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  • 7/27/2019 Blanchot LaconversacioninfinitaI

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    MAT]RICE,BLANCHOTLA coNYEffisAClru sruFsrusTA

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    ilLA AUSENCIA DE LIBRO

    el neutro lo fragmentario

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    ILl oenn FINAL

    Al redactar Une Saison y el nAdis que la concluye, si Rimbaud poneun fin a sus relaciones con la literatura, eso no quiere decir que en el mesde agosto de1873, en tal da y a tal hora, se levant y se retir. Una deci-sin de orden moral quiz pueda, rigurosamente hablando, necesitar tanslo un instante para realizarse: as es su fuerza abstracta. Pero el finalde la literatura es, de nuevo, toda la literatura, puesto que debe en-contrar en ella misma su necesidad y su medida. Admitamos, como esposible y, pienso, probable, que Rimbaud haya seguido haciendo obrapotica, despus de haber enterrado su imaginacin y sus recuerdos: iqusignificara esta actividad continuada y esta supervivencia? En primerlugar esto: que su ruptura no slo fue un deber, como l pudo pensar-lo momentneamente, sino que respondi a una exigencia ms oscura,ms profunda y, en cualquier caso, menos determinada. Y, a continua-cin, que a quien quiera enterrar su memoria y sus dotes, todava la lite-ratura se le ofrece como tierra y como olvidoPienso que Bouillane de Lacoste, por sus impugnaciones, sus estudiosy sus precisiones, nos ha hecho un gran servicio, precisamente al disua-dirnos de dar a este final la sencillez que complaca a nuestra imagina-cin, y que slo hubiera convenido a una decisin moral. Estbamostentados a olvidar que hace falta tiempo para desaparecer y que el poetaque renuncia a s mismo, sigue siendo todava fiel a la exigencia poti-ca, aunque sea como un traidor. Exigencia que pasa por la literatura y

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    debe reconducir a ella. De todos modos, aunque Rimbaud hubiesc t ',, , ,to despus no slo lasllluminqtiozs, sino los miles de versos eue st'rlrcubren de vez en cuando en el Harrar, Une Saison sigue siendo lu ,,1,r ,final, incluso si no fue escrita la ltima e incluso si necesit la mutlrr,,de las otras prosas para desembocar, de un modo ms verdadero v rr.rexperimentado, en el silencio.No tenemos prueba decisiva de que en Londres, un ao despus ,1, I ,ruptura, o ms tarde, Rimbaud haya todava ejercido de poeta. En .;rlbio, y en dos ocasiones, ejerce de literato: una primera vez al copirrral pasar a limpio- sus poemas en compaa de Germain Nouveau (sr ,sostienen en este punto las comprobaciones materiales de Bouillan, ,1,Lacoste); luego, en 1875, en Stuttgart, al hacer llegar a Nouveau. ,,',medio de Verlaine, unos poemas en prosa para que fueran imprcs,, .Sabemos por tanto que hasta el ao 1875 conserva cierta preocupr(r,,rlliteraria. Incluso si no escribe, todava se interesa por lo que ha escr rr.vuelve a pasar por los caminos que ha frazado; los mantiene ahicr t,,como una posibilidad de comunicacin con sus amigos. Por la S//s,,,,que se preocup por editar, ya tenemos el presentimiento de quc n,,diriga contra su obra una simple voluntad de agresin o de destrucc r, , r ,lo que l dej convertirse en palabras, debe tambin convertirse en prrl.r

    bras impresas; despus de 1o cual, aparentemente, deja de preocuprr'',,por esa parte de s mismo que ha dejado de pertenecerle.Las relaciones de las llluminations con la Sqison son difciles) cs ur.revidencia: no por motivos anecdticos o tontamente mticos, sino 1,,,,que esas dos obras (llammoslas as puesto que son volmenes orclin:rrios en nuestras bibliotecas) no estn redactadas por la misma man() nren el mismo mbito de la experiencia. Por una parte, laSaison lo tlit,todo: en este sentido est escrita completamente al final, con ru,,,pequea reserva de diferencia; y, en esa visin ltima, el poeta dc l:r'.Illuminations, as como la empresa que acometi al escribirlas, encucrrtran sitio y se afirman necesariamente en el pasado. La mayora de 1,,',rasgos de lo que se sirve all para definir y denunciar u t.rtutiuu (1,,,recuerdo, grosso modo: los poderes naturales, la ambicin de alcanzu' , 1todo y en primer lugar el todo del hombre, el poder de vivir una plur',rlidad de vidas, el desvelamiento de los misterios, la aproximaci(rn ,rtodos los paisajes posibles y su descripcin, el estudio, el poder tl, Iritmo, el uso de las alucinaciones y del veneno), toda esta historia dc tuespritu, toda esta experiencia tal como la describe como si fuera van,rhace precisamente alusin a las intenciones aplicadas en los fragment,,',

    cl l)r'()sa y hace alusin a ellas como a algo que ya tuvo lugar y que lr lrsirlcra que acab.

    I )t' uh, me parece, la seguridad con la que los comentaristas han afir-Irrrrlo la anterioridad delas llluminations, no necesarianente por amor alnrrto, sino porque parece difcil situar tras la Saison la composicin deun:r obra que sta somete a examen y que rechaza al pasado.l'icnso que hay qlle tener en cuenta esta verdad. Incluso redactadosrlcsrrrs, los poemas en prosa pertenecen a un tiempo anterior, aquelI r('nll)o particular del arte, con el que, precisamente, quiere acabar quientrclilrc: No mds palabrasrr, ser proftico, que busca por todos los mediosrrrr rorvenir y lo busca a partir del fin ya sobrevenido. En otros trmi-ros, cl Adis considera cumplidas (y terminadas) las posibilidadesrluc son propias del arte en general, las que aplicarn o aplicaron las lllu-ttttttutions. La pregunta que se plantea es ms o menos la siguiente: en elrrslante en que la poesa llega a su fin y la literatura se acaba - no sien-rkr ambas una actividad meramente esttica, sino representando la deci-ritir de extender hasta el lmite extremo el poder del hombre, libern-rtolo cn primer lugar de la divisin de la moral y devolvindole una rela-r'ion de dominio con las fuerzas primarias-, en este instante en que haytrrc despedir a la poesa como porvenir, porvenir que es el

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    irrllcxin de la historia, siendo lasaison en s misma esa habla clcl I,rrr,r,,de inflexin donde gira, de, un modo vertiginoso, el tiempo.

    ilas relaciones de las llluminations con el Adis estn as de lrrrr,vamente esclarecidas? No. Porque, si es verdad que los poemas c, r)r,, restn incluidos por anticipado en el saldo de la cuenia final, r.rr(rr,fuese a ttulo de obra rezagada, no es menos verdad que, al respoutrt.r ,la idea de un arte condenado (condenado como

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    tadas de acparu all en los intersticios de los das, demasiado literaliir,,(en el sentido de cierta preocupacin preciosista en las palabras) conr,para haber podido situarse en una vida de ah en adelante sin literatur':ra no ser por la cobarda. Pero si llegamos a esa otra habla y si podem.sestablecernos en la altura donde nos invita, entonces alcanzamos unrrluz tan dominadora, tan extensa y tan impersonal que parece esclareccrel conjunto de toda una existencia, como si el todo de la vida y de lrrexperiencia se hubiese escrito de nuevo de un extremo a otro, recubriendo, borrando y anulando cualquier otra versin posible.

    Un libro sobrecarga a otro libro, una vida a otra vida, palimpsestodonde lo que est por debajo, por encima, cambia segn las medidas ,,constituye alternativamente el original no obstante nico. Esta obliga-cin de leer a Rimbaud, unas veces en la perspectiva final de la .saisorz,otras veces en la perspectiva ltima de las llluminations, necesariamenrepertenece a la verdad que es suya propia, al mismo tiempo que nos haccsensible la salida ambigua de la poesa: si es que la poesa debe de hechocada vez comprender su fracaso; pero una vez que el fracaso es el finabrupto del Adis (la impugnacin decisiva que, ella misma, se exclu-ye de la verdad que ella significa), y otra vez el fracaso es la clespedidasolemne y sosegada del Genio que es necesario saber despachar, puesslo es genio en el movimiento, la claridad y el desvo de la des-aparicin. iCmo elegiramos, desde fuera y por medio de descu-brimientos eruditos (tiles, claro est), uno de esos dos desenlaces con-tra el otro? iCmo incluso, desde dentro, acercarnos a lo que significa lanecesidad de la contradiccin?Con seguridad, mediante el anlisis, siempre podemos dar unos pasosy as orientarnos mejor hacia el centro de esas dos obras. El centro: elaguijn, la punta de secreto dolor que, sin prisas pero sin pausa, acosa a

    la figura, distando mucho de dejar que se circunscriba de acuerdo conuna relacin desde un principio determinada. icul sera el centro? sino le corresponde al comentarista decidirlo por autoridad o por saber,podemos intentar esta aproximacin, en forma de interrogacin, pre-guntando: icul es, en cada caso, la relacin del centro con el yo pre-sente de Rimbaud? Y presentimos que no se trata del mismo yo, puestoque quien dice Yo lo dice unas veces (y es la Saison) con una urgenciapersonal que 1 mantiene, incluso a travs de las metamorfosis esboza-

    tlirs en Mala sangre, una relacin violenta de presencia; y otras vecesinrpersonalmente, a partir de una lejana o de un olvido irrevocable, in-r'luso cuando en Juventud o en Vagabundos se relaciona todava(lirectamente consigo mismo. tDe dnde viene, en esas dos obras dondetodo termina, la afirmacin del porvenir que obstinadamente se lesrcserva? tEs el mismo porvenir? Y presentimos que si el habla hablacada vez por anticipado, habla de ahora en la que se dice un futuro, loque viene no es igualmente una venida: dado unas veces eso que vienecn una espera al fin despierta, que es, en efecto, la ztelarr, esa vigilanciaclc la promesa en donde Rimbaud, despus de haber ganado el silencio,se destina victoriosamente a la rroerdad aprehensible; y otras veces en elcumplimiento de todo lo posible del hombre, posibilidad inmensatlonde ya no es importante que Rimbaud est presente; - es como si, enotros trminos, el futuro de la Saison se