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c) la amistad como relacin fundada en la extraeza y el lenguaje como vehculo de lo extrao

Blanchot, El dilogo inconcluso, Caracas, Monte vila, 1970, Captulo V, pgs. 97-109.Maurice Blanchot (Quain, cerca de Devrouze, Saona y Loira, 22 de septiembre de 1907 Le Mesnil-SaintDenis, Yvelines, 20 de febrero de 2003) fue un escritor, crtico literario e intelectual francs. Estudi filosofa en la Universidad de Estrasburgo y trab amistad con Emmanuel Lvinas. Fue amigo de Bataille, y ms tarde de Foucault y Derrida (quien le dedic un gran libro y varios textos famosos). Han escrito,a dems, sobre l, Jean-Paul Sartre y Roland Barthes. Habiendo pertenecido en su juventud a las posiciones ms conservadoras, acaso por su alto origen familiar, Blanchot cambi radicalmente de posicin ya antes de la Segunda Guerra Mundial. Vase La locura de la luz sobre el punto crtico de su vida en ese momento. Particip en numerosas revistas como crtico agudo y de enorme claridad, ya desde 1941; un tercio de las reseas que escribi hasta 1944 se recogieron en Falsos pasos. Tras su muerte, cerca de los cien aos, se recuperaron los restantes en Chroniques littraires (2007), grueso volumen del cual slo media docena de muestras se haban dado a la luz en congresos, entre 1999 y 2003. Su lectura supone un modo inmediato de entrar en su mundo expresivo.

Capitulo V Conocimiento de lo Desconocido (pp. 97-110)

QUE ES UN FILOSOFO?

-- Tal vez se trate de una pregunta anacrnica. Pero le dar una respuesta moderna. En otro tiempo se deca: es un hombre que se asombra; hoy dir, usando la expresin de Georges Bataille: es alguien que tiene miedo. -- Muchos son entonces los filsofos, a excepcin de Scrates y Alain, ambos clebres por haber sido buenos luchadores y haber bebido, al menos el primero, pero tambin a veces el segundo, la cicuta sin titubear. Pero quiz el miedo filosfico sea de ndole ms noble.

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-- De ningn modo; el miedo, ya sea cobarde o valiente, empavorece --si se permite este juego de palabras-- con lo pavoroso; y lo pavoroso es lo que nos hace salir de la paz, de la libertad y de la amistad a la vez. As, a causa del pavor, salimos de nosotros mismos y, arrojados fuera, experimentamos, bajo las distintas especies de lo pavoroso, lo que est enteramente fuera de nosotros y es distinto a nosotros: lo Externo en s. -- El miedo vulgar, por lo tanto, sera el miedo filosfico, en cuanto nos proporciona una especie de relacin con lo desconocido, deparndonos as un conocimiento de lo que escapa al conocimiento. Miedo: angustia. Y nos aproximamos a filosofas que, por su parte, no son desconocidas. Sin embargo hay, en esta experiencia, un movimiento que tropieza, frontalmente, con la filosofa. El hombre del miedo, en el espacio de su miedo, participa y se une a lo que le da miedo. No slo tiene miedo, sino que l es el miedo, es decir, la irrupcin de lo que surge y se descubre en el miedo. -- Usted quiere decir que es un movimiento irracional. -- Irracional, sera decir muy poco: ya no estamos en eso de reducir la filosofa a la razn, o la razn a s misma, y hace bastante tiempo que encontramos el miedo de recuperar el sentido el poder de comprensin-- de los movimientos de sensibilidad. Pero es necesario recusar su definicin del filsofo porque el miedo la angustia--, o bien no hace salir de sus lmites a quien lo experimenta (siendo siempre un miedo experimentado por un Yo en el mundo), o bien lo hace salir de sus lmites, destruyendo su poder de ser todava el mismo (se dice enloquecido de angustia), pero entonces lo que sucede en medio del temor y el estremecimiento constituye un movimiento exttico, mstico propiamente dicho: hay goce y fruicin, unin en y por la repulsin, movimiento que puede venerarse o denigrarse, pero no llamarse filosfico, como tampoco podra cumplirse la unin divina bajo vigilancia de una metafsica. -- Por qu? Dejemos a Dios, nombre demasiado imponente, a un lado. Por qu el contacto de lo desconocido que se determinara en el miedo, el modo mismo de que sea lo desconocido que nos trae el miedo, no concernira a la filosofa en su centro? Tener miedo, buscar lo que se toca en el miedo, ponerse en juego dentro de la conmocin que significa el miedo, tal vez no sea la filosofa, pero, sin embargo, el pensamiento que tiene miedo (que es el pensamiento del miedo y el miedo del pensamiento) no nos acerca a 137

un punto decisivo que escapa a la filosofa porque precisamente algo decisivo escapa a la filosofa? -- Pero puede el pensamiento tener miedo? No estara ya utilizando aqu un lenguaje simblico o grfico o literario? Quien se espanta es el pensador, se espanta de cuanto amenaza a su pensamiento, y de qu tiene miedo, como hombre de pensamiento? De nada ms que del miedo. -- En este caso, el filsofo sera aquel que tiene miedo del miedo. -- Miedo de la violencia que se revela en el miedo y que puede convertirlo, de hombre espantado, en hombre violento, como si tuviese menos miedo de la violencia que est padeciendo que de aquella que podra ejercer. Y esto por qu? Aunque primero reflexionemos sobre el problema del contacto con lo incgnito, y sobre el por qu no pertenecera a la filosofa. Observe que tcitamente admitimos aqu que la filosofa o bien todo lo que usted quiere implicar con este nombre es esencialmente conocimiento de lo no-conocido o, en un sentido ms general, la relacin con lo incgnito. -- Admitmoslo provisionalmente. -- Digo bien, lo incgnito como incgnito, y quizs ambos pongamos menos prisa en afirmarlo. Dado que, si lo desconocido debe permanecer como tal, en el conocimiento mismo que tenemos de l, sin caer entonces bajo nuestro poder e irreductible no slo al pensamiento sino a todas las maneras en nuestro poder de aprehenderlo, no correramos el riesgo de obligarnos a deducir que nunca tenemos conocimiento de lo que nos es prximo: de lo familiar, no de lo extrao? -- Sera fcil objetar que, cuando hablamos de lo incgnito, apuntamos a lo incognoscible y el conocimiento de lo incognoscible es una especie de monstruo que domestic hace tiempo a la filosofa crtica. Aadir que podemos tener trato con aquel incognoscible precisamente en el miedo, o en la angustia, o en uno de esos movimientos extticos, recusados por usted como no filosficos. Ah tenemos algn presentimiento de lo Otro; nos sorprende, nos conmueve, nos arrebata, sacndonos de nosotros mismos. -- Pero precisamente para cambiarnos en lo Otro. En el conocimiento, aunque fuese dialctico y por todos los intermediarios que se quiera, hay apropiacin del objeto 138

por el sujeto, y de lo otro por lo mismo, y, por lo tanto, reduccin de lo desconocido a lo ya conocido; pero en el rapto del pavor hay algo peor, porque el yo se pierde y lo mismo se altera, vergonzosamente transformado en lo otro que yo. -- No veo en esto nada vergonzoso, o bien habra que avergonzarse por el temor a semejante vergenza, si tal movimiento vergonzoso nos permitiera, al fin, relacionarnos con lo que est fuera de nuestros lmites. -- La dignidad nica de la relacin que dentro de la filosofa se me propone mantener con lo que sera lo incgnito y que, en todo caso, escapa a mi poder (sobre lo cual no tengo poder), consiste en una relacin tal que ni yo ni lo otro dejamos de estar, en esta misma relacin, preservados contra todo lo que identificara lo otro conmigo o me confundira con lo otro o nos alterara a ambos en un trmino medio: una relacin absoluta dado que la distancia que nos separa no estar disminuida, sino por el contrario producida y mantenida absolutamente en esta relacin. -- Extraa relacin que consiste en que no hay relacin. -- Que consiste en preservar los trminos en relacin con lo que los alterara en esta relacin, excluyendo, por lo tanto, la confusin exttica (la del miedo), la participacin mstica, pero tambin la apropiacin, todas las formas de conquista y hasta ese lazo que siempre es, en fin de cuentas, la comprensin. -- Pienso que era otra aproximacin a la pregunta que formulamos antes, de esta forma: cmo descubrir lo oscuro sin ponerlo al descubierto? Cul sera esa experiencia de lo oscuro donde lo oscuro se diera dentro de su oscuridad? -- S, entonces tratbamos de ceir la afirmacin de la imposibilidad (este nopoder que no sera la mera negacin del poder) y, preguntndonos cul sera el pensamiento que no se dejara pensar como poder y comprensin apropiadora para terminar afirmando que la imposibilidad era la pasin del Exterior en s y tambin que la imposibilidad era la experiencia de la presencia no-mediata, respuesta (si responder es dar fuerza afirmativa a una pregunta) de la que poda, con todo derecho, desesperar la filosofa. -- Pero no hay que desesperar de la filosofa. Por el libro de Emmanuel Levinas, en donde me parece que ella nunca habl, en nuestro tiempo, de un modo ms grave, 139

volviendo a enjuiciar, como se debe, nuestras maneras de pensar y hasta nuestra fcil reverencia por la ontologa, se nos induce a ser responsables de lo que es esencialmente, acogiendo con todo resplandor y la exigencia infinita que le son propias, precisamente la idea de lo Otro, es decir, la relacin con el otro. Hay en esto como un nuevo arranque de la filosofa y un salto al que se exhortara tanto a ella como a nosotros.63 -- La idea de lo otro: ser algo nuevo? Todas las filosofas contemporneas no conceden un lugar ms o menos privilegiado a esta idea? -- Ms o menos, desde luego, lo que significa ms o menos subordinado. Para Heidegger, el estar-con no se considera sino en relacin con el Ser y porque implica, a su modo, la cuestin del Ser. Para Husserl (si no me equivoco), slo la esfera del ego es original, la del otro para el ego slo es apresentada. De un modo general, casi todas las filosofas occidentales son filosofas de lo Mismo, y cuando se preocupan por lo Otro, todava es por otro yo mismo, que tiene, en el mejor de los casos, igualdad conmigo y que procura ser reconocido por m como Ego (as como yo por l), en una lucha que es a veces lucha violenta, a veces violenci