cinco cuentos cortos

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Cinco cuentos cortos e interesantes de Mahatvati (Luis Rubén Paz Mollah).

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Cinco cuentos cortosPor Luis Rubn Paz Mollah 2003

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EL CEMENTERIO DE MARTIN

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Martn era despreciado por todos. De cuarenta aos, haba desperdiciado la mitad de su vida dedicado a beber. Era uno de los alcohlicos de Bocas del Toro y como casi siempre estaba borracho la gente lo evitaba, igual que a sus compaeros de infortunio. Porque ya sea que se considere el alcoholismo

como vicio o como enfermedad, la verdad es que es un autntico infortunio llegar a tal estado. Martn y sus colegas subsistan realizando ocasionales trabajos en sus momentos de lucidez, generalmente los trabajos ms duros o que nadie gusta de hacer. Pintaban, recogan la basura, limpiaban los tanques spticos,

chapeaban los lotes baldos luego se reunan y compartan el dinero para comprar botellas o pachas de alcohol puro, que mezclaban con agua y filtraban con pan viejo para de ese modo obtener ms cantidad del lquido que era la principal razn de su existencia. A veces se acordaban de comprar algo de alimento para no desmayar y recuperar fuerzas. La misma historia que se repite a diario en todas partes del mundo, incluso donde el alcohol est prohibido por ley o no se puede comprar, un alcoholito que se precie se las ingenia para fabricarlo. En los tiempos en los que se desarrolla esta historia los borrachines gustaban de libar sus bebidas en el Parque Municipal que queda frente a la Gobernacin, cuando ello no era posible o los echaban de all se iban a un parquecito que quedaba por Calle Sexta, pero el mejor sitio era para chupar era y sigue siendo lo que se conoce como La Cabaa y sus reas aledaas y que queda en la playa, con una preciosa vista del Mar Caribe. Esa es una playa 3

muy hermosa, pero igual de descuidada a pesar de las campaas que se hacen para incrementar el turismo. Beber ah les daba una sensacin de libertad que no tenan, pues estaban encadenados al guaro, adems de que en la playa se poda cantar sin temor a molestar a nadie pues el estruendo de las olas se encargaba de acallar las inspiraciones opersticas de los improvisados bardos. Para llegar a La cabaa, que queda como a una milla del centro de la Ciudad, si se iba a pie uno poda acortar camino entrando por el actual Cementerio en uso, desde all se pasaba por el Cementerio viejo, que est casi abandonado, y ya estaba uno en la entrada del rea que es usada como recinto de la Feria del Mar, que se celebra todos los aos en septiembre u octubre y es cuando mejor se aprecia el lugar pues las autoridades y el Patronato de la Feria mandan a limpiarlo y remozarlo quizs con la idea de que los visitantes piensen que siempre est as de bonito. Por lo general, pasada la Feria las cosas vuelven a su estado normal y nadie se acuerda de limpiar el hermoso paraje. Cuando el guaro era abundante, Martn y sus compinches se enfilaban a la playa y all, al pie de los rboles de almendro o de las uvas de mar chupaban hasta jumarse; si podan regresaban a sus casas sostenindose los unos con los otros, sino simplemente dorman en el sitio, sin que importara el da ni la hora. Los alcohlicos retan las leyes de la fsica cuando pierden la nocin de espacio y tiempo; nadie se explica como se guan o se sostienen, as como es difcil entender como subsisten.

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Una noche Martn fue el primero en caer y, a pesar del esfuerzo de sus compaeros, no fue posible levantarlo por lo que all lo dejaron, abandonado a su suerte como otras tantas veces. En la fra madrugada Martn, quizs

sintiendo las caricias de las muchas hormigas y cangrejos del lugar, se levant y decidi regresar a casa pasando por el viejo cementerio ya que ese era el camino que le indicaba su entumecida mente. Ya en el cementerio, Martn

volvi a sucumbir al sueo y la bebida, por lo que cay como una hoja sobre una de las tantas tumbas del ttrico lugar. Y all durmi placidamente hasta el da siguiente cuando unos desalmados mozalbetes que pasaban por el lugar decidieron orinar sobre l, que despert creyendo que era cerveza lo que le caa encima. Los pelados corrieron riendo de la infamia que acababan de hacer, sin considerar que quizs alguno de ellos pudiese correr igual suerte en el futuro, que no se vea muy halagador para semejantes malandrines. Martn se sent sobre la tumba, llorando las desgracias de su miserable existencia, cuando de pronto repar en la inscripcin del morador de aquella sepultura. La lpida era muy vieja y no poda leerse bien ni el nombre ni las fechas, pero se distingua la R y la ert de principio y final del mismo y el apellido May, que era lo nico claro. Por alguna razn Martn saba que el nombre correcto era Rupert May y record que ese era un ciudadano jamaiquino, nacido en mayo de 1846 y fallecido el 30 de octubre de 1914, por consiguiente no era posible que Martn le hubiese conocido, ni l o ninguno de sus amigos. anterior a ellos. 5 El difunto Rupert May era muy

Sin embargo, la vida de Rupert May pas por la mente de Martn como si entre ellos existiera una antigua amistad. Vio con claridad cuando lleg a

Bocas del Toro procedente de su Kingston natal, a su esposa Mary que era una negra local, a sus hijos y amigos de la Logia Mecnica a la que perteneci e inclusive lo visualiz trabajando como ebanista, en lo que fue un gran maestro. Comparti sus comidas antillanas, que tanto disfrutaba el jovial Rupert, sus momentos alegres y los tristes, como la prdida de su hijo mayor en un terrible accidente. Todos los detalles de la vida de Rupert estaban en su mente, su diente de oro mal hecho, la leontina que siempre utilizaba, su impecable forma de vestir y el psimo espaol que utilizaba al hablar, pues por lo general lo haca en ingls. Finalmente tambin pudo ver con claridad como muri, de un ataque cardiaco cuando cortaba la madera para hacer una mecedora, que era un regalo para su amada Mary. Lleg muerto al hospital, no sin antes decir que tena que terminar su trabajo lo antes posible y que era mejor que lo llevasen a su casa. Luego vino el entierro, que fue todo un acontecimiento pues asistieron todos sus Hermanos de la Logia y se practicaron los complicados y coloridos ritos de los masones para esas ocasiones. Martn estaba asombrado hasta el punto de que su mente se despej totalmente. Por primera vez en mucho tiempo fue a su casa adonde se ba y se afeit, limpi la sucia morada, lav su ropa y se visti de forma presentable. Fue entonces a buscar algo que hacer, hasta que consigui un camarn limpiando el local de unos chinos, lo que le reditu unos cuantos Balboas con los que, gran milagro!, comi opparamente como no recordaba hacerlo. La 6

sorpresa de sus compinches fue mayscula, y an ms por el hecho de que a pesar de tener algo de dinero no quisiese tomar una gota de alcohol. Durante dos das Martn procur no salir de su casa, excepto para laborar en lo que se presentase. Aprovech para ordenar sus cosas, limpiar el patio de la casa y con el poco dinero que ganaba, adems de comer, compr algo de ropa nueva para lucir con mejor aspecto. regresar al cementerio Al llegar all busc el sepulcro de Rupert May y lo arregl lo mejor que pudo, tambin resalt y pint las letras de la lpida, con todos los datos que claramente recordaba. Al finalizar se sent sobre la tumba e inesperadamente vio frente a el la figura de una indgena. Ella se comunic con l sin hablar, de forma inexplicable. Era obvio que se trataba de un espectro, an as Martn no sinti temor alguno cuando ella le transmiti que haba muerto el 12 de enero de 1923 de una hemorragia al complicarse el ltimo parto. En vida se llam Vicenta Baker y tuvo cinco hijos, el ltimo de los cuales muri a la semana de haber nacido. Era una chola muy pobre y muy feliz, como ella misma se Sinti la necesidad de ordenar su vida y de

describi. Su marido, llamado Genaro, pescaba a diario y eran dichosos en su pobreza. Le gustaba cantar, coser la ropita de sus nios e ir a nadar a la playa cuando era posible. Su plato favorito era la tortuga, que coma con gran avidez acompaada de banano hervido y ocasionalmente beba chicha fuerte, que ella misma fabricaba para su marido. Tena muchos hermanos y parientes y hubiese descansado en paz sino fuera por el hecho de que su pequeo beb fue enterrado lejos de ella, contrario a lo que deseaba. Desde el momento en 7

que el mismo naci y ella muri, su espritu saba que el nio tambin iba a morir, era muy frgil y nadie podra cuidarlo como ella misma. Esa era su

angustia, como la de Rupert May fue el hecho de morir sin acabar su mecedora. La fosa de Vicenta ni siquiera tena una simple cruz; Martn slo saba que all estaba, por eso decidi fabricarle una, a la que le puso el nombre y las fechas de nacimiento y muerte. Tambin cort la maleza sobre la misma y sus alrededores y coloc unas flores frescas que escogi para ella. Despus de

esto no supo mas nada de ella o de Rupert, por lo que supuso que ahora descansaban en paz. Martn haba cambiado su forma de vida, ahora tena un trabajo estable como Conserje Municipal, que le proporcionaba los suficientes ingresos para vivir y vestir decorosamente. Repar su casa y muy pronto se granje la

amistad de sus conciudadanos. De su antiguo vicio no quedaba vestigio alguno y sus amigotes de antao lo miraban como si fuese un traidor. No hay peor enemigo para un beodo reformado que sus viejos camaradas, que en el fondo sienten envidia porque ellos no tienen la fuerza de voluntad para salir de ese abismo. Sus visitas al cementerio aumentaron y as su comunicacin con los muertos. Nunca se presentaban en grupos sino uno a uno, le transmitan sus alegras y pesares y despus no se volvan a comunicar con l. Martn not que todos tenan en comn el hecho de que murieron deseando algo, o haciendo algo, o de forma violenta. La angustia en el ltimo momento era el Martn jams sinti miedo de 8

denominador comn de aquellos aparecidos.

alguno de ellos, a pesar de que el aspecto de unos era temible, en especial los que murieron por suicidio o mano cri