la

    "abandonada".

    Mirndola bien, no es nada extraordinaria.

    S replic madame lvarez; es extraordinaria. La prueba, es que

    tiene semejante reputacin. La reputacin y el triunfo no son efectos del azar.

    Razonas como esas cabezas de chorlito que dicen: "A m me sentara tan bien

    como a madame de Pougy, un collar de siete hileras. Y sabra llevar la gran vida

    tan perfectamente como ella". Me dan lstima. Anda llvate el resto de

  • Colette Gigi

    18

    manzanilla para baarte los ojos.

    Gracias, mam. Ha ido Gigi a casa de ta Alicia?

    Y lo que es ms, en el automvil de Gaston. Se lo prest. Un coche que

    quizs hace sesenta por hora! Estaba encantadsima.

    Pobre mueca. Me pregunto qu har en la vida. Es capaz de acabar

    siendo maniqu o dependienta. Est un poco retrasada. Yo, a su edad...

    Madame lvarez pos en su hija una mirada cargada de equidad:

    No alardees demasiado de lo que hacas a su edad. Si mis recuerdos son

    exactos, a su edad, mandaste al cuerno a Menesson, el cual, a pesar de ser

    harinero, estaba dispuesto a hacer tu suerte, y te largaste con un profesorcillo de

    solfeo.

    Andre Alvar bes las sienes cargadas de brillantina de su madre.

    Mamata, no empecemos a estas horas: tengo sueo. Buenas noches,

    mam. Maana tengo ensayo a las doce y cuarto. Almorzar en la lechera, en el

    intermedio. No te preocupes por m.

    Bostezando largamente, cruz a oscuras el cuartito donde dorma su hija.

    Slo entrevi de Gilberte, en la penumbra: un matorral de cabellos y el galn

    ruso de una camisa de noche. Se encerr en el exiguo gabinete de aseo y, a pesar

    de lo avanzada de la hora, encendi el gas para calentar un cazo de agua. Pues

    madame lvarez haba inculcado vigorosamente a su descendiente, entre otras

    virtudes, el respeto de ciertos ritos y mximas, tales como "A ltima hora,

    puedes dejar la cara para maana por la maana, en caso de urgencia y viaje.

    Mientras que el aseo de los bajos del cuerpo es la dignidad de la mujer".

    Acostada la ltima, madame lvarez se levantaba la primera y no permita que

    la asistenta hiciera el caf matutino. Dorma en el comedor-saln, en el divn

    plegable, y al dar las siete y media daba entrada a los peridicos, al litro de

    leche y a la asistenta. A las ocho haba ya abandonado sus horquillas

    onduladoras y peinado sus hermosos bandos. A las nueve menos diez, Gilberte

    se iba al colegio, limpia y con los cabellos cepillados. A las diez, madame

    lvarez "pensaba" en el almuerzo; es decir, se endosaba su impermeable y,

    pasndose por el brazo el asa de la redecilla, se iba al mercado.

    Hoy, como los dems das, se asegur de que Gilberte no se retrasara, puso

    en la mesa el hirviente jarro de caf y el jarro de leche, y despleg el peridico

    mientras esperaba a Gilberte, que entr fresca, oliendo a agua de lavanda y

    todava somnolienta. Un grito de madame lvarez la acab de despertar:

    Llama a tu madre, Gigi! Liane d'Exelmans se ha suicidado!

    Oooh! exclam la nia. Ha muerto?

    Claro que no! Sabe hacerlo!

    Qu tom, abuela? Un revlver?

    Madame lvarez mir a su nieta con aire de conmiseracin.

    Qu ocurrencia! Tom ludano, como de costumbre dijo, y ley en voz

  • Colette Gigi

    19

    alta: "Sin poder responder an de la existencia de la bella desesperada, los

    doctores Moreze y Pelledou, que no abandonan la cabecera de su cama, han

    emitido un diagnstico tranquilizador..." Mi diagnstico es que si madame

    D'Exelmans sigue envenenndose con ludano, acabar estropendose el

    estmago.

    Verdad que la otra vez se suicid por el prncipe Georgevich?

    Donde tienes la cabeza, hijita? Fue por el conde Berthou de Sauveterre.

    Ah, s; es cierto! Entonces, qu har ahora el tito Gaston?

    Los grandes ojos de madame lvarez meditaron un momento:

    Ser cara o cruz, hijita ma. Lo sabremos pronto, aunque empiece

    negndose a todas las entrevistas. Siempre hay que empezar negndose a toda

    entrevista. Luego, se llenan los peridicos. Dile a la portera que nos compre los

    de la noche. Has dormido bastante? Te has tomado la segunda taza de leche y

    comido las dos rebanadas? Ponte los guantes al salir. No te entretengas por el

    camino. Voy a despertar a tu madre. Qu jaleo...! Andre, duermes? Ah! Te

    has levantado? Andre, Liane se ha suicidado.

    Por variar gru Andre. No tiene ms que una idea en la cabeza,

    pero la tiene fija.

    An no te has quitado los bigudes, Andre?

    Para tener el pelo lacio en el ensayo? Gracias! Madame lvarez mir a

    su hija, desde los bigudes como cuernos, hasta las pantuflas de fieltro.

    Hija ma, se ve que no has de temer la mirada de un hombre. La

    presencia de un hombre cura a una mujer del vicio de llevar peinador y

    chancletas. Vaya historia ese suicidio! Naturalmente, ha fracasado.

    La plida boca de Andre esboz una sonrisa despreciativa:

    Empezamos a estar hasta la coronilla de las purgas de ludano de sa!

    No pienso en ella, sino en Gaston Lachaille. Es la primera vez que le pasa

    una cosa de esas. Veamos... Tuvo a Gentiane, que le rob los documentos, y

    luego, aquella extranjera que quera casarse a la fuerza. Pero Liane es su

    primera suicida. En un caso semejante, un hombre tan notorio debe escoger su

    actitud con muchas precauciones.

    l? Anda, reventar de orgullo!

    Hay de qu dijo madame lvarez. Dentro de poco veremos grandes

    cosas. Me pregunt qu dir Alicia de tales acontecimientos.

    Intentar armar algn embrollo.

    Alicia no es un ngel. Pero he de reconocer que tiene una visin muy

    amplia de las cosas. Y se entera de todo sin salir de su cuarto!

    No necesita salir; por algo tiene telfono. Mam, no quieres que

    instalemos telfono?

    Es un gasto dijo, preocupada, madame lvarez. Ya estamos bastante

    apretadas. El telfono slo es verdaderamente til a los hombres que hacen

    grandes negocios y a las mujeres que deben disimular algo. Si t cambiaras de

    existencia es una suposicin, si Gigi entrase en la vida, yo sera la primera

  • Colette Gigi

    20

    en decir: "Instalemos telfono". Pero, desgraciadamente, no hemos llegado a

    eso.

    Se permiti un suspiro, se calz los guantes de goma y se ocup sin tristeza

    de los quehaceres domsticos. Gracias a ella, el modesto pisito envejeca sin

    desmerecer demasiado. De su pasada vida, conservaba las honorables

    costumbres de las mujeres sin honor, y las enseaba a su hija y a la hija de su

    hija. Las sbanas permanecan en las camas slo diez das, y la asistenta-

    lavandera-planchadora contaba a todo el que quera orla que en casa de

    madame lvarez no se tena tiempo de ver ensuciarse las camisas y los

    pantalones de las seoras, ni las servilletas. Al grito inopinado de: "Gigi,

    desclzate!", Gilberte deba quitarse zapatos y medias, facilitar a toda

    inspeccin unos pies blancos, unas uas bien cortadas, y denunciar la ms

    mnima amenaza de callo.

    En la semana que sigui al suicidio de madame D'Exelmans, el joven

    Lachaille se dedic a reaccionar con cierta incoherencia. Dio en su hotel una

    fiesta de noche en la que bailaron las estrellas de la academia nacional de

    msica y, para una cena, hizo abrir el restaurante del Pr-Catelan quince das

    antes de la fecha acostumbrada. Los payasos "Footit" y "Chocolat"

    representaron un intermedio. Entre las mesas de los comensales, Rita del Erido

    caracole a caballo, con falda pantaln con volantes de encaje blanco, un

    sombrero blanco sobre sus negros cabellos, plumas de avestruz blancas

    espumeando alrededor de su hermoso rostro; tan hermoso que Pars anunci

    que Gaston Lachaille la haba colocado a horcajadas sobre un trono de

    azcar. Pero veinticuatro horas ms tarde, Pars se desengaaba. El "Gil Blas",

    por haber dado falsos pronsticos, estuvo a punto de perder la subvencin que

    le otorgaba Gaston Lachaille. Un semanario especializado, "Pars amoroso",

    anunci otra falsa pista con el siguiente titular: "Una joven y riqusima yanqui

    no oculta su inclinacin por el azcar francs".

    Entretanto, una risa de incredulidad estremeca el opulento busto de

    madame lvarez cuando lea los peridicos. Pues ella tena su fuente de

    informacin en el propio Gaston Lachaille, que encontr tiempo, dos veces en

    diez das, de ir a mendigar una manzanilla y apoyar, en el respaldo de la butaca

    como concha, su fatiga de industrial y su melanclico humor de hombre

    solitario. Hasta obsequi a Gigi con una ridcula cartera de msica de cuero de

    Rusia, con cierre de plata, y veinte cajas de regaliz. Madame lvarez recibi foie

    gras y seis botellas de champaa, munificencias de las cuales el tito Lachaille

    sac su parte, invitndose a comer. Gilberte, una pizquita ebria, cont durante

    la comida los chismes que corran en su colegio y gan al piquet el portaminas

    de oro de Gaston. l lo perdi de buen grado, y se ech a rer sealando a la

    pequea.

    He aqu a mi mejor camarada!

    Y los ojos "espaoles" de madame lvarez iban, llenos de una lenta y

    vigilante atencin, de las mejillas encendidas y los dientes blancos de Gigi, al

  • Colette Gigi

    21

    joven Lachaille, que le tiraba de los cabellos:

    Bribona, tenas en la manga el cuarto rey!

    Andre regres de la Opra-Comique en aquel momento; contempl la

    cabeza despeinada de Gigi que se apoyaba en la manga de Lachaille, y los

    hermosos ojos azules de pizarra que lloraban lgrimas de risa. No supo qu

    decir y acept una copa de champaa, luego otra copa y una copa ms. Pero,

    como tras la tercera copa manifest la intencin de dejar or a Gaston Lachaille

    el aire de las campanillas de "Lakm", su madre la llev a la cama.

    Al da siguiente, nadie hablaba de esa velada familiar, a excepcin de

    Gilberte, que exclamaba:

    Nunca, nunca en la vida me he redo tanto! Y el portaminas es de oro!

    Su expansin tropezaba con un extrao silencio, o bien comentarios como:

    Vamos, Gigi, s un poquito ms formal! lanzados como

    distradamente.

    Gaston Lachaille estuvo una quincena sin dar seales de vida, ni de

    presencia, y la familia lvarez slo se document por los peridicos:

    Has visto, Andre? Se ha publicado en las notas de sociedad la partida

    de Gaston Lachaille para Montecarlo. "Una especie de misterio sentimental, que

    respetaremos, parece rodear esta partida." Que vayan diciendo!

    Abuela, imagnate, en la clase de baile, Lydie Poret deca que Liane se ha

    ido en el mismo tren que tito, pero en otro compartimiento! Abuela, crees que

    es verdad?

    Madame lvarez se encoga de hombros.

    Si fuese verdad, cmo iban a saberlo las Poret? Mantienen, acaso,

    relaciones con Lachaille?

    No, pero Lydie Poret lo ha odo decir en el camarn de su ta, que es de la

    Comdie-Franaise.

    Madame lvarez cambi una mirada con su hija.

    En el camarn? Entendido! dijo madame lvarez.

    Pues senta desprecio por el oficio de actriz, a pesar del empleo de Andre.

    Cuando madame Emilienne d'Alenon decidi hacer evolucionar a unos

    conejos sabios, cuando madame de Pougy, ms tmida en escena que una

    jovencita, se divirti en desempear el papel de Colombina vestida de tul negro

    con lentejuelas, madame lvarez las rebaj con una sola frase:

    Cmo han llegado a eso?

    Oye, abuela prosigui Gilberte; conoces al prncipe Radziwill?

    Qu le pasa hoy a esta chica? Se ha cado de un nido? En primer lugar,

    qu prncipe Radziwill? Hay ms de uno.

    No lo s dijo Gigi. Uno que se casa. En la lista de regalos hay... "tres

    juegos de escritorio de malaquita..." Qu es malaquita?

    Eh! Nos ests dando la lata! Desde el momento en que se casa, ya no es

    interesante.

    Y si tito Gaston se casara, tampoco sera interesante?

  • Colette Gigi

    22

    Depende. Sera interesante si se casara con su amiga. Cuando el prncipe

    Cheniaguine se cas con Valentine d'Aigreville, la gente comprendi que no

    deseaba otra vida que la que ella le daba desde haca quince aos; es decir:

    escenas, platos tirados contra la pared, reconciliaciones en el restaurante

    "Durand", de la plaza de la Madeleine. La gente comprendi que era una mujer

    que saba hacerse apreciar. Pero todo esto es muy complicado para ti, mi pobre

    Gigi.

    Y t crees que se ha ido con Liane para casarse con ella?

    Madame lvarez apoy la frente en el cristal, pareci interrogar el sol de

    primavera que divida la calle en una mitad clida y una mitad fresca.

    No dijo. O bien, no s nada de nada. Necesito hablar con Alicia. Gigi,

    acompame a su casa, djame all y regresa por los muelles. Te servir para

    tomar el aire, puesto que, ahora, parece ser que hay que tomar el aire. Yo slo

    he tomado el aire dos veces al ao, en Cabourg y en Montecarlo. Y no por eso

    tengo mala salud.

    Aquel da madame lvarez regres tan tarde, que la familia cen caldo

    tibio y carne fra, y dulces enviados por ta Alicia. Opuso a los "Qu cuenta?"

    de Gigi, una frente de mantequilla helada y respuestas de bronce.

    Cuenta que te ensear a comer hortelanos!

    Imponente! exclam Gilberte. Y qu dice del vestido de verano que

    me prometi?

    Ha dicho que ya ver. Y que no tendrs motivo para estar descontenta.

    Ah! dijo tristemente Gilberte.

    Tambin recomienda que vayas a almorzar a su casa el jueves, a las doce

    en punto.

    Contigo, abuela?

    Madame lvarez contempl a la chiquilla larguirucha que estaba sentada

    frente a ella, sus pmulos altos y rosados bajo los ojos azules como la noche, sus

    dientes que mordan los labios frescos y resquebrajados, la salvaje abundancia

    de los cabellos cenicientos.

    No dijo finalmente. Sin m.

    Gilberte se levant y le pas un brazo alrededor del cuello:

    De qu manera lo dices... Abuela, no me irs a poner a pensin en casa de

    ta Alicia... No quiero irme de aqu, abuela!

    Madame lvarez enronqueci, tosi, sonri.

    Dios mo, qu tonta es esta nia! Irse de aqu! Ah!, mi pobre Gigi, no es

    para reprochrtelo, pero, la verdad, no sigues ese camino precisamente!

    Ta Alicia, como cordn de campanilla, haba colgado a su puerta un galn de

    perlas adornado con hojas de parra verde y uvas de color violeta. La misma

    puerta, barnizada, vuelta a barnizar y como hmeda, brillaba con un resplandor

    de caramelo oscuro. Desde el umbral, que abra un "sirviente masculino",

  • Colette Gigi

    23

    Gilberte sabore sin discernimiento una atmsfera de lujo discreto. La alfombra,

    cubierta a su vez por alfombras de Persia, le daba alas. Como que madame

    lvarez haba decretado que el saloncito estilo Luis XV de su hermana era "un

    puro aburrimiento", Gilberte repeta: "El saln de ta Alicia es muy bonito, pero

    es un puro aburrimiento!", y reservaba su admiracin para un comedor de

    limonero plido, de la poca del Directorio, sin incrustaciones, cuyo nico

    adorno consista en las vetas de una madera transparente como la cera.

    Algn da comprar uno igual deca inocentemente Gilberte.

    Eso es; en el faubourg Antoine sonrea zumbonamente ta Alicia, con su

    boca fina, adornada de dientecillos que aparecan como relmpagos.

    Tena setenta aos y gustos personales, un dormitorio gris de plata con

    jarrones de China rojos, un cuarto de bao estrecho y blanco, caluroso como un

    invernadero, y una salud a toda prueba que disimulaba con fingidas dolencias.

    Los hombres de su generacin, cuando queran describir a Alicia de Saint-

    Efflam, se perdan en un "Ah, querido!" y "Nada puede darte una idea..." Los

    que haban sido sus amigos ntimos, mostraban unas fotografas que los jvenes

    encontraban mediocres:

    De veras era bonita? Nadie lo creera viendo este retrato.

    Los viejos enamorados de Alicia soaban un instante ante sus retratos,

    reconocan una mueca doblada como cuello de cisne, una orejita, un perfil en

    el que se descubra la deliciosa relacin entre una boca modelada como un

    corazn y el ngulo muy abierto de los prpados de largas pestaas.

    Gilberte bes a la bonita anciana, que llevaba encima de sus cabellos

    blancos una toca de chantilly negro; su cuerpo, un poco rechoncho, estaba

    cubierto con un vestido casero de tafetn tornasolado.

    Tienes jaqueca, ta Alicia?

    No lo s an respondi ta Alicia; depender del almuerzo. Ven de

    prisa, los huevos estn listos. Qutate el abrigo. Cul es este vestido?

    Uno de mam, que me arreglaron. Son huevos difciles de comer?

    En absoluto. Huevos revueltos con pan tostado. Los hortelanos tampoco

    son difciles. Y tomars crema de chocolate. Yo tambin.

    Juvenil la voz, las arrugas clementes realzadas de rosa, y encajes sobre sus

    cabellos blancos, ta Alicia pareca estar representando el papel de una

    marquesa de teatro. Gilberte reverenciaba a su ta de pies a cabeza. Al sentarse a

    la mesa, se estir la falda, junt las rodillas, acerc los codos a los costados

    borrando los omoplatos, y adquiri la compostura de una seorita. Saba la

    leccin, rompa delicadamente el pan, coma con la boca cerrada; se guardaba,

    al cortar la carne, de avanzar el ndice sobre el lomo del cuchillo. Un bucle

    apretado en la nuca descubra los lozanos alrededores de la frente y orejas, y la

    garganta singularmente vigorosa en el escote, algo defectuoso, del vestido

    apaadito de color azul plido, con el corpio fruncido sobre un canes, arreglo

    encima del que se haba cosido, para alegrarlo, tres hileras de galones mohair al

    borde de la falda y tres veces tres galones mohair en las mangas, entre la mueca

  • Colette Gigi

    24

    y el hombro.

    Ta Alicia, frente a su sobrina, la espiaba con sus hermosas pupilas sin

    encontrar en ella nada censurable.

    Qu edad tienes? le pregunt bruscamente.

    Pues, como el otro da, ta. Quince aos y seis meses. Ta, qu opinas t

    de esa historia de tito Gaston?

    Por qu? Te interesa?

    Claro que s, ta. Me preocupa. Si Gaston se vuelve a ir con otra seora,

    ya no vendr a jugar al piquet ni a beber manzanilla; por lo menos durante

    algn tiempo. Sera una lstima.

    Es un punto de vista, evidentemente.

    Ta Alicia, con los ojos entornados, miraba a su sobrina de forma crtica.

    Estudias mucho? Qu amigas tienes? Los hortelanos, crtalos en dos de

    un golpe de cuchillo firme que no haga chirriar la hoja en el plato. Cmete cada

    mitad. Los huesos no cuentan. Contesta a mi pregunta sin parar de comer, pero

    sin hablar con la boca llena. Arrglatelas, Pues que yo lo hago, t tambin

    puedes hacerlo. Qu amigas tienes?

    Ninguna, ta. La abuela ni siquiera me permite ir a merendar a las casas

    de los padres de mis compaeras de curso.

    Tiene razn. No llevas a nadie pegado a tus faldas? Ningn

    supernumerario con cartera debajo del brazo? Ningn colegial? Ningn

    hombre maduro? Te advierto que si me mientes, lo sabr.

    Gilberte contemplaba el brillante rostro de la autoritaria anciana que la

    interrogaba speramente.

    Claro que no, ta; nadie. Es que te han hablado mal de m? Siempre voy

    sola. Por qu me prohbe la abuela aceptar invitaciones?

    Tiene razn, por una vez. Slo te invitaran gentes ordinarias; es decir,

    intiles.

    Nosotras no somos gentes ordinarias?

    No.

    Qu tienen de menos que nosotros las gentes ordinarias?

    Tienen la cabeza dbil y el cuerpo libertino. Adems, son casados. Pero

    no creo que t lo comprendas.

    S, ta, comprendo que nosotras no nos casamos.

    El matrimonio no nos est prohibido. En vez de casarse "ya", sucede que

    uno se casa "finalmente".

    ste es el motivo que me impide alternar con chicas de mi edad?

    S. Te aburres en casa? Abrrete un poco. No es cosa mala. El

    aburrimiento favorece las decisiones. Qu es eso? Una lagrimita? Una

    lagrimita de tontina atrasada. Coge otro hortelano.

    Ta Alicia rode con tres dedos resplandecientes el pie de su copa y la

    levant.

    A nuestra salud, Gigi! Te dar un khedive con tu taza de caf. A condicin

  • Colette Gigi

    25

    que no vea mojada la punta del cigarrillo, y que fumes sin escupir briznas de

    tabaco haciendo "ptu, ptu". Tambin te dar unas lneas para un desfile de

    modelos en casa de Bechoff-David, una vieja amiga que no ha tenido suerte. Tu

    guardarropa cambiar. Quien nada arriesga, nada gana.

    Los ojos azul oscuro brillaron. Gilberte tartamude de alegra:

    Ta! Ta! Ir a... Be... Be...

    ...choff-David. Pero crea que no eras presumida...

    Gilberte enrojeci.

    Ta, no soy presumida para los vestidos que me hacen en casa.

    Lo comprendo. Tendrs gusto? Cuando piensas en ponerte guapa,

    cmo te ves?

    Oh! S muy bien lo que me favorecera, ta!

    Explcate sin ademanes. En cuanto se gesticula, se queda ordinaria.

    He visto un modelo... Oh! Un modelo creado para madame Lucy

    Grard. Centenares de plieguecitos en muselina de seda gris perla, de arriba

    abajo. Y luego un vestido de pao recortado, azul lavanda, sobre fondo de

    terciopelo negro; el dibujo recortado hace como una cola de pavo...

    La manecita de hermosas pedreras brill en el aire.

    Basta, basta! Veo que tienes tendencia a vestirte como una actriz... Y no

    lo tomes como un cumplido. Ven a servir el caf. Y sin levantar el pitn de la

    cafetera con un golpe de mueca para cortar la gota. Prefiero un bao de pies en

    el platillo, que virtuosidades de mozo de caf.

    La hora que sigui le pareci corta a Gilberte: ta Alicia haba entreabierto

    un cofrecillo de joyas para una deslumbrante leccin.

    Qu es esto, Gigi?

    Un diamante lanzadera.

    Se dice: un brillante lanzadera. Y esto?

    Un topacio.

    Ta Alicia alz sus manos, que el sol, rebotando sobre sus sortijas, salpic

    de chispitas.

    Un topacio! He sufrido muchas humillaciones, pero sta excede a todas.

    Un topacio entre mis joyas! Y por qu no un aguamarina o un peridoto? Es un

    brillante junquillo, tontsima, y no vers a menudo muchos como se! Y esto?

    Gilberte entreabri la boca, se puso soadora:

    Es una esmeralda. Oh! Es preciosa!

    Ta Alicia se coloc la gran esmeralda cuadrada en su fino dedo y guard

    silencio unos instantes.

    Ves? le dijo a media voz. Esa llama casi azul que corre en el fondo

    del verde resplandor... Slo las esmeraldas ms hermosas encierran ese milagro

    de imperceptible azul.

    Quin t la regal, ta? pregunt Gilberte.

    Un rey dijo simplemente ta Alicia.

    Un gran rey?

  • Colette Gigi

    26

    No, un rey pequeo. Los grandes reyes no regalan joyas muy hermosas.

    Por qu?

    Ta Alicia mostr fugitivamente el blanco de sus dientes.

    Si quieres mi opinin, es porque no les gusta. Entre nosotras, a los

    pequeos tampoco.

    Entonces, quines regalan joyas hermosas?

    Quines? Los tmidos. Los orgullosos, tambin. Los groseros, porque

    creen que regalando una joya monstruosa dan prueba de buena educacin. A

    veces una mujer, para humillar a un hombre. No lleves joyas de segundo orden,

    espera a que lleguen las de primer orden.

    Y si no llegan?

    Tanto peor. Antes que un mal diamante de tres mil francos, lleva una

    sortija de cuatro chavos. En tal caso di: "Es un recuerdo, lo llevo da y noche".

    No lleves nunca joyas artsticas; desprestigian completamente a una mujer.

    Una joya artstica, qu es?

    Depende. Una sirena de oro, con ojos de crisoprasa. Un escarabajo

    egipcio. Una enorme amatista grabada. Un brazalete no muy grueso, pero del

    que se dice que est cincelado por una mano maestra. Una lira. Una estrella

    montada en broche. Una tortuga incrustada. En fin, unos horrores. No lleves

    perlas extravagantes ni alfileres de sombrero. Gurdate tambin de la joya de

    familia!

    Pues la abuelita tiene un camafeo muy bonito, montado en un medalln.

    No hay camafeos bonitos dijo Alicia, meneando la cabeza. Hay

    piedras preciosas y perlas. Hay brillantes blancos, amarillos, azules o rosados.

    No hablemos de los diamantes negros, no merecen la pena. Hay el rub, cuando

    uno est seguro de l. El zafiro, cuando es de Cachemira. La esmeralda, con tal

    que no tenga en sus aguas ese sabe Dios qu de claro, de amarillento.

    Ta, me gustan mucho los palos.

    Lo lamento, pero no los llevars. Me opongo.

    Estupefacta, Gilberte se qued un momento con la boca abierta.

    Oh! Tambin t crees que atraen la mala suerte?

    Y por qu no? Tontita prosigui ligeramente Alicia, hay que fingir

    que se cree. Cree en los palos, cree... A ver, qu te podra decir...? En las

    turquesas que se mueren, en el mal de ojo...

    S dijo Gigi vacilante. Son..., son supersticiones.

    Claro que s, hija ma. Tambin se las llama debilidades. Un bonito lote

    de debilidad y el miedo a las araas, es nuestro equipaje indispensable cerca de

    los hombres.

    Por qu, ta?

    La anciana cerr la arqueta, y mantuvo delante de ella a Gigi de rodillas.

    Porque de diez hombres, nueve son supersticiosos; de veinte, diecinueve

    creen en el mal de ojo; y un noventa por ciento tiene miedo de las araas. Nos

    perdonan... muchas cosas, pero no el hallarnos libres de lo que les preocupa...

  • Colette Gigi

    27

    Qu te pasa, qu suspiras?

    Nunca me acordar de todo eso.

    Lo importante no es que te acuerdes, sino que yo lo sepa.

    Ta, qu es un juego de escritorio de... de malaquita?

    Una calamidad, siempre. Pero, santo Dios, quin te ensea tales

    palabras?

    La lista de los regalos de las bodas de rumbo, ta, en los peridicos.

    Bonita lectura! En fin, siempre puedes aprender cules son los regalos

    que no deben hacerse ni recibirse.

    Mientras hablaba, tocaba aqu y all, con una ua afilada, el rostro juvenil

    de su sobrina. Levantaba un labio cortado, verificaba el impecable esmalte de

    los dientes.

    Buenas mandbulas, hija ma! Con unos dientes as, me hubiera comido

    Taris y el extranjero. Es verdad que me com un buen pedazo. Qu tienes ah?

    Un granito? No debes tener granitos junto a la nariz. Y aqu? Te exprimiste

    una espinilla. No debes tener ni exprimir espinillas. Te dar un poco de mi agua

    astringente. No debes comer ms cerdo que jamn cocido. No te pones polvos?

    La abuela me lo prohbe.

    As lo espero. Vas con regularidad al excusado? Splame en la nariz.

    Adems, a esta hora eso no demuestra nada, acabas de almorzar.

    Pos las manos en los hombros de Gilberte.

    Fjate en lo que te digo: puedes gustar. Tienes una naricita imposible, una

    boca sin estilo, los pmulos de un mujik...

    Oh, ta! gimi Gilberte.

    ...Ahora bien, tienes manera de arreglrtelas con los ojos, las pestaas, los

    dientes y los cabellos, si no eres completamente idiota. Y en lo que se refiere al

    cuerpo... Es un proyecto; pero un proyecto bonito, bien plantado. No comas

    demasiadas almendras; engordan. Ah!, hazme recordar que he de ensearte a

    escoger cigarros.

    Gilberte abri tanto los ojos, que las puntas de las pestaas llegaron a las

    cejas.

    Por qu?

    Recibi un cachetito en la mejilla.

    Porque s. No hago nada sin motivo. Si me ocupo de ti, he de ocuparme

    de todo. Cuando una mujer conoce las preferencias de un hombre,

    comprendidos los cigarros, cuando un hombre sabe lo que gusta a una mujer,

    estn bien armados uno contra otro...

    Y se pegan concluy Gilberte con un aire de astucia.

    Cmo? Que se pegan?

    La anciana mir a Gigi, consternada.

    Ah!, dijo. Desde luego, no has inventado la plvora. Ven, psicloga;

    te dar unas lneas para madame Henriette de Bechoff.

    Mientras escriba, sentada en un bonheur du jour minsculo y rosado,

  • Colette Gigi

    28

    Gilberte aspiraba el perfume de la habitacin cuidada, recontaba sin codicia los

    muebles que le eran familiares y mal conocidos, el Amor Sagitario indicando las

    horas en la chimenea, dos cuadros galantes, una cama en forma de piln, el

    rosario de perlitas finas y los Evangelios en la mesita de noche, dos lmparas de

    China rojas, acertadas contra el gris del papel de las paredes.

    Lrgate, hijita. Te llamar ms tarde. Pide a Vctor el pastel que te vas a

    llevar. Poco a poco. No me despeines! Y te mirar cuando salgas. Ay de ti si

    caminas como un granadero o arrastras los pies!

    El mes de mayo trajo a Gaston Lachaille a Pars y dot a Gilberte de dos

    vestidos bien hechos, y un abrigo ligero un "abrigo-saco" a lo Clo de

    Mrode, como Gigi deca, sombreros y zapatos. Y aadi algunos ricitos en la

    frente, que la vulgarizaron. Se pavone delante de Gaston con un vestido

    blanco y azul, que casi llegaba al suelo:

    Mi falda tiene cuatro metros veinticinco de ancho, tito!

    La esbeltez de su cintura, ceida por una cinta cuya hebilla era de plata, la

    enorgulleca. Sin embargo, intentaba maquinalmente liberar su hermosa

    garganta musculosa, encerrada en un cuello de ballenas de "venecia imitacin"

    como el corpio fruncido. Las mangas y la falda ancha, de toile de soie de rayas

    blancas y azules crujan ligeramente, y Gilberte se ahuecaba, coquetonamente

    los vuelos de las mangas, un poco ms abajo del hombro.

    Pareces un mono sabio le dijo Lachaille. Me gustabas ms con tu

    vestido escocs. Con ese cuello que te molesta, pareces una gallina que se ha

    tragado una mazorca de maz demasiado grande. Mrate.

    Ofendida, Gilberte, se mir al espejo. Un enorme caramelo, llegado de Niza

    merced a Gaston, le abultaba la mejilla.

    He odo hablar mucho de usted, tito replic; pero jams he odo

    decir que tenga gusto en lo que se refiere a toilettes.

    l mir sorprendido a esa nueva muchacha mayor, y se las tuvo con

    madame lvarez:

    Bonita educacin! La felicito!

    Y sali al instante sin beber su manzanilla. Madame lvarez, junt las

    manos.

    Qu cosa nos has hecho, mi pobre Gigi!

    Bueno dijo Gigi, por qu me pincha? Habr visto que le s

    contestar!

    Su abuela le sacudi el brazo:

    Pero, date cuenta, desgraciadita! Dios mo, a qu edad razonars? Es

    un hombre al que quizs has ofendido mortalmente! Justo en el momento en

    que nos esforzamos...

    En qu, abuela?

    Pues... en todo; en hacer de ti una jovencita elegante, en mostrarte lo ms

  • Colette Gigi

    29

    favorecida posible.

    A los ojos de quin, abuela? Reconocers que para un viejo amigo como

    el tito Gaston no hace falta desencuadernarse!

    Madame lvarez no reconoci nada. Ni siquiera expres sorpresa el da

    siguiente al ver aparecer a Gaston Lachaille jovial, vestido de claro.

    Ponte un sombrero, Gigi! Te llevo a merendar.

    Adnde? grit Gigi.

    A los Rservoirs, a Versalles!

    Imponente, imponente, imponente! cant Gilberte.

    Se dirigi a la cocina.

    Abuela, voy a merendar a los Rservoirs con tito!

    Madame lvarez apareci, no se tom el tiempo de quitarse el delantal

    floreado que le cea el vientre e interpuso su mano gordezuela entre el brazo

    de Gilberte y el de Gaston Lachaille.

    No, Gaston dijo sencillamente.

    Cmo?

    Oh, abuela...! llor Gigi.

    Madame lvarez no pareci orla.

    Vete un momento a tu cuarto, Gigi. He de hablar a solas con monsieur

    Lachaille.

    Esper a que Gilberte saliera, cerr la puerta y soport sin inmutarse, al

    regresar junto a Gaston, una mirada negra bastante brutal.

    Qu significa esto, mamita? Oiga usted, qu pasa? Desde ayer

    encuentro cambios aqu.

    Sintese, Gaston, hgame el favor; estoy cansada dijo madame

    lvarez. Ah! Mis pobres piernas...

    Suspir, esper una muestra de inters por sus piernas, que no lleg, y

    desanud su delantal con peto, bajo el que llevaba su vestido negro adornado

    con un gran camafeo. Seal una silla a su husped, y se qued con la butaca.

    Luego se sent pesadamente, alis sus bandos negros y grises y cruz las

    manos en las rodillas. El lento movimiento de sus grandes pupilas de un negro

    rojizo, su facilidad en permanecer inmvil demostraban que era duea de s

    misma.

    Gaston, ya conoce mi amistad por usted...

    Lachaille se permiti una risita de hombre de negocios y se tir del bigote.

    Amistad y agradecimiento. Sin embargo, tampoco olvido que tengo una

    nia a mi cuidado. Andre, como usted sabe, no tiene tiempo ni le gusta

    ocuparse de la nia. Nuestra Gilberte, no es espabilada como tantas. Es una

    verdadera nia.

    De diecisis aos dijo Lachaille.

    Que pronto tendr diecisis aos consinti madame lvarez. Desde

    hace tiempo le regala usted bombones y frusleras. Ella adora al tito Gaston.

    Ahora quiere usted llevarla a merendar, en su coche, a los Rservoirs...

  • Colette Gigi

    30

    Madame lvarez se llev la mano a su seno:

    De lo ms profundo de mi corazn, Gaston, si slo fuera por usted y por

    m, le dira: "Llvese a Gilberte adonde quiera, se la confo a ojos cerrados". Pero

    estn los dems. Usted es mundialmente conocido. Salir a solas con usted, para

    una mujer, es...

    Gaston Lachaille perdi la paciencia:

    Est bien, est bien, he comprendido! Quiere hacerme creer que, por

    merendar conmigo, Gigi se comprometer? Una pizquita de mujer, una acedera

    verde, una cra a la que nadie conoce y nadie tampoco mira...

    Digamos ms bien interrumpi suavemente madame lvarez que

    quedara "clasificada". Cuando usted aparece en alguna parte, Gaston, su

    presencia es advertida. Una muchachita que salga a solas con usted, ya no es

    una muchachita corriente, ni siquiera una muchachita. Nuestra Gilberte, no

    debe dejar de ser una muchachita corriente, por lo menos de esa manera. Para

    usted, lo que dijeran sera una murmuracin ms; pero yo no tendra valor de

    rerme leyendo ciertas habladuras en el "Gil Blas".

    Gaston Lachaille se levant, dio unos pasos de la mesa a la puerta, y de la

    puerta a la ventana antes de contestar:

    Bien, mamita, no quiero disgustarle. No discutir dijo framente.

    Gurdese su chiquilla.

    Se volvi hacia madame lvarez, la barbilla en alto.

    Entre parntesis, me pregunto para quin la guarda. Para un empleado

    de dos mil cuatrocientos francos, que se casar con ella y le proporcionar

    cuatro cros en tres aos?

    S cul es el papel de una madre dijo madame lvarez

    pausadamente. Har lo posible para entregar a Gigi a un hombre que sepa

    decir: "Me encargo de ella y aseguro su vida". Tendr el placer de hacerle una

    manzanilla, Gaston?

    No, gracias; tengo prisa.

    Quiere despedirse de Gigi?

    No vale la pena, la ver otro da. Pero no s cundo. Esta temporada

    tengo muchos compromisos.

    No importa, Gaston; no se moleste por ella. Que se divierta, Gaston.

    Una vez sola, madame lvarez se sec la frente y fue a abrir el cuarto de

    Gilberte.

    Escuchabas detrs de la puerta, Gigi.

    No, abuela.

    S, escuchabas detrs de la puerta. Nunca hay que escuchar detrs de las

    puertas. Es la manera de comprender las cosas al revs e interpretar mal las

    palabras. Monsieur Lachaille se ha ido.

    Ya lo veo dijo Gilberte.

    Has de frotar las patatas con un trapo, cuando regrese las saltear.

    Sales, abuela?

  • Colette Gigi

    31

    Voy a casa de ta Alicia.

    Otra vez?

    Tienes algo que objetar? dijo madame lvarez, severamente. Hars

    mejor en lavarte los ojos con agua fra, ya que has sido lo bastante tonta para

    llorar.

    Abuela...

    Qu?

    Por qu no me dejaste salir con tito Gaston y mi vestido nuevo?

    Silencio! Si no comprendes nada de nada, deja por lo menos razonar a

    las personas que son capaces de razonamientos. Y ponte mis guantes de goma

    para frotar las patatas.

    La ley del silencio pes toda la semana sobre la casa de las lvarez, que un da

    fue visitada inopinadamente por ta Alicia. Lleg vestida de encajes negros y

    seda mate, con una rosa cerca del hombro, y convers preocupadamente en un

    aparte con su hermana mayor. Al irse, slo dedic un instante de atencin a

    Gilberte; le pos en la mejilla un beso sonoro y sali.

    Qu quera? pregunt Gilberte a madame lvarez.

    Oh...! Nada... La direccin del mdico que visit a madame Buffetery

    para el corazn.

    Gilberte reflexion un momento:

    S que es larga dijo.

    Qu es larga?

    La direccin del mdico. Abuela, quisiera un sello; tengo jaqueca.

    Ya la tuviste ayer. Una jaqueca no dura cuarenta y ocho horas.

    Mis jaquecas no son como las de los dems dijo Gilberte, ofendida.

    Haba perdido parte de su dulzura. Al regresar del colegio deca: "El

    profesor me tiene antipata!" Se quejaba de insomnio, y se abandonaba a una

    pereza que su abuela vigilaba estrechamente, ms que combata. Un da que

    Gigi se ocupaba en untar de tiza lquida sus botitas de cordones de lona blanca,

    Gaston Lachaille apareci sin llamar. Sus cabellos eran demasiado largos, su tez

    estaba tostada por el sol y llevaba un traje de verano de cuadros difumados. Se

    par en seco frente a Gilberte, que estaba encaramada en un taburete de la

    cocina, empuando un zapato con la mano izquierda.

    Oh! La abuela dej la llave en la puerta. Siempre hace lo mismo!

    Como Gaston Lachaille no deca nada y la miraba, ella enrojeci

    lentamente, dej la botita en la mesa y se estir la falda.

    Vamos, tito, llega usted como un ratero! Anda, ha enflaquecido. Es que

    no le alimenta su famoso chef, antiguo cocinero del prncipe de Gales? Al

    adelgazar, se le ven los ojos ms grandes. Pero tambin se le ve la nariz ms

    larga, y...

    Tengo que hablar con tu abuela interrumpi Gaston Lachaille.

  • Colette Gigi

    32

    Lrgate a tu cuarto, Gigi!

    Ella se qued un instante boquiabierta; luego, salt del taburete. Dilat su

    garganta vigorosa de arcngel y se dirigi hacia Lachaille:

    "Lrgate a tu cuarto! Lrgate a tu cuarto!" Y si yo le dijera lo mismo?

    Quin es usted para decirme que me largue a mi cuarto? Pues bien, me voy a

    mi cuarto! Y le voy a decir otra cosa: mientras usted est aqu, no saldr!

    Peg un portazo a sus espaldas e hizo restallar teatralmente el picaporte.

    Gaston susurr madame lvarez, exigir que esa nia se disculpe; se

    lo exigir, y si hace falta le...

    Gaston Lachaille no la escuchaba y miraba la puerta cerrada.

    Ahora, mamita dijo, hablemos poco y hablemos bien...

    Recapitulemos dijo ta Alicia. Ests segura de que Gaston dijo: "Estar

    mimada como..."

    Como ninguna mujer lo ha estado! termin madame lvarez.

    S; pero es una frase vaga que todos los hombres dicen. A m me gustan

    las precisiones.

    No faltarn, Alicia. Puesto que ha dicho que quiere garantizar a Gigi

    contra todos los riesgos, incluso contra s mismo.

    S... S... No est mal, no est mal... Vaguedades, siempre vaguedades...

    La anciana an estaba acostada, sus cabellos blancos sueltos en rizos

    reposaban encima de la almohada blanca. Anudaba y desanudaba, preocupada,

    la cinta de su camisn. Madame lvarez, plida y sombra como la luna y la

    nube bajo su sombrero de maana, apoyaba en la cabecera sus brazos

    apretadamente cruzados.

    Aadi: "No quiero precipitar nada. Antes que todo, soy el mejor amigo

    de Gigi. Le dar tiempo para que se acostumbre a m..." Se le saltaban las

    lgrimas. Aadi: "No tendr que vrselas con un salvaje..." En fin, un

    caballero, un verdadero caballero.

    S... s. Un caballero un poco vago. Le hablaste claro a la nia?

    Tal como deba. Alicia. Ya no era momento de tratarla como una nia a

    quien se le esconden los dulces. S; le habl claro. Habl de Gaston como d un

    milagro, como de un dios, como...

    Mal hecho censur Alicia. Yo hubiera hecho resaltar ms bien la

    dificultad, la jugada, el furor de todas esas mujeres, la victoria sobre un hombre

    tan popular...

    Madame lvarez junt las manos.

    La dificultad! La jugada! Crees que se te parece? No la conoces. Ella no

    tiene maldad; no tiene...

    Gracias.

    Quiero decir que no tiene ambiciones. Hasta me sorprendi ver que no

    reaccionaba ni de una forma ni de otra. Nada de gritos de alegra, nada de

  • Colette Gigi

    33

    lgrimas de emocin. Todo lo que yo consegua or era: "Oh, s...! Oh! Es muy

    amable por su parte". Solamente, al final, puso como condiciones...

    Lo que se tiene que or! murmur Alicia.

    ...que ella misma contestara a las proposiciones de Gaston Lachaille, y

    que se explicara con l. Que, en suma, era asunto suyo.

    Podemos esperar lo peor. Es una inconsciente. Le ir a pedir la luna, y...

    Le conozco; no se la dar. A las cuatro ha de llegar l?

    S.

    No ha mandado nada? Flores? Un bibelot?

    Nada. Crees que es mala seal?

    No. Es una cosa de las suyas. Cuida de que la pequea se vista con

    gracia. Tiene buena cara?

    Hoy, no muy buena. Pobre ratoncito...

    Vamos, vamos dijo Alicia duramente. Deja el lloriqueo para otro

    da... cuando ella lo haya echado todo a rodar.

    No has comido mucho, Gigi.

    No tena apetito, abuela. Podra tomar un poco ms de leche?

    Claro que s.

    Y una gota de "Combier"?

    Claro. El "Combier" es bueno para el estmago.

    La ventana abierta dejaba entrar los ruidos y la tibieza de la calle. Gilberte

    mojaba la punta de su lengua en el fondo del vaso de licor.

    Si te viese ta Alicia, Gigi! dijo madame lvarez ligeramente.

    Gigi slo contest con una sonrisa escptica. Su viejo vestido escocs le

    apretaba el pecho, y fuera de la falda estiraba sus largas piernas bajo la mesa.

    Abuela, qu ensaya hoy mam, que no ha almorzado con nosotros?

    Crees de veras que tiene ensayo en la Opra-Comique?

    Puesto que nos lo ha dicho...

    Yo creo que no ha querido almorzar aqu.

    Qu te hace pensar tal cosa?

    Sin apartar la vista de la ventana soleada, Gilberte se encogi de hombros:

    Oh!, nada, abuela.

    Cuando hubo terminado su copa de "Combier", se levant y comenz a

    quitar la mesa.

    Deja eso, Gigi; la quitar yo.

    Por qu, abuela? Lo hago como siempre.

    La nia clav en los ojos de madame lvarez una mirada que la anciana no

    sostuvo.

    Hemos almorzado tarde. Casi son las tres, y no te has vestido. Hazte

    cargo, Gigi...

    Sera la primera vez que necesite una hora para cambiarme.

  • Colette Gigi

    34

    No me necesitas? Te has rizado bien el pelo?

    Bastante, abuela. Cuando llamen, no te molestes, ir a abrir yo.

    A las cuatro en punto, Gaston Lachaille llam tres veces. Un rostro infantil

    y preocupado entreabri la puerta de la habitacin y escuch. Despus de tres

    campanillazos ms impacientes, Gilberte avanz hasta el centro de la

    habitacin. Haba conservado su viejo vestido escocs y sus medias de hilo. Se

    frot las mejillas con las dos manos y corri a abrir la puerta.

    Buenos das, tito Gaston.

    No me queras abrir, mala?

    Se rozaron los hombros al pasar por la puerta y se dijeron: "Oh, perdn!",

    con tono mohno. Luego rieron torpemente.

    Sintese, se lo ruego, tito. Imagnese que no he tenido tiempo de

    vestirme. No estoy tan elegante como usted! Desde luego, no hay mejor sarga

    azul marino!

    No entiendes nada; es cheviot.

    Es cierto. Dnde tengo la cabeza?

    Ella se sent frente a l, se estir la falda sobre las rodillas y se miraron. La

    infantil seguridad de Gilberte desfalleci, una especie de splica agrand

    desmesuradamente sus ojos azules.

    Qu tienes, Gigi? le pregunt Lachaille a media voz. No me

    quieres decir algo? Sabes por qu estoy aqu?

    Ella afirm con un gran cabezazo.

    Quieres, o no quieres? dijo l, ms bajito.

    Ella se pas un rizo detrs de la oreja, trag saliva valerosamente.

    No quiero dijo.

    Lachaille tir con dos dedos las puntas de su bigote y apart un momento

    su mirada de dos ojos azules ensombrecidos, de una peca en una mejilla rosada,

    de unas pestaas curvas, de una boca que ignoraba su poder, de una tupida

    cabellera cenicienta y de un cuello torneado como una columna, vigoroso, liso,

    puro de toda joya.

    No quiero lo que usted quiere prosigui Gilberte. Usted le dijo a la

    abuela...

    l la interrumpi tendiendo la mano. Tena la boca un poco torcida como si

    le dolieran las muelas:

    S lo que le dije a tu abuela. No vale la pena que lo repitas. Dime

    solamente lo que t no quieres. Tambin puedes decirme lo que quieres... Te lo

    dar.

    De veras? exclam Gilberte.

    l asinti, doblando los hombros como si estuviera abrumado de fatiga.

    Ella contemplaba, sorprendida, esas confesiones de fatiga y tormento.

    Tito, usted dijo a la abuela que quera protegerme.

    Protegerte magnficamente dijo Lachaille con firmeza.

    Ser magnfico; si me gusta replic Gilberte con no menor firmeza.

  • Colette Gigi

    35

    Me han repetido una y otra vez que soy un poco atrasada; de todas maneras, s

    lo que son las cosas. Protegerme significa que me ira de aqu con usted, y...

    Te suplico, Gigi...

    Ella se detuvo porque, en efecto, el tono de su voz era suplicante.

    Pero, tito, por qu me voy a sentir confusa al hablarle de eso, puesto

    que usted no se ha sentido confuso al hablarle as a la abuela? La abuela

    tampoco se ha sentido confusa al decrmelo. Pero s de sobra que si usted me

    protege tendr que salir mi retrato en los peridicos, que ir a la Batalla de las

    Flores, y a las carreras, y a Deauville. Cuando nos enfademos, el "Gil Blas" y

    "Pars Amoroso" lo comentarn. Cuando usted me deje plantada para siempre,

    como hizo cuando se cans de Gentiane des Cvennes...

    Cmo te has enterado de eso? Quin te ha contado esas historias?

    Ella inclin la cabeza gravemente.

    La abuela y ta Alicia. Me dijeron que la fama de usted es mundial.

    Tambin s que Maryse Chuquet le rob unas cartas, y que usted la denunci.

    S que la condesa Pariewsky no estaba contenta con usted porque usted no se

    quera casar con una divorciada, y que le dispar un tiro. S lo que todo el

    mundo sabe.

    Lachaille pos su mano en la rodilla de Gilberte:

    T y yo, Gigi, no tenemos que hablar de eso. Todo acab. Ya pas.

    Claro, tito. Hasta que vuelva a empezar. No es culpa suya si usted es

    mundial. Pero yo no tengo fama mundial. De modo que no me gusta el

    convenio.

    Al tirar del borde de su falda hizo resbalar de su rodilla la mano de Gaston.

    Ta Alicia y la abuela estn de acuerdo con usted. Pero como de todas

    maneras yo tengo algo que ver, me parece que bien puedo decir lo que pienso.

    Y lo que pienso es que no me gusta.

    La nia se levant y pase por la habitacin. El silencio de Gaston pareca

    confundirla.

    Quisiera saber dijo Gaston finalmente si no buscas, sencillamente,

    ocultarme que no te gusto. Si no te gusto, vale ms que me lo digas de una vez.

    No, tito; si usted me gusta! Cuando le veo estoy contenta! La prueba es

    que, a mi vez, le voy a proponer algo. Vendr aqu como de costumbre; si

    quiere, ms a menudo. Nadie lo encontrar mal, puesto que es amigo de la

    familia. Me traer regaliz y champaa el da de mi santo; los domingos

    jugaremos un piquet monstruo. No es una vidita de las buenas? Una vida sin

    todos esos jaleos de irme con usted y que todo el mundo lo sepa, de perder un

    collar de perlas, de ser siempre fotografiada y de...

    Ella retorca maquinalmente, alrededor de su nariz, un mechn de cabellos,

    tan fuerte, que gangueaba, y la punta de la nariz se le pona violeta.

    En efecto, una vidita de las buenas! interrumpi Gaston Lachaille.

    Slo olvidas una cosa, Gigi; y es que estoy enamorado de ti.

    Ah! exclam ella. Nunca me lo haba dicho usted.

  • Colette Gigi

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    Pues confes l, torpemente, te lo digo.

    Ella permaneca de pie frente a l, silenciosa y respirando agitadamente. Su

    confusin no le hurtaba nada; ni el doble latir de su pecho debajo del estrecho

    corpio, ni un doliente rubor en lo alto de sus mejillas, ni la palpitacin de su

    boca cerrada, pero destinada a abrirse.

    Eso es otra cosa! exclam finalmente. Entonces, usted es un hombre

    abominable! Est enamorado de m, y quiere arrastrarme a una vida en la que

    yo slo tendra penas, en la que todo el mundo cotillea de todo el mundo y los

    peridicos escriben maldades. Est enamorado de m, y no le importa meterme

    en aventuras abominables, que terminan con separaciones, disputas,

    Sandomirs, revlveres y lu... ludano.

    Estall en violentos sollozos, que hicieron tanto ruido como un acceso de

    tos. Gaston la ci con sus brazos para inclinarla hacia s como una rama, pero

    ella huy y se refugi entre el piano y la pared.

    Pero, oye, Gigi... Escchame.

    Nunca! No quiero verle nunca ms! Nunca lo hubiera credo de usted.

    Usted no es un enamorado, es un mal hombre! Vyase de aqu!

    Se tapaba la vista con las dos manos, que aplastaba sobre los ojos. Gaston

    buscaba, en aquella carita bien defendida, lugar para un beso. Pero sus labios

    slo encontraban el borde de una pequea barbilla llena de lgrimas. Al or los

    sollozos, madame lvarez acudi. Plida y circunspecta, se mantuvo vacilante

    en el dintel de la cocina.

    Santo Dios, Gaston! Qu pasa?

    Oh! dijo Lachaille. Pasa que ella dice que no quiere!

    No quiere... repiti madame lvarez. Cmo? No quiere?

    No, no quiere! Creo que hablo con claridad!

    No, no quiero! pi Gigi.

    Madame lvarez miraba a su nietecita con una especie de temor.

    Gigi... Si hay para darse cabezazos contra las paredes! Pero, Gigi; si te

    dije... Gaston; le aseguro que le dije...

    Le dijo demasiado! exclam Lachaille.

    Volvi hacia la nia su rostro, que ya era slo el de un pobre hombre

    doliente y enamorado. Pero ella le ofreca la espalda sacudida de llantos y su

    cabellera desordenada. l exclam sordamente:

    Ah! Ya estoy harto!

    Y se fue dando un portazo.

    Al da siguiente, a las tres, la ta Alicia, llamada con urgencia, suba al piso de

    las lvarez imitando el jadeo de los cardacos y empujaba sin ruido la puerta

    que su hermana haba dejado "ajustada".

    Dnde est la pequea?

    En su cama. Quieres verla?

  • Colette Gigi

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    Tenemos tiempo. Cmo est?

    Muy tranquila.

    Alicia levant sus puos colricos.

    Muy tranquila! Ha dejado caer el techo sobre nuestras cabezas y est

    muy tranquila! Qu generacin!

    Se levant su velillo de lunares y fulmin a su hermana con la mirada.

    Y t, que te quedas aqu plantada, qu piensas hacer?

    Su rostro de rosa marchita afrontaba duramente el gran rostro blanco de su

    hermana, que protest moderadamente.

    Cmo, qu pienso hacer? No puedo atar a la nia!

    Un largo suspiro levant sus hombros rollizos.

    Se puede decir que no merezco la descendencia que tengo aadi.

    Cuando hayas acabado de lamentarte! Lachaille se fue de aqu con el