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Histoire, archéologie

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  • PROBLEMTICA DE LA ARQUEOLOGA MEDIEVALEN LA CIUDAD DE CORDOBA*

    Emilio Cabrera

    Dificilmente podr exagerarse la importancia arqueolgica, en el mbito delos estudios medievales, de una ciudad como Crdoba porque en ese aspecto con-creto tiene un protagonismo singular a causa de su especial significado en unapoca especialmente brillante de la historia medieval de Esparia. Ninguna otraciudad, salvo Toledo, puede reclamar su condicin de corte real, en la EdadMedia, durante tres siglos, a lo largo de los cuales actu como capital de al-Andalus; una capital fija, donde sus soberanos residieron permanentemente. Esacircunstancia dio a Crdoba una gran complejidad urbana y una riqueza monu-mental inigualable en su poca, a lo que hay que ariadir la importancia que la ciu-dad sigui teniendo despus de esa fecha, tanto en los restantes siglos del domi-nio islmico despus del hundimiento del Califato como, luego, en la pocade hegemonia cristiana, en la cual sigui siendo una de las primeras ciudades delreino de Castilla, junto con Sevilla y Toledo. Y todo ello sin considerar su pasadoanterior, como ciudad clave de la Btica en la poca visigoda y, anteriormente,como capital de la misma provincia, en poca romana.

    Nos estamos refiriendo, por tanto, a una ciudad donde el hi gtoriador no pro-piamente arquelogo menos que en ning n otro sitio se puede permitir el lujo deinhibirse de los problemas de la arqueologia. Por el contrario, tiene que estaratento a lo que sucede en ese mbito de conocimiento, informado de los nuevoshallazgos y de los problemas continuamente renovados que se suscitan cada vezque entran en colisin dramtica el estudio del pasado, por una parte, y la expan-sin y modernizacin de la ciudad, de cara al futuro, por otra.

    El texto de este trabajo fue, en su origen, una conferencia pronunciada el da 6 de marzo de 1997en la Facultad de Filosofa y Letras de la Universidad de Crdoba.

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  • EMILIO CABRERA

    Una ciudad como Crdoba tiene, respecto de sus restos arqueolgicos,muchos problemas y de muy diversa naturaleza. El primero de ellos es imputablea la propia importancia histrica de la ciudad. Por tanto, est constituido esen-cialmente por el volumen de los hallazgos y por el mbito cronolgico amplisimoque abarcan. Como est asentada en una de las comarcas ms frtiles de laPeninsula, ese hecho ha ejercido un poderoso atractivo, desde el punto de vistaeconmico, del cual ha derivado, en gran medida, la importancia histrica de laciudad y de su entorno, en el que es posible encontrar restos de presencia huma-na abundante y sostenida en todas las pocas imaginables desde la Prehistoria, lapoca prerromana, romana, visigoda y musulmana; sin olvidar los siglos de domi-nio cristiano en la Baja Edad Media, donde la ciudad asumi un gran protago-nismo no slo por su importancia econmica y por su tradicin y prestigio, sinotambin por su papel de primer orden en la defensa de la Frontera con Granada.Debido a esa condicin, Crdoba fue algo asi como la punta de lanza de Castillafrente al reino nazari. Ms an: Crdoba es, con frecuencia, corte real, tambinen los siglos bajomedievales. Ese es un hecho que se olvida a menudo. Porque noslo en la poca de dominio islmico residen aqui los monarcas de la dinastiaomeya; en la Baja Edad Media, cuando Castilla no tiene una corte fija, no es infre-cuente que el rey establezca su corte en Andalucia, de forma temporal, sobre todocuando hay que elegir un lugar de residencia cercano a la Frontera durante lascampaas granadinas. Aqui residi, con frecuencia, Alfonso XI y con esa inten-cin mand construir el alczar, en el siglo XIV; en ella tuvieron tambin su corteFernando e Isabel, a lo largo de la Guerra de Granada. Y esas largas estancias enla ciudad fueron el fundamento de la predileccin que, al parecer, sintieron haciaella los dos monarcas citados. En el caso del primero, Alfonso XI, lleg al extre-mo de mandarse enterrar en Crdoba, y en ella reposan sus restos, junto con losde su padre, Fernando IV, junto al altar mayor de la colegiata de San Hiplito.

    Crdoba fue, por otra parte, el lugar de asiento de una poderosa aristocraciaterritorial que asumi un papel de primer orden en la defensa de la Frontera. Ydado que la mayor parte de las familias nobiliarias residieron habitualmente enla capital, ese hecho ha dejado vestigios que todavia pueden ser rastreados en lascasas y palacios que mandaron construir en la ciudad, o en las huellas que per-viven en muchas de sus iglesias, aunque gran parte de esos vestigios hayan desa-parecido o se hayan modificado muy sustancialmente a lo largo de los siglos.

    La importancia de la ciudad a lo largo de la Historia ha tenido numerosasrepercusiones de tipo arqueolgico, tanto en sentido positivo como negativo. Poruna parte, la acumulacin de restos es muy evidente, pero tambin lo es la des-truccin de una buena porcin de ellos, reaprovechados, no siempre de formahonrosa, en construcciones de una poca posterior. Sin la existencia de una prs-pera Crdoba califal seguramente la reutilizacin masiva de gran parte de las pie-dras de la Antigedad tal vez no se habria realizado en la misma medida y esosrestos quiz habrian llegado hasta nosotros en mayor abundancia y en su formaprimitiva. Es bien conocida la utilizacin masiva de antiguas columnas romanas,

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  • PROBLEMTICA DE LA ARQUEOLOGA MEDIEVAL EN LA CIUDAD DE CORDOBA

    bizantinas y visigodas en la mezquita. Por otro lado, la fecunda cantera que fue-ron siempre los monumentos de la antigua Colonia Patricia y de la posterior capi-tal de al-Andalus supuso la emigracin hacia otras ciudades andaluzas, en pocatarda, de muchos de los restos conservados en ella. En efecto, no pocas piedrasde Medina Azahara han terminado por convertirse luego en sillares o en adornos,simplemente, de las mezquitas o de las casas de la Sevilla almohade. EmilioGarca Gmez recogi datos referentes a un funcionario llamado Ibn Baso el cual,ya antes del ario 1063, malbarat algunos de los materiales que quedaban enMedina Azahara vendindolos en pblica subasta. Y por ese procedimiento seliquidaron fustes de columnas, mrmoles, maderas, metales e, incluso, tuberasde agua. Ibn Hayyn, que es quien nos transmite la noticia, dice que los emba-jadores de los reyes venan a comprarle aquellos materiales en los precios msaltos (...) hasta agotarlos al cabo del tiempo. El insigne arabista haca notar, porcierto, que el nombre de ese funcionario, Basso, es un nombre raro y de origenromance; y observaba que ese mismo nombre, Basso, era el de quien, dos siglosdespus, actu como arquitecto de la Giralda de Sevilla, el cual dice tuvoocasin entonces, con la excelencia de su obra, de salvar el honor de la familia,empaado por el despreciable comportamiento de ese probable antecesor suyo.Lo cierto es que en la Giralda hay columnillas en los ajimeces que conservan susfirmas y a travs de ellas sabemos que proceden de Medina Azahara, lo mismoque sucede en el bailuelo de Granada.

    Pese a la dispersin que se ha producido de los restos arqueolgicos deCrdoba, el volumen y la importancia de ese patrimonio es inabarcable con lainfraestructura y con los fondos que la ciudad dedica a las actividades arqueol-gicas. Ello tiene todo tipo de repercusiones, casi siempre negativas, en relacincon el estudio de esos testimonios. El n mero de arquelogos disponibles no per-mite estudiar concienzudamente todo lo que aparece. Y, cuando es posible hacer-lo, se realiza con tal precariedad de medios y con tal apremio de tiempo, que noha comenzado an la labor de sistematizacin de los hallazgos de un determina-do yacimiento cuando hay que dedicar las energas a rescatar otro nuevo queacaba de aparecer. Es un crculo vicioso imposible de dominar.

    Por otra parte, los arquelogos se quejan, con razn, de la falta de medios ytambin del escaso sosiego para poder estudiar con detenimiento los hallazgos. Yesos hallazgos se acumulan, sin que puedan ser sistematizados, ordenados y ana-lizados adecuadamente. Se puede cubrir, ms o menos apresuradamente, el pro-ceso de la excavacin; pero no siempre es posible llevar a buen trmino el estudiode los materiales para obtener de ellos un resultado verdaderamente til y fecun-do en relacin con el conocimiento histrico que es, en definitiva, el fin al quedeben tender los trabajos de un arquelogo. En otro sentido, los empresarios dela construccin viven en continua zozobra ante la posibilidad de que en un solaren obras a su cargo aparezcan restos del pasado. Y, cuando aparecen, ello da lugara una lgica impaciencia por parte del constructor porque, conociendo de ante-mano los trmites y dilaciones que le esperan una vez aparecidos esos vestigios,

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  • EMILIO CABRERA

    se procura ocultar cualquier hallazgo de importancia que pueda surgir en el pro-ceso de remocin de tierras con el fin de ahorrarse los inevitables retrasos quederivaran de una inminente paralizacin de las obras para realizar la consi-guiente excavacin de urgencia.

    Figura I. Cimientos de casas en el Polgono de Poniente, a ms de 1.000 m. de la murallaoccidental de la ciudad (E.C., 1994).

    Todo ello tiene inevitables derivaciones no deseadas que en algunas circuns-tancias han dado lugar a escndalos ms o menos conocidos y sonados. La his-toria de las actuaciones arqueolgicas en nuestra ciudad est plagada de grandesatropellos y atentados contra el patrimonio histrico. Es de dominio p blico laaparicin de un mosaico romano, en el actual centro de la ciudad, con motivo dela construccin, hace aos, de una empresa comercial. Se ha dicho que el mosai-co fue desmontado cautelosamente, cargado en un camin y sacado del solardurante la noche, para no detener el ritmo de la obra. Asunto especialmente gravees el que se suscit en torno a las tumbas aparecidas al oeste de los Barios califa-les, hacia 1977 o 1978, y que fue denunciado por Alejandro Marcos Pous en unartculo publicado unos aos despus. Aluda en l a las actuaciones suces