Chavn de Huntar: Estado Teocrtico

Download Chavn de Huntar: Estado Teocrtico

Post on 01-Jul-2015

4.885 views

Category:

Education

14 download

DESCRIPTION

Analisis de Chavn de Huantar, considerado como el primer estado teocrtico andino.

TRANSCRIPT

  • 1. henry tantalen*chavn de huntar y la definicinarqueolgica de un estado teocrtico andinoResumenEn este artculo se propone que el sitio arqueolgico de Chavn de Huntar fue lamaterializacin y el centro de un Estado Teocrtico Andino. Para darle sustento adicha propuesta se plantean una serie de indicadores arqueolgicos los cualessurgen de la informacin acumulada y actualizada como tambin de nuestras pro-pias observaciones. Con tal propuesta inspirada en el materialismo histrico seespera generar una discusin centrada en los objetos arqueolgicos y que atiendaa las condiciones materiales particulares y a la trayectoria histrica de los Andescentrales. Palabras clave: Estado, teocracia, Andes, materialismo histrico.AbstractIn this article we propose that the archaeological site of Chavin de Huntar wasthe materialization and center of a Andean theocratic state. To give support tosuch proposal we argue a serie of archaeological indicators which ones raise fromthe accumulated and updated information as well as own observations. With suchproposal inspired in the historical materialism we expect generate a discussion* Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Instituto Francs de Estudios Andinos, Lima,Per, correo electrnico: henrytantalean@yahoo.es

2. 100 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009focused on the archaeological objects and that attend to the particular materialconditions and to the historical trajectory of the central andes. Key words: State, theocracy, andes, historical materialism.IntroduccinDesde los comienzos de nuestra disciplina, los investigadores del pasado noshemos enfrentado al reto de otorgarles nombre a los fenmenos sociales pasadoscon los que trabajamos. Para ello hemos generado, en tanto heursticas, categor-as, conceptos o nombres que nos ayudan a acercarnos y comprender mejor dichosfenmenos. Obviamente, cada una de estas etiquetas se origina y parte de unaconcepcin del mundo y, para nuestro caso, de una teora arqueolgica (implcitao explcita) que le da sentido y contenido a estos fenmenos sociales dentro denuestro ordenamiento de dicho mundo pasado en el presente. Histricamente, losfenmenos sociales que hemos estudiado han sido vistos a la luz de diferentesteoras aunque las evidencias materiales de dichos fenmenos puedan ser lasmismas. Obviamente, tambin existe una carga poltica, acptese o no, en la gene-racin de dichas categoras y en los ltimos aos esto ha sido hecho evidente ysido criticado y asumido desde la misma arqueologa.Dentro de estos fenmenos por estudiar, la aparicin u origen del Estado pre-histrico siempre ha estado en un lugar bastante privilegiado puesto que comoente poltico que genera un quiebre en la forma de vida pasada hasta nuestros dases importante para explicarnos a nosotros mismos como sociedad. Adems, dadoque nuestro oficio est relacionado directamente con los objetos, y casi desde elprincipio por el gusto por las cosas que poseen una gran calidad esttica y durabi-lidad, las creaciones realizadas por los Estados antiguos, que poseen una mayorcapacidad para generar dichos objetos, han llamado la atencin de los arquelogosy arquelogas y de la sociedad en general. As pues, este debate acerca de la apa-ricin del estado y sus correlatos materiales ha generado una importante literaturaen la cual se aprecian diferentes lneas de investigacin pero, sobre todo, diferen-tes teoras que suponen su existencia, carcter y concrecin (por ejemplo vaseService 1984[1975], Haas 1982, Lull y Mic 2007).En los Andes, como la misma historiografa seala, casi siempre la explicacindel origen o aparicin del estado ha estado condicionada por estudios o teorasque han sido generados en lugares alejados donde se plante por primera vez laexistencia del Estado temprano, que es el que ms llama la atencin por su ca-rcter primigenio, prstino, de primera generacin o primario (Millaire 2010a,Spencer 2010). De esa forma, se han generado caractersticas o elementos arqueo-lgicos que deben estar presentes tanto all como aqu para vindicar a un fenme- 3. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 101no arqueolgico como el Estado, casi siempre dejando de lado la forma de produ-cir la vida social en condiciones particulares, como es el caso del mundo andino.Por lo anteriormente comentado, creemos que adems de esas epistemologasy modelos arqueolgicos-antropolgicos hegemnicos, mayoritariamente neoevo-lucionistas, otras formas de comprender el pasado tambin pueden contribuir agenerar una representacin o explicacin ms adecuada a la realidad social de losAndes prehispnicos. As pues, en este artculo planteamos una definicin delestado teocrtico andino y que tambin surge como una propuesta terico-prcticaque nace desde la evidencia concreta y que pretende superar dialcticamente a laampliamente utilizada categora de Jefatura Compleja (Complex Chiefdom)1 yque se aplica a diferentes sociedades que no alcanzan a cubrir los requisitos nece-sarios para ser definidas como un estado, como en el caso de Chavn de Huntar(por ejemplo, Manzanilla 2001:401). Dicha categora fue generada y es utilizadaampliamente por la arqueologa procesualista neoevolucionista anglosajona (Ser-vice 1962, Flannery 1972, 1998, Earle 1987, Johnson y Earle 2000)2 o inspiradaen ella que, para el caso peruano, principalmente, es de origen norteamericano(por ejemplo, vase Haas y Creamer 2006).3 Dicha categora dara cuenta, princi-palmente, de una organizacin sociopoltica intermedia entre las sociedades sim-ples y los Estados y que se materializara en la concentracin de arquitecturamonumental ms all de la capacidad de las unidades domsticas y que tiene unterritorio y una poblacin importante aunque tambin intermedia entre esos dosextremos de la escala evolutiva de las sociedades. Ms importante y a nivel antro-polgico esta categora explica que en dicho tipo de sociedad no existiran clasessociales o explotacin de un grupo social hacia otro sino ms bien mecanismos(extrados de la antropologa econmica) que explicaran la monumentalidad me-diante la redistribucin (Johnson y Earle 2000) (incluida la asimtrica) y la exis-tencia de lderes carismticos4 o Big Men que generan u obtienen su prestigio1Para una sntesis del uso de la complejidad en arqueologa vase Adams 2001 y para una aplica-cin en los Andes centrales vase Haas y Creamer 2006.2Tambin vase Chapman 2008 para una crtica de la hegemona de los modelos angloamerica-nos con especial referencia a la utilizacin de la categora de jefatura.3Aunque vase una crtica al neoevolucionismo aplicado a los Andes en Pozorski y Pozorski1992:863.4En versiones procesualistas ms modernas y auto-crticas (procesuales-duales), como la deBlanton et al. (1996), que tratan sobre cmo operan los lderes en las sociedades complejas sepueden encontrar la divisin entre las estrategias de poder exclusionistas (exclusionary) dondelos lderes individuales generan relaciones de dominacin de tipo patrn-cliente con los sujetosde la sociedad y se empoderan mediante redes con otros lderes (network) gracias a las cualesobtienen el acceso a bienes exclusivos y las estrategias de poder corporativas (corporate) dondela elite se apoya en los grupos de la misma sociedad para conservar (compartir) el poder polticoy econmico (comprese con las jefaturas individualizantes (Individualizing Chiefdoms) y las 4. 102 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009mediante el auspicio y ofrecimiento de grandes banquetes instalados y celebradosen dichos espacios monumentales.5 Esta categora procesualista es ampliamenteusada antes de la aparicin de sociedades que comparten los elementos claves delos estados de primera generacin de otras partes del mundo como se planteanpara el caso de Moche, Wari o Tiwanaku, ubicados posteriormente a los inicios denuestra era (Stanish 2001, Manzanilla 2001, Billman 2002, Silverman 1995,Schreiber 2001, Smith y Schreiber 2005, 2006).No obstante, creemos que mediante la evidencia arqueolgica disponible en laactualidad tambin es posible caracterizar objetivamente a las sociedades quemostraron una desigualdad socioeconmica y sociopoltica, evidente en la formaasimtrica de conducir y consumir el trabajo de un grupo social por otro (explota-cin) mediante prcticas coercitivas y normas institucionalizadas amparadas yjustificadas en un sistema religioso que funcionaba para reproducir dicha asime-tra social, lase estado teocrtico. Claramente esta propuesta est basada en unaperspectiva de los objetos arqueolgicos materialista histrica que trata de expli-car a Chavn de Huntar no solamente como consecuencia de una evolucin gene-ral universal de las sociedades sino ms bien como producto histrico-social consus propias condiciones materiales de existencia y relaciones sociales especficasy particularidades histricas donde, en un tiempo determinado en su trayectoriahistrica, un grupo de la sociedad hall las condiciones necesarias, aunque gene-radas por la misma sociedad, para ubicarse ventajosamente con respecto a otrosindividuos y produjo artefactos e instaur prcticas para sancionar, controlar y/omanipular a otros individuos con el objetivo de reproducir dicha situacin venta-josa, mediante tecnologas del poder (Foucault 1976), en este caso las prcticasreligiosas coercitivas y sus materializaciones.Jefaturas orientadas hacia el grupo (Group-oriented Chiefdoms) de Renfrew 1974 en Blantonet al. 1996). Tambin vase Manzanilla 2001.5Por ejemplo, en un reciente artculo, Charles Spencer (2010:7119) retomando a Henry Wright(1977) seala que: Wright defini a la Jefatura como una sociedad con autoridad centralizadapero no especializada internamente; l defini al estado como una sociedad con una organiza-cin administrativa centralizada y tambin internamente especializada, coherente con el concep-to Weberiano de burocracia racional. La autoridad de la Jefatura es, de este modo, centralizadapero no burocrtica, un diseo que encuentra su expresin lingstica en los relativamente pocostrminos empleados para designar a los encargados de tomar las decisiones en las jefaturas et-nogrfica y etnohistricamente documentadas. En contraste, incluso los estados relativamentepequeos presentan una gran cantidad de denominaciones de puestos administrativos. De talmanera, para Spencer como para Wright, el principal rasgo del estado es que el lder o autoridadestatal puede derivar o delegar autoridad y/o tareas a otros especialistas: una burocracia consti-tuida con jerarquas que asuman autoridad parcial. Esta autoridad parcial se vea arqueolgica-mente en otros centros polticos fuera del principal y otorgara la territorialidad necesaria alestado. 5. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 103El estado teocrtico como concepto ya haba sido propuesto inicialmente porLuis G. Lumbreras Salcedo6 (por ejemplo, 1974:72, 1981:189, 1993:373,2005[1989]:273, 2005[1995]:222, 2007:662) para el caso de Chavn de Huntar7donde l vea un poder poltico y econmico en manos de especialistas religiosos(tambin vase Bate 1984:72).8 Sin embargo, el historicismo cultural, evolucio-nismo y occidentalismo instalado e imperante en el pensamiento arqueolgicodominante en el Per en general no permiti consolidar este concepto y su com-probacin emprica. Esto tendra que ver, entre otras razones, con la necesidad deutilizar categoras universales desarrolladas en otras reas pero soportada conevidencias arqueolgicas producidas histrica y localmente. Es decir, dichas cate-goras universales que nunca fueron generadas aqu deberan contener los mismoselementos o atributos arqueolgicos encontrados en los primeros Estados delmundo ms que en nuestra propia realidad. En ese proceso, confundamos el fe-nmeno o apariencia con su causa o esencia,9 de tal modo que, lo que haba ocu-rrido principalmente en Cercano Oriente (bsicamente por la influencia childiana)debera haber tenido las mismas manifestaciones concretas en los Andes. Por ello,esta propuesta tambin tiene como objetivo general, comenzar a generar una teo-ra arqueolgica andina que d cuenta de las manifestaciones concretas de lasprcticas sociales en la regin andina que en algunos casos han demostrado seroriginales (por ejemplo, vase Burger (1992:226) para Chavn de Huntar o Ma-kowski (2003, 2008a, 2008b:7) para el urbanismo andino).En este artculo, si bien, utilizamos el materialismo histrico (como teorageneral y epistemologa) que tambin es una ciencia y filosofa de origen occiden-tal,10 el mismo Karl Marx entenda que cada situacin histrica tena su propiamanifestacin en lo concreto. En consecuencia, nuestro materialismo histricoasume que dadas ciertas condiciones materiales y relaciones sociales histrica-mente producidas generarn concreciones diferentes en distintos espacios/tiemposaunque con la posibilidad de encontrar formas y relaciones de produccin simila-res en otras partes del mundo y en otros momentos histricos.Si bien, muchas veces se ha cado en el mecanicismo y la ortodoxia, por ejem-plo, cuando se trataba de encajar a las sociedades del Nuevo Mundo en los modos6 Interesantemente, Childe (1947:73) tambin haba planteado un Despotismo Teocrtico.7 Para otras propuestas cercanas sobre estados teocrticos, tambin vase Fung 1988, 2008[1999] para Las Haldas o Pozorski (1987:15) y a los Pozorski (Pozorski 1987, Pozorski y Pozorski 1994:70) para Pampas de las Llamas-Moxeque.8 Sin embargo, la categora Estado Teocrtico est ms relacionada con la sociedad Moche de tiempos posteriores a Chavn (Canziani 2008:195). Interesantemente es el mismo tiempo en el cual los arquelogos procesualistas aceptan la existencia de estados en los Andes.9 Por ejemplo, lo mismo sucede con la categora de ciudad que veremos ms adelante.10 Vase crticas al materialismo histrico por dicha carga etnocntrica en Patterson 2008. 6. 104 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009de produccin sugeridos por Marx, creemos que en este caso l estaba generandoesquemas generales y que, como sabemos, necesitaba de mayor informacin em-prica para poder plantear sus generalizaciones11 (Bate 1984). Como sabemos, elmtodo cientfico materialista histrico parte de lo especfico para llegar a lo ge-neral y viceversa, en una superacin o movimiento dialctico que se va adecuandoa lo que expresa la realidad concreta. No obstante, este principio bsico marxianono fue lo suficientemente comprendido por propios y extraos, lo que se puedevase claramente en los debates de la dcada de los aos setenta del siglo pasadoen el Per cuando se discuta intensamente sobre el modo de produccin, en espe-cial el asitico, en los Andes prehispnicos (Espinoza 1981[1978]. Tambin vaseBate 1984). En todo caso, se puede decir que el debate fue ms terico que emp-rico lo cual se mantuvo tambin en la misma propuesta de Lumbreras que nuncadesarroll una metodologa arqueolgica para contrastar dicha propuesta tericadel estado andino y especialmente su origen relacionado a lo que denomin Esta-do Teocrtico.12Obviamente, la contradiccin principal para poder generar una teora arqueo-lgica del Estado Andino est en que, por un lado, existiran principios y manifes-taciones universales del Estado y, por el otro, las condiciones materiales concretasseran especficas en el mundo andino lo que sumado a una perspectiva presentistaconducira a un particularismo histrico esencialista (Lo Andino, Andinismo) (Is-bell 1999:24, Jamieson 2005:353, Sendn 2006). Nosotros creemos que la ubica-cin en cualquiera de esos dos extremos perjudica la concepcin y consecuentecomprobacin de un fenmeno particular en los Andes (la forma, apariencia) peroque, tambin, rehye a las cuestiones generales y de fondo (esencia) del Estadoprehispnico y del estado en general y ms importante, la existencia de la des-igualdad social institucionalizada. Entonces, de lo que se trata aqu es de tomar en11 Creemos que muchas de las confusiones con relacin a los escritos marxistas se originan en la aplicacin mecnica de los modos de produccin y su sucesin en el tiempo pero, sobre todo, en el evolucionismo social explcito existente en textos como El Origen de la Familia, la Propie- dad Privada y el Estado de Engels (1976[1884]) quien toma como parte sustantiva de dicho tra- bajo la investigacin etnolgica de Lewis Morgan quien plantea ciertos elementos, sobre todo, los tecnolgicos como los medios revolucionarios que hacen que se pase de un estado a otro. Asimismo, en el texto de Engels se toma como una forma universal de coercin a los especialis- tas o guerreros (Engels 1976[1884]:168). En este caso, no se atiende a formas diferentes o ms tempranas de ejercer la violencia institucional, como puede ser la ejercida mediante las prcticas religiosas (aunque vase nuestro indicador 8). De hecho, en el libro mencionado solo se hace re- ferencia someramente a los desarrollos andinos de la poca del contacto espaol.12 Resulta interesante que casi al mismo tiempo, pero en Venezuela, Mario Sanoja e Iraida Vargas (1974) postulaban un Modo de Produccin Teocrtico (Tambin vase Sanoja 1982:227). Sin embargo, Ernesto Tabo (1978) critic en su momento, este supuesto modo de produccin pues sera inaceptable desde una perspectiva marxista-leninista (Dacal y Waters 2005:35). 7. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 105cuenta ambas esferas que han sido polarizadas y unirlas para realizar una sntesisen que ambas esferas sean complementarias y no excluyentes (en una superacindialctica de ambas). Esto permitira proponer una explicacin de Chavn deHuntar en tanto formacin econmica social asimtrica estatal que es una formauniversal pero reconociendo sus particularidades propias forjadas en una realidadconcreta como la andina. En el mejor de los casos, se busca que esta propuesta seaheurstica, proponiendo una metodologa ad hoc y generando una discusin sobrelas formas tempranas de institucionalizacin de la desigualdad social en los Andesprehispnicos.Asimismo, la evidencia emprica desde los tiempos de la propuesta de Lum-breras ha crecido de tal forma que nos permitir generar una sntesis arqueol-gicamente ms informada. Es nuestro deseo que esta propuesta sirva paragenerar una lnea de investigacin que atienda, desde nuestra propia realidad, afenmenos que se puedan estudiar y comparar universalmente, pero no desdeafuera sino desde dentro de nuestra realidad. Adems, aqu se hace la aclaracinque dado que esto puede posibilitar una visin nacionalista y chauvinista de laarqueologa que nosotros mismos hemos criticado anteriormente (Tantalen2008, 2010, tambin vase Burger 1992:227) no es nuestro deseo explicar esepasado desde la peruanidad sino ms bien desde los Andes prehispnicos, unespacio geogrfico y social amplio que trasciende y supera a las fronteras na-cionales actuales.Conceptualizando al Estado Teocrtico AndinoEn primer lugar, un estado teocrtico puede ser, como lo es posiblemente en losAndes y en otras reas del mundo, una de las primeras formas de institucionaliza-cin de la desigualdad socioeconmica y sociopoltica. Aunque desde una pers-pectiva evolucionista parece que es la primera forma ms extendida de laaparicin de dichas desigualdades no es un camino que no pueda desandarse ni esuna trayectoria social con rumbo definido, y por lo tanto, no es un requisito parael paso hacia otro tipo de sociedad ms evolucionada. Generalmente se asumeque tras un estado teocrtico, al complejizarse las relaciones sociales, especial-mente las socioeconmicas, se dara paso a una sociedad de tipo estatal laica,secular o militarizada. A pesar que hay muchos ejemplos de ello (aunque por veri-ficarse arqueolgicamente en muchos casos) tambin existen numerosos contra-ejemplos, incluso en los Andes.13 En todo caso, cuando algo de mayor13 Por ejemplo, despus de la ltima ocupacin relacionada con el edificio en uso original de Cha- vn de Huntar viene la ocupacin asociada al estilo cermico Huaras (Rick et al. 2009:103). 8. 106 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009complejidad o magnitud aparece esto deber ser investigado como parte consti-tutiva o no de un mismo proceso histrico. Ms an, habra que vase s la mismaelite que gener lo anterior tiene relacin con la subsiguiente generacionalmentehablando (acumulacin de la produccin social). Por ello, es necesario tener encuenta que aunque el estado teocrtico andino, como veremos aqu, es una formaoriginal y tal vez prstina de estado en los Andes, este fue una manifestacin queapareci en algunas reas concretas coexistiendo con otras formas sociales quecontribuyeron en mucho a su conformacin o simplemente se mantuvieron expec-tantes y, en algunos casos, la rehuyeron o escaparon a su influencia o control di-recto, lo cual explica esos vacos en nuestros mapas arqueolgicos durante laexistencia de un estado.De lo anterior se desprende que la formacin estatal no puede o no deberaverse como una forma mejor o ms desarrollada de sociedad puesto que desde unaperspectiva antropolgica desde diversas tendencias tericas (marxista, procesua-lista, postcolonial) esto supone la existencia de desigualdad social, el control de lamano de obra, la acumulacin de excedentes, el control de la elite sobre la vidahumana, etc. A pesar que los estados se relacionan y, sobre todo, los teocrticosque generan artefactos de gran calidad relacionados con materias primas exclusi-vas y una esttica que la acompaa, tienen un logro artstico impresionante, hayque observar que estos objetos no se utilizan o consumen en todos los grupossociales a los que pertenecera esta cultura. De tal modo que este es un arte oproduccin social para la elite y que supone que su existencia o uso tambin su-puso la inexistencia y no uso/consumo en otros contextos de la misma sociedadgenerando una distribucin desigual de la produccin social.Asimismo, es necesario indicar que aunque parece existir un ms temprano ynico origen del estado teocrtico andino, esto no significa que los demshayan tenido que ver directamente con dicha primera aparicin pues reas dife-rentes tienen trayectorias sociales histricas diferentes. De hecho, como conce-bimos aqu la historia andina, la aparicin del estado es consecuencia de unaserie de factores, bsicamente de las condiciones materiales histricamenteconstituidas, que son utilizados por un grupo de la sociedad (clase social) paraestablecer un lugar privilegiado en las prcticas sociopolticas y socioeconmi-cas de la sociedad. As pues, siempre que existan estas condiciones materialespuede o no generarse un estado, de tal manera que causalidad y casualidad estnpresentes en esta aparicin del estado (un accidente histrico) y este se manifes-tar con caractersticas propias elegidas como estrategia por el grupo de elitepara su reproduccin. En este caso particular, analizamos las estrategias queestn relacionadas con el uso de prcticas religiosas o socio ideolgicas domi-nantes para generar y mantener la apropiacin del trabajo o producto de este porel grupo de elite. 9. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 107As pues, los primeros estados teocrticos andinos al ya no estar vinculadoscon una fuerza evolutiva subyacente pueden aparecer y desaparecer en un readeterminada con caractersticas similares o no pero siempre histricamente con-tingentes.De este modo, en nuestra propuesta un Estado Teocrtico Andino es:Estado: porque supone la institucionalizacin de las desigualdades sociales (nosu aparicin, pues este puede ser un proceso previo) donde principalmente se da laestructuracin de la sociedad en base a una divisin clara entre productores y noproductores.14 Un estado, as, supone la existencia de una contradiccin objetivaentre dos grupos sociales antagnicos (clases sociales)15 de los cuales uno dominay controla la produccin y distribucin de los bienes materiales (explotacin). Eneste sentido, un estado no es una cuestin solamente cuantitativa (fenomenolgi-ca) o de complejizacin econmica sino, sobre todo, es la consolidacin sancio-nada y reproducida de una nueva organizacin de las relaciones sociales en lascuales un grupo minoritario de la sociedad se distancia de la produccin bsica(principalmente, de alimentos y medios de produccin como la cermica, textiles,instrumentos lticos, etc.) y se dedica a manipular, controlar y consumir el trabajosocial de la poblacin a la que tiene sujeta. Una forma de manipulacin social eneste contexto claramente surge de la religin.Teocrtico: porque las anteriores desigualdades sociales estn originadas,mantenidas, controladas, normadas y justificadas institucionalmente mediante unaprctica socio-ideolgica llmese religin16 o mito dominante que se practica ydirige17 como medio de reproduccin de la asimetra social (sistema poltico y14 Como recientemente seala Millaire (2010a:6186): Las definiciones del estado son variadas, aunque la mayora de los estudiosos est de acuerdo en que estas son organizaciones polticas considerados por los que viven en estas como polticamente independientes y en las cuales los lderes especializados tienen la autoridad para controlar las actividades sociales, polticas, lega- les, econmicas, y culturales, as como tambin el uso de la fuerza.15 A pesar que investigadores como Richard Burger (1992:181) y Luis Lumbreras utilizan el con- cepto de clase social par Chavn de Huntar, nosotros somos cautos en identificarlas como ta- les pues esta categora marxiana fue definida en base a elementos objetivos de la sociedad capitalista y ejemplos conocidos por Marx y Engels en su tiempo. Si bien, nosotros creemos que en Chavn de Huntar y aun antes existiran clases sociales todava deberemos estudiarlas de mejor manera para identificarlas arqueolgicamente.16 Para una discusin del uso del concepto religin en arqueologa pero, sobre todo, de una crtica al etnocentrismo de este concepto y su superacin a travs del reconocimiento de la exis- tencia de religiones no relacionadas con la construccin del concepto a partir de la Europa de la Ilustracin se puede consultar Insoll 2004:13-16. Tambin para Chavn de Huntar vase Rick 2005:77 quien en su modelo manipulador recoge algunos conceptos marxistas sobre la religin.17 Es importante sealar aqu que lo que se denomina especialistas religiosos es una denominacin amplia que incluye a un grupo de individuos que estn organizados polticamente y unidos por la actividad religiosa. De esta forma, aqu diferenciamos a los shamanes de los sacerdotes, pues estos ltimos se acomodan mejor a la idea de especialistas que realizan sus prcticas dentro y 10. 108 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009econmico) y que tiene como objetivo concentrar productos mediante el monopo-lio del miedo o terror o la generacin y ostentacin de violencia fctica y/o psico-lgica. De este modo, la religin subsume en sus narrativas las contradiccionesobjetivas de las clases sociales y se hace necesaria como medio de equilibrar yamainar las tensiones sociales que supone la existencia de la explotacin, encu-brindola y hacindola ms dinmica, conformndose en el medio principal decontrol social. Por ello, s existi algn cuerpo de guerreros este todava no fue elprincipal grupo social ni domin las relaciones sociales. En este contexto, elTemplo o Centro Poltico Religioso,18 como preferimos denominarlo, es laprincipal propiedad de los tecratas y su instrumento de produccin principal. Sudefensa necesariamente supuso la existencia de un grupo de individuos afiliado ala elite que encontraba en la religin y en las armas la justificacin de las propie-dades de la elite.A diferencia de los estados burocrticos que suponen la existencia de burcra-tas o especialistas polticos (funcionarios) que reciben su manutencin mediantedinero19 o algn objeto que encarne un valor de cambio estandarizado y adjudica-do por la institucin poltica,20 los tecratas o especialistas religiosos reciben sumedio de vida en productos, en primera instancia, alimenticios y bienes bsicos.De ello, se desprende que sus prcticas socioeconmicas son diferentes que lasque se realizan dentro de sistemas monetarios donde el capital se acumula de otraforma y a otra velocidad. A pesar que la existencia de burcratas se ha propuesto mediante una institucionalizacin. As, por ejemplo, Eller (2007:72) seala que: Uno llega a ser sacerdote por muy diferentes medios que por los que uno llega a ser un shamn. Comnmente, la adquisicin de un sacerdocio significa el dominio de un cuerpo de conocimiento y dogma, convirtindose en un experto en alguna ortodoxia (orto para correcto/verdadero y doxa para opinin). Los individuos con ideas desviadas o herticas no son buenos candidatos para reci- bir oficios sacerdotales; de este modo, los sacerdotes tienden a ser agentes conservadores. De hecho, ellos representan la institucin a la cual ellos pertenecen, en lugar de ser agentes libres como lo son los shamanes.18 Para una propuesta terminolgica prxima a la nuestra pero para Cahuachi se puede consultar Llanos 2010.19 Como seala el mismo Weber (1977[1922]:22): La evolucin de la economa monetaria es un supuesto de la burocracia, ya que hay que compensar pecuniariamente a los funcionarios. En la actualidad no slo prevalece este factor, sino que es la principal forma de compensacin. Inclu- so, cuando Weber se refiere a sociedades antiguas incluye las que posean formas de retribucin econmica monetaria como el Egipto del Nuevo Imperio: El prerrequisito normal para la exis- tencia estable y continuada, e incluso para la instauracin de administraciones burocrticas pu- ras, es un cierto grado de desarrollo de una economa monetaria (1977[1922]:24).20 De hecho, como el mismo Weber (1977[1922]:4) aclara: Tal como la hemos descrito, la buro- cracia slo est del todo desarrollada en las comunidades polticas y eclesisticas del Estado moderno; en el caso de la economa privada slo lo est en las instituciones capitalistas ms avanzadas. Una autoridad burocrtica perdurable y pblica, jurisdiccionalmente determinada, constituye normalmente una excepcin y no una regla histrica. 11. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 109para los Andes (por ejemplo, Topic 2003) bsicamente por las mismas funcionespolticas que ellos parecen realizar (especialmente y segn Weber, el control de lainformacin), su origen y reproduccin socioeconmica en la sociedad estatalandina no se ha explicado.21Andino: porque es una manifestacin o fenmeno social con caractersticaslocales (andinas) y que estaba basado en formas de produccin tambin origina-rias dadas las condiciones sociales de la produccin en el territorio andino. Dichaforma de produccin andina tuvo un proceso histrico relacionado con los estadospero tambin independiente de ellos. En algunos casos, los estados asimilan dichaforma original de produccin andina y las relaciones sociales que esta supone parasu beneficio (por ejemplo, para poca Inca, las relaciones sociales establecidas enel ayllu). Entender esta forma de produccin y las relaciones sociales que estassuponen en la agricultura, el pastoreo, la caza, la pesca y/o la recoleccin es crti-co para entender las particularidades de las sociedades andinas. Esto se hace nece-sario, sobre todo, desde una perspectiva arqueolgica desarrollada desde unarealidad centrada en los Andes que, en primer lugar, est basada en relacionessociales sin la existencia de capital y donde la acumulacin o retencin del exce-dente se da en tributos de especies22 y la propiedad de la tierra, el principal mediode produccin, cambi a lo largo de la historia. Segn lo que planteamos ac,durante la existencia de los primeros estados teocrticos en los Andes, la propie-dad de la tierra (hecha productiva) sigui en manos de los comuneros y, salvo lastierras sobre las que se asientan los Centros Polticos Religiosos y alrededoresdirectamente relacionados, las dems tierras estaban fuera de su control directo.Adicionalmente, habra que explorar la cuestin del control de las fuentes deaguas (canales, bocatomas, manantiales, etc.) donde justamente, como veremoshacia el final, varios de los otros candidatos de Centros Polticos Religiosos ejer-cen un control espacial y suponan un control indirecto de la tierra agrcola queera beneficiada.Asimismo, queremos detenernos en algo que nos parece clave para entender alos estados andinos pre-capitalistas y otros y que tiene que ver con que la pro-duccin no es individual sino ms bien social o colectiva, situacin que para21 Incluso, cuando se acepta la existencia de burcratas en sociedades estatales se sealan a partir del Horizonte Medio (por ejemplo, vase Isbell y McEwan 1991, Kolata 1993, Schreiber 1992) aunque para Topic (2003:244) las verdaderas burocracias se encuentran en las fases tardas de la sociedad Chim del Intermedio Tardo.22 Segn Lumbreras (com. pers. 2010) el estado teocrtico andino estara dentro de un modo de produccin tributario aunque en este caso concreto es un tributo realizado en ofrendas (tam- bin vase Patterson 1991:25). Es decir, el medio de produccin principal de la elite es el Tem- plo o Centro Religioso-Poltico para acumular la fuerza de trabajo materializada como productos finales u ofrendas que pueden ser alimentos, cermicas, bloques lticos, etc. 12. 110 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009tiempos prehispnicos incluso se observa hasta tiempos Incas, segn las crnicas.As pues, no podemos ver el trabajo de forma neoliberal pues los seres humanosdel Formativo, como si se hace en contextos capitalistas, no pueden cambiar horasde su fuerza de trabajo por un salario. Por ello, si existi algn tipo de pago porparte de las elites hacia los constructores y artesanos (peregrinos) de Chavn deHuntar este debi haberse dado de forma muy asimtrica, en el mejor de loscasos mediante pagos en artefactos extrados de la produccin social tambinmediante ofrendas. Por ello, es necesario tomar en cuenta que los seres humanosque se acercan al sitio y los que no, pero que comparten la produccin de lasofrendas, estn siendo consumidos, a travs de la entrega de su trabajo social, enChavn de Huntar ya que la produccin es social. De todo esto se colige que laselites no consumen trabajo individual sino consumen trabajo social. Por conse-cuencia, las ofrendas de fuerza de trabajo o bienes no son una entrega individualsino que encarnan la produccin social (tambin vase Mauss 1971[1924]:159).De este modo, la arquitectura de los edificios principales y las ofrendas que apa-recen en los llamados banquetes no son entregas individuales, sino que consumenel trabajo social de un grupo (dominado) a travs de las elites de Chavn de Hun-tar o las elites locales intermedias que se acercan a Chavn.Tambin, desde nuestra perspectiva, para que la aparicin de grandes concen-traciones de objetos y restos arqueolgicos pueda ser consideradas y reconocidascomo materializaciones de un estado, no nos detenemos exclusivamente en laconstatacin de dichas grandes acumulaciones de materiales arqueolgicos (comopuede ser las estructuras ceremoniales y/o urbanas) sino ms bien en la investi-gacin de las formas o mecanismos sociales por los cuales se generaron y mantu-vieron dichas concentraciones de materiales arqueolgicos. De este modo, elvolumen arquitectnico solamente es una manifestacin de una prctica socialextracomunitaria que debe estar generada por un grupo social que moviliza dichotraslado y concentracin de objetos arqueolgicos tambin extracomunitario. Sinembargo, esta misma consecuencia reflejada en la acumulacin de materiales sepuede conseguir, ya sea, mediante prcticas sociales colectivistas o comunitarias,es decir, realizadas y basadas en la decisin comunitaria o, ms bien, generada porla decisin de una elite o grupo de personas dentro de la misma sociedad con uninters ms bien particular.Planteando de esta manera la ocurrencia de grandes volmenes de materialesarqueolgicos en un solo lugar y que suele ser visto automticamente como laexistencia de un estado, esperamos superar la clsica ecuacin entre monumenta-lidad y estado, dejando para la investigacin arqueolgica las relaciones socialesmaterializadas en el territorio nuclear de la sociedad que alberga dicho monumen-to. En ese sentido, tambin, hay que sealar que en muchos casos los sitios quereconocemos como parte principal y asentamiento de esos grupos sociales benefi- 13. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 111ciarios de la produccin social son el palimpsesto de una acumulacin histrica demateriales que pueden abarcar varios cientos de aos y que, obviamente, comen-zaron posiblemente como pequeos edificios dentro de relaciones comunitariaspero que en un momento histrico fueron secuestrados o apropiados por ungrupo social que los hizo suyos.Para nosotros el mejor candidato para un Estado Teocrtico Andino siguesiendo el Chavn de Huntar del primer milenio antes de nuestra era y del cual,adems, poseemos una mayor cantidad de datos arqueolgicos recuperados siste-mticamente y fechados radiocarbnicos suficientes como para darle una tempo-ralidad consistente a las manifestaciones arquitectnicas y artefactuales allconcentradas. Aunque dicho trabajo arqueolgico acumulado en el sitio no estexento de discusin (por ejemplo, vase Kaulicke 2010) vemos esta situacin demanera optimista (en una superacin dialctica) y que, aparejado al desarrollo decronologas absolutas (tecnolgico), tambin necesitamos generar teoras sociales(epistemologas) que expliquen este fenmeno mediante metodologas desarrolla-das para contextos arqueolgicos andinos: una cronologa absoluta que no se con-traponga a una explicacin social informada tericamente no mejorar nuestracomprensin de Chavn de Huntar u otros fenmenos Formativos.Asimismo, como vimos arriba, pese a que para Luis G. Lumbreras (1974,1993) Chavn de Huntar era la concrecin de un primer Estado Teocrtico enesta zona y Richard Burger (1992:181, Burger y Matos 2002:171) lo reconocecomo un estado para poca Janabarriu, por lo general, se prefiere dejar de lado sudefinicin sociopoltica (por ejemplo, vase Conklin y Quilter 2008:xxviii), acep-tndose como mucho la existencia de una autoridad o una desigualdad social(Rick 2008). En otros casos, se trata de explicar al sitio funcionalmente o por laconsecuencia en el rea y otras alejadas como un fenmeno social dejndose delado la estructura social que la soporta y le da sentido y dinmica al sitio: faltaproponer quienes seran los agentes que originan todo este movimiento social. Deeste modo, se ha generado toda una literatura sobre Chavn de Huntar que lohomologa con un centro ceremonial (Rick 2006) u orculo, obviamente, modelosbasados en el sitio del Pachacamac de la poca de contacto conocido por fuentesetnohistricas que ya haban asumido dicha funcin para el sitio (Burger1992:193, 2008:681). En otros casos, aunque en la misma senda, se habla de Cha-vn de Huntar como la sede de una Confederacin o Amfictyona23 (Makowski23 Una anfictiona es la confederacin, liga o reunin poltica de ciudades-estados o poleis para sostener un culto religioso centrado y encarnado en un Santuario, Templo principal u orculo como el ms clebre de Apolo en el Delfos de la Grecia Arcaica, ya consolidado desde el siglo VIII a.C. y que permaneci vigente hasta, por lo menos, el IV a.C. (Lane Fox 2007:91). Sin em- bargo, sobre todo para su poca de mayor esplendor, las relaciones sociales all estaban basadas 14. 112 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 20091997:516), donde los diferentes grupos sociales que componen esta confederacin(especialmente, sus elites) se encuentran para re-generar sus vnculos y realizargrandes banquetes o fiestas. Nosotros no negamos que todas esas prcticas cere-moniales, oraculares o festivas se hayan podido dar en el sitio de Chavn de Hun-tar. De hecho, la materialidad social as lo sugiere (Lumbreras 1993:351, Burger2008:688). Sin embargo, lo que nosotros queremos es explicar es cmo un sitiodel volumen, longevidad y hegemona como Chavn de Huntar se origina, cons-truye y, sobre todo, como se mantiene socioeconmica y sociopolticamente des-de dentro para luego proyectarse hacia las elites de menor rango y comuneros, atravs tambin de esos banquetes vinculados con la ostentacin, la competenciao la reciprocidad asimtrica pero que solo representaran una externalizacin deprcticas sociopolticas y socioeconmicas ms profundas centradas y desarro-lladas en Chavn de Huntar. En suma, nos interesa conocer la estructura eco-nmica y poltica que le di sustento a la elite de Chavn de Huntar que debetener necesariamente una manifestacin objetiva y concreta ms all de las per-cepciones subjetivas que podran haberse generado de cara a la sociedad y queson muy difciles de evidenciar y mucho menos valorar cuantitativamente en elpresente.En nuestro caso, hemos elegido generar una representacin arqueolgica de loque es Chavn de Huntar entre otras muchas que existen y que tiene un linaje en la existencia de la moneda que, si bien, se podra originar como forma de ofrenda o tributo a los dioses y a los encargados del Santuario, tiene su gnesis en la entrega al santuario de espe- cies con valor socioeconmico y sociopoltico (tambin vase Mauss 1971[1924]:181). As pues, la moneda en la anfictiona griega tena como objetivo sustituir a las ofrendas en especies para pasar a la circulacin y acumulacin ms rpida de riqueza encarnada en objetos ms pe- queos aunque de difcil obtencin como el oro o la plata pero an conservando esa faceta reli- giosa de la cual se gener. De hecho, la anfictiona dlfica termina acuando sus propias monedas aunque bajo el control de la autoridad de las poleis (Domnguez Monedero 2002) y sustentada econmicamente por sus aristocracias (Lane Fox: 2007:92). Como Domnguez Mo- nedero (2002:233) seala: la conclusin que parece imponerse es la de que existe una estre- cha relacin entre la moneda en Grecia y el mbito de lo religioso, tanto en los inicios mismos de la moneda como en la relacin entre la moneda y los santuarios. Los templos y santuarios griegos, como depositarios del gran nmero de riquezas que la piedad de sus fieles acumulaba en ellos, tenan la obligacin de protegerlas y custodiarlas, retirndolas en principio de la circu- lacin. Desde muy temprano esas ofrendas han sido objeto de cuantificacin por los sacerdotes, que han establecido su valor empleando los sistemas de pesos y medidas ya acreditados, lo que ha permitido desde siempre conocer su valor real; la aparicin de la moneda no ha hecho sino simplificar estas valoraciones, que siempre fueron de inters para los santuarios y el propio valor nominal y simblico que tendr la moneda desde su inicio la har tambin un artculo idneo pa- ra ser ofrecido en los santuarios. Por todo lo anteriormente sealado, la analoga de las anfic- tionas griegas con Chavn de Huntar nos parece inadecuada puesto que el tipo de relaciones socioeconmicas y sociopolticas de la antigua Grecia estaban basadas en la moneda y las aris- tocracias de las poleis que la controlaban. 15. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 113terico que se puede consultar en otros lugares (Carneiro 1970, Haas 1982, Lull yMic 2007, Makowski 2008a, Tantalen 2008) y que detallaremos ms adelante,aunque antes de hacer eso tendremos que ubicar espacial y temporalmente a Cha-vn de Huntar en los Andes centrales.Chavn de Huntar: un Estado Teocrtico Andino en el Callejn deConchucosChavn de Huntar es un sitio arqueolgico enclavado en un valle interandino dela cordillera de los Andes a unos 3150msnm, en una gran cuenca interandinaque se conoce popularmente como el Callejn de Conchucos, en la actual pro-vincia de San Marcos del Departamento de Ancash. El sitio descansa sobre unapequea terraza aluvial justamente en la confluencia de los valles del ro Wa-cheqsa y Mosna, este ltimo que dirige sus aguas hacia el gran ro Maran(Figura 1).Figura 1. Vista satelital de rea de Chavn de Huntar donde se aprecia la confluenciade los ros Mosna y Wacheqsa, el rea de los edificios principales y la pobla-cin actual de Chavn de Huntar. 16. 114 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009Desde su descubrimiento arqueolgico24 por el investigador peruano Julio C.Tello (1919), Chavn de Huntar (1200 a.C.-500 a.C.)25 ha despertado gran interspor su carcter monumental y por las representaciones iconogrficas relacionadascon esta y los objetos que se adscribieron a dicho sitio. Gracias a este inters tam-bin motivado por haber sido definido como la cultura matriz de la civilizacinandina una serie de investigadores como Wendell C. Bennett (1939), John Rowe(1962), Luis Lumbreras (1966-1967), Rosa Fung (1973-1974), Richard Burger(1975-1976) y Federico Kauffmann (1980-1982) han realizado una serie de inves-tigaciones en torno a este sitio y su carcter social. Recientemente, desde 1995hasta la actualidad, el equipo de John Rick de la Universidad de Stanford que,tambin, incluye arquelogos peruanos, ha realizado un trabajo de largo alientoque ha generado una nueva cantidad de datos y revisado la cronologa del sitiomismo (Rick et al. 2009). As, ahora se sostiene que ya no solamente el ncleomonumental se dividi en las dos grandes fases arquitectnicas planteadas porJohn Rowe (Templo Viejo y Templo Nuevo) sino que, al menos, existiran 5 gran-des fases constructivas (Rodrguez Kembel 2008). De esta forma, tenemos unmejor conocimiento del desarrollo del sitio durante el tiempo de su uso original.As, relacionndolo con las fases cermicas planteadas inicialmente por RichardBurger (1998) tenemos que la fase Urrabarriu se correspondera con las fases NEAy Expansin (1200-800 a.C.) y la Janabarriu y Ofrendas con la Fase Negro yBlanco (Black and White Stage) (800 a.C.-500 a.C.) para finalmente tener unafase de remodelacin menor conocida con el nombre de Soporte (Support) (vaseMesa 2007 y Rick et al. 2009 donde, adems, se hace una crtica a las fases ce-rmicas propuestas por Burger). Finalmente, despus de su uso original este sitio,como ya haba observado Tello, los edificios principales son cubiertos por estruc-turas domsticas asociadas con el estilo cermico Blanco sobre Rojo o Huaras.Una cosa que si es importante sealar es que el sitio de Chavn de Huntar,dado el lugar en el cual se encuentra, tiene diferentes problemas de conservacinde las evidencias arqueolgicas sobre todo condicionadas por el dinamismo geo-morfolgco del rea que supone un gran movimiento de tierras (Contreras 2007),un fenmeno que, por ejemplo, se pudo patentar en el conocido aluvin de 1945que cubri gran parte del sitio (Kauffman 1993, Lumbreras 1993:54). As, en la24 El sitio era conocido desde la poca Colonial y fue visitado por numerosas personas entre los que destacan Pedro Cieza de Len (1553), Antonio Vzquez de Espinoza (1616), Eduardo de Rivero y Ustariz (1841), Antonio Raimondi (1873), Charles Wienner (1880), Ernest Middendorf (1893), Toribio Polo (1900), etc. (Kauffman 1963:23, Lumbreras 1993:49, Mesa 2007).25 Para este trabajo se toman como referencia los fechados radiocarbnicos publicados en Rodr- guez Kembel 2008:72 y su correlacin con los fechados por luminiscencia pticamente estimu- lada (OSL) de Feathers et al. 2008. Finalmente se toman en cuenta los fechados publicados en Rick et al. 2009. 17. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 115actualidad, para llegar a los depsitos Formativos es necesario profundizar unpromedio de 4 metros (Contreras 2007:20).Asimismo, la ocupacin moderna del pueblo de Chavn de Huntar e infraes-tructura como la carretera antigua que pasa detrs del edificio principal ha altera-do la visibilidad de las evidencias arqueolgicas. Pese a lo anterior, es posible aunreconocer restos significativos para emprender una explicacin sociopoltica delsitio por medio de excavaciones arqueolgicas (Figura 2).Figura 2. Sectores principales del sitio de Chavn de Huntar (segn Contreras 2007:Figura 1.3). 18. 116 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009Indicadores arqueolgicos, materialidad social y prcticas socialesPese a que existe una extensa literatura relacionada con el tema del estado(Childe 1950, Flannery 1998, Service 1984[1975], Haas 1982, Renfrew yBahn 1998, Marcus y Feinman 1998:6, Adams 2001, entre otros) donde sepueden reconocer los indicadores arqueolgicos universales del estado prehis-trico, muchas veces nuestra concepcin y reconocimiento del estado resultasiendo ms antropolgica, sociolgica o filosfica que arqueolgica.26 Comoveremos en esta seccin, se proponen ciertos indicadores eminentemente ar-queolgicos para explicar su pertenencia a ciertas prcticas sociales que sugie-ran una sociedad de tipo estatal teocrtico andino tal como definimos aqupara Chavn de Huntar. Estos indicadores son propuestos tras la revisin dela literatura existente en la actualidad27 y nuestras propias observaciones. Es-tos indicadores no deber ser tomados como una lista acabada ni mucho menosse debe tomar al pie de la letra sino que ms bien se deben tomar como unahoja de ruta para poder generar metodologas ad hoc cada vez ms ajustadaspara contrastar nuestra teora con la realidad del fenmeno social generado enChavn de Huntar.Como se ver ms adelante, muchos de estos indicadores estn interrela-cionados y muchos de ellos pueden aplicarse a otros casos aunque como sever la inexistencia de algn indicador secundario (indicadores del 14 al 16)no invalida su identificacin como Estado Teocrtico Andino. Asimismo, esnecesario reconocer que la cuestin de la magnitud o cuantificacin de ciertosindicadores es una cuestin que se deber valorar local o regionalmente puestoque no son indicadores comparables entre regiones o tiempos debido a la pro-pia trayectoria histrica de generacin de dichos estados teocrticos en cadarea y tiempo. Sin embargo, hemos tratado de ordenar estos indicadores jerr-quicamente de tal modo que los primeros 13 indicadores deberan ser vistos26 Por ejemplo, como recientemente seala Millaire (2010a:6186) en un artculo enfocado en el surgimiento del estado en la costa norte del Per: Los estados son arqueolgicamente visibles a travs de una cantidad de indicadores materiales, incluyendo un sistema de asentamiento de cua- tro niveles, evidencia de trabajos defensivos y expansin, templos y palacios, recoleccin de tri- buto y sistemas de redistribucin, y produccin artesanal especializada (Spencer y Redmond 2004, Flannery 1998, Wright 1977, Billman 2002). Como all se puede ver casi todos sus indi- cadores de estado no son directamente arqueolgicos sino ms bien tericos extrados de otras realidades histricas (salvo el caso de Billman) y, especialmente los ltimos, basados en plan- teamientos antropolgicos econmicos.27 En un esfuerzo de sntesis y desde su perspectiva, Rick (2006:204) propone unos parmetros determinantes de un centro ceremonial, algunos de los cuales coinciden con nuestros indicado- res aqu presentados. 19. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 117como requisitos para la existencia de un estado teocrtico andino aunque losrestantes tres haran ms consistente su existencia a un nivel regional. Conrespecto a esta ltima cuestin, creemos que el modelo ms cercano para laterritorialidad de los primeros estados teocrticos andinos ms all del sitiomismo (lo que se conocen como estados territoriales) estara ms cercano a loque se conoce en otras partes del mundo como ciudad-estado28 (Yoffee2005:44, Smith y Schreiber 2006:7).29 En cualquier caso, nosotros nos incli-namos a pensar en un territorio discontinuo, como el que se ha evidenciado,incluso, para estados ms tardos y con mayor capacidad coercitiva en los An-des prehispnicos (Stanish 2003). No obstante, esto lo veremos en su momen-to y ahora pasemos a desarrollar nuestros indicadores arqueolgicos quedeberan existir en un Estado Teocrtico Andino, focalizado en un Centro Po-ltico Religioso como Chavn de Huntar:Indicadores arqueolgicos en el rea de edificios principales1. Ubicacin espacial privilegiada del asentamiento2. Principal concentracin de volmenes arquitectnicos de la regin3. Prolongado desarrollo arquitectnico y de ocupacin4. Utilizacin en los edificios principales de diseo, estructuras y/o elementos arquitectnicos relacionados con fenmenos celestes y/o naturales5. Existencia en los edificios principales, de formas arquitectnicas, elementos arquitectnicos y artefactos pre-existentes en el mismo sitio y tomados de otras reas cercanas o lejanas6. Existencia de espacios arquitectnicos abiertos y cerrados en el rea de los edificios principales7. Existencia en diferentes soportes (arquitectura y objetos) de representaciones iconogrficas complejas principales con rasgos antropomorfos en el rea de los edificios principales8. Evidencia de cuerpos humanos mutilados, asesinados (sacrificados), consumi- dos y representaciones de actos violentos realizados por entidades antropomor- fas, representaciones de armas en los edificios principales28 Si bien, recientemente Burger (2008:697) identifica al Chavn de Huntar de su fase Janabarriu con una pequea ciudad-estado tambin lo homologa con una Jefatura compleja.29 Tambin vase Millaire (2009:10, 2010b) para una propuesta de ciudades-estados para Gallina- zo y Moche. 20. 118 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 20099. Existencia de espacios de concentracin de objetos muy elaborados y estanda- rizados en los edificios principales producidos fuera de la reginIndicadores arqueolgicos en las reas asociadas directamente a los edificiosprincipales10. Existencia de reas domsticas o laborales asociadas directamente conlos edificios principales del sitio11. Existencia de artefactos estandarizados producidos en el sitio en los edificiosprincipales y en el rea inmediata12. Estructuras arquitectnicas domsticas de mayor calidad tecnolgica y mate-riales de construccin13. Acumulacin de artefactos estandarizados producidos localmente y no, soloen algunos contextos domsticos afuera de los edificios principales del sitioIndicadores arqueolgicos en las reas alejadas del centro poltico religioso yzona residencial de Chavn de Huntar14. Existencia de asentamientos monumentales que repiten el diseo y tcnica yrelacionados con materiales originales del sitio estudiado15. Existencia de artefactos de la misma morfologa e iconografa fuera del sitioestudiado, especialmente en otros contextos de elite16. Existencia de asentamientos domsticos alejados pero relacionados directa-mente con el sitio estudiado.A continuacin nos detendremos en la materialidad social30 de cada uno deestos indicadores arqueolgicos en Chavn de Huntar para su definicin comoEstado Teocrtico Andino. Seguidamente, para cada indicador proponemos prc-ticas sociales que habran producido esas materialidades sociales segn nuestraperspectiva y, en algunos casos, amplindola ms all de Chavn de Huntar y suentorno inmediato.30 Seguimos la definicin de Vicente Lull (2008:128): La materialidad social alude a los materia- les resultantes del devenir social y a lo que ese devenir encerr en ellos. Constituye la concre- cin de toda la materia social en juego. En ella caben desde las ideas y las palabras que se realizaron hasta los recursos que instituyeron ideas que, a su vez, se concretaron luego en mate- ria social. 21. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 119Indicadores arqueolgicos en el rea de edificios principales ubicacin espacialprivilegiada del asentamientoMaterialidad socialChavn de Huntar se encuentra en la convergencia de los valles Mosna y Wa-cheqsa, siendo el primero el valle principal del rea, puerta de entrada al Callejnde Conchucos. La misma ruta que viene desde el Callejn de Huaylas cruzandolas montaas y llega hasta el sitio con su parte final en el ro Wacheqsa tambinpuede haber sido importante en el pasado como ruta de comunicacin de estas dosimportantes regiones. Por lo tanto, como varios investigadores han sealado(Burger 1992, Lumbreras 1993:50), Chavn de Huntar se convirti en un nudo decaminos que articul las regiones orientales de Hunuco, el Alto Huallaga y lacuenca del Maran y, a travs de esta va, la Amazona; los valles altoandinos dela regin Nor Central y Norte que conducen a la cuenca de Cajamarca y, desdeall, a la Costa Norte y a los valles de La Libertad y Lambayeque; cruzando haciael Oeste las dos cordilleras, se puede acceder a las cuencas de los valles de Casmao, ms al sur, a las de los ros Fortaleza, Pativilca y Huaura que dan acceso hacialos valles de Lima (Canziani 2009:124).En los Andes, como los del rea montaosa en cuestin, estos ros son las rutasnaturales hacia diferentes espacios ecolgicos principalmente rumbo a la vertienteoriental de los Andes. Resulta importante sealar que Chavn de Huntar estubicado en la parte superior de un ro que desemboca en el ro Maran, esa zonade la cual se extraen algunas ideas para varios iconos incluidos en su religin(indicador 7).Asimismo, a pesar que es un rea muy poco productiva agrcolamente hablan-do, esta fue profundamente modificada tanto para la construccin de las edifica-ciones como para reconducir el agua de los ros Mosna y Wacheqsa (Burger 1978,Rick 2008). Esto habra mejorado la produccin agrcola del rea aunque el ma-yor volumen de alimentos procedera de otros lugares, como veremos ms adelan-te. Aparejado a esto estara tambin la propuesta de que las aguas ya canalizadasdel Wacheqsa recorreran un circuito dentro del edificio principal de Chavn queofreceran un potente efecto sonoro (Lumbreras et al. 1976) (vase indicador 6).Adems, es importante reconocer que el sitio mismo se halla a la sombra de uncerro que no pasa desapercibido en esta zona del valle y para llegar a Chavn deHuntar desde el Callejn de Huaylas se puede utilizar un camino con buena visi-bilidad de algunas de las montaas nevadas ms significativas de la regin (Rein-hard 1985). Los mismos afloramientos rocosos de cuarcita detrs de losprincipales edificios de Chavn, tambin marcan claramente un lugar significativoen el paisaje (Rick 2008:8). 22. 120 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009Adems, como veremos en el punto sobre arqueoastronoma (indicador 4) eledificio principal goza de una buena disposicin con respecto a la observacin deastros, especialmente el sol.Figura 3. Vista desde la plaza cuadrangular de los edificios principales de Chavn deHuntar. Sobresale el Templo Nuevo. Al fondo se aprecia el valle del Wa-cheqsa (foto del autor).Prcticas sociales implicadasClaramente, Chavn de Huntar se encuentra en una ubicacin estratgica relacio-nada con una ruta importante (aunque no la nica) hacia la ceja de selva y costa(Canziani 2008:124) y con espacios altamente productivos agrcolamente y, posi-blemente, con un importante cerro que tambin puede ser utilizado como cantera.As, pues, Chavn de Huntar, como muchos otros sitios importantes prehistricosen el mundo se halla en un lugar histricamente sealado como lo son encrucija-das de caminos o rutas de acceso a diferentes regiones ecolgicas o espacios pro-ductivos. 23. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 121Tambin, Chavn de Huntar puede estar asociado directamente a monumen-tos naturales como cerros con dimensiones, conformaciones o colores especialesy que, por lo tanto, destacan en el paisaje. De la misma forma, puede estar ubica-do en partes significativas o relevantes de los valles como, por ejemplo, el lugardonde este se origina o estrecha.Esta ubicacin podra ofrecer al sitio y sus ocupantes un acceso privilegiado arecursos altamente productivos o muy escasos en la zona (recursos agrcolas, pas-toriles, pesqueros, fuentes de minerales, rocas o arcillas). Claramente existira unaventaja de entrada en la ubicacin o gnesis, o crecimiento de un sitio arqueolgi-co que es usufructuada por un grupo social con la capacidad de mantener un flujoconstante de personas, dada su ubicacin pero que puede ser ampliada al generarotros medios ms all de la simple ruta de intercambio o paso hacia otra zonasecolgicas, sobre todo en un rea como los Andes donde los espacios ecolgicosson tan contrastantes y ofrecen una diversidad de recursos que en principio pue-den ser intercambiados libremente pero que con la aparicin de un control de unaruta ubicando un Centro Poltico Religioso puede generar una forma diferente derelacionarse con el espacio y las personas que circulan por all, controlando sumovimiento.Principal concentracin de volmenes arquitectnicos de la reginMaterialidad socialEl volumen de estructuras arquitectnicas de Chavn de Huntar es, de lejos, elmayor de toda la zona del callejn de Conchucos para su tiempo de uso original elque, adems, se dara sobre todo en el lapso de unos 700 aos (Rick et al. 2009:113) (Figura 3 y 4). Sobre todo, llama la atencin la capacidad para poder movili-zar grandes cantidades de rocas y tallarlas, algunas de ellas tradas de canterasalejadas (como el granito blanco) para la construccin y embellecimiento de losprincipales edificios. Con relacin a esto, Richard Burger (2008:683) calcula queesta arquitectura pblica alcanzara las 10 hectreas. Adems, como Rick (2008)plantea, un trabajo de desvo del ro Mosna y movilizacin de material para nive-lar dicha rea ganada al cauce del ro y para manejar otros posibles riesgos comoaluviones (Contreras 2007), un trabajo que tambin fue reconocido y registradopor Tello (1960:Lam. XLV, XLVI, XLVII). Con relacin a todo este trabajo,Daniel Contreras (2007:224) plantea que el volumen de piedras y tierra movidaspara construir las estructuras arquitectnicas y algunas modificaciones del paisajeasociadas a Chavn de Huntar alcanzara los 450,000 m3. 24. 122 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009Figura 4. Desarrollo del Lanzn monoltico segn Burger 2008:Figura 35.8. 25. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 123Prcticas sociales implicadasTradicionalmente la arquitectura monumental ha sido el indicador ms utilizadoen los Andes para definir la existencia de un estado. Sin embargo, como mencio-nbamos arriba esta ecuacin monumentalidad=estado es demasiado mecanicistapara ser aceptada a priori. Asimismo, debemos indicar que las concentraciones deestructuras arquitectnicas a lo largo del tiempo no necesariamente significan queestas se generaron por medio de la coercin fsica o religiosa.Sin embargo, visto en el contexto de la regin y del momento histrico, taldespliegue en una poca donde las fuerzas productivas y los medios de coercinfctica no parecen estar muy desarrollados, la existencia de tal monumentalidad yvolumen de objetos y arquitectura conformaran la materializacin de una inver-sin de trabajo social que claramente va ms all de un trabajo colectivo o comu-nal y/o espontneo y que estuvo dirigido a la generacin de un espacio planificadodentro de un diseo bastante definido (indicador 3).Para ello, el nico motivo que podemos plantear ms all de la voluntad o fede los participantes en la creacin de dicho sitio y su mantenimiento es la religin(vase indicadores 7 y 8) utilizada para generar y enfocar dicho trabajo socialhacia un objetivo concreto y dirigido (para luego ser administrado exclusivamen-te) por los lderes de Chavn de Huntar.De la misma forma, como hemos visto y atendiendo a una configuracin de unestado teocrtico este no debe compararse con otras concentraciones tempranas enotras partes del mundo en cuanto esto primero corresponde con una forma deproduccin original en los Andes. Aqu se hace hincapi en el hecho que, por logeneral, se han querido comparar a las concentraciones de arquitectura monumen-tal con la ciudad del Viejo Mundo, especialmente la occidental, lo que ha genera-do su aceptacin o rechazo como indicador de la existencia de un estadoprehistrico.Para nosotros, la concentracin de estructuras arquitectnicas monumentalessupone un indicador importante pero que debe estar articulado y contrastado conotros indicadores arqueolgicos para reconocer a dicha acumulacin de estructu-ras arquitectnicas monumentales como parte importante de una sociedad consujetos alejados permanentemente de la produccin material. En ese sentido, mu-cho se ha hablado, sobre todo desde la perspectiva childiana o inspirada en elmaterialismo histrico, que una caracterstica principal (econmica, antropolgi-ca) de un estado es la acumulacin de excedentes en dichos centros polticos reli-giosos. Para ello, en primer lugar, debemos atender a que los excedentes sematerializan y se extraen de la sociedad en diferentes formas, todas ellas consti-tuidas histricamente. De esta manera, los excedentes pueden estar materializa-dos, para el caso de los estados teocrticos andinos, en la misma construccin y 26. 124 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009mantenimiento del sitio o en prcticas que no han dejado evidencia. Aun as, seespera encontrar espacios o depsitos que contengan la acumulacin de artefactos,objetos o materiales que estn por encima de los que posee una unidad domsticadel rea o que son extrados de fuentes o producidos en otras regiones (vase indi-cadores 9 y 15). Se espera por tanto que dicha acumulacin sea la nica o la ms importante enuna regin amplia que puede ser un valle o una seccin de este, pues si conviviesecon otros esto no significara la concentracin de poder poltico, religioso y eco-nmico del centro poltico religioso. Esto ms bien correspondera a algo que seha venido definiendo como heterarqua o simplemente grupos corporativos sinautoridad centralizada como los que se plantea para la cultura Manchay (Burger2008, 2010).Prolongado desarrollo arquitectnico y de ocupacinMaterialidad socialComo se puede ver en los trabajos de Tello (1943), Rowe (1967), Lumbreras(1993), Kauffman (1993), Burger (1992, 1998), Rodrguez Kembel (2005) y Rick(2005, 2008), el sitio atraves por una serie de cambios a lo largo del tiempo, locual significa que este tuvo un uso prolongado independientemente de la discu-sin acerca de la antigedad del inicio de este proceso. Ese tiempo de construc-cin de los edificios principales es calculado por Rick y asociados (2009:113) enunos 700 aos aunque este lapso de tiempo puede ser algo mayor. Igualmente, esimportante reconocer que durante varios siglos un patrn bsico fue mantenidoen la construccin a pesar de las nuevas adiciones y modificaciones del edificiooriginal: una suerte de plan maestro concebido inicialmente y que fue mantenidodurante gran parte de la vida til de dicho edificio.Prcticas sociales implicadasUn indicador arqueolgico importante y relacionado con el anterior en tanto indi-cador de estado es que estos centros polticos religiosos deben haberse mantenidoen uso durante largos periodos de tiempo (a menos que hablemos de estados falli-dos (Patterson 1991:26). Con ello se aprecia que este sitio ha tenido un xito enreproducirse a s mismo, generando incluso un desarrollo arquitectnico con unatrayectoria propia pero que incluira otros elementos forneos (indicador 5). Sinembargo, hay que hacer la advertencia que esto requiere poseer una historia bas- 27. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 125tante detallada del sitio puesto que hacia el final del uso de este sitio tenemos unaacumulacin de diferentes estructuras que no necesariamente fueron sincrnicas.Por ello, re-conociendo las fases constructivas amarradas a fechados radiocarb-nicos podremos reconocer la temporalidad en el uso de todo el sitio o solamentesectores en este.Esto significa que la elite que control el sitio pudo mantener y ampliar suimportancia para la poblacin local y extra-local, materializando el excedente deltrabajo de estas personas en dicho proceso de construccin y mantenimiento delsitio.Tambin es necesario sealar, siempre bajo la perspectiva anterior, que muchode lo primigenio del sitio podra estar relacionado con una sociedad aun no estatalpero que, en algn momento de su historia, cambia su uso hacia prcticas socio-polticas que habran comenzado comunitarias pero que devinieron en particula-res.31 Estas ltimas, segn su xito, generalmente se asociarn con grandesproyectos de remodelacin, reconstruccin del sitio que supone el consumo deltrabajo de los individuos sujetos a este sitio poltico-religioso. As pues, este indi-cador supone la reproduccin exitosa del estado teocrtico, es decir el xito de lasprcticas sociopolticas. Por lo general estas remodelaciones o adiciones arquitec-tnicas suponen el paso y la generacin de espacios abiertos o inclusivos haciaespacios cerrados o exclusivos (vase indicador 6).Utilizacin en los edificios principales de diseo, estructuras y/o elementosarquitectnicos relacionados con fenmenos celestes y/o naturalesMaterialidad socialComo varios investigadores (Lumbreras 1993:353, Milla Villena 2008:278, Rick2008) han sealado, los edificios principales de Chavn de Huntar estn orienta-dos a lneas de recorrido del sol y estn alineados con el movimiento de ciertosastros. Esto, obviamente, supone un control y registro de dichos movimientoscelestes para su uso por los especialistas en actividades y trabajos que necesaria-mente necesitan una calendarizacin o para generar informacin con respecto alos ciclos agrcolas, tan importante en una zona, como el Callejn de Conchucos(y otras reas cercanas), donde la produccin principal de alimentos es la agrcola.La orientacin de diseo de los principales edificios de Chavn de Huntar, la31 Si uno debera elegir ese momento para Chavn de Huntar este estara ms vinculado con el estilo cermico Janabarriu de Burger o con la Fase Expansin de Kembel. 28. 126 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009inclusin de plazas circulares hundidas, ejes de los edificios, orientaciones de lasgaleras, tendra sentido solamente con respecto al seguimiento de trayectoriascelestes desde estos edificios principales. De hecho, el objeto principal del Tem-plo Viejo, el Lanzn monoltico o Gran Imagen, a pesar que se encuentra interna-do en el corazn del edificio mira hacia la salida del sol mediante la galera yuna abertura en el frontis que conecta con el exterior.32 Finalmente, no podemosdejar de sealar a la gran roca tallada conocida como Choque Chinchay que se harelacionado con la posible observacin de estrellas, posiblemente las que paranosotros componen la constelacin de las Plyades (Lumbreras 1970:83, Burger2008:688).Prcticas sociales implicadasLa utilizacin de diseo, estructuras y/o elementos arquitectnicos relacionadoscon fenmenos celestes y/o naturales es importante en la misma configuracinde los espacios arquitectnicos y elementos que integran los edificios principa-les de Chavn de Huntar y de otros muchos casos precedentes (indicador 5),contemporneos y posteriores. Dado que el conocimiento de las condicionesclimticas es importante para el mundo andino, estos espacios construidos alcontener dichos aparatos de medicin del tiempo y condiciones meteorolgi-cas se convierten en medios de produccin de los encargados del Centro Polti-co Religioso, siendo aquellos elementos que pueden ser utilizados por ellos paragenerar una acumulacin de ese mismo conocimiento que luego ser utilizadopara extraer objetos y fuerza de trabajo de otros miembros de la sociedad que seacerquen a dicho espacio arquitectnico. Asimismo, en tanto religin que estasociada con potencias naturales, divinidades o fuerzas desconocidas (indicador7 y 8), los sistemas de medicin de estas fuerzas naturales sern importantespara generar y mantener esa religin o ideologa que est monopolizada y re-creada por los dirigentes del sitio. De este modo, los miembros de la elite sonespecialistas en el control del conocimiento pragmtico que se torna o camuflaen lo religioso, lo cual resulta valioso en un mundo donde las condiciones cli-matolgicas o los desastres naturales conviven con las sociedades sujetas a estosestados teocrticos.32 Sin embargo, hay que anotar que la posicin en la que encontramos a este objeto en la actuali- dad es en gran parte debido a su recolocacin por Marino Gonzles (Rick y Mendoza 2003: 22). 29. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 127Existencia en los edificios principales de formas arquitectnicas, elementosarquitectnicos y artefactos pre-existentes en el sitio y tomados de otras reasMaterialidad socialComo muchos investigadores han sealado (por ejemplo, Burger 2008, Lumbre-ras 2007) el sitio de Chavn de Huntar constituye una sntesis de diferentes for-mulas arquitectnicas desarrolladas previamente en lugares como la costa norte ola costa central e, incluso, como postula Kembel (2008) de tradiciones religiosastempranas como las de Kotosh, cuestin que adems parece haberse constatado enel sector del Campo Oeste donde se ha encontrado una estructura tipo TemploMito (Contreras 2010).De esta manera, los constructores de Chavn de Huntar utilizaron ciertas for-mas y elementos arquitectnicos de sitios que ya haban obtenido xito previa-mente como lugares de reunin o culto apropindose de dicho trabajo acumuladoy reuniendo en el seno del sitio diferentes tradiciones dentro de su propio espaciopara generar y reproducir un discurso religioso amplio pero ahora administradopermanentemente desde un solo lugar y por un grupo de individuos. Formas ar-quitectnicas como los edificios con planta en U, las pirmides truncas, las plazasrectangulares y circulares hundidas son importantes en tanto su reunin en un solositio como Chavn de HuntarAdems, aparejada a la arquitectura estn la litoescultura y las representacio-nes iconogrficas (indicadores 7 y 8) que aparecen sobresalientemente en los ele-mentos arquitectnicos de los edificios como columnas, dinteles, umbrales,cornisas, lajas, etc. Adicionalmente, vale la pena mencionar que Lumbreras(1993:58, 61) encontr indicios de posibles decoraciones de barro pintadas decolores que cubriran paramentos de los edificios principales. Como muchos in-vestigadores han sealado (Bischof 1985, 1997, 2008, Lumbreras 1993:61, Po-zorski 1983:36) estas representaciones se originan en otras reas geogrficascomo la costa norte, norcentral o central, siendo Chavn de Huntar un receptor demuchos de dichos elementos iconogrficos. La recreacin, reciclaje o re-significacin de dichos iconos en otros temas ms complejos, ahora utilizados porlos constructores de Chavn, supone un manejo hbil y significativo de tradicionesanteriores.Prcticas sociales implicadasComo varios investigadores han sealado (Burger 1992, Lumbreras 2007), laarquitectura de Chavn de Huntar en tanto morfologa, diseo y contenido fue 30. 128 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009mayormente dependiente de desarrollos externos al Callejn de Conchucos. Deesta forma, se puede reconocer que temas y elementos iconogrficos se han mate-rializado en la construccin de Chavn, asegurando su xito en un nuevo contextomerced a su arraigo en tradiciones religiosos ms antiguas. Sin embargo, hay quetener en cuenta que en Chavn de Huntar estas formas arquitectnicas y represen-taciones iconogrficas son re-producidas para justificar un nuevo contexto socioe-conmico y sociopoltico de tal forma que, a pesar de guardar similitudes con suspredecesores, ahora en conjunto conforman la materializacin de un nuevo dis-curso justificador que se recrea a travs de las prcticas sociales que le acompa-an y le dan sentido en ese espacio social.Asimismo, en Chavn de Huntar como en otros varios sitios de la misma ca-tegora, en tanto centros polticos religiosos, existe un objeto principal que renela esencia del sitio y alrededor del cual se organizan los dems elementos e, inclu-so, los dems edificios y espacios abiertos del complejo (indicador 6). Este ele-mento puede haber sido originado o utilizado en el sitio tempranamente y semantiene a lo largo de la existencia del mismo y dicha profundidad histrica leconfiere ese halo mitolgico y fundacional del sitio. Creemos que este objetoprincipal sera el Lanzn monoltico. Hasta este, generalmente, solo llegan losindividuos que estn relacionados directamente con el control y mantenimientodel sitio y otros que estn reproduciendo el culto local o forneamente, especial-mente otras elites regionales. De igual modo, alrededor de este objeto principal sepueden hallar otros objetos secundarios (en especial proyecciones del original)pero que pueden revestir importancia dentro del discurso religioso poltico gene-rado por la elite que controla el sitio y gestiona los recursos que llegan motivadospor el objeto principal. Adems, de dicho discurso religioso, el discurso polticopuede generar la afirmacin por medio de la antigedad o la ancestralidad mate-rializada en dichos objetos del grupo dirigente que se genera un linaje o genealo-ga mitolgica que puede hundir sus inicios en las profundidades del tiempo. Porello mismo, hasta los propios cuerpos de los ancestros pueden ser los objetosprincipales o estar asociados a este.Existencia de espacios arquitectnicos abiertos y cerrados en el rea de losedificios principalesMaterialidad socialChavn de Huntar se distingue por tener una gran cantidad de edificios que de-marcan, establecen o delimitan espacios abiertos y cerrados. Hablamos de espa-cios abiertos especialmente de las plazas como las del Templo Nuevo y los 31. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 129espacios alrededor de las edificaciones principales como el mismo atrio del Tem-plo Nuevo y el atrio y plaza circular del Templo Viejo. Sin embargo, ah ya tene-mos una jerarqua de espacios pues en el caso de la plaza cuadrangular delTemplo Nuevo este podra albergar a unas 1,000 personas mientras la plaza circu-lar del Templo Viejo solamente podra contener a unas 100 personas (Burger2008:693). De este modo, a medida que uno se interna en el sitio se hallan espa-cios arquitectnicos cada vez ms reducidos desde la misma plaza circular hundi-da hasta las mismas galeras internas de los edificios piramidales como lasasociadas con el subsuelo de las reas frontales del Templo Viejo y Nuevo (Rick2006:204).Prcticas sociales implicadasComo espacio creado para administrar el trabajo de otros, la convocatoria y laconsecuente reproduccin de prcticas religiosas supona la existencia de espaciosarquitectnicos en los cuales se reuna a grupos de personas, en este caso las pla-zas como la cuadrangular del Templo Nuevo y lugares desde los cuales se diriganrituales o se colocaban objetos de indudable valor simblico para la gente queasista a Chavn de Huntar (Rodrguez Kembel 2008). De hecho, en el lugar deChavn de Huntar y a travs de su proceso constructivo se generaron espaciossociales inclusivos pero tambin ms exclusivos, estos ltimos enfocados en elprincipal elemento ltico de todo el sitio: el Lanzn monoltico, uno de las pocaspiezas que se halla en su espacio original (aunque vase nota 33) y que segn losestudios arqueolgicos e iconogrficos estara al comienzo de la secuencia deconstruccin de Chavn de Huntar. Estos espacios exclusivos hacen evidente queexiste una propiedad de dichos espacios asumido y mantenido por las elites deChavn de Huntar.De este modo, en Chavn de Huntar se construyeron grandes espacios dondese reuni una gran cantidad de personas y en los que, desde los edificios que tie-nen cierta preponderancia, por su volumen, dentro del espacio importante, se rea-lizan puestas en escena o representaciones (performances) de los mitos o prcticasreligiosas relacionadas con el culto principal y/o accesorios. En estas representa-ciones, la elite juega un rol preponderante pues son ellos los que hablan por mediode sus dioses o fuerzas naturales a la gente all reunida. Adems, dado que estesistema est basado en la posibilidad de ejercer o controlar la violencia o las fuer-zas naturales, es el lugar elegido para ejercer una presin psicolgica o mantenerel discurso que se dirige a la poblacin de una forma bastante evidente. Incluso,seran los espacios donde tambin se podran realizar sacrificios humanos o simu-laciones del mismo con el objetivo de hacer patente la capacidad de los encarga- 32. 130 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009dos del sitio para realizarlos. En ltima instancia, lo que se trata es de mantenervivo y reproducir el sistema teocrtico mediante la realizacin de representacioneso performances que, adems, incluyen artefactos (vase indicadores 9 y 13) yarquitectura realizada para tal caso.Asimismo, existen otros espacios ms reservados donde se realizan prcticassocioideolgicas y/o sociopolticas ms reservadas, casi siempre ubicadas en elinterior de los grandes edificios del sitio. Casi toda la literatura arqueolgica coin-cide en sealar que Chavn de Huntar fue la residencia de especialistas en prcti-cas de exaltacin de la psiquis, estados alterados de la conciencia, incrementos delas percepciones, experiencias e iniciaciones shamnicas que tomaran lugar,sobre todo, dentro de espacios cerrados como las galeras de los edificios princi-pales de Chavn de Huntar. Sin embargo, a esto habra que agregar, por supuesto,que estas prcticas shamnicas ya no se dan de forma gratuita o abierta33 sinoms bien que se realizan especialmente de forma exclusiva o elitista por indivi-duos altamente especializados y distanciados socioeconmica y sociopolticamen-te del resto de la sociedad y que estaran ms cercanos a sacerdotes34 que a losshamanes y que realizaran su actividad posiblemente a cambio de objetos de granvalor econmico (indicador 9) y ya no de forma altruista o desinteresada.Existencia en diferentes soportes (arquitectura y objetos) de representacionesiconogrficas complejas principales con rasgos antropomorfos en el rea de losedificios principalesMaterialidad socialEn el sitio de Chavn de Huntar lo que ms ha llamado la atencin es su arte orepresentaciones iconogrficas en diferentes soportes, especialmente el asociadocon la arquitectura (Tello 1960, Rowe 1967). Independientemente de cmo se las33 Como se puede esperar en una comunidad donde el shamn no se enriquece o empodera polti- camente a travs de su prctica y que es la figura etnogrfica siberiana original de esta idea de los shamanes y otras reas (Eliade 1987, Price 2001, Morris 2006:16, Eller 2007:72).34 Esta diferenciacin tambin es establecida en la antropologa de la religin: En el pensamiento convencional, el sacerdote muchas cosas que no hace un shamn. l o ella es a menudo un espe- cialista a tiempo completo ocupando el oficio formal de sacerdote logrado mediante el estu- dio, comprobacin y ordenacin por una institucin o estructura religiosa con el poder y autoridad para investir sacerdotes (Eller 2007:73. Trad. nuestra. Tambin vase Morris 2006: 18, Winkelman 2010:57). Resulta tambin interesante que para Jerry Moore (2005:220) los shamanes se relacionaran con arquitectura de viviendas, reas de baile pblicas o las casas de los hombres mientras que los sacerdotes (canonists) estaban asociados con templos, adorato- rios y otras arquitecturas sagradas. 33. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 131interprete, en estas representaciones, claramente se nota que la mayora de lasrepresentaciones estn antropomorfizadas y, de hecho, las principales escenas,temas o entidades estn realizando actividades humanas y que tendran relacinestrecha con las acciones llevadas a cabo en el mismo sitio (Lumbreras 1993:60).Entre la escultura, el Lanzn monoltico, adems de estar ubicado en un espacioms que exclusivo, con sus 4.5m de altura y su compleja decoracin es el mssobresaliente y que rene en s mismo, como objeto y representacin, el centro delsitio (Figura 5).Figura 5. Obelisco Tello (segn Tello 1960). 34. 132 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009Otros objetos como el Obelisco Tello (Figura 6), incluso, han suscitado intere-santes aproximaciones a la interpretacin de la ideologa, religin o cosmovisinque se produjo y reprodujo en Chavn de Huntar (Tello 1923, Rowe 1967, Roe1974, Lathrap 1982, Curatola 1991, Campana 1995, Makowski 1997, Vargas2005, Bischof 2008, etc.). No cabe duda que el sitio de Chavn de Huntar fue elprincipal repositorio de la poca en cuanto a objetos lticos con representacionesms complejas en la sierra nor-central, con cerca de 200 litoesculturas (Burger2008:683), incluyendo otras piezas tan emblemticas como la estela Raimondi, lasColumnas Blanca y Negra del Templo Nuevo, la Cornisa de las Falcnidas, y lasCabezas Clavas,35 por mencionar solo a las ms conocidas. De hecho, se puedereconocer que la litoescultura y la lapidaria no estn aislados sino que ms bienconforman, a lo largo de generaciones, la materializacin de un conjunto de prc-ticas socioideolgicas o rituales que cobran sentido en la arquitectura y el espacioque se constituyen de cara a los grupos de individuos que se acercan a Chavn deHuntar.Prcticas sociales implicadasDe todos los artefactos de Chavn de Huntar, de lejos, el Lanzn monoltico es elque mayor peso tiene y alrededor del cual parecen girar los dems artefactos (elobjeto clave o primordial segn Lull 2007), seguido por una serie de objetos lti-cos que encarnan las ideas y temas ms importantes que se quieren trasmitir a losasistentes a Chavn de Huntar. Resulta interesante en este contexto que, a pesarque se ha notado una complejizacin mayor de los temas en dichas piezas, la serielitoescultrica parece comenzar con una entidad antropomorfa e, incluso, en lasfases ms tardas se siguen acompaando a estos con seres antropomorfos.De lo anterior, tambin se puede desprender que en estas representacionesiconogrficas36 se estn reproduciendo en piedra a las actividades llevadas real-35 Lumbreras (2007:197) suma alrededor de 105 cabezas clavas recuperadas en el sitio de Chavn de Huntar pero calcula que habran existido en total unas 150 de ellas, las cuales se hallaran empotradas en las paredes exteriores, principalmente del Templo Nuevo y Viejo.36 Pese a que en las ltimas dos dcadas se ha dado un incremento significativo de estudios icono- grficos en el rea andina prehispnica tambin estamos de acuerdo con la crtica que se hace al mtodo iconogrfico inspirado en Erwin Panofsky (por ejemplo vase Victorio 2009:55, si- guiendo a Kubler 1999[1962]:447) bsicamente porque en dicho mtodo se hace necesario con- tar con fuentes literarias y poseer, para llegar al nivel iconolgico, es decir del discurso o temas tras los conos, un conocimiento de la mentalidad de la poca de la produccin de los iconos. Generalmente, esta comprensin de las mentalidades se ha dado asumiendo que la mentalidad andina ha sido inmutable y que los ejemplos etnogrficos o antropolgicos de pocas histricas 35. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 133mente en el sitio mismo y, posiblemente, las realizadas por los dirigentes del sitioo sus seguidores all reunidos. Esto afirma la capacidad de los dirigentes del sitiopara originar y mantener una religin importante en la cual los seres naturales osobrenaturales se han encarnado en formas humanas, un correlato del poder de losseres humanos en el mismo sitio de Chavn de Huntar.Este es uno de los indicadores arqueolgicos ms evidentes aunque indirec-tos de la existencia de un estado teocrtico andino. Es indirecto porque estbasado en la representacin de un cuerpo de seres o entidades que reflejan laexistencia de un sistema de creencias organizado, producido y reproducido porlos dirigentes del centro poltico religioso. Claramente estas entidades puedenencajar dentro de lo que se podra denominar una religin ya que su estandari-zacin y reiteracin en diferentes soportes supone que estas creencias se en-cuentran institucionalizadas a pesar que hayan podido ser retomadas de cultosprevios (arcasmos?) o inspiradas en otras creencias mitolgicas de otros tiem-pos o reas geogrficas. El shamanismo, como practica ritual original y princi-pal en sociedades cazadoras-recolectoras o comunitarias en la que los estadosalterados de la conciencia y la curacin juegan un rol primordial (Winkelman2010:51, 56), claramente ha sido incorporado en esta religin y materializadoen diferentes soportes (litoescultura, cermica y textiles) pero ahora con el ob-jetivo de darle contenido y dinamismo a la religin oficial de Chavn de Hun-tar.De este modo, estas representaciones iconogrficas reflejaran a nivel de lasprcticas socioideolgicas, la existencia de sujetos que han asumido el rol delcontrol, manejo o interpretacin de las potencias o fuerzas naturales (divinida-des?). Estos seres, al tomar forma humana, describiran que los especialistasreligiosos han creado un discurso en el cual las entidades naturales o sobrenatu-rales han adquirido forma humana siendo, a su vez, un correlato de su propiopoder concreto en este mundo pues ellos son los encargados de administrarrealmente dicho sitio y como veremos en el indicador 8 hasta de quitar la vidahumana. En este sentido, la religin se convertira en una tecnologa del po-der y objetos, como el lanzn monoltico, seran armas que ejercen la vio-lencia de forma indirecta. De esta manera, la religin encarnada en el templose convierte en el medio de produccin principal de la elite en el Estado Teocr-tico Andino. encierran esencias transhistricas que se pueden volcar a las representaciones iconogrficas pre- hispnicas, desconociendo la produccin y uso histrico de dichas representaciones. 36. 134 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009Figura 6. Botella de estilo Qotopukyo (Lumbreras 2007:Figura 245).Evidencia de cuerpos humanos mutilados, asesinados (sacrificados), consumidosy representaciones de actos violentos realizados por entidades antropomorfas,representaciones de armas en los edificios principalesMaterialidad socialDurante las excavaciones de Richard Burger de los aos 1975 y 1976, en los alre-dedores del edificio principal de Chavn, este investigador localiz en su unidadB1-7 cuatro calaveras humanas que probablemente fueron dejadas como ofren-das durante la construccin de una plataforma asociada con cermica de su faseUrabarriu (Burger 1978:297). Asimismo, durante las excavaciones de Luis Lum-breras en la Galera de las Ofrendas asociada a la terraza de la plaza circular hun-dida, este investigador realiz el hallazgo de fragmentos de huesos humanos de, almenos, 8 individuos que tras un anlisis bioantropolgico le indicaron el consumode partes anatmicas humanas y que postul como un canibalismo ritual (Lum-breras 1993, Baraybar 1993). De este modo, es posible que o bien estos sacrifi-cios se dieron en el mismo sitio o se realizaron muy cercanamente puesto queestas partes humanas, para ser consumidas, debieron de haber estado en buenestado de conservacin. Tambin, Cisneros y Lumbreras siguiendo una ilustracin de John Rowe(1967:Figura 20) determinan que existen representaciones humanas que bien po-dran encarnar a especialistas guerreros (Tambin vase Tello 1960:Figura 82, 37. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 135Burger 1992:Figura 162). En ese mismo sentido, recientemente Rick (2008:21) hareconocido en una cornisa ltica la representacin de sujetos asociados a armas, locual supone la existencia de un grupo de personas vinculadas directamente con laelite de Chavn que tambin portaban armas.37 Ya, en 1980 Cisneros y Lumbrerasnos acercaban a la problemtica de un cuerpo especializado en la violencia, locual permaneca an elusivo para ellos. Estos investigadores reconocan que losrestos arqueolgicos de Chavin nos dicen que la religin tena una funcin repre-siva y agresiva muy fuerte; los dioses chavinoides no son personajes pacficos, nimucho menos. Una buena hiptesis sera el proponer, como explicacin, que loschavinoides tuvieron una organizacin que sin desarrollar aun la guerra plena-mente, sus efectos fueron suplidos por una religin que exiga sacrificios huma-nos, tales como cabezas trofeo y toda una complicada liturgia (Cisneros yLumbreras 1980:265. Tambin vase Verano 2001:167). As pues, si bien el me-dio principal de ejercer el control sobre los sujetos que se relacionaban con Cha-vn de Huntar era la religin tambin hay evidencias concretas derepresentaciones de armas y de los efectos de la violencia institucionalizada en elsitio de Chavn de Huntar.Prcticas sociales implicadasLa recuperacin de contextos o restos humanos con evidencia de violencia encontextos del Centro Poltico Religioso nos habla de la existencia real de prcticasviolentas o sacrificiales que suponen que estas se realizan peridicamente o es-pontneamente pero que, en cualquier caso, estaban racionalizadas por el discursoimperante en dicho lugar. Aunque se ha planteado que no necesariamente esto sedebera ver como violencia pues este concepto tambin es occidental, y por tanto,debera verse con ojos andinos es necesario sealar que independientemente deque esto sea percibido como violento, esta prctica se realiza en espacios pblicosy exclusivos (indicador 6) y cuyo objetivo final es el reconocer a dichos espacioscomo lugares donde se sabe que all se realizan e, incluso, suponen el consumo departes humanas. Si esto se realiza en estos espacios y no en otros, nos habla del37 Dichas armas no seran de una gran sofisticacin como se ve en toda la poca prehispnica y que pueden ser tan simples como hondas y piedras arrojadizas, porras, lanzas, flechas. Asimismo, la obsidiana que es utilizada para puntas y cuchillos de gran calidad aparecen en diferentes contex- tos asociados con Chavn de Huntar (Burger et al. 1998) y lugares relacionados con este. Inclu- so, se podra decir que las relaciones entre Chavn de Huntar y el sitio de Atalla tenan como uno de sus objetivos principales el acceso a la obsidiana (adems del cinabrio) extrada de la cantera principal ms cercana de este mineral, ubicada en Quispisisa, Huancavelica (Burger 1992:212, Burger y Matos 2002:173). 38. 136 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009monopolio de los grupos de elite para controlar la vida de otros sujetos. Esto tienecomo propsito final reproducir la religin en tanto coercin psquica y fctica ymantener el discurso siempre vivo. Asimismo, esto puede tener connotacionescon relacin a las sociedades externas que reciben un mensaje de grupos que con-trolan la vida humana y, en algunos casos, se dan representaciones de armas nosolamente sacrificiales sino que, tambin, pueden ser utilizadas y entendidas co-mo medios ofensivos o de disuasin. Una de estas evidencias defensivas podraser la gran muralla al norte del ncleo del sitio que delimitara un espacio privado(Burger 1992:164). Por ltimo, la concentracin de personas en el tiempo de ma-yor esplendor de Chavn de Huntar que Burger calcula entre 2,000 a 3,000 per-sonas (Burger 2008:696) tambin podra representar un importante contingentehumano que con sus propios cuerpos podra defender al sitio de ataques. En suma,un lugar como Chavn de Huntar, en tanto propiedad particular de un grupo depersonas, y que concentraba gran cantidad de productos (explotacin) (indicado-res 2 y 9) y era una ruta importante de intercambio de bienes (indicador 1) debiposeer mecanismos fsicos de defensa fsica ms all de la religin.Existencia de espacios de concentracin de objetos muy elaborados en losedificios principalesMaterialidad socialComo hemos visto, Chavn de Huntar se erige como el principal acumulador deartefactos muebles e inmuebles ms importante del rea. La mayora de estos, porsu propia calidad e inversin de trabajo han perdurado hasta nuestros das comen-zando en la misma arquitectura y terminando en los objetos ms pequeos y demateriales biolgicos como el hueso. Claramente en Chavn de Huntar se acumu-laban muchas ms tipos de objetos de alto valor pero dadas las condiciones y elpaso del tiempo estos han desaparecido como, por ejemplo, los objetos realizadosen materiales botnicos.Adems, dada la investigacin presente, por el momento, contextos como losde las galeras de Chavn, en especial la de las Caracolas (Rick 2008) y de lasOfrendas38 (Lumbreras 1993, 2007) (Figuras 7, 8 y 9) nos permiten acercarnos auna concentracin de artefactos amortizados que comparten espacios de concen-tracin muy especiales aunque no son producidos con las mismas materias pri-38 Se hallaron como mnimo 681 vasijas cermicas, 46 objetos de piedra, 69 artefactos de hueso lo que hizo un nmero mnimo de 797 artefactos depositados all, sin contar otros objetos como huesos humanos y animales (Lumbreras 1993:88). 39. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 137mas, tcnicas, estilo y proceden de diferentes reas geogrficas (Lumbreras 1993,Lumbreras et al. 2003). Sin embargo, aun as resulta interesante que todava algu-nos objetos recrean diseos inspirados (imitaciones locales) en otros objetos em-blemticos de Chavn de Huntar.Figura 7. Vasijas cermicas del estilo Ofrendas (Lumbreras 2007). 40. 138 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009Figura 8. Vasijas cermicas del estilo Dragoniano (segn Lumbreras 2007). 41. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 139Prcticas sociales implicadasEn el caso de Chavn de Huntar se aprecia que en algunos espacios especficos ymuy asociados con reas importantes o centrales de los edificios principales sehallan reunidos objetos de gran calidad y muy elaborados. Estos objetos nos indi-caran una acumulacin de objetos que pueden ser vistos como ofrendas de losperegrinos pero que tambin pueden ser vistos como tributos y que claramenteson apropiados y extrados de la circulacin por los dirigentes mediante la religinen forma de ofrenda.39 Dichos objetos a veces proceden de reas bastante alejadasy suponen un trabajo social invertido en su produccin y transporte (por ejemplo,el granito blanco o las vasijas cermicas de Ancn) que finalmente son internados(consumidos) en el sitio. De esta forma, las vasijas cermicas forneas y de grancalidad, adems de ser piezas importantes por s mismas (trabajo social acumula-do), tambin eran contenedores de alimentos de gran calidad y exticos (banque-tes).Asimismo, esta acumulacin materializada en algunos objetos solamente pue-de y debe ser un porcentaje bastante inferior del total del consumo de la produc-cin social hecha por los dirigentes de Chavn de Huntar, pues, otra parte sehabra dirigido al mantenimiento de otros grupos sociales asociados directamentea la elite. Sabemos que, adems, en un ambiente donde lo ms importante es ge-nerar relaciones sociales asimtricas muchos de estos objetos deben haber sidoentregados a otras elites o individuos a cambio de otros bienes y servicios, cues-tin que en los ltimos aos ha sido explorada sobre todo por la arqueologa pro-cesualista norteamericana, mediante el modelo de los banquetes polticos(commensal politics) (Dietler 1996, Dietler y Hayden 2001, y vase aplicacin alos Andes centrales en Dillehay 2003, Kaulicke y Dillehay 2005, Jennings yBowser 2008) pero que ya haba sido planteada originalmente por Lumbreras(1993) con relacin al contexto de la Galera de las Ofrendas.A pesar que en arqueologa los contextos funerarios son los mejores indicado-res de una acumulacin de la produccin ms all de la vida de los que dirigiranuna sociedad, en Chavn de Huntar esta acumulacin ha permanecido elusiva,cuestin que puede deberse a la falta de investigacin, conservacin o, posible-39 En este caso, la ofrenda sera la materializacin del excedente, pues ningn individuo en situa- ciones naturales da algo (objetos o fuerza de trabajo) ms all de sus posibilidades y necesidades reales a pesar que esto se vea como un sacrificio. En caso de ser as, esto supondra una alie- nacin del individuo. Asimismo, una ofrenda no puede verse como un sacrificio personal pues esta ofrenda ha sido generada socialmente (incluyendo al individuo mismo) y es parte de la pro- duccin social. Para el caso que estudiamos ac, el individuo extrae de la produccin social y de su consumo individual (o vida propia) para transferir como ofrenda a los tecratas quienes lo acumulan, consumen y/o distribuyen asimtricamente. 42. 140 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009mente, tambin debido a que por alguna prctica socioideolgica esta acumula-cin no se haga patente en la muerte. Sin embargo, es interesante notar que en elsitio de Kunturwasi, en Cajamarca, que es temporalmente sincrnico con el apo-geo del sitio de Chavn de Huntar se hallaron enterramientos con individuosacumulando grandes cantidades de artefactos, entre ellos algunos hechos de oro ycon iconografa relacionada con el culto a Chavn (tambin vase Seki et al. 2008:90 para Pacopampa).Figura 9. Crecimiento del sitio de Chavn de Huntar en las pocas Urabarriu y Janaba-rriu, segn Makowski 2008:Figura 32.2, basado en Burger 1992. 43. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 141Indicadores arqueolgicos en las reas asociadas directamente a los edificiosprincipalesExistencia de reas domsticas y/o laborales asociadas directamente con losedificios principales del sitioMaterialidad socialA pesar que en la superficie del sitio las estructuras no monumentales soninvisibles, principalmente por los procesos de movimientos de tierras (Burger1998:27, Contreras 2007), excavaciones en los ltimos aos han comenzado aencontrar estas estructuras domsticas muy por debajo de la superficie actualen los sectores que rodean a los edificios principales (Rick 2004, Mesa 2007,Contreras 2007, Rick et al. 2009). As pues, ya en la dcada de los aos se-tenta del siglo pasado una importante concentracin de arquitectura de usohabitacional se haba comenzado a reconocer alrededor de los edificios prin-cipales del sitio (Burger 1978:304, Burger 1998), las cuales se diferenciabanclaramente de las edificaciones monumentales siendo ms bien rsticas. Es-tas edificaciones rectangulares y rsticas se incrementan a medida que pasadel tiempo hasta llegar a ser muy evidentes y asociadas con los edificios prin-cipales de Chavn durante la fase Janabarriu (Idem:304) (Figura 10). Segnsus observaciones, Burger (1978:305, 1992:168, 1998:289) hipotetiza quedurante la fase Janabarriu el asentamiento tena alrededor de 43 hectreas,siendo solamente el 12 % de esta extensin constituida por las construccionesmonumentales pero que podra albergar de 2000 a 3000 personas (Burger2008:696). Lo anterior supone que Chavn de Huntar contaba con una varie-dad y cantidad importante de personas que estaban involucradas en las prcti-cas religiosas y polticas permanentemente dirigidas por la elite Chavn yproduciendo alimentos y objetos para esa elite. Incluso, Burger (1992:171,1998:289) lleg a diferenciar entre sectores (A y D) externos a los edificiosprincipales que tenan producciones artesanales y consumo de alimentos yartefactos diferenciados. Los trabajos del equipo de Rick, han venido a con-firmar las propuestas de Burger y complejizar nuestra perspectiva del paleo-paisaje del rea de Chavn de Huntar y sus diferentes sectores domsticos yartesanales ms all del rea monumental. 44. 142 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009Prcticas sociales implicadasOtro de los indicadores arqueolgicos esenciales y universales para sostener laexistencia de un estado pero, en este caso, el que se asocia con el rea andinaes que este debe tener una concentracin de estructuras domsticas asociadasdirectamente con los edificios principales. Dentro de estas estructuras se pue-de reconocer varios niveles de ocupacin humana desde los relacionados di-rectamente con los sujetos que controlan o manejan el sitio pasando por losartesanos que producen artefactos para el grupo que maneja el sitio principal,los comuneros relacionados con el sitio hasta, finalmente, las personas quepermanecen temporalmente all. Esta jerarqua debera estar materializada enlas diferencias de calidad y rea de uso de los espacios domsticos y sus obje-tos asociados y su mayor o menor cercana a los edificios ms importantes delsitio. En este sentido, este indicador tambin se relacionara con la idea unaciudad con especialistas asociados y permanentes vinculados (atrados) direc-tamente con los edificios o espacios principales. Si bien, esta imagen resultade la investigacin en otras reas del mundo, es necesaria solamente una po-blacin mnima que se relacione con el sitio para poder dirigirlo y mantenerloy producir los objetos bsicos para las prcticas all realizadas. En este senti-do, y como contraparte a las ciudades del Viejo Mundo es necesario decir quemuchas poblaciones relacionadas con estos sitios de carcter poltico religiosocasi siempre viven dispersos dado que adems, en el contexto andino se tiendemayormente a la ocupacin del territorio andino de forma dispersa y diversadonde, por ejemplo, la agricultura extensiva demanda que los sujetos estnasociados directamente a su campos de cultivo o los pastores a las reas depastizales, ubicadas generalmente en las alturas. Asimismo, es necesario decirque estas estructuras domsticas, por lo general, no son evidentes sin excava-cin lo que, por ejemplo, llev a plantear a mediados del siglo pasado la exis-tencia de centros ceremoniales vacos, una propuesta que cada vez est siendodejada de lado gracias a la evidencia de concentraciones de poblaciones alre-dedor y dentro de los espacios ceremoniales. Algo ms importante es que dadoque un estado teocrtico se basa en la afluencia de contingentes de personastemporalmente, es posible que estos individuos no lleguen a generar grandesvolmenes de arquitectura permanente sino ms bien estructuras estacionaleso temporales. 45. HENRY TANTALENFigura 10. Bloque de granito con diseos incisos complejos en Chavn de Huntar (fotografa del autor).CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 143 46. 144 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009Existencia de artefactos estandarizados en los edificios principales y reainmediataMaterialidad socialCon respecto a los artefactos estandarizados justamente la produccin misma dela arquitectura supone una tcnica bastante similar a pesar del paso del tiempo enel sitio mismo, as como los bloques lticos que la decoraban con unos cnonesestilsticos bastantes claros y peculiares (Figura 10). Lo mismo suceda tambincon la cermica, metalurgia, lapidaria y otras artesanas halladas en el sitio deChavn de Huntar tanto en el ncleo monumental como en el rea domstica(Burger 1992, 1998:32, Druc 1998). A pesar que las investigaciones recin em-piezan a dar sus frutos se ha constatado la existencia de reas produccin de arte-factos asociados ntimamente al sitio (Burger 1998, Mesa 2007).Prcticas sociales implicadasEste es el indicador artefactual mueble ms importante para definir un estadoteocrtico puesto que es evidente que existe una control de la produccin de arte-factos con funciones y caractersticas y diseos que son relevantes para un gruposocial para actividades concretas y que comunican mensajes relacionados direc-tamente con la ideologa religiosa principal, especialmente relacionados con laviolencia simblica all plasmada. Tambin, nos habla de una especializacin endicha artesana pero, sobre todo, de su relacin directa con los dirigentes de Cha-vn de Huntar quienes orientaron dicha produccin para su uso y distribucinexclusiva. En este caso, la produccin est estandarizada porque, al ser medio decomunicacin, este mensaje puede y debe estar enfocado en conseguir llamar laatencin de sus usuarios y articularlo dentro del mensaje que se quiere enviar losgrupos sociales que ordenan y generan dicha produccin de artefactos. Esto su-pondra o que los artesanos estaban controlados directamente e incluso asociadosespacialmente al Centro Poltico Religioso o que los talleres de reas relacionadascon este estado estn reproduciendo las formas y diseos de los artefactos origina-les con el objetivo de realizar las mismas prcticas sociales relacionadas con estosartefactos en el centro poltico religioso. 47. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 145Estructuras arquitectnicas domsticas de mayor calidad tecnolgica ymateriales de construccinMaterialidad socialRecientemente, Rick (2006:205. Tambin vase Rick 2005:Figura 5.5) ha repor-tado que en el sector de La Banda, frente a Chavn de Huntar cruzando el roMosna existen estructuras residenciales de aparente alto rango y habitacionesmodestas probablemente contemporneas que parecen mostrar una distincin enacceso a recursos constructivos. Adicionalmente las excavaciones de Daniel Con-treras (2010) en el Campo Oeste comprueban observaciones previas, tan tempra-nas como las de Tello, de la existencia de un rea con estructuras arquitectnicasrelacionadas con el ncleo monumental. En el caso de las excavaciones de Con-treras, incluso, se ha llegado a definir un edificio de la Tradicin Mito contempo-rneo con los edificios monumentales, alrededor del 800 a.C. (Fase Negro yBlanco segn Rodrguez Kembel 2008) lo que supone que, alrededor del ncleoarquitectnico, existieron otros sectores edificados que incluan espacios rituales yotros por descubrir de muy buena factura y diseo ms all del domstico-comunitario.Prcticas sociales implicadasA lo largo del tiempo, en la arqueologa andina hemos pasado de una concepcinde sitios como el de Chavn de Huntar como Centros ceremoniales vacos(Bennett 1946:82, Bennett y Bird 1949:133) hasta Ciudades (Rowe 1963). Sibien, el debate acerca de las ciudades en los Andes prehispnicos todava sigueabierto (Shady 2009, Makowski 2008) es importante entender que las ciudadesson las concreciones histricas de una serie de formas de produccin y relacionessociales especficas. Si bien, el tipo de ciudad andina es posiblemente diferente ala de otros ejemplos del mundo, su comparacin no debera llevar a su infravalo-racin por no contener los elementos civilizatorios de estas otras reas del mundo.Afortunadamente, la investigacin arqueolgica actual nos est ayudando a com-prender como es que se dieron las concentraciones humanas tempranas en losAndes y vemos que a partir de las investigaciones de Chavn de Huntar conta-mos con estructuras arquitectnicas que bien pueden ser evidencia de espaciosdomsticos de elite o de mayor rango. Si bien, por el momento no se ha definidoexactamente la(s) residencia(s) de la elite principal de Chavn de Huntar (quebien puede haber estado albergada en las partes superiores o contiguas a las pir-mides truncas) queda claro que afuera de los edificios existan residencias de per- 48. 146 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009sonas que no eran simples comuneros y estaban totalmente relacionados con laadministracin y control de estos edificios principales.Acumulacin de artefactos estandarizados producidos localmente o no, solo enalgunos contextos domsticos afuera de los edificios principales del sitioMaterialidad socialA pesar que, como hemos visto, algunos estudios (Lumbreras et al. 2003) hanplanteado que muchas piezas cermicas de gran calidad artstica no fueron produ-cidas localmente (lo que contradecira la existencia de especialistas en el mismositio, un requisito de ciudad y en la tesis childiana de un estado), sin embargo,tambin se ha podido reconocer una produccin cermica local que se interna enlos edificios principales de Chavn de Huntar (Wagner et al. 1986) pero quetambin se consume en los alrededores inmediatos de dichos edificios (Druc1998).As pues, independientemente de la procedencia de los artefactos, contextosarqueolgicos como los rescatados por Burger o Lumbreras (1993) nos hablan deuna concentracin de artefactos que tienen una alta calidad o inversin de fuerzade trabajo. Como el trabajo de Burger y los de Rick han demostrado, el sitio deChavn de Huntar est rodeado por toda un rea de actividades sociales dondetambin se encuentra cermica de alta calidad y procedente de otras reas. Si bien,todava no se han hallado tumbas que acumulen objetos de gran calidad, la verdades que tampoco se han encontrado los de otros tipos. Aun as, si en la muerte nose encuentra materializada dicha acumulacin (lo que podra justificarse por algnotro tipo de prctica funeraria que habra de explorar), el indicador anterior sealaque las estructuras de mejor calidad contenan estos artefactos y que las diferen-cian de otras estructuras del mismo sitio y, ms importante, de otros sitios de lamisma regin.Prcticas sociales implicadasLa existencia o no de artefactos en contextos sincrnicos nos remite al hecho deque diferentes grupos sociales tienen acceso diferenciado a la produccin social.Este hecho hace evidente que existen sujetos que acumulan el trabajo de otros yotros sujetos estn excluidos o marginados en la circulacin de los objetos. Dicha 49. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 147relacin desigual que se puede ver en espacios domsticos tambin puede verse enlos contextos funerarios los cuales han sido los ms trabajados en los Andes. Noobstante, en el caso de los estados teocrticos andinos, como en el caso de Chavnde Huntar, los cementerios excavados son mnimos y, de hecho, son pocas lastumbas de elite conocidas para este tipo de sociedad (indicador 9). De esta mane-ra, es posible que su inexistencia se deba a prcticas sociales que invisibilizan enla muerte esa acumulacin de la produccin social en tumbas que si se ver msadelante en otras sociedades andinas.Asimismo, los primeros estados teocrticos andinos generalmente se erigensobre las sociedades comunitarias donde la propiedad es colectiva y que duranteel estado, la propiedad de los tecratas es particular y no todava privada o indivi-dual por lo que la mayor acumulacin no se orientara hacia individuos concretosen la muerte, lo que adems tambin generara demasiadas contradicciones al nopoder legitimarlas y al ser tan evidentes para las personas sujetas y/o ofrendata-rias. Esto explicara, por ejemplo, la inexistencia de cementerios de elite o que losenterramientos no acumulan ms all de unos cuantos objetos de alto valor. Ade-ms, parece que la acumulacin de artefactos en la tumbas (incluyendo los meta-les que siguen teniendo una importancia pragmtica-simblica) no se da hasta elperiodo Intermedio Temprano como en la que se dio en la sociedad Moche.Indicadores arqueolgicos en las reas alejadas del centro poltico religioso yzona residencial de Chavn de HuntarExistencia de asentamientos monumentales que repiten el diseo y tcnica yrelacionados con materiales originales del sitio estudiadoMaterialidad socialVariados estudios desde la poca de Tello han reconocido una filiacin entrediferentes sitios del rea andina central con el sitio de Chavn de Huantar. Apesar que esos planteamientos surgan de una perspectiva culturalista-difusionista (por ejemplo vase Carrin Cachot 1948) en el presente se reconoceque diferentes sitios, sobre todo, en los valles de Jequetepeque (Inokuchi 2008),Chotano (Morales 2008), Casma (Bischof 2008), Nepea (Shibata 2008) y R-mac (Ravines 1984) reprodujeron elementos arquitectnicos del sitio de Chavin.Sin embargo, por los fechados radiocarbnicos, ms parece ser que las eliteslocales ya constituidas son las que reciben o se apropian de esos elementos parareproducir su poder econmico y poltico. Tambin, es probable que muchos 50. 148 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009elementos hayan sido tomados por la elite de Chavn de Huntar para reproducirsu propio poder econmico y poltico. Sin embargo, todava existen sitios quedefinitivamente si tuvieron una fundacin propiciada por la elite albergada en elsitio de Chavn de Huntar, por lo menos, dentro de la misma rea del Mosna(por ejemplo, Pojoc y Wamanwain).Prcticas sociales implicadasAunque este no es requisito para la existencia de un Estado Teocrtico Andinopuesto que el estado se puede restringir al mismo sitio (ciudad-estado) y reasmuy cercanas, en algunos casos es necesario deslindar s las reiteraciones dediseos y arquitectura de sitios cercanos, aunque en la rbita del sitio principal,corresponden a centros secundarios dentro de un territorio controlado por dichoestado teocrtico andino. Para ello, adems de la arquitectura, se debern encon-trar otros elementos como artefactos e incluso, restos de los individuos proce-dentes del sitio nuclear. Esto nos hablara de la territorialidad del estado y de suexpansin mediante la creacin de dependencias de su culto en reas que le soninteresantes para seguir reproduciendo econmica y polticamente su estadoteocrtico. De todas formas, es posible que la inexistencia de una gran fuerzamilitar haya hecho difcil una expansin territorial por la fuerza en otros territo-rios.Un problema por resolver sera reconocer que tan sincrnicos eran estos asen-tamientos pues las comparaciones estilsticas cermicas e, incluso, los fechadosradiocarbnicos todava ofrecen rangos de tiempo muy amplios y podramosestar contemporaneizando asentamientos que pueden representar una sucesinde eventos.Existencia de artefactos de la misma morfologa e iconografa fuera del sitioestudiado, especialmente en otros contextos de eliteMaterialidad socialMs all del sitio mismo, se han reconocido algunos sitios que podran haber es-tado ligados (polticamente) directamente a Chavn de Huntar conteniendo obje-tos del mismo sitio o producidos con las mismas caractersticas formales (Tello1960, Watanabe 2008, Burger y Matos 2002, Burger y Salazar 2010). Asimismo,objetos producidos en otras reas llegaron a Chavn de Huntar desde distanciascortas y lejanas lo que refiere la existencia de una relacin entre elites de otrasreas y de la influencia en ellas por parte de este sitio tan importante (Lumbreras 51. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 1491993:197, Rick 2006, Rick et al. 2009:105). Sin embargo, es posible pensar queel sitio de Chavn de Huntar ocupaba un territorio bastante constreido al sectorsuperior del valle de Mosna. Las posibles colonias de las que hablaba CarrinCachot (1948), por ejemplo, seran ms bien un anacronismo de las perspectivasdifusionistas e histrico culturales en la arqueologa peruana las cuales ecualiza-ban cermica o textiles con existencia de colonos. Sin embargo, independiente-mente de como hayan llegado a estas zonas tan alejadas es evidente que artefactosinspirados en los objetos de Chavn de Huntar (o imitaciones) llegaron a reasbastante alejadas reproduciendo a menor escala las prcticas poltico-religiosasdel sitio del Callejn de Conchucos (por ejemplo, textiles (Stone 1983, Kaulickeet al. 2009)).Prcticas sociales implicadasLa aparicin de los objetos antes mencionados en contextos alejados del sitioprincipal y claramente dentro de otro tipo de sociedad nos remite al hecho de laexistencia de relaciones con otros grupos sociales, especialmente con otras elites.Estas son relaciones con otras elites dependientes o co-dependientes pero quetambin nos hablan de relaciones con otros grupos sociales que mediatizan laexplotacin fuera del sitio o concentracin de artefactos y productos de otras reas(asistentes o peregrinos de diferentes niveles sociales). Esto tambin suponeque a cambio de dichos objetos se podra haber dado la obtencin de otros recur-sos y/o objetos exticos mediante la ofrenda o intercambio.Existencia de asentamientos domsticos alejados pero relacionados directamentecon el sitio estudiadoMaterialidad socialJulio C. Tello (1960:147-157, con aportes de Julio Espejo Nuez), Burger (1983,1992:130), Wilhelm Diessl (2004), Bebel Ibarra (2009), entre otros han sealadomediante sus reconocimientos e investigaciones en la cuenca del valle del Mosnao Pukcha una serie de asentamientos relacionados con el sitio de Chavn de Hun-tar, especialmente los encontrados por Tello y Espejo Nuez con muestras delitoescultura que recrea el estilo del sitio principal. Aunque esta relacin todavaes muy poco clara, artefactos y estilos arquitectnicos que reproducen los del sitiode Chavn de Huntar se evidencian en dichos sitios planteando una filiacin con-tempornea y directa que necesita ser profundizada. 52. 150 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009Prcticas sociales implicadasAsociado con el anterior indicador, la existencia de asentamientos domsticosalejados del sitio principal reflejara la existencia de comunidades sujetas o vincu-ladas directamente con Chavn de Huntar. Esta dependencia directa o indirecta esposible dado que un estado como Chavn necesita de dicha fuerza de trabajo paragenerar ms recursos de forma directa e incluso necesita de productos que nopueden ser producidos en el rea inmediatamente cercana al sitio ya sean produc-tos alimenticios como materias primas para elaborar otros artefactos o productos.En el caso de estos sitios, es posible detectarlos cuando encontremos objetos oindividuos procedentes del mismo Chavn o personas con objetos producidos all.Sin embargo, como vimos arriba es posible que sociedades que tuvieron relacindirecta con Chavn de Huntar hayan estado consumiendo productos no manufac-turados en ese mismo sitio puesto que la elite est distribuyendo objetos de otrasreas.Del mismo modo que con el indicador anterior, deberemos encontrar una rela-cin basada en individuos o artefactos procedentes del sitio original. Sin embargo,en este caso se tratara de reconocer en los espacios domsticos tal incursin.Aunque este indicador es menos evidente puesto que a este nivel quiz solamentelas elites locales son las accesitarias a los objetos del lugar nuclear, s se defineuna relacin directa entre asentamientos domsticos alejados y asentamiento nu-clear estaramos hablando que la explotacin de la fuerza de trabajo y produccinde objetos vas ms all del rea nuclear del Estado Teocrtico Andino. Eso nospodra acercar a la densidad poblacional en los tiempos del apogeo de Chavn deHuntar pero ms importante de la relacin y la fuerza de trabajo disponible y/oempleada por las elites. Es sabido, adems, por las fuentes etnohistricas tardasque una forma de explotacin directa de tierra agrcolas o recursos naturales se daa travs de la existencia de propiedades de las deidades como es el caso de la tie-rras del sol del Imperio Inca. De este modo, en estos espacios se podra estar ge-nerando la produccin bsica de alimentos necesaria para reproducir a la eliteteocrtica principalmente, aparte de las ofrendas.Comentarios finalesLa gnesis del estado teocrtico andino de Chavn de Huntar se encuentra en laconfluencia de una serie de factores econmicos y polticos que le dan soporte yque re-apropiados y reproducidos por las elites lo mantienen a travs de un largotiempo de manera exitosa. Uno de esos factores de mantenimiento y que es reto-mado de prcticas sociodeolgicas previas (como el shamanismo) pero que, enese momento respaldan otro estado de cosas, es la religin, la cual se torna en una 53. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 151institucin poltica que ordena y mantiene la estabilidad social dentro de la con-tradiccin social surgida en el desarrollo de la explotacin de un grupo socialdominante hacia una gran cantidad de individuos instalados y atrados al CentroPoltico Religioso pero que a medida que fue aumentando demogrficamente yestamentalmente necesit de la atraccin de otros grupos de personas para mante-ner y reproducir material e ideolgicamente a la elite. Este estado de cosas semantuvo durante unos 700 aos creciendo y asimilando otras prcticas socialespero reconducindose hacia objetivos concretos de la elite. Claro que este estadode cosas tambin supuso un mejoramiento de la vida de algunos individuos que seasociaron con la elite dominante e incluso grupos de artesanos y especialistas ygener un espacio de encuentro social para el intercambio de artefactos e infor-macin y otros beneficios. Sin embargo, en esta situacin estos grupos no fueronbeneficiados objetivamente de la misma forma sino que ms bien fueron depen-dientes de la existencia de dicha elite.Aproximadamente alrededor de los 400 a.C., el desarrollo del sitio de Chavnde Huntar se detuvo y a continuacin los edificios principales son utilizados paraprcticas sociales domsticas alejadas de su funcin para los que fueron construi-dos. Adems, la produccin material de la sociedad all reunida se detiene y enotras reas relacionadas directamente tambin. Todo esto seala el momento en elcual las elites de Chavn de Huntar ya no pudieron seguir sosteniendo y mante-niendo la situacin y el control del orden social que siempre estuvo en tensin yse desintegra como formacin sociopoltica y socioeconmica. Esta crisis delsistema generar muy diversas reacciones en diferentes lugares del mundo andino,sobre todo los relacionados directamente con Chavn de Huntar. En dicho con-texto no sorprende que en diferentes espacios de los Andes se abriese una pocaen la cual se hicieron evidentes los conflictos intra e intersociales y se pase a unapoca en que las producciones de arquitectura y objetos se tornen ms regionalis-tas o localistas. El abandono de la produccin de arquitectura y artefactos inspira-dos en los temas de Chavn de Huntar y otros relacionados hacen patente elabandono y el rechazo de las prcticas religiosas de estos sitios. Su reapropiacinpor otras sociedades estatales ms adelante, retomar ese trabajo social acumula-do en Chavn de Huntar que fue exitoso durante varias centurias.En este artculo hemos planteado la existencia, contenido y dinmica de unaforma poltica que hemos denominado Estado Teocrtico Andino. Esta formasociopoltica se explica desde su propia materialidad social en los Andes prehis-pnicos precapitalistas y que tiene su fundamento en las evidencias arqueolgi-cas acumuladas en el sitio Chavn de Huntar. La nuestra, como toda propuestaarqueolgica, se origina desde una perspectiva terica que, en nuestro caso, es elmaterialismo histrico. Como todas las perspectivas tericas actuales esta sebasa en desarrollos de la ciencia occidental. Sin embargo, una vez que nos en- 54. 152 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009frentamos directamente con los objetos arqueolgicos de Chavn de Huntar ytomando en cuenta que la explicacin del pasado siempre se produce en el pre-sente y, por consecuencia, est condicionada por nuestras formas de ver el mun-do, creemos que el materialismo histrico, segn lo entendan los clsicosmarxistas es, dentro de las propuestas al uso, capaz de dar cuenta de una forma-cin social original en los Andes prehispnicos al considerar que los objetosarqueolgicos y su produccin social son histricamente contingentes. Asimis-mo, como todas las dems, nuestra propuesta tambin necesitar ser contrastadaen profundidad pero supone, tambin, como todo planteamiento, una propuestaque est en construccin.Por otra parte, creemos que Chavn de Huntar no fue el nico caso de EstadoTeocrtico Andino temprano. Otros casos que no hemos podido tratar aqu estar-an encarnados en los sitios de Moxeke-Sechn Alto (Pozorski y Pozorski 2008) enel valle de Casma, Caballo Muerto (1500 a.C-400 a.C.) en el valle medio de Mo-che y asociados (Pozorski 1983, Alva 2008, Masato y Martnez 2008), Kunturwa-si (950 a.C.-50 a.C.) en el valle alto del Jequetepeque (Inokuchi 2008),Pacopampa (1200 a.C-200 a.C.) en el valle del Chotano (Seki et al. 2008, Morales2008), algunos de los Templos en U de la costa central como Garagay en el valledel Rmac (1600 a.C.-600 a.C.)40 (Ravines e Isbell 1975, Burger y Salazar2010:24, Rick et al. 2008), los sitios asociados con la tradicin Paracas en Chin-cha (800 a.C.-100 a.C.) (Canziani 1992, Canziani 2009:155-167) y Pukara (500a.C.-350 a.C.) en la cuenca norte del Titicaca (Stanish 2003, Tantalen 2010).Obviamente, cada uno de estos casos de estudio tiene algunas particularidadesproducto de su trayectoria histrica pero comparten la mayora de los indicado-res planteados para Chavn de Huntar. En todo caso, es necesario investigarespecficamente cada uno de estos fenmenos sociales.Interesantemente todos esos otros candidatos de estados teocrticos andinosestaban relacionados con un tiempo en el que la agricultura, mediante tcnicashidrulicas muy desarrolladas, ya estaba en pleno funcionamiento y expansin.Esto concuerda con los tempranos planteamientos de Lumbreras acerca de quela agricultura era la actividad principal que poda generar toda una serie de rela-ciones sociales y de propiedad y excedentes como tambin se vea en el Neolti-co del Viejo Mundo. Todos los casos mencionados, tuvieron un rol importanteen la formacin del estado temprano en los Andes pero, sobre todo, dentro de suhistoria local al generar, por primera vez, la institucionalizacin de la desigual-dad social y el control de las fuerzas productivas histricamente all constituidas40 Estas son fechas aproximadas que estn basadas en los rangos temporales otorgados por los investigadores pues existen algunos problemas con los fechados radiocarbnicos proporcionados por Ravines e Isbell (Moore 1996:35, Burger y Salazar 2010:24). 55. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 153a travs de una religin utilizada como medio de coercin fsica y psicolgica.Estas fuerzas productivas haban alcanzado un nivel suficiente, gracias espe-cialmente la agricultura, la misma que tambin poda ser apropiada mediante lareligin pero sobre todo al instalar los centros polticos religiosos en los mismosvalles y as controlar su distribucin. Por ello, es significativo que todos estoscentros polticos religiosos generaron o se afiliaron a un culto religioso local oextralocal, incluyendo el de Chavn de Huntar. Esto es importante pues inde-pendientemente de que sean estados primarios o secundarios, deben serasumidos como la prctica de una elite local que reprodujo la asimetra social yse empoder polticamente mediante estrategias diversas entre las cuales la reli-gin fue el elemento ms importante para generar el sitio principal y mantener asus gestores y usuarios principales.A diferencia de los ejemplos citados, la forma de produccin principal en elperiodo Arcaico Superior (3000 a.C.-1800 a.C.) y en especial en el valle deSupe y su litoral, por lo que sabemos, fue la pesca pues la agricultura todava noestaba tan desarrollada, sobre todo en el interior de los valles (Shady 2008, Haasy Creamer 2006:752). De all que su fenomenologa (forma de produccin do-minante, tipo de propiedad, etc.) sea diferente lo mismo que su concrecin ar-queolgica. Un hecho que hay que destacar es que en regmenes agrcolas laspoblaciones se hallan en los fondos de valle sujetas a sus tierras y produciendocon relacin a las fuentes de agua y periodos agrcolas. Esto quiz ayude a en-tender que, s Caral fue un primer estado en esa regin (aunque vase Haas yCreamer 2006), este estara basado en el consumo de la produccin marina y laconcentracin del intercambio interregional, con la produccin agrcola en unporcentaje menor, especializada tal vez en el cultivo de plantas como el algodnutilizado como medio de produccin, para hacer redes de pesca. Asimismo, msall de alguna evidencia de algunos de los indicadores aqu propuestos paraChavn de Huntar: ubicacin privilegiada, principal concentracin de arquitec-tura, estructuras asociadas a fenmenos celestes, espacios inclusivos y exclusi-vos, reas domsticas asociadas a los edificios principales, etc., uno de loselementos para hablar efectivamente de un grupo teocrtico que utiliz la reli-gin como justificacin y medio de control y coercin social no est materiali-zado en su registro arqueolgico. Si esta existi o no, todava es poco evidenteen los estudios actuales y deber ser planteado quiz desde la ptica de una so-ciedad que fundament su existencia objetiva en el consumo de la actividadpesquera y marisquera y la agricultura muy especializada y con una religinanimista y/o iconoclasta que no representaba mediante imgenes a las fuerzasnaturales y sobrenaturales que movan y/o controlaban el mundo. Por el mo-mento, planteamos que, s Caral fue un estado, este sera un Estado Pragmtico,donde el control principal de la elite estaba en la medicin del tiempo, ciclos 56. 154 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009agrcolas y martimos mediante indicadores climticos y la observacin de losastros y el control del movimiento social intravalle. Adems, este tipo de estadotambin podra tener una religin naturalista o animista, como en otros ejemplosuniversales, la cual no requiere y/o niega la posibilidad de representar a entida-des sobrenaturales, un tipo de iconoclasia andina. Las nicas representacionesrecurrentes que tenemos seran las figurinas antropomorfas de barro crudo, unatradicin que se rastrea desde la costa ecuatoriana en esos tiempos para socieda-des de diferentes estructuras sociopolticas y no exclusivamente estados. Sinembargo, incluso en esas figurinas tampoco se reconoce ninguna estandariza-cin y ms bien parecen cuestiones votivas. En realidad, lo que falta por haceren el caso de Caral es tratar de generar una metodologa apropiada para recono-cer las caractersticas formales de la sociedad, evitar los juicios a priori y darleuna entidad propia basada en su propia naturaleza. Para terminar, esperamos que esta propuesta y, sobre todo, los indicadoresarqueolgicos que hemos presentado sirvan para generar una discusin aca-dmica ms amplia y que est ms fundamentada en los objetos arqueolgi-cos y dejemos de depender cada vez menos de los modelos arqueolgicos yantropolgicos generados en otras reas del mundo y a dejarnos de compararcon ellos para poder explicarnos, regresemos la vista a la realidad prehispni-ca andina y en un futuro cercano desarrollemos una teora arqueolgica andi-na que tenga el mismo potencial explicativo para dar cuenta de fenmenossociales propios aunque como hemos visto tambin con su cuota de universa-lidad.AgradecimientosUno de los propsitos de escribir este texto fue tratar de saldar una deuda con laarqueologa de Ancash adquirida a finales de los aos noventa cuando trabaj unatemporada all. En esa ocasin tuve la oportunidad de conocer Chavn de Huntar.Muchas cosas han pasado hasta ahora para poder retomar el reto de tratar de ex-plicar este maravilloso sitio arqueolgico. Pese a ello, todava me sigue llamandola atencin este sitio por sus innumerables usos pasados y presentes. Este texto hasido posible tambin gracias a un sinnmero de personas que me han ayudado agenerar una visin, todava esquemtica del sitio y los fenmenos sociales rela-cionados. En primer lugar, quiero agradecer al doctor Luis Guillermo Lumbreraspor haberme cedido mucho de su tiempo para conversar sobre Chavn de Huntary el estado prehispnico andino, leer un borrador de este texto y alentarme a pu-blicarlo. Tambin, quiero agradecer a Kzrysztof Makowski por sostener conver-saciones conmigo sobre estos temas. Quiero agradecer especialmente a Segundo 57. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 155Vsquez por su generosidad y amistad para con este limeo que lleg al nortepara re-encontrarse con un lugar que siempre le haba generado curiosidad. Fi-nalmente a los compaeros Alex Gonzales Panta, Carlos Zapata Bentes y Loren-zo Risco con quienes discut inicialmente muchos de estos planteamientos y enespecial a Kelita Prez Cubas con quien encontr la paz necesaria para reflexionarsobre el Estado Teocrtico Andino. Sin embargo, como es de justicia, eximo atodos ellos de mis errores y falencias en este texto.BibliografaAdams, Robert2001 Complexity in Archaic States, Journal of Anthropological Archaeology,20:345-360.Alva, Ignacio2008 Los Complejos del Cerro Ventarrn y Collud-Zarpn: del Precermico alFormativo en el Valle de Lambayeque, Boletn de Arqueologa, PUCP,12:97-117.Bate, Luis Felipe1984 Hiptesis sobre la Sociedad Clasista Inicial, Boletn de AntropologaAmericana, 9:47-86, Instituto Panamericano de Geografa e Historia,Mxico.Baraybar, Jos Pablo1993 Identificacin de los huesos humanos, Apndice II, en Lumbreras, Luis,Chavn de Huntar. Excavaciones en la Galera de las Ofrendas, 394-402, KAVA, Mainz am Rhein.Bennett, Wendell1944 The North Highlands of Peru. Excavations in the Callejon de Huaylas andChavin de Huntar, Anthropological Papers of the American Museum ofNatural History, 39, parte 1, New York.1946 The Archaeology of Central Andes, en Steward, Julian (ed.), Handbookof South American Indians, vol. 2:61-147, Bureau of American Ethnol-ogy, Smithsonian. Washington, D.C.Bennett, Wendell y Junius Bird1949 Andean Culture History, American Museum of Natural History, NewYork.Billman, Brian2002 Irrigation and the Origins of the Southern Moche State on the NorthCoast of Peru, Latin American Antiquity, 13:371-400. 58. 156 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009Bischof, Henning1985 Los orgenes del Estilo Chavn. Resumen en castellano del artculo Zur Entstehung des Chavn-Stils in Alt-Peru, publicado en Beitrge zur All- gemeinen und Vergleichenden Archologie, 6 (1984):355-452.1997 Cerro Blanco, Valle de Nepea, Per-Un Sitio del Horizonte Temprano, en Emergencia, en Bonnier, E. y H. Bischof (eds.), Archaeologica Perua- na 2:202-234, Sociedad Arqueolgica Peruano-Alemana/Reiss-Museum, Mannheim.2008 Context and Contents of Early Chavin Art, en Conklin, William y Jef- frey Quilter (eds.), Chavin: Art, Architecture, and Culture:107-141, Cot- sen Institute of Archaeology, UCLA, Los Angeles.Blanton, Richard, Gary Feinman, Stephen Kowalewski y Peter Peregrine1996 A Dual-Processual Theory for the Evolution of Mesoamerican Civiliza- tion, Current Anthropology 37(1):1-14.Burger, Richard1978 Los asentamientos poblacionales iniciales de Chavn de Huntar, Per: un Informe Preliminar, en Matos, Ramiro (ed.), III Congreso Peruano del Hombre y la Cultura Andina. Actas y Trabajos, tomo I:294-309, Lima.1983 Pojoc y Waman Wain: Two Early Horizon Villages in the Chavn Heart- land, awpa Pacha, 20:3-40.1992 Chavin and the Origins of Andean Civilization, Thames and Hudson, Londres.1998 Excavaciones en Chavn de Huntar, PUCP, Lima.2008 Chavn de Huntar and Its Sphere of Influence, Silverman, Helaine y William H. Isbell (eds.), Handbook of South American Archaeology:681- 703, Springer, New York.Burger, Richard y Lucy Salazar2010 La Cultura Manchay y la Inspiracin Costea para la Civilizacin Al- toandina de Chavn, en Romero, Rubn y Trine Svendsen (eds.), Arqueo- loga en el Per. Nuevos Aportes para el Estudio de las Sociedades Andinas Prehispnicas:13-37, UNFV, Lima.Burger, Richard y Ramiro Matos2002 Atalla: A Center on the Periphery of thee Chavin Horizon, Latin Ameri- can Antiquity, 13(2):153-177.Burger, Richard, Frank Asaro y Helen Michel1998 Los artefactos de obsidiana en Chavn de Huntar y sus fuentes geolgi- cas, en Burger, Richard, Excavaciones en Chavn de Huntar:244-251, PUCP, Lima. 59. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 157Campana, Cristbal1995 Arte Chavn. Anlisis estructural de formas e imgenes, Universidad Na-cional Federico Villarreal, Lima.Canziani, Jos1992 Arquitectura y urbanismo del Periodo Paracas en el Valle de Chincha,Gaceta Arqueolgica Andina, 22:87-117.2009 Ciudad y Territorio en los Andes. Contribuciones a la Historia del Urba-nismo Prehispnico, PUCP, Lima.Carneiro, Robert1970 A Theory of the Origins of State, Science, 169:733-738.Carrin Cachot, Rebeca1948 La cultura chavn: dos nuevas colonias. Kuntur Wasi y Ancn, Revistadel Museo Nacional de Antropologa y Arqueologa, 2(1):99-172.Chapman, Robert2008 Alternative States, en Habu, J.; C. Fawcett y J. M. Matsunaga (eds.),Evaluating Multiple Narratives: Beyond Nationalist, Colonialist, Imperi-alist Archaeologies, 144-165, Springer, New York.Childe, Gordon1947 History, Cobbett Press, Londres.1950 The Urban Revolution, Town Planning Review, 21(1):3-17.Cisneros, Leonor y Luis Lumbreras1980 Historia general del Ejrcito Peruano. Los orgenes, Comisin Permanen-te de la Historia del Ejercito del Per, Lima.Contreras, Daniel2007 Sociopolitical and Geomorphologic Dynamics at Chavn de Huntar,Peru, tesis doctoral, Department of Anthropological Sciences, StanfordUniversity, Palo Alto.2010 A Mito-Style Structure at Chavin de Huntar: Dating and Implications,Latin American Antiquity, 21(1):3-21.Conklin, William y Jeffrey Quilter2008 Introduction, en Conklin, William y Jeffrey Quilter (eds.), Chavin: Art,Architecture, and Culture: xxvii-xxxi. Cotsen Institute of Archaeology,UCLA, Los Angeles.Curatola, Marco1991 Iconografa Chavn: El Dios de los Grandes Colmillos, en Los Incas y elAntiguo Per. 3000 aos de Historia:196-217, Sociedad Estatal QuintoCentenario, Madrid.Dacal, Ramn y David Watters2005 Three Stages in the History of Cuban Archaeology, en Curet, L.,Antonio Shannon, Lee Dawdy y Gabino La Rosa Corzo (eds.), Dialogues 60. 158 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009 in Cuban Archaeology:29-40, The University of Alabama Press, Tusca- loosa.Dietler, Michael1996 Feast and Commensal Politics in the Political Economy: Food, Power, and Status in Prehistoric Europe, en Weissner, P. y W. Schienfenhovel (eds.), Food and the Status Quest: An Interdisciplinary Perspective:87- 125, Berghahn Books, Oxford.Dietler, Michael y Brian Hayden2001 Feasts. Archaeological and Ethnographic Perspectives on Food, Politics, and Power, Smithsonian Instituion Press, Whashington y Londres.Diessl, Wilhelm2004 Huntar, San Marcos, Chavn. Sitios arqueolgicos en la Sierra de An- cash, Instituto Cultural Rvna, Lima.Eller, Jack2007 Introducing Anthropology of Religion. Culture to the Ultimate, Routledge, New York.Dillehay, Tom2003 El Colonialismo Inka, el consumo de Chicha y los festines desde una perspectiva de banquetes polticos, Boletn de Arqueologa, PUCP, 7:355- 363.Domnguez Monedero, Adolfo2002 La moneda de los dioses: monedas y santuarios en Grecia, Actas del XIII Congreso Internacional de Numismtica, volumen I:227-236, Minis- terio de Cultura, Madrid.Druc, Isabel1998 Produccin y distribucin de cermica en Chavn de Huntar, en Bur- ger, Richard, Excavaciones en Chavn de Huntar, 303-314, PUCP, Lima.Earle, Timothy1987 Chiefdoms in Archaeological and Ethnohistorical Perpectives, Annual Review of Anthropology, 16:279-308.Eliade, Mircea1987 Shamanism: An Overview, en Encyclopedia of Religion, vol. 12:8269- 8273, MacMillan, New York.Engels, Frederick1976[1884] El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, Roca, Mxico, D.F.Espinoza, Waldemar (ed.)1978[1981] Los modos de produccin en el Imperio de los Incas, Amaru, Lima. 61. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 159Feathers, James, Jack Johnson y Silvia Rodriguez Kembel2008 Luminescence Dating of Monumental Stone Architecture at Chavn deHuntar, Per, Journal of Archaeological Method and Theory, 15:266-296.Flannery, Kent1972 The Cultural Evolution of Civilizations, Annual Review of Ecology andSystematics, 3:339-426.1998 The Ground Plans of Archaic States, en Feinman, Gary y Joyce Marcus(eds.), Archaic States, 15-57, School of American Research Press, SantaFe.Foucault, Michel1976 Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisin, Siglo XXI, Buenos Aires.Fung, Rosa1988 The Late Preceramic and Initial Period, en Keatinge, Richard (ed.), AnOverview of Peruvian Prehistory, 67-98, Cambridge University Press,Cambridge.2008[1999] El Proceso de Neolitizacin en los Andes Tropicales, en Arqueolo-ga y Vida, 2:75-136, Museo de Arqueologa, Antropologa e Historia,Universidad Nacional de Trujillo, Trujillo.Gonzlez, Andrea2008 Las representaciones figurativas como materialidad social y su apre-hensin desde la Arqueologa: Las Cabezas Clavas del Sitio Chavn deHuntar, Per. Estado de la cuestin e hiptesis, Trabajo de Investiga-cin conducente al grado de Mster en Arqueologa Prehistrica, De-partamento de Prehistoria, Universidad Autnoma de Barcelona,Barcelona.Haas, Jonathan1982 The Evolution of Prehistoric State, Columbia University Press, NewYork.Haas, Jonathan y Winifred Creamer2006 Crucible of Andean Civilization. The Peruvian Coast from 3000 to 1800BC, Current Anthropology, 47(5):745-756.Ibarra, Bebel2009 Historia Prehispnica de Huari: desde Chavn hasta los Inkas, enIbarra, Bebel (ed.), Historia Prehispnica de Huari. 3000 aos de His-toria desde Chavn hasta los Inkas, 15-28, Instituto de Estudios Huari-nos, Huari. 62. 160 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009Inokuchi, Kinya2008 La arquitectura de Kunturwasi: secuencia constructiva y cronologa de un centro ceremonial del periodo Formativo, Boletn de Arqueologa PUCP, 12:219-247.Insoll, Timothy2004 Archaeology, Ritual, Religion, Routledge, Londres.Isbell, William y Gordon McEwan (eds.)1991 Huari Administrative Structure: Prehistoric Monumental Architecture and State Government, Dumbarton Oaks Research Library and Collection, Washington D.C.1999 Mummies and Mortuary Monuments. A Postprocessual Prehistory of Central Andean Social Organization, University of Texas Press, Austin.Jamieson, Ross2005 Colonialism, Social Archaeology and Lo Andino: Historical Archae- ology in the Andes, World Archaeology, 37(3):352-372.Jennings, Justin y Brenda Bowser (eds.)2008 Drink, Power, and Society in the Andes, University Press of Florida, Gainesville.Johnson, Allen y Timothy Earle2000 The Evolution of Human Societies, Stanford University Press, Stanford.Kauffmann, Federico1963 La cultura Chavn, Compaa Peruano-Suiza, Lima.1993 Las ruinas de Chavn de Huntar. Una descripcin somera, en Arqueo- lgicas, 22:15-36.Kaulicke, Peter2010 Las cronologas del Formativo. 50 Aos de investigaciones japonesas en perspectiva, PUCP, Lima.Kaulicke, Peter y Tom Dillehay (eds.)2005 Encuentros: identidad, poder y manejo de espacios pblicos, Boletn de Arqueologa, PUCP, 9.Kaulicke, Peter, Lars Fehren-Schmitz, Mara Kolp-Godoy, Patricia Landa, scar Loyola, Martha Palma, Elsa Tomasto, Cindy Vergel y Burkhard Vogt2009 Implicancias de un rea funeraria del periodo Formativo Tardo en el Departamento de Ica, Boletn de Arqueologa, PUCP, 13:289-322.Kolata, Alan1993 The Tiwanaku: Portrait of an Andean Civilization, Blackwell, Cambridge.Kubler, George1999 [1962] Arte y arquitectura en la Amrica Precolonial, Ctedra, Madrid. 63. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 161Lane Fox, Robin2007 El mundo Clsico. La epopeya de Grecia y Roma, Crtica, Barcelona.Lathrap, Donald1982 Complex Iconographic Features Shared by Olmec and Chavin and SomeSpeculations on their Possible Significance, en Marcos, Jorge y PresleyNorton (eds.), 1er. Simposio de Correlaciones Antropolgicas Andino-Mesoamericanas (Salinas, Ecuador, 25-31 julio 1971), 18-26, ESPOL,Guayaquil.Lull, Vicente2007 Los objetos distinguidos. La Arqueologa como excusa, Bellaterra, Barce-lona.Lull, Vicente y Rafael Mic2007 Arqueologa del origen del Estado. Las teoras, Bellaterra, Barcelona.Lumbreras, Luis G.1970 Los templos de Chavn, Museo de Arqueologa y Etnologa de la Univer-sidad Nacional Mayor de San Marcos, Editado por la Corporacin Perua-na del Santa, Lima.1974 Los orgenes de las civilizacin en el Per, Milla Batres, Lima.1981 Arqueologa de la Amrica Andina, Milla Batres, Lima.2005[1989] La Aparicin de las Clases Sociales, el Estado y la Ciudad en losAndes Centrales, en Gonzales Carr, Enrique y Carlos Del guila (eds.),Arqueologa y Sociedad: 255-276, MNAAHP/INDEA/IEP, Lima.1993 Chavn de Huntar. Excavaciones en la Galera de las Ofrendas, KAVA,Mainz am Rhein.2005[1995] Acerca de la aparicin del Estado, en Gonzales Carr, Enriquey Carlos Del guila (eds.), Arqueologa y Sociedad, 192-229.MNAAHP/INDEA/IEP, Lima.2007 Chavn. Excavaciones Arqueolgicas, UAP, Lima.Lumbreras, Luis. G., C. Gonzlez y B. Lietaer1976 Acerca de la funcin del sistema hidrulico de Chavn, Investigaciones deCampo, 2, Museo Nacional de Antropologa y Arqueologa, Lima.Lumbreras, L. G., R. Gebhard, W. Husler, F. Kauffmann-Doig, J. Riederer, G.Sieben y U. Wagner2003 Mssbauer Study of Ceramic Finds from the Galera de las Ofrendas,Chavn de Huntar, Hyperfine Interactions, 150:51-72.Llanos, Oscar2010 Cahuachi: residencia y paisaje sacralizado de un Centro Poltico Nazca,Revista Espaola de Antropologa Americana, 40(1):27-51. 64. 162 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009Manzanilla, Linda2001 State Formation in the New World, en Feinman, Gary y T. DouglasPrice (eds.), Archaeology at the Millennium. A Sourcebook, 381-413,Springer, New York.Makowski, Krzysztof1997 Dioses del Templo de Chavn: reflexiones sobre la iconografa religiosa,en Varn, Rafael y Javier Flores (eds.), Arqueologa, Antropologa e His-toria en los Andes. Homenaje a Mara Rostworowski, 501-525, IEP/BCRP,Lima.2008a Andean Urbanism, en Silverman, Helaine y William H. Isbell (eds.),Handbook of South American Archaeology, 633-657, Springer, NewYork.2008b Reyes o Curacas? Las particularidades del ejercicio del poder enlos Andes prehispnicos, en Makowski, Krzysztof (ed.), Seores de losReinos de la Luna, 1-9, Banco de Crdito del Per, Lima.Marcus, Joyce y Gary Feinman1998 Introduccin, en Feinman, Gary y Joyce Marcus (eds.), Archaic States,3-13, School of American Research Press, Santa Fe.Masato, Sakai y Juan Jos Martnez2008 Excavaciones en el Templete de Limoncarro, Valle Bajo de Jequetepe-que, Boletn de Arqueologa, PUCP, 12:171-201.Mauss, Marcel1971 [1924] Ensayo sobre los dones. Razn y forma del cambio en las socieda-des primitivas, en Sociologa y Antropologa, 153-263, Tecnos, Madrid.Mesa, Christian2007 Intrasite Spatial Organization at Chavn de Huantar During the AndeanFormative: Three Dimensional Modeling, Stratigraphy and Ceramics, te-sis doctoral, Departamento de Ciencias Antropolgicas, Universidad deStanford, Palo Alto.Milla Villena, Carlos2008 Gnesis de la cultura andina, Amaru Wayra, Lima.Millaire, Jean-Franois2009 Gallinazo and the Tradicin Norcostea, en Millaire, Jean-Franois conMagali Morlion (eds.), Gallinazo. An Early Cultural Tradition on the Pe-ruvian North Coast, 1-16, Cotsen Institute of Archaeology Press, Los An-geles.2010a Primary State Formation in the Vir Valley, North Coast of Peru, Pro-ceedings of National Academy of Sciences, 107(14):6186-6191. 65. HENRY TANTALENCHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 1632010b Moche Political Expansionism as Viewed from Vir. Recent Archaeo-logical Work in the Close Periphery of a Hegemonic City-State System,en Quilter, Jeffrey y Luis Jaime Castillo (eds.), New Perspectives on Mo-che Political Organization, 223-251, Dumbarton Oaks, Washington, D.C.Moore, Jerry1996 Architecture and Power in the Ancient Andes. The Archaeology of PublicBuildings, Cambridge University Press, New York.2005 Cultural Landscapes in the Ancient Andes. Archaeologies of Place, Uni-versity Press of Florida, Gainesville.Morales, Daniel2008 The Importance of Pacopampa: Architecture and Iconography in theCentral Andean Formative, en Conklin, William y Jeffrey Quilter (eds.),Chavin: Art, Architecture, and Culture, 143-162, Cotsen Institute of Ar-chaeology, UCLA, Los Angeles.Morris, Brian2006 Religion and Anthropology. A Critical Introduction, Cambridge Univer-sity Press, New York.Nesbitt, Jason, Belkys Gutirrez y Segundo Vsquez2008 Excavaciones en Huaca Cortada, Complejo Caballo Muerto, Valle deMoche: un informe preliminar, Boletn de Arqueologa, PUCP, 12:261-286.Patterson, Thomas1991 The Inca Empire. The Formation and Disintegration of a Pre-CapitalistState, Berg, Oxford.Pozorski, Shelia1987 Theocracy vs. Militarism: The Significance of the Casma Valley in Un-derstanding Early State Formation, en Haas, Jonathan; Shelia Pozorski yThomas Pozorski (eds.), The Origins and Development of the AndeanState, 15-30, Cambridge University Press, Cambridge.Pozorski, Thomas1983 The Caballo Muerto Complex and Its Place in the Andean ChronologicalSequence, Annals of Carnegie Museum, 52:1-40.Pozorski, Shelia y Thomas Pozorski1992 Early Civilization in the Casma Valley, Peru, Antiquity, 66:845-870.1994 Early Andean Cities, Scientific American, 270(6):66-72.2008 Early Cultural Complexity on the Coast of Peru, en Silverman, Helainey William Isbell (eds.), Handbook of South American Archaeology, 607-631, Springer, New York.Price, Neil2001 The Archaeology of Shamanism, Routledge, Londres. 66. 164 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 2009Ravines, Rogger1984 Sobre la formacin de Chavn: imgenes y smbolos, Boletn de Lima,35:27-45.Renfrew, Colin y Paul Bahn1998 Arqueologa. Teoras, mtodos y prctica, Akal, Madrid.Reinhard, Johan1985 Chavn and Tiahuanaco: A New Look at Two Andean Ceremonial Cen-ters, National Geographic Research, 1(3):395-422.Rick, John2005 The Evolution of Authority and Power at Chavn de Huntar, Peru,Vaughn, Kevin; Dennis Ogburn y Christina Conlee (eds.), Foundations ofPower in the Prehispanic Andes. Archaeological Papers of the AmericanAnthropological Association, 14:71-89, Arlington.2008 Context, Construction, and Ritual in the Development of Authority atChavin de Huntar, en Conklin, William y Jeffrey Quilter (eds.), Chavin:Art, Architecture, and Culture, 3-34, Cotsen Institute of Archaeology,UCLA, Los Angeles.2006 Un anlisis de los centros ceremoniales del periodo Formativo a partir delos estudios en Chavn de Huntar, Boletn de Arqueologa, PUCP,10:201-214.Rick, John y Rosa Mendoza2003 Marino Gonzales: 1916-2001. El hombre de Chavn y su mundo, Ar-queolgicas, 26:17-26.Rick, John, Christian Mesa, Daniel Contreras, Silvia Kembel, Rosa Rick, Mat-thew Sayre y John Wolf2009 La cronologa de Chavn de Huntar y sus implicancias para el periodoFormativo, Boletn de Arqueologa, PUCP, 13:87-132.Rodrguez Kembel, Silvia2008 The Architecture at the Monumental Center of Chavn de Huntar: Se-quence, Transformations, and Chronology, en Conklin, William y JeffreyQuilter (eds.), Chavin: Art, Architecture, and Culture, 35-81, Cotsen Insti-tute of Archaeology, UCLA, Los Angeles.Roe, Peter1974 A Further Exploration of the Rowe Chavn Seriation and Its Implicationsfor North Central Coast Chronology, Studies in Pre-Columbian Art andArchaeology, 13, Dumbarton Oaks, Washington D.C.Rowe, John1963 Urban Settlements in Ancient Peru, awpa Pacha, 1:1-27. 67. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 1651967 Form and Meaning in Chavin Art, en Rowe, John y Dorothy Menzel (eds.), Peruvian Archaeology. Selected Readings, 72-103, Peek publica- tion, Palo Alto.Sanoja, Mario1982 Modos de produccin precapitalistas en Venezuela, en Teoras, mtodos y tcnicas en Arqueologa, 219-230, reimpresiones del Boletn de Antro- pologa Americana, Mxico, D.F.Schreiber, Katherine1992 Wari Imperialism in Middle Horizon Peru, Museum of Anthropology, University of Michigan, Ann Arbor.2001 The Wari Empire of Middle Horizon Peru: The Epistemological Chal- lenge of Documenting an Empire Without Documentary Evidence, en Alcock, Susan; Terence DAltroy, Kathleen Morrison y Carla Sinopoli (eds.), Empires. Perspectives from Archaeology and History, 70-92, Cam- bridge University Press, Cambridge.Seki, Yuji, Juan Pablo Villanueva, Masato Sakai, Diana Alemn, Mauro Ordoez, Walter Tosso, Araceli Espinoza, Kinya Inokuchi y Daniel Morales2008 Nuevas evidencias del sitio arqueolgico de Pacopampa, en la Sierra Norte del Per, Boletn de Arqueologa, PUCP, 12:69-95.Sendn, Pablo2006 Ecologa, ritual y parentesco en los Andes: notas a un debate no perimi- do, Debate Agrario, 40-41:273-297.Service, Elman1984 [1975] Los orgenes del Estado y la civilizacin. El proceso de evolucin cultural, Alianza, Madrid.Shady, Ruth2009 Caral-Supe y su entorno natural y social en los orgenes de la civiliza- cin, en Marcus, Joyce y Patrick Ryan Williams (eds.), Andean Civiliza- tion. A Tribute to Michael Moseley, 99-120, Cotsen Institute of Archaeology, Los Angeles.Shibata, Koichiro2008 El Sitio de Cerro Blanco de Nepea dentro de la dinmica interactiva del periodo Formativo, Boletn de Arqueologa, PUCP, 12:287-315.Silverman, Helaine1995 Recent Archaeological Investigations on the South Coast of Peru: Cri- tique and Prospects, Journal of Steward Anthropological Society, 23(1, 2):13-41.Smith, Michael y Katharina Schreiber2005 New World States and Empires: Economic and Social Organization, Journal of Archaeological Research, 13(3):189-229. 68. 166 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45ENERO-DICIEMBRE 20092006New World States and Empires: Politics, Religion, and Urbanism, Jour-nal of Archaeological Research, 14(1):1-52.Spencer, Charles2010 Territorial Expansion and Primary State Formation, Proceedings ofNational Academy of Sciences, 107(16):7119-7126.Spencer, Charles y Elsa Redmond2004 Primary State Formation in Mesoamerica, Annual Review of Anthropol-ogy, 33:173-199.Stanish, Charles2001 The Origin of States Societies in South America, Annual Review ofAnthropology, 30:41-64.2003 Ancient Titicaca. The Evolution of Social Power in the Titicaca Basin ofPeru and Bolivia, University of California Press, Berkeley y Los Angeles.Stone, Rebecca1983 Possible Uses, Roles, and Meanings of Chavin-Style Painted Textiles ofSouth Coast Peru, en Sandweiss, Daniel (ed.), Investigations of the An-dean Past. Papers from the First Annual Northeast Conference on AndeanArchaeology and Ethnohistory, 51-74, Cornell Latin American StudiesProgram, Cornell.Tantalen, Henry2008 Las miradas andinas. Arqueologas y nacionalismos en el Per del sigloXX, Revista de Arqueologa Suramericana, 4(1):34-52.2010 El pasado tras del espejo: Arqueologa y nacionalismo en el Per, enNastri, Javier y Lucio Meneses (eds.), Historias de la Arqueologa Suda-mericana, 137-162, Fundacin de Historia Natural/Universidad Maimni-des, Buenos Aires.Tello, Julio1923 Wiracocha, reimpreso de la Revista Inca, Universidad Nacional Mayor deSan Marcos, Lima.1943 Discovery of the Chavn Culture in Peru, American Antiquity, 9(1):135-160.1960 Chavn. Cultura matriz de la civilizacin andina, UNMSM, Lima.Topic, John2003 From Stewards to Bureaucrats: Architecture and Information Flow atChan Chan, Peru, Latin American Antiquity, 14(3):243-274.Vargas, Pedro2005 Anlisis de los signos grficos del Obelisco Tello de Chavn de Huntar.Una propuesta estructural y lingstica, tesis de Licenciatura, EscuelaAcadmico Profesional de Arqueologa, Universidad Nacional Mayor deSan Marcos, Lima. 69. HENRY TANTALEN CHAVN DE HUNTAR Y LA DEFINICIN ARQUEOLGICA 167Verano, John2001 The Physical Evidence of Human Sacrifice in Ancient Peru, en Benson,Elizabeth y Anita Cook (eds.), Ritual Sacrifice in Ancient Peru, 165-184,University of Texas Press, Austin.Victorio, Patricia2010 Reflexiones en torno al estudio del Arte del Per Antiguo, Revista delMuseo Nacional, L:47-64.Wagner, U., F. E. Wagner, A. Stockklauser, R. Salazar, J. Riederer y F. Kauff-mann-Doig1986 Mossbauer Analysis of Recent Ceramic Finds From Chavin, HyperfineInteractions, 29:1113-1116.Watanabe, Shinya2008 Dos monolitos del sitio de Congona, Sierra Norte del Per, Boletn deArqueologa, PUCP, 12:53-67.Weber, Max1977 [1922] Qu es la burocracia?, La Plyade, Buenos Aires.Winkelman, Michael2010 Shamanism. A Biopsychosocial Paradigm of Consciousness and Healing,Praeger, Santa Barbara.Wright Henry1977 Recent Research on the Origin of the State, Annual Review of Anthro-pology, 6:379-397.Yoffee, Norman2005 Myths of Archaic State. Evolution of the Earliest Cities, States, and Civi-lizations, Cambridge University Press, Cambridge.Fuente: http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=490996 70. 168 BOLETN DE ANTROPOLOGA AMERICANA 45 ENERO-DICIEMBRE 2009Fuente: www.yurileveratto.com 71. Copyright of Boletn de Antropologa Americana is the property of Instituto Panamericano de Geografia eHistoria and its content may not be copied or emailed to multiple sites or posted to a listserv without thecopyright holders express written permission. However, users may print, download, or email articles forindividual use.