Cantares de Gesta

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CANTARES DE GESTAEL CANTAR DEL MIO CIDAUTOR ANONIMOCHANSON DE ROLANDAUTOR ANONIMO

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<ul><li><p>www.ladeliteratura.com.uy </p><p>CANTARES DE GESTA </p><p> CANTAR DEL MIO CID CHANSON DE ROLAND </p><p>mTexto escrito a mquina(La presente obra ha sido incorporada a la biblioteca digital de www.ladeliteratura.com.uy con fines exclusivamente didcticos) </p></li><li><p>www.ladeliteratura.com.uy </p><p>CANTAR DEL MIO CID (Annimo) </p></li><li><p>www.ladeliteratura.com.uy </p><p>CANTAR PRIMERO Destierro del Cid </p><p>Falta la primera hoja del cdice del Cantar, que se suple con el siguiente relato tomado de la Crnica de los veinte reyes: </p><p>Envi el rey don Alfonso a Ruy Daz mo Cid por las parias que le tenan que dar los reyes de Crdoba y de Sevilla cada ao. Almutamiz, rey de Sevilla, y Almudafar, rey de Granada, eran en aquella sazn muy enemigos y se odiaban a muerte. Y estaban entonces con Almudafar, rey de Granada, unos ricos hombres que le ayudaban: el conde Garca Ordez y Fortn Snchez, el yerno del rey don Garca de Navarra, y Lope Snchez, y cada uno de estos ricos hombres con su poder ayudaban a Almudafar, y luego fueron contra Almutamiz, rey de Sevilla. </p><p>Ruy Daz el Cid, cuando supo que as venan contra el rey de Sevilla, que era vasallo y pechero del rey don Alfonso, su seor, lo tom muy a mal y le pes mucho; y envi a todos cartas de ruego para que no viniesen contra el rey de Sevilla ni le destruyeran su tierra, por la obligacin que tenan con el rey don Alfonso (y les deca que si, a pesar de todo, queran hacerlo, supiesen que no podra estarse el rey Alfonso sin ayudar a su vasallo, puesto que era pechero suyo). El rey de Granada y los ricos hombres no atendieron en nada a las cartas del Cid, y fueron todos con mucha fuerza y destruyeron al rey de Sevilla toda la tierra hasta el castillo de Cabra. </p><p>Cuando aquello vio Ruy Daz reuni todas las fuerzas que pudo de cristianos y de moros, y fue contra el rey de Granada para echarlo de la tierra del rey de Sevilla. Y el rey de Granada y los ricos hombres que estaban con l, cuando supieron que iba con ese nimo, le mandaron a decir que no se marcharan de la tierra porque l lo quisiera. Ruy Daz, cuando aquello oy, pens que no estara bien el no acometerlos y fue contra ellos y luch con ellos en el campo, y dur la batalla campal desde la hora de tercia hasta la de medioda, y fue grande la mortandad que all hubo de moros y de cristianos en la parte del rey de Granada, y venciles el Cid y les hizo huir del campo. Y cogi prisionero el Cid en esta batalla al conde Garca Ordez y le arranch un mechn de la barba y a otros muchos caballeros y a innumerables guerreros de a pie. Y los tuvo el Cid presos tres das, y luego los solt a todos. Despus de haberlos cogido prisioneros mand a los suyos recoger los bienes y las riquezas que quedaron en el campo, y luego se volvi con toda su compaa y con todas sus riquezas adonde estaba Almutamiz, rey de Sevilla, y dio a l y a todos sus moros todas las riquezas que reconocieron como suyas y an de las dems que quisieron tomar. Y de all en adelante llamaron moros y cristianos a este Ruy Daz de Vivar el Cid Campeador, que quiere decir batallador. </p><p>Almutamiz le dio entonces muchos buenos regalos y las parias que haba ido a cobrar. Y tornse el Cid con todas sus parias hacia el rey don Alfonso, su seor. El rey le recibi muy bien, se puso muy contento y se declar satisfecho de cuanto el Cid hiciera all. Por esto le tuvieron muchos envidia y le buscaron mucho dao y le enemistaron con el rey. </p><p>El rey, como estaba muy saudo y entrado en ira contra l, dio crdito a lo que hablaban contra el Cid y le mand decir por su carta que saliese del reino. El Cid, despus que hubo ledo la carta real, aunque le caus gran pesar, no quiso hacer otra cosa, porque slo le quedaban de plazo nueve das para salir de todo el reino. </p></li><li><p>www.ladeliteratura.com.uy </p><p>CANTAR PRIMERO Destierro del Cid </p><p>Tirada 1 1. El Cid convoca a sus vasallos; stos se destierran con l. Adis del Cid a Vivar. (Envi a buscar a todos sus parientes y vasallos, y les dijo cmo el rey le mandaba salir de todas sus tierras y no le daba de plazo ms que nueve das y que quera saber quines de ellos queran ir con l y quines quedarse.) A los que conmigo vengan que Dios les d muy buen pago; tambin a los que se quedan contentos quiero dejarlos. Habl entonces lvar Fez, del Cid era primo hermano: "Con vos nos iremos, Cid, por yermos y por poblados; no os hemos de faltar mientras que salud tengamos, y gastaremos con vos nuestras mulas y caballos y todos nuestros dineros y los vestidos de pao, siempre querremos serviros como leales vasallos." Aprobacin dieron todos a lo que ha dicho don lvaro. Mucho que agradece el Cid aquello que ellos hablaron. El Cid sale de Vivar, a Burgos va encaminado, all deja sus palacios yermos y desheredados. Los ojos de Mo Cid mucho llanto van llorando; hacia atrs vuelve la vista y se quedaba mirndolos. Vio como estaban las puertas abiertas y sin candados, vacas quedan las perchas ni con pieles ni con mantos, sin halcones de cazar y sin azores mudados. Y habl, como siempre habla, tan justo tan mesurado: "Bendito seas, Dios mo, Padre que ests en lo alto! Contra m tramaron esto mis enemigos malvados". 2 Ageros en el camino de Burgos Ya aguijan a los caballos, ya les soltaron las riendas. Cuando salen de Vivar ven la corneja a la diestra, pero al ir a entrar en Burgos la llevaban a su izquierda. Movi Mo Cid los hombros y sacudi la cabeza: "nimo, lvar Fez, nimo, de nuestra tierra nos echan, pero cargados de honra hemos de volver a ella! " 3 El Cid entra en Burgos Ya por la ciudad de Burgos el Cid Ruy Daz entr. </p></li><li><p>www.ladeliteratura.com.uy </p><p>Sesenta pendones lleva detrs el Campeador. Todos salan a verle, nio, mujer y varn, a las ventanas de Burgos mucha gente se asom. Cuntos ojos que lloraban de grande que era el dolor! Y de los labios de todos sale la misma razn: "Qu buen vasallo sera si tuviese buen seor!" 4 Nadie hospeda al Cid. Slo una nia le dirige la palabra para mandarle alejarse. El Cid se ve obligado a acampar fuera de la poblacin, en la glera. De grado le albergaran, pero ninguno lo osaba, que a Ruy Daz de Vivar le tiene el rey mucha saa. La noche pasada a Burgos llevaron una real carta con severas prevenciones y fuertemente sellada mandando que a Mo Cid nadie le diese posada, que si alguno se la da sepa lo que le esperaba: sus haberes perdera, ms los ojos de la cara, y adems se perdera salvacin de cuerpo y alma. Gran dolor tienen en Burgos todas las gentes cristianas de Mo Cid se escondan: no pueden decirle nada. Se dirige Mo Cid adonde siempre paraba; cuando a la puerta lleg se la encuentra bien cerrada. Por miedo del rey Alfonso acordaron los de casa que como el Cid no la rompa no se la abrirn por nada. La gente de Mo Cid a grandes voces llamaba, los de dentro no queran contestar una palabra. Mo Cid pic el caballo, a la puerta se acercaba, el pie sac del estribo, y con l gran golpe daba, pero no se abri la puerta, que estaba muy bien cerrada. La nia de nueve aos muy cerca del Cid se para: "Campeador que en bendita hora ceiste la espada, el rey lo ha vedado, anoche a Burgos lleg su carta, con severas prevenciones y fuertemente sellada. No nos atrevemos, Cid, a darte asilo por nada, porque si no perderamos los haberes y las casas, perderamos tambin los ojos de nuestras caras. Cid, en el mal de nosotros vos no vais ganando nada. Seguid y que os proteja Dios con sus virtudes santas." Esto le dijo la nia y se volvi hacia su casa. Bien claro ha visto Ruy Daz que del rey no espere gracia. De all se aparta, por Burgos a buen paso atravesaba, a Santa Mara llega, del caballo descabalga, las rodillas hinca en tierra y de corazn rogaba. Cuando acab su oracin el Cid otra vez cabalga, de las murallas sali, el ro Arlanzn cruzaba. Junto a Burgos, esa villa, en el arenal posaba, las tiendas mand plantar y del caballo se baja. Mo Cid el de Vivar que en buen hora ci espada </p></li><li><p>www.ladeliteratura.com.uy </p><p>en un arenal pos, que nadie le abre su casa. Pero en torno suyo hay guerreros que le acompaan. As acamp Mo Cid cual si anduviera en montaa. Prohibido tiene el rey que en Burgos le vendan nada de todas aquellas cosas que le sirvan de vianda. No se atreven a venderle ni la racin ms menguada. 5 Martn Antolnez viene de Burgos a proveer de vveres al Cid. El buen Martn Antolnez, aquel burgals cumplido, a Mo Cid y a los suyos los surte de pan y vino; no lo compr, que lo trajo de lo que tena l mismo; comida tambin les dio que comer en el camino. Muy contento que se puso el Campeador cumplido y los dems caballeros que marchan a su servicio. Habl Martn Antolnez, escuchad bien lo que ha dicho: "Mo Cid Campeador que en tan buen hora ha nacido, descansemos esta noche y maana de camino! porque he de ser acusado, Cid, por haberos servido y en la clera del rey tambin me ver metido. Si logro escapar con vos, Campeador, sano y vivo, el rey ms tarde o temprano me ha de querer por amigo; las cosas que aqu me dejo en muy poco las estimo." Tirada 6 El Cid, emprobrecido, acude a la astucia de Martn Antolnez. Las arcas de arena. Habla entonces Mo Cid, que en buen hora ci espada: "Oh buen Martn Antolnez, el de la valiente lanza!" Si Dios me da vida he de doblaros la soldada. Ahora ya tengo gastado todo mi oro y mi plata, bien veis, Martn Antolnez, que ya no me queda nada. Plata y oro necesito para toda mi compaa, No me lo darn de grado, lo he de sacar por las malas. Martn, con vuestro consejo hacer quisiera dos arcas, Las llenaremos de arena por que sean muy pesadas, bien guarnecidas de oro y de clavos adornadas. 7 Las arcas destinadas para obtener dinero de dos judos burgaleses. Bermejo ha de ser el cuero y los clavos bien dorados. Buscadme a Raquel y Vidas, decid que voy desterrado por el rey y que aqu en Burgos el comprar me est vedado. Que mis bienes pesan mucho y no podra llevrmelos, </p></li><li><p>www.ladeliteratura.com.uy </p><p>yo por lo que sea justo se los dejar empeados. Que me juzgue el Creador, y que me juzguen sus santos, no puedo hacer otra cosa, muy a la fuerza lo hago. 8 Martn Antolnez vuelve a Burgos en busca de los judos. A lo que el Cid le mand, Martn Antolnez marcha, atraviesa todo Burgos, en la judera entraba, por Vidas y por Raquel con gran prisa preguntaba. 9 Trato de Martn Antolnez con los judos. stos van a la tienda del Cid. Cargan con las arcas de arena. A los judos encuentra cuando estaban ocupados en contar esas riquezas que entre los dos se ganaron. Les saluda el burgals, muy atento y muy taimado: "Cmo estis, Raquel y Vidas, amigos mos tan caros? En secreto yo querra hablar con los dos un rato". No le hicieron esperar; en un rincn se apartaron. "Mis buenos Raquel y Vidas, vengan, vengan esas manos, guardadme bien el secreto, sea a moro o a cristiano, que os tengo que hacer ricos y nada habr de faltaros. De cobrar parias a moros el rey al Cid le ha encargado, grandes riquezas cogi, y caudales muy preciados, pero luego se qued con lo que vala algo, y por eso se ve ahora de tanto mal acusado. En dos arcas muy repletas tiene oro fino guardado. Ya sabis que don Alfonso de nuestra tierra le ha echado, aqu se deja heredades, y sus casas y palacios, no puede llevar las arcas, que le costara caro, el Campeador querra dejarlas en vuestras manos empeadas, y que, en cambio, les deis dinero prestado. Coged las arcas del Cid, ponedlas a buen recaudo, pero eso tiene que ser con juramento prestado que no las habis de abrir en lo que queda de ao." Raquel y Vidas estn un rato cuchicheando: "En este negocio hemos de sacar nosotros algo. Cuando el Cid cobr las parias, mucho dinero ha ganado, de all de tierra de moros gran riqueza se ha sacado. Quien muchos caudales lleva nunca duerme descansado. Quedmonos con las arcas, buen negocio haremos ambos, pondremos este tesoro donde nadie pueda hallarlo. Pero queremos saber qu nos pide el Cid en cambio y qu ganancia tendremos nosotros por este ao." Dice Martn Antolnez, muy prudente y muy taimado: "Muy razonable ser Mo Cid en este trato: poco os ha de pedir por dejar su haber en salvo. </p></li><li><p>www.ladeliteratura.com.uy </p><p>Muchos hombres se le juntan y todos necesitados, el Cid tiene menester ahora de seiscientos marcos." Dijeron Raquel y Vidas: "Se los daremos de grado". "El Cid tiene mucha prisa, la noche se va acercando, necesitamos tener pronto los seiscientos marcos". Dijeron Raque y Vidas: "No se hacen as los tratos, sino cogiendo primero, cuando se ha cogido dando". Dijo Martn Antolnez: "No tengo ningn reparo, venid conmigo, que sepa el Cid lo que se ha ajustado y, como es justo, despus nosotros os ayudamos a traer aqu las arcas y ponerlas a resguardo, con tal sigilo que en Burgos no se entere ser humano". Dijeron Raquel y Vidas: "Conformes los dos estamos. En cuanto traigan las arcas tendris los seiscientos marcos". El buen Martn Antolnez muy de prisa ha cabalgado, van con l Raquel y Vidas, tan satisfechos del trato. No quieren pasar el puente, por el agua atravesaron para que no lo supiera en Burgos ningn cristiano. Aqu veis cmo a la tienda del famoso Cid llegaron; al entrar fueron los dos a besar al Cid las manos. Sonrise Mo Cid, y as comenzara a hablarlos: "S, don Raquel y don Vidas, ya me habais olvidado. Yo me marcho de Castilla porque el rey me ha desterrado. De aquello que yo ganare habr de tocaros algo, y nada os faltar, mientras que vivis, a ambos". Entonces Raquel y Vidas van besarles las manos. Martn Antolnez tiene el trato bien ajustado de que por aquellas arcas les darn seiscientos marcos, bien se las han de guardar hasta el cabo de aquel ao, y prometido tenan y as lo haban jurado, que si las abrieran antes queden por perjuros malos y no les d en inters don Rodrigo ni un ochavo. Dijo Martn Antolnez: "Raquel y Vidas, llevos las dos arcas cuanto antes y ponedlas a resguardo, yo con vosotros ir para que me deis los marcos, que ha de salir Mo Cid antes de que cante el gallo." Que alegres que se ponan cuando los cofres cargaron! Forzudos son, mas cargarlos les cost mucho trabajo. Ya se alegran los judos en los dineros pensando, para el resto de sus das por muy ricos se juzgaron. 10 Despedida de los judos y el Cid. Martn Antolnez se va con los judos a Burgos. Raquel coge a Mo Cid la mano para besarla: "Campeador, el que en buena hora se ci la espada, hoy de Castilla os vais para las tierras extraas. Vuestra suerte as lo quiere, grandes son vuestras ganancias. Una piel morisca quiero de rico color de grana, </p></li><li><p>www.ladeliteratura.com.uy </p><p>humildemente os pido me la traigis regalada." "Concedido, dijo el Cid, la piel os ser mandada, si no, la descontaris de lo que valen las arcas". Los cofres de Mo Cid los judos se llevaban, el buen Martn Antolnez por Burgos los acompaa. As con muy gran secreto llegaron a su morada. Tendieron un cobertor por el suelo de la cmara y encima de l una sbana de tela de hilo muy blanca. Cont Don Martn de un golpe trescientos marcos de plata, con la cuenta le bast, sin pesarlos los tomaba, los otros trescientos marcos en otro se los pagaban. Cinco escuderos traa y los cinco llevan carga. Cuando acab Don Martn, a los judos hablaba: "En vuestras manos, Raquel y Vidas, estn l...</p></li></ul>