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<ul><li><p>Laura Scarano*</p><p> Automoribundia de Ramn Gmez de la Serna:heterodoxia autobiogrfica de un vanguardista inslito</p><p>Para tan pequea criatura tan gran biografa...Ramn Gmez de la Serna</p><p>Resumen: Ramn Gmez de la Serna escribe una peculiar autobiografa titulada Auto-moribundia, que abarca sesenta aos (1888-1948). Desde Espaa a su exilio en Argenti-na, y afrontando las ambigedades de su postura poltica frente al franquismo, este con-trovertido vanguardista distorsiona las convenciones del gnero para entregarnos una arsmoriendi. Desde su prlogo pone en marcha el incipit de esta mquina automoribun-dia, que sienta las bases de este pacto de lectura heterodoxo.Palabras clave: Ramn Gmez de la Serna; Vanguardia; Autobiografa; Literatura espa-ola; Siglo XX.</p><p>Abstract: Ramn Gmez de la Serna wrote a peculiar autobiography called Automori-bundia, which embraces sixty years (1888-1948). From Spain to his exile in Argentina,and confronting the ambiguities of his political posture toward the franquista regime, thiscontroversial avant-garde work distorts the conventions of the autobiographical genre toshow instead an ars moriendi. We will focus on the singularity of this automoribundiamachine, that settles the basis of his heterodox reading pact.Keyword: Ramn Gmez de la Serna; Avant-garde; Autobiography; Spanish Literature;20th Century.</p><p>Ramn Gmez de la Serna escribe una peculiar autobiografa en dos tomos tituladaAutomoribundia, que abarca sesenta aos (1888-1948), donde nos invita a contemplarlas estaciones obligadas de su vida, pero invirtiendo la lente: cada hecho vital es presen-tado como un acto henchido de muerte. Se trata en realidad de una ars moriendi. Estavisin perpleja y desconcertada, que se inscribe en el estilo tpicamente ramoniano debuscar los ngulos inslitos de la realidad, discurre dentro de los parmetros de un gne-ro de por s conflictivo y problemtico: la escritura autobiogrfica. El gusto por el mon-</p><p>* Profesora de Literatura Espaola Contempornea en la Universidad Nacional de Mar del Plata einvestigadora independiente del CONICET. Autora de ms de sesenta artculos cientficos, docenas deexposiciones y conferencias en Espaa, Latinoamrica y Estados Unidos. Ha publicado varios librossobre teora literaria y poesa espaola contempornea, desde el modernismo a la actualidad. Ib</p><p>eroa</p><p>mer</p><p>ican</p><p>a, I</p><p>X, 3</p><p>6 (2</p><p>009)</p><p>, 47-</p><p>56</p><p>Rev36-01 7/12/09 13:39 Pgina 47</p></li><li><p>48 Laura Scarano</p><p>taje y el collage lo impelen a una escritura de mezcla, cerrando cada captulo con dibujospropios, que ilustran con firmas, fisonomas o tipos una galera de retratos y autorretra-tos, raros diseos de objetos, escenarios urbanos, vietas de las cosas y seres que pue-blan una vida, atrapadas en el vrtigo de su peculiar mirada vanguardista.1</p><p>Recordemos previamente la complicada posicin de Ramn en el campo esttico desu tiempo. Tempranamente Melchor Fernndez Almagro, en un sagaz artculo publicadoen 1923 en la revista Espaa, recuerda que fue ste su annus mirabilis, ya editadas variasnovelas, traducidas y difundidas al exterior, colaborador asiduo de los peridicos El Soly El Imparcial, con una incipiente fama sellada con una funcin en su honor del CircoAmericano de Madrid (en la cual Ramn ley su discurso de agradecimiento desde untrapecio). Jos-Carlos Mainer (1998) reflexiona sobre su problemtica ubicacin en elcanon de la literatura espaola, recordando que ya en esa poca era visto en palabras deFernndez Almagro (1923: 10) como escritor de una generacin unipersonal, entrelos epgonos modernistas y los an demasiado jvenes del grupo del 27. Reconoce Mai-ner que sin generacin que le acogiera y con una obra personalsima, precedentede todo lo que vendra despus, la posteridad de Ramn ha abundado ms en aficiona-dos leales, ruidosos e insolventes, que en fillogos y estudiosos (1998: 285).</p><p>Abordar este complejo texto autobiogrfico supone un desafo, pues puede ayudar-nos a compensar el descuido crtico an vigente, y conjurar la acertada sospecha de Mai-ner: El entredicho de Ramn puede [...] en cierto modo ser el purgatorio que pagaba suactitud de desentendimiento en plena Guerra Civil y de pattica desorientacin en el exi-lio, frente a las necesidades realistas, militantes de una generacin en marcha, apartir de la Guerra Civil y de su exilio especialmente. Injusticia agravada si comparamosla admiracin [que le profesaron explcitamente] Jorge Luis Borges, Octavio Paz, JulioCortzar y Pablo Neruda, en contraste con la cicatera espaola, al ver que quien notena casi lugar en los elencos nacionales lo tena con creces al lado de Macedonio Fer-nndez y Oliverio Girondo, de Juan Jos Tablada o Abraham Valdelomar, en el parnasolatinoamericano (Mainer 1998: 258-259). Muy impuro entre los puros del 27, muyanarquizante y demasiado nio grande entre los intelectuales nacionalistas de ladcada anterior, su posicin excntrica es otro de los atractivos del estudio an pendien-te de su vastsima obra.</p><p>Nos asomaremos entonces a este texto raro, en principio a travs del prlogo que fun-ciona como paratexto programtico de su mquina automoribundia, disparador del relatodel ver(se)-morir en el acto de vivir. All, Ramn construye un privilegiado incipit, quesienta las bases de este pacto de lectura singular, al narrarnos la verdadera historia de cmoha ido muriendo un hombre llamado Ramn.2 Incursin que completaremos con una reco-leccin de algunos de los pasajes ms representativos de este peculiar discurrir, que abarcams de setecientas pginas, a travs de episodios y reflexiones que jalonan emblemtica-mente su mirada de narrador-protagonista sobre los hechos centrales de su vida.</p><p>1 En el captulo XCV, del segundo tomo, se refiere explcitamente a las fotografas que pueblan mi auto-biografa y las define como necesarias ilustraciones de un tal como fui al que nadie podr suponerfalsificado (1974: II, 716), refrendando con el retrato el afn de veracidad y auto-identificacin de estaescritura.</p><p>2 Todas las citas pertenecen a la edicin en dos tomos, de 1974; el tomo I se extiende de la pgina 9 a la406 (Prlogo y cap. I-LVII), y el tomo II va de la pgina 407 a la 764 (cap. LVIII-CI y Eplogo); aqu, p. 9.</p><p>Rev36-01 7/12/09 13:39 Pgina 48</p></li><li><p>Automoribundia de Ramn Gmez de la Serna 49</p><p>Pero antes detengmonos por un momento en las implicancias discursivas de estegnero que hoy ha ganando adeptos de manera formidable, y que con razn StephenShapiro (1968) denomin con una oportuna metfora: The Dark Continent of Literatu-re: Autobiography. No hay duda de que el espacio biogrfico asumido por el yo en eldiscurso literario es una versin de las auto-ficciones que proponen un desdoblamientoespecular: el relato de la vida de un personaje a quien se dota del nombre, el contexto ylos ingredientes biogrficos e histricos de esa figura compleja que el lector reconocecomo el autor de esta escritura (Scarano 2007). An ms, la puesta en funcionamiento dela coordenada autobiogrfica activa un sofisticado aparato de expectativas y convencio-nes donde la sancin pragmtica el contrato con el lector teorizado con rectificacionessucesivas por Philippe Lejeune autoriza un incesante ir y venir de lecturas, transidaspor un afn de verificacin nunca resuelto y una voluntad de ficcin siempre triun-fante (Scarano 2000).</p><p>La asuncin del yo como correlato autobiogrfico es atestiguada por la puesta en dis-curso de las circunstancias reales de la vida del autor emprico, desde el uso literal delnombre propio, hasta el amplio espectro constituido por los episodios de su historia indi-vidual: la escena arcaica de la infancia (Rosa 1990), los ciclos de su educacin, las ciu-dades donde vivi, la actualidad del trabajo y sus viajes, sus libros y artculos, las viven-cias familiares, los nombres propios de su mundo privado, amigos, hijos, mujeres. Esteuniverso conforma una retrica de la intimidad autobiogrfica que se instala en el dilemadel borde propio de la dispora autobiogrfica (Scarano 2000: 57), ya que se trata detextos que paradigmticamente trabajan sobre una virtual relacin de semejanza entretexto y vida, sujeto histrico y sujeto textual. No podemos separar radicalmente vida yobra, pero tampoco podemos explicar una por medio de la otra, sino que tenemos quetransitar por ese vaivn o borde paradjico constitutivo de la autobiografa (Starobinski1974). Es posible tal desplazamiento? O ambos rdenes son irreductibles?</p><p>La lectura de una obra que se auto-clasifica como autobiogrfica contribuye a cimen-tar la ilusin de que esto es posible. Pero enseguida comprobamos como lectores que elanlisis formal no puede discriminar por s solo la consideracin ficcional o verdica decada episodio narrado. Si es testimonio real o invencin novelesca es una disyuntiva pri-vativa del funcionamiento del texto dentro de las convenciones genrico-institucionales.Por eso la doble vertiente terica sobre la autobiografa divide sus aguas entre los que lapiensan slo como retrica ficcional, y quienes le quieren restituir adems su especifici-dad histrica y pragmtica.3 No obstante, a la contundencia que le otorga a este texto deRamn la identidad del nombre propio (autor, narrador y personaje) hay que sumarlela poderosa fuerza del parecido entre ambas figuras (textual y social), que certificaninequvocamente el contrato autobiogrfico sellado con el lector.</p><p>En el prlogo de Automoribundia, sucesivos enunciados dibujan el perfil del hetero-doxo narrador y protagonista de estas pginas, desde su afn por explicar y justificar elttulo:</p><p>3 Si para Paul de Man condensa las caractersticas intrnsecas de todo lenguaje (la coexistencia metafri-ca de dos espacios irreductibles: lenguaje y vida) como escenificacin de un fracaso (1991: 22), paraPhilippe Lejeune (1994) adopta una legalidad, por la suscripcin de un pacto de lectura que otorga espe-cificidad a la escritura autobiogrfica, reproduciendo desde la lgica del gnero la categora de autorreal.</p><p>Rev36-01 7/12/09 13:39 Pgina 49</p></li><li><p>50 Laura Scarano</p><p>Titulo este libro Automoribundia, porque un libro de esta clase es ms que nada la his-toria de cmo ha ido muriendo un hombre y ms si se trata de un escritor al que se le va lavida ms suicidamente al estar escribiendo sobre el mundo y sus aventuras. En realidad sta esla historia de un joven que se hizo viejo sin apercibirse de que suceda eso [...] Va a ser vervivir a una persona de cierto tiempo en medio de la torrentada de los tiempos que corren (I, 9).</p><p>Si el objeto de su mirada es verse morir inscripto en el ritmo mismo de su vivir, elafn de su escritura es perpetuar en el lenguaje una semblanza de su propio yo, ancladaen su contemporaneidad, exorcizando la desintegracin que acecha a los hombres morta-les y reconstruyndose en un dibujo que juzgue verdadero: Este libro es un retratocompleto, es la historia de un viviente y de una pequea poca, reflejadas con toda laveracidad posible (10). La llamar a la suya verdica biografa, preada de lirismoconfidencial y largas confidencias inditas (11). Como se ve, las estrategias de verosi-militud de su escritura quedan expuestas con insistencia: no escatimo detalles, creo entodo lo que digo y no he pasado por alto ningn secreto privado, aqu quedan los datosautnticos de mi apartada existencia, sin escatimar verdades (12; el subrayado es mo).</p><p>Este morir del vivir es el ideologema clave para entender esta escritura que se afanapor construirse una imagen que aspira, a pesar de todo, a trascender el cerco del simplemortal: Haber llegado a la autobiografa no es nada bueno, porque supone que estamosde alguna manera al final, y ya hemos perdido la esperanza de ser otro, de no tenercomienzo, y por lo tanto de no tener fin [...] (11), confiesa, pues probar que he vivido ycmo he vivido le otorga una mgica sobrevida, ya que el que pruebe que vivi queda-r ms entre los vivos (11).</p><p>La seduccin que ejerce en Ramn la creacin de tipologas discursivas (entre lascuales la invencin de las gregueras representa su hallazgo ms preciado) atraviesa tam-bin este relato, buscando fundamentar su uso peculiar del gnero. Esta escritura del yole permite completar la parbola de la introspeccin: Slo me he propuesto al completarmi autobiografa dar el grito del alma, enterarme de que vivo y de que muero, despertarel eco para saber si tengo voz (10). La pulsin quasi-romntica de un ego que necesitainscribirse en la letra con sus facciones ms reconocibles para experimentarse, parece tri-butaria de un afn siempre presente por exaltarse, en correlacin con la creacin de unaimagen de autor extravagante, inslito, de genuina estampa vanguardista.</p><p>Pero la autobiografa le permite tambin distanciarse en el retrato de un personajeque, al mismo tiempo que se arroga una funcin didctica (que los jvenes tengan elejemplo de un pecador modesto que procur darle a todo un sentido moral y religioso,10), se enaltece por encima de los dems pues se salv a todo ismo sin dejar de com-prenderlos a todos (11). El personaje que crear en estas pginas es consecuente con laimagen pblica del bohemio transgresor, dando sus conferencias desde un trapecio o allomo de un elefante, entre el circo y la tertulia de escogidos de su caf Pombo enMadrid, con claves slo para sus admiradores selectos. Los maletines repletos de curiosi-dades del Rastro que acompaaban sus conferencias resultan un emblema de su delibera-do cultivo de una estatura extravagante y singular, que consolidarn las sucesivas anc-dotas que desgrana en esta extensa autobiografa.</p><p>El carcter representativo de su vivir quedar atestiguado por su valoracin de lasciudades que lo acogieron: en estas pginas y las de todos sus libros que tienen un lite-ral fondo autobiogrfico est absoluta y declaradamente reflejado mi vivir en Madrid,</p><p>Rev36-01 7/12/09 13:39 Pgina 50</p></li><li><p>Automoribundia de Ramn Gmez de la Serna 51</p><p>en Segovia, en Suiza, en Portugal o en Npoles (11). Sus paseos de flneur llegarn aAmrica, y en especial hasta Buenos Aires, adonde se refugiar al inicio de la GuerraCivil, con su esposa argentina Luisa, espantado del desorden y mal gusto de una Espaaen ebullicin que no comprender. La historia que le atrae no es la de la convulsionadapennsula y sus luchas fratricidas, sino la del vivir cotidiano, los triviales relatos de por-teras y mujeres de moda, las vicisitudes de sus tertulias literarias y el apasionante mundode editores y periodistas culturales. Y sa es la atmsfera que lo seducir en BuenosAires. El trajn de sus noches, la febril escritura de cientos de pginas dispersadas ennovelas largas y cortas, biografas, piezas de teatro e innumerable cantidad de artcu-los en revistas y diarios, junto con viajes incesantes para dar inslitas conferencias leconsolidarn su perfil profesional de humorista, antes que escritor o periodista. Este aje-treo vital junto con su protagonismo en la escena literaria estar permanentemente cruza-do por su desdn por la poltica y su proclamado aislacionismo en las disputas de poderlocales.</p><p>La galera de personajes que superpone a su figura delatan su herencia finisecular ybohemia: su parentesco con el dandi decadentista, con el raro modernista, con el inslitovanguardista sediento de novedad, sin de...</p></li></ul>

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