blanchot, maurice - el libro que vendrá

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  • I-EL ENCUENTRO CON LO IMAGINARIO

    L AS SIRENAS: parece que cantaban, pero de una manera que nosatisfaca, porque slo dejaban oir la direccin hacia donde se

    abran las verdaderas fuentes y la verdadera felicidad del canto. Sinembargo, por sus cantos imperfectos, que slo eran an canto veni-dero, conducan al navegante hacia aquel espacio en donde el can-tar empezara de verdad. Por lo tanto, no lo engaaban, llevabanrealmente a la meta. Pero, tras alcanzar e1lugar, qu suceda? Culera ese lugar? Aqul en donde slo era posible desaparecer, porquela msica, en esa regin de fuente y origen, desapareci ms com-pletamente que en ningn otro lugar del mundo: mar en donde, conlos odos tapados, zozobraban los vivos y en donde las Sirenas, dan-do una prueba de su buena voluntad, tambin tuvieron que desapa-recer un da.

    De qu ndole era el canto de las Sirenas? En qu consistalo que le faltaba? Por qu esa misma falta lo haca tan potente?Algunos suelen contestar: era un canto inhumano. ruido naturalsin duda (acaso hay alguno que no lo sea?). pero al margen dela naturaleza y en todo caso, ajeno al hombre, muy bajo y capaz dedespertar en l ese placer extremo de caer que no se puede satis-facer en las condiciones normales de la vida. Pero, dicen otros, msextrao era el encantamiento: slo reproduca el acostumbrado cantode los hombres. Las sirenas eran tan slo bestias -muy bellas porcierto debido al reflejo de la belleza femenina- que, sin embargo,podan cantar como cantan los hombres y por ello su canto se volvatan inslito que despertaba en quien lo oa la sospecha de la inhu-manidad de todo canto humano. As, pues, hubieran muerto dedesesperanza los hombres apasionados de su propio canto. Una de-sesperanza muy prxima al arrebato. Haba algo maravilloso en esecanto real, canto comn, secreto, canto sencillo y cotidiano, quedeba reconocerse de repente, irrealmente cantado por potencias ex-

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  • traas y en verdad imaginarias, canto del abismo que, una vez odo,abra en cada palabra un abismo fascinante por donde se aspiraba adesaparecer.

    No debe olvidarse que ese canto se diriga a navegantes, hom-bres de riesgo y atrevido movimiento, y que era en s mismo unanavegacin: era una distancia y lo que revelaba era la posibilidadde recorrer esa distancia, haciendo del canto ese movimiento haciael canto v de ese movimiento la expresin del supremo deseo. Ex-traa navegacin, pero hacia qu meta? Siempre ha podido pen-sarse que todos aquellos que se le acercaron, no hicieron msque acercarse y perecer por impaciencia, por afirmar apresurada-mente: aqu es; aqu echar el ancla. Segn otros, al contrario,tardaban demasiado: siempre fueron ms all de la meta; el en-cantamiento, mediante una promesa enigmtica, expona a loshombres a ser infieles consigo mismos, a su canto humano e in-cluso a la esencia del canto, despertando la esperanza y eldeseo de un ms all maravilloso, y ese ms all slo representabaun desierto, como si la regin matriz de la msica hubiese sido elnico lugar totalmente privado de msica, un lugar de aridez ysequa en donde el silencio, como el ruido, quemaba, en quien dis-pusiera de l, cualquier va de acceso al canto. Habra, pues, unmal principio en esta invitacin de las profundidades? Las Sirenas-de eso procur convencernos la costumbre- seran tan slo las vo-ces falsas que no debieran orse, el engao de la seduccin a lacual slo resistan los seres desleales y astutos?

    Siempre hubo en los hombres un esfuerzo poco noble paradesacreditar a las Sirenas tildndolas llanamente de mentirosas: men-tirosas cuando cantaban, engaosas cuando suspiraban, ficticias cuan-do se las tocaba, en todo inexistentes, de una inexistencia tan pue-ril, que el sentido comn de Ulises bast para exterminarlas.

    Ciertamente, Ulises las venci, pero cmo? Ulises, la ter-quedad y prudencia de Ulises, esa perfidia suya que lo condujo adisfrutar del espectculo de las Sirenas, sin riesgos y sin aceptar susconsecuencias, ese goce mediocre, cobarde y quieto, calculado, comocorresponde a un griego de la decadencia que nunca mereci ser elhroe de la Iliada, esa cobarda feliz y segura, fundada adems enun privilegio que lo sita fuera de la condicin comn, ya que losdems no tienen ningn derecho a la felicidad de la lite, sino sola-mente derecho al placer de ver a su jefe contorsionndose de maneraridcula, con muecas de xtasis en el vaco, derecho tambin a lasatisfaccin de dominar a su amo (sa es, probablemente, la leccin10

  • que ellos oan, su verdadero canto de las Sirenas): la actitud deUlises, esa asombrosa sordera de quien es sordo porque oye, bastapara comunicar a las Sirenas una desesperanza hasta entonces re-servada a los hombres y para transformarlas, por esa misma deses-peranza, en bellas doncellas reales, por una vez reales y dignas desu promesa, capaces, pues, de desaparecer en la verdad y la pro-fundidad de su canto.

    De las Sirenas vencidas por el poder de la tcnica, que siemprepretender jugar sin peligro con las potencias irreales (inspiradas),de estas Sirenas, sin embargo, Ulises no pudo librarse. Lo atrajeronhacia donde l no quera caer y, escondidas en el seno de la Odiseaconvertida en su tumba, lo comprometieron, a l y a muchos ms,en esa navegacin venturosa, o desventurada, que es la del relato,el canto ya no inmediato, sino narrado, y que, por eso mismo, sevuelve aparentemente inofensivo, oda transformada en episodio.La ley secreta del relato

    No se trata de una alegora. Es una lucha muy oscura la quese libra entre cualquier relato y el encuentro con las Sirenas, esecanto enigmtico, poderoso por su misma carencia. Lucha en la quesiempre ha sido utilizada y perfeccionada la prudencia de Ulises,lo que sta contiene de verdad humana, de mistificacin, de aptitudempeada en no participar en el juego de los dioses. Lo que llama-mos novela naci de esa lucha. Con la novela. lo que aparece enprimer plano es la navegacin previa, la misma que lleva a Uliseshasta el punto del encuentro. Esta navegacin es una historia en-teramente humana, se refiere al tiempo de los hombres, est ligadaa las pasiones de los hombres, acontece realmente y es suficientementerica y variada como para absorber todas las fuerzas y toda la aten-cin de los narradores. El relato llevado a novela, lejos de empo-brecerse, alcanza la riqueza y amplitud de una exploracin que aveces abarca la inmensidad navegante, a veces se limita a uncuadradito de espacio en la cubierta, y otras desciende a lasprofundidades de la nave, a donde nunca se supo lo que esla esperanza del mar. Mientras tanto, la consigna impuesta alos navegantes es la siguiente: que se excluya toda alusin a cual-quier propsito y destino. Con razn, por cierto. Nadie puede em-prender un viaje con el propsito deliberado de alcanzar la isla deCaprea, nadie puede enrumbarse hacia esa isla, y quien as lo hu-biese decidido no llegara en todo caso sino por casualidad, unacasualidad a la que est ligado por un entendimiento difcil de pe-netrar. As, pues, la consigna es de silencio, discrecin, olvido.

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  • Es de reconocer que la modestia predestinada, el deseo de nopretender nada y de no conducir a nada, bastaran para convertira muchas novelas en libros intachables y al gnero novelesco en elms simptico de todos, el que, a fuerza de discrecin y alegre nu-lidad, se dio a la tarea de borrar lo que otros degradan llamndole10 esencial. Su canto profundo es el entretenimiento. Cambiar derumbo. incesantemente, ir como a ciegas para huir de toda finali-dad, por un movimiento de inquietud que se transforma en distrac-cin feliz, tal fue su primera y ms segura justificacin. Hacer deltiempo humano un juego y del juego una ocupacin libre, desprovistade todo inters inmediato y de toda utilidad, esencialmente super-ficial y, sin embargo, capaz de absorber todo el ser en este movi-miento de superficie, no es poca cosa en verdad. Pero es evidenteque la novela hov en da no cumple con su papel, porque la tcnicaha transformado al tiempo de los hombres y a los medios de dis-traerse en l.

    El relato comienza all donde la novela no llega y, sin embargo,adonde conduce por sus mismos rechazos y su rica negligencia. Elrelato es heroico v. pretenciosamente, la resea de un solo episodio,el del encuentro de Ulises con el canto insuficiente y atractivo delas Sirenas. A primera vista, fuera de esta pretensin grande e in-p:enua, nada ha cambiado, v parece que el relato, por su misma for-ma, siguiera contestando a la vocacin narrativa ordinaria. As Aureliase presenta como la mera relacin de un encuentro, as Una tem-porada en el Infierno, as Nadia. Aconteci algo que se vivi yluego se narra, lo mismo que Ulises tuvo que vivir y sobrevivir alacontecimiento para convertirse en el Homero que lo relata. Escierto que, por 10 general, el relato es resea de un acontecimientoexcepcional que escapa a las formas del tiempo cotidiano y al mundode la verdad habitual, tal vez a toda verdad. Por eso rechaza contanta insistencia todo cuanto pueda acercarlo a la frivolidad de unaficcin (Ia novela, al contrario, que no dice nada que no sea crebley familiar, insiste mucho en pasar por ficcin). Platn, en el Gor-gias, dice: "Escucha un bello relato. T pensars que es una fbulapero, a mi juicio, es un relato. Te dir como verdad 10 que vayadecirte". Ahora bien, 10 que l narra es la historia del Juicio Final.

    No obstante, la ndole del relato no se presiente para nada alconsiderarlo como la relacin verdadera de un acontecimiento ex-cepcional que ocurri antes y que pretende relatarse. El relato noes la relacin de un acontecimiento, sino ese mismo acontecimiento, laaproximacin a ese acontecimiento, el lugar en donde el mismo tiene

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  • que producirse, acontecinuento an venidero por cuyo poder deatraccin el relato puede tambin pretender realizarse.

    Esta es una relacin muy sutil, probablemente una especie deextravagancia, pero ella constituye la ley secreta del relato. El re-lato es movimiento hacia un punto, n