Bastos. Los Indios, La Nación y El Nacionalismo

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Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=13820608Red de Revistas Cientficas de Amrica Latina, el Caribe, Espaa y PortugalSistema de Informacin CientficaSantiago BastosLos indios, la nacin y el nacionalismoEspiral, vol. II, nm. 6, mayo-agosto, 1996, pp. 161-206,Universidad de GuadalajaraMxico Cmo citar? Fascculo completo Ms informacin del artculo Pgina de la revistaEspiral,ISSN (Versin impresa): 1665-0565espiral@fuentes.csh.udg.mxUniversidad de GuadalajaraMxicowww.redalyc.orgProyecto acadmico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abiertohttp://www.redalyc.orghttp://www.redalyc.org/comocitar.oa?id=13820608http://www.redalyc.org/fasciculo.oa?id=138&numero=7716http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=13820608http://www.redalyc.org/revista.oa?id=138http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=13820608http://www.redalyc.org/revista.oa?id=138http://www.redalyc.org/revista.oa?id=138http://www.redalyc.orghttp://www.redalyc.org/revista.oa?id=138161Los indios, la naciny el nacionalismoEste artculo pretende entender la situacin actual de los indios en Latinoamricadesde la perspectiva de la nacin. Se basa en los aportes de Anderson (1983) -sobre el surgimiento del nacionalismo- y de John y Jean Comaroff (1992) -sobreel nacimiento y permanencia de la etnicidad- y en tres situaciones concretas -lasque se dan actualmente en Guatemala, Mxico y Bolivia-. En un primer momentose argumenta que la forma que actualmente toma la etnicidad en Latinoamricaes inseparable del modo que se formaron las naciones en este subcontinente.Posteriormente se muestra cmo los actuales movimientos de reivindicacintnica asumen partes del discurso nacionalista, planteando en este marco lanecesidad de una autonoma poltica. Por ltimo, se sita a estos planteamientosen relacin a otros de contenido clasista tambin presentes en el discurso de lasorganizaciones indias, discutiendo su significado y las consecuencias que pudieratener.S ANTIAGO B ASTOS a reflexin acadmica sobre la movilizacin polti-ca de los indios en Latinoamrica est adquiriendocada vez ms importancia en los ltimos aos, a lazaga de la presencia que estn consiguiendo comointerlocutores para los poderes pblicos y organis-mos establecidos. Quiz el levantamiento chiapa-neco haya sido el hecho ms espectacular ypublicitado, pero en otras regiones de Mxico y enotros pases del subcontinente, los indios llevan yabastante tiempo haciendo sentir su presencia y sudeterminacin. Sin tener en cuenta toda esta lu-cha, no podremos comprender las novedades in-troducidas en la reforma constitucional realizadaen Colombia en 1991, la modificacin del artculo4 de la Constitucin mexicana, o los alcances delEspiral, Estudios sobre Estado y Sociedad Vol. II. No. 6 Mayo/Agosto de 1996 Estudiante delDoctorado enCiencias SocialesCIESAS, UdeGL162Acuerdo sobre Identidad y Derechos de los Pueblos Indgenasalcanzado entre el gobierno y la insurgencia en Guatemala. Siemprequedar la duda sobre la aplicacin de esas regulaciones, pero no sepuede negar que suponen avances en el reconocimiento de los indioscomo sujetos sociales con especificidad propia dentro de sus pases.Los estudios llevados a cabo intentan aprehender el fenmenodesde diferentes ngulos: como formacin de un movimiento social(Rivera, 1992), desde su base territorial y su insercin comunal(Zrate, 1994), en su relacin con las polticas estatales (De la Pea,1995), como actores polticos (Bastos y Camus, 1993, 1995), o comoarticuladores de una identidad y una imagen social nueva(Hernndez, 1995, Alb, 1995). Segn Zrate, la mayora de estostrabajos adolecen de un problema metodolgico: a lo ms que se hallegado ha sido a caracterizar estas organizaciones o movimientospor lo que decan de s mismos, de sus programas, manifiestos, notasperiodsticas y, algunas veces, entrevistas a sus lderes (1994: 13).Este artculo pretende seguir en esa lnea metodolgica, pensandoque an queda mucho jugo por sacar a la idea que de s mismostienen -o manejan inconscientemente- quienes reclaman susespecificidad tnica como bandera; siempre que este discurso seaubicado en el contexto en el que surge y se desarrolla.En concreto, el objetivo de este artculo es situar a estos movi-mientos dentro de una perspectiva nacional. Esto significa tantover el por qu del surgimiento de la etnicidad indgena dentro de lassociedades nacionales en que estn inscritas, como reflexionar sobrelas continuas y cada vez ms extendidas referencias de carcternacionalista que aparecen en el decir y el hacer de estos nuevosactores indios. La discusin se basar en dos textos que suponenaportes tericos para la definicin tanto de nacin como de etnia,relacionndolos con tres situaciones concretas de movimientosreivindicativos indios en Guatemala, Bolivia y Mxico.1 La compa-S ANTIAGO B ASTOS1 Para el caso de Guatemala nos basaremos en los textos de Bastos y Camus (1993, 1995) y para el de Bolivia, en elde Alb (1995), por lo que, cuando no se cite referencia bibliogrfica, sern stos los mencionados para cada pas. Para Mxicoutilizaremos el de De la Pea (1995) como general, el de Hernndez (1995) sobre Oaxaca y los de Zrate (1994a, 1994b,y 1995) sobre los purhpechas de Michoacn.163racin entre estos tres casos, sin ser el objetivo central de este texto,permitir llamar la atencin sobre un aspecto hasta ahora pocoabordado: la similitud -dentro de los procesos propios de cada pas-de los desarrollos y las demandas de los diferentes grupos indios enAmrica Latina.El trabajo de Anderson (1993) sobre el surgimiento de la naciny el nacionalismo ha tenido gran impacto en las ciencias sociales. Enel texto, este autor describe los procesos materiales y culturales quehacen posible que se imagine una nacin entre una comunidad depersonas. Desarrolla los diferentes resultados y formas que naciny nacionalismo toman segn la combinacin de factores, fuerzas y elmomento histrico en que se desarrollan. As, trata el papel que hajugado el desarrollo del capitalismo -no slo en la forma de capita-lismo impreso- en la gnesis y extensin del fenmeno nacional, alser la burguesa (tomada en un sentido amplio) la que lo lleva a caboy la que lo exporta fuera de Europa, creando las condiciones para quese reproduzca -adaptado- el modelo nacionalista. Segn l, se handado en la historia cuatro formas de lucha nacional: nacionalismocriollo, popular, oficial-imperial y anticolonial. De cada una de ellasestudia el surgimiento del grupo social especfico que forma lavanguardia, su formacin como actor poltico, el origen, causas ydesarrollo de las demandas bsicas que se dan, y por fin, la influen-cia de los modelos anteriores en la delimitacin de los que va a serla nacin. Por ltimo, el trabajo de Anderson es particularmenterelevante porque destaca la idea de que la nacin, como comunidadimaginada es la forma de asociacin poltica vista como natural enesta etapa histrica, formando ya parte de nuestra forma deconciencia secular. Al hacerlo, da y recrea a los connacionales elsentido de transcendencia y pertenencia que previamente otorgabael pensamiento religioso.El texto de los Comaroff (1992), que utilizo tambin como baseargumentativa, ofrece una interpretacin original sobre el naci-miento y permanencia de la etnicidad y la conciencia tnica enconcreto. En l, los autores plantean claramente que la etnicidadtiene su origen en fuerzas histricas especficas (:50) -argumentoLos indios, la nacin y el nacionalismo164opuesto a las teoras que la consideran como un fenmeno primor-dial-.2 En concreto, tal y como hoy la entendemos, es producto de laexpansin del capitalismo y tiene manifestaciones diversas depen-diendo de su instrumentacin y las estructuras sociales particularesen que se construye. La etnicidad es resultado de una incorporacinasimtrica de grupos estructuralmente diferentes en un sola econo-ma poltica (:54), que supone entonces la existencia de un grupodominante y otro dominado. Por ello, en la conciencia tnica,como un tipo de conciencia colectiva, se combinan una clasificacinsubjetiva ... de acuerdo a diferencias culturales ... (y una) estereotpicajerrquica, en nichos dentro de la divisin social del trabajo (:52).De esta forma, confluyen elementos de la identidad totmica y la declase pero es en su fusin donde reside el carcter particular de laetnicidad (ibid). Una vez dadas las condiciones para su surgimien-to, la etnicidad llega a tomar, en quienes la viven y reproducen, elpapel de principio rector de la diferenciacin social, y con su desarro-llo puede incluso llegar a ser un motor que modifique la realidad quela hizo nacer.En definitiva tenemos dos trabajos que plantean, para realidadescomo el nacionalismo y la etnicidad, una visin combinada deelementos socioeconmicos y culturales.3 De la misma forma, ambosestudios pretenden entender estos fenmenos dentro de unas coor-denadas histricas precisas, tanto en su surgimiento como en superpetuacin. Seran dos ejemplos de lo que Roseberry (1989)considera que debe ser la antropologa econmico-poltica, en quelos hechos culturales han de ser vistos como productos y produccio-nes dentro de un marco histrico de relaciones desiguales de podereconmico y poltico. Pero, por generales, ambas tesis necesitan deS ANTIAGO B ASTOS2 Esta cita, como todas las que provengan de textos en ingls, han sido traducidas por el autor y se presentan en castellano.Dada la multiplicidad de acepciones y matices que conllevan los trminos etnicidad, grupo tnico, identidad tnica y otrosasociados, en este artculo los voy a usar segn el sentido que dan los Comaroff (:50-52).3 Sin embargo, los dos trabajos son muy diferentes. Anderson va analizando, a lo largo de 300 pginas, la historicidady condiciones concretas en cada paso de la implantacin del nacionalismo, con profusin de ejemplos y subcategoras. Mientras,los Comaroff, en slo 17 pginas exponen su argumento y una amplia pero compacta discusin terica en cinco tesis,basndose en ejemplos africanos, pero con un planteamiento fundamentalemente analtico.165ajustes para ser aplicables a contextos concretos. Esta ser la formaen que se emprenda el artculo.En suma, mi objetivo es utilizar estas dos fuentes para, discutin-dolas, aportar elementos para la interpretacin de los actualesmovimientos de reivindicacin india en Amrica Latina.4 Para ello,en el primer apartado se plantear que los indios, como un tipo degrupo tnico, surgen de las fuerzas histricas especficas que supo-nen las relaciones de poder y formaciones de clase que se dan en lanacin criolla de Amrica Latina. Posteriormente, se tratar a losmovimientos indios entendidos como una forma de movimientosnacionalistas, para lo que se revisarn algunas de sus caractersti-cas en relacin a lo planteado por Anderson para este tipo demovimientos. En el tercer apartado se intenta explicar por qu laautonoma es la forma de asociacin poltica reclamada en laactualidad por ellos, y cmo se enlaza con los sentimientos naciona-listas. Pero como su base es tnica, las diferencias entre sta y lanacin afloran cuando se introduce -o no- el elemento de clase en eldiscurso. Esta ser la temtica tratada en el cuarto y ltimoapartado. Con todo ello no se pretende resolver el problema tericode los contenidos de la etnicidad, sino avanzar en su comprensin alrelacionar este proceso con la nacin y el nacionalismo, y aportaralgunos elementos al debate en torno a las actuales luchas de losindios.La nacin criolla y los indiosComo plantea Anderson, en el movimiento nacionalista que da lugaral surgimiento de los pases americanos como entes polticos dife-renciados y separados de sus respectivas metrpolis (Gran Bretaay especialmente Espaa), tiene especial importancia el hecho de serllevado a cabo por un tipo particular de poblacin: los criollos,quienes planteaban un problema poltico sin precedente en lahistoria: ... constituan a la vez una comunidad colonial y una claseLos indios, la nacin y el nacionalismo4 Dado que estas dos van a ser las fuentes bibliogrficas bsicas del artculo, para aligerar su lectura, cuando se usenconceptos que provengan de ellas, se pondrn en cursiva, evitando los continuos entrecomillados y citas de nmero de pgina.166privilegiada (:92-93). Segn este autor, esta contradiccin marcarprecisamente sus luchas de independencia, ya que pretendern dealguna forma mantener ese paralelismo imaginario con sus cong-neres transatlnticos que las condiciones coloniales les niegan. Peroadems, ser la base del tipo de nacin-Estado que surja en Amrica:los primeros Estados europeos y los africanos y los asiticos msrecientes fueron, y continan siendo, edificados con bases aborge-nes. Este no fue el caso de los pases latinoamericanos, donde laconstruccin de los Estados nacionales se puso en marcha por losdescendientes de los colonizadores, quienes ... elaboraron las justi-ficaciones ideolgicas de la fundacin nacional de las nuevas unida-des independientes (Hernndez, 1992: 47)As, los prceres latinoamericanos se sentirn en la obligacinde incluir en su proyecto de nacin a todos los grupos socialesinsertos en ella, de acuerdo a los preceptos liberales de la soberanapopular y como forma de crear una comunidad que trascienda loslmites estamentales preexistentes. De ah la idea de San Martn deperuanizar a los indios, considerndolos hijos y ciudadanos delPer (Anderson: 80, cursivas del autor), de dejar de considerarloscomo poblacin con carcter especial para que formen parte de laciudadana general. Pero contra esta idea imaginaria de la nacincomo comunidad, jugar un elemento que proviene de las divisionessocio-raciales implantadas en la colonia y profundamente enraizadoen el pensamiento criollo: su sentimiento oligrquico y por tanto suconciencia de diferencia con el resto de los pobladores de Amrica -ya sean indios, negros o producto del mestizaje- precisamente por suraigambre europea. Parafraseando a San Martn podramos decirque el pensamiento sera: reconozcmoslos como peruanos, pero notanto como nosotros, que somos los verdaderos peruanos. De hecho,si seguimos a Anderson, son los criollos quienes imaginan y llevana cabo esta nacin y este vicio estar presente desde entonces en ella.Es ms, segn este autor uno de los factores decisivos que impulsa-ron inicialmente el movimiento de independencia... era el temor a lasmovilizaciones polticas de la clase baja (:78, cursivas del autor),en lo que tenemos otro elemento que perdurar en la formacinS ANTIAGO B ASTOS167nacional: el miedo inherente de los dominantes hacia la mayoradominada.En definitiva, estamos ante naciones imperfectas, comunida-des que, desde que nacen, se imaginan divididas por sus promotores.En ello puede estar la explicacin de lo que Anderson llama laincapacidad de la experiencia hispanoamericana para producir unnacionalismo propio permanente (:99), ms que en las deficienciasdel capitalismo y la tecnologa en la poca y en concreto en el imperioespaol, como l menciona. Adems, creo que el problema delnacionalismo latinoamericano no est tanto en que sea propio opermanente, sino precisamente en la incapacidad para forjar nacio-nes en el sentido de comunidades.El carcter oligrquico de los regmenes que surgen ser notableen el largo perodo de guerras entre conservadores y liberales -generalizadas en todo el continente- que sern necesarias parapoder asentar el modelo que tericamente vio nacer a las naciones.Pero para unos y otros -criollos o a lo sumo mestizos-, su relacin conel resto de la poblacin no ser muy diferente, y se ver plasmada enla forma en que se intenta construir cada pas como una nacin.5 As,en el nacionalismo oficial que desarrollen estos pases, desde suorigen hasta la actualidad, se podrn observar dos caractersticascomunes con ms o menos fuerza. La primera es que, para justificar-se como nacin, han de incorporar los elementos gloriosos de supasado precolombino, echando mano de una historia que no es lasuya -de los criollos- (De la Pea, 1992, Medina, 1995). Pero esteesfuerzo de rescatar elementos culturales a travs de los museosoficiales no tendr su correlato en la valoracin cotidiana de lacultura de los indios contemporneos -all donde an los haya-. Porotro lado, esta ambivalencia respecto a los pobladores originarios,unida a la crnica y generalizada debilidad del aparato estatal en lasnaciones latinoamericanas, har que la poltica de unificacin5 Anderson no trata de forma sistemtica en su texto -ni tena por qu hacerlo- la forma en que, despus de formadala nacin, cada rgimen surgido de un tipo de nacionalismo se crea a s mismo como tal. Ante ello proponemos el surgimientode un tipo de nacionalismo oficial adaptado a cada caso, pero que en base contiene los mismos elementos que el que ldelnea para el europeo: identificacin de la nacin con el gobierno (que puede o no ser monarqua), polticas de unificacinlingstica y cultural, y relectura de la historia para construir una que justifique a la nacin.Los indios, la nacin y el nacionalismo168lingstica y cultural (la rusificacin de Anderson) no sea llevada acabo en toda su dimensin. Porque no pudieron o porque realmenteno quisieron, hasta pasada la mitad de este siglo no se puede hablarde una poltica educativa para los indios en los pases latinoameri-canos. Y entonces la poltica educativa tendr con unas intencionesbien claras: insertarlos al colectivo mestizo que se supone forma lanacin (Camus, 1995).En definitiva, en estas repblicas con importante poblacinindgena, los indios estarn totalmente ausentes de la toma dedecisiones y, en consonancia, no calar o calar muy poco entre ellosel sentimiento de pertenencia nacional. Esta nacin imperfecta(que reproduce a un otro inferior dentro del nosotros) ser el marcodonde las poblaciones indias pasen a convertirse en grupos tnicos,donde la etnicidad llegue a ser considerada como un principioregidor de las relaciones sociales en aquellos pases con poblacinindia importante. Los Comaroff plantean que la etnicidad puedeexistir en poblaciones precapitalistas. Aqu pretendo argumentar(siguiendo sus presupuestos) que, tal y como los conocemos hoy enda, los indios pasaron a ser grupos tnicos a partir de dos momentos,siendo el primero de ellos el de la formacin de las naciones criollasy el segundo su insercin plena a la economa capitalista occidental.La divisin del trabajo y las relaciones de poder entre criollos eindios que se dan durante la colonia evidentemente ponen las basesy forjan el nacimiento de esta etnicidad, al estar basadas en unsistema de clasificacin desigual. Sin embargo, en este perodo no sepuede hablar de relaciones intertnicas ni de identidad tnica pordos razones. En primer lugar, se trataba de unas sociedades legal-mente estamentadas, donde unos y otros tenan su posicin respec-tiva, con sus derechos y deberes de acuerdo a una legislacin. As,no se puede hablar de una percepcin subjetiva a partir de diferen-ciaciones culturales o de una clasificacin estereotpica en nichosdentro de la divisin social del trabajo, que son las bases de laetnicidad.6 Por otro lado, dado que tanto indios como criollos estabanS ANTIAGO B ASTOS6 Sin embargo, las relaciones que permanencen posteriormente entre dominantes y dominados son vistas por algunosautores como estamentales (Aguirre Beltrn, 1967), dejando abierta la posibilidad de que este tipo de dominacin defina laetnicidad, y que por tanto sta exista en situaciones precapitalistas y prenacionales.169Los indios, la nacin y el nacionalismosujetos a los designios polticos y econmicos de un ente superior -lametrpoli-, aunque su incorporacin a este sea asimtrica, no pode-mos hablar de una economa poltica singular. Tanto indios comocriollos estaban en una posicin de desventaja ante el centro rector.Pero, de hecho, esta situacin puso evidentemente las bases para elsurgimiento de la etnicidad, junto con un elemento ms: el mestizaje.As es a pesar de los supuestos intentos por mantener separadaslas repblicas de los indios y los espaoles, con el tiempo irapareciendo un sector de la poblacin que no comparta las ventajasde unos ni de otros: a diferencia de los indios estarn legalmentedesprotegidos y sin embargo no gozarn del poder econmico de loscriollos. Al no tener el estatuto jurdico de los primeros, siempre sesentirn diferentes a ellos. Con este nuevo elemento en escena, yaser posible crear una sistema en que las relaciones de poder quedenescondidas bajo un manto cultural y de adscripcin a un grupo, puesse podr enfrentar a los unidos en la miseria (Solares, 1989),mostrndose as en toda su dimensin la perversidad de la diferen-ciacin tnica. Este elemento es el que falta en el anlisis de losComaroff, por lo dems tan aplicable a la situacin latinomericana:las relaciones, segn ellos, se dan entre un grupo de dominantes yotro de dominados, sin considerar la situacin en que no hay unaadscripcin cultural especfica y diferente a la de los primeros, perotampoco unas relaciones de dominacin econmica sobre los segun-dos. El origen de este sector est en la importancia cuantitativa delelemento europeo en el poblamiento americano en comparacin aotros lugares. Quizs la compleja relacin entre mestizos e indios -compartiendo en general una posicin de clase pero perteneciendoa grupos culturales diferenciados- sea lo que diferencia la etnicidadque se da en Latinoamrica de la que se da en otros lugares.7 La7 Posiblemente el papel del mestizo en otros pases lo cumplan otros segmentos tnicos diferenciados claramente deambos grupos (como chinos en Indonesia o hindes en Sudfrica), o los surgidos del mestizaje (los mulatos en frica). Peroestos ltimos nunca sern asimilados tnicamente a los dominadores europeos como ocurre con los mestizos en relacin alos indgenas.Una posiblidad para adaptar el esquema dicotmico de los Comaroff a Latinoamrica sera leer la divisin tnicaconsiderando a mestizos e indios como etnicidades segmentadas dentro de una misma relacin con los dominantes criollos,pero en este caso la misma realidad no permite tal construccin terica: unos y otros se ven como opuestos en las relacionesy percepciones intertnicas.170existencia del mestizo servir como un elemento que mistifique larelacin de dominacin tnica, al diferenciarse del indio ms porcuestiones de adscripcin que por elementos raciales.En definitiva, cuando los criollos logran la independencia de susEstados y se ponen a forjar su nacin, se borrarn, en virtud de lasdoctrinas de la soberana popular, las diferencias legales existentesentre los indios y el resto de la poblacin. En teora todos sern ciu-dadanos del mismo pas, pero no se harn muchos esfuerzos por bo-rrar las barreras culturales ni por cambiar la situacin de subordi-nacin econmica de los primeros. Adems, con la independencia yapodremos hablar de una economa poltica singular en la que losindios mantienen su propio nicho estereotipado en la divisin socialdel trabajo, diferenciado no slo de los criollos, sino incluso de losmestizos.Con este nuevo marco tendremos la situacin para que lasrelaciones que se dan entre los grupos se vean como tnicas, y esteelemento comience a ejercer como principio rector de las relacionessociales. Esto se acabar de lograr cuando los criollos infundan en losmestizos un sentido nacional a esta diferenciacin tnica -va porejemplo del supuesto carcter mixto de los orgenes de la comunidadimaginada- y as stos se perciban a s mismos como parte del grupodominante, pese a compartir con los indios en general la situacin declase subordinada al no ser propietarios de los medios de produccin.Pese a ello, s que podrn disfrutar de ciertos beneficios de ciudada-na y cierto acceso al poder econmico y poltico a una escala local yregional que no cuestione la dominacin criolla. En esta situacin,las diferencias sociales se asimilarn claramente a las culturales yse vern como intrnsecas a la pertenencia a uno u otro grupo, conlo que ya estar montado el aparato ideolgico de la etnicidad.8S ANTIAGO B ASTOS8 En aquellos pases en que la poblacin indgena no sea numricamente importante frente al elemento mestizo, laetnicidad exisistir, pero como principio rector de las relaciones sociales slo ser definitorio a nivel local o regional (comoen Panam o Colombia). Donde, por fin, haya sido plenamente absorbida, el discurso de construccin de la nacin creadopor los criollos har que las diferencias entre stos y los mestizos no sean vistas en trminos tnicos, aflorando de forma msevidente las diferencias de clase. Vase el distinto desarrollo de las luchas sociales de finales de los setenta entre Guatemala,por un lado, y El Salvador y Nicaragua, por el otro (Menjivar y Camacho, 1985).171Pero en este momento inicial de construccin del Estado nacional,podemos decir que los indios siguen manteniendo un sistema de vidabastante similar al llevado durante la colonia, en sus pueblos deindios y dedicados a la agricultura de subsistencia. Segn Smith(1984) en esta poca se dan importantes diferenciaciones internas,ya sea porque algunos individuos entren a trabajar como asalaria-dos para otros miembros de las comunidades, ya sea por el surgi-miento de una capa de comerciantes regionales. Se podra decirincluso que en las luchas de poder entre conservadores y liberales,tienden a apoyar a los primeros, pues su poltica de mantener lasinstituciones derivadas de la colonia favorece la dotacin de tierrasy cierta autonoma de la comunidades frente a los cambios quepretenden introducir los segundos (Lovell, 1988).Cuando, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, los liberalesvayan tomando el poder, se producirn una serie de cambios queafectarn directamente a la forma que va a tomar la etnicidad hastanuestros das. En primer lugar, podemos hablar de una nueva etapaen la insercin de las economas latinoamericanas en el mercadomundial (de la mano del caf en el caso de Guatemala, por ejemplo),que supondr la expropiacin de las mejores tierras cultivables delas comunidades indias, apoyados en la concepcin liberal de lapropiedad privada y el fin de los privilegios estamentales. Lareclusin de stos en las tierras altas y su subsistencia a partir de losminifundios se complementar con su trabajo forzado en las nuevasplantaciones cafetaleras. Esto va a implicar dos cosas: por un lado,los indios van a ser parte bien importante en la divisin social deltrabajo, con un papel claramente definido; y por otro, los mestizosvan a ir ocupando el papel de intermediarios en las relacionespolticas y econmicas entre ellos y los criollos. El Estado va a iniciaruna fase de relativa expansin creando autoridades y puestosadministrativos en estos municipios, ocupados por mestizos -quesern los encargados de reclutar mano de obra para las fincas-. Aesta nueva entrada le seguirn pequeos comerciantes y agriculto-res medios que se establecern en las cabeceras, creando un ncleode poder nuevo, en parte delegado por el Estado, en parte autnomo.Los indios, la nacin y el nacionalismo172Estos cambios socioeconmicos van acompaados de otros ideol-gicos que surgen de ellos y al mismo tiempo les sirven de justifica-cin. Por un lado, la revolucin liberal es publicitada como el acceso,por fin, de los mestizos al poder poltico, con lo que se da un paso msen la supuesta divisin tnica de los pases entre indios y mestizo-criollos.9 Lo que s es cierto que ocurre es que se da una alianza -y encierta parte fusin- entre los criollos y ciertos sectores mestizosenriquecidos con el caf. Pero por otro lado, esta poltica de renova-cin de las oligarquas se complementa con la llegada al pas deeuropeos que vendrn de alguna manera a neutralizar la entrada depiel oscura entre ellos y renovar el pacto imaginario con losorgenes europeos. El acceso a ciertas cuotas de poder de las exiguasclases medias urbanas y el papel dominador sobre los indios en elcampo no sern bice para que la mayora de los mestizos continesiendo econmicamente explotada.10Esta nueva fase de los pases supone la base de la formacin delEstado en su sentido moderno -aunque en Mxico habra queesperar a la revolucin- y la definicin del papel de las economasnacionales en el mercado mundial. Es tambin la base para laetnicidad tal y como se ha entendido hasta estos ltimos tiempos enestos pases. En Guatemala, Smith (1984) plantea que el nuevopapel del ladino (mestizo) como intermediario local del Estado y laeconoma es el que crea definitivamente los estereotipos tanto entreellos -que se ven as como iguales a los criollos- como entre los indios-que les ven como agentes directos de su explotacin-.Para acabar de comprender la situacin actual de la etnicidad enestas sociedades, podemos incorporar un elemento nuevo, presenteS ANTIAGO B ASTOS9 Esta mestizacin del poder se simboliza en las figuras de Benito Jurez en Mxico y Justo Rufino Barrios en Guatemala,ambos adalides triunfadores de sus respectivas reformas.10 En Guatemala, lo complejo y perverso de esta bipolaridad tnica de la sociedad queda mostrada en la figura delladino, trmino que puede tener varios significados: histricamente era el indio que sabe latn, para criollos y algunosestudiosos es el mestizo con rasgos culturales y raciales indios, para otros es el antindgena, aquel que por activa o por pasivafomenta la actitud discriminadora hacia el indgena (Solares, 1989: ), y en general se aplica al no-indio. Esta multisignificacinayuda a desdibujar al otro, al mismo tiempo que su uso simple -el no indio- presupone una unidad tnico-racial-culturalinexistente.173siempre y siempre negado: el racismo. Esta visin por parte de losdominantes hacia los dominados se podra asimilar a lo que losComaroff llaman la negacin de los ttulos similares a los otros, amenudo en los campos culturales o civilizacionales y que puedellevar a dudar de su misma humanidad (:52). Para estos autoreseste es un elemento constitutivo de las relaciones intertnicas -quepuede darse tambin entre los dominados- y en esencia refleja lastensiones a que dan cuerpo las relaciones de desigualdad (ibid). Nosencontramos de nuevo ante un anlisis sencillo entre dos polos, queno puede llegar a explicar plenamente la extensin del racismo entreaquellos que realmente no ejercen la desigualdad. Habra queretornar a la ampliacin de los criollos a los mestizos de su senti-miento de superioridad hacia el indio. Esta sera la mejor muestrade cmo han conseguido hacerles olvidar su carcter de econmica-mente dominados, al traspasarlo ideolgicamente slo a los indios,dndole un carcter natural a la desigualdad.Por su parte, Anderson hace un anlisis del racismo en que lodesvincula del nacionalismo y lo asume a dominaciones internas(:211), al ser producto de ideologas de clase. As, para l, estefenmeno tiene sus orgenes en la distincin de la sangre azul delas aristocracias, como una diferencia gentica con el resto de lapoblacin que justifica la desigualdad. Pero es con la extensin de ladominacin colonial cuando toma realmente cuerpo, como unaforma de legitimar el poder de las minoras blancas sobre lasmayoras aborgenes. En esta forma, toma sentido el racismo en sudoble dimensin: como el desprecio -e incluso negacin de la huma-nidad- de los criollos tanto hacia mestizos como a indios (Casaus,1990) y como sentimiento de superioridad de los dominados noindios hacia los que s lo son -siempre como una extensin de sussupuesta igualdad con los criollos-. Lo importante de la aplicacin deesta idea, segn la plantea Anderson, es que nos estara hablandode la similitud entre las dominaciones coloniales ejercidas por po-tencias extranjeras y las ejercidas por los criollos dentro de forma-ciones nacionales. Esto tendr su repercusin en los movimientos dereivindicacin india, como vamos ver en el siguiente apartado.Los indios, la nacin y el nacionalismo174Los indios como nacionesComo plantean los Comaroff, en el desarrollo de la etnicidad, llegaun momento en que sta toma apariencia de principio rector inde-pendiente entre quienes la viven cada da, llegando a opacar loentretejida que est con las relaciones de clase. De esta forma, puedellegar a ser una motivacin poderosa para la actividad social quetenga impacto en el contexto en que naci. Podemos plantear queesto es lo que ocurre cuando los indios asumen su identidad como labase de una lucha comn y a partir de ella intentan transformar lascondiciones de desigualdad en el acceso a recursos en que se hallan.Pero la etnicidad se percibe sobre todo a partir de una clasificacinde acuerdo a diferencias culturales, que pasa a ser vista como lacausa de la desigualdad. Por ello se parte de la base de querevirtiendo el sentido de estas diferencias, se eliminar la asimetraen las relaciones de poder, dejndose de lado la situacinsocioeconmica mayoritaria.Una vez que los contenidos culturales son los subrayados paradefinir a un grupo con una historia comn, el camino hacia unainterpretacin nacionalista est comenzado. Eso es lo que intenta-remos mostrar en este apartado, cmo en sus luchas reivindicativas,los grupos tnicos han llegado a imaginarse como naciones con losderechos que eso implica. As pues, la tesis es que los movimientos indios, siguiendo elpatrn de Anderson y a partir de sus demandas actuales, pueden serentendidos como una nueva forma de nacionalismo. Para un grupotnico, imaginarse como una comunidad no es principio problem-tico: va inmerso en su definicin social, y como tal es percibidocotidianamente por sus componentes.11 El problema, o el reto,entonces es conseguir dar una base comn y positiva a lo que paratodos los indios significa ser indio. As, por un lado, hay que romperS ANTIAGO B ASTOS11 Posiblemente por esta identificacin comn de la nacin y el grupo tnico con grupos sociales identificados de formaestereotpica con un pasado y una cultura distintivos, se asocia tan rpidamente al segundo con una especie de situacin proto-nacional, obvindose nuevamente los juegos de poder econmico que van inscritos en l. Un ejemplo es la asociacinetnicidad/nacionalismo que hace Hobsbawm (1990), la concepcin de los pueblos indios que maneja Bonfil (1981) o lageneralizacin del uso de conflicto tnico para casos como el de Bosnia.175los sentimientos de pertenecia fuertemente arraigados en lo local,para que stos lleguen a abarcar a la totalidad de los indios del paso la regin. Y por otro, hay que conseguir que pertenecer al puebloindio no sea motivo de estigma social, sino base para unos derechoscomunes que ya disfrutan otros pueblos en la tierra. Para ello,toman elementos de varios de los modelos nacionalistas anteriores,pero sobre todo, en su gnesis, desarrollo y planteamientos, seasemejan mucho a la ltima oleada de Anderson: los nacionalismosanticoloniales desarrollados en frica y Asia a mediados de estesiglo. No en vano, una de las bases fundamentales del discursoactual de los movimientos indios es considerar que se hallan en unasituacin de colonialismo interno, en que el Estado -o la nacin-mestizo-criolla toma el papel de las potencias extranjeras. Estaversin supone ya de partida una simplificacin de la realidadsociotnica en dos polos opuestos: el pueblo indio y el pueblomestizo, cayendo as en la trampa que une lo cultural-nacional alpoder econmico y poltico, y no ve las diferencias al interior delgrupo opuesto, considerndolo todo l como opresor. Otro aspecto en que se asemejan a los nacionalismos anticolonialeses respecto a la clase (por seguir a Anderson) que en estos momentos-y desde hace algunos aos- est exigiendo los derechos nacionalesde los pueblos indios.12 Sin temor a confundirnos, podemos hablar deuna intelligentsia bilinge como el sector que abandera la lucha(Camus, 1995). Su surgimiento -de manera muy rpida- proviene dedos procesos enlazados entre s. Por un lado, por la diversificacinque se produce al interior del grupo tnico con la extensin delmercado interno a las comunidades hasta entonces prcticamenteno consideradas como tales. En Guatemala, esto sucede a partir delos 50, con el proceso de modernizacin asociado a la creacin delMercado Comn Centroamericano y el aumento internacional de losprecios del caf (Arias, 1985, Le Bot, 1992). En Mxico sobre todo, ytambin en Bolivia, un proceso de orden ms poltico se unir a estasLos indios, la nacin y el nacionalismo12 Por tratarse de un proceso que actualmente est en definicin, y an no ha logrado dar los resultados que se propone,no podemos tener la misma seguridad que muestra Anderson para el uso de sus categoras analticas e interpretacin de loshechos a partir de ellas.176transformaciones socieconmicas, cambiando la actitud del Estadohacia los indios. Para el primer pas la revolucin supone unreconocimiento a los indios como propietarios de unas tierras deforma comunal y, sobre todo con el Cardenismo, se inicia un intentode extender las bases sociales del rgimen a los indios (Rus, 1994).Sin que cambie la imagen general, se piensa que debe incorporarseal indio a la nacin, y que para ello debe asimilarse a la culturamestiza, perdiendo as los lastres culturales que le impiden desa-rrollarse (De la Pea, 1992). Para ello, en conjuncin con el discursode respeto hacia las formas de vida y la cultura propias, se favorecela extensin del sistema escolar y la creacin de un grupo deintermediarios entre los indios y el Estado, que vayan introducien-do en las comunidades la cultura superior.13 En Bolivia, tras la Re-volucin de 1952, se incorpora al indio a los sindicatos oficiales a par-tir de su pertenencia comunal, y su integracin a la nacin y su nue-vo rgimen ser como campesino, con lo que se favorecer -aun conproblemas de jerarqua y desconociendo su adscripcin tnica- suparticipacin poltica, y tambin la posibilidad de estudiar y diver-sificarse . En Guatemala el papel del Estado es prcticamente nuloen este sentido, pero a partir del integracionismo de los aos 60 y conuna idea un tanto similar pero con consecuencias diferentes, progra-mas sociales, sobre todo de la Iglesia, propician tambin la caste-llanizacin, comunicacin y concientizacin de lderes comunales.De estos procesos surgirn una serie de jvenes que podrnacceder a parte de los beneficios de la educacin, aprendiendocastellano y alcanzando niveles educativos medios o superiores; queaprenden a hablar, leer y comunicarse en espaol y que, en algunoscasos, llegan a trabajar para el Estado en sus dependencias. Todoesto supone unos viajes o peregrinaciones, como los plantea Anderson,en que pueden conocer a colegas con problemas y situacionessimilares a los suyos, con los que en muchos casos no podran hablara no ser por su bilingismo. Este tambin les permite conocer lostextos de la cultura oficial y as leer los libros en que se ensalza, en13 El Instituto Nacional Indigenista es el mejor exponente de esta filosofa estatal y sus logros, carencias, contradiccionesy transformaciones. Respecto a su relacin con los lderes indgenas, ver De la Pea (1995)S ANTIAGO B ASTOS177nombre de un pasado comn, a unos gobernantes y unos monumen-tos que fueron derrotados y destruidos por aquellos que ahora lesdiscriminan. Esto es importante, porque una experiencia importan-te en la formacin de esta conciencia tnica es la vivencia de ladiscriminacin que son producto estos jvenes educados cuandosalen de sus nichos estereotpicos y sus comunidades. Por ello no esextrao que muchos de los actuales lderes indios hayan pasadoalguna vez por el uso de la identidad situacional, negando suetnicidad en los mbitos donde hasta esos momentos no era comnla presencia india.Por ltimo, el estudio mnimo de la cultura occidental les permiteacercarse a la idea de la nacin como forma natural de existenciapoltica de los pueblos, mientras que pueden conocer los diferentesmodelos de nacionalismo y ver hasta qu punto las situacionesprevias son similares a las suyas y cules han sido las respuestasque histricamente se han ido dando. Evidentemente, se trata de unproceso lento, que abarca varias dcadas y algunas generaciones, yen absoluto lineal, pues -como veremos ms tarde- los paradigmasdel momento hacen que estos modelos sean buscados en ocasionesentre las revoluciones socialistas y los movimientos de clase -ya seanarmados, ya sean de masas-, por lo que la lucha se dirija ms aacabar con la explotacin que con la dominacin colonial.Otro elemento en que el movimiento indio se asemeja bastante alos nacionalismos anticoloniales es en su dependencia con los es-quemas dejados precisamente por la administracin a la que hicie-ron -o quieren hacer- frente. La muestra ms evidente de estos es-quemas es la demarcacin de fronteras latinoamericanas, arbitra-ria y fortuita, marcando los lmites de conquistas militares particu-lares (Anderson: 84) y que no tuvo en cuenta la extensin de lasformaciones prehispnicas para su trazado.14 Posteriormente, lasdivisiones internas de las naciones criollas -en estados, departa-mentos o provincias- tampoco tendr en cuenta la disposicin terri-Los indios, la nacin y el nacionalismo14 Bien es verdad que los grandes ncleos inciales de la colonia (como Nueva Espaa o Per) e incluso algunos menores(como Guatemala) se hicieron basndose en la existencia de formaciones polticas previas, pero su posterior desarrollo ydivisin administrativa sigui otros derroteros, lo que se reflej en las posteriores fronteras nacionales.178torial india. Por esta razn, los posteriores grupos tnicos se encon-trarn repartidos arbitrariamente entre naciones (como los aymarasy quechuas entre Per y Bolivia, los guaranes entre sta y Para-guay, los mames entre Mxico y Guatemala) cuyas historias y eco-nomas polticas particulares determinarn en cada caso su desa-rrollo como tales. Y dentro de stas, dependern de divisiones admi-nistrativas que responden a otros intereses. La proporcin y repartoque en cada caso nacional supongan los indios respecto al total de lapoblacin tendr influencia en cmo se lleve a cabo polticamente elmovimiento reivindicativo. As, en Guatemala, al provenir los dife-rentes grupos de una raz comn maya, ser ms o menos la mitad dela poblacin y ocupar un rea bastante homognea y continua (elAltiplano u Occidente) los planteamientos sern comunes ydirectamente hechos al Estado como un todo. Esto tambin ocurrircon los grupos andinos en Bolivia, por su misma importanciaproporcional; pero el movimiento poltico de los indios de la selva -con un nicho ecolgico, una historia y un grado de insercin al pasbien diferente- tendr su propio ritmo y desarrollo, que hasta lafecha va uniendo sus esfuerzos al mayoritario andino. Por ltimo, enMxico, la extensin del mestizaje y la distribucin discontinua delos indios, con grupos cuyo reparto en diversos estados ha caladoincluso en su denominacin (la huasteca veracruzana, la potosina)hace que stos apelen a los poderes regional-estatales y en base aellos se organicen con desarrollos muy diversos, por lo que tambines muy difcil la instauracin de una unidad a nivel nacional.Otro aspecto de la dominacin colonial al que Anderson daimportancia en la creacin de los futuros nacionalismos es el de lasdemarcaciones tnicas internas creadas a partir de su ordenacinoficial: los censos. Para Amrica Latina, la cuestin no sern lasdivisiones ms o menos artificiales de la poblacin, sino precisamen-te la inclusin durante la colonia de toda la poblacin originaria bajouna misma categora social: los indios.15 Durante la poca republi-S ANTIAGO B ASTOS15 La voluntad clasificatoria y la capacidad de contar nunca han sido propiedades de los Estados latinoamericanos. Sinembargo, no faltarn crticas a la forma en que en los censos se realiza oficialmente la adscripcin tnica de los individuos, dadoque normalmente reflejan las concepciones racistas y los prejuicios de la administracin hacia los indios (Cojt, 1992)179cana esta categora se mantendr, ya en forma de grupo tnico, sintener en cuenta las divisiones -originalmente polticas y posterior-mente lingsticas- a su interior. Esta adscripcin socialmenteunitaria podr ser til para los movimientos reivindicativos y estaren la base de la comunin de las intelligentsias bilinges de diferen-tes orgenes. Pero para que pueda dar resultados, debern anteshacer frente a tres aspectos unidos a ella. Uno -el ms importante-es conseguir, como hemos dicho, que esa percepcin de los indiossobre s mismos como un solo grupo, dominado por su inferiorcultura, se transforme en una percepcin positiva que asuma esacultura propia a unos derechos nacionales. El segundo se refiere alos problemas que pueda tener la existencia de diversas lenguas a suinterior como un obstculo para crear el sentimiento de comunidadculturalmente unida, aspecto que trataremos ms tarde.El tercero, por fin, hace referencia a otra concepcin de laidentidad creada a partir de la administracin colonial espaola ymantenida con la conversin en grupo tnico: se trata del sentido depertenencia local, basado en la distribucin original en pueblos deindios y culturalmente unido al papel de la comunidad como mbitode recreacin tnica posterior. En este caso, hablamos de dos tiposde identidades diferentes: por un lado la tnica, que relaciona algrupo con el todo social y por otro la local, que relaciona al individuocon su entorno inmediato. Dado que la primera es claramentenegativa, se contrarresta de alguna forma con la segunda, con elmbito donde se puede ejercer la etnicidad entre iguales. Por tanto,habr que llegar a un compromiso entre ambas para que, basndoseen los aspectos positivos de las relaciones comunales, la tnicatambin sea visualizada como positiva.En definitiva, como elementos que asimilan las demandas indiasal nacionalismo anticolonial de Anderson, tenemos la misma con-cepcin de las relaciones intertnicas como relaciones entre unpueblo dominado y otro dominante, en un marco de colonialismointerno que es la base ideolgica de su lucha. Por otro lado, tenemosla dependencia de las fronteras nacionales en que quedaroninscritas con la divisin republicana, que tiene diversas consecuen-Los indios, la nacin y el nacionalismo180cias. Y por ltimo, estn los efectos de la adscripcin general dadaa los indios como un solo grupo, opuesta a su reduccin en ncleoslocales.Adems de estos elementos existe un grupo de demandas indiasque hacen referencia ms directa al primer nacionalismo europeo, elnacional popular de Anderson: son las relacionadas con la lengua,el pasado histrico y los smbolos culturales de pertenencia. Quizson las ms conocidas y publicitadas, pues contienen una fuertecarga simblica, carga que radica precisamente en su asociacin conel hecho nacional. Sin embargo, pese a la similitud formal, existeuna diferencia de fondo entre los planteamientos que hacan losfillogos e historiadores de principios del XIX en Europa y los quehacen los indios instruidos en la actualidad. Para aquellos, lareferencia a estos elementos era una necesidad en su tarea de crearuna comunidad imaginada entre quienes los compartan; parastos, la comunidad ya existe en esencia y los elementos son de sobracompartidos, lo que hay que hacer es darle un carcter diferente, denuevo librarles de su connotacin tnica -negativa- y darles unanueva -nacional-. As se subraya su carcter diferenciador, dndolesnuevos contenidos.Quiz el mejor ejemplo de esta actitud sea la insistencia de losindios en ser reconocidos con los nombres que ellos mismos seotorgan -en referencia a un pasado glorioso y una identidad positivay apropiada-, en vez del genrico indgenas -que hace alusin a ladiferencia tnica y por tanto, para ellos, colonial-: los guatemaltecosquieren ser definidos como mayas, en Mxico los clsicos tarascospasan a llamarse purhpechas y los otomes, hahus. El proceso deBolivia en este sentido muestra la diversidad de procesos antesmencionada y las diferentes connotaciones que pueden darse a lostrminos: los orientales de la selva no dan importancia a serllamados indgenas, mientras que los andinos prefieren si acaso serindios, concepto que ellos han cargado de sentido reivindicativo.Al igual que ocurri en Europa, el rescate lingstico ha sido, sinduda, uno de los pilares bsicos de todos los movimientos dereafirmacin tnica, y un espacio donde la influencia de agentesS ANTIAGO B ASTOS181externos -fillogos y antroplogos- es evidente. Una vez que esapropiado por los indios, se le da un doble significado simblico. Porun lado, se demuestra cientficamente que los idiomas indios no sondialectos -lenguas de segunda categora- como son social y oficial-mente considerados, sino que deben ser considerados al mismonivel, igualmente dignas de estudio y admiracin (Anderson:107)que el castellano oficial.16 Esto enlaza con el planteamiento anteriorde contrarrestar las connotaciones negativas dadas a los elementosdiferenciadores del grupo, y se vincula al concepto tan estrecha-mente europeo de la nacionalidad como algo ligado a una lengua depropiedad exclusiva (ibid). As, el estudio de la gnesis del idiomaes el que procura una profundidad histrica y nacional a los indios:ya lo hablbamos antes de que llegaran los espaoles. En casoscomo el guatemalteco, en que existen 21 idiomas diferentes repar-tidos en el territorio nacional, la base comn en su desarrollo (todosprovienen del proto-maya y pertenecen a la rama maya) es la quepermite jugar con una idea de unidad pese a la diversidad y ademsaporta la nueva definicin nacional.Estas reivindicaciones permiten que, de una forma pragmtica,se avance hacia la creacin de una norma comn que unifiquevariantes locales y oficialice cada idioma. Este hecho va asociado alotro elemento simblico que nos muestra la importancia dada a estecambio de estatus: la insistencia de convertirlo en un idiomaimpreso que tenga as la misma categora social y oficial que elcastellano. Llaman la atencin las energas gastadas en editar librosescritos en unos idiomas que casi nadie sabe leer, pues el pblico aquien van dirigidos es prcticamente analfabeta (en la lengua oficialy ms an en la materna). De todas formas, es un paso para ircreando esa imagen de comunidad con derechos nacionales entrelos cada vez mayores segmentos alfabetizados en sus idiomas -porefecto de las polticas indigenistas-, mientras que entre los no-lectores puede ser un smbolo importante saber que ese idioma, quees denigrado por los otros, tambin sirve para escribir libros y16 En Guatemala, el primer caballo de batalla significativo de estos lderes a finales de los 80 fue la creacin de unaAcademia de Lenguas Mayas, reconocida y financiada por el Estado, pero regida por ellos.Los indios, la nacin y el nacionalismo182peridicos. La presencia pblica y estatus que concede la impresinde documentos y revistas, hace que, como en Oaxaca, sta sea unaactividad importante, incluso en castellano. Esta labor de difusinse cumple con otros elementos del capitalismo impreso: las radiosque emiten en idiomas indgenas han sido y son, tanto en Bolivia,como en Guatemala o Mxico, instrumentos bsicos para la transmi-sin del discurso nacional.Sin embargo, este carcter propio y exclusivo de los idiomasoculta un hecho ineluctable: tanto los dirigentes como las bases,para comunicarse entre s y poder as imaginarse parte de una solacomunidad, en la mayora de los casos han de utilizar el castellanocomo lengua franca entre poblaciones y personas con procedenciaslingsticas diversas. En este caso, la intelligentsia hace uso de subilingismo y, emulando a sus antecesores anticoloniales, superanesta contradiccin sin ningn reparo en aras del pragmatismo.17Otro aspecto bastante sobresaliente -e incluso problemtico- esel del rescate de la historicidad de los grupos indios, a travs de suvinculacin y continuidad con el pasado prehispnico que se basabaen naciones polticamente independientes. En este caso se planteauna relectura de esa historia nacional creada y difundida desde elpoder y una apropiacin exclusiva de la misma y sus smbolos. Ashan hecho, segn De la Pea, en la revista Guchachi Reza: se handado a la tarea de reescribir la historia de Mxico desde la perspec-tiva zapoteca (1995: 24). Esto supone un choque con el prejuicioasumido desde la nacin criolla del radical corte existente entre lagloriosas culturas precolombinas y las degradadas formas devida de los indios contemporneos (De la Pea, 1992). Pero parastos, esta forma de pensarse como legtimos continuadores de unatradicin siempre exaltada supone evidentemente una forma derevalorizacin de lo que implica ser indio, al despojrsele delcontenido colonial. El problema es que para ello, este perodo dedominacin es considerado como el largo sueo del que se est17 Uno de los aspectos pendientes y an no planteados de forma abierta entre los dirigentes indios de Guatemala esel referido al idioma maya que en su momento ha de cumplir este papel de lengua franca entre todos ellos. La gran diversidadde stos choca con el deseo de prescindir en lo posible de los elementos del colonizador.S ANTIAGO B ASTOS183saliendo, y no se reconocen los efectos que ha tenido en la delineacinde las actuales culturas indias. Por el contrario, se percibe ypublicita la poca prehispnica, cuando eran naciones libres, comouna era de paz idlica, igualdad social y entre los gneros y plenorespeto a la naturaleza. De forma consciente se obvian la domina-cin de quechuas sobre aymaras en el Tawantinsuyo, o los conflictosde poder por el hegemonismo de los kiches sobre las tierras altasactualmente guatemaltecas.En definitiva, se est inventando una historia que justifique lanacin que se quiere construir. Para ello, se recuperan hroes indios-el caso ms claro es el de Tupak Katari, que da su nombre a lasorganizaciones polticas quechuas y aymaras de Bolivia: loskataristas- y se les da un sentido nacional a veces dudoso -puedenlos kaqchikeles y otros pueblos indios guatemaltecos reivindicar aTecn Umn, supuesto prncipe kiche que muri combatiendo a losespaoles, cuando en aquel tiempo, tan dominadores eran unoscomo otros?-. Estn buscando, adems de unos smbolos, unosmuertos que aparezcan, como dice Anderson, inscritos dentro de lahistoria de la familia (:279). Este proceso que, como decamos,levanta ampollas entre los intelectuales criollos, no es sin embargonada diferente a la construccin de la historia oficial de esasnaciones.En un plano ms cercano, esta idealizacin de un pasado sinconflictos e independiente tambin tiene su correlato en la visinmtica de la comunidad como lugar de relaciones armnicas yhorizontales, que est siendo corrompido por la invasin tanto delas esferas y formas polticas estatales como por los productos de lacivilizacin occidental. En este sentido, se exaltan tanto las formasde autoridad tradicional como el derecho consuetudinario. As, unaorganizacin de Oaxaca plantea que dentro de nuestras comunida-des existe una forma propia de cmo resolver los problemas ... desdehace ms de 500 aos nuestra gente contaba con un rgano, unrgimen jurdico que regulaba las conductas (SER, citado porHernndez, 1995: 8). De nuevo estamos ante una visin ideal queolvida voluntariamente tanto el origen colonial de la comunidadLos indios, la nacin y el nacionalismo184como las tensiones internas que siempre se han dado a su interior yla diferenciacin social que en la actualidad las diversifica. En unsentido ms amplio esta misma percepcin de la nacin indiaimaginada como una comunidad fraternal y horizontal obvia lasdiferencias regionales y la existencia de una etnicidad segmentadaa partir de los diferentes estatus otorgados ya sea por regin, pororigen o por lengua.Esta tarea de revalorizar los elementos simblicos que han sidoconsiderados como bases de inferioridad, se extiende a otros campos.As ocurre con el uso de los trajes que les diferencian: son vistos yexaltados como smbolos de una cultura y una tradicin, llegando encasos extremos a propugnarse un purismo que no acepta las modi-ficaciones cotidianas y modernas a la norma. En los casos en queesta vestimenta ha perdido su carcter habitual (como normalmen-te ocurre entre los hombres) se dan reinvenciones o adaptacionesque llegan a fungir como elementos de identificacin. Conectado conla revalorizacin idiomtica est el uso habitual y oficial de topnimospropios en vez de los otorgados por los colonialistas: Bolivia es elKollasuyu -nombre que corresponda al sur del Tawantinsuyo-,Guatemala se convierte en Iximulew -tierra del maz- (en unneologismo interesante).Por ltimo, podemos hablar de la revalorizacin de la religiosidadindia. Adems de buscar de nuevo las races de lo propio y exclusivo(que se muestran en la asociacin de estas prcticas religiosas conel rescate y revalidacin de las ruinas oficiales como centrosceremoniales), en este caso se est acudiendo a un mtodo paraacercar las bases a concienciar -todas ellas practicantes de estareligiosidad- al nuevo proyecto poltico, a partir de tomar prcticasque son suyas y por tanto claramente identificables. De nuevo enesta tarea la historia es rectificada y se olvida el sincretismo con elcatolicismo que ha hecho a estas religiones sobrevivir. Pero lointeresante es el proceso por el cual, estas prcticas son alzadasdesde el nivel cotidiano y a menudo oculto por el que sobrevivieron,casi al carcter de religin oficial de estos movimientos. Es curiosover a personajes en gran parte provenientes de la Iglesia catlica oS ANTIAGO B ASTOS185de tradiciones materialistas como el marxismo, asentir respetuososante esta invencin de una tradicin (Hobsbawm, 1983).18 As, enBolivia se ofrece el sacrificio ritual de una llama a los hermanosindios de la selva; en Guatemala, la sede de cualquier organizacinindia est presidida por un altar maya y cualquier acto comienzacon un fuego sagrado y unas oraciones recitadas por los ajkik,mientras cada 260 das se celebra -cada vez con mayor pompa yritual- un ao nuevo maya hasta hace poco slo conocido por losms ancianos. El mejor ejemplo de autntica creacin de un ritualcon fines evidentemente polticos es el Ao Nuevo Purhpechaestudiado por Zrate , en el que un grupo de profesionales indios hainventado e instituido esta festividad con el fin de asumir posicio-nes de autoridad al interior de sus comunidades, como un mecanis-mo necesario para lograr legitimidad poltica (1994b:99)Esta importante relacin entre el fenmeno religioso y los nacio-nalismos de finales de este siglo, ya apuntada por Hobsbawm (1990)entre otros, no muestra -en principio- una derivacin o asociacincon el temido fundamentalismo. Lo que sera de destacar es elcambio que puede estarse produciendo en una prctica social que,por lo mencionado, hasta ahora no estaba institucionalizada.19Esta mencin de la religin enlaza con un elemento no presenteen los nacionalismos europeos, por tratarse precisamente de algoclaramente diferenciador de esa tradicin y la civilizacin occiden-tal: estamos hablando de la cosmovisin. Con ella se hace referen-cia a la diferencia bsica que supuestamente existe entre indios y noindios, lo que podramos asumir a la forma de conciencia de Anderson.La india se caracterizara -en un breve resumen- por su carctertotalizador, que supone una visin holstica de la sociedad (Dumont,1980) -frente a la individualista europea-, una relacin decomplementariedad con la naturaleza -frente a la depredacin in-18 Aqu el trmino se usa en el sentido que le da Hobsbawm (1983) de dotar de nuevos contenidos a viejas prcticas,con lo que, a partir de costurmbres tradicionales, se est inventando una nueva frmula ritual adaptada a las nuevas condicionesy sentido que se le da.19 As, sera comprensible la duda de un cientista social guatemalteco cuando se preguntaba que cunto tiempo faltabapara que viramos diversos grupos de obispos mayas vinculados a las diferentes corrientes polticas.Los indios, la nacin y el nacionalismo186trnseca a los occidentales- y en consonancia, con una religiosidadpantesta -frente al monotesmo judeocristiano- Adems, suponeunas formas de respeto hacia los dems -especialmente los ancianos,depositarios de la sabidura- y una valoracin del consenso comoforma de tomar decisiones. Pues bien, las referencias a esta supues-ta diferencia primordial estn continuamente en boca -y en papel-de los indios nacionalistas, para justificar sus acciones, como unaforma de recordar que es un elemento propio y exclusivo. Vase porejemplo la siguiente cita, editada por una organizacin guatemalteca:El (libro de) Chilam Balam profetiza que el Katun de la Nochetermin en agosto de 1987; y que en esa fecha se inicia el Katun delAmanecer. Ello es parte de la cosmovisin Maya y por tanto de suideologa ... En trminos de lo poltico se expresa en los procesos deinicio de la democratizacin del pas ... y el renacimiento de innume-rables organizaciones autctonas de base (citado en Bastos yCamus, 1993: 199). Aqu las referencias a los libros sagrados, lacosmovisin y los hechos polticos, unidos a una especial forma deentender el tiempo -en base cercana a la concepcin sacra deAnderson- sirven para dar un sentido teleolgico a las reivindicacio-nes tnicas.Para finalizar con este especial aspecto, nos interesa rescatar unrasgo de esta forma de conciencia al que se da singular importanciay puede tener implicaciones que aqu no vamos a estudiar. Los indiosdicen tener -y as ha sido documentado (Tedlock, 1982)- una concep-cin del tiempo diferente a la homognea y vaca actual occidental.Se podra caracterizar como circular y basada en ciclos largos.Gracias a ella, pueden trabajar polticamente para un futuro que susactuales promotores no vern y, por otro lado, pueden concebir loscinco siglos de dominacin colonial como un perodo que tiene queacabar para dar paso a otro.20S ANTIAGO B ASTOS20 Todo esto est presente en una gran multitud de aspectos cotidianos e incluso en planteamientos polticos noexplicitados de esa forma, que aqu no podemos resumir. Al respecto, ver el tercer apartado de las Conclusiones de Bastosy Camus (1993), donde nos vimos en la necesidad de comentar este y otros temas similares, precisamente por la pertinenciaque haban ido mostrando a lo largo del anlisis para poder comprender la movilizacin poltica de los mayas en Guatemala.187Los planteamientos mostrados a lo largo de este apartado comomuestras de la asociacin de las luchas indias a un ideario naciona-lista no se dan en todos los casos de igual forma ni con el mismo gradode elaboracin. Su extensin, coherencia y asuncin como luchanacional dependen en general del desarrollo a que haya llegado elmovimiento en concreto, su antigedad, estructura e incidencia defactores externos. As, en Bolivia, existe y es ampliamente utilizadauna bandera india -la wiphala-, que ha sido adoptada tanto porindios andinos de Per y Ecuador, como por los indios de la selva dela misma Bolivia. El debate sobre la autodenominacin de los grupostnicos ha llevado a su autoproclamacin como nacionalidades oincluso naciones originarias. Por ltimo, han llegado a ser unreferente necesario para casi todas las luchas sociales del pas, comolo muestran las ltimas luchas de los cocaleros y su defensa de lahoja sagrada. En Guatemala, el trmino oficialmente usado yexigido es el de pueblo -polticamente menos definido y comprome-tedor- aunque las menciones a la nacin india tambin hayanaparecido alguna vez. Existe un diseo que representa de formagrfica y colorista el principio de la cuatriedad en que se basa lacosmovisin maya, que es utilizado simblicamente de forma unita-ria, aunque an no haya tomado la forma fsica y el significado deuna bandera -aunque tal vez no tardar en hacerlo-. Por ltimo, enOaxaca, estos elementos an no estn apenas presentes, quiz porel carcter regional de los actores. Pero los purhpechas de Mi-choacn muestran un grado de desarrollo similar al boliviano: lasreuniones de la Organizacin de la Nacin Purhpecha inician conla izada de la bandera y canto del himno de esta nacin. En laFiesta del Ao Nuevo, a estos smbolos se unen otros que represen-tan -o quieren representar- a esta comunidad imaginada: unapiedra, una punta de flecha y un pez de cantera (Zrate, 1994b).Pero lo interesante es que en todos y cada uno de ellos, sea cualsea el grado de desarrollo alcanzado en los planteamientos naciona-listas, en la actualidad el reclamo de autonoma est presentecomo demanda prioritaria. Parecera que estamos ante un modeloen el sentido de Anderson: un concepto que ha tomado vida propia,Los indios, la nacin y el nacionalismo188por su capacidad de movilizacin a partir de unas experienciasanteriores exitosas que son imaginadas como repetibles en estoscasos. Veamos lo que puede significar.Naciones indias y autonomaTodos los smbolos y planteamientos que hemos visto hasta ahora,compartidos de una otra forma por los movimientos indios enAmrica Latina, nos llevan a caracterizarlos como nacionalistas -deforma abierta o no-. Se desarrollan y articulan sus demandas en esemarco. Ello nos permite a estas alturas decir que el nacionalismoanticolonial de Anderson ya no puede ser considerado como laltima oleada, sino que estamos ante una nueva modalidad -de laque el nacionalismo indio es slo una muestra-, que comparte rasgoscon este modelo y con otros anteriores. Segn Hobsbawm, lo que lecaracteriza es la insistencia en la etnicidad y las diferenciaslingsticas, a veces combinadas con la religin (1990:164), a lo quenosotrs aadiramos la no aspiracin a formar un Estado, comovamos a ver.21En la actualidad, la nacional es una legitimidad clara y unesquema desarrollado como elemento aglutinador de propuestas decolectivos sociales dado que, como plantea Anderson, en nuestraforma de conciencia la nacin es la forma de asociacin polticanatural para conjuntos con una historicidad comn. Pero para queesta nacin exista, para que pase de ser proyecto a realidad, debecumplir, segn este mismo autor, con dos condiciones: que tenga unreferente poltico, y que ste sea de alguna forma soberano. Lamisma historia ha mostrado que el Estado es la forma en que se hanconsolidado las naciones, y ese parece ser el modelo universal. Hastatal punto ste es el referente, que de forma inconsciente se produce21 Evidentemente esto es una generalizacin pues algunos casos s que hay fuerzas que pretenden esta idependenciatotal. Pero la existencia de un grupo armado separatista en el Pas Vasco no debe hacernos olvidar que la mayora de sushabitantes vota a partidos que avalan la frmula autonmica existente. En el caso de Quebec habra que comprobar quinfluencia ha tenido la negativa del resto de las provincias canadienses a dar un estatuto especial a este terrirorio en laradicalizacin del nacionalismo en l.S ANTIAGO B ASTOS189una asociacin inmediata entre ambos trminos. Por ello, el mismohecho de que la nacin sea la comunidad poltica naturalmenteimaginada y legtima se mueve en contra de las aspiraciones de losmovimientos indios, al ponerse frente a frente dos conceptos con elmismo referente: la llamada nacin. Por un lado, estara laandersoniana de una comunidad imaginada construida por partede un grupo humano que se siente como nacin. Por otro, la formaen que esta construccin cultural y social se engarz histricamentecon la forma poltica del Estado. As pues esta ilusin semnticaque deriva del hecho de que todos los Estados son hoy oficialmentenaciones (ibid: 170) lleva a presuponer que el surgimiento denacionalismos-al-interior-de-las-naciones conlleva necesariamentela ruptura de estas ltimas en su faceta estatal. As, para que losindios llevaran a cabo sus proyectos, deberan romper con lasnaciones y los Estados ya existentes en que estn inscritos. Esto esconcebido como una hereja, y es conocido bajo el apelativo deseparatismo -concepto con una evidente connotacin negativa. Dehecho, la experiencia reciente demuestra que esta secesin normal-mente slo puede ser producto de una lucha violenta.Pero esta ruptura slo es una de las soluciones posibles, la msdifcil, no la ms deseable y por tanto, la menos utilizada. Por ello,si los movimientos indios no pueden o no quieren romper con estosEstados nacionales en que estn inscritos, lo que s pueden esdemostrar precisamente que esa relacin automticamente supues-ta es falsa: que las naciones en que viven son imperfectas en susentido de imaginario homogneo y que por tanto al interior de unEstado pueden coexistir varios grupos diferenciados. Para ello, unprimer paso necesario es cambiar la conformacin doctrinal delEstado, solucin que se puede dar en varios grados. Una primerafrmula puede ser la adoptada por el Estado mexicano al cambiar elartculo 4 de su Constitucin reconociendo la composicinpluricultural de la Nacin, sustentada originalmente en sus pue-blos indgenas (citado en De la Pea, 1995), aunque no se lesreconozca a estos un carcter jurdico propio. Un poco ms radical esentonces el reclamo de los indios guatemaltecos de considerar a esteLos indios, la nacin y el nacionalismo190pas como una Nacin Multicultural y Plurilinge formada por losPueblos Maya, Ladino y otros, objetivo logrado en el Acuerdo deDerechos de los Pueblos Indgenas. En ambas formulaciones no sediscute el hecho nacional, pero se le vaca del supuesto contenidohomogneo y por tanto se plantea un nuevo pacto nacional entreunas colectividades reconocidas en el segundo caso, pero no en elprimero. Ms all estara la formulacin del Estado Plurinacional,en que directamente se ataca a la identificacin entre ambosconceptos y llevara a un nuevo pacto estatal. Por ello mismo, sloen los casos de mayor desarrollo hacia el nacionalismo, como elboliviano, ha sido planteado por los indios como solucin.22 Podemosdecir que los conceptos de pueblo, nacionalidad y nacin supo-nen unos grados parecidos de concepcin de los derechos dentro delEstado, por lo que el ltimo ha sido y es intercambiado con elsegundo, que connota una menor exigencia y por tanto es menosconflictivo.23El segundo paso necesario y asociado a cualquiera de estosconceptos es la revisin de la relacin de los grupos tnicos con suentorno poltico inmediato para concretar ese nuevo pacto. Aqu esdonde el modelo de la autonoma territorial puede llegar a ocuparel lugar del Estado como forma de asociacin poltica de una nacin(imaginada) inserta en otra nacin (estatal). En este sentido hayque entender la insistencia de estos actores en que sus respectivosEstados firmen el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indgenasy Tribales en Pases Independientes: la rbrica conlleva la acepta-cin de ciertos derechos sobre la tierra y el territorio.24 Este modeloS ANTIAGO B ASTOS22 Tambin, la CORECHIMAC de Oaxaca, que Hernndez considera como radical, promueve acabar con el gobiernomestizocrtico y constituir un nuevo Estado Multinacional, Democrtico y Popular (1995: 12)23 En Europa ste es el trmino utilizado para los colectivos nacionales insertos en Estados mayores. Vase el intentode diversas formaciones nacionalistas de crear la Europa de las Nacionalidades como altenativa a la de los Estados. Por otrolado, De la Pea (comunicacin personal, diciembre 1995) considera que el trmino naciones indias o naciones originariasproviene de la tradicin anglosajona de denominacin a los grupos indios de Norteamrica, cuya connotacin es precisamenteantinacional (en el sentido europeo). Pese a este posible origen, pensamos que en la actualidad ha sido apropiado por losactores indios con otros contenidos.24 De todas formas, la firma no tiene que suponer ningn cambio de hecho, como lo muestran los casos de Mxico(Hindley, 1995) y Bolivia. La polmica levantada en Guatemala con la ratificacin de este convenio -ya aprobada por la Corte191autonmico se ha probado en otros lugares y por tanto es unamuestra de que puede ser posible una nueva relacin de los indioscon los Estados.Lo importante es que no supone romper con la nacin criolla, sinodesmontar parte de las estructuras del colonialismo interno atravs de cierto grado de autogobierno al que se tiene derecho comopueblo-nacin: autonoma significa simple y sencillamente quenosotros tengamos la facultad de decidir por nosotros mismos ... perono estamos desligados del Estado mexicano ... La figura de lasautonomas regionales indgenas ... sera otra forma de organizacindel Estado mexicano (SER, citado por Hernndez, 1995: 12). Estacita nos puede ilustrar uno de los aspectos quiz que puedenhacernos comprender por qu la autonoma es la solucin planteada:los indios, a travs del tiempo y en diversos grados, de alguna formahan acabado sintindose parte del Estado-nacin a que pertencen,aunque posiblemente la vinculacin lograda en Mxico no sea tanprofunda en Guatemala por ejemplo. A nivel ms general podemosdecir que la propia alienacin les ha hecho inconcebible su separa-cin de la sociedad en que estn inscritos, con la que han acabadoforjando lazos variados. Es decir, no se plantea la formacin de unasociedad aparte, sino mejorar su posicin en la que estn y lograr unreconocimiento como sujetos especficos, a travs de una mayorparticipacin poltica en los asuntos que les ataen. Por ello, ladefinicin de este grado de autonoma es muy amplia, y en estemomento funciona ms como modelo imaginario que hay que alcan-zar que como realidad tangible.25 De todas formas s que hay doselementos a resaltar en l. En primer lugar, est ms o menos claropara los indios que ha de conllevar la definicin de unos territoriosLos indios, la nacin y el nacionalismode Constitucionalidad- muestra quines son los mayores oponentes de los reclamos de los indios: el Ejrcito y la iniciativaprivada.25 En Amrica Latina slo existen dos situaciones de autonoma regional con carcter indio: la de los kunas en Panam-ya histrica- y la de la Costa Atlntica en Nicaragua -donde los miskitos son supuestamente la base poblacional y cultural.Por otro lado, la reciente reforma constitucional de Colombia dej abierto un resquicio para dotar de cierta autonoma -no explicitada- a los territorios indgenas -tampoco explicitados- (Abado Green, presidente de la Organizacin NacionalIndgena de Colombia, comunicacin personal, agosto 1995).192indgenas; y en segundo, que sobre ellos se ejerza cierto grado deautogobierno.En la vieja Europa, por procesos diferentes a los aqu tratados,hace ya tiempo que qued evidenciado -en los hechos, y no sinconflicto- que la relacin entre Estado y nacin, en su existenciaactual, no tiene que ser mecnica, como plantea Hobsbawm (1990).Por ello, en diversos grados, se han desarrollado frmulas que dotancierta autonoma a las diferentes naciones existentes dentro deunas mismas fronteras estatales. Sin entrar a discutir este fenme-no, podemos plantear que el grado de autogobierno alcanzadodepende del modelo general de Estado y su historia poltica, delpoder de negociacin de las diferentes burguesas nacionalistasrespecto a las nacionales y de la extensin y profundidad delsentimiento nacional -frente al nacionalista- que en su momentolograron inculcar estas ltimas en todo el territorio nacional. Aspodemos tener casos como el federal Alemn, que supone la unidadde territorios histricamente independientes en un contrato comn;el italiano, que supone un Estado nacional administrativamentedescentralizado; o el espaol, donde la existencia de unas naciona-lidades histricas supuso la creacin de un Estado de las Autono-mas con diferentes grados de autogobierno. Por otro lado, lasidentificaciones nacional-estatales pueden basarse en el pacto queplanteaba Habermas (1991), y por tanto tener un contenido que seacerque ms a la ciudadana que a la nacin: la comunidadimaginada se percibe representada y respetada por un Estado quetiene una base nacional. Lo importante es que en estos pases se hanexperimentado y llevado a cabo modelos de autonoma territorialpara unidades nacionales inscritas en Estados nacionales.Pero los Estados latinoamericanos, por ser naciones imperfec-tas -como ya se vio- y por la no extensin del concepto de ciudadanaa los sbditos de las repblicas, tienen una vocacin centralista muyfuerte y el Estado debe insistir en su supuesto carcter nacionalcomo elemento aglutinador de la sociedad. Por ello, la sola mencinde la autonoma choca directamente con la oposicin de ciertossectores de la nacin criolla -y precisamente ms entre los represen-S ANTIAGO B ASTOS193tantes de este grupo en concreto-. Se argumenta que supone unprivilegio otorgado a una parte de la poblacin que ya disfruta enprincipio -por efecto de la doctrina liberal- de iguales derechos queel resto, idea complementada con que supone un paso hacia laruptura de la nacin, pues toda autonoma, por limitada que sea, esun paso y favorece el separatismo. Por ello se da el rechazo decualquier posibilidad de que tal autonoma suponga una redefinicindel ordenamiento estatal existente. As qued claro en las discusio-nes sobre los Derechos de los Pueblos Indgenas en Guatemala o enlas Conversaciones sobre Derechos y Cultura Indgenas que sellevan a cabo en Chiapas entre el Gobierno mexicano y el EZLN: sesuele pretender rebajar la tal autonoma a un nivel municipal, y sucontenido a un reconocimiento de las autoridades y usos comunalestradicionales. Por ahora, parece ser este el mximo nivel a que sepuede acceder en el plano prctico. En el fondo, podemos pensar quelo que levanta los nimos es dar precisamente el carcter de nacina un segmento poblacional que, desde la perspectiva tnica de losdominadores (en el sentido de Comaroff), no tiene derecho alguno,lo que viene a romper el modelo de comunidad imaginada que estoscriollos pensaron llevar adelante hace ms de un siglo.Pese a ello, la nacin, en su sentido clsico de base del Estado,est hoy visiblemente en proceso de prdida de una importanteparte de sus funciones, por efecto de la tansnacionalizacin delcapital (Hobsbawm, 1990: 173). Este proceso no supone ladesacralizacin del Estado-nacin, como lo muestran los recientescasos de Bosnia y Quebec.26 Por ello, se puede decir que estnganando legitimidad de alguna manera frmulas intermedias parahacer frente a un evidente resurgimiento nacionalista.27 Por otroLos indios, la nacin y el nacionalismo26 En el primero de ellos, la supuesta solucin a la crisis balcnica ha sido mantener un Estado-nacin en el papel ylos smbolos -una bandera, un gobiernio central y un puesto en la ONU-, vaciado del resto de los atributos, que son ejercidospor las dos entidades en que se divide. En el segundo, los separatistas quebequenses han tenido que hacer frente a lasreacciones dentro y fuera del territorio canadiense, que se rasgaban las vestiduras ante la ruptura de un pas.27 En este sentido, creo que el anlisis de Hobsbawm sobre el nacionalismo a finales del XX -tan acertado en casi todossus aspectos- falla al caer en el mismo error que pregona: identificar nacin con Estado nacional, lo que le hace cosntreirlos nacionalismos a los separatismos, y no tener en cuenta todas las otras ocasiones en que se han dado estas solucionesintermedias.194lado, los indios estn empezando a cosechar los frutos internaciona-les de una lucha que empez hace ms de diez aos: tras el premioNobel de la Paz a Rigoberta Mench, vino primero el Ao y luego laDcada de los Pueblos Indgenas, y se est avanzando, tambin enla ONU, en una Declaracin de sus Derechos. Todo esto implica queestn siendo considerados como sujetos de derecho, e interlocutoresvlidos para estos organismos. Estos hechos, mal que bien, pone alas naciones criollas entre dos fuegos, obligndolas a ir aceptandoestas realidades.Por otro lado, es importante recordar que este proceso es paraleloa la crisis que vive en estos momentos el paradigma democrticotanto en su concepcin (Touraine, 1994) como en concreto en suaplicacin en Amrica Latina (ODonell, 1993). En este sentido, lasdemandas indias no slo reclaman un reparto del poder poltico enun sentido nacional, sino que adems hay un fuerte componente dereclamo de una ciudadana nunca ejercida.28 Si el reclamo nacionalse plasma en la autonoma, ste se muestra en las demandas deestar presentes en todos los organismos de decisin que a ellos lesafecte como ciudadanos, como en la representacin parlamentaria.Este sera otro posible enfoque a tener en cuenta para comprenderla luchas indias: verlas dentro del proceso amplio de extensin de laciudadana e igualdad dentro de la democracia liberal y el Estadoburgus. Tras lograr los derechos individuales y los sociales, sedemandan ahora los culturales. En este sentido, los avances conse-guidos seran tanto producto de esa presin, que histricamente seha venido ejerciendo desde abajo, como de la necesidad de losEstados por ampliar su base social y su legitimidad.29El reconocimiento de sujetos diferenciados implica tambin unanueva forma de entender la representacin y el contrato democr-S ANTIAGO B ASTOS28 Aqu tomamos el concepto de ciudadana de una forma ms restringida a la ciudadana tnicade De la Pea (1995):l engloba tanto demandas nacionales como participativas, mientras que nosotros lo usamos para diferenciar a las segundasde las primeras.29 Esta necesidad de legitimidad ha sido sealada como una de las razones por las que Salinas de Gortari promovien Mxico la modificacin del artculo 4 constitucional (Hindley, 1995), y en el caso guatemalteco es evidente la necesidadde legitimidad y apoyo extrerno como una de las razones para la firma del Acuerdo de Derechos Indgenas por parte delgobierno (Bastos y Camus, 1995).195tico: ya no es una cuestin de derechos y deberes individuales, sinode un pacto entre sujetos colectivos. De ah la importancia dadapor los indios guatemaltecos al reconocimiento oficial de su carcterde pueblo. Lo que est en el fondo entonces es el derecho a que ladiferencia no signifique la desigualdad, y que la igualdad no tengaque pasar por la homogeneidad impuesta. En definitiva, el Estadomultitnico (puede ser) dinamizador de lo popular y estatal, que-brando la lgica homogeneizante (del Estado oligrquico monotnico)y redefiniendo el sentido de lo democrtico (Roittman, 1992: 33).Terminaremos este apartado hacindonos eco de un par dereflexiones que sugiere Hobsbawm (1990) sobre los nacionalismoscontemporneos. Este autor plantea que los nacionalismos actualesson reacciones de debilidad y miedo, que erigen barricadas paraenfrentar las fuerzas del mundo moderno (:164) y que, dado elcarcter indiscutible e inherente a nuestra forma de conciencia queha tomado la nacin como forma reivindicativa, cualquier lucha deun grupo particular por obtener ciertos beneficios dentro del Estadopuede obtener gran legitimidad si se viste con los ropajes naciona-les de moda (:170). Puede tener razn en cuanto a que el sentimien-to de miedo y acoso por la modernidad sea una de las causas de estedespertar indio: desde hace al menos 30 aos, los modos de vidaindios y por tanto su identidad -siempre cambiantes y enreconfiguracin- han venido siendo acosados no slo por la exten-sin de las redes del Estado -la escolarizacin (Camus, 1995) y laparticipacin poltica (Rus, 1994)- sino sobre todo por una nuevaforma de vinculacin con el mercado nacional, que ha puesto lasbases del fin de la comunidad como entidad base de las relacionessociales. Se podra considerar que esto es lo que ha puesto en marchaunos mecanismos de defensa siempre presentes -definitorios por ellode la etnicidad y su permanencia (Cabarrs, 1979)- que esta vez sonactivos, no violentos y basados en los conceptos del otro para lucharcontra l, como una forma de asegurar su permanencia. Estosignificara que lo nuevo no es la resistencia, sino la forma que tomaen este momento histrico: si ha de ser en trminos nacionalesporque esa es la forma de conciencia, as se hace. Pero, frente a suLos indios, la nacin y el nacionalismo196otro planteamiento, no podemos decir que los movimientos indiosrespondan a un inters sectorial contra la centralizacin y laburocracia estatal (ibid), sino que esta vez se arman para lucharcontra una exclusin histrica (y recordemos la fuerza de estetrmino en manos nacionalistas) que est en la misma base de susrelaciones sociales y con el Estado. La nacin criolla nunca dio a susconnacionales muchas oportunidades de participacin en el poder,pero en el caso de los indios, esta exclusin fue mayor, justificadatnicamente y relativa al grupo como un todo.Etnia, nacin y clasePor lo apuntado en el apartado anterior, parecera que los movi-mientos indios estn inmersos en un proceso de cambio ms general-inscrito a su vez en la globalizacin econmica- que de alguna formaapoyara o amparara -y tambin marcara claramente- sus deman-das nacional-autonmicas. Sin embargo, para no caer en un entu-siasmo fcil, llegado este punto, hemos de recordar, una vez ms,que estamos hablando de grupos tnicos. Siempre segn los Comaroff,stos no vienen dados slo por una clasificacin de los grupos por susdiferencias culturales -lo que empuja hacia los planteamientosnacionales-; sino adems -y sobre todo, segn sealan- por unaincorporacin asimtrica a una economa poltica singular. Por ello,aunque este artculo est dedicado bsicamente al primer aspecto,no queremos terminarlo sin apuntar brevemente algunasimplicaciones del segundo.La primera sera que estamos hablando de un grupo dominado,subordinado poltica, social y econmicamente, que no parte de unaposicin de fuerza para negociar con el Estado que hasta ahora lesha dominado y basa parte de su prosperidad en ello. No hablamos,pues, de burguesas nacionalistas que pueden negociar un repartode beneficios con las nacionales. Ahora bien, si la exclusinhubiera sido slo poltica, si se redujera a un problema nacional aresolver entre burguesas, tendra ms fcil arreglo. ste secomplica y se cie ms a la realidad cuando se le suma la asimetraS ANTIAGO B ASTOS197en trminos socioeconmicos y la exclusin puede leerse en trminosde clase. Esto lleva inevitablemente a preguntarnos si realmente esel autogobierno el nico camino para la resolucin de su situacin.Si hasta ahora hemos considerado que los indios pueden serentendidos como naciones, dadas sus demandas; habremos de decirque stas no slo pueden ser consideradas como nacionalistas: losaspectos relacionados con la incorporacin asimtrica no han estadoni estn ausentes del discurso de los movimientos indios. En losapartados anteriores hemos dedicado bastante espacio a los recla-mos referentes a los derechos polticos y culturales, porque eran losque manifestaban su carcter nacional, pero hay que aclarar queni son todos los que se dan actualmente, ni han sido los msimportantes a lo largo del desarrollo de estos movimientos.As, a lo largo de los planteamientos de los movimientos indiosaparecen elementos que se acercan ms a una lectura clasista quenacional, sobre todo uno en concreto: la tierra . En los casos deMxico y Bolivia se trata de defender los beneficios obtenidos por lasrespectivas revoluciones para la explotacin comunal de la tierra.En Guatemala, la reforma agraria es un tab, precisamente porqueel acaparamiento de la tierra cultivable es una de las bases econ-micas de la oligarqua, lo que le da una especial virulencia a estetema.30 Pero, adems, el hecho de que la mayora de los indios seancampesinos y de que este recurso no slo sea concebido en trminoseconmicos, sino que tenga fuertes connotaciones sociales y simb-licas, le dan un carcter especial. Por ello no es difcil asumir elproblema en trminos tnicos, como hace una organizacinguatemalteca: desde hace 500 aos los grupos poderosos hanvenido arrancando de nuestras manos las tierras, nos han obligadoa una forma de vida que no es la nuestra, a convertirnos en uno delos Pueblos ms pobres, atrasados, desnutridos y enfermos delmundo, y a creer en unas leyes que siempre han tratado de borrar30 El Indice de Gini de tenencia de la tierra (que va de cero -reparto igual entre todos los propietarios- a cien -toda latierra en manos de un propietario-) en Guatemala es de 85. Esto significa que el 2.2% de los propietarios -los finqueros- ocupael 64.7% de la tierra cultivable, mientras que el 89.2% -los campesinos- tiene el 16.7% de la superficie (Oxfam Amrica, 1982,citado por Lovell, 1988).Los indios, la nacin y el nacionalismo198nuestra resistencia (CUC, citado en Bastos y Camus, 1993:159).Tenemos as una lectura del ser indios diferente a la que venamosviendo hasta ahora: no es un pueblo dominado polticamente sinotambin, y de forma muy importante, econmicamente explotado ysocialmente excluido.De hecho, ya sea por las circunstancias especficas en que nacie-ron -las citadas revoluciones de Mxico y Bolivia, por ejemplo-, losparadigmas imperantes y las fuerzas sociales que se sumaban aellos -como en Guatemala, la movilizacin social de finales de los 70-, lo normal es que los movimientos indios comenzaran viendo suexclusin en trminos de campesinado pobre y sus demandas fueranrelativas sobre todo a este tema de la tierra y otros aspectosrelacionados. Pero desde estos momentos ya haba ncleos ms omenos fuertes que empezaban a plantear lo cultural como unelemento importante de lucha.A partir de entonces, los actores clasistas y nacionalistas hantenido desarrollos diferentes en cada caso, con relaciones de colabo-racin, entendimiento, contradiccin o enfrentamiento ms o menosabierto entre ellos. Esta tensin es evidente, pues poner el nfasis dela dominacin india en trminos nacionales o de clase, presuponedos enfoques totalmente distintos en cuanto a cmo leer cadaformacin social en particular -en trminos de dominacin colonialo en trminos de burguesa explotadora- y lo que ello conlleva: lasdemandas a plantear, la forma de luchar por ellas y las alianzas conotros actores sociopolticos. Para lo que nos interesa, una de lasconsecuencias de esta diferenciacin est en ver qu problemas hande resolverse y en qu marco: para los nacionalistas lo primordiales definir la situacin poltica de los indios respecto al Estado;mientras que para los clasistas, sera la situacin social de todoslos explotados -entre los que se encuentran los indios- de lasociedad en que estn insertos. Para visualizar mejor todo esto,veamos de forma muy resumida cmo ha sido el desarrollo especficoen los tres pases que nos sirven de ejemplo.En Bolivia, el movimiento indio, casi desde sus incios, conoce ladivisin entre el Movimiento Revolucionario Tupaj Katari -MRTK-S ANTIAGO B ASTOS199y el Movimiento Indio Tupaj Katari -MITKA-, cada uno con su propiopartido poltico. El discurso de los primeros combina la discrimina-cin colonial con la explotacin de clase -deban mirar la realidadcon dos ojos-, por lo que para liberarse deberan unir sus fuerzas aotros grupos, aunque no se identificaran totalmente con ellos. Lossegundos, por el contrario, leen sus problemas exclusivamentedesde una situacin colonial y rechazan cualquier alianza con otrosgrupos mestizos o blancos, que son el enemigo. Por el discurso delmomento revolucionario y estas alianzas, el MRTK ser hegemnicoentre los indios, pero habr de sortear problemas con lo movimientosde clase -representados en la Central Obrera Boliviana- a los quecostar reconocer tanto su importancia como campesinado como suespecificidad tnica.Con el tiempo ha habido un acercamiento entre ambas corrientes,y se reconoce al colonialismo interno como factor fundamental enlas relaciones sociales. De la misma forma, su mensaje y retrica sehan ido expandiendo, llegando a calar en casi todos los partidospolticos. Al calor de los 500 Aos de Resistencia y la movilizacinde los indios del Oriente, se da un proceso de unificacin, cuya metadeclarada es crear un instrumento poltico, llamado significati-vamente la Asamblea de las Nacionalidades, como un paso necesa-rio para la constitucin del Estado plurinacional. La importanciapoltica que los indios han alcanzado en ese pas, se puede ver tantoen el uso de su bandera -la wiphala- algunos actos oficiales -inclusodentro del palacio de gobierno- como en el hecho de que el actualvicepresidente sea uno de los lderes histricos del katarismo.En Guatemala la movilizacin india se inicia como comunal (LeBot, 1992), y acaba tomando cuerpo en el Comit de Unidad Campe-sina -CUC-, que si bien reconoca la importancia del elemento tnico,fundaba su discurso en un plantemiento de clase, como su nombreindica. No en balde se acabar uniendo a otros actores populares -vinculndose incluso con la guerrilla- y con todos ellos sufriendo ladespiadada represin militar -acentuada en su caso por las conno-taciones tnicas de miedo al indio(Bastos y Camus, 1994). Sinembargo, ya desde estos momentos de inicio, se dan inciativas queLos indios, la nacin y el nacionalismo200-an sin articular claramente su discurso- ven la exclusin comoproducto de la dominacin colonial. La espiral de movilizacin yviolencia les har esconderse o sumarse a las fuerzas contestatariasde carcter clasista, donde la presencia india ser siempre impor-tante.31El resurgir del movimiento indio en la segunda mitad de los 80supone la permanencia de la lnea ms clasista -actualizada en losgrupos que denuncian la represin militar- y el reaparecimientocomo un actor importante de un grupo de instituciones con uncarcter ms cultural y poltico, que avivan el debate tnico con susdemandas nacionales. Las circunstancias -sobre todo la discusinde sus derechos entre el gobierno y la guerrilla- les van obligandoa trabajar juntos frente al Estado, con lo que van limndose aspere-zas personales y de discurso. Esto hace que con el tiempo losplanteamientos nacionalistas vayan siendo aceptados por los popu-lares y la plataforma comn que se presente pblicamente en mayode 1995 contenga sobre todo este tipo de demandas.Para entender la evolucin del movimiento indio en Mxico hayque tener en cuenta la ominpresencia del Estado, que en este casoestar representado por la relacin con el PRI -ya sea de cooptacino enfrentamiento- y por la labor y espacios que genera el INI. SegnDe la Pea (1995), hasta los 70, los indios se suman a estos espaciosoficiales y a grupos opositores campesinos -como la Unin Generalde Obreros y Campesinos Mexicanos o la Central CampesinaIndgena- que cuestionan la poltica agraria del Estado, pero no latnica. A finales de esta dcada comienzan a sentirse las presiones,que en los 80 llevarn a reunirse a 13 organizaciones independientesque ya se definen y actan como indias. Dada la asociacin existenteen la legislacin entre esta adscripcin tnica y la tenencia comuntariade la tierra, en este eje se han dado muchas de las iniciativas y laasimilacin de ambas est muy presente: en Oaxaca (Hernndez,S ANTIAGO B ASTOS31 Al respecto, recordemos lo mencionado al final de la nota 8. Dijimos que dos de las tres fuerzas guerrilleras que surgena finales de los setenta reconocen -de una forma muy suya- la importancia de la lucha indgena para la liberacin social y nacionalde Guatemala. Por otro lado, una muestra interesante de la combinacin de posturas a que llev este momento es eldocumento titulado Guatemala: de la Repblica Centralista a la Repblica Popular Federal (citado en Arias, 1995).2011995) tenemos la Unin de Comunidades Indgenas de la Costa -UCI-, de la Regin del Istmo -UCIRI- o del Istmo de Tehuantepec -UCITAT-. A partir de este elemento comunal se empieza a construirun discurso en que lo tnico va tomando cada vez ms espacio, sinrestar importancia la mayora de las veces a lo clasista en su versincampesina. Por su parte, grupos de profesionales -como lospurhpechas del Ao Nuevo- irn asumiendo posiciones cada vezms nacionalistas. Entre estos timos indios, la mencionada Orga-nizacin de la Nacin Purhpecha est suponiendo un espacio deconvergencia tanto para intelectuales como para comuneros (Zrate,1995).Estos someros resmenes no hacen justicia a la riqueza de lasdiferentes evoluciones, dado que no pretenden dar una visincompleta de sus desarrollos, sino mostrar un esquema general (quepor otro lado nos muestra cmo la identidad tnica y sus expresinpoltica pueden adoptar diferentes formas y contenidos, segn losaspectos que se enfaticen en los contextos concretos, sin por elloperder su especificidad). En la actualidad podemos decir entoncesque, con ms o menos fuerza, coexisten en los casos vistos ambostipos de planteamientos, ya sea dentro de un slo actor o represen-tados por diferentes organizaciones. Lo interesante a resaltar es quelos temas relativos a una lectura nacional -con la autonoma comoemblema- se han ido imponiendo en el discurso general. Las causasde este comportamiento las podemos encontrar en dos razones: unaexterno-poltica y otra interno-emotiva. La experiencia de lucharcontra las estructuras de desigualdad que conlleva la etnicidad, hamostrado lo difcil que es cambiar las bases del sistema capitalista,puesto que genera respuestas contundentes por parte de sus bene-ficiarios. En su momento -la dcada de los 70- fue el argumento mslegitimador y movilizador pero, con diferentes estrategias y gradosde violencia, se acab con esa oleada revolucionaria. En casos comoGuatemala, el sufrimiento y la cantidad de vcitmas son leccionesaprendidas que muchas veces se arguyen explcitamente paraevitar enfrentamietos de clase. Por otro lado, pese a las declaracio-nes en contra, la cada del socialismo real ha supuesto muchas vecesLos indios, la nacin y el nacionalismo202una falta de referentes ideolgicos. Por ello, puede ser ms fcilconseguir arreglos y compromisos en base a elementos culturales ya veces polticos con el Estado, en un momento en que el contextomundial aprueba de alguna forma estas luchas e incluso las organi-zaciones internacionales presionan a su favor (como en el caso delAcuerdo Derechos Indgenas en Guatemala).La otra razn puede ser ms profunda y con consecuencias msa largo plazo. Como plantea Anderson, el nacionalismo se basa en unsentimiento de pertenencia arraigado en un nosotros anclado en elpasado y con proyeccin hacia el futuro, que puede otorgar trascen-dencia al individuo; aspectos a que no puede recurrir la pertenenciade clase. Por ello, su capacidad de arraigo, interiorizacin y movili-zacin en trminos emotivos es mucho mayor.Esta situacin puede conllevar algunas consecuencias. La prime-ra est basada en la anotacin que hacen los Comaroff respecto a quela estratificacin interna inevitable de los grupos tnicos provee delderes a los movimientos indios y que las relaciones intratnicas sonlas que permiten este movimiento ascendente. stos, al abandonarla situacin de explotacin, dejan de percibir la identificacin inme-diata entre etnia y clase y, por tanto, pueden empezar a pensar a laprimera en trminos nacionales. Al articular las demandas enestos trminos se dejan de lado -en parte- las referidas a los indioscomo campesinos. Pero, sobre todo, al tener que basarse en la exten-sin del sentimiento de comunidad imaginada, se han de subrayarlos aspectos comunes en detrimento de la diferencias internas, conlo que las demandas reflejan slo parte de las problemticas en queest inmerso el grupo tnico.Cualquier colectivo con sentimiento nacional presenta a su inte-rior diferencias de clase y, segn Anderson, siempre es un grupo dealguna forma dominante quien liderea ese proceso nacionalista.Pero cuando lo que define al colectivo es su fuerte asociacin esta-dstica con una situacin de dominacin econmica, como ocurre conlos grupos tnicos -y los indios en concreto- es muy difcil dejar delado este tipo de demandas, y muy peligroso olvidarlas en pro deunos resultados cercanos.S ANTIAGO B ASTOS203 As, est el riesgo de que, al quedarse en sus aspectos cultural-nacionales, estas demandas indias lleguen a ser un factor de ma-duracin del orden capitalista ... post-colonial ... al continuar prove-yendo una base cultural y organizacional para una divisin deltrabajo altamente estratificada (Comaroff: 65).32 Podramos decir,entonces, que con las luchas nacionalistas los indios pueden estarresolviendo uno de los componentes que define la etnicidad: el del serun colectivo con una identidad basada en una historia y una culturacomn. Pero quedara igualmente presente el otro: el de estarinmersos en unas relaciones de clase especficas.Aunque sobrepasa los objetivos de este ensayo, todo ello nos ha dehacer reflexionar sobre la necesidad de contextualizar histrica-mente estos procesos y, sobre todo, de acabar de concretar quentendemos por etnicidad, identidad tnica y dems conceptosasociados, para poder dotarles de poder explicativo y al mismotiempo diferenciarlos de los fenmenos nacionales, con los que,evidentemente, comparten algunos elementos bsicos.Los indios, la nacin y el nacionalismo32 En el texto original la frase est en pasado, pues se refiere a los momentos de descolonizacin por parte de laspotencias europeas -como la de frica- Sin embargo, la hemos puesto en subjuntivo para poder aplicarla a una posibledescolonizacin de las relaciones internas en las naciones en que se insertan los movimientos indios.204Aguirre Beltrn, G., Regiones de refugio, El desarrollo de lacomunidad y el proceso domincal en mestizo Amrica, Mxico,Instituto Indigenista Interamericano, 1967.Alb, X., La bsqueda desde adentro. 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