arte y educación en una Época nasda

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  • 7/25/2019 Arte y Educacin en Una poca Nasda

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    2/7/2016 CD 5 - Coleccin educ.ar

    http://coleccion.educ.ar/coleccion/CD5/contenidos/docentes/marco/imprimir2.html 1/4

    Arte y educacin en una poca Nasdaq

    Juan Carlos Ara Gisber t

    "Succionado, absorbido por un vrtice de banalidad... acabas de perderte el siglo XX. Ests al borde delmilenio, cul?, eso qu importa? [...] Lo cautivador es la mezcla de fundidos. El contagio ardoroso de lafiebre del milenio funde lo retro con lo posmo, catapultando cuerpos con rganos hacia la tecnotopa...donde el cdigo dicta el placer y satisface el deseo". (VNS Matriz, 1991: Manifiesto de la Zorra Mutante).

    Cuando se trata de abordar el problema de la Educacin Artstica me asaltan muchas dudas que en partecorresponden a problemas conceptuales y en parte a dificultades de mtodo, y me cuestiono cmo, porqu y qu formas de enseanza se han venido sucediendo como distintas soluciones para suescolarizacin. Uno de los puntos de partida que podemos convenir, para tratar de entendernos y tratarde centrar a qu nos estamos refiriendo, es que en la cultura educativa y artstica de nuestro pas el tipode Educacin Artstica que se ha venido implementando histricamente ha mantenido un tipo de conceptoy mtodos similares sin diferenciar prcticamente nada entre la necesidad que provoca la educacingeneral de los ciudadanos o la que pudiera requerir un profesional de las artes. Y esta afirmacin alcanza

    a todas las artes, aunque en alguna de ellas el problema sea ms o menos profundo.

    Sin embargo, no pretendo realizar hoy un anlisis que nos transporte a arduas consideraciones o acerradas posiciones. Mi intencin es abordar la situacin general en que nos encontramos, valorar lasposibilidades potenciales y, tratando de hacer un alarde de prospectiva, intentaremos conocer el futuroque nos espera. Es ms interesante, en estos momentos, hacer conjeturas del futuro, como un hechosobre el que posiblemente todava tenemos una cierta capacidad de accin y decisin, que no sobre elpresente y pasado irremisibles.

    Y todo lo que afirmo debemos abordarlo como una reflexin sobre las cuestiones que me preocupan enesta etapa de mi vida profesional.

    Centrando la cuestin, el tipo de Educacin Artstica que tenemos y hemos tenido es la que hay y no tienesolucin ya. Aunque ofrezca posibilidades de arreglo y mejora, el margen del que disponemos no implicagrandes diferencias con lo que existe, y esto en el supuesto de que realmente tuviramos algunaintencin de intervencin.

    El futuro que se nos presenta en el nuevo milenio que acabamos de empezar, tal y como nos lo ofrecenuestra sociedad consumista, en trminos de absoluta novedad, de cambio radical, de ruptura cuantomenos con el siglo anterior, presupone que nos encontramos ante una encrucijada en la que se nos abrendistintas opciones, alternativas, y nuestros polticos nos venden la idea de que reside precisamente ennosotros la autntica capacidad de eleccin, accin y modificacin de ese futuro.

    Es precisamente en esta posicin de alternativa discriminatoria, de capacidad de eleccin o, si loprefieren, de conciencia de situacin presente la que me permite, por un momento, adoptar un papel quenunca me ha parecido ni oportuno, ni interesante, salvo cuando est profundamente justificado. Merefiero al intento de adivinar, de ejercer de vate premonitorio. Pero, como digo, tratar de explicar miactitud tan poco razonable.

    Durante muchos y largos aos he tratado de conocer los problemas de la Educacin Artstica, en trminosgenerales. As abord el tema de mi tesis doctoral, mis primeras investigaciones, mis lecturas, mis viajes

    y hasta mis relaciones personales, en muchos casos, tuvieron esta preocupacin en comn. En aquelmomento me pareci el mejor modo de encontrar las soluciones que buscaba, o cuanto menos las mscoherentes para unos problemas que no se me presentaban con esas mismas caractersticas. Es decir,una de las conclusiones que puedo realizar tras todos esos aos que me han ocupado en el estudio de laEducacin Artstica es que quienes nos ocupamos, en un sentido o en otro, de ella hablamos muchosidiomas y en distintos niveles de expresin, y as es imposible entenderse.

    Hace unos meses vaticin o pronostiqu en otro mbito que la Educacin Artstica que hemos gozado enla Educacin General durante este siglo XX haba muerto. Lo haca ejerciendo una licencia que pretendaser explcitamente retrica, pero clara y contundentemente expresiva, de lo que pienso realmente. Enaquel momento afirmaba que el tipo de Educacin Artstica referida a las, bien o mal llamadas, ArtesPlsticas y Visuales desaparecer como contenido de la Educacin General , no slo de nuestro pas sinode nuestra cultura occidental o euroamericana (J.C. Ara, 2000).

    Quiero dejar claro que no pretendo ser demaggico, ni alarmista, ni pretendo escandalizar gratuitamente,ni hago esta premonicin guiado por un sentimiento de pesimismo. Ni siquiera me anima una actitud de

    venganza, por mi posicin habitual de minora extraa, hacia una actividad que puede que me hayaprovisto de ms ocasiones de lamentarme que de alegrarme. Sino que trato de ser objetivo y sensato ylo hago acomodado en una situacin personal presente de sosiego y tranquilidad. Y esta calma es la queda contundencia y valor a mi vaticinio.

    Es indudable que mi preocupacin surge tanto como profesor y miembro de un grupo social, sino tambincomo padre, que sin intencin excesivamente proteccionista valora preocupado el mundo que les espera

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    a sus hijos. En esta intencin no pretendo encontrar culpables, tampoco modificara la situacin. Adems,siempre me ha parecido, que ya sea por exceso o por defecto todos somos culpables de lascircunstancias y estado en los que se encuentran todas las cosas de nuestra poca y, ms an, aquellasque nos ocupan profesionalmente. Es evidente que tambin hay grados de culpabilidad y responsabilidad,pero vamos a dejar eso hoy de lado.

    Slo quiero recordar que la Educacin Artstica ha muerto es ms: podramos afirmar que todos hemosayudado a que muriera, con premeditacin, alevosa y nocturnidad. Y pese a que mi afirmacin pudieraconfundir o escandalizar a toda o parte de la audiencia, no voy a entrar en ese debate sino en sus causasy consecuencias. Es indudable que esta desaparicin no ser igual en todas partes, ni en todos los niveleseducativos, pero puede tener consideraciones dramticas en algunos, como sucede en la enseanzasecundaria.

    En distintas ocasiones hemos considerado los efectos que el inmenso progreso de la ciencia modernanatural ha tenido en la sociedad actual y, como consecuencia, la creciente racionalizacin de estasociedad, y cmo, a su vez, han generado un rumbo social tcnico y cientfico en nuestra poca en unintento de bsqueda incesante de la verdad por los caminos de la ciencia. Un resultado efectivo de elloson las nuevas tecnologas y el predominio que han adquirido actualmente en la sociedad occidental, y enel centro de todo ello, como corolario, el acceso a la informacin por medio del uso de las redesinformticas. A mi juicio el efecto social que estn produciendo en nuestra cultura se podra comparar alefecto que sobre la alimentacin humana, y correspondientemente sobre el desarrollo y evolucinbiolgica de los humanos, tuvo la invencin del frigorfico, o el conocimiento y uso del fuego. En otraspalabras, igual que la talla y la salud de los humanos vari con la aparicin de estos inventos, nuestracultura variar de rumbo y catalizar en los prximos tiempos, de modo que nuestro mundo ser tanparecido a nosotros como ahora nos parecemos al siglo dieciocho.

    El crecimiento imparable que tienen las nuevas redes y medios de comunicacin e informacin ha

    configurado una sociedad multicultural y mestiza cuyos reflejos nada van teniendo que ver con todo loanterior.

    Los supuestos de racionalidad en los que se sustenta nuestra vida actual estn demasiado prximos a laciencia convencional y esta, segn Hoyle, ha estado demasiado presta a destruir las creencias religiosas,sin esforzarse por ofrecer a la sociedad otro credo emocionalmente satisfactorio. As hemos sido testigosdel final de las ideologas y las formas de pensamiento tradicionales y, como dice Galindo Tixaire, "seaugura la muerte del humanismo en una sociedad tan tecnificada", probablemente ms que la muerte,sea la mutacin "cyborg" de ese humanismo.

    Ciertamente el mayor problema que esta situacin presenta se focaliza en la tremenda dificultad paraconstruir un mundo de valores en la acepcin tradicional de su semntica, la transmutacin de estos o, silo prefieren, su transferencia y evolucin en la realidad y la generacin de un sentido de accin personal.La panacea o el nirvana ofrecido como contrapartida por la nueva moralidad tecnolgica es laautoconfiguracin de la personalidad, la duplicacin virtual o no de la realidad: puedes ser quien quieras.El sujeto, como todo lo dems, ha dejado de existir. Te puedes redefinir por completo si lo deseas.

    Puedes modificarte el sexo, el gnero. Puedes ser hablador y comunicador o receptivo. Puedes ser menoshablador. Lo que quieras o desees. No tienes que preocuparte tanto de cmo te encasillan los dems.Resulta relativamente sencillo el modo en que te percibe la gente, porque lo nico que se conoce de ti eslo que muestras (Turkle, S., 1998). Somos cdigos genticos, escrituras matriciales. Podemos adoptarroles sociales diferentes, podemos transformar nuestra identidad, construir/deconstruir nuestro cuerpo,definitivamente un cuerpo sin rganos, sin determinacin. "Es la poca del Cyborg, nuestra ontologa, dela identidad como puro artificio. Y, consecuentemente, el reto de la representacin de una subjetividad noesencialista es tal vez la cuestin ms inevitable de nuestra poca" (A. Martnez-Collado, 2000).

    El Cyborg -en tanto que metfora y modelo del nuevo sujeto inesencial- se presenta tambin como elltimo gran mito moderno: l recoge, en efecto, todos los sueos de construccin de una subjetividadliberada de carga edpica, de frustracin cotidiana, la ilusin emancipatoria de un sujeto pleno, feliz yautorrealizado. Pero sabemos que ese es un sueo feliz, equvoco e interesado, y se trata precisamentede trabajar para desmantelarlo.

    Ejemplo de los que decimos es la facilidad con que la opinin pblica es modelada y manipulada por losmedios de comunicacin, y son muchos los casos y ejemplos que podramos citar ilustrando al respecto.La tan criticada doble moralidad de Occidente se resiente respecto a los valores que sustenta. Somoscapaces de justificar las guerras y los crmenes ms deleznables simplemente porque son promovidos pornuestros propios intereses, y no slo utilizamos los medios de comunicacin para justificarlos sino paramoralizarlos y hasta para terminar acomodando a los tibios y disconformes o para anatemizarlos en casode inadaptacin. Y los retransmitimos mientras nos alimentamos, y para nuestros hijos, porque este tipode programas son "para todos los pblicos". Los medios y las nuevas tecnologas se erigen en las iglesiasde la nueva religin, catedrales virtuales de una moralidad social emergente.

    Todava hay quien llega ms lejos pretendiendo la construccin de una tecnologa como parte relevantede las humanidades, atribuyndoles la capacidad de creacin y expresin que estas poseen (J. Font-Agust, 2000).

    Ciertamente la irreversible rapidez de los cambios econmicos est contribuyendo a modificar lasrelaciones sociales en todos los mbitos de la actividad humana, y no parece que esta tendencia vaya a

    detenerse a las puertas de la escuela (F. Caivano, 2000).

    Las nuevas tecnologas ofrecen, en este contexto, un papel instrumental importante y eficaz y, comoconsecuencia, la transmutacin de valores nos ofrece entonces productos como la globalizacin, unconcepto generado por la macroeconoma mundial y el neocapitalismo, no slo como la nica forma desocializacin actual, sino como un producto nico de la democracia occidental actual, y hasta supone unsinnimo de mxima calidad en todos los mbitos y por qu no, de enseanza, humanismo y cultura.

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    En este sentido de globalizacin y de megaconceptos que actualmente se usan no debemos olvidar elproceso de lo artstico que se nos presenta. Si en otras ocasiones en nuestros anlisis convenamos quelas variables intervinientes en el fenmeno artstico se haban convertido en algo complejo, carentes de lamonovalencia que el concepto clsico de arte les otorgaba como elementos inalterables para que elfenmeno se produjera, las perspectivas que nos ofrece el futuro tecnolgico hacen pensar incluso en ladesaparicin de alguna de las variables. Es decir, que frente a la secuencialidad y simpleza del esquematradicional del fenmeno artstico, hoy se nos presenta otro mucho ms complejo en densificacindimensional adquirida por cada variable y su conjunto circunstancial (J.C. Ara, 1996).

    Quiero decir que tradicionalmente habamos considerado que para que el fenmeno artstico se dieradebamos partir de la existencia de un producto elaborado por un artista y este, con la convencin de laaudiencia, otorgaba la categora de lo artstico. Esto realmente ya no tiene por que ser as. En las nuevas

    formas de arte no slo se cuestiona el protagonismo del artista, o hasta del espectador, sino hasta delpropio producto. Los valores estticos clsicos han trasmutado como si la sombra de un Duchampplaneara por el mbito. Algo impensable desde la perspectiva de una sociologa del arte. Es evidente quenos encontramos ante una rearticulacin estructural del arte que participa o, a veces, rechaza, pero quesin embargo utiliza e instrumentaliza la nueva moralidad (Deleuze).

    Es evidente que las Artes Plsticas y Visuales no desaparecern inmediatamente, pero tambin es ciertoque lo que entendemos por prctica artstica ha sufrido cambios irreversibles que han afectado a suconcepto y estructura. Debemos pensar que las prcticas artsticas tradicionales, hoy ms que nunca,estn fuera de lugar y contexto.

    El arte en este cambio de siglo est en profunda transformacin. Los criterios por los que se rega hastaahora se estn modificando radicalmente, como otros aspectos de la sociedad. Muchos son los factoresque influyen, como estamos viendo:

    a. el impacto de las ltimas tecnologas y la aparicin de nuevos medios expresivos

    b. la masiva incorporacin de la mujer al proceso creativo y las nuevas formas de relacin personal

    c. la aceptacin de la diversidad socio-cultural, el reconocimiento de las diferentes orientacionessexuales.

    De hecho, el fenmeno ms caracterstico de los ltimos aos en el terreno artstico es lo que el tericoHal Foster ha definido como "el retorno a lo real". Es decir, el arte vuelve a estar implicado en el mundo,olvidando su ensimismamiento. Esto se refleja en los temas que trata y en los medios que utiliza. Seintenta conectar con el pblico mediante tcnicas procedentes de otras disciplinas y con asuntos queafectan directamente a la vida. Los criterios y los temas destacan sobre el estilo y la escuela en laprctica artstica posmoderna: el impacto a cualquier precio, mostrar el horror de la muerte, la violencia,el sexo (shock art), la dualidad, se han terminado los contrastes de clases, o raciales las distintas formasde vivir la sexualidad se hacen evidentes y visibles, y sobre todo comprender que para cualquierindividuo es difcilmente aceptable dejarse encerrar en categoras. La actualidad cultural se percibe desde

    los efectos positivos de la globalizacin, la mayor circulacin de la informacin (internet), el conocimientode otras realidades (multiculturalismo). La trasmutacin de un nuevo activismo social, en parte basado enuna nueva comprensin de la individualidad frente al grupo: los problemas raciales, la discriminacin, lalucha contra el sida y la homofobia. La construccin de una identidad en un cuerpo cambiante en el planosocial y los roles que desempea en una sexualidad diversa. Los procedimientos se despersonalizan y setecnifican: las videoinstalaciones persisten como referente, se versionan las pelculas y obras de artistas"clsicos". Se reinterpretan. La fotografa explota su capacidad de representar la realidad. Otros mediossurgidos en los setenta como las instalaciones tratan de ser, a su vez, un conjunto de los dems.Finalmente, el mundo de la moda se eleva a la categora de espectculo artstico sofisticado de minoras yes quien mejor rene las caractersticas necesarias de ambigedad y mestizaje, de estetificacin difusa,que a todos nos afecta.

    Whaley afirma que podremos pensar en las Artes Plsticas como actualmente muchos piensan sobre lamsica clsica: como una cuestin propia de museos. Pero como Adorno indica, la palabra "museal" tieneconnotaciones desagradables, no slo entre artistas, sino socialmente, puesto que incluye en sudescripcin a los objetos con los que el espectador no tiene ya una relacin vital y que se encuentran en

    un proceso de extincin: "deben su preservacin ms al respeto histrico que a las necesidades delpresente. Museo y mausoleo son palabras conectadas por algo ms que la asociacin fontica. Losmuseos son los sepulcros familiares de las obras de arte". Aquellos lugares donde est impuesta la "leydel silencio" y, por supuesto, el imperativo de "no tocar". Han dejado de ser excepcionales paraconvertirse, como les gusta decir a los burcratas, en "poderosas mquinas de cultura".

    Cuando hace meses realic esta afirmacin sobre la muerte de la Educacin Artstica fui tachado deexagerado y alarmista dos meses ms tarde el gobierno decret la reduccin de las materias deenseanza secundaria. En los planes de estudios de las Facultades de Bellas Artes la carga docente se hareducido a una tercera parte y ello conlleva la desaparicin de las tradicionales especialidades en lasartes plsticas. Sus efectos, como vemos, son, cuanto menos, contradictorios. En la Educacin General delos ciudadanos la Educacin Artstica , en lo que concierne a las Artes Plsticas, ha perdido no solamentetiempo sino cotas de poder y presencia acadmica. Los departamentos universitarios ven desaparecer sudedicacin docente, potencial de crecimiento, y amenazan con desaparecer.

    En Norteamrica el siglo veinte comenz constituyendo el Comit de los Diez para el Dibujo, en unaexcelsa toma de conciencia que los llevara a redactar la primera taxonoma de objetivos educacionalesde la Educacin Artstica (Wilson, 1968). El veintiuno tiene otro comienzo...

    "La Creatividad no est limitada a la gente que practica alguna de las formas tradicionales de arte, inclusoen el caso de la creatividad de los artistas no est restringida al ejercicio de su arte. Cada uno denosotros tiene un potencial creativo que permanece escondido tras la competitividad y la agresin quesupone el xito. Reconocer, explorar y desarrollar este potencial es la labor de la escuela" (J. Beuys,

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    1973).

    Es bastante cierto que est cambiando la racionalidad artstica. Es muy posible que estos cambios en vezde remitir en los prximos tiempos se acenten hasta trasmutar sus intenciones y su funcin, y esevidente que el mundo escolarizado est en transformacin. Salvando la diferencia que debe existir entreuna educacin artstica profesional para artistas y la destinada a los ciudadanos en la educacin general,est claro que la "instrumentalidad" o manipulacin procedimental de las artes est siendo eliminada,quedando relegada a la exclusividad de los tratamientos teraputicos propios del Arte-Terapia. As pues,la alternativa de la formacin artstica pasa por la capacitacin intelectual y la culturacin visual,especialmente la formacin profesional. Es seguro que para que esto suceda sera necesaria una divisininstitucional que hoy da no existe en nuestro pas y probablemente una refundacin categorizada ysistemtica de los tipos de "educaciones artsticas", atendiendo a planteamientos conceptuales y

    funcionales.

    Derrida propone "prepararse a transformar de manera consecuente los modos de escritura, la escenapedaggica, los procedimientos de co-locucin, la relacin con las lenguas, las dems disciplinas con lainstitucin en general, con su afuera y su adentro".

    Referencias

    Ara Gisbert, Juan Carlos (1996): "El valor del arte", Zehar , 30, pp. 22-26.Beuys, Joseph, Bhl , H. (1973), "Manifiesto para la fundacin de una escuela libre internacional sobre lacreatividad y la investigacin interdisciplinar", GROFAU: http:///w3art.es/grofau

    Derrida, Jacques (1983),"Las pupilas de la Universidad. El principio de razn y la idea de la Universidad",leccin inaugural para la ctedra Andrew White de la Universidad de Cornell, Nueva York. Reproducido en

    Anthorpos Suplementos, 13, p. 62.

    Whaley, E.,"Una respuesta a 'la muerte del Computer art' de Manovich", Aleph: http://aleph-arts.org

    Wilson, Brent G. (1968), "La Evaluacin de", en Bloom, Hastings y Madaus (eds.): La evaluacin delaprendizaje, Buenos Aires, Troquel.

    Zafra, Remedios (2001), "Arte, internet y colectividad. Nuevas prcticas artsticas de la red y nuevasformas de colectividad y accin social", tesis doctoral indita, Universidad de Sevilla.