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Comandante Hugo Chávez

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  • 1. 1 CHVEZNUESTRO

2. Rosa Miriam Elizalde Luis Bez 3. 6 CHVEZNUESTRO Edicin: Lilian Sabina Roque e Irene Hernndez lvarez Diseo: Ernesto Niebla Chalita Realizacin: Enrique D. Medero Cambeiro Fotos: Franklin Reyes y el MINCI Rosa Miriam Elizalde Zorrilla Luis Bez Hernndez Sobre la presente edicin: Casa Editora Abril ISBN 959-210-331-3 Casa Editora Abril Prado 553 entre Teniente Rey y Dragones, La Habana Vieja, Ciudad de La Habana, Cuba. CP 10 200 email: eabril@jovenclub.cu http://www.editoraabril.cu 4. 7 CHVEZNUESTRO A todos los entrevistados, por su tiempo y generosidad. A Adn Chvez y Carmen Hernndez, los primeros lectores. A Rosita y Mara Gabriela Chvez, Milagros Flores de Reyes, Mara Gil, Flor Figueredo y Gilberto Lombano, quienes, adems de su valioso testimonio, cedieron las fotografas y cartas inditas de este libro. Al equipo de Versiones Taquigrficas, del Consejo de Es- tado, que transcribi ms de cien horas de grabacin en muy poco tiempo y con esfuerzo extraordinario. A Franklin Re- yes, el joven y brillante fotgrafo del diario Juventud Rebel- de, responsable de la mayora de las imgenes. Chvez Nuestro hubiera sido imposible sin la ayuda de Flix Lpez, el amigo que coordin casi todas las entrevistas y nos alent en el agitado peregrinaje por varios Estados ve- nezolanos. A Rolando Alfonso Borges, por su fe en este proyecto y su extraordinaria calidad humana. A Carmen Rosa Bez, por- que le debemos el ttulo del libro, un sensible apoyo y la lectura inteligente de cada cuartilla. Tambin, a Richard Velzquez, que hizo sugerencias lci- das e imprescindibles, y a Vivian Iglesias, por su extraordinaria comprensin. A Juan Jos Vlds Prez, Roiln Rodrguez, Pedro Garca Espinosa, Ernesto Niebla, Elio Duarte, Geordanis Gonzlez, Luis Rivera, Juan Manuel Cinta, William Silva y Alejandro Dickxon, que nos acompaaron en varias madrugadas de vigilia editorial. 5. 8 CHVEZNUESTRO Niurka Dumnigo, Lilian Sabina Roque, Irene Hernn- dez lvarez y Enrique D. Medero Cambeiro, de la Editora Abril, que leyeron y editaron este volumen con infinito rigor y cario, en permanente contingencia. A Ana Mara Radaelli, queridsima y fiel. Y a Hugo Chvez Fras, ese ser humano extraordinario ante quien, definitivamente, no se puede ser imparcial. 6. 9 CHVEZNUESTRO Oracin al Chvez nuestro Chvez nuestro que ests en la crcel, santificado sea tu golpe, venga (vengar) a nosotros, tu pueblo, hgase tu voluntad, la de Venezuela, la de tu ejrcito, danos hoy la confianza ya perdida, y no perdones a los traidores, as como tampoco perdonaremos a los que te aprehendieron. Slvanos de tanta corrupcin y lbranos de Carlos Andrs Prez. Amn. Versin del Padre Nuestro entregada en 1992 por un caraqueo annimo a Hugo Chvez, en la crcel de San Car- los, poco despus de que el lder venezo- lano fuera encarcelado. 7. 10 CHVEZNUESTRO 8. 11 CHVEZNUESTRO Imposible seguir los hilos esenciales de la personalidad de Hugo Chvez Fras sin pisarle los talones a la profunda Venezuela, nico pas que posee todos los paisajes y colores probables, compendio telrico de Amrica, como la llam el escritor Alejo Carpentier. El mestizaje, la diversidad de influencias polticas, el peso de la historia en cada ngulo de sus decisiones y un origen profundamente popular, hacen de Chvez una especie de com- pendio del venezolano, difcil de apresar en solo una veintena de entrevistas, en decenas de imgenes y documentos, en las ms de cuatrocientas pginas de este libro. A la compleja na- turaleza del lder se aade un contexto escabroso donde una autntica revolucin social en el poder coexiste con el de- porte de la poltica sucia, el juego de las manipulaciones mediticas y las torpes maniobras injerencistas del gobierno norteamericano. Sabamos cun ambicioso poda ser armar un retrato ntimo de Hugo Chvez, desde antes de volar a Caracas y de rastrear el llano barins donde transcurri su infancia. Ni siquiera tenamos seguridad de poder conversar con l, pues el pas se debata en vsperas de un referendo que lle- vara a votacin popular su permanencia en Miraflores, el octavo escrutinio al que se someta en cinco aos de go- bierno. Su agenda era en esos das absolutamente intran- sitable, adjetivo que utilizara con agudeza su maestro Jacinto Prez Arcay. Compendio telrico de Venezuela 9. 12 CHVEZNUESTRO Sin embargo, nos lanzamos a la aventura, espoleados por el apremio periodstico y por la certeza de que hallaramos testimonios que tal vez podran explicar por qu ha llevado hasta las ltimas consecuencias los extraordinarios episodios de su vida. Y as fue. Con la ayuda inestimable de Adn Chvez y de los propios entrevistados, fuimos arman- do, como piezas de un rompecabezas, la niez en Sabaneta, la forja en la Academia Militar, la insurreccin del 4 de febrero y el golpe de Estado fascista en abril de 2002, entre otros pasajes que por primera vez adquieren pblicamente una di- mensin coral. Despus de ventin das de peregrinaje y casi un centenar de horas en la memoria digital de la grabadora, Hugo Chvez nos esperaba en su despacho de Miraflores. Se abra al dilo- go un testigo mucho ms vasto, el cronista de un pasado que fcilmente puede vincularse con el presente, el analista de sus propias experiencias vitales Hablaba el intrprete no solo del pas cotidiano y real, sino de la Venezuela posible. Caracas, 15 de agosto de 2004. Da de la victoria electoral del NO en el referendo que intent revocar de su cargo al Presidente de la Repblica Bolivariana de Venezuela 10. 13 CHVEZNUESTRO Sabaneta Con la abuela Rosa Ins Al nio le pareca escuchar la caballera desbocada, los cao- nazos, los dardos sobre las techumbres pajizas y los toques de corneta, pasando las barrancas y los caaverales por donde en otras pocas corrieron las aguas del Bocon. Le fascina- ban los cuentos de la abuela Rosa Ins sobre el sitio de Bari- nas en abril de 1859. Eran historias que ella haba escuchado a su abuelo, un llanero bien plantado que haba marchado a la guerra bajo las rdenes del General Cara de Cuchillo en tierras de La Marquesea. Las calles de Barinas fueron invadidas por el humo, la plvora y la sangre contaba Rosa Ins, y de sus labios Hugo oy por primera vez el nombre de Ezequiel Zamora, hijo de un capitn del Ejrcito Libertador, Alejandro Zamora, y de Paula Correa. Ezequiel, impuls las ideas liberales ms avanzadas de su tiempo y fue el general de hombres libres que dirigi la Batalla de Santa Ins, hazaa que se estudiara en las academias militares latinoamericanas y que a Hugo siem- pre le paraci un hecho digno de figurar en las antologas del valor y el ingenio humanos. En la mente del pequeo, Sabaneta era el escenario de las ms importantes aventuras del mundo, aunque el pueblecito pol voriento solo tena tres calles de tierra a orillas del ro, con casitas de palma y piso de tierra. La casa de Rosa Ins, en la calle Anto- nio Mara Bayn, era de las ms pobres, con paredes destartaladas de bajareque y techo de palma a dos aguas, precisa Brgida Fras, ta de Doa Elena, la mam de Hugo Chvez. Y agrega: 11. 14 CHVEZNUESTRO Rosa Figueredo Flor Figueredo Joaquina Fras Brgida Fras 12. 15 CHVEZNUESTRO Su nico lujo era el pa- tio, sembrado de rboles fru- tales, de maz, y hierbas para el alio de la comida. Tena naranjos, guayabos, ciruelas, lechosa... Rosa viva de la venta de las frutas y de los dulces que ella misma haca. Era una mujer tan pobre como trabajadora. Brgida recuerda que Hugo de los Reyes y Elena, los padres de los muchachos Chvez Fras, eran maestros y trabajaban en Los Rastro- jos, un casero a varios kil- metros de Sabaneta. Los dos nios mayores se quedaron con la abuela y ella los adoraba y los consenta. Adn y Huguito dorman con la seora en el mismo cuarto. Esos muchachos fueron criados toecos. Araas y lochas La familia Figueredo era amiga de los Chvez Fras des- de antes del casamiento de Elena y Hugo de los Reyes. Eso dice Rosa Figueredo sentada en su taburete. No escucha bien a los periodistas mal de odos, asegura, pero logra cap- tar que la conversacin gira en torno a los Chvez Fras: S, Rosa Ins era mi amiga, y tambin conoc a su mam, Rosa Chvez, y un largo parntesis de silencio se abre mientras toman cuerpo en su mente imgenes de por lo menos medio siglo atrs. Flor Figueredo, hija de Rosa y contempornea de Hugo, recuerda perfectamente que l siempre llevaba en su Mara Gil 13. 16 CHVEZNUESTRO morralito, protegidas dentro de un frasco caramelero, las araas de lechosa que preparaba la abuela de los Chvez. Flor nos cuenta: Rosa Ins le deca al nio: Mire, Huguito, si usted vende ocho araas, son ocho lochas las que tiene que traer. Recuer- de que un bolvar tiene un real, un medio y dos lochas. l llevaba los dulces para el colegio y los venda al terminar las clases. Un da dos muchachitas, hijas de don Julin Colmenares, un seor que tena un taller, le comieron las araas a Hugo. Casi lo estoy viendo: tena unos diez aos, y lloraba por esa calle, pensando en lo que le iba a decir la abuela. Lo que ms le dola era la pena que le iba a causar. Ella era buena y dulce, con un carcter as como el de Adn. Cuando lo vio llegar, Rosa Ins le dijo: Pero, hijo, dnde estaba usted cuan- do le comieron esas araas? A veces me vienen esos recuerdos, y tal parece que una lo tiene delante. Como cuando lo vea llegar de la Madre Vieja, por donde pasaba antes el ro Bocon. Con l venan Flix, Andrs Sequera, Laureano, Pancho Bastidas, Cigarrn, Leoncio... cargados de varitas de caa bravas para construir los papagayos... Hugo era el lder de todos ellos. Tena un carcter fuerte y era incansable. l se pona a jugar al bisbol ah en la calle. Le decan el Zurdito de Oro y el Ltigo Zurdo, alu- diendo a Ltigo Chvez, que era el dolo de todos ellos. Una, que lo vio tan pequeo, se dice: quin se iba a ima- ginar! Mire, usted, a dnde lleg Huguito! Ese muchacho que una vio nacer, que era pobre como todos nosotros, que nada tena, y ahora est defendindonos. Era para que en este pueblo, donde yo he visto puro pobre pobre, no hubiera ni adecos ni copeyanos